Aclaración: Los personajes y todo aquello que identifiquen pertenece a J.K. Rowling, sólo la trama es mía, producto de mi retorcida mente.

Por más que lo intento, este Fic se niega a terminar :D

Ya no se si esto es bueno o es malo… pero en mi cabeza sigue corriendo la historia :D Así que NO, este no es el último Cap… Y realmente no sé cuándo será el último hehehehe.

Pido de nuevo una enorme disculpa por el retrazo, pero honestamente es difícil escribir cuando uno tiene chingocientas cosas que hacer todos los días D: Yo se que no es culpa suya, pero pido un pokito de comprensión :)

Ahora, espero que les guste el Cap, y que no me abandonen, y claro, sus preciosos review's, que son lo que realmente me hace seguir escribiendo incluso en los peores momentos :) Siempre me sacan una sonrisa.

Ya no las entretengo más,

A leer se ha dicho!

"El hombre no puede vivir de sueños…. Sin embargo, debe vivir sus sueños"

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Luna Lovegood acunaba a Lorcan en sus brazos, mientras que el flamante padre de sus hijos sostenía al pequeño Lyssander ayudándolo a tomar el biberón, cargando trabajosamente una gran cesta de mimbre. Caminaban por el vestíbulo del colegio, y pronto estuvieron en los jardines exteriores.

Aquella mañana de domingo se manifestaba especialmente ventosa, el lago negro ondeaba con olas suaves, lamiendo el césped desde los jardines de Hogwarts hasta las laderas del Bosque Prohibido; se dirigieron hacia un fresno, y al pie del árbol Theo tendió un mantel de cuadros blancos y rojos, depositó la cesta en el centro, acomodó a sus hijos con cuidado y ayudó a su novia a sentarse.

-Lindo lindo Lorcan…- Canturreaba la rubia, mientras acariciaba con calma la cabecita castaña de su hijo.- Theo… no quiero que se vallan.- dijo la chica, interrumpiendo su melodía por un susurro triste.

-No se irán Luna.- respondió el Sly con toda la calma del mundo.

-No? Pero hoy vamos a entregarlos.- rebatió ella, sin entender la actitud de Theo.

-Hoy entregaremos a los muñecos, es cierto, pero los recuerdos se van a quedar para siempre aquí.- señaló el castaño, posando con dulzura su mano sobre el corazón de Luna.- Mientras no los olvidemos, ellos jamás se irán.

-Oh… pero yo no quiero solo su recuerdo.- gimoteó la chica.- Yo quiero tenerlos conmigo, y arrullarlos, y cantarles… yo quiero que sean de verdad para que siempre estén conmigo…

-Luna…- la interrumpió él al tiempo que la abrazaba cariñosamente.- Aunque fueran de verdad, nunca podrías tenerlos para siempre a tu lado… imagínate, un vagabundo de 40 años viviendo en casa de sus padres, qué vergüenza!.- la chica rió a pesar de todo.- No Luna, los hijos, los falsos y los reales, en algún momento se irán a hacer su propio camino, es la Ley de la vida.- sentenció muy seriamente.

-Wow! De verdad eres muy maduro, yo no podría pensar así.- declaró ella mirándolo con admiración.

Theo disfrutó de sentir el frágil cuerpo de ella recargado contra su pecho; si Luna supiera que toda esa sabiduría la había aprendido de Mufasa cuando vio el Rey León por veinteava vez… bueno, supuso que era mejor no mencionarlo.

-Pero de todas formas, no debes verlo como una pérdida… digamos que solo será como un medio-tiempo.- dijo él, frunciendo el ceño pensando en cómo decir lo que iba a decir.

-Eso qué significa? Nos los devolverán después?.- preguntó ella ilusionada.

-Ammm… no precisamente… ellos volverán, claro, sólo si tu lo quieres así.- mierda, esto le estaba resultando cada vez más difícil.

-Pero cómo es eso?.- ahora ella se veía claramente confundida.

Bien, era ahora o nunca, pensó el chico; y tomando convicción de donde no la había, se arrodilló frente a ella y tomó su mano entre las suyas… sí, ya había visto cómo la miraba últimamente ese bastardo de Rolf Scamander, así que no había tiempo que perder, aunque la graduación sería en unos cuantos meses, y ya estaban a principios de abril, Theodore Nott no iba a tomar ningún riesgo.

-Luna Lovegood.- enunció él con el tono más serio que la chica le hubiese escuchado jamás.- Yo, Theodore Nott prometo amarte, cuidarte y respetarte durante cada puñetero día de mi vida; prometo ser un jodido dolor de cabeza, y volverte loca con mis estupideces; prometo también ser insoportablemente necio, descuidado, desordenado, y convertirme en tu esclavo sexual hasta que tengas todos los hijos que quieres, por lo menos los suficientes para armar nuestro propio equipo de Quidditch … pero también prometo estar contigo siempre, complacer tus deseos y soñar contigo cada noche… prometo que serás mi primer pensamiento en las mañanas, y lo último que vea antes de acostarme… Quisieras, cuando termines el colegio… quisieras…

-Si!.- dijo ella, interrumpiéndolo de pronto.

-Pero si no sabes qué te iba a preguntar!.- dijo él con cara de sorpresa.

-No me importa.- declaró ella, abrazándolo con fuerza.- No me importa, Theo, lo que sea que quieras, lo que me pidas, la respuesta siempre va a ser sí… confío en ti.

-Entonces sí quieres ser mi elfina doméstica?

La rubia clavó sus ojos azules en los verdes de él con una mueca de verdadero desconcierto; y él… el simplemente rompió a reír como jamás lo había hecho.

-Luna, quieres… bueno, cuando termines el colegio… tu… tu quisieras ser mi esposa?

Y por toda respuesta, ella lo besó. Ahora ya no extrañaría a sus hijos… algún día llenaría su casa con una docena de Locan's y Lyssander's saltando por todos lados.

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Pansy salió del baño de chicas del segundo piso, aquel donde anteriormente moraba Myrttle la llorona; sus delicadas manos se retorcían una con otra, mientras ella dejaba atrás el pequeño caldero sobre el fuego impropagable que había convocado… una hora, en una hora lo sabría.

Y es que cuando le había pedido, más bien exigido, a Blaise que le "Hiciera un Hijo"… bueno, ellos habían disfrutado mucho con la tarea autoimpuesta. Y precisamente ayer debía venirle el periodo… y deliberadamente no se habían cuidado… y esta mañana sus sábanas amanecieron blancas…

Merlín! Podría ser simplemente un retraso sin importancia, pero Sagrada Morgana, ojalá que se debiera a lo que estaban esperando. Sí, estaban, ambos se sentían ansiosos y desesperados.

Quién lo diría, la Miss Superficialidad y Mr. Imposible estaban ansiosos de concebir un bebé a los 17 años… cómo cambiaban las cosas… y en tan solo dos semanas!

Pero así estaba el panorama: Blaise tomaría posesión de las acciones en Gringotts que poseía su familia, dado que su derecho de herencia entraba en vigor al acabar el colegio, ella misma sería acreedora a un amplio porcentaje de las utilidades de Artículos para El Quidditch, puesto que su padre era el dueño, y ella la primogénita; irían a vivir a Venecia, a ella le gustaba Venecia, y Blaise amaba su país natal… todo eso después, claro, de la fastuosa boda que prepararían aquí en Londres.

Sí, serían padres jóvenes, pero no eran estúpidos, uno no encarga niños para que vivan en la miseria, no señor, sus hijos serían una horda de pequeños felices y gritones que algún día conquistarían el mundo.

La chica comenzó a bajar hacia las escaleras del Gran Comedor con un solo pensamiento en la mente.

Por favor, que sea rosa… que sea rosa… que sea rosa…

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Ronald Weasley, junto con Padma y Grawp se encontraban sentados a la mesa de Gryffindor, con el pelirrojo mayor engullendo tanta comida como una aspiradora mientras la morena alimentaba con cuidado al bebé de cabellos alborotados.

-Oh, Ron, esto es tan triste…- susurró la chica, acariciando la cabecita del bebé.

-Naaaaa, no tienes nada de qué preocuparte.- aseguró Ron encogiendo los hombros.- Entrené a Grawp como todo un hombre, ahora será capaz de defenderse.

Padma observó al chico con cara de mierda-se-volvió-loco, pero él siguió hablando como si nada.

-Lo enseñé a jugar Quidditch, cazar escorbutos de cola explosiva, puede sobrevivir a campo abierto, sabe nadar, encender fogatas, escalar montañas, montar en Thestrals, domar Hipogrifos y domina las artes marciales a la perfección… es todo un ninja.- terminó él, hablando en secreto.

Padma rodó los ojos con resignación y entregó el bebé en brazos de su padre, para mirar con horror cómo éste lo lanzaba por los aires hacia atrás.

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Harry Potter entraba en el Gran Comedor, y comenzó a recorrer la larga mesa de los leones en busca de su mujer y su hijo; se sentía tan raro el solo pensar en entregar a James… era como amputarse la mano con la que sostenía la varita, y su único consuelo era que, una vez casado con Ginny, lo primero que harían sería recuperar a James, y lo segundo sería darle a James un montón de hermanos.

Sí definitivamente iban a ponerle mucha, MUCHA, dedicación a eso ; el pelinegro sonrió con ese pensamiento… hasta que la pierna de un bebé de plástico se estampó sobre su nariz.

-Pero qué mierda!.- gritó el ojiverde, tratando de contener la sangre que manaba de sus fosas nasales con una mano, mientras que con la otra sostenía la pierna del autor de su ataque.

-Ves? Te dije que era todo un guerrero!.- gritó Ron justo detrás de Harry.

Padma desvió la mirada completamente avergonzada, sonriendo con gesto de disculpa a todos los Griffindors presentes.

-Qué demonios te pasa?.- bramó el niño que vivió hacia su mejor amigo.- por qué mierda me lanzas a tu hijo a la cara? Me rompiste la nariz!

-Nop, Grawp lo hizo.- declaró Ron sonriendo cínicamente.- y no lo puedes golpear, solo es un bebé que trataba de impresionar a su madre.

-Y yo voy a impresionar a tu hijo, cuando vea cómo le acomodo unas buenas patadas a su padre justo en los hue…

-Ya Harry, no te enojes.- dijo el pelirrojo en tono conciliador, para luego inclinarse hacia su amigo y susurrar a su oído.- le darás mal ejemplo a Grawpie, además no es para tanto, a ver, quita la mano para ver qué tan malo es.

Con un bufido el ojiverde despejó su rostro y la sangre se derramó como agua sobre su uniforme.

Una enorme sombra que desfilaba por los pasillos se acercó hacia los leones: Severus Snape se detuvo frente a ellos con gesto desdeñoso.

-10 puntos menos para Gryffindor.- dijo, ganando la atención de ambos chicos.- Por violencia en el comedor.

Harry abrió los ojos con incredulidad, tratando de explicar la situación.

-Otros 10 puntos menos Potter, por llevar el uniforme manchado.

-Pero estoy sangrando!

-Oh, cierto, entonces 10 puntos menos, adicionales

-Pero…pero por qué?.- preguntó el moreno indignado.

-Por ensuciar el piso, Potter.- señaló el profesor con una sonrisa irónica.- y espero no ver que, casualmente, su hijo también tiene la nariz deforme una vez que lo entregue.- terminó observando a Ginny y James sentados un poco más allá.

Con sus andares de murciélago, Snape se dio la media vuelta y avanzó hacia la mesa de los profesores.

-Te has fijado en que si Snape no te bajara todos esos puntos, podríamos ganar la copa de las casas incluso si perdiéramos en el Quidditch?.- preguntó Ron con tono indolente.- creo que por eso te esfuerzas por el campeonato cada año… la culpa debe consumirte vivo.

Idiota.

Harry volvió a ocultar su nariz, fulminando con la mirada a su estúpido mejor amigo… bien, ahora era tiempo de buscar a Luna para que la arreglara.

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Draco Malfoy avanzaba nerviosamente por el corredor del séptimo piso, en dirección a la torre de Grýffindor… y se sentía realmente estúpido.

Las manos le sudaban inconteniblemente, sentía la garganta cerrada y había peinado su cabello como cincuenta veces en los últimos tres minutos… definitivamente esto le estaba afectando el cerebro… Hermione le estaba afectando.

Una vez que arribó al retrato de la Horrible y obesa mujer que custodiaba la entrada, miró sus manos vacías y se preguntó si debía haber traído algo… pero qué? Por la santa mierda de Merlín, qué podría traerle a Granger? Flores? Ni pensarlo; chocolates… no, era demasiado insignificante… Casas para gato? Mierda, ahí estaba ese estúpido delirio otra vez!

Con un suspiro frustrado decidió que era mejor así, después de todo ella no era una chica normal… y por consiguiente él tampoco; es decir, normal, no una chica.

Pasados otros cinco minutos que le parecieron como dos eternidades y media, el agujero del retrato se abrió, y por el apareció la chica de oro de Hogwarts, cargando a sus dos pequeños y plastificados hijos con una sonrisa en la cara.

El silencio que siguió se tornó tan incómodo como ver a Filch besando a Madame Pience; Draco dudó en acercarse, y ella se sonrojó como un tomate.

-Hola.- saludaron los dos al mismo tiempo; y luego de unos segundos rompieron a reir nerviosamente.

-Yo.. bueno, hola Draco.

Mierda! Hasta su nombre en labios de ella sonaba diferente ahora que eran… que eran… novios. Merlín! Si hasta en sus pensamientos la sola palabra inspiraba terror.

-Cómo estás?.- preguntó Draco, sintiéndose completamente idiota.

Rayos, esto no estaba funcionando; a dónde demonios se había ido toda la naturalidad entre los dos?

Justo cuando se agotaban en la mente de ambos las preguntas estúpidas para hacer conversación, los pequeños Malfoy entraron en acción.

Draco tomó en brazos a su adorada Rose, que lloraba inconteniblemente… claro, hasta que su padre la acurrucó contra su varonil pecho.

-Creo que están nerviosos.- dijo Hermione, acomodando las mantas de Scorp.

-Supongo que si.- respondió el chico.- Sabes? No te parece extraño?

Qué Draco?

-Que… bueno, ya hemos sido llamados Señor y Señora Malfoy… y bueno, Prometidos… y aún así la idea de que tengo una novia no acaba de entrar en mi mente.

El chico sacudió la cabeza con gesto frustrado, mientras los mechones rubios se apartaban un poco de sus ojos.

-Lo se.- aseguró ella riendo.- a mi me pasa igual; pero bueno, no puedo estar segura de cómo sentirme… nunca había hecho esto antes.- terminó desviando la mirada con timidez.

-Cómo… no, estás bromeando Granger?.- preguntó el chico completamente descolocado.

-Es en serio, Malfoy.- dijo ella, entrecerrando los ojos con irritación.- nunca he tenido un novio, si? Y el hecho de que tu hayas salido con toda la jodida población femenina de Hogwarts no significa que…

-No.- dijo él, poniéndose serio.- No, yo jamás he tenido una novia antes.

-Pero… pero…- a Hermione parecían agotársele las palabras, la sola idea de un Malfoy inocente era absolutamente ridícula.- Tu mamá dijo que eras su solecito promiscuo! PROMÍSCUO Malfoy! Asi que no vengas a burlarte de mi falta de experiencia diciendo que eres casto y puro!

-Obviamente no lo soy Hermione.- declaró el rodando los ojos con fastidio.- Por si no lo sabes, la gente puede acostarse con más gente sin ser novios.

-Degenerado!

-Degenerado y una mierda; el hecho de que yo haya, ammm, tenido intimidad con, uhhh, muchas chicas…

-Más de las que puedes recordar.- interrumpió ella con un susurro de reproche.

-Sí, más de las que puedo recordar.- continuó él, ahora tomando dulcemente a la leona de la barbilla.- no significa que hayan sido mis novias, si?.- Draco abrazó a la chica, apoyándola contra su pecho con todo y bebés.- La gran diferencia entre una novia y un revolcón casual radica en que con ellas solo quería sexo para pasarla bien; y contigo no necesito más que tomarte de la mano para saber que estoy bien. Así que ese es un título exclusivo para ti, nadie puede presumir de haberme tenido antes de la forma en que tu lo haces.

Mierda, ese condenado hurón era tan jodidamente dulce cuando se lo proponía, que de alguna extraña forma de pronto el historial sexómano de Draco ya no le parecía algo tan malo.

-Está bien, tema olvidado.- concedió la chica sonriendo de nuevo.

-Hermione.- dijo él tomando su rostro con una mano.- no eres la primera… bueno, ni siquiera puedo asegurarte que seas la número 50.- la chica frunció el ceño, y él sonrió divertido.- Pero puedo asegurarte que quiero que seas la última.

Mientras él la besaba con ternura, Hermione recordó un viejo refrán muggle, y nunca antes había tenido tanto sentido para ella.

El que ríe al último ríe mejor.

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Ahora que su nariz no sangraba cual grifo abierto, Harry y Ginny se dedicaban a disfrutar los últimos momentos con su hijo, decidiendo tomar el almuerzo fuera del castillo; depositaron los alimentos que Dobby, amablemente, les había proporcionado sobre las gradas del campo de Quidditch y se dispusieron a comer como una familia real y feliz. Una vez terminado Harry tomó a su hijo en brazos con tanto cuidado como si fuese real.

-Ginny…

-Dime.- dijo la chica, mirando los ojos verdes de su novio, que lucían extrañamente tristes y melancólicos.

-Puedo… crees que estaría bien si llevo a James a dar una vuelta en escoba?.- la pelirroja lo miró con el ceño fruncido.- prometo tener cuidado!.- dijo el niño que vivió apresuradamente.- Y solo será aquí en el campo, no le pasará nada!

Ginny lo observó sin saber muy bien qué decir.

-A qué viene eso Harry?.- preguntó la pelirroja.

-Es solo que…- el ojiverde soltó un suspiro nostálgico.- Bueno, yo se que James no es un bebé de verdad… pero lo quiero Ginny; lo quiero como si en serio fuera mi hijo.- confesó el chico desviando la mirada.- Y pues… a mi me hubiera encantado pasear con mi papá en escoba cuando era bebé… no se si eso llegó a pasar en algún momento; yo no me acuerdo, y mis padres, ellos no estuvieron para contármelo. Yo solo…

-Está bien Harry.- dijo Ginny conmovida por la sensibilidad de su novio; quién viera así al Héroe del mundo mágico.- Lo entiendo, y claro que puedes llevar a James, siempre y cuando tengas mucho cuidado.

Harry, radiante como un niño en navidad, besó a su novia entusiasmadamente y corrió con su hijo gradas abajo, mientras con su varita gritaba "Accio Saeta de Fuego!".

-Y dicen que a los hombres no les gusta jugar a las muñecas!.- susurró la chica para sí misma al ver a su hombre y a su hijo elevarse juntos por encima de los aros de marcación.

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El día pasó volando, y las horas se convirtieron en minutos, minutos que los arrastraron justo al lugar en donde se encontraban ahora.

El pasillo del tercer piso estaba completamente atascado de estudiantes de todos las casas, esperando pasar con los profesores para la revisión del proyecto y la devolución de los bebés… o lo que quedaba de ellos.

Seamus y Dean Thomas se encontraban sentados junto a Neville y su pareja, tratando de "Restaurar" el brazo desprendido de su hijo… y la pierna derecha… y la cabeza…

Crabe y Goyle estaban bastante ocupados utilizando el limpiador muggle con aroma a pino y limón de Filch para "destatuar" a su hija… oh, si, porque el flamante matrimonio alternativo había tenido una hija… que ahora mismo continuaba cubierta de tribales en brazos y piernas, una versión sádica del calamar gigante en tinta roja se extendía sobre su espaldita, y el par de idiotas aún intentaba rellenar los agujeritos que los piercings habían dejado en su bebé.

Ron y Grawp posaban estúpidamente para Padma, quien capturaba los asombrosos momentos padre-hijo de los pelirrojos: Ron peleando con Grawp, Grawp pateando el trasero de su padre; Ron mordiendo a Grawp… Grawp mordiendo a Ron; Ron cargando a Grawp… Grawp cargando a Ron! En fin, hay cosas tan bizarras que es preferible no prestar atención y fingir que vives en un mundo lleno de personas cuerdas.

Blaise definitivamente era todo un caso. En una esquina, sentado al final de la banca, el italiano arrullaba a su hija, con los ojos enrojecidos y cantándole una nana con voz baja, mientras los sollozos trataban de subir por su pecho.

-Ánimo hermano.- saludó Theo al ojiazul con un apretón en el hombro.- no te pongas así.

-No lo entiendes Theodore.- susurró Blaise con angustia.- qué hará mi princesa cuando le de miedo en las noches? Qué hará sin su lamparita de estrellas? Cómo va a sobrevivir sin sus pañales de seda? Se le irritará la piel! Y ve tú a saber qué clase de idiota será su padre la próxima vez… qué tal si no la cuida? Y que tal si le da yogurt?

-Yogurt?.- ahora si Theo se sentía en la dimensión desconocida… qué mierda tenía que ver el yogurt en todo esto.

-Es intolerante a la lactosa, Theo!.- explicó Blaise, pasándose con desesperación una mano sobre el negro cabello.- Ella prefiere el café solo, con muy poca azúcar… si, es excéntrica para ser un bebé… pero es mi hija, salió a mi.- ahora el chico sonrió tristemente con una mueca que hizo que el castaño se preocupara seriamente por la salud mental de su amigo… o la falta de ella.

-No te preocupes, todo irá bien.- trató e tranquilizarlo Theo con una sonrisa.- Es una bebé lista.

-Claro! En ese sentido se parece mucho a Pansy, tiene carácter; y ya sabes, es caprichosa, pero una princesa como ella no debe preocuparse por nada.

Theo comenzó a considerar realmente la intervención de la señora Pomfrey con, digamos, unos cuantos sedantes para Dragón administrados en las venas de Blaise.

-Es rosa!.

La voz de Pansy se elevó en el pasillo, y sin entender una mierda de lo que estaba sucediendo, Theodore Nott observó a Blaise Zabini avanzar como un zombie hasta la chica, para después esbozar la sonrisa más grande que hubiese visto jamás.

-Voy a ser padre!.- gritó el ojiazul hacia todos los presentes.

Y ahora sí, Theo supo que algo no marchaba bien con el mundo.

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Draco Malfoy y Hermione Granger caminaban por el corredor del tercer piso con las manos entrelazadas sosteniendo respectivamente a uno de sus hijos en el brazo libre; personalmente Hermione creyó que ese simple hecho causaría revuelo en el colegio, sin embargo, dado que para el mundo estaban "Comprometidos", por no decir que casados también, era lo más lógico del mundo, ahora la feliz pareja Malfoy/Granger dejaba de ser una atracción turística para Hogwarts.

Llegaron al área de espera y se acercaron a Theo y Luna, que ya aguardaban frente a la puerta de Snape para entrar a la revisión; nadie había pasado todavía, por lo que los alumnos seguían dándole vueltas al asunto de la calificación.

Minerva McGonagall y el profesor Dumbledore salieron de la puerta siguiente, y después de que los alumnos se pusieran en orden, la anciana mujer comenzó a hablar.

-Los llamaremos por orden alfabético, y la pareja pasará al despacho del jefe de casa del padre y el profesor Dumbledore; lo que el revelio nos proporcionará sobre los bebés serán 10 índices que indicarán ciertos niveles de satisfacción: Salud, Felicidad, Alimentación, Actividad física, Horas de llanto, Amor de Padre, Amor de Madre, Dolor, Moralidad, Higiene y Sueño; además de un informe detallado sobre "Eventos extraordinarios" relevantes durante esta semana. Ahora, Finnigan y Brown, pasen a mi despacho.

Hermione y Draco se dirigieron hacia un lado del pasillo y tomaron asiento entre Harry y Luna, que ya se encontraban sentados en el suelo.

-Mierda, Malfoy!.- dijo el moreno repentinamente preocupado.- Crees que los partidos de Quidditch nocturnos cuenten como un Evento Extraordinario?

-Seguro Potter.- respondió el rubio con una sonrisa cínica.- y seguro que convertir a tu hijo en una antorcha también entra en esa categoría.

-Draco!.- lo reprendió Hermione tratando de reprimir una sonrisa ante la cara de indignación de su mejor amigo.- No seas grosero con Harry!

-Además, seguro que también los secuestros son eventos extraordinarios.- acotó Harry con mirada amenazante.

-Y ni hablar de los extortismos.- suspiró Ron sentándose frente a ellos con expresión preocupada.

-Exorcismos, Ron.- lo corrigió Luna dulcemente.- Pues yo no creo que tengamos nada de que preocuparnos, Theo fue el mejor padre del mundo.

El castaño sonrió complacido, y continuó alimentando a sus dos preciosos vástagos en el cochecito que tenía a su lado.

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Luego de algunos momentos Snape abrió furioso la puerta de su despacho, al tiempo que Crabbe y Goyle salían de su interior lívidos de terror.

Cómo se atreven degenerados?.- bramó el hombre, con la mirada a punto de lanzar rayos.- Qué clase de imbécil trata de hacerle un cambio de sexo a un simple muñeco de plástico! Son unos completos desviados mentales!

Todo el lugar quedó en silencio… Cambio de sexo? A qué mierda venía todo eso?

-Es solo que Goyle quería un niño.- dijo Crabbe gimoteando lastimeramente.

-Y a caso eso los autoriza para hacer esta clase de depravaciones?.- preguntó el profesor levantando de un brazo a su hija desnuda, que lucía una extraña forma fálica adherida por debajo del ombligo con lo que parecían ser muchas capas de cola muggle.

-Severus, por favor.- dijo el director saliendo también de la oficina.- Jóvenes, ustedes tendrán algunas conversaciones con un grupo especializado de San Mungo.- dijo el anciano ahora dirigiéndose al flamante matrimonio alternativo.- por ahora pueden irse.

Snape controló sus respiraciones hasta adquirir un color normal de nuevo, mientras el director entraba al despacho otra vez.

-Nott, pasa para tu revisión.- dijo el hombre, y los chicos lo miraron sin comprender.

-Pero la M es antes que la N, profesor, Malfoy va primero profesor.- apeló Theo sin entender el cambio en el orden.

-Le recuerdo que conozco el alfabeto perfectamente, Nott.- repuso el profesor con mirada asesina.- Malfoy y Granger están juntos como castigo, de forma que la profesora McGonagall también estará presente en la revisión, así que los dejaremos para el último; deja de alegar y pasa, Nott.

Theo se levantó del piso junto con Luna, y ambos entraron con sus hijos a aquella oficina que inspiraba más temor de lo normal.

-Señorita Lovegood, Señor Nott.- saludó Dumbledore educadamente.- siempre es un placer.

-Igualmente profesor Dumbledore.- respondió la pareja con una sonrisa tímida.

-Podrían depositar a sus hijos aquí en el escritorio?.- dijo el anciano, y los chicos colocaron con sumo cuidado a sus retoños en aquella pieza de madera pulida.

-Vamos a ver que hay aquí.- Snape se acercó a los muñecos y tras decir en un susurro "Revelio", un par de hojas aparecieron al lado de cada bebé.

Tanto el profesor Dumbledore, como Snape, leyeron apresuradamente el informe, tomaron asiento e instaron a sus alumnos a sentarse frente al escritorio.

-Y bien?.- preguntó Theo sin poder contener su ansiedad.- todo está bien?

-Los niveles salieron bastante bien.- dijo Dumbledore, mostrando un juego de gráficas.- Éste estuvo un poco bajo.- añadió mostrando el índice de salud.

-Oh, eso es porque ambos enfermaron un poco en la semana, pero se recuperaron.- explicó Luna, señalando el posterior aumento en la gráfica.

-Muy cierto señorita Lovegood.- concedió el director, para volverse hacia Snape.- Usted revise con ellos los Eventos Extraordinarios, yo debo ir a revisar el bebé del señor Finch-Fletcher y la señorita Habbot. Felicidades, al parecer han sido unos excelentes padres.- terminó dirigiéndose de nuevo a los chicos.

-Gracias.- contestaron los dos al mismo tiempo, mientras Dumbledore abandonaba el lugar.

Snape comenzó a pasear de un lado a otro como león enjaulado, farfullando cosas ininteligibles, hasta que de pronto sus ojos se abrieron cual pelotas de Tennis.

-Quiere usted explicarme qué demonios significa esto?

Theo contempló a Luna con pánico, y de pronto el profesor le tendió la hoja señalando enfurecidamente una serie de imágenes que no se movían.

Nadie le había dicho que el reporte contenía evidencia fotográfica… ahora sí estaba frito.

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-Que Zabinni va a ser padre?.- preguntó un consternado Harry Potter a su novia mientras esperaban su turno.

-Eso mismo, Harry!

-Pero… cómo?

El moreno no salía de su asombro, mientras Ginny rodaba los ojos con sarcasmo.

-Pues verás Harry, cuando un papi ama mucho a una mami, ellos duermen juntos, y luego…

-Ya se cómo Ginny!.- dijo el moreno irritado.- A lo que me refiero es, en qué cabeza cabe ser padres a los 17 años?

-Bueno, ellos son novios.- razonó la pelirroja.- y Pansy se muere de ganas de tener un bebé… y bueno, Blaise estaría encantado de hacer las tareas, no?

-Valla, todavía no puedo creerlo.- Harry acomodó un poco al pequeño James entre sus brazos y continuó.- Se veían tan serio, tan responsables…

-Tener un bebé no es ser irresponsable, Harry.- objetó la mini-Weasley.- o tu no quieres fabricarme un montón de bebés, eh?

-No es eso Ginny… nosotros llevamos ya dos años saliendo, y ellos, bueno, ellos cuánto llevan? 4 días?

-Bah, eso no importa Harry, cuando hay amor, hay amor.

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La profesora McGonagall miraba con reproche a Albus Dumbledore, que, a pesar de ser el mago más poderoso de la historia moderna, lucía completamente avergonzado.

-Pero Minerva, esto fue para haceros responsables.- explicó el anciano con tono de disculpa.

-Claro! Muy responsables los hiciste, eh! Primero Malfoy y Granger se casan, luego los depravados de Crabbe y Goyle le hacen aberraciones a un muñeco, y ahora Parkinson saldrá embarazada del colegio!

La escena en sí misma era bizarra; ver a Dumbledore, con toda su sabiduría y su barba blanca, regañado cual niño pequeño por una ancianita una cabeza más baja que él, que parecía dispuesta a escupir fuego por la boca en cualquier momento.

-No debemos juzgar al destino, Minerva…

-Qué destino ni qué narices, Albus!.- gritó la mujer con las mejillas encendidas.- El destino no tiene nada que ver con arruinar la vida de un montón de jovencitos!

-Es el amor el que cambia el rumbo de sus vidas, y era un destino inevitable.

-El amor no sigue siempre al destino, Albus…- susurró la mujer apartando levemente la vista.

-Te equivocas Minerva, no podemos escapar del destino, y el amor no puede negarse por siempre.

El anciano clavó sobre ella sus penetrantes ojos azules y, apartando un mechón de su cabello castaño, la besó.

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