— DEJAME AYUDARTE A OLVIDARME —
21
Algo estaba mal. En plena primavera, no parecía un buen día, bueno, eso era normal, pertenecía a Escocia, a las pero... Desde que salvó a su madre de ser un oso y le fue concedido el honor de ser la Guardiana del verano, sus sentidos se habían agudizado muchísimo en cuanto a estaciones se referían.
Algo estaba mal con la primavera.
Mérida no quería sacar malas conclusiones, solo había sido un día, pero esa caída tan brusca de temperatura de un día para otro... No estaba correcta. Aun así, la princesa escocesa emprendió su camino hacía su portal secreto. Una de dos, o Jack se estaba haciendo el gracioso de nuevo, o Rapunzel debía de estar cometiendo un error.
La incomodidad de Varian no pasó desapercibida para Eugene en ningún momento.
El ex ladrón, aprovechándose de que ya podía montar a Maximus con total confianza, montó al jamelgo blanco junto con su novia, mientras que Harry y Varian montaban al caballo de color chocolate del primero. Así los cuatro trotaron por las lindes del bosque. Para Rapunzel era divertido, su pasatiempo favorito después de pintar, pero al parecer Varian no compartía su gusto.
Había asegurado que esa era su primera vez sobre un caballo, por eso Harry se aseguró de mantener al más joven firmemente agarrado contra su pecho, porque su montura siempre había sido de lo más temperamental, y bueno, ¿qué decir? Sinceramente Eugene había esperado del chico que diese saltos de emoción en el sitio por la nueva experiencia, pero solo estaba ahí, dejándose hacer de forma pasiva, perdido en un mar enrabietado de pensamientos.
"Cassandra tenía razón —pensó el ex ladrón—. No está como siempre"
— Una moneda de plata por tus pensamientos —dijo el mayor después de desmontar en medio de un prado y ver que, de nuevo, la vista de Varian se perdía entre los arboles, como si él en realidad no estuviera ahí—. ¿Te sientes bien?
— Sí, mareado por el galope del caballo, supongo —el chico se encogió de hombros, moviendo su rostro para mirarle—. Oye, Flynn...
— Por favor, llámame Eugene —le interrumpió.
— Cierto, Eugene, perdona. ¿Puedo preguntarte algo, Eugene?
El ego del nombrado subió en un 200‰ cuando notó que Varian le miraba como si él fuese la persona más sabia que conocía.
— Oh, bueno, yo no soy precisamente un sabio —puso una "muy genial" pose mirando hacía el cielo y luego de nuevo hacía el adolescente. Esperaba como mínimo unos ojos brillantes de su parte, pero no los consiguió—, pero dispara, ¿qué te ronda por la cabecita?
Varian echó una mirada disimulada a Rapunzel, y como vio que estaba alejada de ellos, tratando de sacarle conversación a Harry para hacer un nuevo amigo, procedió a hablar.
— Supon que sabes algo que parece importante, y que estas seguro de que otra persona que conoces apreciaría saberlo. De hecho, que se lo digas parecería lo más normal, pero, ¿qué si esa persona estaba totalmente ignorante de lo que sabes y se lo toma a mal, qué si por culpa de abrir la boca causas una pelea? —se preocupó mientras entre sus brazos acariciaba a Rudigüer de forma más ansiosa de lo normal.
No había dejado de darle vueltas, su conversación con el rey, descubrir que su padre estaba totalmente envuelto en el misterio... Le había tenido que mentir al rey sobre lo de que Rapunzel ya sabía de las Rocas Negras, ¿qué tal si ella también es ignorante de los conocimientos de su padre? ¿Qué tal si le llegaba a informar de lo que pasó con el rey y por su culpa ella se enfadaba con su padre? En ese momento, Varian se sentía como una marioneta usada por distintos bandos. ¿Con quién se podía sincerar y con quién no? ¿Sería un mal amigo, si mantenía la boca cerrada? ¡Dios, que difícil! Y por si fuera poco ese molesto dolor de cabeza no le dejaba pensar con claridad.
Interesante dilema. Eugene no sabía la respuesta, de hecho, él se encontraba en medio del mismo. ¿Decirle o no decirle a Varian que Cassandra había usado a su búho para espiarle y descubrir que no estaba enfermo? Al final optó porque no.
"Le estoy guardando las espaldas a Cassandra —pensó—. Voy a acabar llendo al infierno por esto".
— Me rindo, no lo sé —contestó después de fingir que lo pensaba unos segundos.
Varian de repente sintió que sus piernas comenzaban a fallar, así que lo disimuló sentándose sobre la hierva. La mirada preocupada de Rudigüer en su regazo.
— Gracias de todas formas —contestó desganado, su rostro comenzaba a perder color.
Eugene se sentó a su lado.
— ¿Seguro qué estás bien? —Varian simplemente asintió— ¿Por qué me preguntaste eso?
— Porque eres... fuiste —se corrigió—, Flynn Rider, y además pareces neutral.
— ¿Neutral? —el oji castaño se sentía muy perdido.
Varian negó con la cabeza.
— Solo olvidalo.
— Bueno, si todo está bien...
— No está bien —Varian acabó admitiendo. Eugene le miró sorprendido por el tono de su voz—. Nada está bien. Nada...
Quería volver a los tiempos donde su madre aun vivía, donde la alquimia no había destrozado su vida, donde su padre no tenía que mirarle siempre con tristeza y decepción reprimidas. Quería volver a los tiempos sin Rocas Negras, incluso quería volver al tiempo sin Cassandra. Aunque no es como que pudiera contar con ella, de todas formas iba a ser la señora de Andrew muy pronto.
Lágrimas comenzaron a salir de sus ojos azules y los de su mapache. Maldito dolor de cabeza y malditos pinchazos, el mundo le daba vueltas.
— Eh, eh, ven aquí —dijo el mayor de ellos rodeando al lloroso menor entre sus brazos—. Todo va a estar bien, Eugene está aquí.
— No soy un niño —se quejó Varian por lo dicho.
— Lo sé —atajó Eugene—, aun así estoy aquí.
Y la certeza de eso valía mucho más que mil promesas.
Dos extraños vigilaban a los habitantes de Vieja Corona a la caída de la tarde desde la sombra de los árboles. No eran otros que Zhan Tiri y Gothel.
— Ah, hola Corona de mi infancia —dijo el hechicero con una sonrisa ladina—. Los siglos te han hecho tanto, tanto mal, pero aquí está el viejo Zhan para arreglarlo.
Gothel simplemente rodó los ojos y luego admiró un poco más su nuevo vestido, cortesía de su nuevo compañero de fechorías. Debía pasar desapercibida y pues, una mujer que vestía como hace tres siglos no era algo muy desapercibido. Con ropa de mujer humilde actual y su melena negra recogida y oculta tras una humilde toga, Gothel daba el cante, y ni Rapunzel la habría reconocido de no fijarse bien. Por mientras Zhan Tiri no es que pasase demasiado desapercibido debido a su altura, pero con magia había conseguido ocultar su piel de hielo y llevando también ropas de agricultor, si alguien se paró a verlos, no lo hizo más de una vez.
— No veo a Quirin por ninguna parte —dijo Gothel.
— Eso significa que tiene que estar en su casa —el hechicero no era capaz de borrar la sonrisa de su cara, había esperado mucho tiempo por eso—. Toma.
Le entregó a Gothel algo que parecía una estalactita arrancada.
— ¿No podía tener una forma más normal? —ella preguntó.
— ¿Y dónde estaría la gracia? —él atajó—. Congela a todo el que veas, confío en ti, yo me encargo de Quirin.
Ella asintió y le vio marchar hacía la casa que recordaba a un castillo en versión mini. Eso era todo lo que quedaba del gran palacio de la familia Ruddiger. Zhan no pudo evitar soltar una risilla ahogada. Ah, tiempo, un amigo tan leal.
Quirin se sintió perdido por primera vez dentro de su propia a casa. Adonde quiera que mirase, veía a Varian.
Varian de un año la primera vez que dijo papá, justo en el tercer escalón de la entrada. Y desde entonces no dejo de hablar como todo un parlanchín.
Varian de dos años que tomó por primera vez un cuchillo en sus manos en un momento de descuido y se había hecho su primera herida. Las gotas de sangre aun estaban grabadas en la mesa.
Varian de cinco años, los ojos brillantes al abrazar el primer peluche que su madre había hecho para él.
Varian de siete años y ese mugroso peluche, obsesionado con aprender a leer. Varian siempre aseguraba que debía tenerle más respeto al Sr. Aspa, no era un peluche mugroso, era su profesor de lenguaje.
Varian de diez años y la vez que se comió el suelo al saltar por una ventana intentando ser como su ídolo inexistente, Flynn Rider. Había valido la pena perder cuatro dientes de leche y una contusión en la muñeca por ello, según él.
Varían de once años y la vez... la vez que gritó por ayuda al encontrar a su madre sin sentido en el suelo del patio. La primera vez de las que siguieron.
Varian de doce años de luto, encontrando refugio en "El Alquimista de Acero", para olvidar que había perdido a su madre el mismo día de su cumpleaños. Solo probando algo diferente. Ese había sido el libro que su madre pudo costearse con mucho esfuerzo para su pequeño lector, iba a regalárselo y ver de nuevo sus ojos brillantes. Pero la enfermedad la venció antes. Cuanto Quirin había maldecido ese libro. Primero porque se había robado la atención de su hijo, lo último que le quedaba, todo el tiempo, las veinticuatro horas del día. Ni siquiera despegaba los ojos rojos por las lágrimas y la falta del sueño, del libro abierto para mirarle cuando le hablaba. El protagonista también había perdido a su madre y se había convertido en un alquimista con apenas doce años, con la esperanza de revivirla. No lo logró y eso solo le trajo problemas. Aun así Varian hizo oídos sordos a esa parte de la historia y la tomó como suya. El alquimista de acero era una leyenda, como Flynn Rider, pero diferente, él no robaba, él usaba la alquimia para ayudar, y así redimir su primer gran fallo. Varian también había querido hacerlo.
Todos sabemos como terminó eso.
Unos golpes en la puerta sacaron a Quirin de tanta colección de recuerdos. Con un suspiro fue a abrir, deseando no verse demasiado miserable.
— Quirin —dijo a modo de saludo un sin dudas muy alto hombre de ojos azules claro, como los de Varian... ¡Ya basta, Quirin!
— El mismo —confirmó—. ¿Nos conocemos?
El desconocido rió un poco ante la pregunta.
— No, pero veras, en un sentido —el hombre se remango una manga de sus ropas, mostrando un brazo de pura nieve por debajo. Quirin se congeló en el sitio por el miedo—, sí.
— Tiri... —Quirin escupió lleno de incomprensión, dando varios pasos atrás, y por primera vez agradeciendo que Varian no estuviese en casa—. Es imposible, estás...
— ¿Apresado dentro de un árbol? Sí, eso era lo que a Demanitus le gustaba creer.
— Alejate de mi propiedad —esto no podía estar pasando, no podía, no podía, no podía.
— Eres tan estoico como tus antepasados, Quirin. ¿Tienes también el mismo palo en el trasero que ellos?
— De verdad, alejate.
— ¿O si no qué?
Valientemente, estúpidamente, Quirin tomó una silla y la levantó sobre su cabeza, con la obvia amenaza de lanzársela. Zhan Tiri no pudo evitar reír.
— Demanitus está muerto, Tiri, Corona ya no pertenece a los Ruddiger, justo como querías. Es estúpido vengarse ahora.
— No busco venganza —mintió Zhan—. ¿Por qué habría esperado tantos siglos para obtenerla? Por tus antepasados, Quirin, baja esa silla, te ves ridículo.
Pero Quirin no le hizo caso y siguió viéndose ridículo.
— ¿Qué quieres, monstruo, qué puedes querer tras tantos siglos?
— Oh, lo sabes, quiero lo que estaba destinado a ser mío desde siempre. Lo sabes desde el día que tu pequeño cabello de cielo nació. Literalmente. ¿Creiste que cortándole el cabello se terminaba todo, Quirin? Es un error muy común.
— ¡Serás maldito! —Zhan paró la silla con una sola mano, fue tan fácil como para respirar.
Quirin se encontró incapaz de mover un solo músculo.
— No intentes culparme, Quirin, es tu culpa y solo tuya. Tus abuelos te lo advirtieron, pero aun así tuviste un hijo, es tu culpa. Al igual que es culpa de Demanitus que yo sea... ¡esto! —Zhan volvió de nuevo a ser el monstruo de hielo que era y convirtiéndose su brazo en un disparador de estalactitas, la silla se quebró tal y como si fuera cristal y la fuerza tiro a Quirin hacía atrás— Hice una promesa, Quirin, le prometí a Demanitus que Corona caería a mis pies después de lo que me hicieron, me traes sincuidado quien tenga la corona ahora. Una promesa es una promesa.
— ¡No serás capaz de huir de aquí tú solo! ¡Te atraparan, justo como la otra vez!
— Oh, mi amigo, ¿quién dice que estoy solo?
Con un chasquido de dedos, los brazos y las piernas de Quirin fueron fuertemente apresados por estalactitas que se movieron al compás de su creador, obligando al pobre hombre, víctima de las circunstancias, a ver la horrible escena ante sus ojos.
— No... ¡NO!
Ya no solo eran las Rocas Negras, ahora también todos los habitantes de Vieja Corona, tanto adultos como niños, se encontraban congelados contra su voluntad, atrapados para siempre en un intento de huida fallido y una mueca de horror. Habían estado equivocados con Varian todo ese tiempo, el niño no era el brujo de Vieja Corona, el verdadero ya había regresado. En medio de todo ese jardín de "estatuas" y rocas, una mujer reía mientras se acercaba a ambos.
— Ni uno —le dijo a Zhan Tiri mientras le pasaba la estalactita que le había confiado.
— Quirin, te presento a mi nueva compañera de fechorías, ella va ayudarme, ¿y sabés qué? ¡No es otra más que la mujer que secuestró a la princesa hace 18 años!
Quirin formó una mueca de horror.
— Un gusto conocerte, siempre es bueno conocer peones —Gothel rió, hacía tiempo que no se lo pasaba tan bien.
— Ve a buscarlo —le ordenó Zhan Tiri a la única mujer y ella encantada allanó la casa.
— ¡Oh, este tan hermoso cabello, en verdad lo extrañé! —exclamó ella después de un momento en el segundo piso, y lo lanzó escaleras abajo. Fue como ver una cascada de oro liquido.
— Te voy a dar una lección de alquimia gratis, Quirin —dijo el ser de hielo—. Ocurre algo realmente aterrador en cuanto las Rocas detectan la presencia de la flor a su lado. Mejor que te apartes, Gothel.
La pelinegra no dudó un segundo de las palabras de su compañero.
— En tres, dos, uno... —con gran estrépito, una gran Roca Negra traspasó las profundidades, la escalera de piedra de la casa y el cabello regado sin ningún esfuerzo. Y esa primera fue seguida por una segunda, tercera... así hasta que Quirin vio como las Rocas destrozaban su hogar, sin él poder hacer nada.
Era tanto el coraje y la impotencia. Pero sobretodo, el miedo por su hijo.
— ¿Gran espectáculo, no crees? —Zhan estaba disfrutando como un niño con un caramelo— ¡Pero si a esto aparte le añadimos un toque de alquimia estrepitosamente fallida...!
Exclamó esa frase sin terminarla, pero no era realmente necesario. No tuvo que hacer más que tocar las rocas para que en seguida... se volvieran de un voraz color ámbar.
— ¡Podrás acabar conmigo, pero no con mi hijo! —exclamó Quirin, debido al momento.
— ¿Tu hijo? Oh, tu hijo —se burló Zhan mientras Quirin iba quedando poco a poco atrapado para siempre—, el cabello de cielo es mío por derecho ahora y también es mi arma para destruir por completo este reino!
— ¡Jamás te va ayudar!
— Oh, lo hará —sonrió Zhan, viendo directamente el rostro atrapado en ámbar de Quirin. Lo acarició como una nueva muestra de burla y vio su propio reflejo sobre el rostro del hombre, extrañando esos tiempos en los que él también era humano. Tiempos que Demanitus le arrebató—. Por la cuenta que le trae, lo hará. Soy el único que puede sacarte de ahí después de todo.
Tras eso, el ser volvió a reír renovado, desató un pequeño invierno sobre toda Vieja Corona y su voz sonó brutal sobre toda la nueva aldea fantasma.
— ¡EL VERDADERO BRUJO HA VUELTO! —gritaba de emoción mientras que con el sonido de su voz, todas las estatuas que hasta hace unos momentos habían sido humanas, se quebraron en mil pedazos. Sin posibilidad de reponerse, sin posibilidad de resurrección. Toda Vieja Corona murió en un segundo, toda excepto Varian— ¡SÍ, SEÑOR, AMO LA SANGRE CONGELADA AL ANOCHECER!
Gothel de nuevo rodó los ojos.
— Mira que le gusta hacer teatro. Hombres.
Varian no estaba bien. Nada, nada, nada, pero nada bien. Había descubierto que Rapunzel y Eugene tenían la costumbre de ver juntos el anochecer en un pequeño bote todos los días. En ese pequeño bote se encontraban ya los dos enamorados, mientras que él y Harry estaban de pié cerca del borde. Creyó que el salitre del mar podría subirle en ánimo, no fue así. Tal vez y debió haber ido al medico antes.
Lo único que atinó a escuchar fue el chillido de Rudigüer y Rapunzel gritando aterrada su nombre, antes de que perdiera totalmente el control de si mismo y la consciencia.
Sus piernas fallaron y su cuerpo cayó como peso muerto, chocando contra el agua del mar y fue hundiéndose...
¡Pedazo referencia a FullMetal Alchemist me gasté! XD
Oh, sí, también está el hecho de que soy una persona horrible y cruel por haber escrito eso, whatever...
