Cinco minutos más tarde, suena el timbre de casa de Francia y él, que estaba a medias, literal, aprieta los ojos.
—Meeeerde.
—Oh my god... —a Inglaterra le corta completamente el rollo, sonrojándose y separándose de él—. ¿Estabas esperando a alguien?
—Es Espagne y Romano... —respiración entrecortada—. Ese era el peligro si no nos íbamos por el helado... —susurra.
—What? —histérico.
—Ve a la cocina y haz el hechizo, s'il vous plait.
—No puedo volver a ser Belgium —responde mirándole. El timbre vuelve a sonar.
—Tú en mujer...
Le mira a los ojos fijamente... se mira el Big Ben completamente activo y se sonroja.
—Bloody buggery bollocks, dame un bloody minuto, el vestido y eso está arriba, no les dejes entrar a la cocina.
Le mira el Big ben.
—Non! Merde con Espagne, merde! —protesta.
—¿No? —pregunta vacilando.
—No te toques ahí, ¿bien? Solo cámbiate —le besa los labios y le mira a los ojos, e Inglaterra se cubre, sonrojándose ora vez.
—No les dejes entrar a la cocina —se separa corriendo hacia arriba a por la ropa. Francia se queda acostado en el sillón y luego se pone los pantalones, suspirando.
—Mon dieu.
Inglaterra vuelve a bajar con el vestido en las manos cruzando el salón a toda velocidad.
—Eres un capullo y te odio —le suelta a Francia al pasar por su lado. Éste se levanta, dándole una palmada en el culo y se acomoda. Una vez que le ve entrar a la cocina se dirige a la puerta.
—Vooooy, voy —se pone la camisa encima, sin cerrársela, abre la puerta. España sonríe.
—¿Qué hay?
Francia se ríe.
—Eso es lo que se llama interrumpir —le besa un par de veces.
Romano gruñe un poco.
—Sólo venimos a ver si va todo bien, como me mandaste ese mensaje y no recibí respuesta...— explica.
—Pasen —les invita sonriendo.
—Ah, gracias —España asiente con la cabeza, entrando, tan feliz.
—Estaba... Tuve unos minutos de problema, pero después apareció alguien —se pasa una mano por el pelo.
—¿Alguien? ¿Qué hiciste con Bélgica? —España le mira de reojo—. ¡Cariño! ¡Mira quién está aquí! —grita España.
—Belgique se... Fue —le mira y sonríe idiota.
—Spagna no grites —le riñe Romano mientras mira a Francia—. Mira que risa de idiota tienes.
España le mira preocupado.
—¿Se fue? ¿Qué pasó?
—Ehh... Yo te dije que no quería —se encoge de hombros—. Siéntense.
—Pero ya hablamos de eso, ¿recuerdas?, dijiste que ibas a hacerlo —responde España y sale un flash de luz de la cocina.
—¿Te dije ya que llego alguien más? —le sonríe—. Estábamos a medias.
—¿Quién llegó? —pregunta suspicaz.
—Ahora veras... Siéntense.
España levanta las cejas y se sienta. Romano se sienta también.
—¿Esta Inglaterra aquí?
Francia le mira y se sienta.
—Nah, alguien mejor —se pasa una mano por el pelo. España levanta aún más las cejas.
—¿Cómo?
Sonríe.
—Es chica.
Inglaterra sigue en la cocina, recobra el conocimiento después de tomarse la poción, levantándose del suelo... empieza a vestirse rápidamente, aun sintiéndose un poco reticente con el tema pechos, pero muchísimo menos porque estos... bueno, soy suyos... y notando que efectivamente es muy, muy parecida a como Francia la ha descrito... se pelea un buen rato con el sujetador que le va grande.
—¿Chica? —España le mira con curiosidad—. ¿La conocemos?
—Non —sonríe—. Pero es la mejor chica posible, punto.
—Oh, vaya —España sonríe sinceramente—. ¿Y de dónde ha salido?
—Hacía años que no la veía y vino a verme justo en el mejor momento —se levanta—. ¿Vino? Champagne?
Cuando acaba del sujetador, se pone el vestido, aunque están un poco sucio y hecho girones por su encuentro con el Dragón... busca en un cajón de esos de cosas viejas y encuentra unas gafas de pasta roja de Canadá... les saca los cristales.
—Vino para mí —pide España—. Supongo que podremos conocerla —sigue emocionado.
—Yo también quiero vino... —pide Romano.
— Ahora saldrá de la cocina, espero —saca cuatro copas y las pone en la mesa y luego va a uno de esos refrigeradorcitos y saca un par de botellas. Le pone una a España en la mano.
Inglaterra nota que tiene el pelo largo un poco desastroso y que debería atárselo con algo, busca en los cajones algo, pero no encuentra nada. España toma la botella y se le cae el abridor encontrando los zapatos olvidados de Inglaterra.
—Fíjate, charol verde —le comenta a Romano recogiendo el abridor. Romano levanta las cejas.
—Son feos —sentencia mirándole. España... se ríe. Francia le acerca su copa y se ríe con él.
—No molesten a los zapatos.
La puerta de la cocina se abre de golpe e Inglaterra aparece medio sonrojada y con el ceño fruncido.
—Te has quedado mi cinta de pelo, idiota —sentencia. Francia levanta las cejas y le mira sorprendido.
—Mon dieu! —suspira embobado. España también levanta las cejas.
—Buenas noches, bonita —le sonríe.
Inglaterra toma a Francia de la mano, le quita su cinta de pelo, aun con los ojos cerrados y empieza a intentar hacerse un moño o una cola o recogerse el pelo o algo. Francia sigue mirándole con cara de impresionado, Romano se levanta.
—Ven acá y te ayudo, eres muy desesperado... aaaaa —le acerca a sí y le mete una mano al pelo.
—Shut up! Puedo yo solo… a. Sola. ¡Yo sola! —protesta, pero le deja. España mira a Romano levantarse.
—¿A dónde vas?
Francia olvida a España y a Romano por un momento mientras gira a Inglaterra de espaldas y le peina, respirándole en el oído.
—Te ves MUY bien.
Inglaterra se sonroja. El francés le besa el cuello y le termina de amarar la liga. Romano está mirando a Inglaterra.
—Ehh... A ningún lado —se sienta sonrojado. Inglaterra tiembla un poquito con el beso y se separa deprisa porque están España y Romano allí, llevándose la mano a donde le ha besado.
— Git!
España se ríe (ojos en blanco).
—Esa boca, cherie —le sonríe —no me llames así.
Hace los ojos en blanco y se cruza de brazos, volviéndose a Romano y a España.
—Bien, ya que aquí este idiota es demasiado poco gentleman para presentarme adecuadamente, es un placer conocerles —les sonríe a ambos.
—Non, non... Nada de idiota —le toma de la cintura—. Romano, Espagne... Ella es... Alice, como Alice in wonderland.
Inglaterra se tensa y se sonroja otra vez.
—Oh, Alice... Alicia en español —España se ríe, se acerca a ella y le toma una mano, besándosela—. Yo soy España, el país de la pasión.
Romano levanta las cejas y le sonríe.
—Romano, uno de los hermanos Italia.
Inglaterra hace un gesto de desagrado a España, limpiándose la mano sutilmente en el vestido cuando se la devuelve y hace un ligero gesto de asentimiento a Romano. Francia le abraza por la espalda.
—Hey, hey... Que ella es mía —les dice a los dos. Inglaterra vuelve a sonrojarse y a moverse incomoda, tragando saliva, haciendo un gesto muy poco convincente para que le suelte.
—Huy, sí, tío, más vale que lo dejes claro y vayas con cuidado, porque ya sabes que en cuanto te des la vuelta —España bromea y se ríe.
—Le pones un dedo encima y puede que ella te lo arranque —sigue con sus manos en la cintura y mira a España a los ojos—. ¿Quieres algo de beber, mon amour? Te serví vino.
Romano revisa a la inglesa y levanta una ceja y luego se le acerca a España. Inglaterra fulmina a España poniendo las manos sobre las de Francia.
—Como siempre... tendré que conformarme con esa mierda que haces, ya que no hay posibilidad de encontrar cerveza de verdad en este país— sigue picándole, pero ahora con media sonrisilla.
—Hay cerveza en el refrigerador, si quieres... Esa basura a la que odio —le besa la mejilla.
—¿Y salir de la sala para que me critiques a gusto? no, thank you —responde tomando una copa de encima de la mesita.
—No crees que ella se parece... —susurra Romano a España. Éste le mira de reojo y asiente con la cabeza.
—¿Yo criticarte? Noooon, soy incapaz —le pone una mano en el culo y le arrima por la espalda. Inglaterra da un respingo, frunce el ceño y aprieta los labios aun medio sonriente y se sienta en la butaca en la que estaba sentado Francia.
—Y... ¿Qué os trae por aquí? —pregunta a España y Romano al notar que cuchichean; poniéndose tensa. Francia se sienta en el suelo frente a ella, sonriendo, acariciándole una pierna.
—Yo les he invitado... Te he dicho antes que quede de ir por un helado, pero tú insististe en que nos quedáramos a tener sexo.
E Inglaterra se sonroja de muerte apartando la pierna de golpe.
—¡ESO ES MENTIRA!
Francia se ríe. España se ríe también.
—¿Sabes que te pareces mucho a alguien que conocemos? —comenta. Francia le mira, dándole un beso en la rodilla.
— ¿A quién se parece?
—Ya sabes... al "Señor de las cejas" —España se ríe—. Inglaterra, ¿le conoces? —mira a Inglaterra. Romano frunce el ceño.
—Igual de malhumorada que él.
— Oh, el señor de las cejas —se ríe Francia—. Nooon non, no se parece.
Inglaterra se tensa un poco.
— Si se refiere a Lord United KIngdom of Great Britain and Northen Ireland... yes, of course le conozco, yo soy británica.
Francia mira a España y le sonríe.
—Ella es británica —replica orgulloso.
—Oh, venga, tío, no digas que no se parecen —protesta España riéndose.
—No se parecen, ella es... Más cariñosa. Mira —se incorpora un poco—. ¿Me das un beso?
Inglaterra pone los ojos en blanco.
—Sois un par de idiotas — y se sonroja y traga saliva pensando en que no quiere parecerse tanto a si mismo... pero le da vergüenza darle un beso. Francia mira a España de reojo y le cierra un ojo a Inglaterra. España les observa con aire crítico.
—Un beso, anda —se incorpora más y le pone una mano en la cintura.
Ella se echa un poco para atrás mirándole suplicante, subiéndose las gafas. Francia le da un besito en los labios. Así que cierra los ojos y no estampa a Francia contra ningún sitio, lo que es todo un logro. España levanta las cejas. Romano levanta las cejas también y mira a España.
—Je t'aime —le susurra muy contento—. Merci por quedarte.
—I hate you! —protesta muy sonrojada. Francia se separa orgulloso, buscándole la mano. Inglaterra toma la copa de vino y la vacía de un trago.
—¿Entonces hace mucho que os conocéis? —pregunta España.
—¡Añisimos! Hemos sido amantes siempre.
—What? —Inglaterra, histérica. El galo le pone una mano en la pierna y España levanta las cejas.
—Pero que dices, tío, si ella parece súper joven.
—Pues desde que ella pudo consentir —sonríe cínicamente—. Y decirme yes, yes... France.
—Más bien fue un "¿si te digo que sí te callas?" —replica Inglaterra un poco sonrojada, sin darse cuenta de que eso es como... bueno, aceptar que está pasando algo ahí, picándole.
—Y nunca nos habías presentado... ¿y tú te llamas amigo? —pregunta España complacido con esa respuesta de Inglaterra. Francia sonríe igual mirando a España.
—Es un buen secreto... Sabes que a mí me gustan —le sonríe—. Además les conozco a ambos, y me la pueden robar.
Romano mira a Inglaterra.
—¿Cómo le soportas?
—No lo hago —responde Inglaterra sinceramente—. Verás, yo... —empieza a inventarse—, trabajo en Westminster, soy licenciada en ciencias políticas, especializada en diplomacia y en un evento... Lord United Kingdom me pidió ayuda para ocuparse de este —señala a Francia—. Yo acepté porque era la primera vez que él en persona me daba trabajo y eso es una forma de promoción que simplemente NO se puede rechazar... lo que no sabía era el motivo que no quisiera hacerlo él mismo —se inventa sobre la marcha con esa facilidad que tiene Inglaterra.
—Me AMA —resume Francia jalándola de las manos para que se levante, sentándose y sentándole en sus piernas. Ella se sonroja mucho otra vez.
—¡NO ES VERDAD!
—Oh... —Romano sigue la respuesta de Inglaterra y luego levanta las cejas al ver la reacción.
—¿Ves? Me ama... Mírale el color —Francia mira a España. Éste se ríe de mucho mejor humor. Inglaterra se cubre la cara.
—¡Ningún color, imbécil! —protesta.
—Oye... ¿y qué hay de... lo otro? —pregunta España mirando a Francia, en un semblante más serio. Francia abraza con fuerza de la cintura a la inglesa.
—Lo que ocurre es que siempre está trabajando y no podemos vernos, pero cuando viene... Todo el día en la cama —mira a España con el ceño fruncido—. No sé de qué hablas y agradecería que no me recordaras el tema.
España le sostiene la mirada con una cara absolutamente clara de "hablaremos de ello luego".
—Como sigas contando esas bloody mentiras te juro que me vuelvo a London hoy mismo —amenaza Inglaterra.
—Non, non... —le acaricia la pierna y le mira a los ojos—. No seguiré diciendo... —carraspea—. Mentiras —mira a España a continuación y le cierra in ojo en plan "sí, sí, hablamos luego".
—Oh, ¿no querrás quedarte a conocer al tercer mosquetero? —pregunta España—. Mañana vamos a comer... podríamos ir todos juntos.
—Podríamos ir los cinco —le sonríe a España y luego mira a Inglaterra—. S'il vous plait... ¡Seré bueno!
Ella vacila.
—Eh... but... my work...
—Yo habló con Angleterre y me encargo —le besa la mejilla. Ella se sonroja.
—¿Tú que dices, Romanito? —pregunta España. Ojos en blanco.
—Quizás podrías haberme preguntado antes, pero claro, eso es idiota de esperar de mi parte ya que siempre haces lo que quieres y te da lo mismo —protesta—. Quiero comida italiana.
—¡Pero estamos en parís! ¡Siempre comemos comida italiana! —responde España un poco desconsolado—. Además tú ya sabias que iba con Prusia mañana.
—Vale, vale, francesa —ojos en blanco—. Pero tú pagas y quiero vino italiano —protesta después de pensar un rato por qué protestar. España sonríe y le abraza.
—¡Gracias!
—Sería divertido... —Francia mira a Inglaterra y ella se pasa una mano por el pelo.
—No sé si quiero conocer al tercer mosquetero viendo a los dos primeros.
—Hombre, serán incapaces de hacerte nada, de hecho van a ir más en mi contra —le sonríe.
—¡Suéltame Spagna! —protesta Romanito, aunque no le empuja.
—Yees of course —levanta una ceja pensando en España y Prusia y en que suelen molestarle... España se ríe un poco más y finalmente suelta al italiano.
—Creo que puede ser divertido, tío, quizás podría decirle a Prusia que traiga a Hungría.
—Eso estaría bien. ¡Vengaaaa! Últimamente ellos están insufribles destilando amour y yo no tengo con quien salir —mira a Inglaterra con carita de cachorro. Inglaterra se sonroja, rascándose la nuca.
—Hum... I... I think... —vacila aun. Romano sigue mirando a Francia.
—No crees que Francia esta... ¿Raro? —susurra a España.
—¿Raro? —pregunta España sin entender.
—Demasiado extraño. Le está rogando —susurra. España mira a Romano con una cierta sonrisa y suspira.
—¿Quién es el tercer mosquetero?, ¿creía que ya erais tres? —pregunta Inglaterra de repente a España y Romano.
—Te lo cambio por algo —sentencia Francia en su oído—. Prusse, ya te he contado de él —le mira de reojo. Inglaterra parpadea y le mira.
—¿Por qué?
—No, no, Alice —sonríe España—. Romanito es mi amor —le vuelve a abrazar—,pero no es un mosquetero, el mosquetero se llama Prusia.
—¡Yo no soy tu amor! —grita Romano histérico.
— Lo – Que – Quieras —susurra por partes a su oído de nuevo. Inglaterra nota ese grito sintiendo una oleada de comprensión por Romano, como por Suiza... hasta que oye a Francia y tiene un escalofrió. España mira a Romano.
—Pero sí lo eres, yo te quiero más que a nada en el mundo, eres mi amor.
—¡Pues yo no te quiero a ti NADA! —grita. Francia mira a Inglaterra tener un escalofrió. España hace un pucherito.
—OK, Ok... bloody hell! —responde Inglaterra y Francia sonríe MUUUUY contento, dándole un beso.
—¡Deja de hacer eso! — se queja Romano.
—Pero... —España baja la vista, hecho polvo—. No digas eso...
Inglaterra se sonroja mucho con el beso. Romano rechina los dientes.
—¡Tú tampoco!
España sonríe y le mira de reojo.
—¿Sabes que en la frase "no te quiero nada" está incluida la frase "te quiero"?
Francia mira a Inglaterra a los ojos.
—Relájate, nadie te conoce.
Romano mira a España.
—¿Qué? No es cierto. ¡No te quiero es no te quiero, no es te quiero!
—Ahora lo dijiste tres veces —abrazo español.
—¡Yo no lo dije! — intentando separarse, aun sin entender realmente bien.
—This is fucking weird —susurra Inglaterra apretando los ojos. Francia le sonríe.
—Es divertido.
—Es fácil para ti decirlo —protesta porque si no se queja no es feliz y hace un movimiento inconsciente con los brazos para ponerse bien el sostén que vuelve a rozarle y a picarle. España solo se ríe.
—¡Hey!, Francia, ¿qué tal si me acompañas a llamar a Prusia?
El galo le besa la nariz a la chica.
— ¿Cómo es no tener al Big Ben?
—Shut up! —protesta Inglaterra sonrojándose. Francia le mira y le besa en los labios.
—Espero que me respondas ahora que vuelva —se levanta. Romano mira a España y luego a Inglaterra. Inglaterra fulmina a Francia. España se levanta. Francia le sonríe y le peina un poco.
—Ahora vengo.
Inglaterra le saca la lengua con burla y Francia se ríe y toma a España del brazo, jalándole a la cocina. El español le sigue tan feliz.
Inglaterra se queda en el salón, se sirve otra copa de vino y piensa que esto es terriblemente extraño, mira a Romano. Él le sonríe un poquito.
—¿De verdad estas con él?
Inglaterra se sonroja.
— I... —toma un buen sorbo de vino—. Parece una locura, ¿verdad? —le mira a los ojos sin responder propiamente. Romano se encoge de hombros.
—Es extraño nada mas — le mira a los ojos queriendo preguntar algo.
—¿Por qué te lo parece? —pregunta Inglaterra tenso que haya notado algo.
—No lo sé, Francia se ve contento, sólo que... —le da un trago a su vino, frunce el ceño y hace morritos mirándole. Inglaterra se sonroja un poco más, pero sonríe sutilmente de manera sincera.
—Supongo que viene siendo algo como tú y Spain —resume.
—Es verdad que... —abre la boca—. Entre Spagna y yo no hay nada.
—Exacto —le sostiene la mirada. Romanito se sonroja mucho más, pero le entiende.
—Oh.
Inglaterra carraspea incómoda.
—¿Es verdad que...? —Romanito intenta cambiar de tema. Aprieta los ojos muy avergonzado porque su pregunta es…— ¿Es tan bueno como dicen? —desvía la mirada y le da otro trago a su vino.
—Oh... Te refieres a... —se sonroja mucho—. Bloody hell, ¿no lo Sabes? ¡Tú ya existías cuando Napoleon! —responde mirando su copa para no mirarle a los ojos. Romano se ahoga con el vino rojo como un tomate.
—¡Tú qué sabes de Napoleón!
Inglaterra levanta la vista mirándole.
—Me... Ha contado algunas cosas —miente.
—Stronzo di merda! ¡No le creas nada de lo que te ha dicho de mí!
—Pero... Aun así, por lo que cuenta de Spain no puedo estar seguro de que... Segura, es decir... Spain...
Abre los ojos como platos.
—¡Spagna nunca se ha acostado con él! —negación. Inglaterra mira a Romano sorprendido.
—¿Spain nunca te ha contado su... primera vez?
Romano abre los ojos como platos (más aun).
—Su... Su primera… ¿Tú sabes cómo fue?
—Well... Nunca te has preguntado por... ¿La primera vez de France?
—¡Cuéntame! —de malas. El inglés frunce el ceño.
—Nunca he querido saber los detalles, pero tuvieron su primera vez a la vez... En el mismo sitio... Juntos.
Romano abre la boca.
—No quiero saberlo obtuso—. Eso no es cierto y no me importa.
—No sé mucho más —responde Inglaterra pensando "excepto que estaban como dos puñeteras castañuelas y me eligieron a mí para contármelo primero que a nadie..." y luego recuerda a Francia corriendo por el prado "Angleterreeeeeee".
—Debe ser algo asqueroso.
—En cualquier caso es algo de otra época, seguramente es mejor no pensar en ello —sentencia.
—Tú crees... —sonrojado e inseguro. Inglaterra le mira—. Que sigan... —desvía la mirada—. No que me importe.
—Pues... —lo valora. Romanito lo mira con PANICO, a la expectativa. Inglaterra recuerda a Francia diciendo que no puede tener sexo con nadie más... Y a España haciendo el garrulo en general con Romano—. No creo en realidad... Es decir, es raro, pero... No lo creo.
Y el italiano se desparrama en la silla como si Inglaterra tuviera la verdad absoluta.
—¿Te lo parece a ti? ¿Has notado algo en Spain? —le mira—. ¿O en France? —añade en un susurro.
—Yo... —se mueve en su lugar—. Spagna sería incapaz, pero el cabrón de Francia sería más que capaz de seducirle —responde con ESA pasión. Inglaterra le mira ahora también en tensión.
—Eh, sorry, dear, pero no recuerdo que France haya violado nunca a nadie —se pone a la defensiva. El Italiano levanta las cejas.
— Eso no es cierto.
— ¿Como que no? —le sostiene la mirada.
— ¡Pues no! Él siempre está toqueteándole a todos todo y obligándoles —miente y el inglés le mira incrédulo.
—Are you kidding me?
—¡Pues no! Pregúntale a todos —se cruza de brazos y de pronto a Inglaterra se le ocurre algo.
—¿A ti te lo ha hecho?
Abre la boca.
—¡No!
—Why not? Si se lo hace a todos.
—¡Yo no le dejo! pero se lo ha hecho a todos los demás —sonrojado.
—Entonces ellos si se dejan —levanta una ceja.
—Ellos son idiotas y France les obliga —empezando a hacerse bolas.
—¿Puedo hacerte una pregunta un poco rara que nada tiene que ver con esto? —pide nerviosa. Romanito le mira.
—Sí —aliviado del cambio de tema.
— ¿Qué piensas de... Lord United... de England? —pregunta mirándole fijamente.
—¿Que pienso de qué?
—De él.
—¿Estas celosa? —traga saliva.
—What? —parpadea sintiendo eso raro. El italiano la mira descolocado.
— ¿A qué te referías?
— ¿Por qué iba a estar celosa? —frunce el ceño. Él la mira con un poco de pena.
— ¡Y yo que sé, sólo sé que él no sabe jugar al fútbol.
—¿Que no sabe jugar a fútbol? ¡Eso dices tú mequetrefe! ¡Te ha dado más palizas de las que sabes contar!
Y el italiano se asusta un poco sin poder evitarlo y luego piensa que esta es una persona normal.
—¡Eso no es cierto! ¡Yo tengo muchas más copas del mundo que él! Y su liga apesta —indica no tan agresivo.
—¡Olvidaos del bloody mundial! La copa de la UEFA es la que vale... Y el Milan quizás ha ganado algo alguna vez, pero la Roma... Acepta que apestáis, si ni siquiera tenéis dinero.
Y vamos a dejarles discutiendo de fútbol, tan tranquilos y felices. Romano le va a ensartar un ojo con ese último comentario.
España cierra la puerta de la cocina y mira a Francia intensamente. Éste mira el techo.
—Entonces a Prusse... Hay que hablarle. ¿Tu teléfono o el mío?
— ¿Y bien? —pregunta España—. Olvídate de Prusia, yo le pondré al corriente, ¿qué ha sido eso?
—¿Que ha sido qué? —se mete las manos a las bolsas.
—Eso —señala el comedor—. In wonderland.
—Ah... Es bonita, non? —cara de inocente.
—Sí, ella me agrada, pero ¿qué pasa con Inglaterra?
—Esto es lo que querías, non? —desvía la mirada—. Es lo que todos deseamos... —se encoge de hombros—. No veo cual sea el problema.
—Pues sí, pero... Estas cosas no pasan así, Francia, hace solo tres horas que me has llamado diciéndome que estabas muy pillado y no podías dejar de pensar en él... ¿Y ahora estás enamorado de una chica nueva? Vale que se parece a él, pero...
—¿Qué piensas? —le mira a los ojos.
—Que intentas engañarme para que te deje en paz —confiesa. Francia se muerde el labio.
—Estoy muy, muy, muy enamorado de Angleterre.
—¿Y entonces ella? ¿Qué haces?
—Estoy... Enamorado de ella también —se encoge de hombros.
—¿Me tomas el pelo?
—¿Insinúas que no lo parezco?
España incrédulo.
—Me parece muy raro, ya es extraño que te enamoraras una vez, ¿pero dos?
—He estado siempre enamorado de ella —le sonríe un poco—. Es el amor de mi vida, la luz de mis ojos —en el mismo tono. El español frunce el ceño.
—No parece que haga tanto que la conoces.
— ¿Por qué estás tan enfadado? — se le acerca.
—No estoy enfadado, me alegro por ti, pero... Tenemos que estar seguros.
— ¿Seguros de que? —se muerde el labio—. Esto sería más simple si dejaras de odiar a Angleterre.
—Seguros de que no es una especie de plan de él o algo así, se parecen mucho y trabajan juntos, ¿estás seguro de que no la mandó expresamente? ¿Sabe lo tuyo con él?
Francia le mira y sonríe un poquito.
—Ella lo sabe todo, cher.
— ¿Y qué piensa de ello? —levanta las cejas.
—Creo que ella piensa igual que tú... Que yo NO debería estar con él.
España sonríe.
— ¿Y qué planeas?
Se pasa una mano por el pelo.
—Ella se va a ir, está aquí solo por un tiempo —sonríe pícaramente—. Así que planeo coger con ella hasta que los dos olvidemos como nos llamamos.
—Sí eso puedo imaginarlo —sonrisa socarrona—, pero no me refiero a eso... ¿Hasta cuándo va a estar? ¿A dónde va luego?
—A casa, a trabajar —movimiento desinteresado con la mano—. No te preocupes por ella.
— ¿Y qué harás entonces? ¿Volver con él? —se queda callado un momento—. ¿Él lo sabe?
—Volver a Angleterre... No con él —indica levantando un dedo—. Oui, él lo sabe —desvía la mirada.
— ¿Y qué piensa él?
Se incomoda, porque el que España no lo sepa no indica que, bueno...
—Mmmm él piensa que es justo que yo vaya con más gente —le mira de reojo—. Coincide contigo, aunque en el fondo yo sé que le dan celos —murmura.
—¿No vas a volver con él? ¿Planeas dejar de ir con él?
Francia se ríe un poquito y niega con la cabeza.
—Non.
—Es decir, planeas llevarle la contraria a todo el mundo —sonríe de lado.
—Desde luego —se ríe más—. Pero puesto como lo pones me haces sentir un adolescente rebelde.
Sonríe.
—Sólo pensaba en todo lo de Romano y Alemania y todo eso...
—Eso es un drama, Espagne —sonríe de lado—. ¿Sabes que me amenazo con echarme de la comunidad económica?
Levanta las cejas.
—¿Perdona?
—Ya sabe que Romano no es mi amante, Angleterre les convenció de que estábamos molestándonos y que él invento eso para vengarse de algo y yo contraataque con inventarme que él y yo tenemos sexo para que peleara con el garçon... —explica. España parpadea intentado seguir el razonamiento.
—Esto es cada vez más complejo.
—Totalmente —sigue sonriendo.
—Allemagne me hablo HISTERICO para decirme que, o admitía públicamente que NO me acostaba con Angleterre…
El moreno levanta las cejas y se pellizca el puente de la nariz...
—Van a hacer que América se entere por su culpa.
—... o empezaba a desempolvar el franco. Claro que van a hacer que Amerique se entere por su culpa, porque son idiotas y están poniendo en riesgo todo, mucho más de lo que lo estoy poniendo yo o Angleterre.
—Hay que hacer algo.
—¿Algo como Quoi? —levanta las cejas y sonríe, pasándole una mano por encima de los hombros.
—No lo sé, tío —le mira de reojo—. ¿Y si les haces creer que realmente no hay nada con Inglaterra y lo demuestras con Alice? Eso les callaría la boca.
—Para eso tendría que convencer a Alice —sonríe—. Y... —suspira—. No sé si realmente puedo quitarles de la cabeza el asunto con Angleterre.
—Nunca debieron darse cuenta para empezar —niega con la cabeza-
—Van a decir que uno no es excluyente de lo otro y... —le mira—. Autriche, tiene unas ideas bastante... —traga saliva—, estoy de acuerdo, nunca debieron saberlo.
—Necesitamos hablar con Prusia para saber qué planean —le mira—. En realidad tienes razón...
—Veras, cuando estaba en Vienne... Tuve una pequeña plática con Autriche. Me tenía acorralado, acusándome directamente de tener algo con Angleterre y del peligro en el que estábamos todos —suspira—. Hubo un momento, Espagne, en que me fue imposible seguir negándolo.
—Austria es muy suspicaz... —suspira España—. ¿Pero entonces?
—Me rendí... Le dije "vale, tienes razón, estoy perdido por él..." Me senté ahí, e intente explicarle y... ¿Sabes? Él creía que yo estaba inventando excusas.
—¿Excusas? —le mira.
—No me creyó ni por un segundo que realmente estuviera enamorado de él —suspira—. De hecho, él me amenazo con intentar arreglarlo con Angleterre, lo cual sería infinitamente más peligroso que nada relacionado con el garçon.
— ¿Austria planea hablar con Inglaterra? — España flipa.
—El día que haga eso, Angleterre va a matarme —sonríe otra sonrisa—. Y todo es porque no pueden dejarnos en santa paz.
—H ay que calmarles, creí que tendrían suficiente con lo que les dije —aprieta los ojos.
—¿Sabes? Ya llegue al punto en el que solo estoy esperando a la debacle.
España le mira.
—Están todos demasiado empeñados en quitarme esto —explica—. Todos... TODOS —tono acusatorio.
—Es que es muy peligroso —se defiende. Francia le mira y niega con la cabeza echando el aire por la nariz—. Sabes que es verdad —insiste—. Y te hace daño.
—Y me hace muy feliz —insiste él.
—Pero a la larga Francia... también nos hacía felices el opio y ahora sabemos que es malo.
—Esto no es el maldito opio —replica en un susurro, con los dientes apretados—. Esto es todo lo que tengo —le mira a los ojos.
—Antes no lo tenías y eras feliz también.
—¿Lo era? — pregunta.
—¿No lo eras?
—Tú también eras feliz sin Romano —le mira con el ceño fruncido.
—Romano no está teniendo sexo con alguien que querría matarme si se enterara.
—Él me quiere, Espagne... Nómbrame a alguien más que realmente me quiera —se humedece los labios y levanta la barbilla, retador.
—Bélgica te quiere, yo te quiero, Prusia te quiere... no sé si esa niña, Alice... supongo que sí.
—Belgique no me quiere realmente... Y Alice, Alice no cuenta, es demasiada fantasía. Tú y Prusia son mis hermanos, yo hablo de amor... —saca un cigarrillo y lo prende.
—La gente no va a quererte así porque sí, si sedujeras a Bélgica te querría y no veo donde está la fantasía con Alice, ¿por qué no es atemporal?
—Saca a Alice de la ecuación... El problema, Espagne, es que los demás me aburren.
—Bien, entonces volvemos a lo mismo, hay que sacar a América del juego, pero vas a perder a uno de los dos a la larga a Inglaterra o a Alice.
—Voy a perder a Angleterre, siempre lo hago... Tarde o temprano.
—Alguna forma habrá de evitarlo.
—Es una de esas reglas básicas de la naturaleza —se encoge de hombros y le mira mientras da una larga calada al cigarrillo—. ¿Qué opinas de esto de Russie?
Suspira.
—Mucha tensión sexual, pero Rusia es un psicópata.
—¿Cómo crees que reaccione Angleterre? — se muerde el labio.
—Como el culo.
—No he tenido el corazón para decírselo — admite. (Además de los otros motivos)
—Ya me lo has dicho, me parece bien que sea América el que se lo diga
—No sé si va a terminar por... — suspira—. Tengo miedo de ello.
—Ya te he dicho antes que no sé por qué iba a culparte.
—¿Sabotaje?
—¿Sabotaje de qué? de nuevo, ¿acaso estabas tú allí masturbando al niño de los cojones? ¿o le diste afrodisiaco o algo?
—Pude haber empujado a Rusia a que le violara... Va a encontrar una manera, vas a ver — sonríe un poco de lado.
—Pues que se vaya a la mierda, que madure y se entere de a quien echarle las culpas, Francia.
Le sonríe más.
—Relájate. ¿Sabes? Va a matarme más si Autriche habla con él.
—Vamos a llamar a Prusia.
—Vamos a llamar a Prusse — saca su teléfono y se lo pone a España en la mano, dándole la vuelta y parándose tras él, recargando su barbilla en el hombro de España.
Anda, que este era el que faltaba. ¡No olvides agradecer a Holly su beteo y edición!
