Hello There!

Cómo hoy es carnaval y además estoy pochita, no sé como estaré para subir esto en un futuro cercano, así que lo voy dejando por aquí ya y el que quiera que se lo goce.


La vida en South Park

Capítulo 21 - El chico que recordó

Craig notaba que el cuerpo le pasaba, pero de forma exagerada. Recordó por fin que estaba cargando con Clyde Donovan, casi inconsciente. El castaño iba murmurando absurdeces y cosas sobre zapatos que le regalaba a Bebé desde el colegio. Craig sintió ganas de escupir al escuchar el nombre de la rubia. Sabía que el otro estaba despotricando contra ella por ser solo una guarra interesada, pero no podía evitar cabrearse al saber que Clyde seguía molesto con ella, porque eso significaba que le importaba. Craig subió los escalones frente a la puerta de los Donovan y trató de no hacer ruido con Clyde aún colgado de su cuello. Sabía que el señor Donovan estaba durmiendo dentro y que no tenía nada mejor que hacer que esperar a su hijo, así que procuró que no estuviese alerta.

-Hueles bien, Craig…-Clyde reía mientras se sostenía como podía pegado al sobaco de Craig.

-Es lo que pasa cuando te duchas.-Soltó el otro, fue lo primero que se le ocurrió. Clyde seguís riendo y le encantaba escucharlo pero le ponía nervioso. Su mano temblaba al intentar meter la llave en la cerradura y cuando consiguió hacerlo, esta no giraba.

-Craig…

-Espera, Clyde, la llave no abre.

-Pero Craig-volvió a llamar su amigo, pero Craig seguía tenso.

-Espera a que entremos. ¿Por qué no abre la maldita llave?

-¿Quieres probar con las mías?-Preguntó Clyde soltando una carcajada.

-¡Shh! Te va a oír tu padre.- ¿Había sido tan idiota de intentar abrir la casa de Clyde con su propia llave?-Déjame la tuya, a ver si abre.-Aprovechó que Clyde no se enteraba de nada para enmendar su error disimuladamente.

-No sé dónde están.-Clyde seguía riéndose sin motivo alguno.

Craig tuvo que respirar hondo antes de empezar a rebuscar en los bolsillos de Clyde, sonrojado, mientras el otro solo reía, se retorcía y se apoyaba en él. Craig consiguió encontrar el llavero en el bolsillo trasero del pantalón y consiguió abrir la puerta y arrastrar al otro chico al interior, mientras le pedía silencio. Lo ayudó a subir las escaleras y se encerraron en la habitación. La cama estaba cerca, pero parecía todo un reto llegar hasta ella. A pesar de haber tropezado varias veces entre ellos, cuando se quiso dar cuenta, Clyde estaba tumbado en la cama, pidiéndose silencio a sí mismo entre risas y Craig estaba a su lado, mirando al techo, esperando no caerse de boca contra algún mueble al ponerse de pie para volver a casa. Clyde lo abrazó y murmuró algo. Craig notó golpes en el pecho: su corazón intentaba atravesar sus costillas, su carne y su piel y salir corriendo y dando botes por la habitación. Se quedó helado durante una fracción de segundo y luego se libró del abrazo y se levantó tan rápido que se mareó y cayó sentado en el suelo. Clyde se asomó por el borde de la cama, con los ojos como platos, mirando fijamente al moreno, que lo miraba entre asustado y avergonzado, rojo como un tomate y con la respiración agitada. Por fin desvió la vista y frunció el ceño.

-¿E-estás bien?-Preguntó, visiblemente preocupado. Craig solo le hizo un corte de manga sin mirarlo siquiera a los ojos.-Lo estás.-Sonrió.

-Debería irme a casa.-Dijo, pero Clyde estiró el brazo y sin fallar, acertó a agarrar su chaqueta.

-Quédate. No quiero estar solo.

Craig no pudo evitar ceder y darse media vuelta, más relajado, para sentarse junto al muchacho que lagrimeaba sentado en la cama. Pasó un brazo por sus hombros y dejó que apoyase su cabeza en su pecho para abrazarlo. Clyde se echó a llorar en silencio y Craig solo frotó su espalda en señal de apoyo. Al cabo de unos minutos, Clyde había dejado de hipar y Craig precedió a desvestirlo para acostarlo en la cama. Lo recostó sobre el colchón y empezó a quitarle los zapatos, pero algo no iba bien. Clyde parecía demasiado tranquilo. Vio sobre la mesilla una caja de pastillas, las cuales parecían antidepresivos. Craig procesó la información a la máxima velocidad que su cerebro le permitía. Si Clyde había estado tomando antidepresivos y había consumido alcohol era posible que estuviese pasando por el efecto de sedación, pero no sabía hasta qué punto era eso peligroso o no. Tomó su pulso y vigiló su respiración. Parecía estar todo en orden. Sin embargo Clyde volvió a despertarse, desorientado y en peor estado que antes de dormirse. Se incorporó y empezó a hablar.

-Mañana es el cumpleaños de mi madre. Debería levantarme pronto y hacerle el desayuno, ¿verdad?-Sonrió en dirección a Craig.

-¿Qué?

-Podríamos hacerle una fiesta.-Murmuró.

-Clyde, tu madre… Bueno, hace tiempo que…-No supo cómo terminar. Si había estado tomando antidepresivos debía haber una buena razón, y no quería hundirlo más de lo que estaba. ¿Es que no había nadie medianamente sano de la cabeza en el pueblo?

-Hace tiempo que quiere una gran fiesta. Ayúdame a prepararla.

Craig optó por dejarlo divagar mientras agarraba la caja de pastillas y leía el prospecto tan rápido y tan atentamente como podía. Pudo leer que tomar alcohol durante el consumo del medicamento podía afectar a la coordinación, al criterio y a la percepción de las cosas. Clyde debía creer que su madre seguía viva, incluso que mañana era su cumpleaños, porque Craig sabía que para esa fecha quedaban unos meses. Optó por quedarse a dormir con él, como otras tantas veces, y ocuparía el sofá del piso de abajo, para darle intimidad al chico, pues ya había violado su espacio personal una vez. Craig desvistió a Clyde y lo ayudó a levantarse.

-Deberías darte una ducha, para despejarte. Te costará descansar esta noche, es probable que te despiertes varias veces, según el prospecto.

-¡Estoy bien!-Restó importancia al hecho de que no recordaba ni en qué año estaban, pero se dejó guiar al cuarto de baño del piso superior.

Craig contestaba que si a todo, solo por no discutir con él, mientras regulaba el agua para que saliese templada. No quería matar a Clyde de frío, pero tampoco le convenía el agua muy caliente. Cuando se dio la vuelta, Clyde estaba sentado en el suelo, casi dormido.

-Eh, Clyde. Despierta.-Lo zarandeó un poco.

-Bebé me odia. Solo sale conmigo por los zapatos.-Lloriqueó. Craig lo obligó a ponerse en pie.

-De eso nada. Habéis vuelto un montón de veces, así que no tardará en venir a hablar contigo. Seguro que te quiere mucho, sino ya se habría buscado a otro.

-¿Por qué estás tan seguro?

-Porque tiene las peras más grandes del instituto. Podría estar con cualquiera. Pero siempre vuelve contigo.

Por desgracia.

-Con cualquiera no, porque casi todos son gays.-Respondió Clyde, mientras Craig lo empujaba a la ducha.-Si los demás prefieren estar con tíos, será por algo, ¿no?

-Es cuestión de gustos.-Se encogió de hombros, algo nervioso.-No se elige. Mira a McCormick.

-¿Kenny?

-Es bisexual, cómo Butters.

-Lo de Kenny es puro vicio, y lo sabes.-Acusó, con una sonrisa burlona.

-Puede ser, no sé.

-Te gusta.

-¿Qué?

-Kenny. Te gusta.

-¿Perdona? ¡Desvarías, tío!

-Le llamas por el apellido porque sabes que así llamas su atención, eres el único que lo hace.

-¡También se lo digo a Marsh!

-Y sabemos que le votaron el tercero más guapo de clase por debajo de Token y de mí.-Le guiñó un ojo. Craig se puso nervioso.- ¿Ves? Te has puesto colorado.

-Eso es porque estoy viendo en pelotas al más guapo de la clase.-Dijo, haciendo el gesto de las comillas con los dedos.

Clyde, que seguía algo aturdido, se apartó el flequillo de la frente, quitó el exceso de agua de su cara sin dejar de reír y arrastró a Craig bajo el agua. Craig había dejado de reír y miraba a Clyde a los ojos, casi asustado.

-Si no te gustan los tíos, ¿por qué nunca has tenido novia?-Craig no podía creer lo que oía. Clyde le estaba interrogando sobre su preferencia sexual.-Que yo sepa tienes pretendientas a montón, más las que andaban detrás de Stan, porque es abiertamente gay.

-Sigues bajo el efecto del alcohol y las pastillas.-Pero el castaño negó con la cabeza.

-Si de verdad eres lo que creo y yo soy el chico más guapo del instituto, no podrás rechazarme.-Se insinuó.

Craig llevó sus manos al rostro de Clyde y juntó sus labios con los de él, a pesar del agua que le empapaba la cara y lo hacía más bien incómodo. Clyde lo abrazó y empezó a quitarle a Craig toda la ropa empapada que llevaba.

-N-no. Clyde.-Se alejó de él y lo mantuvo a una distancia prudencial.

-¿Qué?

-Ya me aproveché de ti una vez, me dejé llevar. No quiera que vuelva a pasar.

-Esto es lo que querías, ¿no?-Sonrió.

-Sí, pero no así. Mañana no recordarás nada de esto o todo será muy confuso en tu cabeza, y no me sentiría bien si nuestra amistad de jodiese por esto.-Clyde seguía estupefacto, su mirada parecía perdida.-Tú no eres así, tu sabes lo que eres. Solo estás muy pasado de vueltas. Vamos a dormir.

Clyde salió de la ducha y se envolvió en una toalla. Craig escurrió su ropa húmeda y la dejó en el suelo del cuarto de Clyde, esperando que estuviese seca a la mañana siguiente. Clyde parecía aún un poco ido y no le quitó la vista de encima. Daba tumbos por el pasillo y al poco de desplomó en el suelo. Craig corrió a por él, que seguía consciente.

-¿Estás bien?

-¿Dónde estamos?

-Hace unas horas que estamos en tu casa, Clyde.

-Menos mal, porque mañana hay examen de mates y…

-Mañana es domingo, Clyde.

-¡Más tiempo para estudiar!

El castaño empezó a reír, y él, tras parpadear un par de veces, lo acompañó y lo ayudó a levantarse. Definitivamente estaba un poco ido por culpa de las pastillas, había hecho bien en pararle los pies. Lo ayudó a tumbarse en la cama, no se molestó ni en vestirlo, porque el chico estaba que se caía de sueño, y se fue hacia la puerta.

-Quédate aquí.

-No, Clyde. Estaré mejor abajo.

No contestó, Craig sabía que ya estaba dormido. Cerró la puerta y pasó por el pasillo. Pudo ver que la habitación del señor Donovan estaba vacía. Quizá había encontrado algún ligue y no iba a volver a casa esa noche. Bajó las escaleras, se acostó en el sofá y se tapó con una manta, porque solo llevaba unos calzoncillos nada abrigados.

El timbre sonó, Craig frunció el ceño. La resaca hacía de las suyas otra vez. Se levantó y arrastró los pies hasta la puerta. Abrió y entreabrió los ojos, cansado.

-¿Stan?-Preguntó Craig, sorprendido de verlo allí. Tanto que lo llamó por su nombre de pila.

-¿Craig?-Se extrañó el visitante.

-¿A quién esperabas? ¿Al conejo de Pascua?-Preguntó, visiblemente molesto.

-A Clyde Donovan. Vive aquí.-Confirmó.

No. Estaba seguro de que él vivía allí. Craig se asomó con los ojos entrecerrados y vio su casa justo al lado de la que estaba ocupando. Sus ojos se abrieron paulatinamente hasta adoptar una expresión de sorpresa y pánico.

-¡Mierda!-Maldijo. Sin cerrar la puerta se introdujo de nuevo en la vivienda, y Stan no pudo evitar seguirlo al interior, desconcertado. Subió soltando palabrotas por lo bajo, maldiciendo su suerte. Clyde estaba tumbado en la cama, la ropa de ambos hecha una bola en el suelo, y el castaño tenía cara de susto. Los pasos de Stanley Marsh se escucharon con más intensidad: estaba subiendo las escaleras.

-¡¿Tú también?! ¿Qué pasó anoche?-Parecía al borde del llanto.

-N-no…-Stan le mostró las palmas de las manos y las agitó con brío -Yo acabo de -señaló con el pulgar por encima de su hombro-…llegar –murmuró. Craig recogió sus cosas a toda prisa, sin saber cómo explicarse. Algo había pasado en esa casa y él no lo tenía muy claro.

-Clyde, yo… ¡Mierda!-Volvió a quejarse y se fue a toda prisa. Clyde se tapaba con la sabana hasta el cuello, espantado.

No se molestó en vestirse en el trayecto de la casa de Donovan hasta la suya. Salió con su ropa en las manos, y no sabía por qué esta estaba húmeda. La dejó junto a la lavadora y se fue a su cuarto para vestirse con algo cálido.

Craig corría asustado. Ya había oscurecido y estaba seguro de que era más bien tarde. Había pasado muchas horas sentado junto al cuerpo sin vida de otro chaval, quizá eso había hecho que la espera pareciese más larga. Se dispuso a coger el coche de su padre para llevar el cadáver a algún sitio, como el hospital Paso al Infierno, pero no tenía esperanzas de que pudiesen hacer nada. Sin embargo, cuando llegó frente a su puerta, el coche había desaparecido. Miró en todas direcciones por si lo habían cambiado de sitio, pero no estaba a la vista. Cuando entró en la casa encontró a su hermana sola, frente al televisor.

-¡Ruby!-La llamó. Ella se volvió para mirarlo.- ¿Y el coche?

-Mamá y papá han salido. Volverán tarde.-Dijo.-Tu cena está en el microondas.-Entonces sacó el dedo medio de la mano y se lo enseñó a Craig, que la imitó.

-Gracias, pero me marcho.

El moreno salió de la casa y, con miedo, se atrevió a llamar al timbre de los Donovan. El padre de Clyde abrió la puerta y sonrió en cuanto lo vio, invitándolo a pasar.

-Clyde está en su cuarto. Puedes subir.

Craig no dijo nada, solo asintió con la cabeza y trotó escalones arriba para entrar sin permiso al dormitorio de su mejor amigo. El castaño estaba sentado en la cama, con las piernas cruzadas, jugando a la consola mientras sostenía el teléfono móvil contra su oreja, ayudado por su hombro. Se quedó de piedra cuando vio a Craig irrumpir en su habitación, y parecía muy apurado.

-Luego te llamo, Bebé. Es importante.-Cortó la llamada y miró a Craig con desprecio.- ¿Qué coño quieres?

-Mis padres se han llevado el coche.

-¡Qué drama!-Se quejó, con un notable tono irónico. Craig puso los ojos en blanco y chasqueó la lengua, cerrando la puerta tras de sí y acercándose al castaño.

-Sé que estás enfadado, pero necesito que me ayudes. Tienes que dejarme el coche de tu padre.-Pidió.

-¿Por qué debería hacerlo? ¿Vas a violarme ahí también?

-¡Lo siento, Clyde!- Las últimas palabras de Kenny resonaron en su mente, casi había olvidado la prisa que tenía por volver allí con un coche.

"Intenta recordarme".

-Ya lo recuerdo.-Dijo, mirando un punto perdido del suelo. Clyde observaba el mismo punto y a Crag alternativamente, sin comprender.

-¿Qué?

-Sé que me aproveché de ti, sí, pero no pasó nada. Solo te diste una ducha y te metiste en la cama. Yo dormí en el sofá.-Parecía feliz de recordar cada detalle.- ¡No hice nada malo! No te hice daño.-Sonreía con tristeza, pues había creído que perdería a Clyde, pero no había sucedido nada entre ellos.

-¿Por qué no me lo dijiste antes?

-Porque no recordaba nada, pero sé que no haría nada que implicase perderte. Eres mi mejor amigo.-Craig tomó asiento junto a Clyde.-Sé que debía habértelo dicho antes, que a mí tampoco me gustan las chicas, y que además me había enamorado de ti. No pensé que se me fuese a ir de las manos, Clyde, pero tenía miedo de que me tuvieses miedo. No sé por qué, pero ahora ya sé que no voy a perderte.

Ambos sonrieron, por fin Craig se sentía libre de aquella carga. De nuevo las palabras de Kenny regresaron a su mente, como un eco. Dio un salto y se levantó de la cama.

-Necesito el coche. Rápido.

-¿Para qué?

-Tengo que llevar a Kenny al hospital.

-¿Qué ha pasado?-El chico se levantó y se acercó a él, preocupado.

-Nada, solo tengo que llevarlo.

-Algo habrá pasado para que tenga que ir al hospital.

-No puedo decírtelo. Peor es grave.

-Está bien. Le pediré las llaves a mi padre. Me inventaré algo.

Al poco, Craig iba sentado en el asiento del copiloto y Clyde conducía hacia la granja, a las afueras del pueblo, dónde el cuerpo de Kenny McCormick debía seguir. Clyde aparcó frente a U-Stort-It y bajaron apresuradamente del coche. Craig condujo al castaño en la oscuridad y llegó al punto donde debía estar el rubio, pero allí no había nada ni nadie. Craig observó el lugar, buscó un posible escondite para Kenny, dónde alguien lo hubiese podido ocultar, o el rastro de sangre que le avisase de que alguien se lo había llevado, pero allí no había nada de nada. Clyde miraba nervioso a Craig.

-¡Estaba aquí! De veras.

-Quizá se haya marchado andando si ha visto que tardabas mucho. O le han ayudado.

-¡No! No lo entiendes, Clyde.

-¿Se había partido las piernas? Igual se arrastró hasta el pueblo y pidió auxilio.

-¡Se pegó un tiro en la cabeza, Clyde! ¡Kenny se mató delante de mí!-Chilló, nervioso, sin dejar de buscar un pequeño rastro del rubio.

Clyde se quedó blanco unos momentos, miró a todos lados, esperado encontrar una cámara oculta, o una pista de que Craig había perdido la cabeza, o de que había bebido más de la cuenta. Incluso creyó que, si era verdad, Kenny podría haber vuelto como zombi a por ellos, pero nada de eso sucedió. Se limitó a esperar que Craig le dijese que todo era una broma, pero seguía dando vueltas en busca de algo.

-Debería llevarte a casa. Estás un poco nervioso.

-Clyde, tenemos que encontrarlo. Hay que llevarlo con un médico o algo. No puedo presentarme en casa de sus padres y decirles que se ha matado.

-¿Quién?

-¿Qué?l

-¿Quién se ha matado? Craig, creo que si alguien del pueblo se hubiese matado, lo sabríamos.

-Pero, McCormick…

-Kevin y Karen McCormick estarán en su casa, ni siquiera sabía que fueseis amigos. Vamos.

Clyde dio media vuelta para ir al coche, pero Craig no se movió.

-Ve tú. Yo me quedaré un rato.

-Como quieras.-El castaño se encogió de hombros y retomó su camino.

Craig, por su parte, se sentó bajo el árbol dónde había estado antes de ir en busca de ayuda y se miró los pies. La sangre que había salpicado su ropa había desaparecido. ¿Cuándo? ¿Y cómo era posible que Clyde no recordase a Kenny McCormick? Iban juntos a clase desde primaria. Pensó en avisar a alguien, algún amigo cercano del rubio, pero no sabía si reaccionarían igual que Clyde, y optó por no decir nada. Cuando saliese la noticia en los periódicos Clyde dejaría de pensar que estaba loco. ¿Pero cómo iba a enterarse nadie si el cuerpo había desaparecido? ¿Y los padres de Kenny? ¿No lo echarían de menos?

-¡Que locura de día!-Se pasó una mano por el pelo y suspiró. Sacó su teléfono del bolsillo de los vaqueros y revisó su lista de contactos. Allí estaba el número de McCormick. Tras meditar unos segundos pulsó el botón de llamar y esperó con el auricular en la oreja. Daba tono. El sonido cambió y contuvo el aliento-¿McCormick?-Una voz respondió. Era el contestador.

Volvió a guardar el teléfono y se levantó para volver a casa. Se acercaba la medianoche y ya caminaba junto a la vía del tren que separaba la casa de Kenneth de las de Broflovski, Marsh y Cartman. Pudo ver movimiento en la casa, demasiado alterados. Quizá se habían enterado. Las luces se apagaron de pronto y Stuart y Carol McCormick salieron a toda prisa. Ella parecía estar muy embarazada, tanto que había roto aguas. No parecían preguntarse cómo era posible, pero Craig sí, puesto que no recordaba que la señora McCormick estuviese embarazada hace apenas un mes o dos atrás.

-¡Date prisa! Kenny está a punto de salir.-Se quejaba ella, mientras Stuart la ayudaba a caminar en dirección al hospital.

Craig sencillamente continuó el camino a casa, sin dar crédito a lo que acababa de escuchar. Lo adelantaron con facilidad, a buen ritmo, y él se dedicó a observarlos en la lejanía, y escuchar como hablaban del supuesto bebé llamado Kenny. Le dolía la cabeza por tratar de encontrar un sentido a todo aquello, y supo que no podría dormir.

Subió a su dormitorio, sintiéndose pesado, como si llevase los bolsillos y una mochila llenos de rocas del tamaño de un gato adulto. Se tumbó en la cama, boca abajo, y hundió la cara en la almohada unos momentos, pensando que no tardaría en despertarse de una pesadilla demasiado extraña como para recordarla después. Ojalá hubiese sido solo eso. Seguía despierto, dando vueltas sobre el colchón. Pensó que echaba de menos a Clyde, que necesitaba compañía para soportar aquello, pero cuando sacó el teléfono móvil, solo pudo buscar el contacto de Kenny y volver a llamarlo.

Sin respuesta.

Hizo un total de cuatro llamadas a lo largo de la madrugada. Todas fueron respondidas por el contestador.

Con unas ojeras terriblemente marcadas, observaba la pantalla iluminada de su teléfono, en la que aparecía el número de Kenny y las diversas opciones que tenía: llamar, mandar un sms o un mensaje instantáneo desde la aplicación de mensajería. Kenny había dicho que no dejaba de morir de formas extrañas, y que volvía al día siguiente. En algún momento cogería el teléfono, ¿no?

Volvió a marcar y sin ponerse el teléfono en la oreja percibió el sonido de la señal que emitía la llamada. Duró menos de lo esperado.

-¿Tucker?

Craig tardó unos minutos en asimilar lo que escuchaba porque esperó escuchar la voz de mujer que le pedía que dejara un mensaje, pero aquella voz era apagada y de hombre.

-¡McCormick!-Chilló al ponerse el auricular en la oreja, incorporándose en su lecho. Se quedó sentado, con una pierna flexionada y la mano libre apoyada sobre la colcha, que aún cubría la cama hecha.

-¡Ah! Sí, soy yo.-La voz de Kenny sonaba como si acabase de despertar con resaca. -¿Qué mierdas quieres? Me has despertado, gilipollas.

-¿Estás bien?

-¿Por qué no iba a estarlo? Solo me duele un cojón la cabeza, y no me ayudas a sentirme mejor.

-¿Pero te sientes bien?-Escuchó a Kenny reír.

-Como si acabase de nacer. ¿Por?


THE END.

OKNO.

Bueno, sí. Es el final de esta capítulo, pero no del todo.

¡Nos leemos!