Una palabra: "Parciales". Espero que entiendan la demora que este capitulo, y quizas el proximo, tenga. Tambien, ¡gracias por los comentarios! Y no se preocupen, la actitud de Inglaterra respecto a Romano mejorara con el tiempo.
Con eso dicho, espero que disfruten este capitulo.
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A Roma con amor y odio - Parte 11
(Italia)
12 de agosto - 2015
Romano se despertó en el sofá de su sala, cubierto por una manta que reconocía como la suya y vistiendo su ropa de ayer salvo por sus zapatos y su camisa, lo cual no lo sorprendió en absoluto a pesar de que sus memorias sobre el regreso a su hogar eran nulas. El italiano se limito a encogerse de hombros a la situación, preocupado solo por su dolor de cabeza y su necesidad de beber una buena taza de café, se levanto de forma inestable y marcho como un zombie a la cocina.
La cocina carecía de señales de Canadá, lo que, una vez mas, no era una sorpresa considerando que era normal que tras una noche de bebidas el canadiense se levantara tarde. Tampoco había rastro de Inglaterra, pero a Romano poco le importaba donde se encontraba su invitado inglés.
Con su café listo, Romano volvió a trasladarse al sofá, pensando distraídamente en las tareas del día y recordando que debía darle una llamada a Japón, solo para asegurarse que su hermano no estuviera causando muchos problemas. La nación italiana podía ahorrarse la incomodidad de hablar con el japonés con un simple mensaje al celular de su gemelo, pero las probabilidades de que atendiera eran bajas, siempre demasiado distraído con el mundo para recordar siquiera que poseía un celular funcional, y de ser atendido con éxito sus preguntas sobre su comportamiento serian ahogados bajo un revoltijo de comentarios y anécdotas sobre las aventuras de su hermano en Japón para la que no tenia la paciencia, ni la cabeza para procesar en estos días.
Mientras pensaba, el italiano noto que de las escaleras bajaba el oso polar en cuidadosos pasos y masticando algún dulce que ensucio hocico y el pelaje de sus patas delanteras.
- ¿Despierto ya, bola de pelos? -Pregunto innecesariamente, viéndolo entrar en la sala en silencio.- ¿Quien te alcanzo comida? –Cuestiono después, sacando del bolsillo de su pantalón un pañuelo con el que hizo un pobre intento de limpiarlo.
- Señor. –Contesto Kumajirou sencillamente.
- Huh, así que el bastardo esta despierto y se esta escondiendo en su habitación. –Comprendió el italiano, permitiendo que el oso polar subiera al sofá y se acomodara a su lado.
- Empacando.
- Ya veo. –Murmuro antes de regresar a su café, pasaron unos minutos silenciosos hasta que termino su bebida y se decidió por hacer algo.- Ven conmigo, vamos a darle un agradable despertar a Mateo.
- ¿Quien? –Cuestiono el oso ya en brazos del italiano, que bufo con algo de exasperación.
- Tu sabes quien, maldita sea.
Canadá, a pesar de las intenciones, no tuvo un "agradable despertar", no cuando se sentía fatal y se entero de que Inglaterra ya estaba preparándose para irse, después del ameno tiempo que pasaron juntos, fue un golpe de realidad que lo dejo desorientado y triste. El canadiense no esperaba que terminara tan rápido, pero tenia sus esperanzas en que si, se repetiría en un futuro próximo si Romano tenia algo que decir al respecto.
La nación canadiense agradeció al italiano, quien bajo con su oso a prepararle un buen desayuno, y se encamino por el pasillo del segundo piso hasta la habitación de invitados.
- ¿Te vas a casa, Arthur? –Pregunto tras anunciar su presencia con un pequeño toque en la puerta, que había estado entreabierta, asegurándose de ocultar su decepción.
Inglaterra miro por encima de su hombro, sonriéndole mientras que con su cabeza asentía permitiéndole la entrada.
- Si, han sido ya varios días lejos de la oficina, tengo mucho trabajo acumulado que hacer para ponerme al día. –Explico el ingles mientras seguía con lo suyo.- Ya conseguí un pasaje, muchacho, el vuelo sale dentro de un par de horas.
- Ya veo, hm, el trabajo es trabajo, ¿no? –Respondió el canadiense con una sonrisa comprensiva teñida de cierta resignación que el inglés noto.- Envíales mis saludos a Maggie en cuanto la veas,.. ¿Quieres que te lleve al aeropuerto?
- Si, lo haré y gracias, lo apreciaría mucho. –Contesto el ingles a lo que la nación canadiense asintió contento y se fue para prepararse a si mismo para el largo viaje hasta el aeropuerto.
La nación inglesa soltó un suave suspiro, esperando que al aceptar la oferta del canadiense este lo perdonara su salida tan abrupta y haciendo notas mentales para intentar ser más comunicativo la próxima vez, talvez llamarlo tras llegar a Londres, concordar una fecha para una visita posterior antes de la próxima cumbre..
Inglaterra sintió otra presencia en su espalda y cuando se giro su expresión se agrio un poco, lo que hizo que su anfitrión resoplara con burla.
- Ya era hora de que te fueras, bastardo. –Dijo entrando a la habitación, cerrando la puerta tras de si con su pie.
- Así es. –Respondió Inglaterra calmadamente, aunque es claro que noto como la tensión en el ambiente aumentaba.- Te diría que quede encantado con tu hospitalidad, si eso fuera cierto.
- Como yo diría que me encantaría que vuelvas a visitarme, si eso no fuera una jodida mentira. –Replico Romano cruzándose de brazos, recargando su espalda contra la puerta. El ingles arqueo una ceja, su expresión volviéndose inquisitiva.- Espero que sepas que aquí no acaba todo, bastardo.
- ¿Disculpa? –Dijo arrugando la nariz ante su tono amenazador.
- Hablo de Mateo, bastardo. –Aclaro bruscamente y el ingles parpadeo con sorpresa, comprendiendo ahora que es lo que hacia el italiano allí.- Si vuelves a caer en tus malditos viejos hábitos después de haberle esperanzado tanto, te buscare y te matare, así de simple.
- Me asegurare de que eso no suceda, lo he prometido y un caballero siempre cumple. –Contesto el ingles viéndose un poco ofendido, porque realmente tales advertencias no eran necesarias, ni apreciadas pero el no discutió sabiendo ahora que esta era la forma en que su anfitrión demostraba su preocupación por Canadá.
- Por tu bien que sea así, bastardo. –Exclamo Romano antes de señalarlo con una expresión dura.- Te advierto que te voy a estar vigilando. La mafia italiana tiene ojos en todos lados, recuerda eso.
- ¿L-La mafia? –Repitió Inglaterra incrédulo y quizás un poco nervioso, pero el italiano lo ignoro, saliendo de la habitación con un portazo.
Pronto el ingles se encontró siendo conducido por Canadá en su auto de alquiler hacia el aeropuerto y en todo el viaje las dos naciones conversaron de forma placentera.
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Al regresar Canadá uso las llaves que el italiano le dio para entrar de forma silenciosa, mas de lo usual, ya que se sentía que debía ser precavido al oír desde el pórtico como alguien se encontraba gritando en el interior. El canadiense no supo de lo que se trataba hasta que entro en la sala, desde donde pudo ver a su anfitrión con el teléfono fijo en su oreja, visiblemente alterado.
- ¡He sido jodidamente paciente contigo, pero ya me harte! ¡Entiende esto, estúpido bastardo: No, es no! ¡Ya deja de llamarme, maldición, si estas en tanta maldita necesidad de compañía entonces llama a tus estúpidos amigos o a Emma, dios sabe, que ella va estar encantada! –Exclamo al teléfono, prácticamente gruñendo, con su rostro retorcido en una mueca furiosa.- ¡No, no me importa, hace mucho maldito tiempo que dejo de importarme! ¡Tú haz lo que quieras, bastardo, y déjame en paz! –Entonces el italiano colgó la llamada con más fuerza de la necesaria y procedió a gemir de frustración, cubriendo su rostro con sus manos, yendo de un lado a otro en la cocina.
- ¿Lovino? –Le llamo suavemente Canadá, preocupado, asomándose por la puerta de la cocina.
Romano dio un sobresalto, girándose en su dirección, descubriendo su rostro cuya piel aun estaba roja, al igual que sus ojos irritados.
- ¿Q-Que mierda quieres, Matt? –Cuestiono entre dientes, apretando sus puños a los costados mientras intentaba parecer compuesto. El canadiense profundizo su ceño, viéndose mas preocupado aun y quizás un poco nervioso.- No me mires así, maldita sea. –Pidió tras soltar una profunda exhalación, volteándose a ver en otra dirección para evitar la mirada. Canadá jugueteo con sus dedos, encontrando el valor para entrar en la cocina y posicionarse al lado del italiano.- ¿Cuanto de todo esto escuchaste, maldición? –Pregunto tras compartir unos segundos de silencio incomodo entre si.
- Nada. –Contesto el canadiense tímidamente.
- No eres un maldito buen mentiroso, Mateo. –Se burlo el italiano mirándolo con desaprobación a su intento.
- Lo se, lo siento, no fue mi intención, eh. –Dijo Canadá rápidamente, deteniéndose un momento antes de retomar y decir con mas calma.- ¿Tu.. quieres hablar de esto?
- Tsk, no, ¿por que deberíamos hablar? Estoy jodidamente perfecto. –Fue la respuesta áspera de Romano, quien se cruzo de brazos y sin más se dirigió a la sala.
- Si tú lo dices. –Dijo la nación canadiense tras soltar un suspiro de desilusión, siguiendo de cerca al italiano.- Pero si cambias de opinión, ya sabes, yo estoy aquí.
- ¿Quien? –Pregunto Kumajirou quien entro en la sala en ese momento.
Canadá se giro a ver a su oso y con una sonrisa encantada, lo recogió en sus brazos y declaro:
- Canadá, el mejor amigo de Lovino.
Romano prácticamente chisporroteo en su lugar, con la vergüenza destacándose en sus mejillas.
- ¡E-Eres un idiota! –Exclamo y pronto se encontró yéndose hacia las escaleras.
- Eh, ¿a donde vas ahora? –Pregunto Canadá encontrando la situación divertida.
- ¡A dormir una puta siesta! ¡¿A donde más podría ir, maldición?!
- Siesta. –Repitió el oso extendiendo sus patas en dirección del italiano.
- Oh, por favor, lleva a Kumakuma contigo. –Pidió el canadiense alcanzando a Romano en las escaleras y entregándole al oso.- De esta manera podré encargarme de quitar todas esas manchas del sofá tranquilamente. –Explico mientras veía que su anfitrión recogía a su amigo oso un poco a regañadientes.- ¿Cómo es que se ensucio de todas formas? Creí que siempre tenias un especial cuidado con el, debido a que era tu favorito y todo.
- Bueno, ya no es así, maldita sea. –Respondió sencillamente el italiano, sin querer explicarle como todo había sucedido por llevarle la contraria al ingles.- Vamos, estúpida bola de pelos, dejemos a Canacienta limpiar mi casa. –Dijo comenzando a subir los escalones de uno en uno.
- Oye, si sabes que solo lo hago porque perdí la apuesta en el bar y no por gusto, ¿cierto? –Pregunto el canadiense indignado, cruzándose de brazos al pie de la escalera.
Romano no se detuvo, ni se giro para verlo simplemente traslado a Kumajirou a una mano mientras que con la otra chasqueo los dedos un par de veces.
- Menos habla y más limpieza, estúpido.
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(Alemania)
Prusia tomo su celular y se encerró en el baño, dejando a su invitado lamentarse en la sala de forma muy ruidosa, bajo la atenta mirada de Aster y Berlitz. Por su parte, Blackie estaba durmiendo cómodamente en algún sitio de la casa.
- "Hola, Gil." –Saludo la agradable voz del canadiense del otro lado de la línea.- "Llamas temprano, ¿que pasa?"
- ¿Tiene que pasar algo para hablar con mi impresionante novio antes de la hora de dormir? –Pregunto el prusiano de forma juguetona.
- "No, pero si paso algo, ¿no es así?"
El prusiano suspiro, impresionado de que su pareja pudiera ser tan perceptivo incluso en la distancia, y finalmente admitió:
- El "rayo de sol" que tienes como amigo de alguna forma se las arreglo para fastidiarme estando tan lejos.
- "Si de casualidad te envió comida, no lo comas, es probable que tenga cianuro." –Le advirtió Canadá con una pequeña risita.
- ¿Ah? Yo no lo dudo, pajarito,... –Contesto un poco confundido con el comentario, pero rápidamente volvió al tema.- Pero eso no fue lo que paso.
- "¿Que hizo Lovino esta vez?" –Cuestiono sonando poco impresionado.
- Bueno, estaba siendo impresionante en mi impresionante habitación, planeando la que seria la mejor noche de videojuegos y cerveza con mi mejor amigo cuando dicho mejor amigo llego a la puerta de mi casa hecho un desastre emocional. ¿Puedes adivinar donde cabe Romano en esto?
- "Gil, solo dime, no estoy de humor para adivinanzas."
- ¡Ese idiota insensible volvió a jugar con el corazón de Antonio! –Respondió asegurándose de ser claro y trasmitir toda su molestia.- ¿Puedes decirle que deje ser un maldito imbecil con todas las personas?
- "Oye, espera un momento, Gilbert." –Dijo Canadá en un tono suspicaz.- "¿Que fue exactamente lo que te dijo el que hizo Lovino, eh?"
- Bueno, no mucho, casi nada.. –Admitió mientras distraídamente desordenaba los artículos de baño que su hermano había ordenado en las repisas del baño.- ¡Pero eso es porque apenas podía hablar entre lagrimas, pajarito! ¡A todas luces se ve que Romano le hizo algo muy cruel, como siempre!
- "Gilbert, lo siento, pero en realidad no se que esperas que haga." –Hizo una pausa.- "Además, apenas si tienes la versión de la historia de Antonio, no creo que sea correcto acusar a Lovino de algo si no estas seguro de lo que paso en realidad."
- ¿Ah? ¿Estas defendiéndolo? ¡Pero pajarito.. ! –Dijo el prusiano incrédulo, pero rápidamente lo pensó mejor y se dio cuenta que no había sorpresa allí.
- "Así como Antonio es tu amigo, Lovino es el mío." –Entonces Canadá suspiro cansinamente.- "Realmente, Gil, es muy bueno de ti que te preocupes tanto y hasta te pongas así al ver mal a un amigo, pero, por favor, no tomes partido en esta situación, son cosas que nuestros amigos deben resolver por su cuenta y nosotros no debemos involucrarnos mas que para dar apoyo si lo necesitan."
- Si,.. Supongo que tienes razón, pajarito. –Concedió Prusia a regañadientes.
- "¿No la tengo siempre?" –Pregunto sonando algo burlón.- "Bien, Gil, ya tengo que volver, cuídate y sigue siendo impresionante, ¿quieres?"
- ¡Kesesesese! ¿Alguna vez he dejado de serlo? –Dijo con humor renovado, sonriendo sin poder evitarlo.- ¡Cuídate también, pajarito, te amo!"
- "Yo también te amo, Gil."
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Ahhhh, tantas cosas que decir sobre este capitulo. Pero realmente, estoy cansada y definitivamente deberia estar estudiando.. asi que simplemente dire: ¡Gracias por leer!
~Kira Mirai
