Disclaimer: Esta historia no es mía, los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo traduzco.
Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Stepanie Meyer and the author is Drotuno, I just translate.
Muchas gracias a mi amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia.
CAPÍTULO 21
EDWARD
Bella y yo caminamos por el pasillo y salimos hacia el porche del frente donde parecía haber una confrontación entre todos los que estaban dentro de la casa y Esme y compañía. Estaba encabronado y no deseaba más que volver a mi habitación y terminar lo que había empezado con Bella, pero el hecho era, que no podía. No que me detuviera de pensarlo, planearlo, porque no habíamos hecho nada como eso desde que dejamos mi casa en Forks, y la necesitaba… como nunca jamás había necesitado nada en mi vida.
Nadie en el porche dijo una palabra mientras los observábamos salir del coche de Bella. Esme parecía preocupada mientras estaba flanqueada por tres hombres bastante grandes pero un poco viejos. Si tuviera que adivinar, hubiera dicho que tenía más o menos la edad de mi padre. Los tres estaban en buena forma, vestidos en pantalones negros o azul marino, no podría decir cuál. Respiré hondo, sacudiendo mi cabeza, porque todos los hombres se veían serios sobre estar aquí, aun cuando parecían estar esperando a que Esme dijera algo. Sin embargo, fue mi chica la que habló.
"Esme, ¿qué estás haciendo?" Preguntó casi en un susurro, negando y haciendo una pequeña mueca, muy probablemente por haber roto el silencio.
"Bella, Edward, vengan a conocer a mi hermano," dijo, haciendo un gesto con la mano hacia el hombre a su lado, que resultó tener el mismo color de cabello que Esme.
Bella bufó, mirándome y los dos avanzamos.
"Esme, no sé si deberías haber hecho esto," le dije frunciendo el ceño.
"Relájate, Edward," se rio Esme. "En algún momento te dije que tenía mis propias conexiones, y pensé que necesitábamos toda la ayuda que pudiéramos conseguir cuando nos vayamos a Seattle." Se volvió hacia su hermano. "Eleazar Platt, este es el hijo de Carlisle, Edward Cullen. Y ella es Bella Swan," le dijo, tirando de mi chica para acercarla.
Eleazar estrechó mi mano con firmeza, un gesto de cabeza y una sonrisa divertida, preguntando, "No te lo dijo, ¿cierto?"
"Para nada," me reí con un resoplido, dándole a la novia de mi padre una mirada mordaz.
"Ezzy, te dije que les dijeras," se rio, rodando los ojos. "Ve al grupo detrás de ellos. Habrían disparado primero y hecho las preguntas después. Carlisle probablemente los entrenó de esa forma… yo los hubiera entrenado de esa forma."
Todos nos volvimos para mirar hacia el porche, y solté una risita por la posición protectora que habían tomado. Ni siquiera tuve que preguntar para saber que cada uno de los cabrones allá arriba cargaba al menos un arma, si no tenía una ya en la mano que no podía ver.
"Descansen," declaré, agitando una mano hacia ellos y volviéndome de nuevo hacia los hombres frente a mí.
Fue entonces cuando vi la tinta en sus antebrazos—cada uno de ellos. Eran Seals de la Marina(1)—o al menos lo habían sido en algún momento.
Le estrecho mis ojos a Eleazar. "¿Seals?"
"Retirados," dijo con una sonrisa. "Ahora somos… algo más," se rio entre dientes, haciendo un ademán hacia los otros dos hombres, que se habían quedado callados en el fondo. "Felix Stuart, Eric Yorkie… conozcan al hijo de Carlisle."
Gestos de cabeza pasaron entre nosotros.
Luego se volvió hacia Bella. "Y la señorita Bella," la presentó.
Los dos hombres estrecharon su mano, murmurando sus condolencias.
"Gracias," respondió en voz baja. Con sus ojos entrecerrándose hacia los tres hombres, mi chica continuó, "¿A qué te refieres con… algo más?
Eleazar le sonrió cálidamente. "Somos de la CIA. Y cuando hablé con Ezzy, dijo que puede que necesitaran algo de ayuda."
"Por qué no vamos adentro, y les explicaré todo," sugirió Esme.
Todos subimos al porche delantero.
"Todo el mundo al comedor. Ahora," ordené, haciendo un gesto para que todos entraran.
No estaba seguro de alguna vez haber visto tanta gente en el comedor de mi tía al mismo tiempo. Mi equipo estaba de pie a lo largo de las paredes mientras que Eleazar y sus dos hombres tomaron asiento a la mesa conmigo, Bella, Esme, Rose, Alec y Alice—la última con su siempre presente computadora frente a ella. La tía Kate estaba de pie en la cocina, mirando a todos con un par de ojos entusiastas.
"Edward, por favor, no te enojes," Esme suspiró, rodando los ojos. "Sé que debía haber dicho algo, pero no estaba segura de que él pudiera venir, y entonces tampoco sabía si se le necesitaría. Vio los eventos con Carlisle y Charlie en la televisión y me envió un correo."
"No estoy aquí para interferir," declaró Eleazar levantando las manos. "Simplemente estoy ofreciendo mi ayuda. Hemos estado al tanto de la situación con Royce King por algún tiempo. De hecho, estábamos a punto de tomar el asunto en nuestras manos hasta que me di cuenta que Carlisle estaba involucrado. Trabajé con tu padre en el extranjero hace muchos años, Edward, y salvó mi trasero en una situación difícil, así que le debo un favor… o dos," murmuró, dándole a Esme una sonrisa irónica.
Respiré profundamente, mirando alrededor hacia Jasper y Alec. Los dos llevaban expresiones ilegibles en sus rostros, muy probablemente igual a la mía. La CIA era un nivel diferente de mierda completamente en comparación con lo que ya habíamos estado lidiando.
Me volví de nuevo hacia Eleazar y Esme. "¿Qué tipo de ayuda? No estoy diciendo que no confíe en ti, Esme, pero esto es un poco inesperado," declaré encogiéndome de hombros. "La CIA es—"
"Intocable, en este caso," interrumpió Eleazar. "Royce King está a punto de ser liberado de vuelta a las calles de Seattle. Por lo que escuché, hay una blanco sobre ella, particularmente," señaló, haciendo un ademán hacia Bella. "En ti y en tu padre también, muchacho. Lo cual incluye a todos ustedes, si se proponen protegerlos."
"Lo sabemos," dijo Bella, sacudiendo su cabeza.
"Oh, estoy seguro que sí, señorita Bella," Eleazar se rio. "En la calle se dice que hay una buena cantidad de dinero por su cabeza… viva. Están dispuestos a ir a la guerra para atraparla, dispuestos a matar a todo el que la conozca. De lo que también no se ha dado cuenta es que King ha estado comprando y vendiendo armas fuera del país por años, a gente que no queremos que tenga armas. Esperábamos que Swan pudiera testificar contra él para poner fin a eso, pero desafortunadamente—"
"Murió," gruñó Bella, sus ojos poniéndose casi negros por la ira. "Siento que hayan perdido su… salida fácil."
"Tranquila, dulzura," susurré en su oído, acariciando su muslo bajo la mesa. Me enderecé en mi asiento y encaré de nuevo a Eleazar pero le hablé a Bella. "Solo estaba declarando los hechos, amor. Tal vez podría tomar en cuenta que Charlie Swan era tu maldito padre," gruñí, levantándole una ceja a él.
"Lo siento, Bella," Eleazar hizo una mueca, sacudiendo la cabeza. "Estoy tan acostumbrado a lidiar solo con bueno, malo, negro, y blanco… que algunas veces olvido que son personas y nos solo un nombre en un archivo, ¿de acuerdo?"
"Lo que digas," murmuró bajo su aliento, pero entrelazó nuestros dedos en su regazo.
Froté sus nudillos con mi pulgar porque mi chica era feroz. No necesitaba que se le lanzara al cuello a alguien… todavía.
"Seguridad Nacional ha estado vigilando a King, pero lo cancelamos," continuó, su tono un poco más suave ahora. "No podemos pescarlo ahora… bueno, legítimamente," dijo, pronunciando la última palabra con desdén, parece haber algo vivaz e inteligente en él que me recuerda a mi padre, mi equipo.
Este tipo quería entrar porque no solo pensaba que King era un gusano sino que merecía más que solo una sentencia de prisión.
Sonreí con suficiencia, sacudiendo mi cabeza. "Los federales quieren que Bella testifique contra King en lugar de su padre… otro cargo, otro problema. Y es Riley Miller el que la quiere con vida. Si quieren una guerra, podemos darles una, pero no he decidido si nos vamos a ir o no. Estaba esperando por un poco más información de mi padre y de nuestro contacto con los federales. ¿Qué tienes en mente?" Pregunté, apoyando mi codo en la mesa.
"Lo que sea que se necesite para derribarlo," Eleazar dijo encogiéndose de hombros. "No estoy aquí para relevarte, chico. Estoy aquí como un favor a mi hermana, como ayuda para tu padre. Mi trabajo en la CIA era deshacerme de él, por cualquier medio necesario," declaró, pasando a explicar que sabía casi todo lo que habíamos pasado.
No sabía si Esme le había dicho esas cosas o si había estado al tanto de la información debido a dónde trabajaba, pero estaba tan enterado como todos los demás en la casa. Lo único que no sabía eran cuáles serían mis siguientes pasos.
"¿Y ellos?" Gruñí, haciendo un gesto hacia los dos tipos con él. "Puedo conocer y confiar en el juicio de Esme, ¿pero cómo sé si puedo confiar en ellos? Los cabrones de King están por todos jodidos lados. Debes de entender mi preocupación, Eleazar."
Felix se inclinó hacia adelante, abriendo su boca para hablar, pero fue Alice quién nos dejó a todos atónitos.
"Felix Stuart, ex Navy Seal. Está condecorado con un Corazón Púrpura, después de haber recibido un disparo en el brazo durante un conflicto en Panamá, que se supone es clasificado, aun así… aquí está," canturreó, dándole una sonrisa pícara antes de continuar. "Se retiró de la Marina—una baja honorable, solo para recibir un cheque ocasional de… Mmm, Eleazar Platt. Después de dos años su identidad se detiene por completo… sin embargo, todavía gestiona la compra y venta de acciones en Ameritrade. Es dueño de una casa en Portland, conduce una Porsche Cayenne, y de vez en cuando vacaciona en Malibú."
Todos en la habitación se quedaron quietos con la excepción de mi chica, que miraba a Alice con una sonrisa llena de orgullo en su rostro.
"Ahora… Eric Yorkie, por otro lado," Alice suspiró dramáticamente, rodando los ojos. "Cinta negra en karate, especialista en explosivos, también un Navy Seal retirado. Prefiere una motocicleta a su Thunderbird clásico, pero tiene la custodia temporal de su sobrina, Chelsea. Chelsea está residiendo actualmente con su casa en Olympia, con su esposa, Janet. Sin embargo, no es Yorkie. Su apellido en realidad es… Hunter. Ahora bien… ¿no es eso interesante?" Reflexionó, mirando por encima de la pantalla.
"¡Mierda!" Makenna gruñó. "Eres familiar de Victoria Hunter, ¿no es así?"
Toda la habitación se quedó quieta—en un silencio absoluto— mientras esperábamos que un inquieto Eric respondiera la pregunta. Jasper se movió antes de que pudiera detenerlo, y de pronto, Eric tenía una cuarenta cinco presionada en su sien.
"Será mejor que empieces a hablar, pendejo, porque ese no es exactamente un nombre que guste mucho por aquí. Ella causó un gran caos no hace mucho tiempo," gruñó, sacudiendo su cabeza a Eleazar y Felix cuando se pusieron de pie. "Nu-uh, chicos… primero quiero respuestas porque recuerdo particularmente a una pelirroja de nombre Victoria Hunter haciendo una llamada en una oficina legal… casi consiguiendo que Bells y Eddie fueran asesinados, así que primero quiero una puñetera respuesta."
En el fondo, me estaba riendo porque nunca hubo mucho que pusiera nervioso a Jasper, pero cuando lo hacía, por lo general giraba en torno a la traición o que alguien saliera lastimado por decisiones estúpidas. Era muy posible que le disparara a este tipo si no le gustaban las respuestas que escuchara, y a estas alturas, casi no me importaba.
"Es mi hermana," gruñó Eric. "Se involucró en alguna mierda hace mucho tiempo. Salía con el sobrino de King y él la hizo adicta a la coca, hombre. Perdió la custodia de Chelsea conmigo, le debía a King más dinero del que podía pagar, y él la hizo…" Se detuvo, sacudiendo la cabeza y sin terminar esa oración, pero podía imaginarme muy bien por qué el pendejo la había mantenido cerca. "¡King la ha tenido bajo su control desde entonces porque le dice que le debe!"
"Sin embargo," añadió Alice, dándole una mirada cautelosa, "Victoria tiene un nuevo departamento, un nuevo coche, y viajes regulares al spa."
"Correcto," Eric bufó con ira. "Todo proporcionado por King, pero no deja de tener su precio. Si King ya no está, ella será libre de conseguir la ayuda que necesita."
"¡Suficiente!" Gruñí, incapaz de soportar más información sobre ese pendejo de King. "Jazz, retírate."
"Ed—" Comenzó a discutir pero lo interrumpí.
"¡Baja tu maldita arma, Jasper!" Le ordené, empezando a levantarme. "Es suficiente, hombre."
De mala gana Jasper bajó su cuarenta y cinco a su costado, pero no se alejó de Eric; ni sus ojos dejaron la parte trasera de la cabeza del hombre.
Eleazar y Felix se sentaron de nuevo, viéndose un poco inquietos. Pasé una mano por mi cabello, frotando mi rostro antes de volverme de nuevo hacia ellos.
"Como podrán ver estamos un poco nerviosos por aquí," dije con un suspiro, haciendo un gesto con la mano alrededor de la habitación. "La muerte de Charlie Swan fue una conmoción y solo nos hizo cerrar aún más nuestro círculo en torno a Bella." No pude evitar darle un ligero apretón a la mano de mi chica con esa última declaración. "Mi padre dijo que se reuniría con nosotros pronto, pero estaba investigando a alguien que trabajaba para Twilight Tech. También estoy esperando la fecha de liberación de Royce King de nuestro hombre dentro del FBI, que sucede también está rastreando a Riley Miller para mí."
Eleazar respiró profundamente, negando. "Sin embargo, tienes un plan. No serías el hijo de Carlisle si no fuera así."
"Lo tengo."
Asintió, recostándose un poco en su silla. "¿Por quién te vas a ir primero?"
Estudié el rostro del hombre, decidiendo finalmente que no tenía otra alternativa. Me volví hacia Alice y le dije, "Envíale un mensaje a mi padre y a Benny. Dile a ambos lo que tenemos aquí y diles que necesitamos tanta información como puedan entregarme lo más pronto posible. Tomaré mi decisión después de eso."
"Claro, claro, claro," repitió, mirándome de nuevo antes de mirar a Bella, sus putos dedos tecleando cuando ni siquiera estaba mirando.
"Solo hazlo, duendecillo," dijo con un suspiro, su frente arrugándose ante la presión que estábamos soportando mientras miraba hacia la mesa. Finalmente levantó su mirada hacia mí. "Nos vamos a ir, ¿no es así?"
"Me temo que sí, amor," le dije y luego levanté la vista hacia Eleazar. "Si vamos a hacer esto, ¿cuáles son mis límites contigo? No quiero meterme en esto y luego mi equipo y yo terminar en la cárcel o frente a un pelotón de fusilamiento al final del puñetero día."
"Ninguno," resopló, llevando una sonrisa irónica. "Estoy por mi cuenta en esto, pero mis supervisores no les importa cómo se deshagan de King, siempre y cuando ya no esté. En lo que a mí respecta esto," comenzó a decir, haciendo un círculo con su dedo alrededor de la habitación, "nunca sucedió, justo como cualquier otro trabajo que hizo tu padre antes para el gobierno."
Me vuelvo hacia Bella, que está analizando a Eric con ojos entrecerrados y penetrantes. Dio un profundo suspiro e hizo una pregunta que realmente no estaba esperando.
"Chelsea es hija de James, ¿cierto? Es la sobrina nieta de Royce King."
Eric palideció, mirando a Eleazar y luego de nuevo a Bella. "No estamos seguros," susurró. "Y no queremos hacerle la prueba porque si King lo sabe—"
"Ella será la heredera de la más grande fortuna de la mafia desde los Gottis," dijo Rose con un resoplido, rodando los ojos. "Y definitivamente te la quitaría."
Sonreí ante la expresión de sorpresa en los rostros de los tres hombres. Quería decirles que eso es lo que esas chicas hacían para vivir—sacar la verdad y feos secretos de la gente—pero estaba disfrutando muchísimo sus expresiones de preocupación. El equipo de Bella añadía un elemento de inteligencia y astucia que nunca había tenido antes con mis chicos y Mickey, y me estaba malacostumbrando a ello.
Sin embargo, Felix se rio, su cabeza cayendo hacia atrás mientras se carcajeaba. "Vaya que tienes un gran equipo aquí, Edward. Me sorprende que King siga caminando por el patio de la prisión."
Me reí con un resoplido, sacudiendo mi cabeza. "Ha estado en confinamiento en solitario desde el juicio; de otra forma, no lo estaría."
Eleazar sonrió, negando. "Oh, chico, recuérdame no encabronarte. ¿Y dónde diablos encontraste esta cosita?" Preguntó, señalando a Alice.
"Fue concebida en secreto," Makenna soltó unas risitas. "Alice está hecha de polvo de hada y un jodido procesador de computadora endemoniadamente rápido."
Todos en la habitación estallaron en carcajadas, incluyendo Alice, que solo se encogió de hombros y volvió a mirar su computadora cuando sonó con un mensaje entrante.
"Bueno, aquí vamos," Emmett le murmuró a Mickey, que resopló y asintió.
Alice tragó grueso, mirándome por fin. "Tu padre me pide que te diga que confíes en Eleazar, que deberías poder utilizar sus habilidades. También dice que está dejando Seattle en este momento, que lo esperemos en dos días. Benny dice que no se espera a King en la corte sino hasta después del fin de semana, donde en ese momento, se programará una fecha para su liberación. Dice que esperemos que King esté en la calle en menos de una semana. También dice…" Se detuvo, haciendo una mueca y mirando a Bella.
"Escúpelo, Alice," Bella le dijo.
"Dijo que el agente que tenía con Miller acaba de ser encontrado debajo de un puente, colgado con su propio cinturón…" La voz de Alice se fue apagando, y pude oír a Bella inhalar bruscamente.
"Mierda," dije en voz baja, mirando a mi chica, que se había puesta blanca como una hoja.
Sin un hombre con Miller, no tendríamos una pista de dónde encontrarlo. Las manos de Bella temblaron un poco cuando apartó el cabello de su rostro.
"Lo encontraremos, bebé," le susurré, tomado su rostro entre mis manos.
Asintió, mirándome con ojos cansados, pero fue su fuerte agarre en mi muslo lo que me dijo que había terminado con esa conversación.
Miré alrededor de la habitación, mi mirada cayendo finalmente en Alec. Sus ojos eran cálidos y tristes mientras miraba a Bella.
"Alec, por favor, pon al tanto de todo a estos hombres," le dije. "Cualquier idea que puedan tener, toma nota."
"Edward," mi tía Kate me llamó desde la cocina. "Termina por hoy, hijo," dijo con dulzura. "Ha sido un largo día, y al parecer los siguientes también lo serán. Los planes pueden esperar. De todos modos, no vas a ir a ningún lado hasta que Carlisle llegue aquí." Se volvió hacia Eleazar y sus hombres. "Tengo espacio suficiente, así que vamos a acomodarlos, chicos."
"Sí, señora," concordé, poniéndome de pie y ofreciéndole a Bella mi mano. "Ven, amor. Vámonos."
~oOo~
BELLA
Creo que había una parte de mí que confiaba demasiado en el contacto de Benny. Esperaba que en algún momento—tal vez después de que King fuera liberado—averiguaríamos donde estaba Miller, y que se terminaría, pero las noticias que Alice había leído fue como si el último hilo de esperanza se rompiera bajo el peso de toda la mierda por la que habíamos pasado.
Ahora no teníamos idea de dónde estaba Miller, con quién estaba trabajando, y sin un agente en encubierto que eventualmente nos lo dijera, tal vez nunca lo sabríamos. Y él era el tipo de monstruo que nunca se detendría hasta que terminara lo que había empezado conmigo.
Eleazar y sus hombres parecían sinceros y ciertamente recordaba a Esme amenazando a Carlisle con que llamaría a su hermano si las cosas no mejoraban. Al parecer, su paciencia con la incierta seguridad de Carlisle y la inminente última misión fue demasiado para ella porque había llamado a su hermano de todos modos. Casi podía comprenderla. El hombre que amaba se había puesto constantemente en peligro a fin de reunir tanta información como pudiera, pero ella estaba aterrada, llamando a la única persona que pensó podría ayudar a un grupo de personas ya de por sí mortífero. Con toda honestidad, podría sernos de ayuda. Solo pasaba que el momento que había elegido no era del todo adecuado, o demonios, tal vez era perfecto ya que mi padre ya no estaba. Teníamos que cambiar todo dado que ya no teníamos que ocultarnos para su protección.
Mientras Edward me conducía por el pasillo hacia la habitación que compartíamos, observé su fuerte espalda y hombros—hombros que todavía cargaban el peso del mundo en ellos. No estaba preocupada por Miller llegando a él porque no podía haber dos hombres más diferentes, físicamente. Riley Miller era delgado, aunque fuerte, con una vena de maldad de un kilómetro de largo. Había golpeado al hombre de Álvarez hasta matarlo frente a mí sin una sola arma, por lo que sabía que podía pelear, pero también había huido ante la primera señal de problemas, lo que lo hacía un cobarde. Y en eso era donde él y Edward eran tan diferentes. Mi Edward no era un cobarde, no era débil, y si tuviera que adivinar, era diez o doce centímetros más alto que Miller.
En una pelea justa, Miller perdería frente a Edward, sin lugar a dudas. Sin embargo, había un problema, porque estaría dispuesta a apostar que Miller nunca había peleado justo. Jamás. Miller me usaría contra Edward a fin de ganar poder sobre él. Y ese fue el pensamiento que hizo que un escalofrío sacudiera todo mi cuerpo porque a pesar de lo lejos que había llegado con todos mis miedos, cicatrices y recuerdos, la idea de que Miller alguna vez me pusiera otra mano encima me hacía sentir enferma.
También me hacía anhelar las caricias de Edward—caricias que anulaban todas las cosas malas—con un fuego que todo lo consumía. Casi necesitaba que me marcara con sus caricias, sus besos, y sus palabras.
Nos encontramos de nuevo en el sofá en el que habíamos estado cuando toda esta tarde comenzó, y estaba de pie entre las piernas de Edward. Me miraba con un rostro lleno de preocupación, sus ojos oscuros y su frente arrugada.
"Estás muy callada, amor," dijo en voz baja, levantando su mano para meter mi cabello detrás de mi oreja. "Cuando estás callada, me preocupo. Sé que tienes opiniones sobre toda esta mierda, así que déjame escucharlas."
Tomé una respiración profunda, sacudiendo mi cabeza. Me incliné hacia él, quitando su ahora muy largo cabello de su frente, presionando mis labios allí.
"Necesitas un corte," murmuré en voz baja, sonriendo por su risa.
"Bien, le diré a tía Kate por la mañana," resopló, rodando los ojos. "Hace un magnífico corte militar."
"Que no te quite demasiado de arriba," gruñí, pasando mis dedos por sus mechas rebeldes.
Sonrió y asintió, envolviendo sus brazos alrededor de mi cintura. "Sí, señora. Ahora habla conmigo."
Tracé con mis dedos su hermoso rostro, bajando por su nariz, y a lo largo de la línea de su mandíbula antes de que hablara. "Es el momento de ir a Seattle. Deberíamos llegar allí antes de que King sea liberado, haciendo un espectáculo de ello, pero dándoles solo un vistazo de mi protección… tú y Emmett. Carlisle tendrá que estar allí también, para guiarme a través del proceso del funeral y reunirme con los empleados de Charlie. Todos los demás—Eleazar y sus hombres incluidos—debería estar ocultos, fuera de la vista. Seguiremos el resto del plan al pie de la letra. Encontraremos a cada uno de los hombres de King que quedan, ya sea tendiéndoles una trampa para que sean arrestados o liquidándolos por completo."
"¿Quieres dejar a algunos con vida?"
"Puede que algunos estén atrapados… como Victoria," respondí con un encogimiento de hombros. "Puede que no tengan opción más que trabajar para King, ya sea por miedo o necesidad. No hay forma de saber a cuántos extorsiona, Edward.
Asiente pero se queda callado por un momento, dejándome continuar.
"Por la noche, los cazamos," le dije. "Por el día, interpreto el papel de la solícita hija en duelo, con dos guardias bastante grandes, bastante guapos, pero con apariencia de cascarrabias. Tendré que ocuparme de los negocios de TT, así como los de Gravity, teniendo en cuenta que ha sido reducido a cenizas."
"¿Crees que Em es guapo?" Dijo con un bufido, rodando los ojos.
"No, Rose sí," solté unas risitas, dándole un manotazo. "¡Ese no es el punto, bebé! Supuse que era en eso en lo que te fijarías," murmuré, sonriendo con suficiencia antes su risita sexy.
"Solo comprobando, amor." Se rio, sonriéndome. "Un hombre tiene que saber en qué posición se encuentra, ¿sabes?"
"Cállate," gruñí, rodando los ojos. "Tu posición es conmigo."
"Sí, señora."
"Podemos hacer que King muerda el anzuelo en el funeral. Hacerle pensar que estoy sola cuando suba a la oficina de mi padre y el departamento," continué con un encogimiento de hombros porque con toda sinceridad, no sabía cómo reaccionaría King cuando fuera el centro de la atención pública. "Si no muerde el anzuelo entonces, lo hará eventualmente porque va a querer saber cuánto recuerdo."
Edward frunció el ceño, dejando una mano en mi cintura, pero la otra subió para tocar mi mejilla con el dorso de sus dedos. Tragó grueso, sacudiendo un poco su cabeza.
"¿Qué hay con Miller, amor?" Preguntó, su voz hosca ante la mención de ese nombre.
"Uno de esos hijos de puta tiene que saber dónde está," bufé, "así que haremos algunas preguntas—instándolos, a que nos digan cómo encontrarlo. Él también se sentirá tentado una vez que llegue a casa. Soy una gran amenaza para él, desde que me escapé."
Hizo una mueca de desdén, sacudiendo su cabeza. "Voy a matar a ese cabrón antes de que esto termine, Bella," juró, girando su cabeza para besar mi palma que no había dejado su rostro. "No te tocará de nuevo—o a nadie más, si vamos al caso."
"Lo sé."
Edward se quedó callado mientras observaba mi rostro, tocándolo con caricias suaves. Respiró hondo una vez más antes de decir, "No me gusta… ¡Espera, bebé!" Levantó su mano cuando comenzaba a discutir. "Dije que no me gustaba, no que no fuera la única manera. Es la única maldita forma de hacerlo. No me gusta porque te deja muy expuesta siendo el centro de atención, y simplemente no puedo permitir que nada te pase."
"Por eso vas a estar a mi lado, Edward."
"Todo el puto tiempo," gruñó, su frente tocando mi estómago. "Van a pagar por lo que te hicieron, Bella."
Me estremecí ante la amenaza en su voz, y se echó hacia atrás para mirarme.
"¿Eso te asusta?" Preguntó, frunciendo el ceño por otro estremecimiento.
"Lo único que me asusta es la idea de Miller tocándome de nuevo," susurré tan sinceramente como pude, pero esas palabras parecían impropias para decirlas en voz alta. Tomé su rostro entre mis manos, llevando mis labios a los suyos. "No quiero el toque de nadie más de nuevo más que el tuyo. Y lo necesito… ahora."
Ya me había cansado de hablar de toda la mierda que teníamos que hacer, que deberíamos hacer, que necesitábamos planear. Estaba cansada de cada nombre que discutíamos, cada plan, cada esquema, cada situación hipotética, porque quería perderme en el hombre que estaba frente a mí.
Por un maldito minuto, quería pretender que nada estaba pasando afuera de las cuatro paredes detrás de las que estábamos encerrados. Quería ahogarme en su piel, con su olor y sus caricias. Deseaba desesperadamente volver a su casa, a esas preciosas horas en las que nos perdimos haciendo el amor por primera vez, entregándonos a algo que era más grande que solo nosotros dos.
Edward ni siquiera me interpeló, y por una fracción de segundo me pregunté si él también se estaba sintiendo de la misma forma, porque sus manos se deslizaron poco a poco por debajo de mi camiseta, subiendo la tela alrededor de mis senos, quitándomela finalmente y dejándola caer al suelo. Mis tenis, jeans y la liga en mi cola de caballo le siguieron.
Llevando su mano detrás de su cabeza, agarró su camiseta en un puño y se la quitó, y pronto, me puso en su regazo, piel con deliciosamente suave piel.
Vi como una sexy sonrisa torcida curveó su rostro mientras sus manos rozaban cada centímetro de mi piel.
"¿Qué?" Solté un resoplido, ahogándome en sus ojos oscuros que me miraban a través de sus largas pestañas.
"Recuerdo tenerte así pero había pijamas en mi camino…"
Sonreí ante el recuerdo de la cabaña, donde lo había despertado. Había estado en el sofá de su habitación entonces y me llamó. Empezamos a probar mis límites cada vez más después de eso. Allí me tocó por primera vez íntimamente, aunque fue por encima de la tela de mis pantalones de pijama.
"No quiero nada entre nosotros," dije en voz baja, acercándome más a él a la vez que me ponía a horcajadas en sus muslos.
Su erección estaba atrapada entre nosotros mientras me inclinaba para besarlo. Me encontró a medio camino, una mano agarrando mi cabello en mi cuello, la otra deslizando suavemente sus dedos por mi espalda hasta que llegó a mi trasero. Agarrando y masajeando mi nalga, me restregó contra él a medida que la habitación pronto se llenó de jadeos, gemidos, murmullos y susurros de amor.
Prácticamente gruñí en apreciación cuando su mano sujetó mi cabello con más fuerza, echando mi cabeza hacia atrás de manera que pudiera besar mi cuello con rudeza.
"Por la mañana iba a degustarte, bebé," ronroneó, chupando el lóbulo de mi oreja y arrastrando sus dientes sobre él.
"No," bufé, entrelazando mis dedos en su cabello. "Está vez no. Necesito… quiero… te quiero dentro de mí. Necesito sentirte, Edward."
El sonido más hermoso retumbó en su pecho, tal vez un gemido o un gruñido, posiblemente una combinación de los dos; el saber que yo había causado ese sonido combinado con el hecho de que su polla se sacudió entre nosotros me hizo sentir poderosa y hermosa.
Deslicé mi mano entre nosotros, envolviendo mis dedos a su alrededor y levantando la vista hacia su rostro. Levantándome, estaba a punto de posicionarme sobre él cuando me detuvo.
"Quiero que te corras bien una vez para mí, dulzura," ordenó, tomando ventaja de la posición en la que estaba, levantada, para deslizar sus dedos entre mis piernas. "Voy a conseguir mi degustación, amor, aun si tengo que lamerlo de mis putos dedos," gruñó, y prácticamente todo mi cuerpo se encendió cuando dos de sus perfectos dedos se deslizaron profundamente en mi interior, su pulgar presionando mi clítoris con tanta precisión que grité.
No sabía qué era más caliente—la sensación de él prácticamente rodeándome, persuadiendo a mi orgasmo a acercarse más y más, o simplemente el sonido de lo mojada que me ponía con sus dedos entrando y saliendo de mí. Y no fui la única que lo noté.
"Mmm, vaya, vaya… ¿estás mojada, amor?" Preguntó, sonriendo contra mi pecho, mirándome. "Eso me da más que solo… unos dedos para lamer, Bella," canturreó, cubriendo mi sexo por completo de manera que la base de su mano tocó mi clítoris justo en el lugar correcto.
"Joder," siseé, tomando ambos lados de su rostro y presionando mi frente en la suya. "No te detengas, no te detengas," repetí una y otra vez en un susurro, cerrando mis ojos con fuerza porque todo dentro de mí se sentía como si estuviera a punto de explotar.
Cuando la base de su mano se levantó y fue remplazada por su pulgar girando perfectamente, jadeé una sarta de maldiciones porque estaba malditamente cerca.
"Eso es, bebé," me instó, tomando mi seno con su mano y pasando su pulgar sobre él, pero sus ojos nunca dejaron mi rostro. "Córrete en mi mano para que pueda tenerlo todo. Incluso puede que lo comparta si te portas bien," me dijo, su voz ronca y saturada de promesa sensual.
"Maldita sea," dije en un jadeo, mi cabeza cayendo hacia atrás cuando sus palabras, sus dedos, y el pellizco en mi pezón fueron demasiado para luchar en contra.
Mi centro se restregó contra su mano, tensándose en torno a sus dedos al mismo tiempo que me deshacía en sus brazos. Antes de que siquiera pudiera recuperarme de mi clímax, Edward me levantó, enfundándose profundamente dentro de mí. Me mantuvo quieta mientras subía su mano entre nuestros rostros, capturando su dedo medio en su boca y chupándolo hasta que quedara limpio.
"Tan malditamente bueno, amor," dijo con voz áspera, mirándome a través de sus ojos entornados. "¿Sabes lo deliciosa que eres?" Preguntó, lamiendo su palma con la lengua lo que provocó que un suave lloriqueo saliera de mi boca mientras lamía mis labios en anticipación.
Cuando su lengua pasó de nuevo sobre el interior de su mano, envolví su dedo anular con mis labios, deleitándome de la oscura mirada que cruzó por su rostro cuando se detuvo para mirarme, una muy sexy sonrisa curveando un lado de su boca. El girar mis caderas sobre él solo una vez, provocó que ambos gimiéramos, que los dos empezáramos a movernos… y de pronto, necesitaba más.
Podía sentir cada centímetro de él sacudiéndose dentro de mí, podía sentir sus manos—una todavía húmeda—agarrando mis caderas a fin de que siguiera su ritmo, y podía sentir cómo encajábamos perfectamente.
"Mierda, Edward, eso se siente tan bien," dije entre mi aliento, sujetándome de sus hombros para hacer palanca, "pero quiero… más, más fuerte."
Una sonrisa maligna se extendió por sus hermosos rasgos, haciéndolo aún más letal y sexy—si eso era posible. Envolvió su brazo en mi cintura, rodándonos sobre el sofá, de manera que era yo la que estaba sentada y él estaba bellamente amenazador sobre mí.
Brazos fuertes salieron disparados, agarrando el respaldo del sofá a cada lado de mi cabeza. Todo su cuerpo estaba rígido, con cada músculo tenso mientras gruñía, "Envuelve esas perfectas piernas a mi alrededor, amor. Puedo darte más fuerte."
Subí una pierna alrededor de su torso, la otra alrededor de su trasero, encajándole un talón para hacer que se moviera, que entrara más profundo, porque joder, nunca era demasiado cerca. Cuando finalmente se echó hacia atrás, penetrando de nuevo con fuerza, los dos hicimos sonidos que no reconocí. Era una mezcla entre desesperado y salvaje, entre necesidad y satisfacción, porque estaba tan profundo, porque podía sentirlo llegando a lugares que nunca supe que tenía. Y era el cielo—no por la fuerza que estaba usando sino por lo conectada que me sentía a él en ese momento.
Pensé que las primeras veces que habíamos estado juntos fueron emocionales, físicas y asombrosas expresiones de cómo nos sentíamos el uno por el otro. No estaba preparada para que pasara cada vez, pero estaba ocurriendo de nuevo. A pesar de que lo que estábamos haciendo podría considerarse follar, el amor que podía sentir proviniendo de él era inmenso. Era más que la última vez, y me preguntaba cuántas veces tomaría para que la abrumadora sensación de nuestros sentimientos se estabilizara—si alguna vez lo hacía.
Edward estaba jodidamente hermoso acechándome, sus brazos aferrados al respaldo del sofá, todos los músculos de su torso flexionándose con cada empuje de sus caderas. Un rizo errante había caído sobre su sudorosa frente dándole una apariencia desaliñada. Sus hombros eran anchos y fuertes, me pedían que me agarrara de ellos, de manera que levanté la mano y agarré uno, mi otra mano agarrando su trasero, sintiéndolo flexionarse con cada movimiento. Por una fracción de segundo, deseé que tuviéramos un espejo porque estaría dispuesta a apostar que su espalda estaba jodidamente fenomenal mientras me tomaba con fuerza en el sofá.
"Córrete conmigo, Bella," jadeó, cerrando sus ojos con fuerza. "Estoy muy cerca… joder, tan cerca," dijo entre su aliento, girando sus caderas y haciéndome gritar. "Tócate, amor. Ayúdame a hacerte sentir muy bien… una vez más…"
Mordí mi labio cuando mi mano dejó su hombro, arrastrando mis dedos por su estómago hasta donde estábamos conectados. Ambos siseamos cuando mis dedos rozaron contra él y mi clítoris al mismo tiempo.
"Oh mierda, bebé, por favor," me suplicó, "córrete de nuevo para mí. Muéstrame que me amas, porque joder, yo te amo tanto…"
Apenas si tuve que tocarme a fin de llegar al límite. Ya estaba colgando del precipicio con la mejor estimulación visual cerniéndose sobre mí, pero esa desesperada declaración de amor fue lo que causó que todo mi cuerpo se arqueara, que lo apretara, y que mis piernas lo acercarán aún más hacia mí, provocando al mismo tiempo su propio clímax.
No sé cómo tuvo la fuerza de moverse, mucho menos levantarme y cargarme hacia la cama, porque era seguro que nada quedaba en mis brazos y piernas. Nos acurrucó bajo las mantas, envolviendo su cuerpo a mi alrededor tan cerca como pudo. Acariciando su cuello con mi nariz e inhalando el aroma que hacía a Edward… Edward, deposité un beso en la unión de su cuello y hombro.
"Te amo," suspiré, cerrando los ojos al cansancio que finalmente se estaba apoderando de mí.
"Más que a mi propia vida," murmuró, dándome un beso en la frente. "Nadie jamás te tocará de nuevo más que yo, Bella. Nadie."
Con eso dicho, los dos sucumbimos al sueño, dejando que los nuevos visitantes, próximas misiones, y hombres escalofriantes se desvanecieran en el fondo.
~oOo~
Desperté sobresaltada la mañana siguiente por las estruendosas voces, fuertes maldiciones, y la luz brillante en mis ojos. También desperté sola en la cama de Edward. Después de enterrar profundamente mi rostro en la almohada, sin querer despertar y oliendo las sábanas de Edward sin vergüenza, rodé los ojos ante el sonido de fuertes voces de nuevo.
Saliendo de la cama, tomé una ducha, vistiéndome rápidamente a fin de averiguar qué demonios estaba pasando en la otra parte de la casa. Casi salía por la puerta de la recámara cuando me paré en seco, recordando agarrar mi arma. Metiéndola en la parte baja de mi espalda, salí corriendo por el pasillo porque las voces eran más fuertes, y se escuchaban molestas.
Lo que descubrí cuando llegué al área de la sala y comedor no era lo que estaba esperando. No eran voces molestas—solo agitadas, apasionadas. La mesa tenía planos, papeles y fotos, todo encima de ella. Al acercarme, esperaba ver a mi madre en esas fotos, pero eran tomas de diferentes hombres en diferentes partes de Seattle. Mi cabeza giró rápidamente cuando Alec se levantó de forma abrupta, golpeando la mesa con su dedo.
"Les digo que comiencen con los hermanos Savage, y despejan el camino para el uso de móviles, Edward," dijo enfáticamente. "En esa ciudad la comunicación es la llave. Necesitamos saber exactamente dónde están todos… cada minuto del maldito día."
Edward asintió despacio mientras se apoyaba en la pared al otro extremo de la sala. Parecía preocupado, pero cuando pasó su mano por su cabello ahora más corto, podía ver en ese momento la determinación afianzándose. Se veía férreo y concentrado, enojado e indeciso, pero todo eso se desvaneció cuando me alcanzó a ver en la puerta, disolviéndose en la más dulce y adorable expresión.
"Pensé que dormirías todo el día, dulzura," soltó una risita, empujándose para alejarse de la pared.
"Podía haberlo hecho, pero perdí el osito de peluche que estaba abrazando," murmuré, sonriendo al escuchar su risa.
"¿Hambrienta?" Preguntó y asentí. "Bien, porque la tía Kate se volvió loca esta mañana."
Solté unas risitas cuando me sentó frente al desayunador de la cocina, las conversaciones bulliciosas aún continuaban en la sala. La tía Kate se había superado a sí misma; había un montón de comida. De todo, desde waffles hasta montañas de huevos revueltos y montones de tocino y salchicha.
Edward puso un plato frente a mí, junto con una botella de jarabe, haciendo que lo mirara con una ceja levantada. "No empieces," gruñí, incapaz de no sonreírle.
Sonrió, me guiñó un ojo y besó mi frente, arrastrando sus labios hasta mi oído. "Un día," susurró de forma sexy, "me enseñarás todo sobre el jarabe."
Me eché a reír, mi cabeza cayendo hacia atrás, sintiendo un beso húmedo en mi cuello. "Un día, Edward."
Los dos seguíamos riendo cuando Rose irrumpió en el comedor, más encabronada de lo que la había visto en mucho tiempo.
"Emmett, joder, no estoy bromeando. Tengo que estar allí. Charlie era mi jefe, Bella es mi mejor amiga… y es malditamente estúpido si no me presento," dijo al mismo tiempo que se alejaba, pero él estaba enojado y pisándole los talones.
"Rosie, por favor, entra en puta razón. Puedes ocultarte en el departamento, en la oficina de Charlie, pero no puedes acudir al funeral. La prensa, King, y quién sabe quién demonios más estará allí…"
"¿No puedo?" "¿No puede?" Rose y yo preguntamos mientras me giraba en mi asiento para mirarlo. Rose se recargó en el desayunador junto a mí.
"¿En serio acaba de decir eso?" Le murmuré a ella.
"Sí, el idiota no escucha razones."
"Huh," bufé indignada, tomando un bocado de huevos y masticando despacio mientras fulminaba a Emmett con la mirada.
Ahora se veía incómodo, pero fue el rostro divertido de Edward lo que casi me hizo quebrarme.
"Ella va," le dije a Emmett, levantando la mano cuando empezó a discutir. "Respeto que se se den órdenes entre ustedes, chicos, pero ella de verdad va a ir. Es ridículo pensar de otra forma, Em. Era la mano derecha de Charlie. No tendría sentido que no ayudara con los preparativos."
"¡Emmett, vas a estar justo allí!" Rose añadió, rodando los ojos y cruzando los brazos sobre su pecho.
"No me gusta," gruñó, imitando su postura al cruzar los brazos sobre su pecho.
"Joder, no tiene que gustarte, Em," dijo Edward encogiéndose de hombros. "Sin embargo, es la manera en que tiene que ser. Bella tiene razón. Si van a regresar para montar ese homenaje, entonces Rose tiene que ser parte de ello. Para ser honestos, hombre. Prefiero que las dos chicas estén allí."
"¿Por qué?" Emmett se mofó, mirando a Edward como si lo estuviera traicionando.
"¡Ven a través de la mierda, Emmett!" Ladró Edward, rodando los ojos. "Se dan cuenta a un kilómetro de distancia cuando alguien no encaja."
Emmett miró furioso a Edward, sacudiendo su cabeza, pero Edward no se inmutó al devolverle la mirada.
Tomé un bocado de tocino, observando con fascinación la batalla de voluntades entre los dos chicos, la que Edward ganó finalmente.
"Voy a estar jodidamente contento cuando esta mierda se haya terminado," suspiró Emmett. "King no puede morir lo suficientemente rápido para mí."
"No jodas," dije con un resoplido, sacudiendo mi cabeza y tomando otro bocado de huevos. "Pero gracias por ayudar, Emmett," canturreé después de tragar.
"Solo por ti, Bellsy…" Dijo con un carraspeo, entrando otra vez a la sala.
Edward rodeó la encimera para apoyarse en ella, frente a mí. "No se preocupen, chicas. Solo está preocupado."
"¿Y tú no lo estás?" Respondió Rose riéndose.
"Puta, que si estoy preocupado," gruñó, negando con la cabeza. "Todo lo que quiero es mantenerlos a salvo, pero mientras esos pendejos estén allá afuera, seguridad nunca va a haber. Y se requiere de todos para lograrlo. Lo odio, pero es lo que es," dijo con un suspiro, pero una sonrisa de suficiencia cruzó por sus rasgos cuando vertía jarabe en mi waffle.
"Me gusta el corte," bromeé, levantando mi mano para desordenar sus cortos rizos en su cabeza y pasar los dedos por sus costados que ahora estaban realmente cortos.
Sonrió, apartándose de la encimera, y señalando el jarabe. "Un día."
"¡Cállate, Edward!" Me eché a reír, sacudiendo la cabeza.
"Cuando termines, ven a la sala. Tenemos que repasar el plan una vez más antes de que mi padre llegué aquí," dijo antes de dejar la habitación.
Pasamos el resto del día revisando cada detalle de los planes. Una parte de ellos iba a ser difícil, como el meter a escondidas a casi todos en el edificio por la noche, instalar a Alice en la oficina de seguridad el día del funeral, y asegurarnos de que nadie sea visto entrando y saliendo.
Luego había partes muy similares a lo que mis chicas y yo hacíamos para vivir. Como revisar discotecas y bares de los que King era dueño o pasar el rato en ellos, siguiendo gente, ý poner trampas a los criminales para que los atrapen in fraganti. Habría vigilancia, fotos de reconocimiento, y acechar antes de atacar.
Por último, estaban las cosas de las que no estábamos realmente seguros. Rose dijo que podíamos llamar a los medios y ponerlos sobre aviso de mi llegada—o nuestra llegada—haciendo una gran entrada en la calle, pero a Edward no le gustó la idea. Fue Jasper quien sugirió que llamáramos a los medios pero que llegáramos en el helicóptero de Edward. Esa idea fue aceptada, por lo que Edward volaría a Rose, Emmett y a mí a la azotea de Twiligt Tech, supuestamente "reuniéndonos" con Carlisle en el helipuerto.
Al fin tuve que tomar un descanso de todo alrededor del anochecer. Aunque Tom y Obie se habían encargado de los animales todo el día, decidí alimentar a los perros. Sentada en los escalones del porche, pasé los dedos por el pelaje de Tia mientras descansaba su cabeza en mi regazo. Su vientre crecía diariamente y al parecer sus cachorros nacerían en cualquier momento. Había una parte de mí que estaba algo molesta de que me lo perdería.
Oí el crujido de la puerta mosquitera al abrirse y esperaba ver a Edward allí, pero en su lugar, vi a la tía Kate. Me sonrió a mí y a Tia, sacudiendo la cabeza.
"Le agradas, hija," señaló, gimiendo cuando se agachó para sentarse junto a nosotros.
"Es dulce," respondí, mirando a sus ojos azules como el hielo.
"Una vez rompió en mil pedazos unos tenis de Edward. ¿Te contó?" Se rio, pasando su mano extendida por el lomo de Tia.
"No…" Solté unas risitas, sacudiendo mi cabeza.
"Sí, era una cachorrita, y ¡Dios, vaya que era traviesa desde el principio!"
"¿Qué hizo él?" Pregunté, mirándola.
"Nada," respondió con un resoplido, rodando los ojos. "Discutió con ella, trató de quitárselos, pero finalmente se dio por vencido y se los dejó."
Nos quedamos calladas por unos minutos, solo observando la puesta de sol. El aire se estaba enfriando, y la brisa voló el cabello de mi rostro. Tuve una sensación de ansiedad, a pesar del hermoso escenario a mi alrededor. Sabía que tan pronto como Carlisle llegara, nos prepararíamos para volver a Seattle, de vuelta a donde la mierda se había caído a pedazos. Inhalé profundamente y lo dejé salir, volviéndome hacia tía Kate cuando por fin habló en voz baja.
"Siento lo de Renee," dijo, levantando su mano para meter mi cabello detrás de mi oreja cuando revoloteó en mi rostro. "Tiene más sentido para mí que te la hayan quitado, que ella no te dejó. Siempre me pregunté por qué habría hecho eso."
"Yo también," dije, encogiéndome de hombros. "Solía pensar que había dejado una nota pero que mi padre me la había ocultado, como si hubiera alguna horrible verdad como razón por la cual se fue. Me sentaba por horas, repasando cada pequeña cosa en mi mente que había hecho mal y me preguntaba cuál de ellas había provocado que se fuera."
"Había una horrible verdad, Bella," dijo ella, una cálida sonrisa acariciando mi rostro, "pero no era lo que tú pensabas. Entiendo por qué Charlie hizo lo que hizo. Quería evitarte todo ello. El último año que Elizabeth estuvo enferma fue difícil. No era ella misma, pero trató de estar bien para Edward. Mi esperanza es que él la recuerde de antes, no de esas últimas semanas. Queremos que la gente recuerde las cosas buenas de nosotros cuando ya no estamos, nunca lo malo."
"No sé si recuerda cuando estaba enferma. Nunca lo menciona, pero me ha contado algunas… cosas realmente hermosas sobre ella."
"Era una bella persona. Por dentro y por fuera," concordó con una sonrisa. "Solo para que lo sepas," comenzó a decir, tomando mi rostro entre sus manos, "Renee y Elizabeth estaba deseosas de que ustedes dos se conocieran. Hablaron de cuando Carlisle se retiraría de manera que ellos podrían mudarse más cerca. Yo no podía tener hijos, pero ellas querían a alguien con quienes sus pequeños crecieran."
Sonreí porque Edward había salido al porche para unirse a nosotros, sentándose a mi otro lado, dejándonos a Tia y a mí en el medio.
"Eso hubiera sido interesante," se rio entre dientes, acercándome a su lado.
"¡Ahí estás!" Le dio una amplia sonrisa, metiendo la mano en el bolsillo de su chaqueta. "Encontré esto. Pensé que ustedes dos estarían interesados."
Nos entregó una fotografía, y Edward y yo unimos nuestras cabezas para mirarla.
"Oh, wow," susurró Edward. "Eso es… ¿es de cuándo se conocieron?" Preguntó, mirando a tía Kate.
"Sip," dio una risita. "¿No ves sus vientres del tamaño de una sandía?"
Los dos nos reímos, devolviendo nuestra atención a la foto. Simplemente era la mejor foto que había visto. Jamás. Nuestras madres estaban una a lado de la otra en lo que parecían estos mismos escalones, riéndose, con sus manos en sus grandes vientres de embarazadas. Apenas si podía distinguir a Charlie y Carlisle en las mecedoras en el fondo, pero mis ojos no podían dejar de mirar a Renee y Elizabeth.
Eran dos mujeres muy bonitas en lo que parecía ser su momento más feliz. Tenían todo en ese momento—esposos que las amaban, su salud, y dos saludables bebés en camino.
"Dios, eso es tan… perfecto," susurré, apoyando mi sien en la suya. "Se ven tan felices."
"De verdad te pareces a tu mamá allí," dijo él, señalando el rostro sonriente de mi madre. "Cuando te ríes así."
Sonreí, mordiendo mi labio. "Y tú tienes la sonrisa de tu mamá. Es torcida, como la tuya," dije con una risita.
La tía Kate se levantó, sonriéndonos a los dos. "Quédense con ella. A ellas les encantaría saber que ustedes la tienen."
"Gracias, tía Kate," dijimos al unísono.
"Cuando finalmente vayamos a casa, Bella," dijo Edward en voz baja en mi oído, dejando un dulce beso allí, "vamos a enmarcar esta y ponerla en un buen lugar, ¿de acuerdo?"
"Bien," dije con un suspiro, agradándome el sonido de eso. Mucho. "Fue la verdadera primera vez que nos conocimos," me eché a reír, mirándolo.
"¡Exacto!" Se rio, besando mi cabeza, pero los dos nos giramos cuando Jasper abrió la mosquitera de golpe.
"Oh mierda, Ed. Tenemos problemas," gruñó. "Tu papá hizo una puta llamada. No correo, llamada. Está en Juneau… y tiene a alguien siguiéndolo que no ha podido perder."
Edward y yo nos levantamos y entramos corriendo a la sala cuando Eleazar hablaba con Carlisle. "Espera, Cullen, habla con tu chico, hombre," gruñó, pasando el teléfono, y Edward lo puso de inmediato en altavoz para que todos escucháramos.
"Habla conmigo, papá. ¿Dónde estás?"
"Acabo de entrar a Juneau. No puedo deshacerme de un sedán negro. Cuatro hombres. Si no hubiera estado tan cansado, ya los hubiera perdido. Hay un hospital no muy lejos de aquí, Edward. Tiene un estacionamiento multinivel…"
"Conduce alrededor hasta que oigas de mí, papá. Puedo estar en el aire en unos minutos," gruñó, tronándole los dedos a Mickey y Emmett, que salieron disparados por la puerta principal. "Cuando oigas de mí, vas a llegar a la parte superior de ese estacionamiento, y te recogeré."
Corrí a un lado de Alice, susurrando. "Sigue la señal de ese teléfono. Puede que Edward necesite las coordenadas, Alice."
"En ello, en ello, en ello," repitió, asintiendo y tecleando. "Lo bueno es que compró un teléfono desechable," murmuró para sí misma.
"Edward, ten cuidado, pero trae refuerzos. Puede que no sea capaz de perderlos para cuando llegues aquí."
"Señor," refunfuñó, mirando alrededor de la sala. "¡Jasper… Bella… Eleazar… helicóptero, en dos minutos!" Dijo con brusquedad, cerrando la llamada.
Corrí por el pasillo a nuestra habitación, agarrando una de las cuarenta y cinco que todavía teníamos de cuando habíamos ido a la casa del árbol. Corrí de vuelta por la casa, saliendo por la puerta principal y crucé el patio hacia el helicóptero, donde Emmett y Mickey lo estaban preparando para el despegue.
Jasper corrió a mi lado, los estuches de su rifle en sus manos. Los deslizó por la puerta lateral abierta, haciéndome un gesto con su mano para que me acercara.
"Bells, en la parte trasera conmigo," dijo, levantándome en el espacio abierto. "Cuando abramos estas puertas para dejar entrar a Carlisle, vamos a dispararle a cualquier cosa que se dirija hacia nosotros. ¿De acuerdo?"
"Entendido," respondí con un gesto de mi cabeza, ayudando a quitar sus cosas del camino para que Eleazar entrara. Edward venía justo detrás de él.
"Bella, vas a seguir el ejemplo de Jasper en esto. Necesito tu buena puntería, bebé. ¿Está bien?" Preguntó al mismo tiempo que se ponía su gorra de béisbol hacia atrás, cayendo en el asiento del piloto y encendiendo el helicóptero.
"Eso, y no podía soportar dejarte," Jasper dijo riéndose en mi oído, entregándome unos auriculares y esquivando mi codo.
"Escuché eso, J. Joder, concéntrate, hombre. ¡Termináremos mucho más rápido con está mierda! ¡Quiero entrar a Juneau y salir!" Ladró Edward, volviéndose hacia la ventana. "Haz que Alice se conecté a la radio para que puedan escucharnos, Mickey. Tú sabes cuál canal. Em, si ocurre alguna mierda, nos reuniremos en Seattle. ¿Entendido?"
"¡Señor!" Emmett y Mickey gruñeron, alejándose rápidamente cuando las aspas en la parte superior cogieron velocidad.
Antes de que despegáramos, Edward dijo, "Jasper, ponle el cinturón y cuídala."
"Señor," dijo Jasper, alcanzando mi cinturón y ajustándolo.
Se volvió hacia Eleazar, su rostro sombrío por un lado. "Supongo que ahora averiguaremos si se puede confiar en ti. Jódela, y no verás el viaje de vuelta."
Eleazar sonrió con suficiencia, negando.
"Eddie, pongamos a este pájaro en el aire, hombre," gruñó Jasper, pateando la parte trasera del asiento del piloto. "Quiero volver con Alice para la hora de dormir, pendejo."
Me reí entre dientes, rodándole los ojos a los dos. Casi esperaba que Jasper empezara a hablar de nuevo de práctica de tiro, pero no lo hizo. Solo se quedó allí sentado, viendo la granja achicarse. Y por un minuto, me pregunté si íbamos a regresar aquí o nos iríamos directo a Seattle después de que recogiéramos a Carlisle. De cualquier manera, solo esperaba que llegáramos a él a tiempo.
(1)Seal de Marina/Navy Seal - Los equipos Mar, Aire y Tierra de la Armada de los Estados Unidos (en inglés: United States Navy Sea, Air and Land) o SEAL (acrónimo de SEa, Air and Land), conocidos habitualmente como Navy SEALs, son la principal fuerza de operaciones especiales de la Armada de los Estados Unidos, siendo el componente marítimo del Mando de Operaciones Especiales de los Estados Unidos.
Así que ya sabemos la identidad de los recién llegados y al parecer van a ser de gran ayuda para el equipo, esperemos que sea así. Pero a pesar de que tenían ya todo muy bien planeado para el viaje a Seattle llega está nueva emergencia. ¿Qué será lo que pasa con Carlisle? ¿Lograrán llegar a tiempo? Y esa noticia sobre el hombre que estaba con Miller seguro nos dejó ansiosos, ¿cómo sabrán ahora dónde está Miller? ¿Logrará llegar a Bella? Volvemos con un poco de acción :) ... No saben como me alegra saber que disfrutan da la historia, cada review es un poco más de ánimo para seguir con la traducción, así que, COMENTEN, cuéntenme que les gusta de la historia, sus dudas, sus teorías. Soy toda ojos ;) Gracias por las alertas y favoritos. Saludos y nos leemos en la próxima actu.
