¡Bueeeno, pues aquí os traigo la segunda parte de esta fantástica noche de juerga! (risita) Este cap también es bastante graciosín, jeje, espero que os guste XD

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Verdad nº 21: Un beso legal no vale tanto como uno robado.

Apenas se había dado cuenta de que estaba de pie. Lo único que se lo dijo fue la ligera ondulación de todo cuanto veía y que se estaba moviendo. Todo se estaba moviendo. Notó el aire frío de la noche y se estremeció ligeramente. Caminaba muy despacio y tropezaba constantemente, pero no se caía. Ace parpadeó lentamente en un intento por despejarse. Un brazo de Marco rodeaba su cintura y otro estaba sujetando la mano del que se había pasado por el hombro para levantarle mejor. Irradiaba un calor que invitaba a rendirse en él más tiempo, latiendo su corazón firme y fuertemente. Ladeó la cabeza para mirarle rozando sin querer la barba de su mentón, pero no le devolvió la mirada. Escuchó el eco apagado de la voz de Thatch a su izquierda, despidiéndose. Entendió que debía estar hablando con él. Había un ligero matiz de preocupación en la voz de Marco. Era suave y profundo en su garganta y hacía que su pecho reverberase ligeramente contra el de él… Le gustaba.

-Hmmm… Marco… - se abrazó a él y dejó el cuerpo laxo colgando pesadamente de su cuello, obligando a Marco a abrazarle para evitar que se chorrase hasta el suelo y los tirara a los dos -. No quiero irme… déjame tomarme otra… la ul…ult…última…

-Tú no estás para beber más – refunfuñó el rubio caminando con las piernas muy abiertas intentando librarse de aquel peso muerto y obligarle a ponerse de pie como antes -. ¡Ace, suelta joder!

-No quiero…

-¡Ponte de pie, leches! ¡Que se me van a caer los pantalones!

Era verdad. Estaban bajando peligrosamente por debajo de su pelvis junto con el jirón de tela celeste que siempre llevaba en la cintura. Si seguía así le iba a despelotar allí mismo. A demás, el rostro de Ace que al principio estaba a la altura de su pecho también había ido descendiendo peligrosamente por su abdomen hasta lo más bajo de su estómago, y su aliento caliente golpeaba directamente contra su piel desnuda. Tenía que librarse de él o no respondería de sí mismo. Le pasó los brazos por debajo de los de él y con un esfuerzo supremo le aupó hasta tenerle de nuevo erguido, aunque seguía sin mantenerse en pie y tenía que abrazarlo con fuerza para que no volviera a chorrarse. Ace dejó la cabeza sobre su hombro y en ese momento inspiró profundamente junto a su cuello.

-Marco… hueles muy bien…

"Mierda, Ace, no me hagas esto". Gimió mentalmente. Tenía que parar aquello ahora mismo. Podía sentir con dolorosa nitidez que su cuerpo se estaba calentando con el estrecho contacto del más joven, respondiendo totalmente a él. Acabaría haciendo alguna locura si no le soltaba. Cogió a Ace por los hombros y le separó de él para obligarle a mirarle.

-No vuelvas a hacer eso – le ordenó. Por mucho que se esforzó en sonar firme, su voz se había vuelto ronca y tenía la incómoda sensación de que… En ese momento Ace soltó una risita.

-Ji, ji, ji… Te has puesto rojo…

-N-no es verdad, idiota – miró alrededor desesperadamente. Su vista encontró la puerta que daba a los pasillos de los camarotes de la tripulación. Vale, sólo tenía que llevarle hasta allí y… El contacto de las yemas de los dedos de Ace en su mejilla le detuvo el aliento en seco.

-Sí que lo es… Mira… ¿Vesss…? Estás colorado – volvió a reírse suavemente con una boba sonrisa, mirándole con aquellos ojos de dilatadas pupilas, turbias por el alcohol. Marco tragó saliva cuando su cabeza se bamboleó peligrosamente acercando su rostro al de él -… y está caliente – añadió con fascinación. Notó que su cara ardía todavía con más fuerza cuando Ace presionó completamente la palma de su mano contra su pómulo. "Es sólo un crío". Se recordó a sí mismo con desesperación. "No pienses mal, no pienses mal, no pienses mal…". Diablos, aquella situación era una maldita encerrona. Tenía que pensar deprisa.

-Vale, me he sonrojado – admitió apartando su mano de su rostro con delicadeza. Seguro que mañana no se acordaría, así que era una estupidez negarlo. Ace sonrió, triunfante -. Pero ahora nos vamos, ¿eh?

-¡Hipp…! – el chico se separó de él muy dispuesto a caminar por sí solo, envalentonado por su reciente victoria… y acabó en brazos de Marco de nuevo cuando éste impidió que se cayera de bruces al suelo -. Va-vaya, qué cosa más tonta… ¿no se mueve mucho el barco…?

-Sí, Ace, muchísimo.

Se le escapó una sonrisa al ver la cara de perplejidad que había puesto. Volvió a pasarse uno de sus brazos por el cuello y cuando lo tuvo bien sujeto, echó a andar de nuevo cargando con él. Ace se dejó llevar. Tarareaba una cancioncilla que sólo él podía oír y se sentía totalmente seguro y confiado. No tenía ni idea de dónde estaba ni a dónde iba, pero Marco estaba con él y eso le hacía sentir bien.

-¿A'onde vamos? – preguntó sintiendo la lengua espesa.

-A dormir – respondió Marco con sencillez sin llegar a mirarle.

Ya habían dejado la cubierta atrás y varios corredores. Faltaba un pequeño tramo de pasillo y bajar las escaleras para llegar al camarote de Ace. Con la cogorza que llevaba encima seguramente se quedaría frito nada más le dejase en la cama. El pensamiento inundó de una forma muy visual su mente, imaginándole tendido en ella sin apenas ropa. Para su desesperación, la escena que fantaseó antes a raíz de las palabras de Thatch se le unió y le provocó un estremecimiento bestial, y no precisamente por tener frío. En ese momento llegaron a la altura del camarote de Marco, y de algún modo su resolución se evaporó. Sentía la mente totalmente turbia. No podía pensar, sólo sentir, y todo cuanto sentía tenía que ver con Ace. Sentía el calor de su cuerpo, sentía el contacto de su piel contra la de él, su olor, la suavidad de su pelo y la calidez de su aliento. Sentía que todo en él era tentador e irresistible, aniquilando su voluntad. El impulso de cogerle de la camisa y meterlo a rastras en su camarote se estaba volviendo insoportablemente imperioso. Tanto, que se había quedado clavado en la puerta con Ace en brazos. Le llamaba a gritos. La puerta le pedía a gritos que lo hiciera, pero Ace… Ace no se merecía eso…

-¿Vamos a dorm…drommir en tu cuarto? – un estremecimiento recorrió la espalda de Marco. Si fuera por él… Cerró los ojos apretando los dientes. Tenía que serenarse. Tenía que controlarse por el bien de los dos.

-…No, Ace… No puedo… Lo siento – murmuró inaudiblemente con todo el dolor de su alma -. Debo llevarte a tu camarote mientras tenga fuerza de voluntad. Hazme caso… Es mejor así.

Se mordió el labio inferior con fuerza mientras aupaba mejor su brazo y reemprendía el camino con pies de plomo. No tardaron mucho en bajar las escaleras y estar delante de la puerta del camarote del segundo comandante.

-¿Te las podrás apañar desde aquí? – le preguntó después de un silencio incómodo sólo para él.

-Sí, claro… Gracias por acompañarme, Marco – le soltó despacio, manteniendo las manos cerca por si se tambaleaba, pero aunque su cuerpo oscilaba ligeramente, se mantenía en pie por sí solo. Marco abrió la puerta y se hizo a un lado.

-De nada, Ace. Hasta mañana.

El muchacho le regaló una enorme sonrisa y después le miró directamente a los ojos. Pareció que iba a decirle algo más, pero vaciló en el último momento y apartó la mirada entrando en su habitación sin despedirse siquiera. Cuando Marco ya estaba a punto de cerrar, escuchó una pequeña exclamación de sorpresa y un pesado golpe sordo contra el suelo. El sonoro suspiro de alivio que se le había escapado murió en sus labios. Abrió ligeramente y se asomó al cuarto sin llegar a entrar. Estaba jodidamente oscuro, pero la tenue luz de la luna que se colaba por las claraboyas era suficiente para poder ver. Ace estaba tirado en el suelo a un metro escaso de su cama, riéndose suavemente con las mejillas contra el piso de madera. Marco dudó antes de acercarse y agacharse a su lado.

-¿Te has hecho daño? – le preguntó con suavidad.

-No… El suelo está fresquito…

-¿Y piensas dormir en el suelo?

-Es que se está muy bien…

-Cogerás frío, Ace.

-¡S-soy de fuego, joer…! ¿Cómo coñio voy a pasar frío con el calor que tengo…? – Ace parpadeó pesadamente sin dejar de mirarle al ver que Marco no le respondía -. ¿Te quedas conmigo? – le invitó, dando una suave palmada a su lado -. Creo que tengo sitio por aquí…

Se sentó por fin mirando a su alrededor buscando algo, visiblemente desorientado por el cambio de posición. Entonces miró al rubio arrodillado junto a él y volvió a sonreírle tontamente. Marco notó que se le disparaba el pulso y se le quedaba la boca seca. Era demasiado para él. Se había tendido su propia trampa y estaba cayendo irremediablemente en un torbellino de pensamientos y emociones que para nada le estaban ayudando a mantener la cabeza fría. "Te estás comportando como un estúpido, Marco". Se reprendió con dureza. "Él no quiere nada de ti. Supéralo". Apretó los dientes. Nunca se le había dado bien resignarse. Iba a ser difícil de aceptar. Se levantó sin darse cuenta de que Ace había dado un respingo por su brusco movimiento, pero suavizó el gesto tendiendo los brazos hacia él y ayudándole a incorporarse.

-¿Emtonz-zes te quedas? – preguntó Ace poniéndose en pie trabajosamente y abrazándose pesadamente a él. Marco tragó saliva.

-Ya te he dicho que…

-Ji, ji… no m'inmorta dormir contigo…

Abrió enormemente los ojos en la oscuridad al escucharle. Perdió el equilibrio cuando Ace le arrastró con él a la cama… aunque tampoco es que se resistiera demasiado. La voluntad le falló en el último instante. Apenas habían dejado de vibrar los muelles del colchón y Ace ya estaba dormido, todavía con los brazos alrededor de su cuello impidiéndole levantarse. Era increíble que pudiera mantener la misma postura que tenía el segundo antes de caer frito, un auténtico misterio, sobre todo por la fuerza del agarre. Marco inspiró profundamente intentando serenarse y no pensar en la situación en la que se encontraba. Intentando no pensar en que tenía a Ace bajo su cuerpo, en su camarote… en su cama… Se quedó sobre él, con una rodilla clavada entre sus piernas y la otra a un lado de su cadera. Se apoyaba en los codos, pero sus manos estaban a ambos lados de la cabeza de Ace, apenas rozando con los dedos su pelo negro sedoso. Su rostro estaba tan cerca…

Ace era increíblemente más atractivo y sensual cuando dormía, o al menos eso era lo que le parecía al tenerlo apenas a centímetros de él. Tenía las mejillas sonrojadas por el alcohol consumido, con una ligera sonrisa en la cara. Le maravilló la expresión tranquila de su rostro, con aquellas características pecas negras que enmarcaban los ojos más profundos y dulces que Marco había visto jamás, ahora ocultos bajo aquellos párpados de oscuras y rizadas pestañas. Dejó que su rostro descendiera hasta apoyar su frente en la de él. Ace no reaccionó. Se quedó mirando sus labios, tan apetecibles. El aliento de Ace se escapaba de ellos embriagándole como un afrodisíaco, mezclándose con el de él, invitándole a acortar esa distancia mínima y a la vez tan abismal entre la boca del más joven y la suya. Sentía su sangre fluir como fuego por sus venas sólo de pesarlo. Sería tan fácil robarle un beso…

"Contrólate, Marco" – le ordenó la parte racional de su ser -. "Él confía plenamente en ti. ¿No querrás echarlo todo a perder por un calentón, ¿verdad?" – apretó los puños -. "¿Así habías imaginado besarle por primera vez? ¿Estando borracho e inconsciente en su cama? ¿Eso es lo que quieres? ¿Aprovecharte de su confianza para… abusar de ella? ¿Cómo le vas a mirar mañana a la cara sabiéndolo, o los días siguientes?".

Siguió allí conteniendo el aliento. Ace seguía sin soltarle, y él temía moverse. No quería hacerlo porque sabía lo que podía ocurrir si no se dominaba. Entonces, el agarre de Ace se aflojó por sí solo y sus brazos se deslizaron por sus hombros para caer abiertos a ambos lados de su cuerpo. Sonrió dulcemente cuando el chico suspiró empezando a roncar suavemente y su aliento le revolvió el pelo rubio que se le había venido a los ojos. Le atraía. Estaba totalmente embrujado por él, por su cuerpo y su carácter… pero no por eso podía hacer lo que quisiera. Él era demasiado joven, tenía demasiado mundo que ver… Nunca le escogería a él. Ésa era la verdad, y nada podía cambiarla.

-…Buenas noches, Ace – murmuró separándose con suavidad. Se quedó sentado en el borde de la cama, mirándole. No quería irse. Se pasaría la noche en vela viéndole dormir si no temiera que despertase y le encontrase allí. Sería difícil de explicar y muy poco digno de él inventarse una mentira. Suspiró con tristeza, apartándole suavemente unos mechones de la cara antes de levantarse. En el último instante decidió permitirse un pequeño capricho y se inclinó levemente para darle un tierno beso en la frente -... Que duermas bien.

Marco se fue en silencio y cerró tras de sí con un descorazonado suspiro. Llegó a su cuarto y se tiró a la cama sintiéndose totalmente miserable. Miró al techo diciéndose que había hecho bien. Intentó convencerse de ello, pero algo dentro de él agonizaba al pensarlo. Sabía que no debería tener aquellos pensamientos, que lo que deseaba era imposible de cumplirse, y aun así sus anhelos no le obedecían cada vez que estaba con él o simplemente pasaba caminando a su lado. Ace era la manzana prohibida ante sus ojos.

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Sí, bueno… ¿muy decepcionadas? XD Sé que la situación pedía a gritos algo más, pero pensad en las circunstancias! De Ace hacia Marco aún no se sabe ni una palabra, por estos lares todavía falta mucho carrete a ese respecto XD. A demás, aún tienen que pasar bastantes cosas antes de anclar a estos dos en semejante encrucijada emocional =). Aceptaré quejas varias y/o críticas positivas del cap, estas cosas no se pueden preveer XDDD

Pues nada, gente! Os espero el viernes que viene, gracias por leer! ^^