Disclaimer: Todos los personajes y lugares pertenecen a J. K. Rowling!

Muchas gracias a todos los que leen el fic y sobre todo a los que se toman el tiempo de enviar Reviews!!

N/A: La primera parte del capítulo es la misma primera clase de práctica de la asignatura de Defensa para los de séptimo, aunque desde el punto de vista de Hermione. Había pensado añadirlo al final del capítulo anterior pero me había quedado muy largo.

21 – Verdades que salen a la luz

"Pues… cuanto más avanzado y complejo sea el hechizo o encantamiento más energía consumirá. Además hay determinadas clases de hechizos que requieren más energía que otros, como los hechizos lumínicos y los explosivos." Respondió Hermione después de levantar la mano.

"Muy bien, Hermione!" Aprobó Harry. "Creo que Gryffindor se ha ganado diez puntos, no es así Owens?"

Hermione levantó sus cejas, estupefacta. Harry dándole puntos a ella para Gryffindor? Esbozó una pequeña sonrisa de incredulidad ante los giros del destino. Aún no podía creer que su amigo estuviera a cargo de las clases prácticas de Defensa, y ahora le estaba dando puntos por una pregunta bien contestada. Notó que todos la miraban y se sonrojó.

"Eso no está en ningún libro de este año, o sí? De dónde lo sacaste?" Le preguntó un sorprendido Ernie, quien se sentaba junto a ella.

"Oh, pues… es que cuando nos secuestraron Harry luchó intensamente durante largo rato contra varios mortífagos, y cuando al final quiso realizar un lumos solem su hechizo fue muy débil. Yo… lo vi exhausto cuando salimos del edificio y pensé… bueno… investigar acerca de ello."

Hermione todavía recordaba con mucha angustia ese tremendo y milagroso rescate efectuado por Harry que ella había atribuido erróneamente a que era el amo de la Varita de la Muerte. No pensaba decirle a nadie que cuando vio que la magia de su amigo perdía su potencia y más todavía, cuando lo vio perder la conciencia al salir del edificio (algo que tampoco lo diría allí en la clase ya que apenaría a su amigo), pensó que Harry no había podido soportar o sobrellevar semejante poder.

Estaba convencida de ello y dedicó horas intentando ubicar libros que hablaran sobre el poder de la Varita de la Muerte, sin éxito. Pero durante la búsqueda encontró algunos pocos libros que explicaban algunas teorías acerca del poder del núcleo mágico que las personas mágicas poseían y de cómo ese poder parecía mermar ante situaciones específicas. Si bien los libros que leyó se contradecían entre sí con respecto a dichas situaciones, fue suficiente para que se convenciera de que eso era lo que le había pasado a él: había luchado durante algunas horas contra muchos mortífagos en una situación de vida o muerte y, encima, en una situación de angustia extrema por el miedo a perder a sus amigos; todo eso había confluido para que terminara profundamente extenuado y con su núcleo mágico casi agotado.

Que haya sido Harry y no el poder de la Varita de la Muerte el autor de tamaña demostración de poder y determinación la deslumbró aún más si eso era posible. En ese momento su amigo explicaba algo sobre la cantidad de energía que consumían algunos hechizos, pero aunque no podía quitarle los ojos de encima su mente no estaba conectada con la clase. Lo veían tan apuesto y seguro de sí mismo frente a todos que ya no podía (o no quería) reprimir sus pensamientos sobre él: estaba fascinada.

Harry deambulaba de un lado al otro, paseándose entre los pupitres. Tenía puesto una camisa y un par de pantalones de corderoy que le sentaban muy bien, tanto que cuando pasó entre el pupitre de Hermione y el de Parvati rumbo al fondo del aula, la alumna hindú dedicó un par de segundos para mirarle disimuladamente el trasero.

"Idiota." Pensó Hermione al verla, sin poder contener sus celos. Aparentemente no era la única que lo miraba por otros motivos distintos al de prestar atención en clase.

"Veamos un ejemplo: Anthony, Neville, pasen al frente."

Cuando los dos muchachos se levantaron para pasar el frente tras el llamado de Harry, Hermione volvió a la realidad, o mejor dicho su mente volvió al aula. Qué le estaba sucediendo? Por qué no podía concentrarse en la clase?

Mientras seguía mirando a Harry (en ese momento les explicaba tanto a Anthony como a Neville qué era lo que tenían que hacer) se dio cuenta de por qué le costaba concentrarse en sus explicaciones: su amigo estaba muy lindo, y su cabello negro revuelto la estaba volviendo loca. Sintió que su corazón se aceleró al recordar cómo había disfrutado revolvérselo con sus manos mientras lo besaba la vez que habían ido a Francia, y cuando recordó sus manos sobre su firme y musculoso trasero el calor le encendió su rostro.

"Basta! Presta atención, Hermione!" Se dijo a si misma mientras sacudió levemente su cabeza para sacarse de encima esos pensamientos. Debía prestar atención, no solo porque era lo que tenía que hacer y lo que siempre había hecho, sino porque era Harry el que daba la clase. Qué sucedería si Harry le preguntara algo? Ella no sabría responder y decepcionaría a su amigo.

Sólo otra vez recordaba no haber prestado atención en una clase, y fue también por Harry: Hermione estuvo casi toda una clase de Historia de la Magia intentando convencer a su amigo de que no entrara a hurtadillas al despacho de Umbridge durante su quinto año.

Ahora eran Padma y Parvati quienes estaban en la tarima, la de Ravenclaw atacando el escudo protector de la de Gryffindor. Parvati resistió uno o dos minutos hasta que Padma eligió un hechizo más potente y luego de algunos embates el protego de su hermana colapsó; el duelo terminó con un expelliarmus de la de Ravenclaw que hizo que la varita de su oponente saliera despedida por el aire. Hermione se alegró por el resultado, intentando convencerse de que no tenía nada que ver con que Parvati le mirara el trasero a su amigo.

"Muy bien hecho, Padma! Cinco puntos para Ravenclaw!" Dijo Harry satisfecho mientras las muchachas se sentaban.

"Harry, existe alguna forma de que nuestros escudos protectores sean más resistentes?" Preguntó Neville; él no era de participar en clase debido a su enorme problema de timidez pero con Harry se lo veía más distendido y confiado en sí mismo. Al fin y al cabo había sido con él (en el ED) cuando pudo dominar por primera vez hechizos que nunca antes había podido realizar correctamente.

"No te preocupes por eso, Neville. Mira: Anthony estuvo más de dos minutos asediando continuamente tu protego; eso no sucede en la vida real, por lo menos no usualmente. Estos dos duelos sólo tenían como finalidad mostrarnos cómo nuestros núcleos mágicos consumen energía; sólo los que se dedicarán a ser Aurores o Magos de Choque tendrán que practicar (y mucho) en este aspecto si quieren estar preparados para combatir magos oscuros."

Hermione tenía ganas de preguntarle si en la carrera de Auror se estudiaban los aspectos relacionados con la energía del núcleo mágico, pero no estaba segura de que Harry lo supiera y no quiso arriesgarse a hacerlo quedar mal.

"Además, gran parte de la resistencia y poder de nuestro núcleo mágico proviene de nuestra experiencia y también de nuestro estado anímico."

Hermione asintió, recordando cómo él mismo había perdido gran parte de su magia debido al estado de profundo estado de estrés y angustia culposa en el que estuvo inmerso durante meses luego de derrotar a Voldemort. Sonrió con un ligero nudo en su garganta al recordar que ella había contribuido significativamente a que recuperara su magia, evidencia irrefutable de que su amigo realmente la quería muchísimo. Cuando un alegre Harry le mostró su hermoso patronus algunos días después de que hayan pasado la noche en el jardín de su casa, ella supo que el estado de ánimo de su amigo había comenzado a sanar.

"Bien, es hora de que pasemos al otro sector del aula para comenzar las prácticas grupales. Vamos." Dijo Harry; todos se levantaron de sus pupitres y se dirigieron hacia el amplio sector del aula tras la tarima; el sector era lo suficientemente espacioso como para el doble de alumnos, y estaba provisto de un par de enormes muñecos (para utilizarlos como blanco), almohadones al mejor estilo ED durante sus reuniones en el Salón de los Menesteres y nada más. Cuando Hermione pasó por al lado de Harry, éste le sonrió tímidamente provocando un hermoso cosquilleo en su estómago.

Luego de que el muchacho de preciosos ojos verde separara a los alumnos en parejas, todos comenzaron a practicar hechizos no verbales, tanto de ataque como de defensa. A Hermione le había tocado Neville como compañero; el chico le caía muy bien y lo consideraba un gran amigo y una de las mejores personas que había conocido en Hogwarts, pero su nivel era sensiblemente inferior al de ella. Le costaba enormemente dominar los hechizos no verbales (consigna que había puesto Harry para todas las parejas) y estaba logrando que la aburriera ya que Neville no parecía ser capaz de poner en riesgo el escudo protector que ella conjuraba sin esfuerzo.

"Vamos Neville, sé que tu puedes. Recuerda: vacía tu mente todo lo que puedas y concéntrate en el hechizo, piénsalo y deséalo!" Le explicó Harry con infinita paciencia cuando pasó cerca de ellos. Su amigo del alma le tenía un aprecio enorme a Neville no sólo por haber liderado la resistencia dentro de Hogwarts durante el año pasado (y destruido a Nagini con la espada de Gryffindor) sino porque sabía que siempre debía esforzarse al máximo para aprender nuevos hechizos o encantamientos.

Luego de algunos intentos infructuosos más, Hermione decidió colaborar con Harry quien ya estaba sobre Dean y Parvati.

"Neville, por qué no pruebas con un expelliarmus en lugar del stupefy?"

"Y tú como sabes qué hechizo estoy utilizando? Si apenas lo susurro..." Le respondió Neville decepcionado.

Hermione puso sus ojos en blanco. "Entonces susurra más bajo. Vamos, prueba de nuevo!"

Al tercer intento, la chica pudo sentir un impacto que fue absorbido por su protego. Eso fue suficiente para que Neville le sonriera a Harry justo cuando éste pasaba de nuevo por allí.

"Bien hecho Neville! Confía en ti mismo!" Le dijo; miró a Hermione y le dedicó una espléndida sonrisa de gratitud que hizo temblar las piernas de la chica.

"Cómo puede ser que una simple sonrisa me..." Pensaba mientras comenzaba a sentir nuevamente cosquillas en su estómago, pero fue interrumpida ya que de repente su varita había salido disparada en el aire.

"Genial! Desarmaste a Hermione, muy bien!" Gritó Harry felicitando a un atónito Neville.

Harry fue a buscar la varita y se la llevó a su amiga.

"Toma tu varita, Hermione. Por qué no practican al revés ahora? Hermione, tú ataca y Neville, tú defiéndete." Les dijo a los dos, y luego la miró a ella y en voz muy baja le susurró: "Gracias por dejarte vencer, Neville necesita adquirir confianza en sí mismo."

Dejarse vencer? Ella? Harry no se había dado cuenta de que no había conjurado su escudo por estar embobada mirándolo. Hermione no sabía si destruirlo con alguna fuerte y oscura maldición o gritarle en la cara que había sido culpa de él por haberla distraído con su estúpida y... fascinante sonrisa. Pero no pudo decirle nada porque en ese momento Harry fue hacia donde estaba Seamus ya que éste de alguna manera se las había arreglado para prender fuego a unos almohadones que se hallaban en el piso.

La práctica continuó su curso y Hermione siguió atacando el protego no verbal de Neville; al principio su escudo desaparecía rápidamente bajo su hechizo desarmador y una y otra vez tenían que ir a buscar la varita del muchacho por todos lados, pero a medida que pasaba el tiempo su escudo protector adquiría cada vez más resistencia.

Tenía que admitir que a veces no podía penetrar el escudo de Neville porque su concentración se perdía misteriosamente en los ojos verdes de su amigo del alma o en su delicioso pantalón de corderoy. Pero había algo más que la estaba perturbando, y era cómo su amigo se desenvolvía con los alumnos. Realmente sabía de lo que estaba hablando (y por ello junto al profesor Owens conformaban una pareja estupenda que se complementaban perfectamente) y gracias al ED había aprendido a comunicar sus conocimientos y sus experiencias; a Hermione siempre le había excitado la inteligencia en un muchacho, y si bien siempre supo que además de otras cualidades Harry era inteligente, ahora que lo veía desenvolverse como profesor de la práctica de Defensa sus sentimientos por él se habían hecho más... incontenibles.

"Muy bien!" Gritó Harry cuando faltaban unos pocos minutos para que finalizara la clase. "Alto! Gran trabajo, lo han hecho muy bien. Los felicito!"

"Bien, todavía tenemos algunos minutos. Lo han hecho muy bien, pero he visto que sólo utilizaron el escudo protector para defenderse. Hermione, quieres ser mi pareja?"

La muchacha, distraída por sus pensamientos, abrió los ojos y se sonrojó abruptamente. Notó que Harry se dio cuenta de lo que había dicho cuando algunos alumnos rieron por la proposición y también se ruborizó; soltó una risita para descargar tensiones mientras se ubicaba a unos cuantos metros de su amigo.

"Alguien puede decirme cómo puedo protegerme de ella sin utilizar el escudo? Seamus?"

"Yo…" Comenzó a responder el chico de ascendencia irlandesa; estaba sudado y visiblemente cansado. "Pues… no lo sé, esquivándolos?"

Hermione asintió, ya que era uno de los métodos alternativos para defenderse a los cuales Harry se refirió durante la clase, pero puso sus ojos en blanco cuando todos rieron pensando que Seamus bromeaba.

"Acaso no han prestado atención a la explicaciones de Harry?" Pensó fastidiada.

"Pues es cuestión de intentarlo, no lo crees? Hermione, comienza." Dijo su amigo sonriendo.

"Debe de estar bromeando." Pensó la chica alarmada. Harry quería que ella lo atacara sin que él se protegiera con alguna defensa? Aparentemente sí ya que su amigo se hallaba en posición, esperando el hechizo de Hermione sin la varita lista.

"Expelliarmus!" Pensó, apuntando a las piernas de Harry para minimizar el impacto. No quería lastimarlo, y menos aún dejarlo en ridículo frente a la clase.

Pero su amigo esquivó el hechizo fácilmente, y exclamó: "Bien, ahora con más decisión!"

Luego de algunos segundos de dudas, resolvió repetir el mismo hechizo pero esta vez apuntando a su cintura. Harry nuevamente lo esquivó sin esfuerzo y Hermione comenzó a irritarse; odiaba no poder dar en el blanco aunque se tratara de su amigo.

"Lo ven? Esquivar hechizos no es tan mala idea, Seamus. Es un recurso más y a veces puede ser práctico, por no decir necesario cuando nos toman de sorpresa y no tenemos tiempo para conjurar un escudo. Pero no podemos abusar de ello ya que no podemos pretender esquivar todo lo que nos arrojan."

"Caradura, si ni siquiera lo intenté seriamente!" Se dijo a si misma conteniendo una sonrisa sarcástica; notó que Harry la miró intensamente durante escasos segundos.

"Además, Hermione no quiere ponerme en ridículo delante de todos así que si bien parece sencillo esquivar los hechizos que ella me arroja no se confíen nunca..."

"Mis hechizos son sencillos de esquivar? Expelliarmus!" Pensó Hermione perdiendo el miedo que sentía por arrojarle algún maleficio a un desprotegido Harry.

El hechizo interrumpió la explicación de su amigo, quien tuvo que esforzarse en esquivarlo; y sin embargo, volvió a sonreírle con esa sonrisa tan extraña y atractiva que comenzaba por la comisura de sus labios y se extendía por todo su rostro; la muchacha arrojó otro maleficio para intentar borrar el gesto de estúpida embobada que seguramente tenía dibujado en su rostro.

Logró que Harry tuviera que tirarse al piso y luego conjurar un escudo para protegerse de otro hechizo suyo. A esa altura del duelo notó que los alumnos se habían dividido para alentarlos, varones por Harry y mujeres por ella.

Siguió arrojando hechizos desarmadores para debilitar el escudo de Harry, y tuvo que utilizar el protego para absorber un par de contraataques de su amigo. La mente de la muchacha estaba concentrada y fija en su objetivo como Harry le había enseñado.

"Olé!" Gritaron todos cuando Hermione esquivó un hechizo de Harry con sus piernas, y exclamaron al unísono un grito de asombro al ver cómo el escudo del ayudante de la práctica de Defensa resplandeció al máximo conteniendo a duras penas los contraataques de la chica.

"Listo, ya lo tengo ganado." Pensó triunfante la chica, sobre todo cuando Harry le arrojó un débil hechizo que ella sólo tuvo que esquivar. Confiada, contraatacó con un stupefy para terminar de destruir el escudo de su amigo, pero se sorprendió al escuchar a su amigo gritar con decisión:

"Denego!"

"Demonios, Harry!" Pensó mientras tuvo que conjurar un escudo con todas sus fuerzas para absorber el hechizo reflejado por el potente y avanzado escudo de Harry; el impacto casi la hace perder el equilibrio. El sonido similar a un gong producido por el escudo del muchacho aún se escuchaba retumbando en el aula.

"Stupefy!" Contraatacó la chica logrando que Harry se tirara al suelo de nuevo, y sin darle respiro le arrojó un hechizo desarmador y un levicorpus no verbales que fueron absorbidos por el protego de Harry.

"Solum Gelidus!"

De pronto, sintió que sus pies resbalaban; no pudo mantener el equilibrio y cayó aparatosamente al piso con su trasero.

"Accio varita de Hermione!"

Hermione no lo podía creer, había estado a punto de ganar el duelo (batir a nada menos que Harry Potter hubiese sido excelente para su reputación, y su amigo seguramente sentiría orgullo por ella) pero de alguna manera Harry se las había arreglado para vencerla.

Sentada en el piso, lo seguía mirando anonadada. Qué hechizo había sido ese? No lo entendía, pero le dio la impresión de que se había formado hielo en el piso y la había hecho resbalar. Conjurar un denego fue sumamente arriesgado ya que pudo salirle mal y perder el duelo, pero hacerla resbalar... no sabía si sentirse una idiota o sentir admiración por la inventiva y la creatividad de su amigo ante situaciones complicadas. Aceptó la ayuda de Harry tendiéndole su mano y se levantó; al verle la cara se dio cuenta de que estaba preocupado por su reacción. El muchacho se dio vuelta y se dirigió a los alumnos, que recién terminaban de aplaudir la demostración.

"Lo ven? Los recursos para defenderse son muchos, y sólo nos limita nuestra imaginación. En este caso utilicé una distracción para contenerla y luego la pude desestabilizar con un hechizo que practicaremos este domingo. La clase concluyó, estuvieron geniales, en serio. Vayan a descansar!"

Los saludo uno a uno mientras se retiraban, y de nuevo notó que Parvati lo miró con una mirada típica de "soy tuya Harry" mientras se acercó a saludarlo. Hermione aún se hallaba en el mismo lugar por detrás de él y su sangre por algún motivo comenzó a hervirle por dentro; obviamente su amigo no había notado el descarado intento de la muchacha hindú por atraer su atención (Harry no era una luz en ese aspecto, poseía una ingenuidad que a veces la irritaba y a veces le resultaba encantadora) ni tampoco que Padma tomaba de un brazo a su hermana para sacarla del aula mientras Lavender reía. Hermione consideró seriamente arrojarle un buen hechizo mocomurciélago directamente al rostro.

"Estás... bien?" Estuviste brillante, Hermione. Sólo pude derrotarte con esa pequeña trampa!"

Hermione aún miraba desquiciada a Parvati y tuvo que enfocar su vista en su amigo, quien ahora la estaba mirando fijamente a un par de metros de ella. En ese momento, su corazón estalló jubiloso ante el reconocimiento de su amigo, pero estaba demasiado agitada por el duelo, exasperada ante la pequeña trampa que había empleado para derrotarla y enervada por los nervios de esa estúpida alumna hindú como para que se le refleje la alegría en su rostro.

"Me pudiste haber derrotado, hemos practicado juntos un par de veces y... ya me conoces así que decidí probar algo nuevo... y yo..."

"Claro que te conozco! Te conozco como nadie, Harry Potter!" Pensó furiosa, pero sintió cómo esa furia iba desapareciendo dando paso a una creciente ternura por verlo tan preocupado por lo que ella sentía y pensaba en ese momento. Comenzó a sentir una intensa excitación por tenerlo tan cerca y tan a mano, y algo relacionado con estar en un aula la encendía aún más.

"Lo siento Hermione! No me dirás nada? No quiero que te enojes!"

"Enojada? Cómo puedo enojarme contigo, maldición!" Pensó sintiendo que sus ojos se humedecían. Ya sin poder contenerse, esbozó una levísima sonrisa malévola ante lo que estaba a punto de hacer. Lo agarró de la camisa con sus manos, lo acercó a ella y lo besó tan intensamente como pudo. Ya no le importaba que estuviera en un aula con un integrante del cuerpo de profesores del colegio, sólo pensaba que era Harry, su amigo del alma, y que se querían tanto pero tanto que le parecía imposible de creer que sólo se habían besado una vez.

Se sentía profundamente excitada y cuando Harry por fin reaccionó pasándole sus brazos por su cintura sus cuerpos se fusionaron y encajaron perfectamente. Le acariciaba el cabello negro con una mano y con la otra le recorría el cuerpo, disfrutando cada centímetro de él. Le hubiese gustado mucho más si no hubiera tanta ropa de por medio, pero era algo que aún siquiera se animaba a desear y que sólo permanecía en el fondo de sus fantasías. Amaba sentir las caricias de su amigo en su espalda, uno de sus puntos débiles, y sus labios y lengua jugando con los suyos. Sentía irrefrenables deseos de besarlo por todos lados pero debía contenerse, no podía perder los estribos en un aula siendo ella Premio Anual y él...

"La puerta del aula está abierta, cualquiera puede... Oh, por Merlín, Harry!" Cualquier intento de razonamiento fue interrumpido por unos suaves y muy intensos mordiscos que su amigo le daba en su labio inferior. No pudo evitar algunos gemidos de placer ante el descubrimiento de que eso la volvía loca, y deseó quedarse allí para siempre con él.

Sin embargo, sacando fuerzas de donde no sabía que tenía separó su boca de la de Harry con mucho pesar; cualquiera podría entrar al aula en cualquier momento, y si el año escolar empezaba así…

Hermione no podía despegarse de su amigo, lo hallaba irresistible. Apoyó su frente en la de él y le susurró: "Harry, el profesor Owens te espera en la sala de profesores."

Harry afortunadamente pareció comprender lo peligroso de la situación, lo besó intentando transmitirle todo el amor que sentía por él y se marchó reluctante del aula; antes de salir por la puerta se volvió para mirarlo y se alegró de ver que Harry estaba parado en el mismo lugar con un gesto inequívoco de embobamiento en su cara; le sonrió y salió disparada hacia el Gran Comedor con sus pulsaciones todavía desbocadas.

***HP***

Era sábado por la tarde y Hermione se hallaba sentada en su sillón preferido frente a la chimenea en la sala común de Gryffindor. Recién se había terminado de dar una ducha para despejar su cabeza y dedicarse a estudiar algunos capítulos del libro Las Runas Mágicas en Inglaterra para la asignatura Runas Antiguas, pero no lograba que su mente se concentrara afondo en lo que intentaba leer.

"Las runas aparentemente fueron introducidas en Inglaterra a mediados del siglo V por los Vikingos en épocas de las primeras invasiones a las islas Británicas. Otra teoría indica que las runas fueron importadas desde Frisia por los mismo Vikingos, quienes..."

Hermione releyó el primer párrafo del capítulo varias veces sin éxito, hasta que al final agachó la cabeza y se frotó los ojos con las manos. Hiciera lo que hiciera o leyera lo que leyera, no podía sacarse a Harry de la cabeza.

"No, es imposible, no puedo estar enamorada de Harry, es mi mejor amigo! Y es el mejor amigo de Ron aunque sigan sin dirigirse la palabra!"

La confusión dentro de su cabeza era enorme. No comprendía cómo una persona tan racional como ella se había dejado llevar por las circunstancias y los sentimientos. Buscaba excusas para justificar su comportamiento: que Ron no parecía comprender sus necesidades ni querer compartir intereses en común, que Harry parecía ser su perfecto complemento y por ende ella era presa de la confusión, que ella pensaba cosas que sólo Harry parecía entender y viceversa, y así seguía la lista.

"Jamás me había gustado en ese aspecto, y nunca pensé siquiera en que algo romántico podía pasar entre nosotros dos; bah, sólo en algunas ocasiones mientras acampábamos huyendo de Voldemort, pero eso debe haber sido por mi resentimiento hacia Ron por haberme abandonado. Por qué ahora?"

Un par de alumnos de primero o segundo pasaron corriendo rumbo a la salida de la sala común haciendo demasiada alharaca. Sonrió meneando su cabeza cuando recordó el libro Los disfraces que utiliza el tiempo para cambiar las cosas sin que nadie se entere, que compró hace años en Flourish & Blotts. Era tan malo que lo abandonó antes de la mitad, pero aún recordaba que el autor describía al tiempo como una especie de dios que por medio de la magia de su varita retocaba durante largos lapsos de tiempo pequeñísimos detalles, ya sea de una casa, de un libro o incluso de una relación entre personas. De esa manera, la gente no percibía los cambios ya que no eran bruscos o de golpe sino ínfimos y muy espaciados, y resultaba engañada creyendo que todo estaba como antes.

Cuando leyó que el autor lo relacionaba con las veces en las cuales uno leía un libro por segunda vez después de muchos años y lo hallaba distinto a lo que uno recordaba haber leído, se rió estrepitosamente y lo cerró de un golpe para nunca más abrirlo. Pero debía reconocer que la metáfora que utilizaba para describir los cambios en una relación entre dos personas era buena, o llamativa cuando menos.

"Y por qué ahora?" Esa pregunta dejaba de tener sentido, ya que no era cierto. Los cambios dentro de la mente de Hermione con respecto a lo que pensaba o sentía por Harry habían sido tan sutiles a lo largo de los últimos meses que ella no se había dado cuenta, y cuando se daba cuenta automáticamente tapaba esa posibilidad con una batería de excusas y justificaciones.

"El alfabeto rúnico anglosajón desciende directamente del Futhark antiguo, pero debido a su necesidad de adaptación al idioma inglés antiguo que se utilizaba en esos tiempos los veinticuatro símbolos originales de las runas vikingas (que en sus orígenes eran sólo dieciséis) pasaron a ser treinta y tres. Las runas que se añadieron..."

Hermione seguía intentando leer el libro de Runas Antiguas, pero no lograba terminar ese capítulo. Se sentía frustrada e impotente porque no poder concentrarse en un libro no le había pasado nunca; y lo que más le llamaba la atención era que no recordaba haber tenido problemas de concentración mientras estaba con Ron. Por enésima vez levantó la vista del libro y miró hacia donde un grupito de chicas de tercero sentadas en unos sillones cuchicheaban entre ellas.

La primera vez que se dio cuenta de que algo andaba realmente mal en su relación con Harry fue cuando fue a Australia a buscar a sus padres con él y Ron. Después de un par de semanas de búsqueda (ya que se habían mudado de Melbourne a una ciudad llamada Geelong), finalmente dieron con ellos y Hermione pudo restaurar las memorias borradas en las mentes de sus padres. Feliz y aliviada, la muchacha quiso quedarse con ellos algunos días y los tres insistieron en que Harry y Ron se quedaran también. Al cabo de unos pocos días había comenzado a notar cómo su supuesto novio (aún no habían formalizado su noviazgo) ya no estaba tan interesado en estar allí y compartir tiempo con ella y sus padres, y parecía querer volver a Inglaterra. Harry por el contrario no parecía tener apuro alguno y no podía ocultar su alegría al ver lo contenta que ella estaba, y descubrió que mientras sus padres apenas hablaban con Ron, se llevaban cada vez mejor con Harry. Si bien al principio lo había atribuido a que Ron no sabía cómo encajar porque había crecido entre magos y en cambio Harry sí porque había vivido toda su infancia con sus tíos muggles, sus padres le habían confiado que el muchacho de cabello negro les había caído muy bien y que era demasiado centrado y modesto como para ser lo que ellos imaginaban que era (de acuerdo a la cantidad de cosas que Hermione les contaba sobre él).

Ahora que lo pensaba mejor, ese viaje había sido el inicio de muchas cosas. No sólo el momento en el cual comenzó a mirar a Harry de otra manera sino que también fue cuando Ron comenzó a distanciarse de su amigo; de alguna manera el muchacho pelirrojo había detectado ese cambio en Hermione, algo extraño en él ya que Ron no era de los que prestaban atención a ese tipo de cosas.

"Tengo que llegar al fondo de esto por más extraño e incómodo que sea para mí. Debe haber una explicación razonable, no puede ser posible que me esté enamorando de Harry."

Hermione pensaba y pensaba. La idea de lentos y graduales cambios entre ellos dos comenzó a parecerle insuficiente; no podía bajo ningún punto de vista haber cambiado tanto en tan poco tiempo y sentir el profundo amor que hoy sentía por él.

"No, no fue algo gradual, fue algo repentino y... lacerante."

Sus recuerdos ahora volaron al momento en el cual Harry escapó de todo y de todos con rumbo desconocido, en una decisión tan impulsiva y desesperada que no hubo tiempo para convencerlo de que no se fuera. Ella estaba presente en su casa del Valle de Godric, sólo ella, y el dolor que sintió al verlo furioso, gritándole sin piedad y totalmente desencajado por todo lo que le estaba ocurriendo fue... lacerante.

Cuando Harry se desapareció frente a ella, sintió que un gigantesco hueco se había formado en su alma y que nunca podría recuperarse. Su huida la había lastimado salvajemente, y se había quedado sentada en el piso de esa casa llorando desconsoladamente como jamás había llorado antes, sintiendo que su amigo del alma se escapaba de todos pero también de ella. Así estuvo durante un par de horas, maldiciéndolo por haberla abandonado tan cruelmente y culpándose por no haber previsto que eso ocurriera sabiendo lo mal que Harry la estaba pasando entre tantas culpas y ataques.

Ese enorme vacío que sentía y que no podía llenar con nada ni con nadie fue el detonante que le mostró sin medias tintas lo mucho que lo amaba y lo mucho que lo necesitaba en su vida. No tomaba jamás una decisión sin pensar en lo que opinaría Harry, y nunca iba a algún sitio o lugar sin desear que Harry fuera también; pero en ese momento sintió que ya era demasiado tarde y que se tendría que acostumbrar a vivir sin la idea de él (tenía que reconocer que ya por ese entonces se veían cada vez menos por culpa de Ron y sus celos y peleas con Harry).

Los meses que siguieron fueron horribles. Ella no podía recuperarse de la pérdida de su amigo, y a veces tenía la espantosa sensación de que toda la tristeza y depresión que Hermione sentía era porque Harry había muerto y ella se negaba a aceptar esa idea recreando en su mente una huida; sólo cuando un largo tiempo después recibió una carta de él pudo sacarse esa espantosa sensación. Encima, durante ese largo período su relación con Ron se había estancado, por culpa de ella ya que su desgano era total y también por culpa del pelirrojo; él intuía que su lamentable estado se debía fundamentalmente a la ausencia de Harry, y lejos de apoyarla comenzó a tratarla con frialdad e indiferencia. Los Weasley habían quedado casi tan sorprendidos y apenados como ella ya que consideraban a Harry parte de la familia (aunque también se había estando alejando de ellos por sus distanciamientos con Ginny y Ron), y no tardaron en notar las conductas de Hermione y Ron. Al principio no se entrometían pero luego de un par de meses comenzaron a fastidiarse con el pelirrojo; Hermione incluso juraba que tanto Fleur como Ginny sabían sobre sus verdaderos sentimientos.

"Maldición, cómo dejé que la situación con Harry llegara a esto." Pensó, intentando hacerse sentir culpable; pero no lo iba a lograr y lo sabía. Se sentía excitada y expectante por verlo de nuevo el día de mañana, y cada vez que recordaba sus besos y sus caricias una hermosa sensación de calor la invadía por completo. Sus pulsaciones se aceleraban cuando recordaba los ojos verdes de su amigo y su bella mirada, una mirada extraña que transmitía ingenuidad y seducción al mismo tiempo. Finalmente sonrió y se levantó del sillón para ir a comer algo al Gran Comedor; quizá allí pudiera prestar más atención al capítulo del libro que quería leer.

"Hola Hermione! Te has dado por vencida?"

La muchacha castaña se sobresaltó al no notar que Ginny había entrado a la sala común, acompañada por dos compañeras suyas.

"Que me di por vencida de qué?" Preguntó dubitativa.

"De leer ese libro de…" Bajó la vista para ver el libro que Hermione llevaba en su mano. "Runas. Por Merlín Hermione, sé que te estás aburriendo sin Harry y Ron pero es el primer fin de semana!"

"Pues…" No sabía qué decir ya que era verdad, aunque sólo en parte. "Ya sabes cuándo serán las pruebas para el equipo de Gryffindor?" Preguntó cambiando de tema.

"Sí, dentro de dos semanas. Pero dudo que hagamos una buena temporada, no sé cómo haré para reemplazar a Harry y a Katie."

"Descuida, eres una gran cazadora. Seguro que lo harán bien."

"Bueno, ése es un problema ya que no abundan buscadores decentes. Creo que si no encuentro alguno que dé la talla tendré que jugar como buscadora y probar otro cazador."

"Estás bien?"

Hermione levantó sus cejas. "Sí, por qué?"

Ginny debió de haber notado su falta de interés en los pormenores del equipo de Quidditch; lo único que le había interesado de ese deporte era ver jugar a Harry.

"Por nada, es que te noto desganada. No habrás recibido carta de Ron, verdad?"

"No, sabes que a Ron no le gusta escribir."

Ginny la miraba fijo. "Y qué sucedió al final? Ya sabes, cuando se encontraron para platicar la última vez. No mes has contado aún."

Hermione suspiró y le contestó algunos segundos después. "Hemos decidido tomarnos un tiempo para poner nuestras… prioridades en orden."

Lejos de sorprenderse, Ginny hizo un gesto de resignación. "Sí, me lo suponía. Creía que después de que la guerra terminara ustedes podrían… ya sabes… tener más tiempo."

"Más tiempo…" Pensó la muchacha castaña. La falta total de tiempo durante sus años en Hogwarts (ya sea por estudiar o por preocupaciones relacionadas con los enemigos de Harry) se había transformado en una parte esencial de su personalidad, y cuando al terminar la guerra por fin dispuso de tiempo para todo lo que nunca pudo hacer antes descubrió que no sabía qué hacer con tanto tiempo libre; y lo mismo le había pasado a Harry: mientras todos disfrutaban y celebraban con júbilo y distensión, ellos dos no lograban disfrutar como los demás.

Y además, al tener más tiempo libre también descubrió que su relación con Ron no iba a ser tan idílica como había creído durante años.

"Sí, bueno, es que…" Hermione tenía la vista perdida en la pared del fondo de la sala común. "Fue culpa mía, estuve… ausente… durante meses y quizá eso contribuyó a que Ron cambiara con respecto a mí."

Ginny la miró extrañada. "De qué hablas? Claro que no fue culpa tuya, o por lo menos no tuya exclusivamente. Ron se ha portado como un idiota contigo."

Hermione no dijo nada, sólo seguía mirando al mismo sector de la pared del fondo. Ginny torció su cabeza para interponer su rostro en la línea de visión de Hermione, y cuando ella enfocó su vista en la pelirroja, esta última agregó con una media sonrisa altanera:

"Pero sí, es verdad, recuerdo que durante meses has actuado… extraño… parecías ida o algo así, como si una parte de ti te hubiera abandonado." Le dijo, y añadió unos segundos después fingiendo que pensaba "Fueron esos meses en los que casualmente Harry se había marchado a Francia, no es así?"

Dicho eso, dio media vuelta con un gesto de sabelotodo superada y se marchó hacia los dormitorios en donde sus amigas la esperaban. Hermione apenas pudo contenerse y no echarle un maleficio, enfurecida por la desfachatez de Ginny al refregarle semejante estupidez en su propio rostro. Cómo se le había ocurrido decirle eso?

Acaso sus sentimientos de pérdida y desolación habían sido tan evidente para todos?

***HP***

"Stiglitz, no estoy para nadie. Estaré en la Sala sin Nombre."

Su voz grave y misteriosa retumbó por toda la oficina, y obtuvo un casi imperceptible movimiento de cabeza como única respuesta del aspirante a inefable, el cual estaba enfrascado en la lectura de un enorme libro antiguo.

Croaker lo miró por un par de segundos y se marchó frunciendo su entrecejo.

"Imbécil, se tomó muy en serio el juramento de inefabilidad. Hará una gran carrera."

Una vez dentro de la sala en donde se almacenaban los estudios y las pistas acerca de los objetos más misteriosos del mundo mágico, se sentó en la larga mesa que se hallaba en medio de dicha sala y comenzó a revolver algunos pergaminos antiguos. Finalmente dio con el que buscaba, el cual estaba escrito íntegramente en runas.

"Maldito Ollivander, por qué no me dijo que el pergamino sobre la vida de Barnabas Deverill estaba escrita en alfabeto rúnico."

Croaker odiaba las runas, especialmente las pertenecientes a los alfabetos más antiguos. Pero como quería ser inefable sus conocimientos sobre ellas debían ser excelentes. Maldiciendo, Croaker se puso a descifrar el pergamino y luego de un buen tiempo pudo reconstruir la primer parte; aparentemente el tal Barnabas Deverill escribía en forma de prosa y, como lamentablemente esperaba, su lectura no era sencilla; en esos remotos tiempos muchos escribían de tal manera que sólo unos pocos podrían interpretar correctamente el verdadero significado de sus escritos.

Harbert el sucio lo llamaban,

Aquel que tan torpemente la blandía,

Muchos lo habían desafiado bajo el frondoso fresno,

Y muchos murieron con escarnio,

Pero oscura era la luz que lo rodeaba,

Y oscuro su indecible final.

Croaker suspiró fastidiado; en ese momento no le interesaba en lo más mínimo leer sobre las desventuras de magos que habían vivido muchos siglos atrás. Un par de horas después y cuando su cabeza ya estaba hastiada de tantas runas (algunas de las cuales eran casi ilegibles por el mal estado del pergamino) dio con una sección de un poema del tal Deverill que le llamó la atención.

Y cuando me percaté de mi error,

Ya el tiempo se había acabado para mí,

Por lo que el atroz destino encarnado en ese extraño,

Finalmente me mostró su verdadero rostro,

Rostro que siempre había querido evitar mirar,

Y que descubrí que era la muerte.

Aquel extraño,

A todo el poder de la varita ajeno,

Bajo el mismo fresno me dejó tendido,

Y sin conocer de magia nada,

El atroz destino quiso que la reliquia,

En sus manos sin saber quedara.

El inefable se quedó largos minutos leyendo y releyendo su traducción, revisando su trabajo por posibles errores cometidos. Contemplaba la posibilidad de que la palabra reliquia fuera mencionada casualmente, como si el autor del poema y amo de la varita la considerara sumamente valiosa; en ese caso dicha palabra estaría conformada por ocho runas, de acuerdo al alfabeto rúnico medieval en que estaba escrito el poema.

Sin embargo, en este caso la palabra reliquia estaba formada por un solo símbolo, una vara ("is" era el significado de dicha runa por separado) dentro de un círculo, que a su vez estaban dentro de un triángulo.

"Qué demonios hace ese símbolo ahí? Si ni siquiera es una runa."

El símbolo en cuestión no era una runa, pero Ollivander creía que la varita, el círculo y el triángulo podían ser símbolos derivados de algunas runas. Él no lo creía posible ya que no había círculos en los alfabetos rúnicos antiguos ni tampoco trazos horizontales, por lo que el triángulo tampoco podía ser una runa.

"Entonces… ése es realmente el símbolo de las Reliquias de la Muerte." Pensó Croaker aturdido. Comenzó a notar cómo sus estudios e investigaciones de hacía muchísimos años acerca de la Varita y de las Reliquias de la Muerte caían en un pozo profundo; tantos años y esfuerzos para desentrañar los misterios de las Reliquias desperdiciados; si tan sólo hubiese leído ese maldito poema antes…

El cerebro del inefable de pronto hizo click, y automáticamente se levantó de su silla dirigiéndose hacia las altas estanterías de madera oscura que cubrían casi todas las paredes de la Sala. Buscó unos segundos el casillero en donde yacía la información conocida sobre las antiguas investigaciones de la Varita de Sauco, y cuando posó su vista en la descripción de su contenido (en runas) vio el símbolo.

"Imposible."

Sentía la sangre congelándose dentro de sus venas mientras recorría desesperadamente con su vista el resto de los casilleros, y ubicó fácilmente los otros dos casilleros que buscaba, el de la capa de invisibilidad de la muerte y el de la piedra para llama a los muertos, ambos con el mismo símbolo de las Reliquias.

Nadie sabía (de los pocos que conocían la existencia de dicha Sala sin Nombre) cómo habían aparecido los símbolos de las Reliquias de la Muerte al lado de las runas que conformaban la descripción de lo que contenían los casilleros. Cuando él entró por primera vez a la Sala (una vez que fue nombrado Jefe de los Inefables hacía ya mucho tiempo) esos símbolos ya estaban ahí, y en aquel entonces le había dado la impresión de que habían sido grabados mágicamente por alguien que él desconocía. Nunca supo el verdadero significado de dicho símbolo hasta que comenzó a investigar la Varita de Sauco con Ollivander muchos años atrás.

"Imposible. Nunca nadie ha tenido las Reliquias, por lo menos no a todas."

Croaker volvió al casillero de la Varita de Sauco, pensativo y anonadado. No, era imposible que un simple y joven muchacho las haya encontrado. Potter había demostrado ser capaz de muchas cosas y llevar a cabo tareas y responsabilidades bajo las cuales muchos sucumbirían, pero hallar las Reliquias era… imposible.

"Él es el amo de la Varita de Sauco, qué posibilidades hay de que siquiera conozca la existencia de las demás Reliquias?" Pensaba intentando convencerse de lo que ya le resultaba inevitable de sólo recordar quién había sido el mentor del muchacho.

"Dumbledore."

Era una posibilidad. El mago más poderoso de todos los tiempos podría haber descubierto las Reliquias, pero qué sentido tenía transmitirle tamaño conocimiento a un muchacho?

"Voldemort. Potter dijo que Voldemort estaba tras la Varita."

Sí. Sólo bajo esa peligrosa posibilidad Dumbledore se pudo haber atrevido a contarle sobre las Reliquias, y así hacer todo lo necesario para que el mago oscuro no la obtuviera. Pero cargar con semejante peso a un muchacho joven e inexperto…

Aún así, debido a su naturaleza escéptica Croaker no encontraba razones que le mostraran pruebas fehacientes de que Potter supiera sobre las otras dos Reliquias, hasta que recordó algo que lo dejó petrificado en el lugar en el que estaba parado.

"Potter tiene… una capa de invisibilidad." Su mente rápidamente comenzó a evaluar la situación. Sabía que las capas de invisibilidad no eran muy raras, de hecho con unos cuantos galeones cualquiera podía tener una capa de esas; pero una vez más la incertidumbre lo asaltó.

"Demasiada casualidad. Potter es el amo de la Varita de Sauco, y tiene una capa de invisibilidad."

Y cuando de nuevo estuvo a punto de convencerse que no era prueba suficiente para creer que el muchacho sabía sobre las Reliquias recordó otro detalle, insignificante para él hasta ese momento.

"Él y su amiga Granger se hallaban observando los casilleros de las otras dos Reliquias; los vi cuando ellos dos estuvieron aquí hace unos días. Ellos… saben."

Atónito, Croaker se sentó pesadamente en una silla cercana a él. Miraba hacia el casillero de la capa de invisibilidad de la muerte sin realmente ver, con su mente trabajando febrilmente.

"Harry Potter posee las Reliquias de la Muerte?"

***HP***