Hola, mis queridos lectores. He venido con un capítulo nuevo de esta hermosa historia. Espero que puedan ayudarme dándole like a mi página de Facebook EAUchiha-Fanfiction y a mi Facebook personal Anne Kristina Rodríguez (en mi perfil está el enlace directo a ambos perfiles) desde allí estaré pendiente de ustedes y publicaré sobre mis próximas actualizaciones.
Agradecimientos especiales a mi Beta: Hikari Takaishi Y
Espero que la lectura sea de su total agrado.
Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.
Capítulo 21.
Mebuki miró a su hija con pena, seis meses en los que Sakura no daba señales de querer despertar. Ella era una pésima madre, si ella hubiera atacado a tiempo las depresiones de Sakura en la adolescencia, nada de eso hubiera pasado.
Entonces sucedió, Sakura comenzó a moverse, sus párpados se arrugaron en señal de que estaba a punto de abrir los ojos. Se acercó a ella corriendo de la emoción. Los ojos verdes de su hija estaban desorbitados, ella no tenía ni idea de porqué estaba allí.
— Hija— sollozó sonriendo. Sakura la miró con el ceño fruncido, no entendía porqué su madre lloraba.
— ¿Dónde estoy?— preguntó. Se extrañó de que su voz saliera tan ronca— ¿Qué me pasó? ¿Por qué estás llorando?
— ¿No recuerdas nada?— preguntó, acariciando su mejilla.
…
No, todo eso tenía que ser mentira. Ella no... ella no pudo haber pasado por eso...
Sasuke tenía la cabeza hecha un lío. Caminaba de un lado a otro como león enjaulado, sin saber cómo afrontar aquella situación. ¿Quién habrá sido la persona que le trajo eso? Porque estaba seguro que no había sido Sakura, de hecho, pondría sus manos al fuego para afirmar que ella jamás lo hubiera hecho.
Su única opción estaba frente a él. La persona que se había encargado de darle esa información, había dejado el número telefónico de alguien que le daría la veracidad que necesitaba.
Tomó su teléfono y no dudó en llamar a esa persona...
...
— ¿Así que aún eres incapaz de decirle que vienes al psiquiatra una vez por semana?— divagó Sasori.
— Si, él no quiere saber nada y yo no pienso presionarlo. Decirle que vengo a este lugar, sería como presionarlo a averiguar la verdad y no quiero que eso suceda— aseveró Sakura.
— ¿Y qué excusa utilizaste para venir aquí?— interrogó.
— Le dije que iría a hacerte un favor— sonrió con complicidad.
— Debe parecer un perro rabioso— esbozó una sonrisa torcida.
— No lo llames así— acusó falsamente ofendida.
— De todas formas— quiso cambiar de tema, se le habían acabado los sarcasmos por el momento— ¿A qué hora entrarás a tu consulta?
— No lo sé, al parecer se ha retrasado hoy— divagó pensativa.
...
Desde el momento en que su celular sonó, supo de quién se trataba. De hecho, había estado esperando por su llamada durante todo el día.
— Uchiha-san— contestó la mujer con tranquilidad.
— ¿Cómo supo que soy yo?— no dudó en preguntar él con molestia.
— Supuse que me llamaría para comprobar que la información de la carpeta es veraz— contestó.
— ¿Y lo es?— interrogó conteniendo el aliento.
— Cada palabra— sentenció. Él dejó escapar un jadeo de sorpresa y luego todo quedó en silencio— ¿Uchiha-san?
— Es...— se quedó mudo.
— Si tiene algo que decir, hágalo pronto. Ella está esperando afuera para su consulta de la semana— informó.
— ¿Sakura tiene consultas con usted cada semana?— preguntó atónito.
— Las retomó hace un par de meses— explicó— Sakura-san las había dejado hace unos pocos años, poco después de comenzar la Universidad, pero ahora no falta a ninguna de sus sesiones semanales.
— ¿Cómo es su progreso?— se interesó en saber.
— Muy bueno— respondió con una ligera sonrisa— Espero que pronto pueda prescindir de mí y tener una vida tranquila.
— Le pido por favor que no le diga que yo le hablé, quiero hablar de esto con ella— aseveró él.
— Será como usted dice, pero sólo tengo una petición que hacerle— escuchó un ruido proveniente de él, dándole a entender que estaba dispuesto a escuchar— no sea muy rudo con ella.
— Lo último que deseo ahora mismo es ser rudo con ella— admitió con sinceridad. La mujer sonrió complacida y se despidió de él, asegurándole que ella guardaría silencio con respecto a su llamada.
...
Mikoto tomó un sorbo de su té en silencio, frente a ella, Mebuki permanecía igual.
— Entonces... ¿Ya se la enviaste?— interrogó la Uchiha.
— Sí, le pedí a él que lo hiciera— contestó.
— Sólo espero que Sarada-chan no lo escuche— musitó con tristeza. Anhelaba que la pequeña Uchiha no llegará a tiempo, pues ella había querido irse en cuanto terminó la merienda junto a ellas para convencer a sus padres de cocinar juntos y ver una película los tres.
— Eso espero— concordó Mebuki.
Ambas volvieron a sumirse en un sepulcral silencio, pensando en como sería la vida de su respectivo hijo cuando Sasuke supiera la verdad. Ellas deseaban que la historia de amor de ese par, tuviera el final feliz que siempre debió tener... ellos amándose sin ningún rencor de por medio, criando a su hermosa hija juntos.
...
Agradeció la compañía del pelirrojo y salió de su auto. Aún no había anochecido, esperaba que Sasuke y Sarada ya estuvieran en casa. Su consulta con la psiquiatra la había puesto de muy buen humor, tenía ganas de hacer una deliciosa cena, mimar a su hija, llenar a Sasuke de sus atenciones en la intimidad de su habitación. Porque sí, ahora ella se había instalado en la habitación de él, apropiándose de esas sábanas y grabando su aroma junto al de él.
Saludó alegremente al vigilante del edificio y subió el ascensor. Sacó sus llaves de su cartera y entró.
— Estoy en casa— canturreó con alegría al entrar, más no obtuvo respuesta de nadie. Pero le restó importancia, seguramente Sasuke estaba en su despacho trabajando y Sarada en su habitación leyendo algún libro o viendo cualquier anime que Chōchō le recomendó— S-Sasuke-kun— musitó al verlo sentado en el sofá, con expresión afligida y la mirada perdida en la mesa de centro; donde tenía una serie de papeles desparramados.
— Sakura— él se levantó bruscamente y la miró fijamente. La fiereza de la mirada del Uchiha, estaba consiguiendo ponerla de los nervios.
— ¿Qué tienes, mi amor?— preguntó con dulzura, queriendo disipar la expresión siniestra de él.
— Quiero oírlo...— comenzó. Ella lo miró confundida— Quiero escuchar tu historia, Sakura.
— ¿Por qué ahora? ¿Por qué tan repentinamente?— demandó con brusquedad.
— Porque sí, joder— respondió en el mismo tono— Porque alguien se dio la tarea de dejarme toda esa mierda con el vigilante— señaló los papeles sobre la mesa— Quiero escuchar lo que tienes para decirme, ¿No era lo que querías? Pues hazlo, quiero... No, ¡Necesito escucharlo!
— Bien— respondió con rudeza— aunque probablemente ya no sea necesario...
— Sé que tú no lo hiciste— afirmó él— Pero, ¿tienes idea de quién pudo haber sido?
— Creí que mis informes médicos ya no existían— divagó— Todo eso se perdió cuando la casa se incendió, así que no tengo idea de quién pudo haber sido.
— Te escucho— la incitó. Sacó una fotografía de ella de entre los papeles y se la mostró.
Sakura estaba en una cama de hospital, con cables conectados en su pecho y sus brazos, una mascarilla de oxígeno y se notaba como su cabello había sido cortado descuidadamente.
— Aclárame esto primero— ordenó.
— Eso pasó seis meses después de que me fui...— comenzó— en ese entonces siempre estaba desesperada por los dolores en mis pechos, mi madre solía decirme que era porque ella necesitaba de mí. Mi instinto materno diciéndome que Sarada necesitaba de mí. Pero yo, lo odiaba. Era algo insoportable en ese momento, era el constante recordatorio de que había dado a luz cuando no quería hacerlo. Una tarde estaba sola en casa, mi madre nunca quería dejarme sola porque dos veces ya había atentado contra mí. La primera vez traté de ahogarme en la bañera y la segunda traté de clavarme un cuchillo en el pecho. En ambas ocasiones mi madre llegó antes de que sucediera la tragedia.
«Ese día, fue el peor de todos. Maldije a todo el mundo, sobretodo a mí. Mi cabello largo comenzó a estorbar y lo corté todo, sin importarme si quedaba disparejo o no, sólo quería deshacerme de él. Salí al balcón de mi habitación y vi un pilar, pensé que ese sería un buen lugar para colgarme. Así que corrí de vuelta a mi habitación, le puse el seguro a la puerta para evitar posibles interrupciones, tomé una bufanda de mi armario, arrastré la silla de mi escritorio hasta allá y comencé a acomodar la bufanda en el lugar correcto. Pero no me di cuenta que el piso tenía un desnivel y la silla se movió. No pude mantener el equilibrio y me caí del balcón. Me golpeé la cabeza con una roca y estuve seis meses en coma.»
— ¿Cuándo te diagnosticaron la depresión post-parto?— preguntó angustiado. Sasuke se sentía impotente, él nunca se dio cuenta de nada. Sólo era un mocoso estúpido.
— Cuando me llevaron al hospital el día del incidente— respondió— Mi madre le habló al médico de mis síntomas y de lo que hice cuando nació Sarada y él le dijo que era una depresión post-parto. Y también la regañó por no haberme llevado con un especialista con anterioridad, según él, eso podría haber sido controlado y bien yo podría estar contigo y con Sarada.
— ¿Qué pasó cuando despertaste?— interrogó de nuevo.
— Pues...— dejó escapar un largo suspiro y comenzó su relato.
Entonces sucedió, Sakura comenzó a moverse, sus párpados se arrugaron en señal de que estaba a punto de abrir los ojos. Se acercó a ella corriendo de la emoción. Los ojos verdes de su hija estaban desorbitados, ella no tenía ni idea de porqué estaba allí.
— Hija— sollozó sonriendo. Sakura la miró con el ceño fruncido, no entendía porqué su madre lloraba.
— ¿Dónde estoy?— preguntó. Se extrañó de que su voz saliera tan ronca— ¿Qué me pasó? ¿Por qué estás llorando?
— ¿No recuerdas nada?— preguntó, acariciando su mejilla.
Sakura hizo un esfuerzo sobrehumano para recordarlo todo. Pronto las imágenes de los seis meses de tormento que vivió la golpearon hasta dejarla sin aliento.
— ¿Cuánto tiempo ha pasado?— preguntó conteniendo el aliento.
— Has estado en coma durante seis meses, cariño— contestó con tristeza.
— M-mentira...— balbuceó atónita.
— Es cierto— reafirmó su madre— No sabes lo horrible que han sido para mí estos...
— Tengo que irme— dijo desconectándose todos los cables que la mantenían monitoreada, se arrancó la vía que tenía en el brazo y la mascarilla de oxígeno. Tomó el pañuelo que su madre le ofrecía para limpiar la sangre que derramaba su brazo, debido a la brusquedad con la que se quitó la aguja. En cuanto puso sus pies fuera de la cama, sus piernas fallaron.
— Cálmate— ordenó su madre, sosteniéndola antes de que cayera.
— Necesito irme, mamá— suplicó desesperada— Tengo que buscar a mi familia. Sasuke y mi bebé, ellos me necesitan, yo lo sé, lo siento aquí— se llevó una mano al pecho.
— Iremos, por supuesto que lo haremos— aseguró contenta. Su hija ya no decía odiar a su bebé y a su padre. Seguramente ya no intentaría matarse...— pero primero debes recuperar fuerzas, estás muy débil. Has estado dormida por seis meses ¿Te parece poco?— interrogó con brusquedad.
— Perdón— pidió en un susurro— lamento mucho que tuvieran que sufrir tanto por mi estupidez.
— No es tu culpa, hija, tú estabas enferma— contestó con dulzura. Sakura levantó las cejas interrogante, Mebuki se dispuso a explicarle el diagnóstico que le dieron los médicos el día que la internaron y los síntomas que eso presenta.
— Ya veo— musitó con voz ahogada y rota — Entonces no soy una mala madre... yo de verdad la amo mucho y por eso quiero regresar cuanto antes— lloró con más intensidad. Su madre no dudó en rodearla con sus brazos y hacerle saber que no estaría sola.
Un par de semanas después, luego de que Sakura haya sido dada de alta y sus condiciones físicas hubieran mejorado, viajó a Konoha en compañía de sus padres. Kizashi quiso estar allí también, tanto él como su esposa le deben una disculpa a los Uchiha.
Sakura tocó el timbre de la casa Uchiha, con los nervios a flor de piel. No sabía como se comportaría Sasuke al verla y su bebé... probablemente la vería como a una completa desconocida.
La persona que abrió la puerta, dejó desconcertada a la familia Haruno.
— ¿En que puedo ayudarles?— preguntó con amabilidad el hombre frente a ellos.
— Buscábamos a la familia Uchiha— respondió Sakura— ellos residen aquí.
— Ya no. Ellos se mudaron hace unas pocas semanas— informó.
— ¿Puede decirme a dónde?— preguntó ella desesperada.
— No lo sé, no parecían muy dispuestos a decir a donde irían.
— Muchas gracias por su atención y disculpe las molestias— habló Sakura con una sonrisa fingida. El hombre le sonrió amablemente y cerró la puerta de nuevo.
— ¿Sakura?— llamó su madre al verla salir de allí caminando con suma rapidez.
— Mejor vamos a seguirla, esto fue un golpe duro para ella— sugirió Kizashi. La rubia estuvo de acuerdo con él y comenzaron a seguirla, pero ella de pronto comenzó a correr.
— ¡Sakura, espera!— llamó su madre preocupada.
Ella no escuchaba, no quería hacerlo. Lo único que deseaba en ese momento era morirse, porque lo único que puede mantenerla con los pies sobre la tierra, ya no estaba. Sasuke se había ido, Sasuke se había llevado a su bebé consigo. Negándole la oportunidad de redimirse, de volverlos a ver a ambos y amarlos tanto como lo hace.
Su pecho dolía mucho, sus lágrimas nublaban su visión por completo. No escuchaba razones, no le importaba atropellar a las personas que se cruzaban en su camino. En un momento, su pie tropezó y cayó con violencia al suelo. Se quedó allí, no estaba dispuesta a levantarse. Dejó escapar sus gritos de dolor, ¿Por qué la vida era así con ella? Ella siempre fue una buena chica, con serios problemas de depresión, pero buena al fin y al cabo.
— Después de eso, caí en una depresión peor que cualquiera que haya tenido antes— relató Sakura en un susurro— mis padres me llevaron con un psiquiatra y Konan-san, mi médico desde entonces, decidió meterme en un hospital psiquiátrico hasta que me recuperara. Tardé seis meses en salir de allí, pero lo hice con propósitos en mente... ganar dinero para pagarle a alguien para encontrarlos. Así que contacté a Tsunade de nuevo y volví a los entrenamientos. Terminé la escuela en casa y volví a las competencias, destacándome en cada una de ellas. Gané todos los Premios que me propuse, gané todo el dinero que necesitaba, hasta que un día...
Esa había sido una noche estupenda para ella. Nuevamente había roto el récord de la noche y se había traído la medalla de oro a casa. Cenó con Tsunade y brindó por su victoria, además de que ya tenía el dinero para pagar el detective privado que había estado buscando para encontrar a Sasuke y su bebé, que ya debía tener dos añitos.
Notó que su calle estaba demasiado concurrida, además de las ambulancias y bomberos en frente de su casa... corrió desesperada a ver que sucedía. Su casa se estaba incendiando.
— Mamá, papá ¿están bien?— preguntó desesperada al ver que ambos eran atendidos por los paramédicos.
— Sí, hija, estamos bien— respondió su madre con dificultad.
— ¿Qué sucedió?— interrogó desconcertada.
— Hubo una fuga de gas y explotó la cocina— respondió su padre con rabia e impotencia.
Sakura miró su casa preocupada, todos sus recuerdos familiares estaban perdidos. Ellos lo habían perdido todo. Abrió los ojos desmesuradamente al recordar algo importante, su más preciado tesoro. La última ecografía de su bebé, la única fotografía que tenía de ella. Eso no podía perderlo, sería como si le arrancarán un pedazo de su reparada alma.
Así que sin pensarlo dos veces, entró corriendo a la casa, ignorando los gritos de sus padres.
Sin importar el fuego propagado por cada rincón de la casa, ella subió las escaleras con cuidado. El humo estaba comenzando a ahogarla, pero llegaría, nada en el mundo le impediría hacerlo.
Al llegar a la habitación, vio el pequeño portarretratos en su mesa junto a la cama. Lo tomó con rapidez e intentó salir de allí, pero no pudo avanzar más. El humo le había afectado, casi no podía respirar... abrazó el portarretratos a su pecho antes de perder la conciencia...
Sasuke seguía observándola en silencio. Él no sabía que decir, no encontraba las palabras adecuadas para dirigirse a ella... ¿Cómo hacerlo? Si ni él mismo encontraba consuelo a su alma.
— Desperté en el hospital al día siguiente— habló, sacándolo de sus pensamientos— pude salvar la fotografía, pero lo perdimos todo— suspiró— Decidí posponer el pago del detective y le di todo mi dinero a mis padres para que consiguieran una casa nueva cuanto antes. Ellos estaban encariñados con el vecindario donde estábamos, así que compraron una casa allí mismo y es donde han vivido desde entonces. Por supuesto que logré reunir el dinero de nuevo, seguí ganando en las competencias, y... ya sabes lo que pasó después...
— Entiendo que tuviste problemas con la policía esa vez por haber herido a esa mujer, pero ¿por qué hay un informe policial que dice que heriste a un hombre en defensa propia?— cuestionó Sasuke, tomando el informe de la mesa.
— Ah, eso— hizo una mueca de fastidio— Fue un par de meses después de que me fui. Como te comenté, siempre estaba de mal humor por el dolor en mis pechos, así que siempre me escapaba por mi ventana y salía a caminar en las noches. Nunca nada me había pasado, hasta que me crucé con él. Era un hombre ebrio, lo vi venir en la dirección contraria a la mía, pero decidí ignorarlo y no desviarme del camino. Mi error, debo decir...— tomó una bocanada de aire antes de continuar— En cuanto me pasó por un lado, me tomó por el brazo, me arrastró al callejón y me lanzó contra el contenedor de basura. Aún me repugna recordar sus manos tocarme descaradamente, yo estaba desesperada, pero no gritaba pidiendo ayuda. No, estaba ocupada intentando quitármelo de encima y buscando algo con que defenderme. Estaba completamente desequilibrada, que alguien me lo quitará de encima no sería suficiente, él debía pagar por lo que me estaba haciendo. Antes de que él me quitara el pantalón, pues la blusa ya me la había quitado y estrujaba mis senos con violencia. Eso me dolía mucho, pero decidí ignorarlo. Busqué en el piso algo útil y me encontré con un pico de botella. En cuanto comprobé que la punta era bastante filosa, se la clavé en un costado con toda la furia que tenía en ese momento y fue cuando pude quitármelo de encima. Me acomodé la blusa y volví a la calle en busca de ayuda. Prácticamente me lancé a una patrulla para que me ayudará. Pero ellos, al ver al hombre herido, me esposaron y me llevaron a la comisaría.
— Eres una tonta, tú debiste...— masculló Sasuke.
¿Ella una tonta? Él no tiene ni idea de lo que está diciendo. Sasuke no sabe lo que ella sintió esa noche, él no tiene derecho a juzgarla.
— ¿Sabes qué fue lo que evitó que fuera a la cárcel en esa ocasión?— inquirió bruscamente— hubieron tres razones. Una era que el hombre estaba ebrio. La segunda fue, mi aún no diagnosticada, inestabilidad emocional. Y la última fue que... extrañamente apareció un testigo— hizo una pausa para secar las lágrimas que había estado derramando durante todo el rato— fue una indigente. Una pobre anciana que vivía en ese callejón donde sucedió todo. Ella atestiguó en mi defensa y después de una serie de estudios que comprobaban que la señora no estaba loca o drogada, decidieron tomarle la palabra. Y ¿sabes que fue lo que me pidió cómo agradecimiento?. No fue dinero, ni nada. Fue leche, leche para sus jodidos gatos. Tenía una camada de cachorros sin madre porque ésta murió y no quería perder a sus gatitos. Irónicamente pensé en mí, una gata que dejó a su cachorra desamparada sin su leche. Sabía que tú le dirías a todos que estaba muerta. Me reía histérica al imaginar como te las arreglabas para darle la noticia de mi supuesta muerte a las personas, sin dejar salir la enorme rabia que sentías en mi contra. Eres rencoroso y yo no ayudé mucho que digamos.
— Sakura, ya no sigas— pidió poniendo su cabeza entre sus manos.
— ¡¿Qué no siga?!— gritó encolerizada— ¿Por qué detenerme ahora? ¿Acaso tu conciencia no te dejará en paz si termino de hablar? Vamos, cariño, tú fuiste quien insistió en hacerlo. Ahora te lo aguantas ¿O es que te arrepientes de habérmelo pedido?
— ¡De lo único que me arrepiento es de no ir tras de ti esa vez!— gritó furioso consigo mismo. No entendía porque ambos terminaron gritándose en ese momento, agradecía enormemente que Sarada no estuviera en casa, porque sino ella estaría llorando por culpa de ellos— yo tuve que ir a buscarte, exigirte una buena explicación y llevarte a un psiquiatra como debí haberlo hecho desde el principio. En el fondo siempre lo supe, sabía que esos cambiantes estados de ánimo no eran normales y sin embargo fui incapaz de prestarle la atención que realmente necesitabas. Tú no te mereces el odio que lancé irracionalmente en tu contra. ¡Todo fue mi maldita culpa! Sólo fui un maldito cobarde y me refugié en mi aparente dolor de tu abandono para no confrontar la realidad. ¡Es mi culpa que Sarada creciera sin su madre!, ¡Es mi culpa TODO lo que tuviste que pasar desde ese día!— gritó estampando su puño contra el vidrio de una marco de fotografía que había en la pared más cercana. Sakura abrió los ojos horrorizada al ver la sangre brotar de la herida, pero al parecer Sasuke no se había dado cuenta todavía— ¡Por culpa de mi cobardía, mi hija ha estado sufriendo tu ausencia por diez años! Ella había estado sufriendo por una muerte inexistente. Mi cobardía hizo que ella y tú sufrieran cuando ella se enfrentó a la realidad. Y ese accidente que la mandó al hospital, también fue mi culpa...
— Sasuke-kun, para por favor— suplicó desesperada— mira lo que te hiciste— tomó la mano ensangrentada del Uchiha y la envolvió con la chaqueta que había traído puesta.
— No merezco que me ames...— continuó ignorando el dolor punzante de su mano.
— No, no...— negó Sakura con la voz ahogada por el llanto— no vuelvas a decirme eso. Tú tienes derecho a odiarme, a repudiarme y Sarada también lo tiene. Todo lo que yo pasé fue por culpa de mi mala decisión...
— ¡Tú no estabas en tus buenas capacidades mentales como para tomar una decisión coherente!— la defendió.
— Eso no es importante— debatió— me fui, te dejé a ti y a ella. La única que no merece el amor de mi hija soy yo. Y tampoco merezco el amor que tuviste alguna tú por mí alguna vez...
— El que te tengo— interrumpió decidido. Sakura desencajó la mandíbula sorprendida, sus lágrimas se intensificaron.
— No vuelvas a pedirme que no te ame, porque eso sería lo mismo que de nuevo me dijeras que me quieres muerta— suplicó Sakura.
Sasuke no pudo soportarlo más y la sostuvo entre sus brazos, apretándola con fuerza, temiendo perderla de nuevo.
Tuvieron que separarse cuando sintieron la cerradura de la entrada abrirse. Sarada apareció ante ellos, con el rostro empapado de lágrimas. Ella había escuchado toda la conversación, hace rato que Juugo la había dejado en el edificio. Desde que se paró frente a su puerta, escuchó los gritos de sus padres desde el interior y prefirió dejarlos a solas y enterarse del motivo de su pelea, encontrándose con la desgarradora historia de su madre.
— Sarada...— pronunciaron ambos en un susurro. La aludida tiró la puerta con fuerza y corrió hacia sus padres, uniéndose al abrazo que ambos mantenían hace un momento.
Un rato después, no había manera de que ellos pudieran controlar el llanto de su hija. Ella estaba sentada en el sofá y sus padres arrodillados frente a ella, intentando calmarla sin éxito.
— Ya no llores, mi cielo— pidió Sakura con dulzura— mejor ayúdame a limpiar la herida de papá y llevarlo al médico— Sarada asintió en respuesta, pero no pudo dejar de llorar.
Sasuke y ella intercambiaron miradas conmovidos, no esperaban que su niña se pusiera así. Sakura decidió que lo mejor sería llamar a una ambulancia que atienda a Sasuke allí mismo y trató de levantarse para ir por su teléfono, pero Sarada se lo impidió. Sasuke decidió ir él mismo, pero ella tampoco lo dejó irse. Por fortuna, él tenía su celular en su bolsillo y llamó a la ambulancia. Un rato después, los tres estaban sentados en el sofá, mirando como atendían a Sasuke. Sarada permanecía aferrada a ambos, sin dejar de llorar todavía. No le importaba lo que pensaran de ella, la historia de su madre fue demasiado triste y ella la había juzgado mal desde el principio.
Como pudo, Sakura la cargó en sus brazos, la llevó a su habitación y la acostó.
— Está todo bien, mamá y papá están aquí— aseguró limpiando las lágrimas del lindo rostro de su hija. A su lado, Sasuke le dedicó una sonrisa, le dio un beso en la nariz y rozó su mejilla con su mano vendada.
— ¿Prometen que no se irán?— sollozó temerosa.
— Estaremos aquí hasta que te duermas y seremos lo primero veas al despertar— aseguró su padre. Y comenzó a cantarle como cada noche que no puede dormir por culpa de alguna pesadilla.
Sarada asintió aliviada y fue cerrando sus ojos, escuchando la armoniosa voz de su padre. Lo último que vio antes de quedar rendida, fue la sonrisa de ambos.
— Mi pobre bebé— musitó Sakura acariciándole el cabello— fue bastante duro para ella saberlo de esa forma...
— Nunca la había visto llorar tanto— admitió Sasuke, repitiendo la acción de la pelirrosa— ella siempre quiere comportarse como una persona madura, pero para mí siempre será una niña pequeña.
— Vámonos— habló en susurros para no despertarla— dejemos que duerma... aunque no quiero que se acueste sin comer, pero está demasiado cansada como para molestarla.
— Ella no despertará hasta mañana— aseguró él, entrelazando su mano con la de ella.
Sakura sonrió inconscientemente. Sintió una paz inmensa en ese momento, todo su tormento había terminado. Dejaría todo atrás y comenzaría de nuevo con ellos, con su preciada familia.
Sasuke por su parte, seguía un poco aturdido por todo lo que descubrió. Pero se sentía tranquilo, por fin ya no tenía rencores, por fin pudo admitir abiertamente que nunca ha dejado de amar a esa mujer que sostenía su mano y que había recostado su cabeza en el hombro mientras miraban absortos al fruto de su amor.
Cerraron la puerta del cuarto de Sarada con cuidado y se fueron a su habitación, de verdad no tenían ganas de comer en ese momento. Bien podrían hacerlo en la mañana. Cerraron la puerta con seguro y se entregaron el uno al otro, hicieron el amor como si fuera la primera vez de ambos. Demostrándose sin palabras lo mucho que se aman y lo dolidos que están por haberse enfrentado al tormentoso pasado...
— A veces pienso que mi decisión de alejarme no fue del todo incorrecta— comenzó Sakura, rompiendo el tranquilo silencio que reinaba en la habitación.
— ¿Por qué has llegado a pensarlo?— cuestionó él, sin dejar de acariciarle la desnuda espalda.
— ¿Imaginas lo qué le hubiera hecho?— tembló con sólo pensarlo— ¿Imaginas que en medio de mi locura le hubiera hecho daño a mi dulce niña?— Sasuke sintió miedo de que eso hubiera pasado— Yo no estaba en mis cabales, yo podría haber atentado contra ella, así como lo hice conmigo. Podría haberla ahogado con una almohada o dándole un baño, podría haberle hecho muchas cosas que no quiero ni imaginar. Pero yo la amaba, la amaba más que a mí misma... incluso más que a ti... y por eso lo hice. Porque una parte de mí, me hizo entender que yo estaba mentalmente inestable y que no era buena para ella ni para ti.
— No quiero que vuelvas a pensar en eso— le pidió al oído— Piensa en lo que has hecho por ella ahora y lo mucho que ella te ama.
— ¿Y tú?— preguntó mordiéndose el labio con nerviosismo— ¿Tú me amas?
— Sí, nunca dejé de hacerlo— respondió con una sonrisa torcida.
— Te amo— dijo ella, sellando la declaración con un tierno beso.
Hasta aquí el capítulo de hoy.
Por fin acabó el misterio, sabemos que fue lo que sufrió mi niña al irse. Ahora ella y Sasuke podrán vivir su amor libremente. Por cierto, faltan dos capítulos para el final.
Espero que se tomen la molestia de dejarme su opinión por medio de un review.
Nos leemos en el próximo capítulo, hasta la próxima.
EAUchiha.
