El desaparecido desvanecido
Parpadeó rápidamente, de alguna manera había reunido fuerza para no desmayarse tras los golpes y volteretas que habían dado, aunque enfocar la vista le estaba costando demasiado. Rápidamente se pasó el dorso de la mano por la nariz para limpiar el hilo de sangre que brotaba de ahí, no pudo moverse con la velocidad que le hubiera gustado y revisar a todos lados le pareció una escena de cámara lenta insufrible.
Temari.
La sacó sin mucho trabajo, pudo acomodarla entre sus brazos con eficiencia y la apartó un poco del lugar revisándola rápidamente ¡Pero qué demonios! ¡Ni era doctor! ¡¿Cómo iba a saber que estaba bien?!
¡Chōji!
A tropiezos regresó al auto, su amigo si le costó bastante para sacarlo, pero el miedo se había apoderado de él ¿Y si mejor lo dejaba ahí? ¿Qué tal si al sacarlo le hacía más daño? El robusto muchacho tosió intentando hablar, signo inequívoco de que estaba al menos consciente y le pidió ayuda para salir, así que disipó cualquier duda y actuó como mejor le pareció.
Shiho… Shiho…
El auto estaba completamente aplastado sobre su toldo, y había solo de imaginar la fuerza necesaria como para que la poderosa lámina del viejo modelo cediera a tal forma compactada, alcanzó a ver el cabello, la llamó una y otra vez, pero la muchacha no le respondía, tanteó con la mano para ver si podía sacarla.
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Zetsu terminó de acomodarse las vendas, entre la carrera, las prisas y todo se habían aflojado, por lo que la sensación de presión que mantenía todos sus órganos juntos resultó realmente agradable, no así la tarea que Tobi le había encargado mientras hacía las llamadas pertinentes sobre el estado actual de las cosas con sus dos declarados prisioneros.
Se froto los ojos amarillentos, estaba cansado y en la habitación había muy poca luz, las persianas estaban cerradas, ni una luz encendida y la oscura decoración no ayudaban mucho. En silencio se puso de rodillas frente al sillón en el que descansaba el cuerpo inconsciente de Ino.
¿En qué demonios pensaba cuando salió a darle el encuentro?
Pasó las manos frías por su cabello, era muy suave.
Tobi siempre guardaba las cosas más extrañas en el auto y las guardaba aún dentro de otras más extrañas. Como por ejemplo, el formol para desmayarla que salió de un bote tetra pack de jugo de frutas. De alguna manera y aún con las prisas Tobi había visto a la chica salir luego de haberlo empujado dentro del auto, o bien, solo había sospechado que los seguiría, pues bajo los gritos, las niñerías y las muchas estupideces que podía decir, Izuna Uchiha era una de las personas más astutas que conocía.
Acercándose la caja del botiquín que le fue proporcionado, sacó las gasas y vendas retirándoles los empaques. Con mucho cuidado enrolló las gasas para hacer una pequeña bola que crecía a medida que agregaba lienzos, valoró el tamaño encontrándola adecuada, nuevamente, con parsimonia casi desagradable repasó los labios de la chica. Ella no había usado brillo ni nada parecido ese día, pero el rosado natural lo encontró hermoso como ninguno, suave, cálido. Sintió algo de pena por su propia piel sin color ni matiz, su frialdad y aspereza, pero con todo eso, y el mayor de los cuidados, introdujo el índice en la boca de la muchacha.
Tal vez se sonrojó cuando tocó por accidente inevitable la lengua. Era aun más tibio por dentro, y húmedo también.
Entró enseguida el dedo medio, casi temía lastimarla así que abrir la boca supuso para él la más dificultosa de las tareas, se humedeció los labios y pasó lentamente las gasas que había armado al interior. Tomó una venda angosta, buscando no dejarle marcas, pero tampoco la facilidad de quitársela, envolvió con ella el rostro levantando la cabeza para pasarla por su nuca. Cuidó que el cabello no quedara enredado. Dejó libre la nariz, también cubrió los ojos y las orejas, así la mantendría enajenada aunque despertara para que una vez libre de esa situación no tuviera recuerdos de la lluvia de sangre que estaba por aplomarse sobre Konoha, su hogar.
Se sintió afligido, aquella jovencita había terminado así por su culpa, única y exclusivamente por su culpa, por haberla conocido ya se había llenado de todo lo que a él lo envolvía. Deseó entonces con todas sus fuerzas que Madara le concediera un capricho por sus largos años de servicio y ese único favor que le pediría, sería que no la dejara a merced de la venganza de Hidan, o de cualquier otro Akatsuki.
Una venda más para envolver sus manos que colocó en posición de oración, justas pero cómodas, que no pudiera moverlas pero tampoco la torturaran, prolongó el vendaje hasta los codos y de ahí debió usar otra para recoger los brazos a la altura de su pecho envolviéndola también a esa manera. La sostenía entre sus brazos para poder maniobrar, sentía el calor de su esbelto cuerpo calmando la punzada de dolor que lo inundaba en ese momento.
Bajó por sus piernas resistiéndose a hacer más que rozar con la punta de sus dedos la tela de la ropa, los envolvió juntos, desapareciendo la unión entre ambas e imaginando que para ser una sirena solo faltaba el remate en los pies. Revisó el trabajo, tan imposibilitada como cómoda y la contempló por algún rato que le pareció el más apacible de toda su vida.
—Te faltó sacarle los órganos y meterlos en vasijas. — comentó con burla Tobi entrando sin chillar, usando la voz normal que no ocupaba y por lo mismo hacía que pareciera la forzada.
— ¿Qué decidieron? — preguntó Zetsu sin mirarle ni sorprenderse por la faceta seria del muchacho.
—Sobre la chica, nada. Pero por ti pasa Itachi-chan en unos minutos, tenemos un problema más gordo por ahora.
— ¿Soy responsable?
Tobi se encogió de hombros, daba igual que lo viera así o no, de todas formas todo iba a suceder a su tiempo, se vio adelantado por el descuido de Zetsu, claro estaba, pero era inevitable todo caso.
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Estaba muerta, muerta y aunque fuera difícil de asimilarlo, sencillamente no había manera en que con semejante herida siguiera con vida. Pensó que pudo ser un error cuando busco su pulso en el cuello y en cambio solo encontró un hueso roto saliendo por entre la carne. Había demasiada sangre, ella no respondía…
Un quejido lo obligó a levantar la vista.
— ¡Chōji! — gritó con toda la fuerza que pudo reunir, su amigo no podía moverse y por entre el follaje aparecía, con el rostro desencajado por una inminente locura, un hombre de cabello platinado manchado de sangre, con la ropa desgarrada y empuñando un arma inverosímilmente brillante, apuntando al chico mientras una risa demente se acallaba por la palabras pronunciadas a manera de rezo.
Shikamaru se puso de pie como impulsado por un resorte, casi sintió que volaba sobre los escombros, y aún con la cabeza a punto de estallar por todo lo que le pasaba en la mente, consiguió un momento de lucidez, alcanzó un tubo, tal vez del escape ¡Al carajo de donde era! Lo empuñó con fuerza y lo asió contra la muñeca de tipo desviando por casi nada el disparo emitido.
Con furia y miedo en parte iguales se lanzó contra el tipo rodando cuesta abajo por una pequeña pendiente escabrosa.
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El piso del departamento permanecía silencioso, así que escuchar el auto que se estacionaba enfrente no les costó ningún trabajo. Ambos miraron por inercia a Ino, casi convertida en momia como había apuntado con broma Tobi.
Zetsu no le pidió ni que la cuidara ni que no la lastimara, dio media vuelta andando con cojera, sujetándose la herida y yendo al elevador para encontrarse con el otro Uchiha. Tobi cerró la puerta sin asegurarle nada respecto a la muchacha, una vez que escuchó a los otros marcharse, caminó con las manos en los bolsillos del pantalón hasta el sillón ocupado.
—Señorita, no puedes quedarte ahí. — dijo levantándola entre los brazos para llevarla a su habitación.
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Temari abrió los ojos con mucha pesadez, estaba dolorida, mareada y demasiado aturdida. Se encontró al pie de un árbol. Por la posición no pudo haber llegado ahí despedida por la fuerza del impacto, así que supuso -de forma correcta- que la habían pasado ahí. Miró a ambos lados, no encontró ni a Shikamaru ni a Chōji pero sí algunos pedazos de lámina, tosió un poco y trató de ponerse de pie, paro solo pudo hacerlo apoyándose en el tronco. Trastabillo, el terreno irregular y su propia incapacidad de fijar con precisión el suelo bajo sus pies casi le hicieron caer en más de una ocasión.
Escuchó a Chōji lloriquear.
Se acercó arrodillándose a su lado mirando con tanto dolor como malestar el cuerpo hinchado y ensangrentado de Shiho que nubló su panorama unos instantes, pero no lo suficiente como para no volver su atención al robusto amigo de Shikamaru. Se mordió los labios con los ojos empañados de lágrimas que no saldrían porque con ellas no arreglaría nada. Se inclinó sintiéndose inútil, mirando la sangre salir por las heridas del muchacho.
¡Todos sus malditos cursos en el extranjero no le servían de nada!
—Aguanta Chōji…— mustió buscando en su ropa para ver si de milagro conservaba el celular.
—Shika… Shika… maru…
Con el dedo regordete señaló un punto al otro lado del bosque, pasando los restos de los dos autos. Apartó con lentos, débiles y torpes manotazos el intento de ayuda volviendo a repetir el nombre de su amigo. Temari se puso de pie encontrando el aparato y marcando por alguien que pudiera enviar una ambulancia.
—Chōji, aguanta por favor…
Lo dejó, yendo en la dirección que le habían indicado. Bajó una pequeña pendiente pero en cuanto pudo, corrió para alcanzar a Shikamaru que tenía pequeñas convulsiones mientras se sujetaba la cabeza con fuerza. No le costó ningún trabajo ver la sangre, dos pasos antes de llegar hasta donde él, quedó completamente petrificada, helada por dentro y asustada como no lo había estado antes ni cuando el choque de autos se hizo inminente.
—Shika…
No pudo terminar. Los ojos en blanco de la cabeza cercenada se posaban sobre ella, por entre los labios la sangre no se hizo esperar. El cuerpo, lejano por poco, quedaba boca arriba, un grotesco corte le había decapitado, aunque más concretamente le había o arrancado la cabeza desgarrando los músculos del cuerpo fibroso y joven. Shikamaru lloraba sin querer hacerlo realmente, y Temari comprendía que el hecho de que estuviera así era porque aquél espectáculo él mismo lo había ejecutado.
—Tranquilo…— susurró la rubia tomándolo de un hombro.
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Itachi estaba de mal humor y eso era una novedad hasta para Kisame que no borraba su sonrisa dejando muy marcados sus dientes disparejos a saber con qué intención. Zetsu no emitió ni un solo ruido solo acomodándose en el asiento del elegante auto de Itachi.
Ese era el único auto que le gustaba. El de Kakuzu, que cambiaba con frecuencia, no variaba en el sentido de comodidad; generalmente se trataba de un cacharro que resonaba demasiado, vibraba más y los dejaba tirados en los momentos más inoportunos. Jamás se había subido al de Hidan, de hecho nadie más que Kakuzu lo había hecho.
Pain y Konan usaban una camioneta que le recordaba y por mucho, a las usadas por familias de los suburbios, lo que lo remitía a esa extraña sensación que le daba verlos juntos, como si en cualquier momento los demás miembros de Akatsuki fueran a enterarse de que tenían algún hijo. Y eso no le sorprendería, no demasiado.
Sasori no tenía, y Deidara generalmente terminaba usándolos como dispositivos explosivos.
Ni hablar del de Kisame, que era algo más parecido a un monster truck que un medio de transporte para un oficial de policía, y fuera de eso, estaba la patrulla, pero esa no era una opción de transporte viable para uso corriente.
El auto de Itachi en cambio, era seguro, confiable, con calefacción, aire acondicionado y ni un solo oficial por incompetente que fuera, se atrevería a cuestionar rumbos ni cargamentos. Principalmente porque el conductor era su jefe, de ahí que se le asignaran las situaciones de transporte delicado y lo importante de la organización. Después de Konan, era la persona en la que Pain confiaba más, y después de Izuna, era el favorito de Madara, aunque este no lo expresara abiertamente.
Demasiada confianza depositada en alguien tan joven, porque también tenía las expectativas de la familia Uchiha, del trabajo como policía y de todo una ciudad…
Y realmente pensó que él, que limpiaba los destrozos, tenía un trabajo comprometedor.
No sabía a dónde iban, no tenía idea si lo llevaban con Madara, con Pain o habían asignado a Itachi pegarle un tiro y abandonarlo en la carretera. Ninguno de los dos que le acompañaban había proferido más que un educado aunque poco natural saludo.
Itachi empezó a resoplar cuando sonó su radio con la voz de la secretaria pidiéndole con urgencia que contestara, sin mucha convicción lo hizo dejando el volante a cargo de la mano izquierda, apagó el radio y sacó el móvil para tener cierta privacidad en la llamada.
— ¿Qué pasa?
—Capitán, reportaron una patrulla estacionada y una camioneta que de hecho es la que nos mandó rastrear, en la salida a Nami, alguien con uniforme muerto de un tiro, creemos que puede ser Tekka-kun ¿A quién mando a revisar? Ya envié un equipo forense.
Itachi volvió a resoplar y gruñir.
—Iré yo, estoy cerca.
—Lo siento, capitán.
Colgó. Kisame le dirigió una mirada indiscreta delatando que pese a todo lo había escuchado.
— ¿No era ese tu primo? ¿El que te hecho pleito por lo de Shisui?
Itachi asintió.
— ¡Se lo cargaron esos mocosos!
Por respuesta solo hubo un imperceptible cambio de velocidad.
—Te quedas con Zetsu-san, yo iré a ver eso.
Kisame asintió no muy entusiasmado. Tras unos minutos desaceleró hasta frenar en un tramo de carretera que por el cristal polarizado no distinguía muy bien. Zetsu adivinó que ahí se bajaba así que lo hizo. Abrió los ojos sorprendido ¿Esas eran las placas del auto de Hidan?
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—Está confirmado, señor. Los señores de Kumo agradecen la información.
—Gracias, Fū. Envíame a Sai por favor.
—Como ordene.
Danzō dobló el periódico sin terminar de leerlo, realmente si lo compraba era por la mera curiosidad que le daba ver de qué manera pintaban las cosas para las personas de Konoha, pues tenía sus medios para conseguir la información real que le interesaba, y Fū era uno de ellos. Habían asesinado a Hyūga Hizashi y en la plana de sociales se anunciaba que la novia de Hiashi tomaría un lujoso tratamiento prenupcial en las aguas termales de Yuga.
En Política se formalizaban dos candidaturas a la sucesión del Ministro; Uchiha Fugaku y Taro Aso al haberse validado sus currículos y propuestas electorales. Quedando pendientes de autorización él mismo, Hiashi y otro pobre diablo.
Para el clima, se anunciaba perfecto, como siempre en Konoha y alrededores. Economía declaraba una baja en la bolsa del 1.24% al cierre de la jornada.
Los Zorros de Konoha habían perdido contra las Abejas Asesinas de Kumo.
Chasqueó la boca y carraspeó para deshacerse de una rezago de saliva espesa. Llamaron a la puerta, él concedió el paso.
— ¿Quería verme, señor?
—Sí, Sai. Necesito que te hagas cargo de algunos asuntos, iría yo pero no me siento bien. — dijo el viejo hombre acomodándose en su silla.
—Dígame.
—Fū te va a llevar a la casa del primer ministro, hoy es su fiesta de cumpleaños ¿Podrías llevarle el presente y mis saludos?
—Sí, señor.
—También hay algo más ¿Conoces a Sasuke Uchiha?
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Shikamaru se había calmado, aunque convencerle de que matar a un hombre era la última opción que le quedaba para salvar a su amigo y no debía mortificarse por eso, era una tarea que Temari no estaba muy segura de lograr, no a la brevedad, pues su mente trataba de armar las piezas sueltas encajando todo en su sitio. Y aún con la momentánea victoria, tenía la seguridad de que no estaban a salvo aún.
El brillo metálico en el suelo reflejó en sus ojos con hipnótico hechizo atrayente, se agachó mientras Shikamaru se limpiaba la nariz sin atreverse aún a mirarla. Con su mano delgada y pequeña a comparación del arma, la empuño con dificultad. El metal podía sentirse frío aún cuando había sido recubierto por un cálido rojo que pronto se vería marrón.
Una guerra había empezado justo con ellos en el medio.
Sabía cómo usarlas, Kankuro le había enseñado, pero nunca se había visto en la necesidad de apuntar una.
Ruido de las hojas.
Alguien se acercaba.
— ¡Temari!
Sin pensárselo dos veces, al grito de advertencia giró bruscamente abriendo un poco las piernas para no perder el apoyo, disparó una, dos, tres, cuatro ¡Cinco veces!
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— ¡Mierda!
El quejido de Kisame con la subsecuente maldición a toda divinidad habida y por haber llegó a oídos de Zetsu con toda claridad pese a que no se encontraban cerca, como perro de caza levantó el rostro aguzando los sentidos.
— ¡Maldita lámina vieja! — se quejó el alto policía pateando un pedazo de metal que le había arañado la pierna, por decirle así al aparatoso sangrado que sobresalía en su pantalón.
— ¡Ya encontré a los dos imbéciles! — gritó después para atraer a su compañero que no había corrido en su auxilio.
— ¡Zetsu, maldición! — volvió a gritar.
El hombre de Kusa, sin embargo, apenas y se inmutó, analizaba el sitio, buscando la historia de aquél lugar donde al parecer, Akatsuki había perdido el juego. Dos menos para la organización, y ni siquiera se había tomado la molestia de preguntar a Kisame en qué calidad había encontrado a Hidan y Kakuzu.
—Hay que subirlos, Kisame-san. — dijo sin ofrecerse a hacer el trabajo de transporte, sus heridas no lo resistirían y el policía lo entendió. Pero aunque no le gustaba ser el asistente, Kisame solo chasqueando la lengua tomo los dos cuerpos para ir cuesta arriba. Zetsu entendió que entonces le tocaba la cabeza, así que tomándola por el cabello emprendió el dificultoso camino hacia arriba.
Hizo una mueca de desagrado, la gomina que Hidan usaba para peinarse hacía que se le resbalara, y sintió un poco de asco por ello, así que la tomó desde abajo asegurándola bien para que no se le cayera, metiendo los dedos índice y medio en la boca abierta y el pulgar por la quijada desgarrada.
— ¿Fuego? — preguntó Kisame tentado a usar el galón de gasolina que le había dejado Itachi. Su compañero negó con la cabeza.
—Sería muy llamativo, vendrían los guardabosques y alguna patrulla despistada.
— ¿Entonces?
Zetsu miró nuevamente el escenario.
—Tal vez sea mejor un derrumbe.
—Bien, ¿Cómo lo vas a causar?
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No pudo abrir los ojos. Adivinó que los tenía vendados.
No pudo mover la boca, había algo que no la dejaba siquiera mover la lengua.
Las manos no pudieron tampoco moverse aunque a la altura del codo tenía un cosquilleo de adormilamiento que recorría hasta el hombro.
Las piernas. Nada
Se sentía como un vegetal, completamente inutilizada y eso la asustó más. En medio del dolor de cabeza trataba de recordar lo último, pero su memoria no llegaba más allá de una pelea con Sakura. Sintió unas enormes ganas de llorar, y tal vez lo estaba haciendo ya, pero no estaba del todo segura de ello.
Escuchaba disparos… sí, tenían que ser disparos, pero su cabeza estaba toda cubierta, el sonido era difuso, entre lejano e irreal pero a la vez, tan convincente. Se estremeció en cuanto escuchó gritos y apretó los ojos aunque no tenía mucho sentido hacerlo, un gemido se le escapó.
Pensó en su papá con mucha fuerza, como si con ello fuera a invocarlo ahí a su lado, en Sai, en Sakura, en Shikamaru y Chōji, en todos sus amigos…
Ya tenía parte de lo ocurrido, estaba secuestra, y afuera alguien se mataba.
Comentarios y aclaraciones:
Yo quería terminar todos mis fic antes del fin de año, pero por cuestiones trabajo/escuela no se puede.
Sin embargo, no pienso abandonar NINGUNO solo séanme pacientitos, tengan fe, que quizás pueda aplicarme para entregarles algo a la brevedad.
¡Gracias por leer!
