Capítulo final: La Gema Gemela

Dedicado a cada una de las personas que me permitió basarme en ella para crear a los personajes, y a cada uno de los lectores que han seguido fielmente la historia n_n


Los desgarradores gritos de Riddle se apagaron en el mismo instante que el fuego que no producía humo dejó de arder. De él no quedó nada más que un rastro negro en el suelo, a cuyo alrededor había un montón de varitas tiradas. La habitación volvió a quedar en casi total oscuridad; la luz que entraba por la ventana ya no parecía iluminar.

Mankar cayó de rodillas y se postró en el suelo. Cerró los ojos con fuerza, intentando vaciar todos los pensamientos que tenía en su mente. No podía ser cierto... ¡no podía serlo! ¡No podía haber perdido a sus dos mejores amigos!

Así como en las veces que más alterado se había sentido, los recuerdos llegaron a su mente, uno tras otro, de los buenos y los malos momentos que había vivido con Haher y Gonza.

Sintió que caía en una especie de hoyo, una desesperación que lo hizo temblar, revolverse el cabello, era un dolor físico que sentía en lo más hondo de su pecho.

Una mano tomó el hombro de Mankar y tiró de él suavemente intentando ayudarlo a incorporarse.

—Lo siento mucho —dijo temblorosa la sincera voz de Sorceress. Lloraba.

Mankar no respondió. Ahora estaba arrodillado. Sorceress lo abrazó. Mankar apoyó su cabeza en el hombro de ella, sollozando. Veía todo muy borroso, quizás por las lágrimas que brotaban de sus ojos sin cesar.

No era capaz de mirar los cuerpos.

Imaginó a su padre inconsciente, detrás de él, tendido en el suelo, y bajó la mirada rápidamente a la marca negra que quedó del fuego de Fiendfyre, o lo que fuera, tampoco importaba.

Un pensamiento cruzó por la mente de Mankar, y lleno de la desesperación que lo invadía, se incorporó de un brinco y atravesó en dos zancadas la habitación, tirándose junto a Gonzalo. Un rayo de esperanza le indicaba que él seguía vivo.

—Gonza —susurró. Era una voz que no parecía ser suya.

Lo zarandeó con suavidad, repitiendo su nombre insistentemente. Escuchó los pasos de Sorceress acercarse a él. Mankar lo dejó quieto, inmóvil en el suelo, con el dolor en sus pulmones cada vez creciendo.

De repente, percibió, muy, muy débilmente, la respiración de su amigo. Varias lágrimas más salieron por los ojos de Mankar, esperanzado de poder salvarlo.

—El talismán —dijo entre dientes, pegando de nuevo un salto hacia el lugar donde los leones de fuego consumieron a Riddle.

Buscó con mirada frenética en el suelo el rectángulo plateado sin el cual su amigo no podía sobrevivir. No había rastros de él.

Cerró los ojos y bajó la cabeza.

De repente, se volvió a Sorceress con velocidad.

—¡Tenemos que llevarlo a algún lado! ¡Debe haber otro talismán en este lugar! ¡Debe haber poción whity en este centro comercial! ¡Tiene que...!

Su voz se fue apagando. Sorceress lo miraba con compasión.

Mankar recordó la voz de su amigo cuando le confesó que era un whity. Era una especie de mago tan rara que ni siquiera era nombrada en un libro de magia. ¿Y de verdad encontrarían un talismán en el Wizentro, si Riddle y Devil no pudieron hacerlo?

Estuvo a punto de tenderse en el suelo otra vez, destruido. Si tan difícil había sido para un par de magos tenebrosos conseguir un tesoro mágico al cual aferrarse para sobrevivir, entonces no había posibilidad... Ellos incluso tuvieron que perseguir a un par de niños para asesinarlos y robarles sus Gemas...

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Mankar.

La única forma de robar una de las Gemas de Elemento era matando a quien la poseyera.

Por primera vez, su mirada se posó en el cuerpo inmóvil de Haher. Era demasiado duro para él, no podía resistirlo. Las lágrimas volvieron a hacerle la vista borrosa.

Mankar desvió la mirada hacia su muñeca. El Rubí del Fuego había desaparecido, no tenía remedio. Pero allí, en el brazo de Haher, todavía tenía que estar la Esmeralda del Agua. Era la única posibilidad de salvar a Gonza.

Sorceress no dejaba de sollozar, mientras miraba a Mankar a los ojos, sin saber qué hacer exactamente.

El chico comenzó a andar vacilante en dirección al cuerpo de Haher. Parecía irreal lo que estaba viviendo. No quería hacerlo, no quería robarle la Gema, eso supondría aceptar su... su... su muerte.

Tenía en su mente aún grabada la imagen de la cara de Haher cuando recibió el impacto de la maldición asesina. Prefería en ese momento haber muerto él, prefería ser quien se hallaba tirado en el suelo, incluso creyó tentador terminar con su propia vida...

Siguió caminando hacia el cuerpo de Haher sin detenerse. Dependía de ello la vida de Gonza.

Cayó arrodillado en el suelo junto al lugar donde yacía su tío. Sintió que no podía escuchar, que todos sus sentidos dejaban de funcionar... No creía ser capaz de hacerlo. Ni aunque hubiera sabido lo que tenía que hacer.

El cuerpo de Haher estaba de espaldas a Mankar. El chico lo movió con suavidad, con mucho temor, y, al ver su cara, sintió un dolor en el estómago que le cortó la respiración. Su tío descansaba con una expresión tranquila, parecía tener una sonrisa en la boca.

Mankar desvió la mirada sin poder contenerse. Levantó la mano derecha de Haher en busca del brazalete. Ahí estaba la brillante Esmeralda de Slytherin.

No fue necesario más que tirar levemente de ella para desprenderla del brazo de Haher. El brazalete empezó a encogerse como si se estuviera introduciendo en la Gema, brillando igual que el día que Mankar obtuvo el suyo, hacía ya tanto tiempo...

Se dio cuenta que las lágrimas volvían a resbalar por sus mejillas, y caían en el cuerpo de su tío. Cerró los ojos con fuerza un momento y mantuvo un silencio total.

Abrió los ojos. Escuchó un sonido. Se concentró con todo su ser en percibirlo de nuevo.

Lo volvió a escuchar. Era un sonido débil y lento. Mankar lo reconoció: el latido de un corazón.

Con un nudo en la garganta, se dio cuenta, o quería convencerse, de que el latido no provenía de él. Era de su mejor amigo que yacía en el suelo.

Acercó su oído al pecho de Haher y trató de sentirlo de nuevo, con la esperanza apoderándose de su ser.

Su corazón latía.

Y no sólo eso: de una forma aún más débil que Gonza, Haher respiraba.

Un violento estremecimiento recorrió a Mankar, quien se dio vuelta y miró con los ojos muy abiertos a Sorceress, que en ese momento intentaba sentar a Merlín.

—¡Está vivo! —exclamó con una voz que tuvo un pequeño rasgo de normalidad.

Sorceress lo miró con las cejas arqueadas y la triste mirada sorprendida.

Mankar miró a su tío y sonrió.

—¡Es un milagro! —chilló Sorceress con júbilo, dando un salto hacia Haher.

Se agachó frente a él e intentó percibir sus signos vitales. Volteó a mirar a Mankar y exclamó:

—¡Sobrevivió! ¡Tenemos que sacarlo de aquí! ¡Vamos, ayuda a levantar a Merlín!

Con el corazón palpitándole muy rápido, Mankar agarró con fuerza la Esmeralda y corrió adonde estaba Gonza, primero. Se arrodilló junto a él sin saber qué hacer.

Buscó la cadena rota del talismán y la agarró con la intención de amarrarla a la Esmeralda. Miró la cara de Gonza sonriendo, con la esperanza de que éste despertara y le correspondiera la sonrisa.

No fue necesario amarrar la Gema. Con un pequeño roce que tuvo con la cadena, quedó mágicamente unida, brillando por un instante.

Mankar se quedó contemplando a Gonza. Pocos segundos después, éste se movió, respiró con fuerza y abrió débilmente los ojos. Mankar lo miró fijamente, sonriendo con euforia.

—¿Qué ocurrió? —susurró mirando a Mankar.

Él negó con la cabeza. La inocencia y la confusión que mostraba la cara de Gonza pareció divertirle.

—No hay nada de qué preocuparse. Todo está bien.

• • •

Mankar despertó. La luz se filtraba difícilmente por entre las cortinas rojas de la habitación en que se encontraba. Al principio, no fue conciente de lo que había pasado exactamente.

Se sentó y miró alrededor suyo, desde su cálida cama. Hacía un tranquilo silencio, excepto por la respiración de las otras personas que había en la habitación. No había nada allí que pudiera alterarlo, nada que interrumpiera su descanso.

Fijó su mirada en la cama que tenía a la derecha de la suya. Gonza dormía en ella plácidamente, con la Esmeralda de Slytherin oculta bajo su ropa, y la cadena de la cual pendía brillaba desde su cuello. Mankar miró a su izquierda. Allí dormía Haher, y ninguno de ellos daba señales de estar enfermos o en peligro alguno. No había nadie más allí.

Sonrió. Los recuerdos de la noche anterior llegaron poco a poco. Intentó reprimir la tristeza y todas las emociones que había sentido cuando creyó muertos a sus dos mejores amigos.

Sorceress había insistido en llevar a los tres niños de vuelta a Harrylatino, por medio de un traslador. Estaba bastante preocupada por su salud, y le parecía muy riesgoso llevarlos a cualquier otro médico. Ella confiaba bastante en Unik Granger, la enfermera del castillo, y no llamarían tanto la atención como en un hospital mágico corriente. Además, a ninguno de ellos les convenía continuar ausente del colegio, si no querían meterse en problemas.

También tenía sus riesgos. Tazllatrix Devil continuaba en ese castillo, y era probable que intentara algo en contra de los niños, al igual que Juanjo Macnair, Ron Lesson y Rob Potter, quienes evidentemente eran cómplices de ella y de Riddle.

Mankar lo dudaba, pues Devil seguramente deseaba continuar encubierta y no se delataría fácilmente. Sin embargo, Merlín y Sorceress decidieron hacer guardia en la enfermería y cerciorarse de que los niños estaban a salvo.

—¿Manu? —preguntó suave y tímidamente una voz. Mankar volteó a ver a su tío, quien lo miraba con los ojos abiertos y expresión débil y confusa—. ¿Qué hacemos aquí...?

Mankar no respondió de inmediato. Sentía una felicidad inmensa de ver a Haher consciente. Era demasiado increíble... un verdadero milagro que él hubiera podido sobrevivir a una maldición asesina.

Negó con la cabeza y parpadeó lentamente, comunicándole lo difícil que era contarle la historia.

—¿Cómo estás? —preguntó Mankar con el mismo tono.

Haher esbozó una sonrisa débil y asintió.

—Bien... creo.

Se quedaron callados un instante, escuchando solamente la lenta respiración de Gonza. Haher también intentó sentarse, pero con dificultad. Estaba muy débil.

Quizás tuvo una extraña sensación en su muñeca, a juzgar por la expresión que tomó. Buscó en ella su brazalete e hizo una cara curiosa al darse cuenta que ya no lo tenía, pero no hizo pregunta alguna.

Su mirada se perdió en un punto lejano. Mankar se preguntó qué pensamientos cruzaban por la mente de su mejor amigo. Él también empezó a perderse de nuevo en medio de un mar de recuerdos, no sólo los de la noche anterior, sino todo lo que había ocurrido en menos de un año...

—Ya despertaron —dijo una voz suave y alegre. Sorceress había entrado en la enfermería y les dirigía una sonrisa—. ¿Cómo se encuentran?

—Bien —fue la débil respuesta por parte de ambos. Intentaron sonreír.

Sorceress se sentó a los pies de la cama de Mankar. Hubo de nuevo silencio.

—Intenté hablar con Vito —informó Sorceress—. No cree que sea cierto lo de Taz y Ángel. Pensará que él simplemente decidió renunciar a su puesto como profesor; tengo entendido que se quejaba mucho. Fui a su despacho y el armario no estaba, quizás Taz lo hizo desaparecer, el caso es que ya no se puede entrar a la sala secreta. Y no dudo que ella negará todo lo ocurrido. Quizás hasta sea capaz de decir que estaba bajo una maldición.

Mankar y Haher mostraron una expresión inquieta.

—De todas formas, le conté sobre los incidentes que ustedes han tenido (con quidditch, clubes y la Copa) y me aseguró aumentar la seguridad.

Mankar asintió. Eso no lo tranquilizaba. No, teniendo en cuenta que seguía allí la persona que había intentado matarlo, y era algo que todos ignoraban.

—¿Cómo fue que usted terminó involucrada en todo esto? —preguntó Mankar tímidamente, al cabo de un rato.

Sorceress suspiró.

—Cierto día... hace casi dos meses... entré a su despacho. Últimamente lo había visto merodeando por todos lados y me entró curiosidad. Encontré el pasadizo que había a través del armario y llegué a la sala secreta. En realidad, no entendí nada de lo que allí había, excepto por una cosa que captó mi atención: encontré varias de las solicitudes de ingredientes que había hecho a la profesora Anna Black, ingredientes que yo necesitaba para algunos temas y otras cosas de mi materia.

»Pero no sólo eso. Había otros papeles iguales, pero que pedían ingredientes muy peligrosos, como cuerno de erumpent, y en ellos encontré mi firma falsificada. Era por eso que nunca recibí los ingredientes que había pedido, porque Ángel había robado las solicitudes e intentó cambiarlas por otras, pero cuando se reforzó la seguridad del despacho, le fue imposible lograrlo.

»Él quería hacerme daño o algo, porque sabía que yo sospechaba de él. Cuando volví a su oficina, él me encontró, pero lo convencí de que lo buscaba porque necesitaba hablar sobre un alumno problemático.

»Había intentado ganarse mi confianza el día que ustedes dos se batieron en duelo, cuando me fue a contar lo que habían hecho, pero su verdadera intención era que alguien más se enterara, pues no tuvo ni un poco de prudencia a la hora de decírmelo. No dudo que al menos un niño se dio cuenta de lo que ocurría.

—Macnair —dijo Mankar para sí.

—Hace dos días regresé al despacho de Ángel —continuó Sorceress— y me encontré con unos archivos que tenían información sobre ustedes dos, y el plan que él y Taz pretendían llevar a cabo para hacerles daño. Me lo llevé, pero al bajar me encontré con Ángel de nuevo.

»Le dije que lo buscaba para hablar de cosas de profesores, pero creo que no lo convencí. No hizo más preguntas. De inmediato envié una lechuza a Merlín explicándole todo lo que había visto y pidiéndole ayuda, asegurándome de que ésta saliera de Harrylatino sin que fuera interceptada.

»Sin embargo, ayer recibí una nota. Era de Ángel. Había llegado una lechuza de Merlín con su respuesta y él la leyó. Cuando supo que Merlín estaba enterado de todo, se dio cuenta de que su plan estaba en peligro, por lo que decidió secuestrarlo. En la nota me amenazó con quitarle la vida si yo no iba a donde él se encontraba y le devolvía aquéllo que yo le había robado, es decir, los archivos, las solicitudes, y también hablaba de un frasco de piel de serpiente, pero eso sí no lo tenía yo.

»Por si fuera poco, me exigía algo más: al menos uno de ustedes dos.

Mankar miró a Sorceress fijamente, sin decir nada.

—Fui a su despacho a buscarlo —continuó ella—, pero no lo encontré. Taz llegó y le expliqué lo que había ocurrido; no pensé que ella estaba en el bando contrario. Ella intentó convencerme de que no podía hacer nada, de que era mejor seguir sus órdenes al pie de la letra, pero no le hice caso. No tenía el dichoso frasco de piel de serpiente y no me interesaba darle gusto en lo que me pedía. Pero tampoco podía permitir que le hiciera algo... así que decidí viajar sola a enfrentarlo.

Evidentemente, Merlín y Sorceress eran algo más que amigos, por eso ella le confió lo que sabía, y por eso decidió ir a salvarlo con semejante valentía. A Mankar no le molestó que fuera así; al contrario, sintió una especie de cariño por ella y por su padre, y trató de entender la situación que ellos habían vivido.

La expresión de Sorceress era ahora muy triste. Sin duda no le hacía bien recordar todo eso. Ambos chicos escuchaban atentamente la historia. Mankar miró a Gonza, quien tenía los ojos abiertos y miraba a Sorceress.

—Así que tomé un traslador y llegué a casa de Merlín —continuó Sorceress—, pero no había nadie. Estuve un buen rato esperando, releyendo la nota en busca de alguna pista... pero no encontraba nada. Estaba muy asustada y no sabía qué hacer. Cuando oscureció, decidí ir al Ministerio de Magia. Pregunté por Ángel y por Taz, pero me dijeron que no tenían noticias de ellos desde que empezaron a trabajar en Harrylatino, que incluso habían abandonado su puesto en el Ministerio, y también el negocio que tenían en el Wizentro.

—¿O sea que ellos siempre habían trabajado allí? —preguntó Mankar—. Pero... Riddle no estaba atendiendo Muggler el día que fuimos a comprar nuestros útiles... ¿o sí?

—Quizás simplemente era un empleado. O tal vez era él, pero no lo reconociste —respondió Sorceress, pensativa—. Entonces, fui al Wizentro sin perder el tiempo —continuó su relato—. Pregunté allí por Ángel, y me dijeron lo mismo: que había abandonado su local. Me indicaron dónde se hallaba y... llegué allí.

»Cuando vio que yo llegaba sólo con el archivo y sus solicitudes... se enfureció e intentó atacarme. Tu padre —le dijo a Mankar— me defendió, y fue víctima de un hechizo aturdidor. Me dijo que ustedes estarían a punto de llegar y le empecé a hacer algunas preguntas... él quería contarme todo, pero no respondería nada hasta que ustedes llegaran. Quería que nos enteráramos de todo antes de... de matarnos.

«Bueno, eso explica mucho...», pensó Mankar. Sin embargo, seguía teniendo muchas preguntas en la cabeza y dudaba que Sorceress pudiera responderlas.

—Pero me lanzó un Avada Kedavra... ¿no? —preguntó Haher—. ¿Cómo es que vivo para contarlo?

—No tengo idea —respondió Sorceress, negando con la cabeza.

Merlín llegó al poco tiempo. Se alegró mucho de ver conscientes a los niños.

—¿Cómo estás, hijo? —le preguntó a Mankar, sentándose junto a él.

—Bien... —volvió a responder.

—Tu abuela vendrá tan pronto como pueda —comentó Merlín—. Ha estado muy preocupada desde esta mañana. La enfermera dijo que sólo era necesario que ustedes se quedaran un día más.

Su padre estaba muy preocupado. Esta vez no sólo era por Mankar, sino también por Haher, su hermano. Parecía que había estado llorando.

—Tenemos que hablar seriamente —dijo Merlín—. Hay muchas cosas que tengo que decirte.

Sorceress miró a Merlín fijamente, asintiendo.

—Nos vamos a casar —informó Merlín, sonriendo con emoción.

A Mankar le saltó el corazón. Les devolvió la sonrisa.

—¿Por qué no me habían contado nada? —preguntó confuso.

—Hijo, porque no era nada seguro... —respondió Merlín, sonrojado.

—Tu padre me lo ha pedido esta mañana —dijo Sorceress con felicidad—. ¡Será en agosto!

Una situación como la vivida la noche anterior sin duda despertaba muchas emociones, pensó Mankar. Los momentos difíciles también tenían un lado bueno. Mankar sólo podía sentir felicidad por su padre y Sorceress.

• • •

También recibieron otras visitas ese día. Ron Lesson y Rob Potter llegaron a la enfermería.

—Nos obligó —dijo Ron, muy apenado—. Nos amenazó con hacerle daño a nuestras familias si no simulábamos que él era nuestro gato. Como animago quería espiarlos y enterarse de todo lo que hacían ustedes.

Ellos los comprendieron, y les dijeron que no se preocuparan. Se tranquilizaron en cuanto Mankar les habló de la muerte de Riddle.

También llegaron a la enfermería todos los miembros de las Avispas de Wimbourne, a comunicarle a Mankar la noticia de que habían resultado campeones de la liga, y le enseñaron la Copa. Sorceress les había explicado que él no había podido jugar por motivos personales urgentes. Jessi Jordan también pasó a saludar, aunque, a juzgar por lo poco que hablaron, las cosas ya no eran como antes.

Silvana, la hija de Taz, también fue a visitarlos.

—¡Me alegro mucho de que estén vivos! —exclamó—. La verdad es que... yo me enteré de todo lo que mi madre planeaba poco antes del primer partido de quidditch. Ella intentaba convencerme de que no era nada malo lo que hacían, que ustedes no sufrirían daño alguno... Y justo en ese momento fuiste a pedirle que te ayudara a conseguir el permiso para jugar...

»Y un día, entré en el despacho de mi madre, intentando buscar algo para detenerla... Y el profesor Riddle me encontró, y me amenazó con contarle a ella... Prometió no decirle, si yo guardaba el secreto y nadie más se enteraba...

—No hay problema, Sil, te lo agradecemos de corazón —le dijo Mankar.

—Pero tienen que entender, por favor —dijo ella, con voz triste—, que ella actuaba por orden de Riddle, no porque fuera su voluntad. Ella no es mala, en serio...

Los niños desviaron la mirada. Era muy difícil contradecirla, pero aún más, creerle.

Un día entero encerrados en la enfermería era realmente desesperante. Mankar no podía aguantar ni un momento más. Al menos, a la mañana siguiente ya podrían salir de allí, y Mankar se hubiera despertado con ese pensamiento en la cabeza, de no ser porque alguien aguardaba a los pies de su cama a que él abriera sus ojos.

—Mi niño, estaba tan preocupada... —saludó Gaby con expresión triste y dándole un abrazo a Mankar cuando despertó.

Él sonrió tímidamente.

—Estoy bien, abue.

Haher estaba despierto. Tenía en sus rodillas una enorme bandeja con comida. Gonza también desayunaba, en silencio.

Hablaron durante un instante. Al parecer, Haher y Gonza le habían contado a ella todo lo que había ocurrido. Gaby estaba muy seria.

—Ya no tengo la Gema —le informó, mostrándole la muñeca.

Ella asintió. Haher había terminado de desayunar. Gaby llamó a Merlín sin levantar mucho la voz.

—Tenemos que hablar muy seriamente —dijo su abuela, cuando Merlín llegó, acompañado por Sorceress. Ambos se sentaron a los pies de la cama de Haher.

Mankar comprendió que se refería a aquéllo que su padre quería contarle el día anterior, pero que pasó al olvido después de la noticia de la boda.

—Nosotros dos... sabíamos en un principio que ustedes tenían las Gemas —empezó Gaby.

Ni Mankar ni Haher respondieron. Gaby y Merlín los miraban a cada uno a los ojos. Sorceress tampoco hizo sonido alguno. Gonza estaba pendiente también de la conversación.

—Créannos, de verdad queríamos decírselo —continuó Gaby—, pero acordamos guardar el secreto, por la seguridad de ambos. Si llegaban a saber que tenían un poder ilimitado, tal vez intentarían usarlo de forma equivocada, e incluso hacerse daño a ustedes mismos. Y fue bueno hacerlo: si sus profesores de Defensa se hubieran dado cuenta de que ustedes lo sabían, se habrían asegurado de que nadie más se enterara, y les habrían hecho daño mucho antes.

Los niños continuaron guardando silencio. Mankar podía entender lo que le decía su abuela... pero le habría gustado que no le hubieran ocultado nada... Aún así, no preguntó. Esperó pacientemente a que continuara.

—Obviamente —siguió hablando Gaby—, estábamos enterados de que nuestra familia era heredera de uno de los fundadores de Hogwarts, y conocíamos la leyenda de las Gemas. Pero la conocíamos aún más ampliamente de lo que ninguna otra familia mágica lo hace. Es algo que se transmite de generación en generación.

—Hijo, Haher, hay algo que deben saber, y que les hemos estado ocultando durante mucho tiempo —dijo Merlín titubeante.

»Si dos herederos de diferentes fundadores tenían hijos, serían gemelos inevitablemente. Tu madre y yo lo sabíamos —le dijo a Mankar—. Ambos niños nacerían con una conexión especial. Ambos obtendrían, como legado por ser descendientes de ambas dinastías, una Gema de Elemento, y por ser de hermanos gemelos, se llamarían Gemas Gemelas.

—¡¿Haher y yo somos hermanos gemelos? —exclamó Mankar incrédulo.

Gaby y Merlín negaron con la cabeza. Había algo más.

—No, hijo... —respondió Merlín—. Jassera... tu madre iba a dar a luz a dos hermosos niños —su voz se quebró—. A uno de los dos lo queríamos llamar de la misma forma que Gryffindor, Ravenclaw, Hufflepuff y Slytherin llamaban al Cristal de la Unión que crearon: Mankar. Ya saben sobre ello, ¿verdad?

El niño asintió, muy ansioso, sin prestar atención al origen de su nombre. Ese ya era un dato que no conocía la profesora Callahan.

—Y al otro bebé le queríamos poner el nombre de la ciudad donde se selló la paz entre las cuatro dinastías, la cuna de la raza mágica: Roha.

Mankar miró a Haher. Su tío... si es que lo era... tenía la frente fruncida. Le devolvió la mirada a Mankar y la fijó de nuevo en su hermano, Merlín, muy atentamente.

—Pero alguien más sabía que mi familia descendía de Gryffindor y que la de Jassera, de Slytherin —continuó Merlín, con un hilo de voz, dirigiéndose a su hijo. Aunque los niños habían deducido que era al revés, no lo interrumpieron—, y que tú y Roha heredarían una Gema Gemela cada uno.

»Y a pocos días de dar a luz, Jassera se encontraba sola en casa de Gaby, cuidando del bebé Haher, que tenía dos meses, pues mi madre y yo tuvimos que salir con urgencia —Merlín miró a su hermano, con los ojos llorosos. Sorceress lo abrazó con más fuerza—. Riddle aprovechó... entró a la casa y... y...

Se detuvo. No podía continuar. Empezó a derramar lágrimas y a sollozar con fuerza.

—No sabíamos que era él quien la había atacado —dijo Gaby, inexpresiva—. Cuando llegamos, la llevamos a un centro médico sin perder un solo instante. Era demasiado tarde, Jassera estaba sin vida. Y Roha también...

»Sólo sobreviviste tú, Mankar.

Un denso silencio cubrió el lugar en que ellos estaban. No se oía nada excepto a Merlín sollozando. Mankar se dio cuenta de que también un par de lágrimas corrían por su cara.

—Desde ese día, Haher, fuiste metamorfomago —continuó Gaby, hablándole ahora a su hijo menor—. Aquéllo sólo significaba una cosa: el poder mágico de Roha fue transferido a ti. Por eso decidí colocarte ese nombre. Y, quizás, también te fue transferido el poder mágico de Mankar, porque resultó que tú —le dijo a su nieto—, eras un squib.

—Por eso siempre pude hacer toda clase de hechizos... —murmuró Haher— sin importar qué tan difíciles fueran...

Mankar tenía fija su mirada en el suelo. Por su mente sólo cruzaban unas palabras:

El sobreviviente y el sustituto se encontrarán y se enfrentarán... Dejarán a un lado las diferencias y unirán sus fuerzas, creando un nuevo futuro... Lo que siempre ha faltado, pronto será recuperado. Nunca estuvieron juntos... pero inseparables serán.

—Lo que siempre ha faltado —susurró—. Mi poder mágico. Yo era el sobreviviente y Haher el sustituto. Nos enfrentamos a un duelo, y creamos un priori incantatem, después de eso se desarrolló nuestra conexión... y empecé a recuperar mi magia... Logré volar en escoba... Luego, fuimos unidos... inseparables...

Nadie hizo ninguna pregunta al respecto. Gaby continuó hablando.

—El día que hiciste esa profecía... en mi casa, Merlín y yo nos dimos cuenta que había llegado el momento. Tú y Haher habían recibido las Gemas Gemelas. Aquéllo activó tu magia, el poder de tener visiones del futuro y del pasado, y por eso recibiste una invitación a Harrylatino.

»Luego, cuando ustedes se habían ido, Haher, —miró ahora a su hijo— llegaste con tus hermanas de casa de Norita gritando de emoción. A los cuatro les habían enviado una lechuza para venir a HL.

Hubo un breve silencio.

—En el momento que la leí... —dijo Haher— estaba muy emocionado... ¿eso activó la conexión? —preguntó a Gaby. Ella asintió—. Mi tía Norita decía que mi cabello cambiaba a todos los colores muy rápido. Después de eso, apareció en mi mano la Esmeralda, y al tocarla se formó el brazalete... pero nadie más se dio cuenta.

»A veces brillaba... me di cuenta que era cada vez que sentía una emoción fuerte, y algunas veces aparecía agua de la nada...

»Cuando compramos mi varita brillaba mucho... incluso creo que Luna se dio cuenta. Pero esa vez no hubo agua.

»Luego, en el tren, el Poder Calamar nos atacó y caí inconsciente. Me dijeron que una ola los había atacado a ellos, y supe que había sido por la Gema, pues, al despertar, me dolía el brazo de una forma exagerada...

»Me dio la impresión de que aquella noche, en la Ceremonia de Selección, llovía por mi culpa. Sólo estuve tranquilo hasta que Mankar fue seleccionado para Gryffindor.

—¡Por eso el Sombrero Seleccionador me quería poner en Slytherin —exclamó Mankar—, porque me confundió contigo, que tenías la Esmeralda!

Mankar miró a sus dos amigos, y ambos asintieron.

De nuevo hubo una pausa. Mankar miró al suelo. Merlín había dejado de sollozar.

—Hijo —dijo con voz muy débil—. El día que quemaste la cortina, en nuestra casa, yo no te aturdí —se disculpó—. Tuviste también una visión del futuro. Decías algo de «quien había hecho un daño inmenso, pagaría el mismo precio», que «era enemigo de inocentes»... y que «el daño que haría tendría un límite».

Mankar asintió.

—Me vi a mí mismo, cuando mi cuerpo se convirtió en fuego, al momento de atacar a Riddle.

Todos callaron un instante. Mankar intentaba asimilar todo lo que iba escuchando. Su corazón latía muy rápidamente. Otra pregunta le cruzó la cabeza.

—Le quité la Esmeralda a Haher —dijo con voz baja—. ¿Cómo pudo ser...? Él no murió...

—Quizás porque tú eres heredero legítimo —respondió Gaby—. Haher, eres... bueno, como dice la profecía, «el sustituto». Las gemas te pertenecían a ti —volvió a hablarle a Mankar—, por derecho.

—Y ahora que ya no las tenemos... ¿ya no podré ver el futuro?

—Ustedes son herederos de Gryffindor y Slytherin —respondió Gaby—, con o sin Gemas. Éstas les ayudaban a desarrollar ciertas habilidades especiales, pero, excepto que ustedes murieran, éstas desaparecían si ya no las necesitaban, o en tu caso —miró a Haher—, si el dueño «legítimo» las reclamaba. No por eso dejan de ser Maestro del Fuego y Maestro del Agua. No porque Gonza tenga una lo será.

Mankar asintió y le dedicó una sonrisa a Gonza.

—¿Y cómo es que no me mató la maldición? —preguntó Haher.

—No lo sé —respondió Gaby muy confundida—. Quizás pasó algo... pero yo no estaba, cuéntamelo, príncipe.

Haher se mostró algo incómodo.

—Riddle gritó el conjuro... me lanzó el rayo... Me sentí envuelto por una especie de capa... Luego, un empujón fuerte me tumbó. Estaba muy asustado. Creo que me golpeé la cabeza cuando la maldición impactó.

—¿Crees que sería por mi escudo? —preguntó Mankar. Todos lo miraron con curiosidad—. Sí... Lancé un Protego.

—Tal vez fue por eso —dijo Haher, asintiendo con la cabeza.

—¿En serio? —exclamó Gaby—. ¿Un encantamiento simple, más poderoso que una maldición asesina?

—Debió ser eso...

—No era un hechizo de fuego —comentó Mankar.

—Mi niño —dijo Gaby intentando sonreír, con las cejas fruncidas y los ojos húmedos—, la magia no tiene límites. Y menos si se trata de la magia de una Gema de Elemento. Éste era tu poder mágico real, el que heredaste de Gryffindor y Slytherin, y de toda tu familia. La Esmeralda ya no servirá para nada, excepto mantener vivo a un whity —continuó, mirando a Gonza—, pues su Gema Gemela ha sido destruida. Pero el poder que ambas tenían permanecerá por siempre dentro de ustedes dos —concluyó mirando a Haher y a Mankar.

Aquéllo hizo que se iluminara la cara de Mankar. Había desarrollado su magia por completo. Le entraron ganas por tomar su varita y probar un hechizo, aunque se contuvo, pues ése no era el momento.

No podía dejar de pensar que, si era cierto, ya no necesitaría más de la Gema, ni de la poción multijugos. No dependería de nada, sería un mago normal. Ésa era una alegría que opacaba cualquier mala noticia o recuerdo que hubiera conocido ese día. De ser así, «lo que había faltado» había sido recuperado.

• • •

Los siguientes días, los últimos del curso en Harrylatino, pasaron rápidamente. Mankar comprobó con mucho entusiasmo que era verdad: ahora podía usar su varita como un mago normal. Gaby le había advertido que no esperara tener un poder increíble, pues cuando salvó a Haher sólo fue producto de su ira, de su preocupación, y de uno de los últimos beneficios que obtendría de la Gema.

Él, Haher y Gonza lograron muy buenas notas en los exámenes finales. Era demasiado curiosa la sensación de haber tenido semejante aventura y que nadie más, excepto muy pocas personas, lo supiera.

La profesora Devil se mostró indiferente, como si nada hubiera ocurrido. Sorceress les confirmó que ella afirmaba haber actuado en contra de su voluntad, pero a ninguno de ellos lo convencía.

El día del banquete de fin de curso, los niños visitaron a la profesora Callahan en su despacho. Por primera vez, mostró una sonrisa al verlos. Ellos le contaron todo lo que había ocurrido, todo de lo que se habían enterado, muy emocionados. Ella les aseguró que mantendría vigilada a Devil; al despedirse, les dedicó de nuevo una sonrisa, los felicitó por pasar el curso y, quizás, parecía algo nostálgica por el hecho de que ellos se fueran durante las vacaciones.

El banquete de fin de curso fue bastante emotivo, ya que quizás era el último momento que tendrían para compartir con sus compañeros y profesores, hasta tres meses después, a pesar de que se planeaba una excursión a Inglaterra, a la casa en que Harry Potter había vivido en su niñez, al igual que a la de Ron Weasley, su mejor amigo, las cuales eran un gran centro turístico, pero Mankar, Haher y Gonza no estaban interesados en ir.

Ravenclaw fue la casa ganadora de la Copa, y el Premio Anual se lo llevó una chica de Hufflepuff, y, aunque Gryffindor no ganó nada (era obvio, porque el puntaje promediado de ella no podía superar a las demás debido a que era la casa con mayor cantidad de estudiantes), ni Mankar ni Gonza ni Haher se sintieron mal por ello. Habían ganado más cosas durante ese año, y los puntos dejaron de importarles. Incluso observaron a Macnair celebrando el triunfo de su casa desde su mesa, sin sentir ningún remordimiento.

A la mañana siguiente, dejaban atrás el castillo de Harrylatino, que se ocultaba tras las montañas, mientras el tren avanzaba cada vez a mayor velocidad, llevando a los estudiantes de regreso a su hogar.

No podían dejar de comentar todo lo que habían vivido aquél año. Y tampoco dejaban de hablar de lo que les esperaba los siguientes días. Sorceress y Merlín se casarían en menos de tres meses.

—¿Habríamos imaginado que viviríamos todo esto, tan solo en nuestro primer curso? —preguntó Haher, pensativo.

—Yo no —dijo Gonza con una mueca divertida, mientras su cadena brillaba alrededor de su cuello, de la cual pendía la Esmeralda, su nuevo talismán—. Yo no tenía antes una Gema de Elemento.

Mankar veía por la ventana. Acostumbrado, esperaba que en cualquier momento entrara Macnair a causar problemas, por lo que tenía su varita en la mano.

—¿Qué puedes ver para nuestro próximo curso, señor profeta? —preguntó Haher, sonriente, cambiando el color de su cabello a rojo escarlata.

Mankar le devolvió la sonrisa.

—Sólo sé que será un año muy diferente. En todo sentido.

Contempló su varita, cuya punta se encendería al segundo siguiente, en cuanto él exclamara:

¡Lumos!