Capítulo 21 - F de familiar

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Marinette cuando se enfadaba podía llegar a tener un carácter de mil demonios; pero luego era la persona más bondadosa y cariñosa del mundo. Y yo había sido testigo de ello por muchos años.

Desde la escuela, cuando nos conocimos, hasta cuando actuábamos como los héroes de París. Desde novios hasta prometidos y casados ahora.

En la escuela era la primera en ayudar a cualquiera en apuros que se le cruzara por el camino y que ella conociera; incluso hasta a los que no conocía. Es gracioso recordar sus arrebatos de insolencia y altanería cuando se trataba de Chloe por supuesto, pero quién le diría a ella, tiempo después, que se llevarían también gracias a sus facetas como heroínas. La vida nos cambia a todos desde luego.

Como Ladybug está de más decir que lo daba todo por proteger París. Admiraba enormemente la seriedad con la que se enfrentaba a su papel como heroína desde la primera vez en la que juntos nos enfrentamos al primer akumatizado. ¿Cómo no iba a admirarla? Si me enamoró con esa faceta suya de tantas que posee a primera vista. Es verdad que a veces podía demostrar una actitud ciertamente dudosa e insegura cuando se enfrentaba a situaciones que temía le pudieran sobrepasar. Pero lo mejor de ella era que pese a todo, era capaz de sobreponerse a estas y seguir adelante siendo la persona más valiente que he conocido hasta ahora. Nadie podría haber llegado a ser mejor Ladybug que ella. Era un alma pura y noble con sus allegados y los que la admiraban y querían, y al mismo tiempo, justa e imbatible con sus rivales o enemigos.

Cuando por fin creía conocerla como nadie, siempre volvía a sorprenderme con una nueva faceta suya. El casarnos fue una de las mejores decisiones que tomé en su día y nunca me arrepentiré de habérselo pedido. Dios, ¡estaría loco si hubiera dejado escapar a esa chica de mi lado! Era mi alma gemela. La media naranja que me faltaba para tener una vida completa.

Llegar juntos a casa del trabajo o de visitar a sus padres; cocinar juntos o desayunar por las mañanas; ver una película hasta altas horas de la noche y dormir juntos en el sofá del salón; nuestros juegos en la cama o hasta en la ducha… Definitivamente la vida de casado había cambiado mi manera de percibir el paso del tiempo a su lado.

Y su faceta familiar… esa que tanta envidia me daba antes, cuando la veía en casa con sus padres y disfrutando de buenos momentos en familia… no hace más que provocarme y atraerme más.

-Tenía algunas ideas en mente al principio, pero al final se me juntaron demasiadas en la cabeza y ahora no me aclaro.-Responde ella con pesar y frustración.

Empezaba a refrescar por la calle, y el ligero color carmín que aparecía en sus mejillas, por del clima, se me hacía sumamente llamativo y tierno.

-Me extrañó que quisieras ir a comprar algo esta vez en lugar de hacer algo tú misma a mano. Eso es todo. Siempre sorprendes con algo nuevo y no es ningún secreto que te encanta hacerlos tú misma porque le dan un mayor significado.

-Sí, pero ella me tiene calada. Sabe que últimamente he estado demasiado congestionada con mi agenda, y no quería que le dedicara demasiado tiempo a ello. Quería que respetase mis tiempos libres, y sobre todo los de descanso.

-Recuerdo que la última vez casi te quedas dormida en su sofá después de haber estado cosiendo la noche de antes porque no te daba tiempo.-Reí con nostalgia ante el recuerdo.

-Y yo aún recuerdo sus reclamos en mi oído por ello.

A ambos se nos escaparon ciertas risas mal disimuladas mientras ella se enganchaba a mi brazo caminando por la calle. Una Alya Césaire furiosa era muy imponente. Y si no que se lo dijeran a mi buen amigo Nino, su marido.

-Así que casi me obligó a que cualquiera que fuera lo que le diese al final esta vez, no me molestara en hacerlo a mano o lo tiraría directamente a la basura sin contemplaciones.

-Es tu mejor amiga Mari, no creo que llegue hasta ese punto.

-¿Estamos hablando de la misma persona Adrien?

-¿Sí?

-¿Alya? ¿La que es casi como una hermana para mí?

-¿La misma obsesionada por ti como Ladybug desde el inicio de los tiempos?

-¡Oye, que ella no te escuche!- Exclamó divertida con ironía.

-¡Oh, pero si ese sería el mejor de los halagos para ella!

El cumpleaños de Alya estaba cerca. Y Marinette, como no, quería hacerle un bonito presente a su amiga de toda la vida. Aprovechando un sábado libre en la agenda de ambos, decidimos dar un bonito paseo, juntos, por el centro de la ciudad, para desconectar y así hacer algunas compras. Una de ellas para el futuro regalo que Mari quería hacerle a la periodista.

-¡Oh Dios! Me enamorado… ¡Adrien, mira allí!

Y la chica me soltó para salir disparada hacia un escaparate cerca de por dónde pasábamos. Sonreí sin más ante su entusiasmo y al romperse el hilo de la conversación. Estábamos a inicios de noviembre y cierto era que el tiempo en París no acompañaba aquel día, pero pese a todo, ambos quisimos salir para tener una vivencia juntos fuera de las cuatro paredes de casa y así desconectar un poco del trabajo. Tikki y Plagg habían decidido quedarse por el contrario acurrucados junto al calor de la chimenea que había encendido previamente para ellos hasta que regresáramos.

-¡Es perfecto! Tiene que ser eso Adrien. Te apuesto lo que sea a que le va a encantar.

Acerqué mi mano al cristal para poder ver mejor por el reflejo del exterior. Y Marinette tenía toda la razón del mundo. Definitivamente ese era el regalo perfecto para Alya… o al menos para lo que se le venía encima.

En el centro del sencillo escaparate había colocado un osito de felpa, aparentemente suave y tierno, dentro de una pequeña mecedora para bebés exquisitamente decorada con tonos en color crema y pastel… El regalo conjunto bueno y bonito para una embarazada primeriza.

Hacia dos semanas que Nino y Alya nos habían llamado a su casa una tarde para pasar el rato y para proponernos ser los padrinos de su primer hijo o hija. El entusiasmo de Marinette al enterarse del estado de su amiga fue arrollador y yo me sentí realmente feliz y agradecido con mi amigo y su mujer al hacernos tal petición.

Desde entonces no paraba de darle vueltas últimamente a cómo sería iniciar por fin una familia así con Marinette… No era porque no tuviéramos oportunidades para no sucediera. Era simplemente que aún no se había dado el caso y ni siquiera nos habíamos planteado el tema tras este primer año de casados. Pero verla tan entusiasmada con todo el tema del embarazo de Alya y de solo imaginármela a ella estando también en cinta… me provocaba un je ne sais qoui en el estómago que hacía crecer en mí demasiadas ilusiones ante esa visión.

-No lo dudo. Y creo que a Nino también le gustará el detalle. –Respondí para luego mirarla de reojo, aún con la mirada en otros artículos del lugar expuestos.

-¿Tú crees?- Seguía tan absorta en sus ideas y cavilaciones que me hacía desear profundizar en su mente y averiguar qué era lo que realmente rondaba por su mente, además del regalo que ya parecía más que escogido.

-Estoy seguro. Si yo fuera Nino, lo adoraría para el nuestro.

Y dejé caer la indirecta sutilmente mientras besaba su mejilla de manera fugaz.

Me quedé expectante ante su reacción y por unos segundos cruzado de brazos. Si antes, por el tiempo de la calle, me resultaba tierno el tono rojizo de sus mejillas, ahora adoraba que la causa de su mayor intensidad fuera debido a mí… y mi insinuación.

-¿Nu-nu-nuestro?

En ocasiones me llegaba a sorprender lo absolutamente cándida y seductora que podía ser, en contra posición con su faceta seductora, y con la que en otras ocasiones me había comprometido a mí.

-Perdón, quizás pueda ser también para la nuestra, ¿no? Depende de si es niño o niña la primera vez, ¿no my lady?

-¿Qu-qué…có-cóm…cuan…

No pude remediar eliminar la distancia entre nosotros y robarle un beso para acallar sus palabras mudas. Sus labios se sentían fríos y un poco secos, pero la dulzura de estos mezclada con la de su mirada… borraba cualquier pensamiento coherente de mi mente o que tuviera relación con el exterior. Con una mano en su cintura la atraje a mí para que pudiera entrar un poco en calor, al sentirla titiritar, y con otra mano en su nuca, reafirme el intenso contacto entre nuestros labios.

Eran tan adictivo como arrollador. Siempre me hacía querer más con un simple gesto, con una caricia o una mirada. Una de sus manos, contra mi pecho, parecía querer palpar los latidos locos de mi corazón, mientras que la otra se había colado por mi cuello y me acariciaba por momentos ciertos mechones de la nuca arrebatándome algún suspiro.

Al momento de separarnos para respirar está demás decir que me costaba recuperar el aire perdido. El vaho que salía de nuestras bocas no sabía a ciencia cierta si era por falta de aliento o por las bajas temperaturas que nos abrumaban. De alguna manera había comenzado a nevar y ninguno de los dos nos habíamos percatado de ello. Aún perseguíamos los iris del otro sin romper el abrazo que había creado.

-¿Te desagrada la idea?-Susurré con una sonrisa imborrable pegando nuestras frentes.

-En absoluto… Es solo que…

-¿Es solo qué?- Repetí literalmente sus palabras con tono de obviedad. Su sonrisa, tan especial para mí, tampoco desaparecía de su rostro, maravillándome.

-Que… que nunca me esperé que tu fueras a… a proponerlo…

-¿Por qué no?

-No-no sé… Creo que también he fantaseado demasiado con la idea de tener una familia grande…Eso me ha llevado a pensar a veces que tú puedes tener una idea más sencilla de…

Besé su frente con amor y encandilado ante sus palabras. Lo único que deseaba es que no me diera una negativa… y había hecho mucho más que eso. Me había confesado, sin proponérselo o no, que deseaba tener una familia grande… y lo mejor, es que era conmigo…

Gritaría a todo pulmón en esos momentos sino fuera porque quizás podría asustarla ante su estado actual o porque parecería un loco en mitad de la calle. Adrien Agreste quizá podía mantener la compostura por aquel momento, pero quizás más tarde o en la próxima salida nocturna como Chat, nadie podría mirarme mal al querer gritar del entusiasmo saltando entre tejado y tejado por semejante revelación.

-Una familia contigo sería el mejor sueño cumplido de mi vida.

Sus caricias en mi nuca reincidieron, provocándome una leve risita feliz. Mi respuesta parecía haberla satisfecho y sus ojos tenían un brillo encantador. Frotó su nariz con la mía de forma divertida y risueña.

-Gatito bobo…

-Tu gatito, mi reina…

-¿No que era tu princesa?- Río ante el cambio de mi mote típico hacia ella.

-Eras-Respondí locuaz y guiñándole un ojo- A partir de ahora serás mi reina, y a la única chica a la que voy a llamar mi princesa a partir de ahora será a la que te llame mami y a mi papá…

Sus ojos se mostraron de forma clara su sorpresa. Y el pico fugaz que me robó a mí después fue un claro arrebato de su parte que me dejó con el norte perdido por la luminosidad de su expresión entusiasta.

-Podría acostumbrar entonces a ese mote nuevo…- Sonrió.

La sentí temblar ligeramente entre mis brazos de nuevo un poco. Y notando la fuerza con la que empezaba a levantarse ciertamente el aire, decidí separarme un microsegundo de ella para tomar la bufanda que llevaba atada a mi cuello para colocárselo mientras me aseguraba de que llevara bien su abrigo.

-Será mejor que entremos a la tienda a comprar el regalo y volvamos pronto a casa. Las tiendas tendrán que acabar por hoy. El tiempo está empeorando y no quiero que te pongas mala.

-Enma, Hugo y Louis…

-¿Qué?- Respondí brevemente confuso ante sus palabras sin haberla podido escuchar bien.

-Enma, Hugo y Louis… Dime boba, pero… siempre he fantaseado con la idea de… bueno… estar casados como ahora, vivir juntos en un bonito hogar y… poder llamar a nuestros hijos así…

-¿E-enserio?

Aquello sí que me dejó mudo, asombrado y… encantado. Verla asentir levemente y tímida a mi pregunta me enseñaba cuán importante podía llegar a ser yo en su vida para ella. Descubrir cómo quería, imaginaba o planeaba una vida junto a mí… siendo los dos felices el uno junto al otro… era algo…

-Te amo, ¿lo sabes verdad?

Tomé su mejilla para admirarla con amor, ternura y cariño.

-Y yo a ti… mi amor.

Confirmado. Estaba muerto de amor por ella. Profunda e irrevocablemente. Hasta el final de mis días y durante toda la eternidad.

Estaba seguro de una cosa. Si nuestros futuros hijos llegaban a disfrutar, de parte de ella, de un amor tan profundo y honesto como el que me procesaba a mí en momentos como aquel, lo cuál no tenía dudas de que así fuera seguro, serían los niños más felices sobre la faz de la tierra.

Ojalá yo hubiera vivido una vida hogareña y feliz durante toda mi infancia como ella. Ojalá viviera un ambiente tan familiar como el que ella tenía cada vez que visitaba su hogar. Quizás la relación que tenía mi padre hubiera mejorado con los años, pero aún no seguía siendo la más idónea. Pese a todo ello, no me importaba, no sentir ese tipo de amor familiar y hogareño.

No me importaba porque ahora la tenía a ella, a Marinette, conmigo. Y juntos podíamos empezar de cero nuestros propios recuerdos y nuestra propia familia desde cero. Ella y los suyos también se habían convertido en parte de mi familia también. Y solo esperaba que con el tiempo, esos nombres que Marinette se había atrevido a revelarme, entre copos de nieve y brisas heladas una tarde invernal de París, no quedarán en el olvido. Ojalá que fueran una realidad y pudiese tener esa familia que ahora no solo soñaba ella con tener, sino ambos.