Capítulo 21
«¡Date prisa…Henry va a llegar de un minuto a otro y no quiero que te encuentre aquí!»
Regina se impacientaba ante la lentitud voluntaria de Emma en dejar el lugar. La rubia había querido tomar una ducha antes de marcharse, pretextando que no tenía tiempo de volver a casa de Belle antes de ir a trabajar, después se había servido un café al que le estaba dedicando demasiado tiempo.
«Relax, Regina…¿qué puede pasar si Henry me ve aquí? Después de todo, ¡él sabe que nos hablamos!»
«¡Ya están las cosas demasiado complicadas como están! ¡Prefiero ver a mi hijo a solas!»
Emma se dio cuenta del MI para señalar a su hijo, la Reina no se había referido a Henry de esa manera desde hacía tiempo. Y el hecho de verla tan nerviosa esperando la llegada del muchacho le daba un poco de miedo. ¿Y si Regina volvía a su arreglo después de hablar con Henry, y si sencillamente rechazaba verla después de esa conversación? Emma sabía que estaba pisando huevos con la Reina, y la más mínima brizna que se deslizara en el engranaje podía causar un cataclismo en su relación.
«Puedo quedarme si quieres…»
«Ya hemos hablado Emma. No quiero que Henry sepa lo que hay entre nosotras. ¡Es más, nadie debe saberlo! ¡Es el acuerdo!»
«Lo sé…lo sé…pero te lo proponía porque sé que puede ser difícil. Quiero decir, no quiero estar ahí como tu amante, quiero estar como segunda madre de Henry. Sé que nuestro hijo puede a veces ser torpe en sus palabras»
«¡He logrado llevar a mi hijo sola durante diez años, te recuerdo! ¡No necesito en absoluto tus consejos sobre educación!»
Emma encajó las hirientes palabras de Regina sin rechistar. Dejó la taza aún llena de café en el fregadero y cogió su chaqueta de cuero que estaba en la encimera. Se la puso rápidamente y se dirigió hacia el pasillo sin dirigirle la menor mirada a su amante. Sabía que el estado natural de Regina volvía a la superficie, y que su único modo de defensa era herir a lo demás antes de ser herida. Sintió la mano de la morena posarse en su hombro y se giró lentamente.
«Emma…lo siento. No debería haberla cogido contigo. Estoy nerviosa, pero no es razón para lanzar mis nervios contra ti»
«Todo va a ir bien…» le respondió la rubia pasando su mano por la mejilla de Regina
Regina profundizó el contacto apoyándose contra la mano de Emma, no lo confesaría nunca, pero saberla tan próxima a ella la reconfortaba enormemente.
«Llámame para decirme cómo ha ido, ¿de acuerdo?»
Como única respuesta, Regina posó sus labios sobre los de Emma, que rodeó el rostro de la morena con sus manos. En ese preciso momento, Emma moría de ganas de tranquilizar a la morena con todo su amor, moría de ganas de decirle que la amaba, y que nada podría separarlas, pero se obligó a respetar los deseos de la morena de no abordar el tema de los sentimientos.
Salió de la casa, subió a su coche y se dirigió hacia su despacho donde una tonelada de expedientes retrasados la esperaba.
Regina se colocó bien el pelo de forma mecánica ante el espejo del pasillo, después fue a abrir la puerta a su hijo que aguardaba de pie en la entrada.
«No tienes que tocar, Henry, esta es tu casa, puedes entrar como has hecho siempre…» declaró ella tiernamente mirando al chico que tenía delante
«Yo…heu…no sabía si estarías enfadada o no»
«Entra. Estaremos mejor dentro para hablar…» dijo la morena apartándose para dejar paso a su hijo.
La ex alcaldesa le propuso un jugo al chico que declinó educadamente el ofrecimiento. Ninguno de los dos se atrevía realmente a abordar el tema que los reunía en ese momento. Henry no podía estarse quieto y alternaba entre sentarse y levantarse para dar algunos pasos, mientras que su madre intentaba hacer callar el temblor de sus manos, estrechándolas.
Ante el mutismo de su hijo, Regina decidió comenzar la charla de una forma muy ligera.
«Entonces…¿cómo estás? ¿El cole, bien?»
«Sí. Todo bien…» respondió el muchacho un poco ansioso
Varios minutos pasaron sin que uno u otra retomaran la palabra, y la morena comenzaba a entrar en pánico de verdad. Cerró los ojos y pensó en las palabras de Emma de hacía una hora.
«Henry…lo siento si te he hecho daño…» se lanzó finalmente Regina
«¿Qué? No. Tú no me has hecho nada. Soy yo quien ha sido odioso contigo y lo siento mucho mamá…¿puedes perdonarme?»
Regina sintió su corazón acelerarse en su pecho y se levantó para tomar a su hijo en sus brazos. Había tenido tanto miedo de que la rechazara una vez más, de que no quisiera saber nada de ella, que lo que acababa de oír la hizo llorar.
«Claro que te perdono, cariño. Te quiero, Henry, eres mi hijo, y nada de lo que puedas hacer cambiará el amor que siento por ti»
«Reaccioné mal y lo siento…Yo también te quiero, mamá…y querría que intentáramos de verdad llevarnos bien»
«Es lo que también yo quiero. Más que nada en el mundo»
«¿Más que estar con Emma?»
Regina sintió el vello ponerse de punta ante la mención de su amante. Ella no sabía exactamente cómo Henry había recibido la caída de la maldición, pero se temía que él no estaba muy feliz de saber que la maldición había sido rota de esa manera.
«No sé muy bien cómo estoy en relación a tu madre, Henry. Pero sí, tú eres mucho más importante para mí. Nunca haría nada que te hiciera daño. Siempre serás mi prioridad»
«Sé que es egoísta lo que te voy a decir, pero, aunque he comprendido lo que os une, no estoy preparado para eso. Es demasiado para mí imaginar a mis dos madres juntas. Me cuesta mucho»
«Lo comprendo, Henry, no te preocupes. Y de todas maneras, no hay nada entre Emma y yo. Absolutamente nada…» le respondió la morena sintiendo cómo la vergüenza y la tristeza la invadían.
Emma estaba perdiendo la paciencia, casi eran las diez de la noche y aún no había recibido noticias de la morena. Se preguntaba si estaría bien. Solo quería saber si estaba bien.
Una sonrisa se dibujó en su cara cuando escuchó un ruido en la comisaria, pensando tontamente que la morena habría decido ir a hacerle una visita, pero la cólera rápidamente tomó el sitio de su sonrisa al ver quien estaba delante de ella.
«¿Qué haces aquí?»
El hombre levantó las manos en señal de rendición, no se había esperado ser bien recibido, pero sabía que era necesario que tuviera una pequeña charla con la rubia.
«Solo quiero hablar Emma…nada más»
«¡Bien! ¡Tienes cinco minutos!»
«Escucha, sé que la he cagado contigo, y te pido perdón, de verdad. Ahora comprendo, sé que tú y yo no estamos hechos para estar juntos, pero no puedes echarme en cara que quisiera intentarlo. Aún estoy enamorado de ti, Emma, aunque sé que no es recíproco, no puedo cambiar lo que siento de la noche a la mañana…»
«¡Al grano!»
«Ok…He decidido dejar Storybrooke…¡ya no hay nada para mí aquí!»
Emma elevó la mirada hacia Neal y descubrió que estaba hablando muy en serio. Su cólera se redobló y agarrándolo por su camisa, le respondió.
«¡Cobarde! ¡No irás a ningún lado, me oyes! ¡Tienes un hijo aquí, y quieras o no, eso te da responsabilidades! Henry te quiere, y quiere conocer a su padre, merece conocer quién es su padre, ¡así que vamos a dejar claras las cosas, te quedarás en Storybrooke, y harás que tu hijo sea feliz!»
«No puedo hacer eso, Emma…es demasiado duro»
Mientras los dos progenitores de Henry se escrutaban con la mirada, una voz se hizo escuchar tras ellos mientras que el sonido característico de una par de tacones resonó.
«¡Le aconsejo que haga exactamente lo que acaba de decirle Emma! Aunque yo estaría muy feliz de saber que está lejos de aquí, ¡ni hablar de que le haga daño a Henry!»
«¿Y cómo piensa usted hacerlo?»
«Podría muy bien arrancarle el corazón y someterlo de esa manera a mi voluntad, pero prefiero recurrir a su sentido común, señor Cassidy. ¡Si hiere a Henry huyendo como un cobarde, yo lo encontraré, y descubrirá de lo que soy capaz!»
Neal tragó en seco escuchando las palabras de la morena, sabía por instinto que no tendría salida ninguna si ella decidía hacer de su vida un infierno. Miró alternativamente a la rubia, después a la morena, y asintió con la cabeza saliendo de la comisaria.
Emma sintió cómo el deseo la inundaba en cuanto el hombre se hubo marchado. Ver a Regina tan determinada la había subyugado por completo. Sintió su corazón desbocarse cuando vio a la morena acercarse a ella lascivamente.
«¡Tengo ganas de ti!» declaró Regina lanzándose a los labios de la rubia que inmediatamente le devolvió el beso.
Varias semanas habían transcurrido desde que Regina había recobrado la memoria. Todo parecía volver al orden en la pequeña ciudad. Henry había vuelto a vivir en casa de su madre adoptiva y pasaba algunos fines de semana con su madre biológica y otros con sus abuelos. Emma vivía aún con Belle, y pasaba su tiempo colgada al teléfono, esperando una señal de la morena para ir a su encuentro.
Las dos mujeres habían logrado encontrar cierto equilibrio, se veían a menudo tarde en la noche, limitando así todo riesgo de ser sorprendidas. Fue Regina quien había impuesto esa regla, nadie debía enterarse.
Cuando estaba entrando, Emma sintió su teléfono vibrar en el bolsillo y una sonrisa se dibujó en sus labios.
«Esta noche»
La rubia comprendió inmediatamente el significado del mensaje proveniente de Regina. Al principio, Regina había intentado no ver a Emma muy a menudo, aunque su relación solo estaba basada en el sexo, había preferido poner un poco de distancia entre ellas. Poco a poco, las citas se habían hecho más frecuentes, hasta este momento en que se veían prácticamente todos los días.
«¿Ya echas de menos mi cuerpo de ensueño?»
«¡No te tires flores!»
«Venga…reconócelo…no puedes resistirte a mis pechos tan perfectos…a mi vientre tonificado…a mi culo redondito…»
«¡Eres vulgar!»
«¡Te encanta!»
«¿No tienes trabajo que hacer antes de ponerte a elogiar tu cuerpo?»
«Ya no eres mi jefa, te recuerdo…»
«¡Qué pena…!»
Emma estalló en una risa franca, mientras que la temperatura de su cuerpo acababa de aumentar considerablemente. Había percibido que la morena amaba jugar con ella a través de mensajes. Sabía que la excitaba profundamente saber que Emma pensaba en ella y que debía controlarse para no soltar todo e ir a su encuentro al momento.
«¿Y qué habrías hecho si todavía fueras mi jefa?»
«¡Te habría ordenado que me hicieras el amor sobre tu escritorio!»
«Aún puedes hacerlo…Vuestros deseos son órdenes, Majestad»
«Entonces, ¿a qué esperas para hacerme el amor?»
Emma elevó la mirada por reflejo y saltó en la silla cuando vio aparecer ante ella a la ex alcaldesa en una nube violeta. Regina llevaba un camisón de encaje que no dejaba nada a la imaginación. Emma la agarró fuertemente por la cintura, y la atrajo hacia ella aplastando sus labios contra los de su amante.
«No te puedes imaginar el efecto que tienen tus mensajes sobre mí»
«¡Nada de charla! ¡Solo sexo!»
Después de hacer el amor varias veces, las dos mujeres se habían echado en un colchón que Regina había hecho aparecer por magia. Estaban la una en brazos de la otra cuando Emma sintió el cuerpo de la morena levantarse despacio.
«¿Regina? ¿Qué ocurre?»
«¡Nada!» respondió fríamente la morena enjugando una lágrima que corría por su mejilla.
«Hey…» dijo suavemente Emma acariciando el brazo de la morena « Dime que ocurre, ¿por qué lloras?»
Regina se levantó rápidamente y comenzó a ponerse la ropa. No quería hablar. Se negaba a hablar con Emma. Sabía que si la hacía participe de lo que le preocupaba, iba a perder el control de la situación, y se negaba a ello.
Desde que Henry había vuelto con ella, se echaba en cara mentirle descaradamente, pero sabía que no podía hacer otra cosa si quería mantener a Emma y a Henry. Se negaba a perder al uno o a la otra.
«Regina, por favor…no te cierres…háblame»
«¡Solo sexo, Emma!»
«¡Mierda! ¡Hago todo lo que quieres, me doblego a tu voluntad, sigo a la perfección tus reglas para poder pasar tiempo contigo, y sí, estoy de acuerdo en que nuestra relación no sea más que sexo, pero no soporto verte infeliz! ¡Está por encima de mis fuerzas, Regina! Puedes pedirme que calle mis sentimientos por ti tanto como quieras, y te aseguro que lo haré, salvo si eres infeliz. Lo siento, pero es más fuerte que yo»
La morena estalló en llanto refugiándose en los brazos de una Emma sorprendida. Finalmente dejó salir todo lo que le pesaba desde el regreso de Henry, toda esa frustración, esa pena que sentía cuando estaba lejos de Emma, pero también cuando estaba con ella, obligándose a callar los sentimientos contradictorios que sentía. Hubiera querido decirle todo, poder explicarle que era necesario que dejaran de verse, pero era imposible. No soportaría no estar más con Emma, simplemente no lo soportaría. Sin embargo, iba a tener que resignarse si no quería decepcionar otra vez a su hijo.
«Dime qué ocurre, Gina…»
«Tengo miedo, Emma…¡estoy completamente perdida y tengo miedo!»
«¿De qué tienes miedo? ¿De que yo te haga daño? Sabes que eso no pasará nunca, ¿verdad?»
«Lo sé…es de lo contrario de lo que tengo miedo…»
«¿Tienes miedo de hacerme sufrir?»
La morena asintió con la cabeza y se lanzó desesperadamente a los labios de su amante. Necesitaba sentirla, necesita intentar decirle todo eso de otra forma que no fuera con las palabras, necesitaba que comprendiera hasta qué punto la rubia contaba para ella.
Emma sintió todo el desespero de la morena en ese beso. Un beso que gritaba "No me abandones, no me dejes", un beso tan intenso que bien podría ser el último.
La rubia sintió su estómago cerrarse comprendiendo lo que estaba pasando. Regina estaba rompiendo con ella, romper era una gran palabra, digamos que, poniendo fin a su pequeño acuerdo.
«Si hablas de nuestro pequeño acuerdo, yo no sufro por ello…»
«No es solo eso…» dijo la morena llorosa, dándose cuenta de que Emma acababa de comprender su intención.
«No lo hagas, Gina…te lo ruego…no lo hagas…»
«¡No tenemos elección, Emma! Estoy mintiéndole a Henry desde que ha vuelto a casa. ¡Le he cantado las cuarenta a su padre para que no le haga mal, y mira lo que estoy haciendo yo! ¡Estoy haciendo exactamente lo que podría separarme de él!»
«Vamos a encontrar una solución…juntas»
«No. Lo siento, pero he tomado mi decisión. ¡Esta noche ha sido la última vez!
«¡A LA MIERDA TU DECISIÓN!»
«Emma…» dijo delicadamente la morena para intentar calmar a su amante
«¡Me niego, Regina! ¡Me niego a sacrificar mi felicidad! Te he esperado por mucho tiempo, así que me niego»
«¡No tienes elección!»
«¿Por qué ahora?»
La morena bajó la cabeza incapaz de responder. Ella sabía perfectamente por qué ahora era el momento ideal. Sabía que si continuaba viendo a Emma tan a menudo, ya no podría negar los sentimientos que guardaba en ella. Sabía que si traspasaba esa barrera, sería incapaz de dar marcha atrás.
«¿Por qué no?» respondió la morena son levantar la cabeza
«¡Dame la verdadera razón! ¿Por qué ahora, Gina? Cuando todo va bien entre nosotras…¿por qué ahora?»
«¿Realmente es importante saber por qué? ¡Es así y punto, y te recuerdo que no te debo nada! ¡No estamos juntas!»
El sollozo ahogado en la voz de Regina indicó que pensaba exactamente lo contrario de lo que decía. Emma vio los magníficos ojos chocolate de su amante llenarse de lágrimas y su corazón se estrechó al verla tan triste. La rodeó con sus brazos y la estrechó mientras simplemente la acunaba.
Solo quedan dos capítulos. ¿Qué pasará? ¿Se bajará del burro Henry? ¿Le dirá cuatro verdades Emma a su hijo?
