Gracias por leer y comentar!

Capítulo 21 Un giro inesperado

Mientras entraba en el ministerio, Harry consideraba si debía mandar detener a Fisher o no. El hombre tenía un motivo y la oportunidad, pero Harry sabía que necesitaban pruebas directas para asegurar una condena en Azkaban. Por otro lado, la necesidad de ir a por él antes de que sospechara algo y pudiera escapar, la necesidad de hacerle confesar, se había vuelto casi insoportable.

"Eres el Jefe de Aurores, pareció decirle la voz de Gawain Robards. Se espera que mantengas la cabeza fría y pienses las cosas. No vayas a por él hasta que no estés seguro de que vas a poder cazarlo"

La mayoría de los agentes con el turno de mañana no habían llegado aún, pero Harry había avisado a Chloe y a los aurores y BIM que le habían dedicado más tiempo al caso. La primera en llegar fue Chloe. Unos minutos después aparecieron Miriam Siegel y Roman White, los dos BIM, y un poco más tarde, Celeste Robards y Conrad Jerkins. Chloe ya sabía lo que pasaba porque Harry se lo había dicho, pero los otros cuatro agentes aún no habían oído nada. En cuanto Harry se lo contó, todos consideraron a Fisher como un firme sospechoso.

-Está claro, jefe-dijo Jerkins-. Primero se enteró de que su mujer tenía un amante y la mató en un ataque de celos. Y después estuvo buscando a Churchill hasta que lo encontró y también lo mató.

-Pienso igual que tú –replicó Harry-. Pero antes de acusarlo en firme necesitamos pruebas sólidas. Tener un motivo no lo convierte en culpable.

-¿Estás seguro? –preguntó Chloe-. Quizás podríamos hacerle confesar durante el interrogatorio.

Harry recordó lo buena que era Chloe con los interrogatorios y estuvo a punto de ceder a la tentación y dar luz verde, pero consiguió llegar a una solución intermedia.

-No. Citadlo para declarar, habladle del amante de su mujer y ved qué tal reacciona, pero no le dejéis saber aún que es nuestro principal sospechoso. Quiero que esté vigilado las veinticuatro horas del día. Y mientras tanto, nosotros intentaremos encontrar alguna prueba irrefutable. Miriam, quiero que vayas al Departamento de Cooperación Mágica Internacional y solicites un Traslador urgente a los Estados Unidos. Una vez allí busca a Kevorkian y confirma que la mujer que vio por la webcam era Lyra Fisher.

-De acuerdo.

-Eh, jefe, ¿por qué no pedimos confirmación por video-conferencia? –sugirió White.

-Porque sólo tenemos fotos mágicas de la víctima y necesitaríamos contactar con los aurores estadounidenses para que fueran a hacerle un Obliviate a Kevorkian. Esto será más rápido.

-¿Algo más? –dijo Chloe.

Harry se pasó una mano por el pelo.

-Tenemos que volver a interrogar a todo el mundo –dijo, dudando sólo porque esa sería la tercera vez. Pero era necesario y Harry recordaba que se había jurado muchos meses atrás que haría todo lo que fuera necesario para resolver aquellas desapariciones. Quizás el caso de Lyra Fisher no estaba relacionado con los otros, pero eso daba igual-. Si saben que estamos al corriente de su aventura con Churchill podrían decir algo que no nos han dicho hasta ahora. Y quiero saber si las ex novias y amigos cercanos de Daniel Fisher lo consideran un hombre temperamental o celoso.

-Si después le cuentan a Fisher que les hemos preguntado eso será lo mismo que decirle que es nuestro principal sospechoso –observó Chloe.

-Mierda, es verdad –exclamó Harry, un poco frustrado-. Bueno, da igual, le diremos que sólo lo consideramos una posibilidad más. Fisher ya debe olerse que es uno de nuestros sospechosos, después de lo del otro día.

Los agentes asintieron.

-Muy bien.-Chloe miró a los dos aurores-. Acordaos de que Fisher vive ahora en casa de sus padres. Las coordenadas para la Aparición están en su informe.

-De acuerdo.

-Nos vemos pronto, jefe.

Harry observó esperanzadamente cómo salían de su despacho.

-Suerte a todos.


Al día siguiente, mientras Harry desayunaba con Ginny y Lily, una lechuza llegó con El Profeta; mientras le daba al ave un trocito de su bacon –no tenía que pagarle, los empleados del periódico lo recibían de manera gratuita-, Harry recordó lo de las fotos que había hecho el idiota de Malfoy y se preguntó si su plan habría tenido éxito. No tuvo que buscar mucho; la foto no era la noticia principal, pero estaba igualmente en primera página y daba con claridad los nombres y los apellidos de los cinco muchachos, a los que el artículo llamaba "delincuentes" sin la menor vacilación. Además de insinuar que el Ministerio no estaba haciendo gran cosa para poner fin a esos ataques, la noticia incluía una breve entrevista con Draco Malfoy. Harry casi esperaba encontrarse insultos velados hacia él, pero Malfoy se limitaba a lamentar la situación y a expresar su deseo de que la posibilidad de verse en la prensa de esa guisa tuviera efectos disuasorios.

-Eh, Ginny, ¿has visto alguna vez a los Malfoy por El Profeta?

-No, ¿por qué?

-¿Tú dirías, como periodista, que esta noticia merece estar en primera plana? –dijo, pasándole el periódico.

Harry no le había contado a Ginny el plan de Malfoy, en parte porque no sabía si iba a quedar en algo y en parte porque consideraba que debía ser discreto con las cosas del trabajo; una cosa era contarles algo a ella o a Ron y a Hermione porque podían ayudarle o porque necesitaba desahogarse y otra, irles con todos los chismes. Los aurores no tenían que guardar el secreto profesional, como los médicos, pero Harry nunca había sido chismoso ni aprobaba que sus agentes lo fueran.

-¿Qué pasa, papá? –preguntó Lily, mientras Ginny empezaba a leer con expresión intrigada.

-Nada, es sólo una cosa del periódico –dijo Harry-. ¿De qué tienes clases hoy? ¿Mates y geografía?

-Mates y lengua –le corrigió su hija, con un leve reproche-. La abuela dice que vamos a aprender todas las clases de poemas que existen y que le dará una galleta enorme al que escriba el mejor soneto.

-Oh, vaya, ese es un buen premio.

-Sí, pero seguro que al final nos da galletas a los tres, porque siempre hace igual. ¿Tú sabes qué es un soneto?

-Hummm… una clase de poema, ¿no?

-Papá, eso ya lo sé. Pero, ¿cómo son?

-Oh, pues… Cariño, la verdad es que no tengo ni idea de poesía. –Lo poco que había dado en su escuela primaria se le había borrado de la memoria y nunca había sido un gran lector, menos aún de poesía-. Aunque sé que Shakespeare escribía sonetos.

-¿Quién es ese?

-Un escritor muggle, el que escribió "Romeo y Julieta" y "Hamlet" y esas cosas.

No hubo el más mínimo reconocimiento en los ojos de su hija. Molly era una gran profesora para los niños de la familia, pero obviamente sólo les enseñaba cosas del mundo mágico. Era una suerte que ahora Estudios Muggles fuera obligatoria, al menos salían de Hogwarts sabiendo quién era Shakespeare, la reina Isabel I y esas cosas. Mientras le contaba a Lily la historia de Romeo y Julieta, Ginny terminó de leer el artículo del periódico. Harry la miró inquisitivamente y ella hizo gesto de no estar muy segura.

-No sé, Harry… Todos los años hay uno o dos casos así, a los Malfoy o a cualquier otra familia de esas, tú lo sabes mejor que yo. No es precisamente una novedad.-Miró el periódico-. La verdad es que esto es un poco extraño, El Profeta hasta ahora tampoco le había dado tanta importancia a este tipo de asuntos.

-Bueno, si de repente tu jefa empieza a hacer reformas en la oficina o aparece cada día con un modelito nuevo ya sabremos cómo ha conseguido Malfoy que de pronto esto acabe en primera página –dijo él, medio en broma, medio en serio.

-Ay, no digas eso, Harry. Quiero creer que trabajo para alguien que no aceptaría nunca un soborno. Para mí que es sólo otro tiro contra Shacklebolt.

Harry asintió, nada convencido ni en un sentido ni en otro, pero tenía demasiadas cosas en la cabeza como para preocuparse realmente por aquel artículo. Malfoy ya tenía lo que quería; si con eso conseguía que dejaran de ir a molestarles, mejor para todos.


-Abuelito…

Draco, que se estaba deleitando con los gestos enrabietados que los intrusos le hacían desde la foto del periódico, reprimió un ronquido sarcástico al escuchar el tono zalamero de su hija y ver cómo su padre se inclinaba hacia ella al momento con la prontitud de un elfo doméstico.

-Dime.

-¿Podemos ir luego a darle de comer a los pavos?

Aquello lo solían hacer los elfos, pero a Cassandra le gustaba verlos arremolinarse a su alrededor y su abuelo, como siempre, estaba dispuesto a cumplir todos sus caprichos.

-Claro, nena, lo que tú quieras.

Draco intercambió una mirada divertida con su madre, pero una lechuza distrajo su atención picoteando en la ventana. Lucius sacó la varita para abrir la ventana y dejarla entrar y la lechuza voló directamente hacia Draco. La carta era de un psicomago llamado Zacharias Merrythoughts. Los Malfoy le habían prestado el dinero para abrir su consulta diez años atrás, y aunque ya había pagado su deuda, su agradecimiento era lo bastante sincero como para contarle que el joven Ted Lupin, que estaba a punto de terminar sus estudios en San Mungo había solicitado un puesto de ayudante en su consulta. "El muchacho está bien preparado, sus notas son buenas y parece bien educado. Pero sería incapaz de contratarlo si eso fuera a disgustarle a usted o a su familia, a quienes debo mi buena posición actual. Le pido, por favor, que me transmita su decisión al respecto lo antes posible".

Ted Lupin… Draco frunció las cejas, pensativo, sin saber muy bien qué sentía hacia su joven pariente. Jamás había hablado con él; ni siquiera sabía si Ted estaba al corriente de que estaban emparentados, aunque suponía que sí. Draco no sentía demasiado interés por él –si lo había medio criado Potter, era un milagro que estuviera tan bien educado como decía la carta- y sentía una ligera repulsión cuando pensaba que su padre, el profesor Lupin, había sido un hombre-lobo. Nadie que hubiera convivido con Fenrir Greyback podría sentirse cómo al lado de alguien con sangre de hombre-lobo.

-¿Qué dice la carta, Draco? –preguntó Narcissa.

-Es de Zacharias Merrythoughts. Ted Lupin le ha pedido trabajo como ayudante en su consulta.

Su padre chasqueó la lengua, despectivo.

-¿Ese mil leches?

A su madre se le cayó el tenedor sobre el plato.

-¡Lucius! –exclamó, abiertamente horrorizada por la grosería.

-Bueno, es lo que es, ¿no?

-¿Qué es un mil leches? –preguntó Cassandra, curiosa.

Draco cerró los ojos un momento, consciente de que Astoria se había quedado boquiabierta y que su padre tenía una mirada sospechosamente parecida a la de un niño satisfecho con el caos que ha creado en un momento.

-No uses esa palabra, Cassandra, y menos para hablar de una persona –dijo Astoria, rehaciéndose.

-Pero, ¿qué significa?

-Es una manera bastante ordinaria de llamar a un perro de razas tan mezcladas que no se sabe muy bien qué es –le explicó su abuela-. Tu abuelo habla a veces como si le hubieran criado debajo de un puente.

Astoria le puso a Draco la mano en el brazo.

-¿Qué quiere Merrythoughts? –le preguntó.

-Quiere saber si nos importaría que lo contratara.

Su padre frunció el ceño.

-Por favor… Por si su condición no fuera lo bastante lamentable de por sí, encima está saliendo con una Weasley.

Draco miró a su padre con sorpresa.

-¿Cómo sabes tú eso?

-Tengo mis contactos. Sale con la hija mayor de Bill Weasley. Tal para cual.

A pesar de que Draco podía despreciar al resto del clan con la misma facilidad con la que respiraba, Bill Weasley y sus cicatrices siempre le inspiraban cierto desasosiego.

-Bien mirado, quizás deberíamos hablar de esto en otro momento –dijo Astoria, señalando discretamente a Cassandra.

Draco sabía que lo decía para que la niña no presenciara el festival de odio hacia los Weasley, pero meneó la cabeza y se encogió de hombros.

-No es necesario. Yo no tengo inconveniente en que Lupin trabaje para Merrythoughts.

Sus padres se sorprendieron; su madre fue la primera en hacer un gesto de aquiescencia.

-Yo tampoco tengo ningún problema.

A veces, Draco se preguntaba si a su madre le gustaría reanudar su relación con su hermana Andromeda en caso de tener la oportunidad. Casi nunca hablaba de ella, y las pocas veces que lo hacía era porque estaba comentando alguna cosa de su infancia. Sin embargo, Draco no tenía duda alguna sobre las opiniones de su padre, que había fruncido los labios como si sus palabras le parecieran de mal gusto.

-¿Lo estáis diciendo en serio? ¿El ahijado de Potter? ¿Después de lo del otro día quieres hacerle ese favor a su ahijado?

Draco dudó un poco, pero luchó contra sus dudas. A él también le repugnaba que fuera ahijado de Potter, mucho más que su mezcla de sangre, pero era una manera de pagar su deuda con Bill Weasley. Esa, sin embargo, era una razón que su padre no entendería y, por lo tanto, no valía la pena dársela. Era más inteligente apelar a algo que sí pudiera entender.

-Es algo más que su ahijado –dijo, mirando fugazmente a su madre-. Y además, a mí me gusta saber que si el ahijado de Potter tiene su trabajo es en parte gracias a nosotros. Es una de esas cosas que puedes dejar caer en el momento oportuno y disfrutar con el resultado.

Tal y como esperaba, su padre esbozó una sonrisa maliciosa.

-Draco… -canturreó, con evidente aprobación-. Está bien, dejemos que se convierta en psicomago. No le vendrá mal, si va a emparentar con los Weasley.


Harry se preparó para seguir el nuevo interrogatorio a Fisher oculto otra vez tras el cristal. La arrogancia ofendida con la que entró en la sala, que a Harry le parecía en realidad más propia de la culpabilidad que la inocencia, se trocó en casi un ataque de rabia cuando Chloe le dijo claramente que tenían pruebas de que su mujer había tenido un amante.

-¡Eso es mentira! –rugió, dando la sensación de que no se abalanzaba sobre ella porque tenía dos varitas apuntándole a la cabeza.

-Señor Fisher, entiendo que esto sea doloroso de aceptar, pero tenemos un testigo, un amigo de Churchill, cuyo cabello fue encontrado en su casa, que afirma que los vio juntos un día y que Churchill le dijo que estaban teniendo una relación.

-¡Y a mí qué me importa lo que diga un muggle de mi mujer! ¡Lyra no me era infiel!

El otro Auror, Fuller, intervino con voz hosca.

-Si no se sienta y se tranquiliza tendremos que inmovilizarle, señor Fisher.

Él les dedicó un gesto de muy pocos amigos y volvió a sentarse.

-¿Y cómo quiere que me tranquilice si no hace más que echar basura sobre el buen nombre de mi esposa? Podría estar muerta y ustedes… ustedes… ¡no hacen más que insultarla!

Harry tuvo que reconocer que Fisher, en ese momento, parecía completa y absolutamente sincero, pero no era la primera vez que encontraba actores dignos de un Oscar en aquellas salas de interrogatorios o en el Wizengamot.

-Mire, señor Fisher, tiene que entender que, le guste o no, las pruebas de que su mujer y Churchill tenían una aventura son bastante sólidas –dijo Chloe-. Y eso le pone a usted en una situación un poco delicada.

Fisher abrió los ojos con una mezcla de sorpresa e incredulidad.

-¿Van a acusarme a mí? ¿Van a tener la cara dura de acusarme oficialmente a mí?

-Si esto fuera una acusación formal usted estaría detenido y no lo está.

Fisher cogió aire con fuerza, como para obligarse a calmarse.

-Mi mujer fue secuestrada por los mismos delincuentes que han secuestrado a todos los demás –dijo, en un tono que parecía hielo quebradizo.

Chloe asintió ligeramente.

-Bueno, no descartamos la posibilidad de que Ben Churchill formara parte del grupo de delincuentes que andan detrás de las desapariciones. Quizás su mujer lo descubrió y él decidió matarla. Pero en ese caso, usted todavía podría tener motivos para asesinar a Churchill como venganza.

Fisher empezó a parecer un animal acosado.

-Yo no he visto a ese hombre en mi vida.

-Sin embargo, la noche en la que denunció la desaparición de su esposa dijo que su cara quizás le sonaba vagamente familiar.

-Tiene una cara muy común. Yo no le he visto nunca y desde luego no lo maté. ¡Ni siquiera sé dónde vivía, por Merlín!

-Señor Fisher, ¿está seguro de que no desea tomar veritaserum?-preguntó Chloe, sonando casi protectora, como si sólo pensara en ahorrarle momentos desagradables-. Ayudaría enormemente a aclarar todo esto.

Fisher apretó los labios un segundo y negó con la cabeza.

-No, no voy a tomarla. Lo que hay en el interior de mi cabeza es cosa mía y de nadie más.

Al otro lado del cristal, Harry entrecerró los ojos. Había entendido su primera negativa, pero ahora que las cosas habían empeorado para él, ¿por qué seguir negándose?

Pero siguiendo sus propias instrucciones, el interrogatorio no fue severo y Chloe lo dejó marchar al cabo de una hora sin haber conseguido nada excepto cabrearlo lo indecible. Harry se preguntó si, una vez a solas, su nerviosismo le impulsaría a cometer algún error. En cualquier caso, iba a estar vigilado; si lo cometía, sólo quedaba esperar que el auror al cargo lo descubriera.


Los informes de los aurores que habían vuelto a interrogar a los amigos y familiares de los Fisher fueron llegando a lo largo de todo el día, pero no aportaban nada nuevo ni decían nada significativo sobre su carácter y nadie se acercó siquiera a acusarlo de celoso. Poco después del almuerzo, Miriam Siegel, que ya estaba en los Estados Unidos –el viaje por Traslador a Nueva York duraba sólo una hora- contactó por teléfono con la BIM explicando que ya había hablado con Kevorkian y que éste había identificado a Lyra Fisher como a la mujer que había visto con Ben Churchill a través de la webcam. En el mensaje también solicitaba instrucciones. Harry pensó un poco y le dijo que le convenciera para hacer una declaración escrita; eso y el recuerdo de Miriam de aquella entrevista sería más que suficiente como prueba en el Wizengamot.

Harry se dispuso a repasar unos informes que ya se sabía prácticamente de memoria. Era mejor que no hacer nada. Llevaba ya más de una hora en ello cuando se dio cuenta de que una de las declaraciones de Fisher estaba sin firmar y llamó a Chloe, que observó el papel y se mordió un segundo los labios.

-Vaya… Se nos debió pasar. ¿Quieres que mande a alguien a su casa para llevárselo?

Harry estuvo a punto de decir que sí, pero luego pensó que le vendría bien dar una vuelta.

-No, ya lo haré yo.

Chloe alzó las cejas.

-Harry… Eso no es tarea del Jefe de Aurores –le recordó respetuosamente.

-Puede que no, pero si me quedo más tiempo en este despacho mirando esos papeles me va a explotar la cabeza. Si alguien pregunta por mí, dile que volveré en una hora.

-De acuerdo.

Harry se sintió extrañamente libre saliendo de su oficina, como cuando estaba en Hogwarts y se encontraba con alguna clase anulada. Siempre le había gustado su trabajo de auror, pero con las desapariciones también empezaba a sentirse como en Hogwarts, cuando la profecía estaba sobre su cabeza haciéndole saber que no tendría paz hasta que consiguiera derrotar a Voldemort. El rumor del fichaje de Perkin por el equipo veneciano había distraído al público por un momento de aquel caso –cuando había bajado a almorzar prácticamente no había oído hablar de otro tema-, pero en cuanto la novedad pasara, regresarían los titulares exigiendo respuestas y él volvería a recibir miradas ligeramente decepcionadas allá donde fuera.

Después de echarle una mirada de rutina al amplio vestíbulo del ministerio, Harry sacó su varita y se Apareció frente a una casona situada a las afueras de Greasby, un pueblo cercano a Liverpool. Era probable que, en sus tiempos, aquella casa estuviera más aislada del mundo muggle, pero ahora parecía a punto de ser engullida por bonitas viviendas unifamiliares. Harry miró a su alrededor para asegurarse de que ningún muggle le había visto y se acercó a la casa de los padres de Daniel Fisher. Enseguida notó la magia de los escudos de la casa recorriendo su cuerpo; Harry esperó pacientemente y unos segundos después le permitieron la entrada. Antes de llegar a la puerta, ésta se abrió y la señora Fisher –una mujer de unos setenta años, con el pelo oscuro recogido en un moño- salió a su encuentro con cara un poco recelosa.

-Auror Potter…

-¿Es usted la señora Iris Fisher, ¿verdad? –La mujer asintió. Harry tuvo la sensación de que, en otras circunstancias, a ella le habría gustado tener esa oportunidad de hablar con él-. Perdone que aparezca así por su casa, pero necesito que su hijo me firme un documento que se nos debió traspapelar.

-Danny no está ahora en casa.-Dudó un poco-. ¿Quiere pasar a esperarle? No debería tardar mucho.

-Gracias, será un placer.

Ella retrocedió un poco y se apartó para dejarlo entrar. Harry pasó y se encontró en un vestíbulo acogedor, pero algo recargado. En la pared había un cuadro de una mujer regordeta sentada en una mecedora; la figura se inclinó un poco hacia delante para observarlo con curiosidad.

-Por favor, sígame.

La señora Fisher lo condujo hacia el salón, que estaba decorado del mismo modo que el vestíbulo y le preguntó si le apetecía un té.

-No, no quiero molestarla, gracias.

-No es ninguna molestia, precisamente ahora iba a prepararme uno para mí.

Harry dudó y luego asintió. Ella se fue a la cocina y lo dejó esperando allí, así que Harry aprovechó para observar el salón con más detenimiento. En uno de los muebles había al menos dos docenas de fotografías y Harry se levantó a mirarlas, curioso. Casi todas eran de los dos hijos de los Fisher –Daniel tenía una hermana algo más pequeña-, pero también las había de ella y su marido y de sus nietos. Todos le sonaban vagamente familiares porque la comunidad mágica no era grande y después de tanto tiempo viviendo en ella era difícil no conocer a todo el mundo al menos de vista, pero no recordaba haber hablado nunca con ninguno de ellos.

La señora Fisher salió de la cocina llevando una bandeja con el té y después de dejarlo en una mesita, le preguntó a Harry cómo le gustaba y le indicó que se sentara en uno de los sillones.

-He de reconocer, señor Potter, que siempre había tenido ganas de conocerle, pero confieso que esperaba que fuera en circunstancias más agradables –dijo, ofreciéndole su taza de té-. Espero que puedan averiguar pronto qué pasó realmente con mi nuera. Le aseguro que mi hijo sería incapaz de hacerle daño ni a un elfo doméstico.

Harry trató de no parecer escéptico.

-Yo también deseo aclarar esto pronto –contestó, acudiendo a uno de los tópicos con los que se estaba enfrentando en los últimos meses a los periodistas del Profeta-. Pero debe comprender que no podemos descartar ninguna posibilidad.

-Si conociera bien a mi Daniel no sospecharía de él. Siempre ha sido bueno; incluso de pequeño parecía que le costaba defenderse.-Entonces lo miró a los ojos con intensidad-. Dígame, ¿cree que una persona así sería capaz de matar a alguien?

-Señora Fisher, no es mi opinión lo que importa, sino las pruebas. Si su hijo es inocente, le aseguro que no tiene nada que temer. Nuestro sistema judicial es ahora más fiable que nunca.

Las condenas y absoluciones arbitrarias, las irregularidades que habían caracterizado al Wizengamot cuando él era pequeño eran ya cosa del pasado. Ahora el sistema funcionaba. No era perfecto, pero intentaba serlo, y eso era más de lo que se podía decir de él veinte años atrás.

-Mi hijo es inocente –dijo, con convicción-. Sé que lo es.

Harry no supo qué decir; desde luego, no pensaba contradecirla y disgustarla sin necesidad. Si quería defender a su hijo hasta que las pruebas fueran irrefutables, adelante. Entonces, dubitativo, miró la taza de té, que aún no había probado. ¿Y si la señora Fisher sabía que su hijo era culpable y estaba tratando de cubrir el asesinato? Quizás podía estar lo bastante desesperada como para intentar alguna estupidez, como envenenar al jefe de Aurores.

La señora Fisher había sido interrogada sólo una vez, aquella misma mañana. Harry había leído el informe un par de horas atrás y aún recordaba bien lo que decía. Pero Daniel Fisher no había llegado aún y el silencio entre Harry e Iris Fisher no era del todo cómodo; bien podía hacerle unas cuantas preguntas más.

-Señora Fisher, ¿qué opina usted de la posibilidad de que su nuera tuviera una aventura? Su hijo está convencido de que nos equivocamos.

Ella hizo un pequeño gesto de exasperación.

-Daniel la quería muchísimo, siempre estuvo ciego en todo lo referente a ella.

-¿Qué quiere decir? –preguntó Harry-. ¿Usted sospechaba algo?

-Como ya le he dicho a uno de sus agentes, no, nunca. Pero tampoco la tuve en un pedestal, como mi Daniel. Creo que era perfectamente capaz de tener una aventura –dijo, con desaprobación. Después suspiró-. Sólo siento que mi hijo se haya enterado de todo eso.

Harry parpadeó un poco ante su modo de decirlo.

-¿Es lo único que siente? ¿No lamenta que esté probablemente muerta?

La señora Fisher pareció quedarse paralizada durante una fracción de segundo; luego compuso una expresión debidamente ofendida y virtuosa.

-Por supuesto que sí, ¿por quién me toma? Sólo era una manera de hablar.

Pero Harry había visto esa mirada otras veces y siempre había sido en culpables tratando de parecer inocentes. Todos sus sentidos se pusieron súbitamente alerta. La señora Fisher parecía más tensa, una tensión diferente a la que había mostrado a lo largo de aquella incómoda conversación. Y Harry llevaba suficiente tiempo en el mundo mágico para saber que no debía subestimar jamás a las brujas con aspecto de ancianitas inofensivas.

-Dígame, señora Fisher –dijo, con voz suave-, usted nos dijo que el día en el que desapareció su nuera usted había estado haciendo unos recados, ¿no es eso?

La mujer se tensó más sobre su asiento, como si estuviera preparándose para ponerse a toda prisa de pie, pero intentó aparentar tranquilidad.

-Sí, hasta las siete y media, más o menos, y luego vine a casa para empezar a preparar la cena.

Harry pensó velozmente sin apartar la vista de ella. Lyra Fisher, según su marido y la gente que la conocía, solía llegar a casa sobre las cinco de la tarde. Fisher había llegado a una casa vacía sobre las diez de la noche. En ese lapso de cinco horas podían pasar muchas, muchas cosas.

-¿Puede hablarme de esos recados? –preguntó, esforzándose todavía en no sonar demasiado acusador.

Ella se lo quedó mirando unos segundos antes de contestarle.

-¿Está sospechando de mí?

-Conteste a mi pregunta, por favor.

-Estuve comprando cosas.

-¿Dónde?

-En el callejón Diagón.

-¿Vio a alguien conocido? –insistió Harry-. ¿Habló con alguien que pueda corroborarlo?

Iris Fisher se lo quedó mirando de nuevo en silencio, como si estuviera buscando desesperadamente una respuesta convincente en su cabeza. Y entonces, con una rapidez casi inesperada en una mujer de su edad, sacó su varita y le apuntó con ella mientras se ponía en pie con expresión decidida, desesperada.

-¡Avada kedavra!

TBC


Inmms_Potter, la madre, en realidad XD En el próximo fic habrá más encuentros de Harry y Draco…¡y no en todos querrán matarse!

Galactus, se supone que los giratiempos quedaron fuera de circulación, ¿no? Y claro que estoy de acuerdo en que la religión es una gran influencia; de hecho, bien que ha influido en la sociedad mágica, que teóricamente es pagana.

Isaac Prewett, yo creo que era un rumor inducido básicamente por el alcohol, aunque tb hay gente que cree que los Malfoy tienen que estar implicados porque siempre los consideran implicados en todo lo malo. Cassandra tiene el carácter Malfoy, no cabe duda XD

Ana, pues muchas gracias, guapa, me alegra que te hayas decidido a dejar un mensajito. Yo pienso lo mismo de Astoria y Ginny, la verdad. Y sí, cada fic será un año de los chicos en Hogwarts.

Juanma_sgb, bueno, Rowling dijo lo de "nunca dejó que olvidara que le debía la vida" y yo tenía que mostrarlo al menos una vez en el fic, sobre todo porque es algo que Draco le reprocha (y cuando escribes no basta con que todos digan que fulano es simpático, por ejemplo, tienes que mostrarlo siendo simpático). Me alegra que te gusten los dos hermanos, creo que los has analizado muy bien. Cassandra es más "dura" que Scorpius, menos flexible en sus opiniones. Pero tiene diez años y en algunos momentos se nota que es sólo una niña. Rowling no trabajó mucho el lado económico del mundo mágico y yo he intentado dar una visión más completa del tema. Ya hemos visto el mercado mágico, que hasta ahora no sabíamos de dónde sacaban la comida, y sabemos que hay magos agricultores; en el próximo fic sale otro escenario que creo que es completamente original por mi parte, algo que nunca ha sido mencionado en otro fic. Tengo muchas ganas de que lo veáis, pero no digo nada para no arruinar la sorpresa. Y en cuanto a tu pregunta, siguiendo la lógica de Rowling los dos son Slytherin, claro. Todos los personajes desagradables menos Peter son de esa Casa.

Rastel, hola, me alegra volver a verte. Pero, ¿qué haces en Berlín ahora? Qué vida más emocionante llevas, hija XD Bien, en cuanto a la saga, James tiene un punto muy parecido a Draco, indudablemente, aunque en realidad no es tan cruel como nuestro Draquito. Ah, él no dice lo de la generación de presos, ese es Fred. Ya veremos qué pasa entre James y Watson.

Britney es la más parecida a Scorpius de las cuatro niñas, es verdad. Y quedaría muy bien con Scorpius y Albus, eso tb es verdad, jaja. Es un personaje que me gusta mucho.

Ginny no se queda embarazada a propósito; simplemente, un embarazo inoportuno justificaba mejor que dejara su supuestamente brillante carrera como jugadora de quidditch cuando ésta acababa de empezar, como aquel que dice. Si la dejaba adrede ya quedaba demasiado Maruja para mi gusto. Aunque igual habría pegado más con su carácter, bien mirado, ya que no tiene inconveniente en que sus tres hijos lleven nombres que sólo son significativos para su marido. El personaje sí me resultaba desagradable porque la encontré antipática en varias escenas del libro: sale con Neville sólo para poder ir al baile y estar cerca de Harry, se mete con Fleur sólo porque sí, le dice a Harry que no tiene por qué sentirse culpable por haber estado a punto de matar a Draco con el Sectumsempra…

No había pensado mucho en Bill y Fleur (en el terreno sexual ella está muchísimo más liberada que él), pero tienes razón. De todos modos, aunque hay excepciones, los personajes femeninos de Rowling no me terminan de convencer desde una óptica feminista.

Yo creo que Albus sí podría tener derecho a recriminarle a Scorpius que Draco trató de cruciar a su padre o entregárselo a Voldemort, no son precisamente nimiedades. En realidad, en estos momentos del fic es inevitable que ese tema siempre resulte problemático.

Creo que Victoire ve lo de la ceremonia como algo anticuado y pasado de moda. Lo de las tradiciones siempre es un tema abierto a discusión, y yo no estoy segura de en qué bando me situaría. Creo que hay tradiciones que me gustaría conservar y otras que no. Los Weasley no están basados en nadie en especial, jaja. Siempre me parecieron muy interesados en el mundo muggle, y como Harry no ve en ellos ninguna tradición mágica –y yo doy por sentado que debe haberlas-, los he escrito como si las hubieran abandonado.

Me gusta teoría sobre Urien, pero no, no es eso.

No tengo nada en contra de Cho, quien va a tener su papelito en la saga. Y qué fuerte lo de su hija, ¿no? No es tan raro que hayamos pensado en el nombre de Mei; lo digo porque yo por lo menos no conozco muchos nombres chinos que digamos. Por lo menos en este caso no hay marido finlandés, jaja. No te preocupes, a mí me han pasado cosas parecidas más de una vez. Dan un poco de rabia, pero no se pueden evitar. Y oye, qué bien que vayas a escribir tu propia saga, ya me avisarás cuando vayas a publicarla, ok?

No es tan raro que no quieran en el ministerio a gente relacionada con Voldemort; el problema es que eso les ha privado de un recurso importante, con lo cual por castigar a unos, acabas perjudicando a todo el mundo.

Un chico de diecisiete años con la fama de Harry, al que todos tratan casi como a un mesías, puede perder el norte con facilidad. Harry no lo ha perdido del todo, en absoluto, pero se le tiene que notar un poquito de paverío, al menos. De las derrotas se aprende; de las victorias, no. Y Harry no tiene motivo alguno para plantearse si está siendo correcto, si está siendo justo, porque vive en un mundo donde siempre es correcto y justo.

No sé si Draco es un rebelde en general, pero desde luego su rebeldía hacia Harry es un hecho; él se niega a reconocerlo como el héroe aun a costa de ser hechizado, burlado, insultado y humillado a cada libro. Pase lo que pase, nunca admitirá que Harry sea mejor que él en nada –ni siquiera en los aspectos en los que es así-, y aunque eso en ocasiones conlleva la semilla de su propia destrucción, es un rasgo en él que me gusta.

Tu teoría sobre los squibs es ingeniosa, pero no, piensa que si fueran squibs, ese dato ya habría salido a la luz y los aurores ya habrían encontrado una conexión entre las víctimas.

Bueno, un beso, guapa! Me alegra haber vuelto a hablar contigo, y ahora luego te contestaré a tu comentario en mi lj.