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Capítulo 20: Oscuridad.

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Harry corría por un largo pasillo de piedra. No había nadie más con él además del eco de sus pasos. Su pecho se agitaba con violencia mientras intentaba llenarse de aire los pulmones. Tenía que darse prisa, le estaba esperando.

Llegaremos tarde…

El único problema era que no recordaba quién lo esperaba. Sin detenerse, volvió la vista atrás. Oscuridad. Miedo. El vacío que lo perseguía resultaba tan imponente que le provocaba correr más rápido.

No puedo seguir así…

Frente a él se alzó una enorme puerta de madera y, de alguna manera, supo que ahí estaría a salvo de las sombras que le perseguían. Empujó con fuerza.

¿Me quieres?

La puerta permaneció cerrada. El pánico le inundó; sentía a la oscuridad ceñirse contra él y no podía hacer nada, estaba atrapado entre la puerta y el vacío. Sintió frío, pánico.

Comenzó a golpear la puerta con los puños, la oscuridad estaba cada vez más cerca. Sus manos temblaban, pero no por eso dejó de golpear, por el contrario sus manos obtuvieron fuerza. La puerta tembló, sólo hacía falta un poco de esfuerzo, casi podía ver un tenue rayo de luz filtrándose por la rendija de la puerta, faltaba muy poco… sólo un empujón más y entonces…

La oscuridad lo alcanzó.

Cuando despertó, Harry tenía un punzante dolor en la cabeza, pero no le extrañó; llevaba un mes con esos dolores recurrentes, pero al final siempre pasaban, así que no les daba mucha importancia. Se estiró perezosamente y se calzó los anteojos. La habitación apenas y estaba iluminada por la tenue luz del amanecer, apenas suficiente para poder distinguir las cosas que estaban a su alrededor.

Se giró lentamente, encontrándose con el cuerpo de Draco recostado a su lado. Desde el rescate, no se separaban en ningún momento, les ponía de los nervios hacerlo, así que ahora compartían habitación e iban de aquí para allá uno al lado del otro… no como si antes fuera distinto. Draco se comportaba excesivamente sobreprotector en ciertas ocasiones, pero trataba de disimularlo, a pesar de todo aún conservaba su antiguo orgullo Malfoy: era parte de su encanto.

Ah, Draco. Con el dorso de la mano rosó suavemente su mejilla. Ya no tenía marca alguna de su enfrentamiento con Crabbe y Goyle, pero Draco se cercioraba de ello cada mañana al mirarse al espejo. Todo parecía ir bien, Narcisa los visitaba cada tercer día para ver a su hijo y beber té. Ambos actuaban como si nada, pero la primera vez que se reencontraron las cosas habían sido distintas…

Una semana después de haber dado por muerto a Voldemort, Harry había llevado a Draco a casa de Andrómeda para que pudiera ver a su madre. Apenas llegaron, Andrómeda tomó el brazo del rubio y lo arrastró hasta la sala de estar. Ahí, Narcisa permanecía sentada, bebiendo tranquilamente una taza de café. Draco se arrodilló a su lado, sosteniéndole las manos.

-Madre…- le llamó en un susurro, pero Narcisa apenas y le devolvió el apretón a sus manos.

-Lucius- fue lo única que ella le dijo. Harry no comprendió a qué se refería, pero Draco lo hizo de inmediato. El rubio asintió con expresión seria y se puso de pie.

-Es mejor así, Madre.

-Lo echo de menos.

-Lo sé- susurró a Narcisa, estrechándola por los hombros–Yo me haré cargo de ti ahora.

Más tarde, Draco le había explicado lo sucedido: su padre había muerto en la batalla.

-Era un bastardo, pero siempre fue bueno con ella… al menos lo era antes de que Voldemort… de que él volviera. Como sea, supongo que es mejor así ¿verdad? Es…- pero la voz se le entrecortó y Harry nunca supo qué era. No importaba que Lucius hubiese sido una mala persona, Draco no lo era y en ese momento el rubio le mostró otro de sus rostros: había dejado de ser Draco el amante para convertirse en Draco el hijo, el hijo que había perdido a su padre, el hijo que lloraba la muerte de su padre. Harry permaneció en silencio, sintiendo cómo su hombro se empapaba lentamente.

Draco comenzó a removerse entre sueños.

Vamos, Draco tenemos que llegar a dormir en…

Un nueva punzada le arrancó una mueca al mismo tiempo que Draco abría los ojos.

-¿Aun te duele?- preguntó arrastrado las palabras, mirándolo con preocupación.

-Un poco, pero ya está pasando- mintió con una media sonrisa. Draco estiró sus manos para tocarle las sienes con los dedos y comenzó a trazar círculos lentamente. Harry cerró los ojos, sintiendo el tacto del rubio sobre su piel, su aroma acariciándole la nariz. La punzada se intensificó y de pronto, se detuvo.

-¿Mejor?

-Sí, gracias…- contestó dejando escapar un suspiro. Draco se acercó y le besó en los labios, Harry le rodeó la cintura con los brazos. ¡Era tan extraordinario poder tenerlo ahí, a su lado! Harry había decidido que no dejaría pasar un día en el que no le dijera a Draco cuánto lo quería.

-Te amo- le dijo y Draco volvió a besarle. Definitivamente esa mañana tampoco bajarían temprano a desayunar.


Los días se gastaron tan pronto que, cuando menos lo notaron, ya estaban a bordo del expreso de Hogwarts. Este sería su último año, Voldemort estaba muerto, los aurores ya habían capturado a la mayoría de los mortífagos y estaba recostado sobre las piernas de Draco en el mismo vagón que sus amigos. Todo resultaba simplemente perfecto. Harry no recordaba un año en el que las cosas se vieran tan bien. McGonagall estaba a cargo de la dirección de la escuela y Remus había regresado como profesor de D.C.A.O.

Sí, perfecto. O lo sería de no ser por aquellos molestos dolores de cabeza. Tal vez sería buena idea subir el aumento de sus gafas, últimamente la vista se le nublaba de repente y veía…

-¿…no es así, Harry?

-¿Qué cosa, Hermione?

-Granger dijo,- le explicó Draco, sin dejar de acariciarle un mechón de cabello –que ya quiere ver a Lupin de nuevo.

-¿No te bastó con tenerlo en casa todas las vacaciones?- se burló.

-No es lo mismo, Remus es un profesor excelente.

-Sí, lo es

-Sólo espero que no traiga un boggart de nuevo- comentó Ron, sacudiendo la cabeza –esas cosas son espeluznantes.

-Me pregunto, ¿qué veríamos ahora?- dijo Hermione, pensativa. Todos permanecieron en silencio, meditándolo. Harry alzó los ojos y se encontró con la mirada de Draco, perdida del otro lado de la ventana del tren y dejó escapar un suspiro de alivio. No necesitó mucho para saber qué era a lo que más temía. Secretamente, Draco compartía el mismo temor que Harry.

Sí, sería mejor que Remus no trajera ningún boggart. Harry presentía que, si lo hacía, habría más de un cadáver en el salón de clases.


Una semana más tarde, Hermione ya los había encadenado a la biblioteca, como de costumbre… aunque, obviamente, en sentido figurado. Su paranoia por los exámenes siempre había sido extremista, pero ahora que el año iba a terminar, sencillamente era insoportable. Los obligaba a leer en cualquier rato libre, incluso vigilaba que tuviera un libro entre las manos cuando estaba con Draco. Eso no ayudaba a sus dolores de cabeza. Cada vez le costaba más trabajo concentrarse en las palabras. Por eso, cuando Draco se ofreció a ayudare a estudiar (frente a Hermione) Harry se alegró muchísimo.

-Antes de que tú… Bueno, antes solíamos estudiar juntos, supongo que seguirás siendo un cabeza hueca.- le dijo con una media sonrisa, pero Harry sabía que Draco no estaba feliz del todo.

En ese momento se encontraban de espaldas al lago, el verlo de frente intensificaba sus dolores de cabeza, así que había optado por dejar de mirarlo por un tiempo. Draco estaba recargado en el tronco y Harry, sobre sus piernas. Últimamente hacía mucho eso: recostarse en las piernas de Draco, pensó frunciendo el ceño ligeramente, pero al rubio no parecía molestarle, así que continuaba haciéndolo de todos modos. En ese momento estaba adormecido por la voz de Draco, que leía sobre la rebelión de los duendes.

-… fue cuando Urg, El Sucio se reunió con los miembros de su séquito para planear la caída del Ministerio de Mágia. Años más tarde, en 1609 seguían sin llegar a un acuerdo. En ese momento, en Irlanda, se alzaba un nuevo ejército de duendes encabezado por Bodrod, El Barbudo, quien…-

Cerró los ojos un momento. Tal vez el motivo por el que siempre se recostaba sobre Draco era el constante estado de cansancio en el que vivía. Dormía más de ocho horas al día y aun así siempre tenía sueño.

-¿Sigues molesto?- le preguntó, adormecido. Draco se interrumpió bruscamente y dejó el libro a un lado para mirar a Harry.

-No lo estoy- dijo frunciendo el ceño, pero el moreno no parecía escucharlo. –Harry, no estoy molesto- repitió tocándole la frente para comprobar si tenía fiebre, pero estaba tan fresco como la hierba. -¿Harry?

-¿Qué cosa, Draco?- preguntó, abriendo los ojos.

-Tú… te decía que no estoy molesto.

-¿Por qué tendrías que estar molesto?- dijo, extrañado.

-No lo sé, fuiste tú quien lo dijo.

-¿Qué cosa dije?

-Dijiste… arg, olvídalo.

Y Harry lo olvidó.

Ojalá le hubiera prestado más atención a Draco, pensó Harry mientras intentaba contestar el cuestionario de Historia de la Magia que tenía en frente. ¿Desde cuándo el profesor Binns se había vuelto tan mezquino? Dio un vistazo alrededor; Ron estaba recostado sobre la mesa, con las manos en la cabeza. Pobre, Ron… Al menos Hermione sabía todo, como siempre, contestando ávidamente y pidiendo un segundo pergamino. El resto de la clase tampoco lo estaba disfrutando.

Ah, no tenía caso. Tomó su pluma y comenzó a garabatear en la esquina de su pergamino. Un pequeño círculo se convirtió en una snitch y recordó el dibujo que había hecho Draco en tercer año. ¿Cómo había hecho el rubio para que se moviera? Tendría que recordar preguntarle, pensó sin dejar de mover la pluma.

Hagamos una apuesta…

Había pasado mucho tiempo desde que él y Draco estaban juntos, ¿se lo habría preguntado ya en alguna otra ocasión? Debía recordar preguntarle eso también. Detestaba no poder recordar nada concreto, era molesto y le entristecía que Draco tuviese que cargar sólo con su olvido, pero estaban juntos, era eso lo importante ¿o no?

Una punzada de dolor le hizo despegar la pluma del pergamino. Cada vez se hacían más frecuentes, era la quinta vez en el día y ni siquiera eran las doce. Esa noche iría con Pompfrey, sin falta. Pero eso sería después, ahora necesitaba hacer acopio de toda su imaginación para responder ese cuestionario y… Su pluma resbaló de sus dedos. En todo el margen derecho de la hoja, debajo de su dibujo de la snitch, se repetía un mismo mensaje que le sonaba bastante familiar. "D y H" rezaba su pergamino. ¿Había estado escribiéndolo inconscientemente? No era la primera vez que le sucedía, ciertamente había plasmado el mismo mensaje en uno de sus pergaminos de pociones el año anterior, pero tenía el presentimiento de que había un motivo concreto por el que…

…algo sumamente embarazoso.

…escribía todo eso. Quizá sólo era muy distraído, quizá…

-Quedan diez minutos para entregar sus cuestionarios- anunció el profesor Binns.

-Demonios- murmuró Harry cambiando de pergamino y escribiendo las respuestas más creíbles que se le podían ocurrir bajo presión. Todo sería más fácil si fuese adivinación, pensó segundos antes de que le fuera quitado el pergamino de las manos.

Las cosas nunca resultan como uno las planea. Harry, a sus 17 años de edad ya debería saberlo de sobra, en especial porque, cuando planeó ir con Pompfrey por la noche, no se imaginaba que antes de finalizado el día se encontraría recostado en una camilla de la enfermería.

Todo había sucedido alrededor de las dos de la tarde. Harry caminaba si prestarle mucha atención al camino. Al parecer, había olvidado su libro de Encantamientos en su habitación y había decidido correr por él y regresar a clase antes de que alguien se enterara de su ausencia. En teoría era un buen plan, pero el recorrer todo el castillo corriendo era sencillamente agotador, así que a mitad del camino había comenzado a trotar para recuperar el aliento. La mayoría de los alumnos estaban en clases, así que los pasillos estaban silenciosos y completamente vacíos, sus pasos resonaban contra el suelo, chocando contra los muros de piedra. Era imposible huir de la sensación de deja vú; no había noche en la que su sueño no se repitiera. Todo era tan preciso que casi podía sentir la oscuridad a sus espaldas, a pesar de que todo estuviera iluminado por la luz del sol

¿Me quieres?

Una nueva punzada nació desde el fondo de su cabeza, tan fuerte que tuvo que dejarse caer al suelo. La vista se le nublaba y había momentos en los que no veía absolutamente nada. Estaba asustado. ¿La oscuridad lo había alcanzado por fin?

-Hice una apuesta con mi padre…- le dijo una voz a la distancia. Harry apenas alzó la cabeza, pero no vio a nadie. Lo último que escuchó fue el sonido de su propia cabeza impactando contra el suelo y a esa misma voz que le reclamaba:

-Aún no puedo creer que prefieras a la Comadreja por encima de mí.

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N.A: Oh sí, creyeron que había muerto, eh? xD En fin, sé que no es precisamente fin de semana, pero es mejor que subirlo hasta el próximo fi de semana, no? :33

qué les ha parecido? les gustó? pronto se aclararán muuuchas cosas, por lo pronto opinen :DD lo aman? lo odian? me odian? las tres son válidas xD

Ya falta muuuy poco... ya verán. Espero que estén muy bien y que tengan un excelente inicio de semana, échenle ganas ^w^ chane~