CAPÍTULO 21

Elijah se inclinó sobre su escritorio tratando de concentrarse en aquellos documentos; su ausencia reclamaba su urgente atención sobre algunos asuntos, constatándose con hechos la afirmación de Hayley en la cárcel al asegurar que ella no podía hacerse cargo sola de la finca, aunque ni siquiera lo había intentado. El recuerdo de Elena y la promesa que ambos habían lanzado vino a su mente de forma inevitable, preguntándose cuánto tiempo tendrían que esperar. La situación de su hermana con lo ocurrido el día anterior en la fiesta distaba mucho de solucionarse, pero dadas las circunstancias, su propia intervención podría empeorarla. Sólo cabía esperar de Klaus recapacitase y comprendiese que aquello no era más que una calumnia.

-Señor conde –lo sorprendió la voz de Trevor en la puerta. –El Capitán Tyler está aquí.

Antes de que el joven pudiera responder siquiera, el Capitán ya había irrumpido en la biblioteca y Elijah se levantó alzando su barbilla, contrariado por aquella intrusión.

-Sólo vengo a ver a su hermana –anunció con gesto conciliador. - He venido con la mejor intención. Espero no tener que irme con otro sentimiento.

-Eso depende mucho más de vos que de mí, Capitán –respondió Elijah sin amedrentarse. – Como comprenderá, su visita es más que inesperada, por lo que lamento decirte que mi hermana no podrá atenderlo –alegó con total confianza. –Si eso es todo, le ruego que se retiréis.

-Recuerde que yo lo he sacado de la cárcel –lo apuntó con el dedo como señal de advertencia. –Lo he beneficiado con un privilegio que atormenta mi espíritu revolucionario.

Elijah sonrió con ironía, mirándolo de arriba abajo. ¿Un revolucionario? Enzo era un revolucionario, Tyler en cambio no era más que un dictador.

-Si vos no fueras el Conde Forbes sino alguno de sus queridos campesinos, ya estarían en el horca –respondió con sequedad a la expresión de su rostro. –Puede que su título no sea suficiente para salvaros de él. Después de todo, ha asesinado a una Marquesa.

-Le he repetido hasta el cansancio que fue por defender a mi hermana –alzó su voz molesto, -Del mismo modo que le dije que estoy a disposición de las autoridades pertinentes.

-Tenga cuidado, Conde –le advirtió entendiendo cómo ponía en duda su poder. -Su hermana puede ser libre de casarse con quien quiera, de acuerdo. Pero, del mismo modo, yo soy libre de mandaros de nuevo a la cárcel donde los aguardaría la guillotina.

Elijah se adelantó con un par de zancadas poniéndose justo a su altura, casi frente con frente.

-No consentiré amenazas mientras este bajo mi propio techo, Capitán –masculló entre dientes conteniendo los deseos de golpearlo.

-Por supuesto –sonrió Tyler con sarcasmo. –Pero acepte un consejo. Si su intención es permanecer en su casa, apresurase en decidir. Para vos puedo ser un cuñado o un juez, lo que vos escojas.

Elijah tensó la mandíbula pero no se molestó en contestar. Giró su cuerpo apartándose de él en una clara invitación para que se marchara, dando la conversación por finalizada. No volvió a dirigir su rostro hacia él, ni quiso observar cómo se retiraba, firme en su posición. Fue al escuchar que se perdían los pasos en la lejanía del corredor cuando caminó hacia su mesa y la golpeó con fuerza con su puño, lleno de rabia e impotencia.

-Elijah –oyó la voz de su hermana tras él.

-Caroline –se irguió, tratando de recomponerse. –No te he oído entrar.

-Lo he escuchado todo –respondió a su duda no formulada. –Es culpa mía. Debería haberlo recibido.

-Ésta es tu casa y estás en todo tu derecho de decidir lo que quieras –negó él con firmeza. –Y sé que a quien quieres es a Klaus.

-Pero después de lo que sucedió anoche en la fiesta…

-Reconozco que cuando Klaus me acusó de venderte a cambio de mi liberación, me sentí ofendido, pero es que, simplemente desconoce el motivo de mi excarcelación.

-Tyler se siente con derecho de pedir cualquier cosa a cambio de tu liberación –alegó resignada.

-Y eso mismo me hace pensar que puede que él mismo le haya metido esa idea a Klaus en la cabeza –sugirió su hermano.

-No es posible –repuso ella.

-Sí claro –afirmó con sarcasmo. -Me olvidaba de que Tyler es todo un caballero.

-No -lo corrigió ella. –Me refiero a que Klaus nunca se hubiera fiado de la palabra de Tyler. Lo aborrece.

Elijah se acercó a su hermana, posando sus manos sobre sus hombros, con comprensión.

-Hay un momento en el que todos los hombres son vulnerables y Klaus no está pasando por el mejor de su vida –le dijo. –Además, debemos considerar todas las opciones posibles a la hora de darle una explicación a lo que no entendemos. Tal vez deberías ir a hablar con él para aclarárselo todo.

Caroline abrazó a su hermano con agradecimiento por sus palabras y, sobre todo, por su apoyo. Quizás Elijah tenía razón y, con la intención de seguir su consejo, se apresuró a salir de la biblioteca.

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-Puedo imaginar cómo te sientes –decía Camille mientras se colgaba del brazo de Klaus y caminaba a su lado. –Pero no es bueno para ti este encierro.

-Agradezco tus intenciones Camille, pero no estoy para actos sociales –se sentó el muchacho en uno de los banquitos del jardín.

-Ya lo sé –se mostró ella comprensiva. –Me refiero a que podrías venir a visitarme a Turín, cambiar de aires.

-Discúlpame –dijo apenado. –Tú tratando de consolarme y yo mostrándome tan descortés.

-Ya te dije que te comprendo –negó ella sentándose a su lado. –Es sólo que no me gusta verte así. Me gustaría hacer algo para ayudarte.

-Estás haciendo mucho más de lo necesario –esbozó él una sonrisa. –Aunque no lo parezca agradezco tu presencia y tu paciencia, sobre todo cuando yo no soy la mejor de las compañías.

-Debes empezar a mirar hacia adelante –le aconsejó –Por difícil que parezca.

-Lo difícil es olvidar –discrepó él. –Y hay tanto que quisiera dejar atrás.

-Espero no estar en esa lista de cosas de las que quieres deshacerte –sugirió ella con declarada intención, tomando su mano.

-Claro que no –recibió su gesto como una señal amistosa. –No puedo olvidar que has estado a mi lado cuando más lo he necesitado y sin pedir nada a cambio.

-Eso aún no lo sabes –alegó sugerente, a lo que Klaus sonrió, interpretándolo como una broma.

-En cualquier caso –continuó él, -Aprecio mucho lo que has hecho por mí.

-¿Sólo lo aprecias? –preguntó ella en un susurro y, antes de que Klaus pudiera finalmente comprender el trasfondo de aquellas insinuaciones, sintió los labios de Camille sobre los suyos.

Miles de sentimientos encontrados pasaron por su cabeza en una milésima de segundo. No se apartó en un principio, tal vez aquel calor apaciguase el dolor de su alma, redimiera aquella rabia por haberse sentido engañado, utilizado, incluso el despecho era un buen motivo para corresponder a ese beso. Pero no. Esos labios no eran los de Caroline, ninguna caricia que no fuera suya aplacaría ese resquemor que lo consumía, aunque ella misma fuera su causante y caer en brazos de otra no lo salvaría de estar perdido sin ella. Además, no era justo para Camille, no la amaba ni lo haría nunca y ése si era un buen motivo para rechazar ese beso. Una exclamación de sorpresa resonó cerca antes de que pudiera hacerlo.

Ambos voltearon y a Klaus se le heló la sangre al ver que Caroline corría, huyendo de allí.

-¡Caroline! –exclamó Klaus poniéndose en pie, aunque ella ya no podía escucharle. Un mozo la ayudaba a montar en su caballo para marcharse de allí como alma que lleva el diablo.

-Tal vez sea lo mejor –sintió entonces una mano sobre su mejilla. Klaus se apartó casi con rudeza.

-Desde luego no es lo mejor para mí –le reprochó con la mirada.

-Pero Klaus…

-Lo siento, Camille –la cortó ante su insistencia. –Sé que esto la aparta definitivamente de mí, pero no borra todo lo que aún siento por ella.

-Ya se iba a casar con otro antes de esto –espetó ella, casi de forma inconsciente, no tardando en lamentar su arrebato.

-Y también deja en entredicho tus buenas y desinteresadas intenciones –repuso contrariado.

-Lo siento, Klaus.

-Adiós, Camille, haré que un criado te acompañe al carruaje.

Aunque se supo nada gentil, Klaus se encaminó hacia el interior del castillo. Los deseos que sentía de desaparecer de la faz de la tierra amenazaban con aplastarlo. Ya no le quedaba nada y era irónico, pocos hombres podían presumir de haber perdido a dos mujeres en el mismo día. Era cierto que apreciaba a Camille, aunque de un modo fraternal y ahora ese aprecio se había visto manchado por su comportamiento y, para colmo de males, casualmente Caroline estaba ahí para malinterpretarlo todo y terminar de acabar con él.

Era cierto que Caroline iba a casarse con otro, y nada menos que con Tyler, para hacer aún mayor la burla. Tal vez, el motivo de su visita era para decírselo personalmente, regocijarse frente a él de cuan ingenuo había sido. De hecho, había pasado toda la noche en vela pensando en eso, y en lo que había sucedido en aquella fiesta. Sin embargo, cuando cerraba los ojos y aspiraba sobre su almohada, aún podía sentir su aroma impregnado en ella, recordándole la noche en que Caroline había sido suya, en aquella misma cama, bajo aquellas sábanas. Y no, Caroline no era esa mujer falsa y traicionera en la que parecía haberse transformado ahora. Esa vez fue suya, se había entregado a él con amor, en cuerpo y alma, y Klaus había creído conocerlos como si fueran los suyos.

Poco importaba eso, igual que tampoco importaba ya el motivo por el que había acudido allí. La brecha que existía entre ellos, ahora se había convertido en insondable, imposible de superar y su corazón se desgarraba con la certeza.

-¿Qué ha sucedido con Camille? –se cruzó de frente con Alaric.

-Le he pedido que se vaya –continuó su camino. Alaric lo tomó de un brazo, deteniéndolo.

-He visto a Caroline, marchándose de aquí –insistió con firmeza.

-Nos ha descubierto mientras Camille y yo nos besábamos.

-¡Pero, Klaus! –exclamó atónito.

-No es de caballeros hablar mal de una mujer, Alaric, pero sabe que no lo he provocado yo –se apresuró a defenderse.

-Entonces debes ir a aclarárselo de inmediato –le sugirió él. –Aún no es tarde…

-Alaric, te recuerdo que va a casarse con Tyler –rió con lastimero sarcasmo. –Y no olvides lo que hizo su hermano.

-Klaus, estás errando el camino –se desesperó Alaric. –No puedes seguir así. Párate aunque sea un solo segundo a ver en tu corazón, deja que te guíe.

-Entonces, la solución es sencilla –le dijo. –Me marcho de aquí.

-¿Cómo? –inquirió Alaric, preguntándose como su discurso había provocado que reaccionase así. –Klaus…

-No puedo soportarlo, Alaric –respondió con los puños apretados y la voz temblorosa. –No soporto la culpa de este amor que siento por ella sabiendo lo que hizo Elijah, el no ser capaz de odiarla a pesar de todo. Me desgarra por dentro el no poder dejar de amarla aun cuando se va a casar con otro hombre y no puedo estar aquí cuando eso suceda.

-Todo eso no desaparecerá por el mero hecho de salir huyendo –le rebatió.

-¡Tampoco si me quedo aquí! –respondió arrebatado. –Este maldito dolor me tiene paralizado –exclamó con la respiración entrecortada. –Vuelvo a Francia. No estaré aquí para ver como se une a otro.

Alaric lo vio marcharse sin poder decirle nada que lo consolara, aunque no pensaba que existiesen palabras en el mundo capaces de alentarle. Se preguntó si él también había errado el camino al ocultarle el pasado de su madre pero, de lo que no tenía dudas era que el decírselo ahora no solucionaría las cosas. Además, esa decisión de Caroline de querer casarse con Tyler también escapaba a su comprensión y aunque, según el Capitán, ella había aceptado de buena gana, él vislumbraba algún tipo de chantaje detrás y debía averiguarlo. Tal vez Caroline no se confiara a él, pero lo haría con Jenna.

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Las lágrimas apenas le dejaban ver el sendero y gracias a que el caballo conocía el camino hacia la finca fue que llegó a casa. No podía creer lo que había presenciado. ¿A qué había venido esa escena la noche anterior mostrándose ofendido por algo que ni siquiera era cierto cuando él ya se había refugiado en los brazos de otra? Y ella había sido tan tonta que había corrido en su busca para negarle aquello, justo para averiguar por ella misma lo que él no se había atrevido a decirle. Era más fácil herirla frente a todos con aquella mentira a enfrentarla con valentía y decirle que lo que había ocurrido entre ellos jamás había existido.

A Caroline le dolió el alma al pensar en aquello. ¿Cómo la naturaleza del hombre lo hacía capaz de olvidar que una mujer se había entregado a él? Y Caroline no le había entregado sólo su cuerpo, sino todo su ser. Y es más, la última vez que se habían visto, le había hecho creer que aún la amaba... Falsos sus besos y falsas sus palabras, mientras ya se consolaba de ese dolor que proclamaba sentir a los cuatro vientos con Camille.

Se rió con tristeza de ella misma. Había sido una estúpida, mostrándose firme ante las pretensiones de Tyler y fiel a un amor que en realidad no había existido y arriesgando por él la vida de su hermano. Elijah se merecía ser feliz con Elena y no podría serlo jamás con la amenaza de Tyler pendiendo sobre su cabeza si ella no se casaba con él. Antes, creyendo que Klaus volvería a ella algún día, se había negado. Sin embargo, eso ya no era necesario.

-Es mejor que lo sepas de una buena vez –irrumpió en la biblioteca, sobresaltando a su hermano. -Aceptaré la propuesta de matrimonio de Tyler.

-¿De Tyler? –caminó hacia ella. -Estás bromeando, ¿verdad?

-Hazlo venir –alzo su barbilla tratando de controlar el temblor de su voz. -Yo misma se lo diré.

-¿Pero qué ha pasado? –preguntó viendo su estado. -¿Y Klaus?

-¡Olvídate de Klaus! –le exigió. –Dijiste que yo debía decidir con quién casarme. Pues la decisión está tomada.

-Te has vuelto loca –negaba él.

-Es lo mejor para todos –agregó, tras lo que escapó de la biblioteca.

Elijah salió tras ella, encontrándose con Hayley en la puerta.

-Por una vez escucha a tu hermana –lo detuvo. –Hasta ella ha comprendido qué es lo que le conviene.

-No te metas en esto –masculló volviendo a seguir los pasos de Caroline, quien se dirigía a su habitación donde aguardaba Katherine.

-Caroline, te ruego que pienses bien lo que estáis haciendo –le pidió al alcanzarla. -Las amenazas de Tyler no me asustan y no quiero que tú te sacrifiques por mí.

-No lo hago sólo por ti, Elijah –le contradijo -Lo hago también por el pueblo. Casándome con él, podré ayudar a nuestra gente.

-¿Qué pasa con Klaus? –insistió.

-Ya te dije que lo olvidaras –se exasperó.

-¿Vas a sacrificar también su amor? –la ignoró.

-No existe tal amor –aseveró ella. –Ya no tengo nada que perder.

-¿Y qué vas a ganar? –quiso saber él.

-Tu tranquilidad –dijo todo lo calmadamente posible.

-Mi tranquilidad no vale que te entregues a un hombre que no amas –negó Elijah. –Prefiero la cárcel, la guillotina incluso, a saberte casada con Tyler.

-Sí, tú eres dueño de tu vida –asintió Caroline, -Igual que yo decido sobre la mía. Katherine –volteó hacia la doncella que observaba la escena desconcertada. –Ayúdame a prepararme.

Katherine asintió cerrando la puerta a Elijah, quien las miraba furibundo.

La doncella cumplió con su cometido todo lo silenciosamente que pudo. Antes de partir a encontrarse con Klaus, Caroline le había contado emocionada sus planes, prometiéndole que le narraría todo a su vuelta. Por descontado, esto no era lo que esperaba ocurriese. Apenada, observaba su rostro triste en el reflejo del espejo y, si la desdicha tenía una cara, era la de Caroline.

-Katherine, por favor, que reciban al Capitán en mi nombre –le pidió. –Hasta entonces, que nadie me moleste, quiero estar sola.

La muchacha se limitó a asentir y salió de la habitación, cumpliendo con sus deseos. Le habría encantado quedarse con ella, darle una palabra de aliento pero Caroline no parecía predispuesta a ello, y era más que comprensible.

Ella misma se mantuvo al tanto de la llegada del Capitán. Esa misma mañana, en su anterior visita, lo había hecho a solas y se alegró enormemente al comprobar que, en la lejanía, el Capitán Tyler se aproximaba esta vez acompañado por un pequeño grupo de hombres, entre ellos, Damon. A pesar de la distancia, distinguiría su porte entre en millar de jinetes.

Con toda la calma de la que fue capaz, aguardó al pie de la escalinata, inclinándose en cuanto se apostaron frente a ella.

-Buenas tardes, Capitán –saludó la muchacha mientras los hombres desmontaban. -La Condesa lo espera en el jardín –hizo un gesto con la mano para que lo acompañara.

-Conozco el camino –repuso él casi con rudeza. –Teniente –volteó hacia Damon quien intentaba no fijar su mirada en Katherine, -Espéreme aquí. Creo que me han convocado por asuntos privados.

-Cómo diga Capitán.

Damon aguardó en silencio hasta que su superior se hubo retirado, lanzándole entonces una leve sonrisa a Katherine.

-Que les den de beber a los caballos –le indicó a sus hombres, quienes no dudaron en obedecer, dejándolos así a solas, tal y como pretendía al darles aquella orden.

-Hola –la saludó sonriente, dando un paso hacia ella, el mismo que la joven retrocedió.

-No deben vernos juntos –le recordó ella.

-Entonces vayamos a algún sitio donde podamos hablar –le sugirió él, -Aunque sea sólo un momento.

-Está bien –lo miró con ojos pícaros. –Ven conmigo.

Evitando el camino directo hacia el patio donde estaría la mayoría de criados y los hombres de Damon, llegaron a un pequeño cobertizo, al que entraron con sigilo, cuidando de que nadie los viera. En cuanto lo hubieron hecho, Damon la tomó por los hombros girándola para besarla con impaciencia.

-Damon, debemos ser cuidadosos –se separó de él mirando con cautela en todas direcciones.

-Tienes razón –admitió él, -Pero no sabes la dicha que he sentido cuando Tyler me ha pedido que lo acompañara. Deseaba tanto verte.

-Yo también deseaba verte, aunque me hubiera gustado que hubiera sido en otras circunstancias.

-La verdad es que me parece un poco extraño, dos visitas en el mismo día –comentó pensativo. –¿Las razones a las que se debe son las mismas por las que estás tan triste?

Katherine lo miró sorprendida.

-Me basta con ver tus ojos –acarició con dulzura su mejilla.

-Caroline va a aceptar su proposición de matrimonio –le dijo sin titubeos.

-¿Pero por qué? –preguntó atónito. –Hasta ahora se había mantenido firme. Creía que amaba a Klaus.

-Y lo ama –le ratificó ella. –De hecho hoy iba a encontrarse con él, pero no sé que habrá sucedido. Cuando ha regresado, ha venido dispuesta a aceptar a Tyler y Elijah no ha sido capaz de disuadirla. Ella afirma que uno de sus motivos es él –añadió pesarosa. –Quiere alejarlo de una posible represalia por parte de tu Capitán.

Damon resopló contrariado y se acercó a ella, abrazándola.

-Lo siento mucho, Katherine –susurró. –Entiendo que no es justo pero poco podemos hacer nosotros por remediarlo.

-¿Es que el amor no debería ser lo más importante? –alzó ella su vista hacia él.

-Lo es –musitó mientras se inclinaba sobre ella.

-No –se separó un poco. –Mejor, vámonos.

Damon aferró su cintura con decisión y la tomó de la nuca, buscando sus labios con los suyos y Katherine se rindió al instante ante su calor. Sin embargo, sintió la ausencia de su caricia de forma muy repentina, casi brusca, y cuando abrió los ojos, confusa, fue para ver como el puño de su hermano se estrellaba contra la mandíbula de Damon.

-¡Bastardo francés! –le gritaba, lanzándolo contra la pared, intentando Damon esquivar su golpe.

-¡Trevor! ¡No! –exclamó Katherine.

-No le basta con robarnos el grano, ahora quieres robarme a mi hermana –continuó agrediéndole, mientras Damon se limitaba a evitarlo, no queriendo empeorar la situación con Katherine golpeándolo.

-¡Ayuda! –gritó Katherine, desesperada. -¡Ayudadme!

-¡Te voy a matar! –sentenciaba Trevor cuando un par de muchachos lo agarraron por los brazos separándolo del teniente, que se limpiaba con el dorso de la mano la sangre que brotaba por la comisura de sus labios.

-¡Cálmate, Trevor! –intervino Rose que llegó acompañada de Jenna, quien abrazó a Katherine.

-No volverás a ver jamás a este perro francés –le advirtió su hermano con gesto amenazante.

-No tiene nada de malo –continuó su prometida. -La Condesa Caroline va a casarse con el Capitán Tyler y la Condesa Hayley aprobaría esa relación.

-La Condesa no decide sobre mi hermana, sino yo –le lanzó ahora una mirada infectada en odio a Damon quien, entendiendo, se retiró, mirando a Katherine lleno de impotencia y pesadumbre.

Ella entonces hizo ademán de seguirlo pero el ceño enojado de Trevor se lo impidió y volvió a refugiarse en los brazos de Jenna.

-¿Y qué es eso de que la Condesita se casa con ese maldito Capitán? –preguntó el joven.

-¿No te habías enterado? –habló Jenna con sarcasmo. –En estos instantes, va a reunirse con él.

En efecto, Caroline se dirigía al jardín en ese momento para acudir a aquella cita con la que condenaría su vida. Pero, a pesar de ser consciente de ello, no iba a retroceder. La decisión estaba tomada, en realidad, no había gran diferencia. El desamor de Klaus la hacía desdichada de cualquier modo, aunque no se casase con Tyler. Así, al menos, tenía el consuelo de que había ayudado a Elijah a ser feliz, ya que ella no podría serlo nunca. En cierto modo, sintió lástima por Tyler. Ella ya no tenía nada que ofrecerle, pero si era su capricho el tenerla, lo haría.

Llegando a la mesa, la esperaban ya su hermano, claramente contrariado, Hayley, quien difícilmente podía ocultar su alegría y Tyler, que se levantó para recibirla.

-Finalmente llegas, Caroline –la regañó suavemente Hayley, en tanto Tyler tomaba su mano para besársela.

-Condesa, debo reconocer que estoy sorprendido por su invitación –la ayudó a tomar asiento, -Y estoy verdaderamente ansioso por saber el motivo por el que me ha hecho llamar.

-He tenido nuevamente en consideración su propuesta de matrimonio –declaró con mirada hipócrita.

-¿En qué sentido? –quiso saber él.

-He decidido aceptarla –dijo finalmente.

-¿Y si fuese yo él que se negara esta vez? –sugirió dándose por ofendido.

-Estaría en todo su derecho –repuso ella sin embargo.

-¿Puedo saber por qué este cambio? –preguntó tras observarla unos segundos.

-He reconsiderado todo lo que ha sucedido y he estado meditando –mintió ella.

-¿Y qué ha pasado con su apasionado amor por Niklaus Mikaelson? –inquirió con suspicacia.

-Eso ya no importa, Capitán –intervino Hayley.

-Sí que importa, mi querida Condesa –dirigió su mirada a ella, volviendo después a Caroline. -No me casaría nunca con vos si su corazón perteneciera a otro.

-Está exagerando, Capitán –insistió Hayley con falsa sonrisa, disimulando la creciente molestia que empezaba a sentir. ¿Pretendía que le dijera que lo amaba a él?

-Mi pasión, como vos dice, por Niklaus Mikaelson ha muerto –alegó con decisión.

-Si es así, está decidido -accedió esforzándose por no soltar una carcajada ante su triunfo. –Me gustaría que nos casásemos cuanto antes.

-Prepararemos un matrimonio tal que durante años se recordará como la celebración más espléndida de toda la región –agregó Hayley con gran ánimo.

-No –negó Caroline categóricamente. -Prefiero una ceremonia sencilla, en la iglesia del pueblo y con pocos invitados.

-¿Pero cómo? –discrepó su cuñada.

-Es mi única condición –le reiteró.

-Pero es tu boda –difirió. –Elijah –se volteó hacia su marido quien no había dicho palabra alguna, -Convéncela tú.

-Yo, si me disculpan me retiro –se levantó de la mesa. –Tantas boberías me producen dolor de cabeza.

Sin temer la indignación que pudiera causar en su mujer, o la ofensa hacia Tyler, se encaminó hacia el castillo. Tampoco le importó desilusionar a su hermana, de hecho, ella era quien lo había desilusionado y Caroline era consciente de eso. Marchándose así, no sólo mostraba abiertamente su disconformidad ante esa boda sino que le retiraba su apoyo a Caroline, quien, apenada, se supo sola a su suerte. No podía lamentarlo, lo tenía bien merecido. Si en un principio lo hubiera escuchado y se hubiera alejado de Klaus, no estaría en esa situación. Lo único que le quedaba era acarrear las consecuencias, aunque su vida se convirtiera en un infierno, aunque, bien pensado, ya lo era sin él.

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