Hey there! he aquí, un nuevo capítulo

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Capítulo 21: El furioso Espíritu

Zeniba se estaba poniendo nerviosa. Y mientras más caminaban, más sus nervios aumentaban, pero ahora su estado se acercaba a la ansiedad. Los espíritus de los bosques eran muy poderosos. Y si el espíritu del lago tenía razón, si Yuteela guardaba un profundo rencor hacia los humanos, esto sería un verdadero problema.

Al no ser un espíritu vinculado, Zeniba no conocía el dolor de perder su elemento. Podía imaginárselo, pero nunca conocería el sentimiento. Zeniba se imaginaba que Yuteela estaría molesta y furiosa, pero nada la hubiera preparado para la gran cantidad de cólera proveniente de los dominios de Yuteela. Era aterrador. Tanta ira, toda dirigida hacia los humanos quienes se atrevieron a destruir su bosque.

–Chihiro, debemos tener mucho cuidado –advirtió–. Estamos cerca.

Chihiro miro a su alrededor. Todo lucia igual para ella, el mismo terreno rocoso. – ¿Cómo puedes saberlo?

–Puedo percibir la ira de Yuteela –explico la bruja–. Su aura está consumido por la ira. Cuando el espíritu del lago advirtió que Yuteela estaba más que furiosa, no imaginaba que su furia fuera tan intensa.

Sin-Cara gruñó cuando los efectos de la ira del espíritu del bosque se mesclaron con sus propias emociones. Al ser el monstruo que él era, su comportamiento era resultado de todo lo que le rodeaba; por lo tanto, siendo esta la razón de su agresividad en la casa de baños 12 años atrás.

–Yo no percibo nada –murmuró Chihiro, inmediatamente sintiéndose tonta al decir algo tan estúpido. Por supuesto que no podía percibir nada. Era humana.

–El aire está lleno de cólera –respondió Zeniba–. Ella está cerca. Y decir que está furiosa es quedarse corto.

Chihiro trago grueso. – ¿Dónde está ella?

Zeniba se encogió de hombros. –No sabría decirte.

Chihiro gimió. –Yubarito, ¿crees que puedas volar alrededor un poco y ver si ves algo? –no creía que Yuteela lastimaría a otro espíritu.

Yubarito asintió y alzó vuelo. Sin ser consciente de nada, al momento en que alzó vuelo una figura oscura se deslizó entre las sombras. Había estado observándolos por un buen rato, preguntándose que estaban haciendo ellos aquí. No le importaba el hecho de que los espíritus estuvieran aquí, pero la humana era otra historia. ¿Qué hacia una humana aquí? ¿Cómo se atrevía uno de esos seres a venir a este mundo? ¿Y cómo se atrevían los otros espíritus a asociarse con ella?

Los nudillos del espíritu crujieron cuando estos se cerraron en un puño con ira. Lentamente se deslizó más cerca. La bruja ya estaba recelosa y el monstruo sin cara estaba sintiendo el impacto de sus emociones. Pero la humana era estúpida, eso era bueno. Sabía perfectamente cuan destructivos podían ser los humanos. Sus ojos se estrecharon ante los recuerdos del pasado. Aún lo recordaba como si fuese ayer. Los humanos despiadadamente cortando los árboles, los animales corriendo por refugios cuando sus hogares fueron destruidos, el ambiente cambiando de su hermoso follaje verde a un lugar apto para los beneficios de los humanos.

Un gruñido se escapó de su garganta cuando recordó estas cosas. Los humanos le habían causado mucho dolor, y ahora estaban aquí. No podían simplemente dejar a los espíritus en paz, no, también habían venido a este mundo. ¡Esas avariciosas criaturas! ¡Los humanos no tomarían también ese mundo!

Yubarito continuaba volando en círculos sobre sus cabezas mientras los demás lo seguían metros abajo. Ninguno de ellos era consciente de que el furioso espíritu los seguía, pero sí sintieron las emociones coléricas acercarse más y más.

Finalmente Zeniba levanto una mano para detenerlos a todos. Silbó para que Yubarito se les uniera abajo en el suelo. Chihiro inclino su cabeza hacia un lado. – ¿Qué sucede, abuelita?

Los ojos de Zeniba escudriñaron entre las sombras, buscando al furibundo espíritu. –Ella está aquí.

Tras darse cuenta de lo que estaba hablando la bruja, Chihiro inmediatamente saltó detrás de Sin-Cara, aferrándose a su pequeño brazo. – ¿Dónde?

–No estoy segura –susurró Zeniba–. Pero está aquí, en alguna parte.

–Quizás, quizás deberíamos pedirle que se aparezca, así podríamos decirle que venimos en paz –sugirió Chihiro.

Los ojos de Zeniba continuaron vagando. Quizás fuese una buena idea; al menos no tenían que preocuparse por el ataque de una serpiente. –Muy bien, pero creo que tú debes ser quien lo haga dado que el rencor es en contra de los tuyos –Chihiro gimió por el susto, pero asintió estando de acuerdo–. Muy bien, sal lentamente hacia la luz y ponte de rodillas.

Chihiro así lo hizo. Con cautela se separó de los otros, sólo unos cuantos pasos, y despacio se puso de rodillas.

–De acuerdo –murmuró Zeniba, repasando la lista de los posibles hechizos que podría utilizar en caso de que cualquier peligro le ocurriese a la humana–, ahora formalmente dirígete al espíritu del bosque y pídele que se presente ante ti.

Chihiro respiro profundamente antes de hacer una reverencia. –Oh, gran y poderoso espíritu del bosque, Yuteela, yo, Chihiro Ogino, solicito hablar contigo en términos pacíficos. Consciente de que no quiero dañarte y de que tengo un enorme respeto por ti.

Por unos segundos nada sucedió, pero luego una figura apareció de golpe de entre las sombras y se plantó delante de Chihiro, sobresaltando a la humana. Sin-Cara hizo un movimiento para atacar y Zeniba casi deja escapar su magia, pero ambos se contuvieron mientras miraban al espíritu cernirse sobre Chihiro.

Chihiro jadeó cuando al levantar la vista vio a Yuteela. A diferencia de otros espíritus del bosque, como la del bosque toxico, Yuteela era terrorífica de mirar. Tenía la apariencia de un cruce entre un humano y una araña. Cerniéndose sobre ella a tres metros de altura, Yuteela observaba a la humana con cuatro ojos amarillos. Su nariz, la cual era sólo dos ranuras en forma de C, succionaba el aire con pesadez, revelando cuan furiosa estaba, y una lengua bífida se arrastraba entre sus colmillos puntiagudos. Su largo cabellos color rojo sangre caía sobre sus hombros y un par de antenas de un metro sobresalían de su cabeza, moviéndose con la brisa al ritmo de su cabello. Seis antenas negras sobresalían de sus omoplatos, tres en cada lado, agitándose ligeramente como si estuvieran inquietas por aferrarse en algo, preferiblemente algo humano, y varias púas amarillas descendían por su columna vertebral. Ella no tenía brazo izquierdo; en cambio, 8 largas patas de araña surgieron del lugar donde su hombro debería haber comenzado a formar un brazo. Chihiro supuso que se usaba para trepar árboles en su bosque. Su brazo derecho, el que en realidad era un brazo, era tan largo que casi tocaba el suelo; sus dedos extremadamente largos y huesudos sólo rozaban el suelo con sus pies en forma de tacón alto.

Chihiro hizo una visible mueca de temor ante la clara ira del espíritu. –Yu-tee-la –tartamudeo, preguntándose por qué las personas más peligrosas eran siempre las más terroríficas.

Los cuatro ojos se estrecharon. – ¡Humana! –siseó, señalando acusatoriamente a Chihiro– ¿Qué estás haciendo aquí? –Se giró hacia los acompañantes de Chihiro– ¿Qué está haciendo una humana aquí?

Zeniba tragó grueso. –Sólo pasábamos por aquí –murmuró.

–¡Pasando por aquí! –Yuteela bramó–. ¡Ningún humano debería estar en nuestro mundo! –se volvió hacia Chihiro– ¿Qué? ¿Destruir su mundo no es suficiente? ¿Ahora vienen a destruir el nuestro?

Chihiro deseó con desesperación que Haku estuviera aquí. –Yo no quiero destruir nada.

–¡MENTIROSA! –Yuteela gritó, rasgando el aire–. Tu especie destruyó mi bosque, y ahora vienes tú a quitarme el único lugar que me queda.

Zeniba se paró delante de Chihiro. –Ella no vino a causar problemas. Ella es una buena persona.

Yuteela bufó incrédula. –Eso mismo creía yo la primera vez que los humanos vinieron aquí. Luego ellos comenzaron a destruir mi bosque. ¡Ella no es diferente de ellos! ¡Todos son iguales!

Ahora Zeniba estaba empezando a irritarse. – ¿Cómo te atreves de acusarla de…?

–¡Abuelita! –dijo Chihiro es voz alta–. Está bien, yo entiendo porque ella está molesta.

Yuteela inclinó su cabeza hacia atrás y rio, pero era una risa sin gracia. – ¿Lo entiendes? ¿Realmente lo entiendes?

Chihiro asintió, intentado no demostrar cuan asustada estaba. –Sí, el espíritu del lago que vive cerca de aquí me contó que mi especie destruyó por completo tu bosque.

Yuteela sonrío con desprecio. –Bueno. No eres muy inteligente. Ese tonto espíritu no tiene ni idea de lo que yo tuve que pasar. Oh, seguro. Su lago pudo haber sido contaminado, pero eso sólo lo enferma por un tiempo. Ustedes no tienen idea de mi sufrir.

Chihiro trato de mostrarse empática, pero era difícil cuando estaba temblando. ¿Cómo se suponía que convertiría la ira de este espíritu en tristeza? –Entiendo cómo te sientes…

–¡NO! ¡TÚ NO ENTIENDES NADA! –Chilló Yuteela, tirando de sus antenas– ¡Tú no sabes cómo me siento! ¡Jamás lo sabrás! Para un espíritu como yo, perder su elemento es como perder su hogar, perder a sus padres, a su mejor amigo, perder todo lo que importa al mismo tiempo. ¿Alguna vez experimentaste algo así?

–N-no.

–¡ENTONCES NO DIGAS QUE ENTIENDES! –Respiraba con dificultad al intentar mantener su ira bajo control–. Los humanos me arrebataron algo muy preciado, algo que nunca más puede ser devuelto.

–Bueno… no es como si lo necesitaras –Chihiro estampo una de sus manos en su boca al darse cuenta de lo que había dicho. Esto no estaba saliendo bien.

Yuteela puso el grito en el cielo. –¡Oh, entonces supongo que eso significa que puedes vivir feliz sin tus brazos o piernas porque no los necesitas!

–No, yo no quise de…

–¿Cómo te sentirías si te arrebato algo? ¿Qué si te quito tu vista o tus oídos? ¡Vamos a ver cómo te sientes después de eso!

–No quise decir algo así –Chihiro chilló con desesperación–. ¿No es el cuidado de un bosque una gran responsabilidad? Ahora no necesitas preocuparte por eso –esto no estaba resultando de la forma que ella había planeado.

Yuteela rechinó los dientes al decir. –¡Mi bosque no era un jardín o un invernadero como a los humanos les gusta tener! ¡Era una parte de mí! ¡Yo nací de él! ¡Ustedes los humanos me lo arrebataron! ¡Ustedes crueles, destructivas y codiciosas criaturas!

–No todos los humanos son así –chilló Zeniba, saliendo en defensa de la raza de Chihiro–. Chihiro no es así.

–¡Ah, ah! –exclamó Sin-Cara, asintiendo mostrándose de acuerdo.

–Pues, aún me falta conocer a alguien que me demuestre lo contrario –dijo Yuteela tercamente.

–Sin embargo es verdad –dijo Chihiro–Hay gente que protesta contra tanta destrucción.

–Oh, ellos 'protestan' –se mofó Yuteela–. Sí, eso realmente funciona. Toda la destrucción se detendrá porque una pequeña fracción de humanos cuelga sus letreros. ¡Por favor! Al final del día ellos regresan a sus lindas y acogedoras casas y dejan todo el tema de la destrucción atrás.

–Hay personas que plantan árboles, limpian el medio ambiente y resguardan a los animales –dijo Chihiro.

–¡Ja! Todo para sus propias ganancias personales. No les importa realmente.

–Ellos no lo saben –le corrigió Chihiro–. Yo no tenía idea de nada de esto hasta que vine aquí.

Yuteela la miro a los ojos. – ¿Y tú crees que haría una diferencia si ellos lo supieran? –preguntó, prácticamente susurrando–. A ustedes los humanos no les importa, no mientras no puedan beneficiarse con ello. ¿Cuántas criaturas han muerto por la avaricia de los humanos? –su enojo pareció desvanecerse un poco de su mirada–. Mi bosque era tan hermoso, tan lleno de vida. Por donde ibas, los Kodama* corrían libremente. El verde follaje se extendía más lejos de los que tus ojos podían ver. Era maravilloso –sus ojos se ensombrecieron–. Luego llegaron los humanos. Ellos despiadadamente destruyeron lo que un día considere querido. Ahora alquitrán y concreto cubren lo que fue hierba y grandes edificios de metal ocupan el lugar de mis hermosos árboles. Incluso si un milagro ocurriese y esa ciudad fuese destruida y otro bosque creciera donde un día estuvo el mío, no sería mío; sería del espíritu que naciera de ese nuevo bosque.

En su furia, golpeó una gran roca, haciéndola polvo en el acto. –Ustedes los humanos, simplemente no entienden. No pueden entender. Simplemente seguirán las reglas de su mundo, sin preocuparse a quién o qué lastiman para conseguir lo que quieren.

–Ya te lo he dicho, nadie sabe de este mundo ni de los que viven aquí –chilló Chihiro.

–¡Igual no les importarían si lo supieran! –gritó Yuteela–. Lo sé. Hace muchos años, un espíritu bosque conocido como Shishi Gami fue asesinado. Le cortaron la cabeza. ¿Puedes justificar eso?

Chihiro no pudo. –No.

–¡Ya ves! Despreocupadas, crueles y avariciosas criaturas. Continúan con lo que hacen. Bueno, no aquí, no en este mundo. Tú pagaras por lo que me hicieron.

Zeniba extendió sus brazos, protegiendo a Chihiro. –Si quieres hacerle algo a ella, ¡tendrás que pasar por encima de mí!

Yuteela gruño. –¡Traidora! ¿Arriesgarías tu vida por esta miserable criatura?

Los ojos de Zeniba se estrecharon. –Sí.

Yuteela volvió a gruñir. –¡BIEN!

Arremetió contra Zeniba, despedazando el 'pájaro' de papel que Zeniba utilizaba para estar en dos lugares a la vez. El 'pájaro' fue rasgado en pedazos. Zeniba jadeó en shock.

–¡Chihiro, huye! –aulló la bruja mientras desaparecía.

Chihiro así lo hizo. Saltó sobre sus pies y corrió hacia Sin-Cara.

–¡No tan rápido! –chilló Yuteela.

Atrapó a Chihiro por el cabello y tiro de ella hacia atrás. Momento después la soltó, aullando con dolor. Una marca de quemadura apareció en su mano luego de haber tocado la liga que Chihiro tenía en el cabello. Zeniba tenía razón, eso liga la protegería.

–¡¿POR QUÉ TÚ MALDITA MOCOSA?!

De repente Yuteela cambió. Pasó de ser un cruce de un humano y araña, a una gigantesca araña mutante. Su rostro aún tenía un ligero parecido humano, pero el resto de ella era el cuerpo de una enorme araña, cambiando de un pálido azul a un azul oscuro.

Yuteela se abalanzó contra ella. Chihiro gritó mientras Sin-Cara la quitaba del camino. Entonces el monstruo sin rostro hizo algo que Chihiro nunca había experimentado y nunca esperó. Se la tragó.

Yuteela aulló con furia y arremetió contra Sin-Cara, quien ya se había dado la vuelta para huir con piernas ahora parecidas a las de un humano. Yuteela los persiguió mientras Yubarito volaba sobre sus cabezas, descendiendo en cada oportunidad que tenía para atacar al espíritu del bosque.

–¡Déjanos en paz! –chilló Sin-Cara con una voz muy similar a la de Chihiro.

–¡Entrégame a la humana! –bramó Yuteela.

–¡Jamás!

Sin-Cara se movía sorprendentemente rápido, pero Yuteela le estaba alcanzando. Sin-Cara llamó a Yubarito y cuando el pájaro acudió, él lo atrapó y también se lo comió. Alas negras le brotaron de su espalda e inmediatamente alzó vuelo, volando por encima del alcance de Yuteela.

–Nos vemos –le dijo Sin-Cara a la gigante araña, pensando que él y los otros ya se habían escapado.

–¡Ustedes no irán a ningún lado! –exclamó Yuteela.

Ella saltó alto en el aire, usando sus paltas como resortes. Sin-Cara gritó e intento volar más alto, pero Yuteela ya lo había alcanzado. Uno de sus negros tentáculos le golpeó en su espalda, azotando a Sin-Cara y enviándolo al suelo.

Yuteela aterrizó justo sobre el monstruo caído, mirándolo fijamente. –¡Entrégame a la humana!

Rápidamente Sin-Cara se movió debajo de ella. Yuteela se giró y cortó con una de sus patas su espalda, dañando una de sus alas; no lastimándolo realmente ya que no tenía alas propias, pero sí impidiéndole volar, y Yuteela no iba a detenerse pronto.

~•~ ~•~ ~•~

Chihiro sabía dónde se encontraba, sólo que no lo creía. Esto era más que asqueroso. Era húmedo, caliente y estrecho. Se sentía como si estuviese atorada en un tubo. Pobre Yubarito que también estuvo atorado aquí mientras sobrevolaban el bosque toxico.

Hablando de Yubarito, Yubarito simplemente se dejó caer dentro del estómago de Sin-Cara, y definitivamente no estaba feliz por eso.

–Yubarito, ¿Qué está pasando? –exclamó Chihiro, sabiendo que incluso si recibía una respuesta, no entendería lo que el pájaro estaría diciendo.

Como había previsto, Yubarito chilló con furia, diciendo cosas que Chihiro no podía entender, pero ella sabía lo que el espíritu quería decir. Todo estaba muy mal. Rogó para que Sin-Cara encontrara un lugar seguro y rápido para que pudiese vomitarlos, tanto a ella como a Yubarito.

'Eso suena verdaderamente agradable' pensó sarcásticamente.

~•~ ~•~ ~•~

Sin-Cara tenía que admitir que Yuteela estaba determinada a atraparlo. De acuerdo, a él no, pero sí a Chihiro; su constante 'entrégame a la humana' era una prueba de ello. De pronto, Yuteela dio un gran salto, cerrándole el paso a Sin-Cara. Sin-Cara derrapo en seco y cambio de dirección, con Yuteela pisándole los talones.

–¡Aléjate! –chilló, extendió la mano y una gran cantidad de arena sucia disfrazada de oro apareció. Se la lanzó al furioso espíritu–. Toma el oro y vete.

Yuteela pasó por encima de las pequeñas pepitas del falso oro. Sin-Cara continuó corriendo. De pronto, diviso una grieta en un muro de una gran roca. Parecía ser bastante estrecha, pero fue hacia allí. Yuteela estaba justo detrás de ellos y estaba por alcanzarlos. Sin-Cara saltó, ingeniándosela para caber dentro de la grieta. Se escuchó un gran estruendo cuando Yuteela chocó contra el muro.

Chillando con frustración, Yuteela continuó golpeando la pared. Sin-Cara retrocedió asustado. Yuteela era demasiado grande para caber, pero él no quería correr ningún riesgo.

–¡Dame a la humana!

–¡No! –Sin-Cara volvió a estirar la mano y creo más oro falso–. Toma el oro y déjala en paz.

Yuteela metió su cabeza dentro de la grieta. Su cuello, al parecer, podía estirarse, llegando a medir un metro– ¡No quiero ningún oro! ¡El oro no puede devolverme mi bosque!

–Tampoco el lastimar a Chihiro –señalo Sin-Cara.

–¡Se llama justicia! –rugió Yuteela–. Su especie destruyó mi bosque. ¡Alguien tiene que pagar!

–¿Entonces planeas lastimar a una inocente por quién sabe qué te hicieron unos cuantos humanos hace mucho tiempo?

Los ojos de Yuteela llamearon con furia. –¡Tú no entiendes! ¡Dámela!

–Prefiero morir –dijo Sin-Cara.

Y con eso, se deslizó más lejos, encaminándose hacia la salida. Yuteela intento continuar con su persecución, pero de pronto se tuvo que enfrentar a un dilema; ¡Su cabeza estaba atascada!

Mientras Yuteela continuaba con su intento de liberarse, Sin-Cara fue capaz de escabullirse y encontrar un adecuado escondite. Para el tiempo que el espíritu del bosque logró sacar su cabeza de su atasco, ya había perdido rastro del monstruo.

–¿Dónde estás? –gritó– ¡Aparece de una vez!

Sin-Cara soltó un incrédulo bufido y rio ante la ridícula orden de Yuteela. Sí, como si fuese a salir sólo porque ella se lo decía. Considerando que ya era seguro, al menos por ahora, vomitó a Chihiro y a Yubarito. Ninguno parecía estar lastimado, pero sí disgustados.

–Eso fue la cosa más inquietante que me ha pasado en toda la vida –murmuró Chihiro. Se volteó hacia Sin-Cara–. Gracias Sin-Cara, te la debo.

Sin-Cara hizo un gesto silenciador y señaló la gran roca en la que se encontraban escondidos. Yuteela era un desastre, golpeando rocas y destrozando las que podía mientras buscaba a Chihiro.

–¿Dónde estás? –chilló–. ¡Ven y paga por lo que me hicieron! ¡Toma la responsabilidad de vuestras acciones!

'¡Yo no hice nada!' pensó Chihiro indignada.

Sin-Cara empujó a Chihiro contra la pared de la roca y la cubrió con su cuerpo para esconderla entre las sombras. Yuteela se estaba acercando, sus antenas se crispaban para sentir las vibraciones en el aire.

–Sal, sal, donde quiera que estés –siseó Yuteela.

Chihiro soltó un pequeño gemido cuando la sombra de Yuteela se asomó sobre su escondite. ¡Yuteela estaba justo detrás de ellos!

–¿Dónde estás?

Yubarito chilló y salió volando de su escondite atacando a Yuteela con sus garras. Yuteela aulló mientras Yubarito continuaba atacándola.

–¡Maldita peste! –gritó Yuteela– ¡Dime dónde está la humana!

Sin-Cara tiró de Chihiro mientras Yubarito alejaba a Yuteela de ellos.

–Pero ¿Qué hay de Yubarito? –preguntó la chica.

Sin-Cara se llevó un dedo a sus labios y siguió tirando de ella. Chihiro en verdad no quería dejar a Yubarito, pero no tenía otra opción; si se quedaba. Moriría.

Yuteela gruñía mientras Yubarito seguía mofándose de ella. El estúpido espíritu pájaro le estaba crispando los nervios. Ella sólo quería a la humana. ¿Por qué estos espíritus arriesgarían sus vidas por ella?

Se detuvo. Yubarito volvió a atacar el doble cuando se dio cuenta de que Yuteela ya no lo seguía. Voló sobre la cabeza del espíritu bosque otra vez, pero Yuteela no reaccionó. ¿Cómo pudo ser tan estúpida?

'¿Creíste que podrías burlarte de mí?' pensó.

Yubarito entró en pánico cuando se percató que Yuteela había divisado a sus amigos. Continuó volando sobre la cabeza del espíritu, intentando recapturar su atención sobre ella. Yuteela no mordió el cebo; en su lugar uno de sus negros tentáculos golpeó a Yubarito, enviándolo al suelo.

–¡Ahora ya no podrás escapar! –declaró.

Chihiro no era consciente que mientras Sin-Cara tiraba de ella la amenaza cada vez se acercaba más, sorprendentemente rápido. Chihiro en realidad pensó que podría escapar hasta que la sombra de Yuteela se cernió sobre ella repentinamente, oscureciendo las cosas. Chihiro se dio vuelta y se encontró con la furiosa espíritu del bosque justo detrás de ella.

–¡SIN-CARA! –gritó.

Sin-Cara empujó a Chihiro lejos y se lanzó hacia Yuteela. Aferrándose a su rostro. Yuteela gritó e intento quitarse a Sin-Cara.

–¡AH! –exclamó Sin-Cara.

Chihiro no entendía el lenguaje de Sin-Cara, pero ciertamente captó el mensaje. '¡CORRE!'

Chihiro así lo hizo. Al fin de cuentas no podía hacer nada más; sólo intentar huir. Yuteela luchó para quitarse de encima a Sin-Cara, pero este se aferraba fuertemente a ella.

–¡Suéltame! –gritó Yuteela.

Cuando Sin-Cara se reusó a ceder, Yuteela estampó su cabeza sobre la roca, aplastando a Sin-Cara en el proceso. El monstruo gruñó pero mantuvo firmemente su agarre. Yuteela continuó golpeando el muro de la roca, provocándose a sí misma un gran dolor de cabeza, pero lastimando mucho más a Sin-Cara.

Uno de los sus tentáculos se envolvió alrededor de Sin-Cara y finalmente se lo quitó de encima. Yuteela lo miro airadamente. –Ella te tiene en sus manos, ¡Criatura tonta! –sin piedad, lanzó a Sin-Cara a un lado y se giró hacia la muchacha que se escondía–. Ahora sí no escaparas.

Chihiro corrió sin mirar atrás. Tenía miedo de ver lo que les sucedía a sus amigos si se volteaba. Así que corrió; corrió como la pequeña y débil humana que ella era. Pero no pudo correr muy lejos. Había viajado durante días y su energía estaba completamente drenada.

'¿Así es como se supone terminara todo? se preguntó. '¿Moriré por lo que hicieron unas cuantas personas hace muchos años? ¡No es justo! ¡Después de haber llegado tan lejos! ¡Haku!'

Tropezó, casi colapsando, sin tener la suficiente fuerza para continuar. –Ya no puedo más –dijo con lágrimas en los ojos–. Mis amigos están en peligro. Estoy completamente sola, un espíritu enfurecido me persigue. ¿Qué hago?

Se cubrió los ojos y comenzó a llorar. No pudo evitarlo. Se sintió una vez más como esa niña de diez años que un día fue, perdida y sin nadie a su lado.

Un destello de luz, lo suficientemente brillante para verlo a través de las manos que cubrían sus ojos, la distrajo. Abrió los ojos y vio el sello dorado. Girando y destellando en el aire, tal como lo había hecho cuando ella y los demás habían llegado al hogar de Lord Okaia.

–¿Acaso yo…? -susurró– ¿He llegado?

–¡Ahí estás!

Chihiro se dio la vuelta y vio como Yuteela se aproximaba a gran velocidad. Encontrando nueva fuerza, saltó sobre sus pies y corrió. El espíritu de la vida estaba aquí en algún lado, y ella lo encontraría; en el mejor de los casos antes de que la atraparan.

Esperaba que Yuteela cambiara de opinión respecto a ella muy pronto, pero en cambio el espíritu del bosque caminaba tranquilamente hacia ella con una sonrisa malvada en su rostro.

–No hay ningún lugar al que puedas escapar, humana –sonrió con desprecio–. Es un callejón sin salida.

–¿Callejón sin salida? –murmuró Chihiro.

Pronto se dio cuenta que Yuteela tenía razón. Más adelante y no muy lejos había un gran cañón, uno que era demasiado ancho como para poder saltarlo y demasiado profundo que no se podía ver el final; todo era negro.

–¿Qué es esto? ¿El Gran Cañón?* –chilló.

Yuteela se carcajeo al aproximarse. –Ahora, tú pagaras por lo que hicieron.

Chihiro se dirigió a Yuteela con temor. –Por favor, yo no soy uno de los humanos que destruyeron tu bosque. Yo no soy como ellos.

–¡Mentirosa!

Chihiro estaba aterrada. Podía sentir como su cuerpo se sacudía. No, esperen, no era ella. Era el suelo el que se sacudía. Miro hacia abajo, vio grietas aparecer en la tierra. El borde del cañón no era lo suficientemente resistente y no podría soportar el peso de Yuteela.

–¡ESPERA, DETENTE! –chilló.

Yuteela la ignoró y dio otro paso. Eso fue todo lo que pudo dar. El enorme tamaño y peso causaron que el suelo cediera bajo ella y Chihiro, y ambas cayeron dentro del oscuro abismo.


(N/T)

*Kodama: Son espíritus de la mitología de Japón, habitantes de los bosques espesos. Por lo general tienen apariencia humana y cada individuo es único en aspecto y personalidad.

*El Gran Cañón: El Gran Cañón de Colorado, es una vistosa y escarpada garganta escavada por el río Colorado en el norte de Arizona, en Estados Unidos.

Hi Again, a todos los que esperan esta historia.

Lamento la demora, hubiese querido traérselos antes, pero como nunca es tarde, ¡helo aquí! Cada vez nos aproximamos más al final. A partir de ahora sólo restan 5 capítulos, Dios, que emoción. Pareciera ayer que inicie esta traducción. Junto con ustedes, que siempre me dejan sus lindos comentarios.

Gracias por todo, y nos vemos en la próxima.