Conty conty conty~! Al fin he podido sacar un poco de tiempo y escribir (y borrar muchas veces hasta quedar satisfecho con el resultado) este capítulo :3 Aunque, de algún modo, creo que ha quedado un poco corto (sonrisa maliciosa) y les dejará con bastante intriga
Capítulo veintiuno: Peligro en latencia.
— Amaimon-nii~…— aquel gemido salió como un excitado susurro lastimero.
Aquel demonio, pese a la situación en la que estaban, no dejaba de tocar el punto que lo volvía loco una y otra vez. Los ruidos obscenos llegan con una envidiable claridad a sus oídos. Su rostro, perlado por el sudor al igual que el resto de su cuerpo, se encontraba sumamente rojo.
— Que extraño — la voz de Yukio fue audible — Estoy más que seguro que vi a mi hermano entrar a este lugar.
Nuevamente, sin reparo alguno a las peligrosas circunstancias, aquel demonio le embistió con fuerza. Sentir aquel trozo de carne entrar completamente en su interior, golpeteando su próstata sin piedad alguna, causó que la vista se le nublara por el placer que sentía y Amaimon tuviese que cubrirle la boca con la mano libre para evitar que soltara algún gemido que los delatara.
— "¿¡Qué hago!? A este paso…" De seguro te confundiste, Yuki-chan — debatió nerviosa Shiemi — Rin no es de las personas que entraría a una biblioteca.
— Supongo que tienes razón — el castaño le sonrió a la oji-jade — Quizá la falta de sueño me esté afectando un poco.
En una situación normal, quizá, Rin hubiese sentido cierta molestia debido al comentario improvisado de la chica. Sin embargo, en esos momentos, solamente atinaba a agradecerle. Con cada estocada sentía alcanzar el cielo, por lo menos, así lo veía él. Su cerebro, aún más debido a su situación, no alcanzaba a procesar como habían acabado así.
~ Tiempo antes ~
— ¡Es una sorpresa~! — respondió juguetonamente, para echarse a correr, mirando de reojo al joven.
— ¡Oye, espera! — pidió yendo tras él — ¡Amaimon!
Simple y sencillamente no le habían hecho caso. Así que, sin otra alternativa, tuvo que correr detrás de su hermano. Seguirle el paso, a pesar del adiestramiento al que fue sometido por todos esos años, no era tan fácil como desearía. En primera, debido al clima, en segunda; puesto que, Amaimon a diferencia de él, era un demonio completo.
— ¡Amaimon!
— ¡Ya casi llegamos~!
Solamente para decirle eso fue por lo que volteó un par de instantes. Resignado, Rin intentó darle alcance, cosa que intentaba lograr haciendo múltiples sprint, aunque no tuviese tanto éxito como esperaba. Dado un momento, cerró los ojos e intentó ganar aún más velocidad y alcanzar al peli-verde. Sin embargo, cuando lo hizo, terminó chocando contra la espalda de Amaimon.
Mientras que él acabó cayendo de sentón a la nieve, Amaimon no se movió ni un ápice, le miró mal. Antes de poder despotricar alguna queja, tras haberse puesto de pie, pudo discernir lo que había provocado que el mayor se detuviera. Estaban en una saliente prominente, era claro, pero también…
— ¡Llegamos~! — anunció su acompañante en tono cantarín.
— ¿Dónde estamos? — cuestionó mientras veía como su hermano bajaba ágilmente la saliente.
Claramente que le imitó. Le intrigaba mucho el lugar hacia donde le había llevado. Una vez en el fondo de la pequeña barranca, se fijó en unas enredaderas camufladas por la blanca nieve simulaban una especie de cortina, la cual ocultaba la entrada hacia una cueva que a simple vista no podría distinguirse.
Vio como el peli-verde se decidió a entrar e hizo lo mismo. El lugar se sentía húmedo, lo cual, sumado al clima, provocaba que sintiese más frío del que ya tenía. Frío que se fue justo en el momento que, Amaimon, le cedió su abrigadora gabardina rojo vino. Cosa que provocó que le volteara a ver.
— Tenías frío, ¿No?
— Sí… — asintió mientras se la colocaba — Está…cálido… — admitió desviando la mirada.
Eso provocó una leve sonrisa en el de cabello verdoso. Eso le traía un buen recuerdo, hecho hace ya diez años, sobre Rin. Cuando este seguía siendo un crío de tan solamente unos cinco años, un niño energético, alegre y curioso. Y ahora…ahora, bueno, no encontraba ninguna diferencia significativa en el muchacho. Claro, exceptuando el que este se hubiera vuelto más fuerte y más alto, aunque no más que él.
— Y bien, ¿Vas a decirme ya dónde estamos? — cuestionó cruzándose de brazos.
El que había cambiado…había sido él. Odiaba admitirlo, quizá no tanto muy en el fondo de sí, pero…ya no era quien solía ser. A primera instancia, en él tampoco se notaba algún cambio, seguía con la misma actitud "infantil y exasperante" según lo calificaba Samael. Sin embargo…
— Rin, ¿Recuerdas lo que me pediste hace unos años? — cuestionó con la vista fija sobre el nombrado.
— ¿Lo que te pedí…? — repitió un poco perdido, pero no tardó en ubicarse — No me digas que…
— Sí, es aquí — sonrió levemente, viendo como Rin observaba más cuidadosa y atentamente el lugar.
Internamente era punto y aparte. Ya no podía hacer las cosas de la misma manera en la que solía realizarlas. Las cualidades de "despiadado" y "sin corazón" ya no le quedaban, ahora sabía que sí tenía lo que los humanos calificaban como "tener corazón"; Rin fue el causante de que hiciese ese hallazgo. Lo peor de todo, era que, se había vuelto también demasiado blando.
Matar a una o dos personas, más comúnmente demonios, para pasar el aburrimiento era lo más normal del mundo. Al menos para él. No obstante, desde que estaba junto al menor, sus juegos del "gato y el ratón" se vieron desplazados por cosas menos nocivas o peligrosas para la integridad del resto. Por más que odiara reconocerlo, admitirlo y aceptarlo; el Grigori tenía razón. Él era un demonio domado…
— Entonces, ¿Este…? — la voz del chico le hizo salir de su ensimismamiento.
— Sí — confirmó de inmediato — Este es el lugar en el cual naciste, Rin.
— Habías dicho que podría pedirte cualquier cosa, ¿Cierto?
— Sí, eso dije.
— Entonces…
— ¿Qué es?
— ¿Podrías…?... ¿Podrías…llevarme al lugar en el que nací…?
Con esa confirmación, vio como Rin comenzó a recorrer el lugar a detalle, a pesar de lo simple que se veía…para él, era muy importante para sí. Era él lugar en el que había nacido, el lugar en el que su padre lo había encontrado, también…él lugar en el cual se enteraría de una de las cosas que Amaimon había estado evadiendo desde que se conocían. Le sacaría la sopa, a como diera lugar, no se resignaría a un "no" por respuesta. No de nuevo.
— Dímelo — comentó de pronto.
— No — fue su escueta respuesta, sabía bien a que se refería, todos los años era lo mismo — Quizá por ahora deberíamos irnos, Shiro Fujimoto está por volver y-…
— ¡Dímelo! — le interrumpió repentinamente.
Pronto los dos se encontraban en el suelo, Amaimon tendido en este mientras Rin se encontraba encima suyo sujetándolo por el cuello del chaleco beige. La paciencia era una virtud que Rin poseía en una pequeña cantidad ante situaciones negativas y repetitivas. El enojo y frustración adornaban sus zafiros, mientras que, en Amaimon lo hacía la indiferencia por el tema.
— Rin, quítate de encima — pidió calmadamente.
— ¡No hasta que me lo digas!
— No lo haré — se negó tranquilamente.
— ¿¡Por qué!? — reclamó frunciendo el ceño — ¿¡A qué le tienes tanto miedo!?
Que el mayor desviara la mirada no le gustó para nada, para que hiciese eso…algo realmente grave debió pasar y…su reacción solamente le hacía sospechar que efectivamente así era. Aquello era lo que más le crispaba los nervios. Necesitaba saberlo de una vez por todas.
— ¡Dime quien era mi madre! — chilló exasperado
.
.
— ¿Ya va ponerse en marcha? — preguntó una voz.
— Sí, así es. Los preparativos ya casi están listos del todo.
— Entonces, esperaré su señal…Toudou-san.
El teléfono fue colgado, por una chica de largo cabello blanco atado en una coleta baja, la cual se veía más seria de lo usual. Guardó dicho aparato, desechable, en el lugar más seguro que tenía. Nadie debía de descubrirla por nada del mundo, por lo cual debía de tener extremo cuidado, el plan debía de ejecutarse a la perfección.
— ¡Hermana! — chillaron dos chicas, iguales a ella, que podría decirse que eran trillizas.
La realidad, era que, eran sus hermanas menores. Les sonrió amablemente, como solamente lo hacía con ella, cosa que las hizo derretirse de la pena. Adoraban a su hermana mayor, la idolatraban, lo cual hacía imposible que ellas sospecharan de lo que hacía. Los demás de la Orden, dado a su carácter recto y honrado, tampoco percibían algo, pero…
— Oye, ¿Qué haces ahí parada? — un joven frunció el ceño — No estorbes el paso, Mamushi.
Sabía que ese tipo, que tanto la sacaba de sus casillas, era totalmente distinto a los demás. Terco, pero hábil e inteligente, era quizá el único capaz de ver lo que el resto ignoraba. Por eso le caía tan mal y, a la vez, lo admiraba de cierta forma. Porque era el único que podría considerar a su nivel, como exorcista, cosa que lo hacía en extremo peligroso para sus planes.
— No me digas que hacer, Juzo — soltó con molestia.
— ¿¡Quién te crees para hablarle así a nuestra hermana!? — chillaron las Hojo.
— No tengo tiempo para esto, no hoy — suspiró cansado el Shima.
Mamushi vio atenta como se marchaba, con el ceño fruncido, por la hostilidad con la que se llevaban actualmente. Vagamente, de cuando en cuando, podía recordar como ellos solían jugar cuando niños y se llevaban mucho mejor que ahora. Pasando aventuras, desgracias, al punto que…
— "Deja de pensar en eso, idiota" — se riñó a sí misma.
— Hermana, ¿Estás bien? — soltaron preocupadas las menores, su rostro se le coloró.
Solían decir de grandes irían a casarse. Con una sonrisa falsa, no notoria para sus inocentes e ingenuas hermanas, se dirigió con ellas a la sala de juntas tratando de restarle importancia a lo colorado de sus mejillas. No podía pensar en esas cosas, no ahora y menos con Juzo.
Saludó a su padre con normalidad, dado que ellos no eran muy expresivos ni cariñosos en público, ni tampoco en privado. Tomó su lugar correspondiente, esperando con paciencia que diese inicio la reunión, sabiendo de antemano que Tatsuma Suguro nuevamente no asistiría. Eso la hizo rabiar.
Sin embargo, debía tener paciencia, pronto las cosas mejorarían para bien. O eso creía ella. Solamente tenía que aguardar la señal, que daría inicio al plan, debía ser paciente por un tiempo más hasta que todos los preparativos estuviesen listos. Lo suficiente como para que Saburota Toudou secuestrara al hijo de Satanás.
No me maten :v Estoy un 99.9% de que quieren lincharme XD el .1% restante está entre si es por como terminó la conty de hoy o por como les dejé comiendo ansias al principio de la actualización :| Pero, tengo una buena excusa-razón, y es que...jamás he escrito un lemon :[ Así que, ustedes díganme ¿Voy por buen camino?
Kuraloto: Bueno, aquí tienes una pequeña dosis de algo más que solo besos B) Y, bueno, espero que tu mamá no te diera con la chancla por asustarla XD
Skylerss: Habrá mucho más temita muy pronto si resulta que el lemon que escribo está aceptable *3* De cierta forma, creo que Rin es un tanto tsundere XD
cindy-chan10: Me halaga que te gustara "Entre demonios..." -/- Actualizaré el fic lo más pronto que sea posible.
A TODOS: Muchísimas gracias por estarle dando una oportunidad al fic y estarlo siguiendo, leerlo y apoyando. ¡Mil gracias! :D :3
