Resumen: Harry le revela su misión al G.A.H. La ceguera de Percy Weasley. Se desatan los procesos de Hermione, Ron y Arwen. Galadriel, Elrond y Mithrandir son liberados del sello Dunedain. Angela revela el contenido de la carta de su mamá y Harry la profecía de Trelawney a Arthur Weasley, los tres señores Dunedain y a quienes Angelica les dejó sus dones.
Cuatro Procesos y Tres Revelaciones
Hermione salió del cuarto en cuanto vio quedarse dormida a Angela y se metió rápidamente al baño. Desde allí viajó a La Casa Flotante. Ocultó el horcrux verdadero en la Sección Prohibida, encerrándolo en una burbuja cristalina protectora con un hechizo antiguo, y regresó rápidamente a Grimmauld para no despertar sospechas.
Apenas salir del baño se encontró con Arwen y Remus mirándola fijamente. El líder de la O.D.F. levantó el medallón falso frente a ella.
—¿Dónde está el que trajo Aberforth y por qué lo cambiaron? —le preguntó Remus.
—No entiendo de qué… —intentó Hermione mostrarse confundida.
—Ése no fue el que Aberforth le entregó a Angela. —afirmó muy seria Arwen, interrumpiéndola.
—Remus, tenemos que… —llegó Kingsley agitado, pero al verlo se detuvo en seco—. ¿Qué te pasó? —le preguntó preocupado.
—Larga historia —le respondió, indicándole con un gesto de su mano que lo hablarían después—. Tú no te muevas de ahí, Hermione —le ordenó con severidad a la castaña, que se había alejado levemente con la esperanza de escabullirse aprovechando la llegada del ex auror—. ¿Por qué vienes tan agitado? —le preguntó al moreno.
—Venía por refuerzos. Voldemort en persona está participando en un ataque a Dublín. No lleva la piedra consigo pero tiene muchos vampiros, banshees, dementores y mortífagos, además están movilizando inferi. —informó Kingsley con detalle pero rapidez lo que sucedía.
—Si no lleva la piedra es porque perdió su control sobre ella nuevamente con lo ocurrido el lunes. —opinó la mujer pelirroja.
—Tienes razón, Arwen. Vamos. Tal vez sea nuestra oportunidad de detenerlo definitivamente. —planteó el líder de la O.D.F. con tono decidido.
—Tú no vas a ninguna parte, Remus. —sentenció la Dunedain.
—Tío Remus, quédate, por favor. —le pidió Harry preocupado.
—¿Qué haces fuera de tu cuarto? —preguntó Arwen molesta.
—Iba hacia el cuarto de Angela para saber cómo había regresado —le respondió con sinceridad. Al ver como los ojos de la Dunedain miraban a su amigo y su novia, que lo acompañaban, agregó rápidamente—: No te enojes con ellos, tía. Les prometí que sólo la vería y me regresaría de inmediato al cuarto.
—Está bien, pero te regresas de inmediato —accedió, pues comprendía que a pesar de no saber la verdad sobre la salud de Angela estaba inquieto por ella—. No te preocupes por Remus, él no irá. —le aseguró al ver que lo miraba preocupado.
—Ya estoy mejor, Arwen —le aseguró Remus intentando convencerla de buena manera, para no contrariarla, aunque pensaba ir igual si ella no estaba de acuerdo. No dejaría pasar esa oportunidad—. Además ya oíste a Kingsley, se necesitan refuerzos. Es posible que logremos matar a Voldemort ahora que no tiene la piedra con él. Le prometí a Lily, James y Sirius que haría todo lo que estuviese en mi mano para matarlo y que no siguiese haciendo daño. En el ataque al tren tuve que alejarme, ahora no lo haré. Voy a Dublín. —insistió decidido, enfrentando con sus ojos dorados las esmeraldas de su amiga que brillaban furiosas.
—¡¡No vayas tío!! —exclamó Harry en voz alta, asustado, con la desesperación evidenciándose en la pronunciación de su petición—. No estás recuperado para un enfrentamiento y nadie puede matar a Tom Riddle en este momento. —completó rápidamente de pie junto a ellos. No podía aceptar que por su silencio sobre los horcruxes su tío arriesgase la vida. No soportaría perderlo a él también.
—Harry, ¿a qué te refieres con que nadie puede matar a Tom Riddle en este momento? —le preguntó Remus mirándolo intranquilo.
Ginny, Hermione y Ron miraban a su amigo y líder con una mezcla de preocupación y sorpresa. La castaña además se sentía culpable del miedo que divisaba en el rostro de su amigo por su tío. Estaba segura que sus palabras de unos días atrás eran en parte las causantes del mismo.
—No puedo darles detalles aún. Por ahora díganles a todos los de La Orden del Fénix que Voldemort no morirá hasta que… hasta que yo cumpla con la misión que me dejó el profesor Dumbledore. Que no se arriesguen inútilmente intentando matarlo. Pero no deben correr la voz más allá de los miembros de La Orden del Fénix. Si él sabe que estamos enterados dificultará lo que tengo que hacer para poder detenerlo. —le respondió Harry sosteniéndole la mirada, con la mayor sinceridad posible.
En ese momento estaban ya rodeados por todos los que se encontraban en la casa, a excepción de George y Angela que dormían, Aragorn que los observaba desde la puerta de su cuarto y Bill que los acompañaba desde la puerta del cuarto en el que se encontraba cuidando de la chica de pelo negro. Los de la O.D.F. miraban a Harry intrigados y los del E.D.H. asombrados de ver que se había decidido a hablarles de aquello.
—Eso que has dicho… El señor Albus te dijo que él no… La misión que te dejó… —Arwen no lograba terminar de armar una idea coherente. Mirándolo asustada, con sus esmeraldas brillando con las lágrimas que empezaban a inundarlas de sólo pensar en la muerte de su hermano, su sobrina y ahora… Harry, esa noche… No, no podía ser —. ¿Tiene que ver con qué Voldemort no muriese al rebotar la maldición asesina hacia él, cuando intentó asesinarte?
—Sí, tía Arwen. Es muy importante que Voldemort no sepa que nosotros estamos enterados que no se le puede matar o pondría en riesgo mi misión. La única posibilidad de matarle se desvanecería.
Aquello paralizó a los miembros de la O.D.F., mientras los del E.D.H. se miraban entre ellos, con una mezcla de asombro por la decisión de Harry y preocupación por los que estaban en el enfrentamiento.
—¿Desde cuándo lo sabes? —le preguntó Remus al reaccionar.
—Durante estos dos últimos años el profesor Dumbledore sospechó de ello y empezó a investigarlo, confirmándolo. Luego él me lo explicó. No se los había dicho antes porque ignoraba las razones del director para no decírselos a los miembros de La Orden del Fénix.
»Desde que él falleció Voldemort no se había presentado en los ataques, a excepción del que hizo a La Madriguera, el del tren y cuando fuimos por Snape. Yo estaba en los tres con los que saben de mi misión e hicimos lo posible para evitar que lo enfrentasen ustedes, ayudando a establecer rápido escudos con pupilos y peleando nosotros con él. He hecho todo lo posible para que nadie se entere porque no puedo arriesgarme a que ese asesino sepa que yo estoy al tanto.
—Por eso Albus acudía a todos los ataques en los que aparecía Voldemort. Este último año no falló a ninguno aunque no estuviese bien de salud —comentó el líder de La Orden del Fénix pensativo—. Ahora entiendo… Nosotros nos enfrentábamos a sus mortífagos, pero Albus hacía todo lo posible para que no combatiéramos con él directamente.
—Por eso cuando Voldemort te hizo frente, en el ataque al tren, Angela y tú intentaron que yo me fuese a combatir a los demás y quedarse ustedes dos solos con él. —le planteó Arwen, tragando saliva al ver a su sobrino asentir.
Los de la O.D.F. se miraron preocupados.
—Aragorn y Remus, se quedarán en el cuarto de Angela con los chicos —decidió Arwen. Al ver la cara interrogante del ex auror añadió—. Te lo explicaremos luego con detalle, Kingsley. Ellos están de reposo obligado hasta recuperarse, incluido Remus que como ves no está en condiciones de ir a ninguna batalla. Vamos Bill. Jessica y Ginny cuidarán de Angela.
—Arwen, yo… —intentó Remus.
—Tú aclararás esto con Harry —le dijo señalando el medallón falso—. Kingsley y yo informaremos a los demás lo que él nos ha dicho sobre Voldemort.
—Arwen. —la llamó Aragorn preocupado.
Ella lo miró, avanzó hacia él, le dio un beso en la boca, lo abrazó y luego le dijo.
—Estaremos bien. Cuida con Remus de los chicos. Volveremos pronto.
Aragorn la abrazó con fuerza, le dio otro beso en la boca y la soltó.
—Te amo y confío en ti. No permitas que te lastimen.
Arwen asintió sonriente y se alejó de él hacia las escaleras donde la esperaban ya casi todos los de la O.D.F., pero Harry la detuvo en el camino y se abrazó a ella.
—Tía Arwen, por favor, no dejes que él te… —No pudo terminar.
—No te preocupes, todo saldrá bien. Volveré para reñirte por salir de tu cuarto sin mi permiso y para que tengamos una conversación. Habla con Remus y Aragorn de lo que nos acabas de revelar, por favor, permite que te ayudemos.
Harry se separó de ella y al ver sus ojos esmeraldas preocupados recordó los de su mamá en la madrugada. Le transmitió en voz baja sus palabras para ella, sonriendo al ver la mirada de su tía con una mezcla de melancolía, alegría y preocupación, abrazándola de nuevo mientras le susurraba que hablaría con sus tíos. Al sentir que ella apretaba más el abrazo sintió que su corazón se llenaba con una mezcla de alegría por lo maternal de ese acercamiento y miedo por la batalla a la cual ella iba en ese momento.
Apenas soltarle Harry se le abrazó Jessica, que había abrazado a Eowyn y a Faramir, asustada, pidiéndoles en voz baja que tuviesen cuidado.
—Estaremos bien, pequeña. Cuida que Angela se mantenga tranquila y cumpla con el tratamiento.
—Sí tía.
Remus estaba abrazado a su prometida, sintiéndose angustiado por no poder ir con ella, aún más después de lo dicho por su sobrino.
—Nymph, mi amor, cuídate mucho, por favor vuelve sin un rasguño.
—Volveré bien. Te amo.
Le dio un beso apasionado. Se separó de él sonriente y se reunió con Kingsley, Arwen, Meg, Eowyn, Faramir, Charlie y Bill en las escaleras, desde donde desaparecieron por medio de un trasladador hacia el cuartel para, desde allí, ir con quienes los esperaban de la O.D.F. al ataque.
Al verlos desaparecer Remus, Aragorn y los del E.D.H. se miraron preocupados. Estuvieron casi diez minutos en silencio, hasta que alguien lo rompió.
—¿Jessica? —preguntó en voz alta Angela desde la cama, donde intentaba levantarse, mirando a su prima que estaba en la puerta de su cuarto de espaldas a ella—. ¿Qué ocurre?
Al oírla todos reaccionaron.
—Tranquila —se apresuró a llegar junto a ella la chica de ojos miel con su novio, que la ayudó a recostarla parcialmente, sentada en almohadones, pues no permitió que la acostasen de nuevo—. Quédate en cama, recuerda tu acuerdo con tía Arwen.
—¿Por qué están tan preocupados? —preguntó Angela una vez sentada en los almohadones, observando al líder del E.D.H., extrañada que estuviese allí con sus tíos Remus y Aragorn sin que su tía Arwen fuese a sacarlos.
—Hay un ataque en Dublín —le respondió Harry caminando hacia ella, abrazando a Ginny por la cintura, sentándose en unas sillas junto a la cama de la chica—. El señor Shacklebolt vino a buscar refuerzos. Han ido todos excepto tío Remus y tío Aragorn.
Angela asintió en dirección del pelinegro. Percibió a los que estaban llegando en esos momentos al ataque y frunció el ceño.
—Voldemort está allí. Tiene muchas criaturas y mortífagos con él.
—Lo sabemos, por eso estamos preocupados. —le explicó Harry.
—¿Cómo lo supiste, Angela? —preguntó Christine.
—Porque estoy unida mágicamente a todos los que recibirán los dones de mamá, hasta que la transferencia sea completa.
Remus y Aragorn se miraron aún más preocupados que antes.
—¿Puedes percibir lo que ocurre allá? —preguntó Christopher intranquilo.
—No exactamente, es más como… —Se quedó mirando a su tío Aragorn, intentando buscar las palabras para explicarles mientras intentaba enfocar ese cúmulo de sensaciones—. Es una mezcla de los pensamientos y emociones de todos… Es un poco confuso pero… —Abrió mucho los ojos en dirección a Harry—. Ellos saben que él… —Se quedó mirándolo perpleja pero no continuó pues no estaba segura totalmente de aquello.
—Tío Remus quería ir con ellos porque Voldemort no tiene la piedra con él, pero tío no está recuperado de lo ocurrido anoche. Tenía que evitarlo —empezó a explicarse Harry. Se detuvo un momento para meditar sus palabras. Había actuado inicialmente por impulso, temeroso que Remus muriese al intentar enfrentarlo, pero ahora tenía que tener cuidado con lo que diría. Decidido continuó—. Le dijo a tía Arwen que iría con ellos porque podía ser el momento adecuado para matarlo. Recordé las palabras de Hermione cuando nos reunimos la última vez nosotros tres, para hablar de mi misión… Los miembros de La Orden del Fénix tienen que saber que él no morirá hasta que yo no cumpla con lo que me dejó encargado el profesor Dumbledore, correrían riesgos inútiles intentando matarlo.
—Harry. ¿Por qué dices que no se le puede matar? ¿Cuál es esa misión que te dejó Albus? —le preguntó Remus con la voz calmada y el temple que lo caracterizaba, ocultando la preocupación que sentía.
—Lo que voy a decirles no puede salir de los que estamos aquí —Remus y Aragorn se miraron rápidamente de reojo y asintieron—. El profesor Dumbledore, antes de morir, me contó lo que él había investigado para averiguar porqué Voldemort no había muerto el día en que me atacó.
Remus y Aragorn asintieron nuevamente, animándole a seguir. Harry tomó aire y continuó. Se había decidido a decirles lo que ya les había revelado a los otros integrantes del E.D.H., sólo así evitaría que se expusiesen a morir a manos de Voldemort en enfrentamientos mientras él lograba destruir los horcruxes.
—Él ya tenía una idea bastante buena del porqué había sobrevivido. Voldemort hizo magia negra muy avanzada con unos objetos. Hasta que no sean destruidos no se le podrá matar. La noche que murió el profesor Dumbledore yo le había acompañado a buscar uno, sólo que el que encontramos no era el auténtico.
»Ahora yo los estoy buscando con la ayuda de Hermione, Ron y Angela. A Ginny se lo he explicado hace poco, cuando fuimos a La Casa Flotante por la aparición del don mezclado en mí, pero ella no… —Se interrumpió al ver los ojos entrecerrados de la pelirroja—. Estoy haciendo todo lo posible para que no nos acompañe.
—¿Sabes cuántos y qué son esos objetos? —preguntó Aragorn, ocultando su preocupación al vincular mentalmente aquello con una reacción de los chicos mientras analizaban la Profecía Dunedain.
—El profesor Dumbledore había deducido que eran seis. Hay uno que aún no sé que podría ser, sólo que podría ser algo de Ravenclaw o de Gryffindor, a él le gusta coleccionar cosas de los fundadores —le respondió Harry—. Dos ya han sido destruidos, dos sabemos qué son y dónde podrían estar, uno ya lo tenemos.
—¿El medallón que Hermione y Angela cambiaron por este hoy es uno de esos objetos? —preguntó Remus mostrándole el medallón falso—. Es el que dices que ya tienen, ¿verdad?
—Sí, tío Remus. El medallón de Slytherin es uno de esos objetos.
—¿Qué hicieron con él?
—Lo llevé a La Casa Flotante y lo encerré en una esfera de protección hasta tanto averigüemos cómo destruirlo. —le respondió Hermione.
—¿Papá Albus no te dijo como destruirlos? —le preguntó Aragorn a Harry.
—No.
—¿Quién y cómo destruyó los dos que dijiste que ya no existían? —le preguntó Remus, preocupado al saber lo que Albus le había dejado como misión a su sobrino. Siempre había sospechado que era peligroso, pero nunca imaginó eso.
Harry cerró los ojos pensativo. "Si respondo a eso las cosas se me pueden complicar. ¿Hasta dónde puedo y debo revelarles? ¿Quiénes deben estar al tanto? Aquí están todos los miembros del E.D.H., incluyendo a los niños Brown. Por otro lado, yo tenía su edad cuando fui por la Piedra Filosofal y hasta ahora los chicos han sido muy responsables con todo lo referido al E.D.H. ¿Cómo manejar la situación después de responder?".
Desde que había fallecido el director él había asumido que sólo Hermione y Ron le acompañarían a destruirlos, luego se les había unido Angela. Cada día se le hacía más difícil mantener alejada a Ginny. Suspiró. No podía negarles la información totalmente, pero haría lo que estuviese a su alcance para mantenerlos alejados de aquello.
—Uno de ellos era un anillo, herencia de Slytherin también. El profesor Dumbledore lo destruyó en la casa de los Gaunt antes de ir por mí a Privet Drive, en las vacaciones del año pasado.
—¿Cuando resultó con la mano quemada fue por destruir ese anillo? —preguntó Aragorn muy preocupado.
—Sí, tío, pero él no llegó a contarme cómo lo hizo. Supongo que me dejó ese recuerdo con el pensadero, pero con todo lo que ha ocurrido no he podido averiguarlo.
—¿Quiénes eran los Gaunt? —preguntó Remus intentando entender.
—Los Gaunt eran la familia materna de Tom Riddle. Su madre Merope era una bruja, descendiente de Salazar Slytherin. El padre era un muggle al que él asesino. Esas fueron parte de las investigaciones que el profesor Dumbledore me reveló.
—¿Y el otro que fue destruido? —preguntó Aragorn inquieto.
—El otro lo destruí yo sin saber lo que era. En mi segundo año bajé con Ron a buscar a Ginny a la Cámara de los Secretos. Allí no sólo maté al basilisco sino que destruí el diario de Tom Marvolo Riddle, el entonces joven Lord Voldemort, con uno de los colmillos del monstruo.
—El diario que utilizó para manipular a Ginny. —aseveró Remus que conocía la historia de boca de Albus. Con eso lo había presionado para que fuese a Hogwarts a dar clase además del escape de "el peligroso asesino Sirius Black".
—En ese diario había parte del alma de Voldemort —afirmó Aragorn pálido y con el ceño fruncido—. ¿Estás diciendo que él hizo seis horcruxes y tú los estás buscando? —le preguntó al pelinegro con la angustia claramente reflejada en su voz.
Harry tragó saliva al oír la pregunta de Aragorn y asintió, pues comprendió que el Dunedain sabía ahora casi toda la verdad.
—¿Qué son horcruxes? —preguntó Remus alarmado al ver la expresión de Aragorn ante el asentimiento de su sobrino.
—Lo que hizo Voldemort se llaman horcruxes. Mediante un asesinato él deja parte de su alma en un objeto o en un animal. —le respondió Aragorn muy tenso.
Remus y los integrantes del E.D.H. que no estaban al tanto de todo aquello palidecieron, mirando a Harry con la boca abierta.
—El Tom Riddle joven del diario era una parte de su alma —decidió explicar Harry, pues ya estando descubierta esa parte de su secreto le pareció que era mejor que comprendiesen bien—. Yo fui el primero en destruir uno, aunque ninguno de nosotros sabía lo que era. Pero al yo contarle lo ocurrido en la Cámara al profesor Dumbledore y luego la forma en que vi el ataque al señor Weasley, él empezó a sospechar e investigar… Por eso hay que destruir los seis para poder matarlo, porque su alma está dividida en varias partes. Hasta donde el profesor Dumbledore logró averiguar él es el único que ha hecho varios. Antes sólo se sabía de casos en que se hubiese dividido el alma en una sola ocasión.
—¿Estás seguro que son seis? —preguntó Aragorn muy serio.
—El profesor Dumbledore dedujo que él había decidido hacerlo en seis oportunidades y que quedase una séptima parte en su cuerpo. Con los que ya había hecho la parte que quedaba en Voldemort fue la que escapó como una sombra cuando rebotó en él la maldición asesina al atacarme, el día de Halloween que mató a mis padres. Eso fue así hasta que recuperó su cuerpo con magia negra usando los huesos de su padre, la mano de Pettigrew y mi sangre cuando yo tenía catorce años, en el cementerio. Luego de eso sospechamos que hizo el que le faltaba para completar el número elegido por él para fragmentar su alma.
—Las protecciones que debe haber puesto alrededor de los horcruxes, siendo partes de su alma, deben ser casi inexpugnables —afirmó Aragorn mientras taladraba con la mirada a Harry—. Dijiste que ya esos dos los habían destruido, también estás seguro que el medallón es otro, pero dijiste que tenías la pista de otros dos. ¿Qué son y dónde están, Harry?
—El diario lo tenía Lucius Malfoy. Fue él quien lo introdujo entre los libros de Ginny a comienzos de su primer año, así que no sé como lo obtuvo él, si se lo dio Voldemort a guardar o cómo se hizo con él —continuó Harry esquivando la pregunta del Dunedain—. Tampoco conozco que tipo de protecciones tenía el anillo de los Gaunt. En cuanto al medallón si sé que protecciones tenía porque yo fui con el director a buscarlo, sólo que se nos había adelantado R.A.B.
—¿Quién? —preguntó Aragorn con el ceño fruncido.
—Régulus Arcturus Black, el hermano menor de Sirius.
—Entonces fue por eso que… —intentó Remus con un hilo de voz, pero no pudo terminar.
—Sí. Voldemort lo persiguió hasta matarlo por desertor, pero no estamos seguros si se llegó a enterar en ese momento que Régulus había ido por uno de sus horcruxes. Aunque no lo creo por lo que conseguimos en la cueva. Sólo sé que Régulus lo cambió por el falso que ahora tienes en tus manos, tío. Luego no pudo destruirlo y lo dejó aquí en Grimmauld oculto, antes de seguir huyendo, con la esperanza que Sirius lo encontrase y se lo entregase al profesor Dumbledore para que lo destruyese. Régulus creía que sólo existía ése.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó intrigado Remus.
—Por un diario que dejó Régulus Black aquí y que yo le entregué a Harry, después de encontrarlo en el cuarto de papá. —intervino Angela.
—¿Cuándo encontraste ese diario?
—Cuando estábamos castigados aquí, antes de ir al colegio. El día que Angela me desmayó no sólo consiguió el camafeo de su mamá, también encontró ese diario. —le respondió Hermione a Remus.
—¿Qué son y dónde están los otros horcruxes, Harry? —insistió Aragorn en lo que el chico había estado evadiendo.
—Lo siento pero eso no se los diré, tío.
—Harry, tienes que dejar que te ayudemos los de La Orden del Fénix, esto es muy peligroso. —le intentó persuadir Remus, con la preocupación desbordándose en su rostro.
—No tío. Sólo iremos a buscarlos Hermione, Angela, Ron y yo. Si Voldemort ve mucho movimiento de búsqueda sospechará y los pondrá fuera de nuestro alcance.
—Harry tiene razón en parte —opinó Aragorn pensativo, mirando a los cuatro chicos preocupado—. Si volcamos a toda La Orden del Fénix en la búsqueda irremediablemente se dará cuenta. Podríamos faltar a ataques y él lo notaría.
Remus frunció el ceño. Inicialmente iba a discutir con el Dunedain por apoyar a su sobrino pero al escuchar su explicación comprendió que tenía razón.
Transcurrieron varios minutos de tenso silencio.
—Harry sólo nos había hablado de objetos malditos, no sabíamos lo que eran —intervino Neville—. Pero reafirmo lo que te dijo Luna el día que nos hablaste de ellos por primera vez, con lo que todos nos habíamos comprometido. Nosotros te ayudaremos a investigar cuál podría ser el que aún no tienes identificado y, sólo cuando tú estés conforme con ello, te acompañaremos a buscarlos o destruirlos.
Christine, Christopher, Luna, Jessica y Fred asintieron en señal de apoyo.
—Le diremos toda la verdad sólo a Nymph, Arwen, Eowyn y Faramir —decidió Remus, conformando el Grupo de Apoyo a Harry, G.A.H.—. A los demás les daremos la versión que les habías dado originalmente a los otros chicos. Pero nosotros seis te ayudaremos.
Harry lo miró intranquilo.
—¿Qué son y dónde están los otros horcruxes, Harry? —insistió Remus.
—Fred, trae a George. ¡Pronto! —los interrumpió la chica de pelo negro.
—¿Qué ocurre Angela? —le preguntó alarmada Jessica al verla agitada, mientras su novio salía corriendo a buscar a su gemelo.
—Penélope y Percy… No pudieron avisarles… Se están enfrentando a Voldemort.
—¡¿Qué?! —preguntaron asustados Ginny y Ron.
—Si activamos el lazo de los veinticuatro podemos ayudar a Mithrandir a alejar a Voldemort del ataque. —les explicó decidida Angela.
—Pero ustedes cinco no están en condiciones. —opinó Neville mirándolos asustado.
—Lo soportaremos bien si nos ayudan todos. —le respondió decidido Aragorn.
—¿Qué ocurre? —entró preguntando preocupado George.
—Después te explicamos. Ahora no hay tiempo. ¿Qué hacemos Angela? —planteó Harry.
—No. Yo los guiaré —intervino Aragorn—. Tú sólo formarás parte del lazo, Angela, y harás solamente lo que yo te indique. No estás en condiciones de hacer esfuerzos y me prometiste que me dejarías ayudarte en todo.
—Sí tío. —aceptó en voz baja. Se sentía débil y sabía que no debía contradecirlo.
—Vamos a recostar totalmente a Angela, para luego formar con ella un círculo, tomarnos de las manos y enfocarnos en Arwen, a través de ella uniremos a los demás. Los que estamos en las barreras al don del Manejo de la Energía de Angela lo vamos a dejar fluir a través de mi esposa en el ataque, con suavidad y permitiéndome a mí el control de la situación. Mithrandir me ayudará en ello. Angela, nos permitirás a través de tu don el fluir con el de nosotros seis también.
—Sí tío. —respondió la chica, tomándole de la mano, al igual que a su novio.
Quince minutos más tarde cesó la luz brillante en el cuarto y en el campo de batalla, con todos bastante agotados, aunque el don de Angela había protegido a los que se encontraban más débiles tanto en la habitación en Grimmauld como en Dublín, incluida ella.
Voldemort y muchos mortífagos habían alcanzado a desaparecer antes que los alcanzase la onda expansiva de luz y energía. Las criaturas y mortífagos que se habían quedado quedaron inconscientes en el piso, siendo atrapados fácilmente por los aurores del Ministerio.
—Angelita, ¿cómo estás? —le preguntó angustiado George.
—Cansada y un poco débil —le respondió con una pequeña sonrisa, intentando calmar su preocupación pero siendo sincera—. Necesito dormir un poco.
—Primero tomarás poción para desgaste de energía. —sentenció Aragorn.
—Ya le traigo. —afirmó Christopher que ya iba corriendo hacia la puerta del cuarto.
—Trae también para desgaste por Magia Antigua para todos. Christine y Luna, ustedes tres son los que están menos débiles, vayan con él por favor. —les pidió Aragorn.
—Sí. —aceptaron a coro, saliendo tras el niño.
—¿Por qué no me buscaste cuando llegaron, Jessica? Habíamos quedado en eso. —le preguntó George molesto mientras miraba preocupado a Angela.
—Porque Bill le pidió que no lo hiciera para no preocupar a tu novia —le respondió Fred de inmediato—. Se suponía que él se quedaría con ella y hablaría contigo cuando despertaras.
—Pero entonces… —Jessica y Fred de inmediato empezaron a explicarle lo ocurrido.
Hermione y Ron recostaron a Ginny y a Harry con ayuda de Neville y Remus en las camas frente a la chica de pelo negro. Los dos habían palidecido notoriamente, debilitados por el esfuerzo que habían hecho. Aragorn permanecía sentado junto a la cama de su sobrina, aunque se le notaba débil.
—Por favor, tío Aragorn, ve a descansar un poco. —le pidió Angela.
—Vamos Aragorn —la apoyó Remus acercándose a él con Neville—. Ella tiene razón, tienes que recostarte. Desde esta cama podrás verla y estar al pendiente de ella y los otros chicos. —le dijo señalándole la que había junto a Angela.
El Dunedain asintió y se recostó ayudado por Neville.
—Tío Remus, tú también…
—En cuanto todos hayamos tomado las pociones me recostaré —la interrumpió—. Neville y Hermione quedarán a cargo. Ron, Fred y George tendrán que ir a San Mungo cuando vengan por ellos. Ginny sólo irá si está recuperada. Estoy seguro que Aragorn y yo tendremos problemas con Arwen por la ayuda que hemos dado. Intenten no presionar demasiado para ir al hospital porque no podremos ayudarlos.
Todos asintieron excepto la pelirroja y su novio.
—Yo voy a ir. Es mi hermano y no me quedaré aquí sin verlo.
—Yo la acompañaré.
—Remus tiene razón, chicos —les dijo Aragorn con tono paternal—. Tomen las pociones e intenten relajarse. Cuando llegue mi esposa será mejor que sean sutiles y muy dulces en su petición si en realidad quieren ir.
Quince minutos más tarde Angela dormía profundamente, después de darle las pociones. Ginny, Harry, Aragorn y Remus estaban casi totalmente restablecidos cuando entró al cuarto una furia pelirroja de ojos verdes.
—¿Se puede saber por qué activaste el cuarto lazo? —le preguntó a su esposo con la voz baja, cortante y helada—. Les había pedido claramente a Remus y a ti que pusiesen de su parte para restablecerse. Sabes muy bien que Angela…
—Por ella lo hicimos, mi amor. —la interrumpió con voz dulce su esposo, mirándola como un gatito bebe pidiendo mimos.
—Explícate. —le exigió, sin dejarse convencer por sus gestos y su voz.
—Ella está percibiendo los pensamientos y las emociones de los veinticuatro que estamos unidos a ella por los dones, los que aún no ha terminado de transferir —continuó su esposo con la misma mirada, gestos y tono de voz—. Así se enteró que habían ido a enfrentarse a Voldemort. Fue ella quien nos dijo que ustedes no le habían logrado advertir al joven Percy Weasley y a su prometida sobre la información que nos dio Harry de Voldemort, que él lo estaba enfrentando. Angela se agitó mucho y pidió que activásemos el lazo.
—Pero ustedes no estaban en condiciones, mucho menos ella. —dijo Arwen preocupada, ya sin signos de enojo en su voz ni en su mirada.
—Por eso fui yo quien dirigió la concentración de energía para actuar allí por medio tuyo, mi amor. El formar parte de las barreras al don tan especial del Manejo de la Energía en Angela y ser ella quien controla las barreras a los nuestros nos permitió ayudarlos, guiados por Mithrandir, afectándonos lo menos posible. Perdóname Arwen, pero debía decidir rápido para evitar que ella se angustiase y recayese por ello.
—Entiendo —aceptó su esposa luego de suspirar—. ¿Cómo está ella, Eowyn?
—Mejor de lo que esperaba. Creo que la afectó más la reunión con el señor Aberforth que lo ocurrido hace poco.
Mientras ellos conversaban Jessica atendía las heridas de Nymph en silencio, en la cama que su padre le había cedido rápidamente a su prometida, quien tenía un feo corte en la pierna derecha y una inflamación en las costillas bajas, a un costado y un poco más arriba del abdomen. Simultáneamente Chris & Chris curaban a Meg, que había ido allí con ellas, presentando sólo rasguños y moretones.
—Fred, George y Ron vendrán conmigo y con Eowyn al hospital. Meg, quédate con ellos por favor y avísanos de inmediato si ocurre algo aquí.
—Tía Arwen —la llamó Harry poniendo carita de cervatillo desvalido y voz de pequeño necesitado de cariño, siguiendo la táctica que le había visto y oído emplear a Aragorn—. Ginny y yo quisiéramos ir contigo para ver a Percy.
—No es buena idea, cariño. Ustedes no se han recuperado.
—Pero si no vamos mamá sospecharía de nuestra salud. —dijo Ginny poniendo carita angelical y con voz de niña tierna y consentida.
—Por favor, tía Arwen.
La Dunedain los miró intranquila pero sus miradas la enternecieron, aflorando su instinto maternal, especialmente con su sobrino.
—Está bien, irán conmigo. Pero cuando yo les pida que regresen aquí para acompañar a Angela lo harán sin protestar.
—Sí tía.
—Gracias señora Arwen.
Dijeron los dos con una amplia sonrisa que alegró el corazón de la aludida. Remus, Aragorn y los otros chicos tuvieron que mirar hacia otro lado para disimular la sonrisa que había asomado a sus rostros.
Al llegar al Hospital San Mungo lo consiguieron lleno de brujas y magos moviéndose rápidamente de un lugar a otro, con los medimagos desplazándose entre ellos para atenderlos lo más rápidamente posible.
Arwen y Eowyn llevaron a los chicos rápidamente al cuarto piso, en el pasillo del lado derecho, donde se encontraron a Abby, Fleur, Molly, Arthur, Charlie, Bill, Kingsley y Faramir.
—¡Mis niños! —exclamó Molly, abrazando sucesivamente a Ginny, Harry, Ron, Fred y George con los ojos llorosos y muy agitada.
Arthur estaba sentado junto a una muy abatida Penélope, que no cesaba de sollozar. Eowyn intentaba convencerla una vez más para que le permitiese a algún medimago que le atendiese una herida bastante seria en un costado, a lo que la joven terminó accediendo por la insistencia del padre de su prometido.
—Aún no han salido los medimagos que lo están atendiendo. —les informó Bill en voz baja.
Molly, Arthur, Bill, Charlie y Kingsley presentaban moretones y heridas leves, que Eowyn empezó a curar con la anuencia de un medimago, quien le facilitó las pociones, ungüentos y vendajes necesarios, después que la Dunedain conversase con él mientras atendían a Penélope Clearwater que ahora descansaba en una camilla en el pasillo, un poco menos pálida.
El hospital era un caos debido al ataque, al igual que el de Belfast según les dijo Faramir. Clarisse también estaba allí, en San Mungo. La habían ingresado con heridas muy serias. Dawson, Will y Joseph estaban internados en Belfast, donde Sue, Joanne, Chloe, Sally, Alex, Steve y Richard los acompañaban con sus familiares.
—También están internados aquí Viktor Krum y Boris Mladenov, que estaban ayudando voluntariamente en el ataque. Sus amigos los están acompañando. —terminó de contarles Charlie en voz baja, señalándoles el otro pasillo.
—Me gustaría ir a verlos después que tengamos noticias de Percy. —afirmó Ron, sorprendiéndolos a todos.
Pasaron seis largas y angustiosas horas de espera en aquél pasillo. Sólo se habían separado un momento de allí Harry y Eowyn para ir a averiguar sobre Viktor y Boris, a petición de los demás. Eowyn se quedó con ellos al ver que tenían problemas con los medimagos para que les atendiesen, al igual que Chloe y Sally que llegaron del hospital en Belfast allí a apoyarlos después que los conociesen en la batalla.
El hospital poco a poco había recobrado la calma, a medida que los heridos leves eran atendidos y despachados del lugar, mientras los que habían llegado con heridas más serias ya habían sido internados. Entre los conocidos de los chicos sólo se esperaba por el veredicto de los medimagos sobre tres pacientes, Boris, Clarisse y Percy. Sólo permanecía una paciente en una camilla en el pasillo, Penélope Clearwater.
Molly iba a decirles una vez más a los chicos que fuesen a la cafetería a comer algo, pues sabía que sería imposible sacarlos del hospital hasta tener noticias, pero justo en ese momento salió el medimago que atendía a Percy de la habitación en que estaba recluido quedando con la asistente.
—¿Cómo está? —preguntaron a coro los ocho Weasley y Penélope.
—Está fuera de peligro pero… —El medimago se detuvo mirando a la joven prometida de su paciente, que se había sentado en la camilla atenta a sus palabras. Tomó aire profundamente y se decidió a terminar de decirlo—. El joven Percy Weasley no podrá volver a ver, ha quedado ciego.
—¿Se puede hacer algo? —preguntó Arthur con un hilo de voz.
—Me temo que es irreversible —contestó—. Escapó por muy poco de la muerte, pero el daño en los nervios ópticos y la parte del cerebro que controla la visión son muy severos, además tendrá problemas para coordinar sus movimientos durante unos días. En este momento está dormido. Le tomará un par de semanas restablecerse lo suficiente para que lo podamos dar de alta.
Molly, Ginny y Penélope estallaron en llanto, Arthur, Harry y Bill las abrazaron con un nudo en la garganta, mientras Ron, Fred y George caían abatidos, dejándose escurrir por la pared hasta quedar sentados en el piso, Charlie fue abrazado por Abby y Fleur acariciaba con cariño la cabeza de la chica a quien su esposo intentaba consolar.
Arwen y Faramir se iban a acercar a ellos cuando vieron abrirse la puerta de la habitación de Clarisse, formándoseles un nudo en la garganta al ver la expresión del medimago y la palidez inmediata en el rostro de Kingsley.
—¿Cómo está? —logró preguntar el ex auror.
—Hemos hecho por ella cuanto se ha podido. Habrá que esperar hasta mañana en la mañana. Si logra pasar la noche sobrevivirá. Lamento no tenerle mejores noticias.
Faramir rápidamente sujetó a Kingsley que se tambaleó, fuertemente impactado por la noticia además de estar débil por la pérdida cuantiosa de sangre que había sufrido por una herida en su brazo izquierdo, la cual sólo había permitido que le atendiesen lo suficiente para detener el sangrado, preocupado como estaba por ella.
—Yo quisiera acompañarla. —logró pedirle al medimago.
—Después que me permita atenderle mejor esa herida y las otras que tiene, además de tomarse las pociones que le indique, podrá usted hacerlo. —le respondió el medimago muy serio.
El ex auror asintió. Hasta ese momento no había permitido que lo curasen bien, angustiado por el estado de la mujer que amaba, recriminándose el no haberse atrevido hasta ese momento a declararle sus sentimientos sabiendo que en esa guerra podía perderla en cualquier momento.
—¿Puedo acompañarla mientras lo atienden a él? —preguntó Arwen, recibiendo una mirada de agradecimiento sincero del angustiado Kingsley.
—Sí. En caso de necesitarme por cualquier cambio avíseme con la asistente.
—Gracias.
—Bill y Charlie, lleven a los chicos con Remus, deben comer y descansar —ordenó Molly ya un poco más tranquila—. Arthur, por favor tráeme una muda de ropa de la casa, me turnaré con Penélope y con Percy.
—Disculpe señoga Molly, yo me quedage con Penélope.
—Yo traeré lo necesario de la casa —dijo Abby decidida—. Así el señor Arthur se quedará con ustedes. Los medimagos podrían necesitar que buscasen algo.
—Gracias hijas. —les respondió Molly con cariño.
—Bill, Charlie, quisiéramos ir con Viktor y sus amigos antes de irnos. —pidió Ginny decidida.
—Vamos. Los acompañaremos.
—Simeón, ¿qué les han dicho los medimagos? —le preguntó Harry en cuanto llegaron junto a los búlgaros.
—Viktorr está fuerra de peligrro, se recuperrarrá prronto, Alexandrra está con él. Le han perrmitido a Julia quedarrse con Borris grracias a la señorra Eowyn. Él ha perrdido el brrazo izquierrdo desde el codo y habrrá que esperrarr hasta mañana para saberr… —Se le apagó la voz—. Elias ha ido con Chloe al aparrtamento a buscarr rropa parra todos. ¿Qué noticias tienen ustedes de Perrcy y de Clarrisse?
—Percy ha quedado ciego y tardará algún tiempo en reponerse —respondió George, luego de unos minutos en que un pesado silencio había inundado el pasillo—. Clarisse aún está grave, hay que esperar al igual que con Boris.
—Lamento lo de su herrmano y esperro que su amiga salga bien.
—Igual nosotros con Boris. ¿Necesitan ayuda con algo, Simeón?
—Grracias, Harrry, pero la señ…
—Te he dicho que me digas sólo Eowyn. —lo reprendió la Dunedain que se acercaba al grupo con Sally, llevando las dos unos vasos con té y chocolate y un par de bolsas con algo de comida.
—Perrdone señ… Eowyn, me es un poco difícil acostumbrrarrme.
—No te preocupes. Te aseguro que cuando Boris despierte ya todos ustedes me dirán sólo por mi nombre. Toma, come y llévale a Julia. Sally, llévale esto a Alexandra, por favor. Yo iré con ustedes en un momento.
—No sé como agrradecerrle.
—Ayúdame a convencerlas más tarde para que reposen un poco. Si Viktor y Boris las ven con ojeras cuando despierten se preocuparán por sus novias y tardarán más en reponerse.
—Lo intentarré nuevamente. Grracias porr venirr a acompañarrnos y ayudarrnos. No sé como habrríamos superrado esta crrisis sin tu ayuda y la de tus amigos, Harry.
—Todos queremos ser amigos de ustedes, Simeón —le aseguró George—. Puedes contar con nosotros para lo que necesiten. Angela no está aquí porque está enferma, pero puedes estar seguro que de no ser así estaría a mi lado diciéndote lo mismo.
—Luna, Jessica, Hermione y Neville están con ella, seguramente vendrán mañana a visitarlos. —completó Harry.
—¿Es algo serrio lo de Angela? —preguntó Simeón preocupado.
—A todos les dio una virosis muy seria en el colegio —respondió Eowyn al notar que todos se habían quedado un poco paralizados, sin saber qué responder—. Ella es la más afectada porque sus pulmones quedaron bastante resentidos por el ataque al tren. Los chicos deben retirarse también a descansar. —agregó mirando muy seria a Ginny y a Harry, que lucían muy pálidos.
—Esperro que se rrecuperre prronto tu novia, Georrge. Fue muy amable y agrradable con nosotrros cuando la conocimos el sábado de la semana pasada. Dile de nuestrra parrte que esperramos verrla rrestablecida en la prróxima clase con el prrofesorr Mithrrandirr… —Se interrumpió y bajó la mirada— … los que podamos irr. —añadió con la voz quebrada.
—Gracias Simeón. Le diré tus palabras. Espero que los veamos a todos el próximo sábado en clase.
El búlgaro asintió y entró en una de las habitaciones con lo que le había entregado Eowyn, mientras Sally entraba en la otra.
—Vayan a comer y descansar, chicos. —les indicó Eowyn, acariciando la cabeza de la menuda pelirroja con cariño.
Al llegar a Grimmauld, luego de comunicarles Bill a todos los que estaban allí las noticias, Meg les dio de comer y se quedó de guardia mientras todos descansaban.
Arwen llegó en la mañana con Eowyn y Arthur a darles tres buenas noticias y una preocupante. Tanto Clarisse como Boris estaban fuera de peligro y al último le habían sustituido con magia el brazo que había perdido por uno de acero liviano. Percy había despertado con una coordinación en sus movimientos mejor de la esperada. La preocupación se debía a su rechazo a recibir visitas, incluyendo a su novia, debido a la ceguera. El medimago que lo atendía les dijo que era normal. Le llevaría algún tiempo aceptar su nueva situación.
El señor Weasley llevó a Luna, Hermione, Jessica, Ron, Fred, George y Neville al hospital, mientras Chris & Chris convencieron a Meg, Arwen y Eowyn de descansar, apoyados por Remus y Aragorn, comprometiéndose a llamarlas si había alguna novedad. Nymph, que después de descansar se encontraba bien, les acompañaría en cuidar de Angela, Ginny, Harry, Remus y Aragorn.
Ese lunes a media tarde se reunieron los del G.A.H. con el E.D.H., en el cuarto en el que la chica de pelo negro guardaba reposo en cama. Mientras tanto los otros miembros de la O.D.F. estaban en San Mungo, a donde habían trasladado a los del hospital en Belfast.
El líder de la O.D.F. les contó a su prometida y los tres Dunedains, que aún no estaban al tanto, la información que su sobrino revelase el día anterior sobre los horcruxes, con la intención que les hablase ahora sobre los que aún faltaban por buscar y destruir. Los cinco chicos que hasta ese día habían guardado el secreto les escucharon en silencio, mirándose preocupados, asintiendo cuando les miraban, confirmando la información. Cuando llegaron al punto en que habían quedado Remus se quedó mirando a su sobrino fijamente.
—¿Cuáles son los otros dos horcruxes de los que ya tienes información, Harry?
—Uno es una copa que perteneció a Helga Hufflepuff. Un tal Octavius, descendiente suyo, la localizó y había hablado con Mundungus para que la robase del sitio en el que la encontró, una cueva rodeada de panteras en el bosque cercano al cementerio de Bristol. —respondió. Se detuvo un momento para tomar aire, pensativo.
Después de lo ocurrido con Percy había conversado a solas con sus cuatro compañeros en el secreto sobre su misión, con la anuencia de Remus y Aragorn que se las ingeniaron para dejarlos a solas durante veinte minutos. Ahora no existía peligro de traidores en la O.D.F., de eso se aseguraban los del G.E.M.A. Además los seis de La Orden del Fénix que estarían al tanto, el G.A.H., los habían apoyado en muchas oportunidades aunque no estuviesen de acuerdo totalmente con las decisiones que él tomaba.
A eso se sumaba el problema del horcrux que aún era desconocido, la transferencia de dones de Angelica, los entrenamientos adicionales que todos requerían ahora, la información sobre los Mudredais, lo de la espada del dragón… En fin, eran demasiadas cosas, tenían que permitir que los apoyasen en lo de los horcruxes. Decidido continuó.
—El otro es Nagini, la serpiente mascota de Voldemort.
Los que se estaban enterando de aquello tragaron saliva al oír cuál era el segundo que tenían identificado.
—La mascota de Voldemort —dijo por fin Aragorn mirándolos preocupado—. Eso será muy complicado. ¿Cómo pretendían acercarse a esa serpiente?
—Sería nuestra última empresa, justo antes de enfrentarlo —le respondió Harry decidido a ser sincero—. Primero tenemos que destruir los otros y aún hay uno que no sabemos lo que es, ni mucho menos dónde está.
Al verlos denegar preocupados Ginny intervino.
—Primero veamos los recuerdos del profesor Dumbledore para ver qué podemos averiguar sobre la destrucción del anillo. Después destruir el medallón. Luego buscamos la copa para destruirla. Tenemos también que averiguar cuál es el otro que falta por identificar.
Se detuvo, miró a Angela y a Harry de reojo y continuó decidida después de recordar lo que había hablado a solas con su amiga rubia en otra oportunidad sobre la fecha límite que tenían como plazo para aquello, la cual se acercaba rápidamente.
—Falta además que se desaten los procesos en Hermione, Ron y Arwen, se estabilicen, regresemos al que se creía muerto, lo pongamos al día en todo lo ocurrido, lo evalúen a él en los dones para saber cuáles tiene, nos entrenemos todos, aprendamos nosotros siete lo referente al del Manejo de la Energía y cerremos los procesos, enseñen a Harry a manejar la espada de Gryffindor, investiguemos con mayor profundidad lo de las parejas de los fénix, el que yo me entrene como Llama de Fuegos Multidimensional, Harry con su Energía Esmeralda, profundicemos nuestro entrenamiento en Magia Antigua y ustedes sigan con La Orden del Fénix y nosotros con nuestros estudios, para no levantar sospechas.
Los otros que estaban en la habitación la miraban alucinados.
—En resumen. No debemos empezar a preocuparnos por la batalla final cuando hay tanto camino por recorrer aún.
Harry finalmente sonrió y la abrazó. Si hubiese sido posible se habría enamorado aún más de ella. Había algo de sus palabras que martilleaba en su cerebro, pero sabía que se enteraría pronto.
—Ustedes… Ginny dijo… El que se creía muerto… —Eowyn intentaba armar una idea coherente para preguntarles, pero le era imposible. Estaba aturdida por todo lo dicho por la menuda pelirroja.
Angela miraba a los otros chicos inquieta, notando que Harry estaba tan perdido como ella. George le tomaba una mano con cariño, mirándola preocupado, pero con lo dicho por Luna y la cercanía del tiempo límite para la poción… era necesario hablar de aquello cuanto antes.
Hermione, Ron, Harry y Arwen palidecieron mucho y empezaron a respirar de manera irregular.
—Se han desatado los procesos de Hermione, Ron y Arwen simultáneamente —les informó Angela en voz baja a todos, mirándolos pálida y preocupada—. Debemos llevarlos a un lugar en que podamos ayudarlos con los procesos de los cuatro. Debemos tener agua cerca y campo abierto, no podemos correr riesgos con muggles o magos cerca. Tío Aragorn y yo sólo lograremos contenerlos unos minutos más.
—¿Pero por qué está Harry mal también? —preguntó asustada Ginny.
—¿De qué se tratan los procesos? —le preguntó Remus a Aragorn, que sostenía abrazada a su esposa y miraba preocupado a su sobrina.
—Vamos al sur del Cross Fell, junto al río. Remus, nos tendrán que ayudar Charlie, Bill, Arthur, Meg, Kingsley y Minerva. Angela, ve con Orión por los señores al colegio y llega con ellos allá. Déjame a mí el control de ellos cuatro, tú concéntrate en ellos tres. Explícales rápidamente lo que sabemos.
—¿De qué hablas, Aragorn? —preguntó intrigado Faramir que tenía abrazados a Hermione y a Ron, mientras su esposa abrazaba a Harry.
—Cuando los dos antiguos blindaron el sello lo modificaron. Angela y yo podemos liberar la salida de ellos tres de los límites del colegio. —le respondió su cuñado.
—¿Qué? —preguntó asombrada Eowyn.
—Ahora no tenemos tiempo de dar explicaciones. Angela tiene razón, sólo podré contenerlos unos minutos más.
—Orión, por favor amiguito, llévame a la oficina del profesor Mithrandir. —le pidió Angela luego de asentir en dirección a su tío.
—Yo iré por los otros seis —afirmó Remus decidido—. Los alcanzaremos allá.
—Todos los del E.D.H. vamos con ustedes —dijo decidida Ginny—. Con los fénix los podremos transportar con mayor tranquilidad.
Los siete del E.D.H. y Aragorn asintieron.
—Pero los niños… —intentó Remus.
—Ellos también irán —lo interrumpió Aragorn—. No te preocupes. Estarán bien. Mithrandir, Angela y yo nos encargaremos que sea así. Pero necesitamos la mayor ayuda posible, ellos saben lo que está ocurriendo y son buenos en Defensa.
Remus miró preocupado a los niños, pero al ver al Dunedain empezar a palidecer asintió y se dirigió rápidamente a la chimenea, tenía que buscar la ayuda adicional que su amigo había pedido. Confiaba en su buen criterio en cuanto a que los niños fuesen allí.
Quince minutos más tarde se encontraban los veintisiete reunidos en una pradera, entre uno de los picos más altos de Inglaterra y un río de aguas claras, Mithrandir había generado una cúpula de energía con un radio de veinticuatro metros, con hechizos repelentes de muggles y magos.
—Esta es la situación —empezó a explicarles en voz alta Aragorn, el cual estaba notoriamente más pálido que en Grimmauld—. Hermione desarrollará desde este momento un control directo sobre el elemento aire en todas sus facetas, siendo capaz de generarlo o eliminarlo en cualquier punto —A excepción de Angela todos los presentes abrieron mucho los ojos en dirección a la castaña, que miraba asombrada al Dunedain—. Ron controlará el elemento tierra, de una manera similar a su novia con el otro elemento. —El pelirrojo lo miraba incrédulo.
Aragorn tomó aire e hizo un esfuerzo para mantenerse estable mientras aún los contenía a los cuatro, denegando en dirección a su sobrina para que no lo ayudase. Mithrandir frunció el ceño, preocupado por los dos.
—Harry controlará el agua en todas sus facetas, inclusive la que existe en el cuerpo de las criaturas vivas —Aún Mithrandir palideció al oírlo—. Arwen desde hoy podrá combinarse con cualquiera de los cuatro, incluida Ginny, para controlar los cuatro elementos de la naturaleza, al igual que Harry, por medio de su don mezclado, característica que no tienen ni Angela ni Mithrandir ni ningún otro Dunedain vivo.
Mithrandir y Angela asintieron, ellos tenían los doce dones y ella el mezclado, pero no esa particularidad del mezclado de Arwen y Harry. Los demás los miraban asombrados, incluida Arwen que no sabía aquello.
—El control de ellos tres sobre los elementos aire, tierra y agua es sólo en esta dimensión, a diferencia del fuego de Ginny que es en todas las dimensiones.
Todos se giraron a mirar a la pelirroja y luego a los cuatro que estaban en el centro, sostenidos por Aragorn, Eowyn, Faramir y Nymph.
—Se suponía que cada proceso se desataría por separado, pero no ha sido así —siguió Aragorn—. Angela y yo no estamos en capacidad de contenerlos simultáneamente. Los tres señores saben manejar los elementos de la naturaleza por el entrenamiento del sexto nivel. Eowyn y Faramir pueden hacerlo por medio del don de Manejar los Elementos de la Naturaleza. El problema es que cuando yo los libere del control que tengo sobre ellos… tendremos a todos los elementos atacándonos simultáneamente.
El trío de Gryffindors y la Dunedain se miraron preocupados, pensando como evitar lastimarlos.
—No deben intentar controlar esto hasta que Angela o yo no les digamos, sería peor —les dijo Aragorn de inmediato, comprendiendo las miradas—. Todos los demás que han venido hoy deberán hablarles y defenderse hasta que nosotros les avisemos a los cuatro que es el momento de retomar el control y ellos lo logren. Ginny, necesito que te concentres en lo que ya sabes usar de tu fuego y lo emplees en ayudar.
Harry tragó saliva, mirando preocupado a su novia, pero al verla asentir segura, sonriéndole, asintió en su dirección. Confiaba en ella.
—¿Qué harán Angela y tú, Aragorn? —le preguntó asustada Arwen.
—Concentrar la energía que ustedes cuatro desatarán hasta que logren dominarla y controlarte a ti, ayudándote a enfocarte. —le respondió con sinceridad.
—Pero ustedes no están en condiciones. —replicó Harry alarmado.
—Por eso les pedí a todos ellos que viniesen, de esa manera nos enfocaremos sólo en el control de la energía de los cuatro elementos y en Arwen, incluido el fuego de Ginny que mi esposa desatará, mientras ellos los combaten y ayudan a enfocarse —Al notar que los cinco los miraban intranquilos suspiró—. No pueden ni deben preocuparse por nosotros dos, no en este momento. Les aseguro que estaremos bien.
—¿Esto cerrará los siete procesos? —preguntó Remus intranquilo.
—No totalmente, pero nos estabilizará completamente a los siete. El cierre sólo se dará cuando Angela ceda todos los dones.
Luna y los chicos que la ayudaban en la investigación se miraron de inmediato, asustados y preocupados. Aragorn y Angela al notarlo los miraron intrigados, pero el primero empezó a sentirse fuertemente mareado, estaba al límite.
—Tío no puede seguir conteniéndolos. —les informó Angela a los demás al notarlo, preocupada.
—No lo hará más. Eowyn, Faramir y señorita Tonks, llévenlos a esos cuatro puntos. Todos con las varitas afuera —dijo con voz de mando Mithrandir. A excepción de los integrantes del G.E.M.A. y Angela todos lo miraron asombrados. No le conocían esa faceta—. Galadriel, profesora McGonagall, joven Christine Brown, señorita Heigh, joven Fred Weasley, Jessica, ustedes ubíquense alrededor de la joven Granger. Elrond, señorita Tonks, joven Christopher Brown, señor Weasley, señor Shacklebolt, rodeen al joven Ron Weasley. Aragorn, Eowyn, Faramir, Angela, joven Lovegood, joven Bill Weasley, alrededor de Arwen. Señor Lupin, jóvenes Ginny, George y Charlie Weasley, joven Longbottom, alrededor del joven Potter conmigo. ¡Rápido!
Todos le obedecieron rápidamente. Hermione, Ron, Harry y Arwen fueron dejados sentados en el piso.
—Galadriel, Elrond, Aragorn y yo los atacaremos con todos los elementos en forma suave y controlada, como se hace en los entrenamientos del sexto nivel —ordenó Mithrandir—. Los demás emplearán hechizos deflectores, escudos y lo que necesiten para defenderse, pero no los atacarán. Mientras tanto deberán hablarles todos, cuando no pueda uno lo hará el otro, ayudándolos a enfocarse.
Los veintitrés que conformaban los círculos con el anciano asintieron. Mithrandir estaba ubicado frente a Harry, mirándolo fijamente con el ceño fruncido.
—Suelta tu control sobre ellos, Aragorn. —ordenó el anciano.
Cuando el Dunedain lo hizo los cuatro se pusieron en pie y empezaron a atacarlos. Durante dos horas se desarrolló en el lugar una batalla intensa, con los cuatro elementos de la naturaleza como armas de combate, con Angela y Aragorn controlando los flujos de energía de los cuatro, mientras ayudaban simultáneamente a enfocarse a Arwen, que usaba los cuatro elementos.
Algo que sorprendió a todos fue que una vez que Harry logró controlarse se formó un haz de luz azul eléctrico brillante que lo unió a Hermione y a Ron, que inmediatamente terminaron de controlarse, generándose un segundo haz de luz color violeta, que unió a los siete unidos por Angelica, envolviéndolos en esferas de este color durante quince minutos. Luego fueron suavemente depositados en el suelo, sentados.
Los veinte que les habían estado ayudando se sentaron agotados, mientras un pelinegro sonriente dejaba fluir su energía esmeralda con sus manos en el piso, saneando todo el terreno, que dejó de ser un campo de batalla para recuperar su aspecto de hermosa pradera. George se había aproximado hasta su novia cuando todo acabó, sentándose junto a Angela, recostándola contra su pecho y arrullándola en voz baja, haciendo un esfuerzo sobre su propio cansancio para infundirle ánimo.
La chica de pelo negro se abrazó a su novio, sonriendo con cariño, agotada y débil pero contenta al saber que lo más fuerte de los siete procesos había concluido. Ya sólo faltaba que ellos entrenasen para que ella cediese los dones y se cerrasen completamente. Pensando en ello se quedó adormilada por la fiebre, sonriente, luego de llamar a Orión que se posó en el brazo derecho de George, cantándole una melodía suave a la chica para animarla.
Aragorn y Arwen estaban abrazados, visiblemente agotados, mirando a los chicos con una mezcla de alegría y preocupación.
Mithrandir miraba a los doce chicos con orgullo, sonriendo feliz al ver a Harry sanear y alegrar el lugar. Recordó con nostalgia a su amigo Albus y sus comentarios sobre "el extraordinario chico". Miró alrededor a los miembros de La Orden del Fénix, Galadriel y Elrond, sonriendo, suspirando; eran excelentes magos. El que todos ellos estuviesen junto a aquellos chicos viviendo aquél proceso tan singular sólo podía significar una cosa: el poder del enemigo pronto se incrementaría. La Ley del Equilibrio se cumplía siempre cabalmente.
Sospechaba que quienes habían ido a La Casa Flotante le ocultaban algo. No sabía qué. Habían puesto una barrera extraña para que no lo averiguase, que se había extendido a los siete que habían estado inconscientes en la enfermería, activándose al despertar, pero… Al igual que Angelica lo había hecho antes de hacer el viaje al futuro, él ya había tomado su decisión. Sólo esperaba el momento indicado por las circunstancias para hacerlo… Hasta que eso ocurriese tenía una misión muy concreta que cumplir, entrenar en la medida de sus conocimientos a… los veinticuatro.
Aún le parecía increíble la información que rápidamente les había dado Angela a Galadriel, a Elrond y a él mismo. Ahora tenían que entrenarlos a todos en todos los dones teóricamente, ejercitándolos en la práctica de los que tenían de nacimiento, empezando por los que Angelica les había transmitido o reforzado para que Angela les pudiese ceder lo dejado por su mamá y los siete procesos cerrasen… Aunque para eso también debían traer "al que creían muerto". Sospechaba por las reacciones de algunos de los chicos que sabían de quién se trataba.
Remus y los once chicos llamaron a Fawkes y los otros fénix, pidiéndoles que los trasladasen a casi todos a Grimmauld. Los señores irían al campo Dunedain. La profesora McGonagall le había pedido al profesor Flitwick que estuviese al pendiente de todo en el colegio como subdirector, en su ausencia, indicándole que debía hacer un viaje urgente con los profesores Galadriel, Elrond y Mithrandir.
Una vez llegaron a Grimmauld todos fueron llevados a descansar, después que les curasen y tomasen las pociones indicadas por Mithrandir, ayudados por Eowyn, Jessica, Arwen y Ginny. George se las dio a Angela, con la chica adormilada por la fiebre sonriéndole suavemente y pidiéndole mientras las tomaba que no se preocupase por ella y fuese a descansar. Sólo la agitación en la chica al ver que no lo hacía y la persistencia de su padre haciéndoselo notar obligaron al pelirrojo a ir a descansar.
Al día siguiente bajaron los veinticuatro a desayunar. Luego viajaron todos a la casita en el campo Dunedain, donde se reunieron con los tres señores para hablar.
Aragorn les explicó que la modificación en el Sello Dunedain les permitía a Angela y a él liberar a los Dunedains puros que cruzasen voluntariamente hacia el mundo de los magos, para que se desplazasen libremente, al tener los dones, energía y conocimientos de los antiguos Dunedains. No habían podido hacerlo antes por estar aún inmersos en lo más fuerte de sus procesos inicialmente y luego en recuperación.
Al presentarse los otros procesos simultáneamente Aragorn había tomado la decisión que Angela lo hiciese, mientras él contenía a Harry, Hermione, Ron y Arwen, porque la liberación de los tres señores requeriría menos energía que el controlar a los cuatro, siendo indispensable que los ayudasen todos los que supiesen lo hecho por Angelica.
Remus decidió informarles a Galadriel y a Elrond de casi todo lo conseguido en La Casa Flotante, ocultándoles solamente lo mismo que a Mithrandir, lo visto por los antiguos en lo referente a ellos tres. Galadriel y Elrond los miraban asombrados y preocupados por todo aquello, suponiendo al igual que Mithrandir lo que les ocultaban considerando que Angelica no les había involucrado a ellos tres.
Angela les confesó a todos el entrenamiento Dunedain que habían iniciado Jessica y ella con los chicos del E.D.H., habiendo prolongado el tiempo con la estrella de su mamá. También el procedimiento acelerado que ella había empleado con Harry, Hermione y Ron hasta que la descubrieron y le prohibió el pelinegro seguirlo haciendo.
Meg, Minerva, Kingsley, Charlie, Bill y Arthur miraban a los chicos con incredulidad, sin lograr asimilar lo que estaban escuchando, aunque ahora entendían su desenvolvimiento el día del ataque al tren y otras cosas que habían venido ocurriendo.
Galadriel y Elrond contuvieron el aliento y denegaron, comprendiendo a lo que habían sometido a la chica en ese período debido al entrenamiento al que se habían visto obligados a someterla por el Pacto Dunedain, mirando al anciano sin poder entender porqué no les había ordenado detenerse. En ese punto el profesor Mithrandir les explicó por primera vez el porqué él había hecho ese pacto, preocupando aún más a los dos señores por la chica.
—Angela. Yo te había autorizado a entrenar a los chicos, pero… ¿Por qué lo hiciste antes de entrar al colegio y de esa manera? —le preguntó preocupado Mithrandir.
La chica cerró los ojos y acarició el camafeo de su mamá con la mano izquierda, pensativa. Al sentir que George la abrazaba suspiró y se decidió a responder.
—Mamá me habló de muchas cosas el día que… que se despidió de mí y liberó su energía hacia nosotros según las instrucciones de los antiguos —Se detuvo un par de minutos—. Ella me habló sobre los diversos sentimientos que podían llegar a influirme y… el control que debía mantener sobre ellos debido a mi don del Manejo de la Energía.
»Fue ella quien me habló por primera vez sobre el amor, la amistad, los celos, la rabia, el odio —Se mordió los labios y decidió que era el momento de hablarles un poco de aquello, con todo lo ocurrido y lo que ahora todos sabían… seguirían insistiendo—. Ella me había dejado una carta, que debía abrir el día que cumpliese seis años… a solas —Suspiró—. Allí me hablaba de muchas cosas que en ese momento no entendí pero… —Se detuvo un instante pensando cómo seguir.
»Me pedía entre otras cosas que cuidase de Jessica como animaga las noches de luna llena, que buscase a Harry apenas llegase a Hogwarts, leyendo en ese momento la segunda carta que me había dejado en otro sobre dentro de la primera. Cuando vinimos al colegio e hicimos el sello la leí. Allí me decía que me entrenase lo más rápido posible como Dunedain y que en cuanto me fuese posible entrenase a Harry y a quienes lo acompañasen, comenzando apenas entrase en contacto con él y yo me hubiese empezado a entrenar.
Los que la oían la miraron con los ojos desorbitados, asombrados y preocupados.
—¿Qué más te pedía tu mamá en la carta, Angela? —le preguntó Harry. Aquello le inquietaba desde que Mithrandir les había explicado el don de ella, el que ahora ellos también tenían.
La aludida lo miró intranquila y denegó.
—Angela, por favor pequeña, respóndele a Harry. —le pidió Aragorn.
—Que hiciese cuanto estuviese a mi alcance para no dejarme llenar de odio ni matar a nadie —intentó esquivar la pregunta, pero al ver al pelinegro fruncir el ceño y denegar bajó la mirada—. Además de… —Se detuvo dudando hasta dónde decirles. Al sentir la mano de su novio apretando las suyas suavemente, con cariño, comprendió que la apoyaba, pero también que no la dejarían escaparse de responder— entregarle a Harry el contenido de una caja cuando él estuviese listo para recibirla.
—Angela, a mí no me vas a engañar con que sólo fue eso —le dijo Harry muy serio al oírla detenerse—. ¿Qué más te pedía la señora Angelica en esa carta?
—Angelita, por favor, dinos qué más te pidió tu mamá. —le pidió George al verla denegar cabizbaja.
La chica miró a su novio, triste y asustada. Luego a todos, tragando saliva al ver, incluso en los señores Galadriel y Elrond, caras de preocupación por ella y la decisión de sacarle la verdad. Bajó la cabeza y les respondió.
—Proteger a Harry, mi prima, los niños y el grupo que se formaría alrededor de él, con todas mis habilidades, dones y conocimientos mientras fuese necesario, aprendiendo y enseñándoles lo más rápido posible tanto como ellos necesitasen. Cuidar tanto… tanto de los jóvenes como de los adultos que se reuniesen en el grupo que mi abuelo había fundado, la Orden del Fénix, o en el que conformaría Harry. Haciendo lo posible por… por mantener intacta la alegría en mí, pero primordialmente en quienes me rodeasen, evitándoles en la medida de mis posibilidades el que sufriesen física o psicológicamente.
Al oír aquello todos bajaron la cabeza denegando. Aquello era demasiado.
—¿Qué más te pedía en la carta, Angela? —le preguntó Aragorn, que conociendo a su hermana y a su sobrina sospechaba que eso no era todo.
—Me pidió que hiciese un esfuerzo por contener mi carácter con… con las herramientas de autocontrol que me transmitió, usar mis dones para ayudar a quienes se tendrían que enfrentar a Voldemort y… —Se detuvo con un nudo en la garganta. Sabía que reacción tendrían todos si les decía aquello y denegó de nuevo.
—¿Qué más, Angela? —le preguntó Jessica, sospechando la respuesta.
—Si ese asesino aún estaba vivo e intentando hacer daño y la situación era tal que yo me viese imposibilitada de ayudarlos de otra manera, liberar mi energía hacia quienes podían detenerlo. —les contestó en un susurro siendo aferrada de inmediato por George en un fuerte abrazo, que haciendo un esfuerzo por contener las lágrimas le pedía al oído que no lo hiciese nunca.
—La profecía de Trelawney. —afirmó en voz baja Harry.
Harry, Hermione, Ron y Ginny se miraban, comprendiendo porqué después de lo ocurrido en el Ministerio la chica se había empezado a ver tentada de hacerlo. Se había enterado de la profecía de Trelawney y ella estaba bloqueada por el sello que había puesto con su prima sobre La Casa Flotante.
Debido al silencio que había caído en la mesa después de lo dicho por Angela, todos escucharon lo dicho por el pelinegro.
—¿De qué hablas, Harry? —preguntó Remus.
Harry los miró a todos, intranquilo. Después cerró los ojos, pensativo. "Luego de todo lo que ha ocurrido, sabiendo ahora lo hecho por la señora Angelica y los antiguos, conociendo el contenido de la carta que le había dejado a Angela la mamá, con lo que se presenta en el futuro según lo dicho por la señora Angelica a Mithrandir, después del análisis que los otros han hecho de la Profecía Dunedain en La Casa Flotante…". Suspiró.
—Poco antes de mi nacimiento el profesor Dumbledore buscaba a un profesor para la materia de Adivinación. Se entrevistó con la profesora Trelawney para averiguar si ella era la indicada. No estaba convencido de ello e iba a dar por finalizada la reunión cuando ella formuló una profecía real, la que contenía la esfera que fue destruida en el Departamento de Misterios hace más de un año cuando estuvimos allí.
Todos los presentes, a excepción de los cuatro que conocían su secreto, lo miraban en silencio, expectantes. Hermione, Ron, Angela y Ginny lo miraban apoyándole en lo que decidiese. La chica de pelo negro había denegado con sus ojos verdes al verlo abrir los ojos, sintiéndose culpable, pero él le había sonreído y tomado sus manos con cariño para tranquilizarla.
—El día que fuimos al Ministerio porque Voldemort me había hecho creer que tenía a Sirius prisionero lo que en realidad quería era que yo tomase la profecía en mis manos, pues sólo él y yo podíamos hacerlo. Envió allí a sus mortífagos para que me la quitasen luego que la tuviese. Ese día mi padrino cayó a través de El Velo de la Muerte y la esfera se vio destruida, durante la batalla que tuvimos con ellos.
Todos los que le escuchaban asintieron en silencio.
—Cuando el profesor Dumbledore regresó al colegio yo estaba esperándole en su oficina, donde me había encerrado después de enviarme con un trasladador. Lleno de paciencia habló conmigo de lo que sabía del día en que Voldemort mató a mis padres, lo que sospechaba sobre mi cicatriz y me reveló la profecía que ahora sólo él conocía, por ser él quien la había escuchado —Se detuvo un par de segundos mirando a sus dos mejores amigos—. Cuando me fue a buscar a casa de los Dursley me aconsejó que no se la revelase a nadie por mi propia seguridad, a excepción de Hermione y Ron. Así lo hice pero… Angela la había escuchado cuando su abuelo me la mostró en su pensadero.
La chica de pelo negro asintió.
—Ahora que sé el contenido de la carta de la señora Angelica… Por eso desde ese día has estado tentada en cederme tu energía, ¿verdad?, porque estabas bloqueada por el sello que habías puesto con Jessica en La Casa Flotante y no podías ayudarme directamente. Sabías que Voldemort me perseguía para matarme, conociendo además la Profecía Dunedain.
La chica asintió de nuevo, mirándolo triste.
—¿Qué dice esa profecía, Harry? —preguntó Mithrandir.
El pelinegro lo miró asombrado. Era la primera vez que lo llamaba por su nombre. Miró de nuevo a sus compañeros en el secreto, suspiró y con los ojos cerrados la reveló a todos los presentes.
El único con el poder para derrotar al Señor Oscuro se acerca... nacido de aquellos que lo han desafiado tres veces, nacido cuando el séptimo mes muere... y el Señor Tenebroso lo marcará como su igual, pero tendrá un poder que el Señor Oscuro no conocerá... y uno de ellos deberá morir a manos del otro, porque ninguno puede vivir mientras el otro sobreviva... el único con el poder para derrotar al Señor Oscuro nacerá cuando el séptimo mes muera…
Los que la escuchaban por primera vez sintieron que se les helaba la sangre en las venas, incapaces de reaccionar, todos excepto uno de los chicos del E.D.H.
—Por lo que sé ese podría haber sido yo. —afirmó Neville mirándolo muy serio.
—Sí, pero Tom Riddle escogió al mago de sangre mezclada, como él mismo lo era, marcándome con esta cicatriz —le respondió Harry señalando su frente—. Luego de matarme a mí iba ir por ti y por tu familia, pero… Ya ustedes saben lo que pasó.
—Los Lestrange debían saber parte de sus intenciones, por eso fueron por mi familia, queriendo averiguar dónde estaba su amo.
—Supongo que así fue.
Los dos chicos se miraron fijamente, admirándose mutuamente por la fortaleza con la que habían enfrentado sus vidas hasta ahora.
—Pero Riddle se equivocó en dos cosas —afirmó muy seria Hermione—. La primera fue en actuar sin conocer la profecía completa —Aquello hizo enarcar las cejas a todos los que se estaban enterando de aquello—. La segunda es que tú no eres como él.
—¿A qué te refieres, Hermione? —le preguntó Harry, intrigado por la forma en que dijo su última afirmación.
—Los Dunedains jamás se mezclaron con los descendientes de Slytherin, por lo ocurrido en Hogwarts. Por lo tanto él no tiene ascendencia Dunedain ni siquiera lejana.
—¿Cómo estás tan segura? —le preguntó Galadriel.
—Por las investigaciones de la señora Angelica. Los antiguos pusieron ese bloqueo inconscientemente en todos sus descendientes, al rechazar la prédica de odio de Salazar Slytherin.
Todos enarcaron las cejas al oír aquello, asombrados.
—Angela, sobre la carta de tu mamá… —empezó Harry al reaccionar, mirándola preocupado, con afecto fraternal.
—Eso no lo hará ninguno de ustedes siete —lo interrumpió muy serio Christopher mirando fijamente a Angela, que lo miraba con lágrimas en los ojos—. Todos nosotros vamos a estudiar, practicar y aprender lo que sea necesario no sólo para detener a ese loco sino a todos los que le rodean ahora o en el futuro.
—Y como a todos nos afectan, todos lo detendremos —completó con el ceño fruncido Christine—. No importa lo que tía Angelica o los antiguos Dunedains vieran o porqué tomaron las decisiones que tomaron. Lo haremos entre todos, como un equipo unido.
—Ninguno de ustedes liberará su energía, dejándonos con el dolor que ya nos ha ocasionado el saber lo hecho por tía Angelica —siguió Jessica muy firme—. No me importa lo que dijera esa carta, Angela, tú no lo harás. Desde ahora nos ayudarás solamente en la medida de tus posibilidades y lo que te indiquen papá, los tíos y el profesor Mithrandir, sin extralimitarte como has venido haciendo hasta ahora, enfermándote y preocupándonos a todos. Debes empezar a obedecerles.
—En realidad lo harán los veinticuatro, empezando ahora mismo los veintitrés presentes por ir a descansar —ordenó el anciano—. Deben recuperarse totalmente antes que nosotros tres comencemos con el entrenamiento con ustedes en los doce dones y el manejo de la espada en los que así lo requerirán, así como intensificar el que venían llevando en Magia Antigua. En cuanto "regresen al que creían muerto", él se les unirá. El señor Weasley estará con el otro grupo, el conformado con los otros miembros de La Orden del Fénix, pues ellos sólo recibirán el entrenamiento al modo Dunedain que venían llevando.
Aquello les hizo retener un momento el aliento a todos. Luego Harry, Remus, Arthur y Minerva asintieron en dirección del anciano profesor.
—Señorita Granger, necesitaremos que nos dé la información que averiguaron sobre los Mudredais para profundizar en ella y prepararlos adecuadamente.
La castaña asintió después de ver asentir a Harry y a Remus.
—En cuanto a las particularidades de ustedes cinco me ocuparé yo personalmente, así como también de su entrenamiento en Magia Antigua —afirmó Mithrandir muy serio, señalando a Harry, Ginny, Hermione, Ron y Arwen, haciéndolos tragar saliva—. Aragorn, Arwen y Angela completarán su entrenamiento Dunedain conmigo hasta el séptimo nivel apenas estén recuperados. De ese modo cumplirán mejor sus roles como tutor, guía y protectora —Los tres asintieron, los cuatro tíos de la chica preocupados por ella al igual que Nymph y Remus—. Galadriel y Elrond avanzarán en el entrenamiento en Magia Antigua con los otros que están aquí presentes, al ritmo que yo les indicaré, con las pruebas y formas de entrenamiento que yo prepararé especialmente para cada uno de ustedes.
Todos asintieron levemente, mirándolo nerviosos.
—¿No usaremos los métodos habituales? —preguntó Elrond, intrigado por lo ordenado por el anciano.
—No. Al igual que he hecho hasta ahora con la profesora McGonagall prepararé un programa especial para cada uno de ellos. La situación de los veinticuatro ahora es especial y lo adaptaré para que todos aprendan rápidamente, pero sin afectarlos ni física ni anímicamente. Con el resto de La Orden del Fénix seguiremos el plan que ya había propuesto al G.E.M.A., por lo tanto Aragorn, Arwen, Eowyn y Faramir seguirán siendo tutores en la medida de sus posibilidades. Angela y Jessica nos ayudarán en el entrenamiento de los chicos del E.D.H. según mis indicaciones.
Los seis asintieron en dirección al anciano.
Harry comprendió de inmediato que el anciano quería evitar presionarlos demasiado, dándoles la libertad de seguirse reuniendo en La Casa Flotante, lo cual le agradeció mucho. Angela les podría seguir enseñando animagia. Hermione seguiría investigando hechizos para practicarlos con ellos, Ron ahondaría en estrategias y él seguiría siendo el tutor en Defensa Contra las Artes Oscuras, avanzando todo su grupo rápidamente.
Después de descansar y almorzar regresaron al colegio la directora y los tres profesores, acompañados de Eowyn que sustituiría al anciano en sus clases debido a la "fuerte y altamente contagiosa virosis", mientras Mithrandir se concentraba en preparar el plan de entrenamiento que se les daría a cada uno de ellos. Los demás viajaron de regreso a Grimmauld para continuar con el reposo y el tratamiento indicado por el anciano, un poco inquietos por lo que les esperaba desde ahora.
Arthur se dirigió a La Madriguera para hablar con su esposa sobre la versión simplificada que habían acordado los doce de la O.D.F. darle, tanto a la señora Weasley como a sus otros compañeros, de lo ocurrido hasta ahora y los entrenamientos. Luego él hablaría con los otros miembros de la O.D.F. en cada una de sus casas, como había acordado con Remus. Faramir lo acompañó para ponerles el bloqueo adecuado a todos ellos. No quisieron convocar una reunión para poder manejar las preguntas de cada uno con calma.
Los miembros del E.D.H. se reunieron en la habitación de Angela, riñéndola por el sello que la chica había puesto en el refugio, intentando distraerla de lo hablado en la mañana. Con el mismo fin conversaron con ella sobre las bromas hechas por los gemelos cuando estudiaban en el colegio y las que ahora preparaban en la tienda, regañándolos Hermione por darles ideas a los gemelos Brown. Cuando vieron a la chica quedarse dormida organizaron camas allí con sus varitas, quedándose hablando todos en voz baja hasta quedarse dormidos.
Remus se reunió con Arwen, Aragorn, Nymph, Bill, Charlie y Kingsley para hablar de lo ocurrido y lo planteado por Mithrandir. Analizaron lo ocurrido en Dublín y los movimientos de la O.D.F. en los próximos días después de lo ocurrido tanto en Escocia como en Francia. Tenían que ampliar su red de investigación sobre los movimientos de los mortífagos en otros países. Comentaron también lo que sutilmente había dejado deslizar Aberforth en la reunión con las chicas, decidiendo que se reunirían luego con él para averiguar más.
De los interrogatorios a los tres ex mortífagos ya habían obtenido información relevante sobre los planes de Voldemort y la actuación de los tres, generándoseles ahora otro conflicto: ¿Qué hacer con ellos?
En vista de todos los problemas que tenían que resolver con urgencia, teniendo en cuenta la salud tan delicada de Angela y la leve recaída de la chica por todo lo ocurrido el día antes, decidieron mantener la vigilancia en el refugio y suspender la toma de esa decisión hasta que resolviesen las otras situaciones. Les harían ver a los huidos que esperarían a su propia recuperación después del escape y el veneno para decidir, así no levantarían sospechas en ellos tres.
Cuando terminaron la reunión Bill, Charlie y Kingsley se fueron al hospital para averiguar sobre Percy, Penélope y Clarisse, antes de irse a descansar. Arwen, Aragorn, Nymph y Remus subieron a la habitación de Angela, consiguiéndola ampliada con los doce chicos durmiendo allí.
Inicialmente se miraron sorprendidos al averiguar, mediante las varitas de los chicos, que lo habían hecho Luna, Neville, Chris & Chris. Luego Nymph y Remus los durmieron a los doce con el hechizo para que durmiesen profundamente y se recuperasen. Al día siguiente tendrían que hablar con ellos de aquello y lo que había quedado pendiente.
