Olvídate de él.


Al entrar en la habitación y encontrarse con el younko sin camisa andando tranquilamente por esta, no pudo evitar sentirse incómodo. Miró el muñón de su brazo recordando la historia que Luffy le había contado y luego miró la espada que estaba colgada en el fondo de la habitación, pero no pudo soportarlo mucho tiempo.

Apartó la mirada y centró su atención en el suelo, pero la estridente risa del pelirrojo lo hizo mirarlo otra vez—. Eres un espadachín, ¿no es así? —el peliverde endureció el semblante y asintió—. Me sorprende que nunca hayas visto algo como esto —señaló su muñón con la cabeza mientras se ponía una camisa hawaiana.

El peliverde torció el gesto—. Se puede ver de todo en el mundo.

—Si —un destelló de melancolía brillo en los ojos del mayor—. ¿Lo amas?

La pregunta del pelirrojo le cayó como tambo de agua helada en la espalda. Un leve rubor se estacionó en sus mejillas.

— ¿Qué?

Shanks rió—. A Mihawk —le aclaró, divertido—, ¿lo amas?

Zoro enarcó una ceja con suspicacia intentando encontrar sorna en su semblante o su voz, pero lo único que parecía haber en aquella habitación era nostalgia. Se irguió, recuperando un poco la calma.

— No creo que tenga porque responderle eso a usted —la mirada desafiante de Zoro no era simulada—, ni a nadie más.

Shanks suspiró. Estaba cansado, tenía resaca y lo último que deseaba era dejar a aquel muchacho con Mihawk. Siempre había sido optimista, y aún tenía esperanza.

—Yo sí.

El corazón de Zoro se paralizó. ¿Por qué le estaba diciendo aquello? ¿Qué pretendía?

—Cuando éramos jóvenes tuvimos una relación. No era una ventura, sino algo serio... o eso pensaba yo...

—No es asunto mío —lo interrumpió el más joven. No quería saber de las relaciones que había tenido el shishibukai en el pasado, ya bastante le atormentaban las que tenía en la actualidad. Miró al pelirrojo con firmeza, completamente estoico... al menos en apariencia.

—Me dejó cuando perdí el brazo —Shanks continuó hablando, ignorando las palabras de Zoro—. También dejó de considerarme un oponente digno —una sonrisa se le escapó—, según él no tendría ningún mérito ganarle a alguien sin un brazo.

— ¿Para qué me dice eso?

— Quiero que sepas la persona que él es.

— En todo caso no me interesa lo que tenga que decirme —le cortó—. Soy lo suficientemente mayor para hacer lo que me dé la gana, con quien me dé la gana —enfatizó el "quien", intentando ser lo suficientemente claro.

Estaba completamente convencido de que tener una relación con Mihawk era ridículo y absurdo, sabía que se veía con otras personas y además estaba consciente de que lo consideraba un debilucho. También sabía que la imagen que se hubiera hecho de él en los mares del este se había desmoronado el día que le pidió que lo entrenara. Sabía que para el shishibukai él no era más que un estorbo... o quizá un entretenimiento, sin embargo no necesitaba enterarse de los corazones que había roto a lo largo de su vida para saber que no podía esperar nada de él... nada más que una aventura.

— Aunque te use y te deseche después, cuando ya no le sirvas.

Si el pelirrojo quería ser hiriente, sabía muy bien cómo hacerlo.

—Si acaso él llegara a usarme... probablemente sea porque yo lo quise así —apretaba y cerraba los puños, tratando de controlar sus emociones—. Sólo los cobardes toman por la fuerza.


Tocaron tres veces antes que llegara la puerta—. Su mensaje ha sido entregado —informó el hombre del otro lado del umbral.

—Gracias —fue su seca respuesta, antes de cerrarle puerta en la cara de aquel individuo.

Llevaba años sin pisar aquella isla. Desde que la marina lo había contactado por primera vez y aquel capitán le había ofrecido el título de Shishibukai.

"—La marina debe estar muy desesperada para buscar aliados entre asesinos y malvivientes.

El hombre de cabello dorado y ojos celestes le sonrió—. La verdad es que si —admitió con una sinceridad inesperada—. La ejecución de Roger no resultó como esperaban los superiores. Lejos de disminuir los crímenes, aumentó la piratería.

—Es una propuesta interesante, pero debo declinar —se puso en pie.

—Es su oportunidad de ser uno de los buenos —Mihawk se detuvo, pero no se giró—. Sé que su único objetivo es ser el mejor, así que le doy la oportunidad de recorrer el mar a su antojo y enfrentarse a los más fuertes."

No pasó mucho tiempo antes de que aceptara aquella propuesta. En aquellos tiempos no tenía lazos que lo unieran a nadie y Akagami sólo era un hombre que había visto en Loguetown alguna vez.

Suspiró y anduvo hasta la ventana. Había llegado una noche antes que la tripulación del younko pese a que había salido un par de horas más tarde, y eso no le agradaba.

A pesar de todo lo que había pasado, quería confiar en él, en su honor...

Un escalofrió le recorrió la espalda, haciéndolo estremecer y suspiró para espabilar. Estaba preocupado aunque quisiera convencerse de lo contrario. Conocía la fuerza de Shanks y sabía que cuando perdía la cabeza era...

—Maldita sea —golpeó la pared con el puño. Si seguía pensando iba a volverse loco.


Zoro estaba contra la pared con los ojos muy abiertos por la impresión. Akagami había caminado hasta él, haciéndolo retroceder hasta encontrarse con el muro, y luego había lanzado un puñetazo junto a su cara. La expresión que aquel hombre tenía era aterradora—. ¿Qué estas insinuando? —lo cuestionó el younko.

—No estoy insinuando nada —respondió con firmeza—, sólo he dicho lo que pienso.

La dura expresión del pelirrojo se desvaneció poco a poco y comenzó a sonreírle como si nada hubiera pasado—. Claro, sólo una opinión sin relevancia.

¿Qué mierda le pasaba a ese hombre?

Shanks se apartó de él de manera lenta y caminó hacia donde se encontraba su capa, su semblante había cambiado por completo—. No hablas mucho con él, ¿cierto?

Zoro enarcó una ceja. Aquel hombre estaba de espaldas a él, poniéndose aquella prenda con calma—. No de ti —respondió.

Sabía que realmente él y Mihawk no hablaban de mucho, la mayoría de lo que se decía era siempre sobre el entrenamiento o cualquier otra trivialidad sin importancia. Nunca había tenido una conversación realmente profunda con él, de hecho la única vez que se dio aquella oportunidad fue la vez que se encontraron en aquella iglesia devastada de Kurainaga. Quizás esa había sido la conversación más íntima y profunda que había tenido con él, y sólo había durado unos minutos... sin embargo no pensaba decirle eso a Akagami Shanks.

El pelirrojo le sonrió al mirarlo de nuevo—. Con lo reservado que siempre ha sido, dudo que hablen de nada.

—Te sorprendería lo diferente que es con los demás —no sabía porque estaba diciendo aquello, quizá sólo estaba celoso—. No esperes que me trate igual que a ti —le sonrió, y tuvo que hacer un gran esfuerzo por mantener aquella fachada ante la mirada fulminante que el pelirrojo le dedicó. Si hubiera podido calcinarlo con la mirada seguramente ya estaría muerto.

Akagami sonrió—. ¿Quieres compartir experiencias? —la sonrisa de Zoro se borró —. Puedo contarte como se retorcía de placer cuando besaba su nuca, y como...

—Sólo me hiciste venir para esto —lo interrumpió con brusquedad.

—No —admitió él mayor—. Se supone que estás muerto, así que debes pasar desapercibido —le arrojó una prendas de ropa.

—No voy a esconderme.

—Tu novia ya le causo bastantes problemas con la fiestecita que armó, así que si no quieres complicarles más las cosas te cambiaras y te comportaras.

Aquello lo irritó tanto que apretó los puños para contenerse. Ahora lo estaba tratando cómo si fuera un niño. Caminó rumbo a la puerta al fondo de la habitación, asumiendo que se trataba del baño.

Shanks le sujetó de un brazo en cuanto lo tuvo a su alcance—. Si sólo estás jugando deja las cosas como están —el más joven lo miró—, él no es tan fuerte como parece...

— Él es el mejor —lo interrumpió Zoro, evidentemente irritado, apartándose del agarre.

Akagami sonrió—. No me refiero a eso —intentó explicar—. Creo que aún le duele lo que nos separó...

— Ahórratelo —le cortó el espadachín—. No me importa.

—Tal vez sólo te está usando, cómo a Crocodaile o a los demás.

Zoro tenía la vista clavada en algún punto del suelo, pero tras un suspiró levantó la mirada con determinación—. Si ese fuera el caso, no es tu problema.

— Intento ayudarte...

— No necesito tu ayuda.

Shanks apretó la mandíbula con fuerza, pero tras unos segundos sonrió jovialmente, apartándose de él—. ¡Excelente! —le palmeó la espalda—. Pues, prepárate para volverlo a ver.

El pelirrojo lo dejó sólo en el camarote, y él comenzó a desvestirse para tomar una ducha e ir donde el shichibukai.


— Casi puedo perdonarles que me tuvieran prisionera esta semana —canturreó Perona mientras daba vueltas en el muelle, deleitándose con el hermoso vestido que había sacado del cuarto de tesoros.

El vestido era rosa con encajes negros, cuello alto, manga bufante y aunque la falda era arriba de las rodillas era de cuatro volantes. Llevaba también unos encantadores guantes de encaje y unas botas de caña alta y tacón robusto. Lucia verdaderamente encantadora.

— Si fueras menos agresiva y caprichosa no te habríamos tenido de ese modo —sentenció Yasopp mientras la observaba deleitarse con los volantes de su atuendo.

Perona paró en seco y lo miró con frialdad—. Fueron ustedes los que asaltaron mi habitación de madrugada —le recordó con expresión sombría—. ¿Cómo se supone que debía reaccionar?

El hombre de rulos comenzó a reír con algo de nerviosismo—. Acordemos que ambas partes actuamos mal.

La joven lo miró con desprecio antes de hacer que uno de sus fantasmas lo atravesara y cayera deprimido. Era gratificante poder hacer eso de nuevo. Movió los dedos de s izquierda haciendo a los espectros volar de regreso hacia ella, pero cuando iba a lanzarlos otra vez contra aquel hombre una mano sujeto su muñeca, frenándola.

—Deja de jugar o haré que vuelvan a esposarte.

Ella apartó el brazo—. Está bien.

Beckman le extendió una capa—. Creo que lloverá.

La chica miró los escasos nubarrones con suspicacia, pero aun así tomó aquella prenda y se cubrió. En cuanto Zoro llegó se marcharon rumbo al pueblo y las primeras gotas de lluvia cayeron del cielo.


El shishibukai los recibió con indiferencia en un concurrido bar. Saludo a Beckman y al resto de los piratas y se alejó escaleras arriba junto a Zoro, Perona y Akagami.

"—No armen escándalo."

Les gritó Shanks mientras se apartaba junto a su viejo amigo.

Al entrar en la habitación la pelirosa dejó caer la capa y saltó sobre una de las camas.

—¿Están bien? —A Mihawk no le gustaba andarse con rodeos.

—Claro que lo están —respondió Akagami, antes de que ninguno de los otros dos pudiera decir algo—. ¿Qué creías que iba a hacerles?

—Tú dime.

Shanks rió con fuerza—. Tan mal concepto tienes de mí.

—Crea fama y échate a dormir.

Ni Zoro, ni Perona comprendían que estaba sucediendo, pero la tensión se sentía en el aire.

El pelirrojo observó a su alrededor—. Pensé que nos veríamos en el mismo hotel de siempre.

Mihawk miró a Zoro por el rabillo del ojo, pero él estaba caminando hacia la ventana, así que no pudo mirar su expresión—. Gracias por todo, Akagami.

—Te has vuelto muy frio —le dijo con voz suave—. Tomate una copa conmigo, al menos...

—En otra ocasión, quizás.

—Por favor...

Mihawk suspiró—. Sólo una copa.

—Sólo una.

Cuando los hombres dejaron la habitación la chica se levantó de la cama, indignada—. ¿Qué rayos fue eso?

Zoro se quitó la capa y la arrojó contra la puerta, pero no respondió, sino que se dejó caer en la cama y le dio la espalda con la esperanza de que lo dejara en paz, al menos por una vez.


Se sentaron en una mesa apartada, alejados del bullicio y la atención del resto de los clientes del lugar. Shanks pidió una botella de sake y Mihawk una copa de vino... « Sólo una copa. » Pensó mientras el mesero les entregaba las bebidas—. ¿Cuánto te va a durar esta aventura?

Mihawk dio un sorbo a su bebida y lo miró—. ¿Desde cuándo te interesa eso? —evadió.

—Podrías ser su padre.

El pelinegro torció el gesto—. ¿Qué quieres Shanks?


—Pareciera que nunca dejará de llover —murmuró mientras veía las gotas de lluvia chocar contra la ventana.

Perona lo abrazó por la espalda—. No te deprimas.

—No estoy deprimido —respondió. Estaba sentado al borde de la cama, con los brazos cruzados y la expresión seria.

—Si no sintiera nada por ti...

—¡Ya basta! —se levantó, apartándola de golpe. No quería escuchar sus comentarios optimistas, ni quería pensar en lo que había pasado entre él y el shishibukai. Estaba hartó de sentirse como un idiota y estaba hartó de no poderlo evitar—. No importa lo que haya pasado, ya no quiero hablar de eso contigo.

La joven abrió los labios para espetar, pero se contuvo. Lentamente se levantó de la cama y se dirigió hacia la puerta—. De acuerdo —asintió, deteniéndose junto a él y sujetando uno de sus hombros—. Háblalo entonces con quien tienes que hablarlo.

Zoro escuchó la puerta cerrarse y se maldijo mentalmente por no lograr concentrarse cuando su mente estaba tan dispersa por sus ridículas emociones.

— ¿Interrumpí algo?

El peliverde suspiró, agotado—. No —mintió—, nada.

— ¿Estás bien?

Claro que no lo estaba. Tenía la cabeza hecha un lio y estaba comenzando a cansarse de eso. No soportaba más aquella obsesión que lo estaba volviendo loco—. Si, lo estoy —volvió a mentir. Después de todo qué podía decirle en realidad, qué se había enamorado de él y no lograba concentrarse en su entrenamiento, qué quedarse en su isla aquellos dos años realmente no había sido una buena idea, qué no soportaba la idea de ser sólo uno más para él... Con qué derecho podría decirle nada de aquello.

—Me alegra escucharlo.

Quiso volverse a mirarlo, pues en su voz escuchó un suspiro de alivio que no comprendía, sin embargo no lo hizo, su orgullo lo detuvo, sin importar que su cabeza le gritaba "míralo" y su corazón se comprimía dolorosamente—. ¿Tuviste problemas con la marina?

—Nada de qué preocuparse.

El silencio reino los siguientes minutos, siendo interrumpido sólo por el sonido de la lluvia y los relámpagos esporádicos que iluminaban todo. Mihawk pasó junto a él hasta la ventana y lo miró despedirse de alguien... «Akagami.» Apretó los puños ante aquel pensamiento—. Se llevan bastante bien —soltó sin pensarlo.

El mayor lo miró un poco desconcertado—. No realmente.

Nuevamente hubo silencio. Zoro no tenía nada que decirle, iría a buscar a Perona y continuaría con su vida cómo lo había hecho...

— ¿Estas molesto conmigo?

— ¿Qué? —abrió los ojos muy grandes, por la sorpresa.

—No estaba en mis planes nada de esto —admitió alzándose de hombros. Zoro sintió a su corazón contraerse—, sólo pasó...

— Algunas cosas pasan aunque no las planeemos.

— Lo sé.

Se miraron, aunque él no estaba seguro lo que el mayor podía estar pensando en aquel momento.

—Roronoa... sobre lo que paso entre nosotros...

No quería escuchar nada, pero no quería decirlo. Iba a aguantar aquello y seguiría adelante.

Mihawk suspiró. No le gustaba el silencio del más joven... sentía que algo estaba mal, pero no sabía el qué—. Me gustaría que se repitiera...

—Claro —aceptó, pero por alguna razón aquella respuesta no le gustó al mayor.

El shishibukai caminó hasta él he intentó acariciarle la mejilla, pero se apartó. El pecho le dolía.

Mihawk apretó los puños, apartando los brazos de él, y tragó saliva mientras un inmenso temor le aplastaba el pecho—. ¿Te lastimó? —Zoro lo miró confundido—. ¿Shanks te hizo dañó? —reformuló, tratando de mantener la calma.

— ¿Shanks?

—Si te puso una mano encima yo...

— ¿De qué estás hablando? —lo interrumpió confundido. Un trueno iluminó la habitación y por un segundo pudo ver toda la turbación y él miedo que reflejaban aquellos ojos ambarinos.

—No importa.

—No entiendo nada.

—No hay nada que entender, Roronoa.

Aquello no lo convenció—. Se supone que es tu amigo —indagó con insistencia—, que hubo un tiempo que fueron más que eso... ¿Por qué piensas así de él?

—Es un pirata.

—Yo también.

Mihawk lo miró—. No hagas eso —pidió con voz suave—, no te compares así con él.

—Si tuviera una idea de qué demonios hablas quizás lo entendería.

El shishibukai se rió de manera extraña, caminó por la habitación y acabó sentándose en un sofá que se encontraba en una esquina de la misma—. Hay cosas que trató de no recordar —explicó...


Toda la tripulación subió al barco un poco cansada. Seguramente les habría gustado estar más tiempo en aquel bar, pero el capitán no tenía deseos de continuar ahí. Beckman lo siguió hasta su camarote y cerró la puerta al entrar.

—Sabes que siempre te admiré —admitió el pelirrojo mientras se sentaba en la orilla de la cama. El mayor se limitó a mirarlo—. Cuando te veía pensaba: "ese hombre es justo como me gustaría ser."

— ¿Por qué no descansa?

— ¿Mihawk estuvo conmigo cuando perdí el brazo?

— ¿Se lo dijo al fin?

Shanks rió—. Nunca me dijiste nada.

—Se lo prometí...

—Tengo una década pensando que el bastardo me engañaba y por esa razón no estuvo ahí —una risa un tanto histérica se le escapó—, y ahora resulta que me cuidó día y noche aunque yo te llamaba a ti.

—Pensé en decírselo —aceptó su primer oficial luego de algunos minutos de silencio—, pero cuando me contó lo que paso en Kurainaga... —suspiró—. Pensé que sería más fácil para usted pensar que la culpa era de él.

El pelirrojo se echó a reír a carcajadas. Beckman era su mejor amigo, era quien lo cuidaba siempre, era perfectamente normal que en sus delirios, mientras la fiebre lo estaba matando, lo llamara a él... ¿no? Cómo se suponía que iba a saber que él que estaba a su lado era Mihawk, cómo iba a saber que escucharlo le había herido si no se había tomado la molestia de explicarlo... « ¿Y en qué momento iba a hacerlo? » Cuando llegó y lo encontró con aquel hombre no le intereso escuchar explicaciones y actuó justo cómo lo que era "un vulgar pirata".

—Tengo lo que me merezco, ¿verdad?

El mayor suspiró, y anulando la distancia que había entre los dos lo abrazo—. Todos cometemos errores, capitán.


Zoro escuchó en silencio mientras la rabia y un montón de preguntas le asaltaban, pero algo en su interior le dijo que era mejor no hablar.

—Estaba preocupado por ti, pero no quería que la marina te encontrará —explicó el de cabello azabache—, así que simplemente, confié en tu entereza.

—Estoy bien —susurró. Quería ir hasta él y abrazarlo, pero sus piernas simplemente no le respondían. El orgullo lo frenaba.

—Eso me tranquiliza.

Nuevamente el maldito silencio ocupó la habitación. Zoro maldijo a su orgullo y deseo ser diferente, más sin embargo no se movió, no podía exponerse así, exponer sus absurdos sentimientos a la mofa... pero, si Mihawk le había confiado aquello—. Olvídate de él, sólo es un imbécil.

Mihawk le sonrió—. No soy alguien que viva aferrado al pasado, Roronoa —aquello sonrisa hizo que el corazón del más joven diera un vuelco y sus mejillas se tiñeran de carmín—, menos ahora...

Agradeció en silencio el sonido de la lluvia que opacaba los fuertes y rápidos latidos que emitía su corazón. El mayor se acercó a él lentamente y levantó la derecha para acariciarle la mejilla. Esta vez no se apartó, cerró los ojos y disfrutó de aquella caricia preguntándose si podía haber algo más perfecto que aquello.

Mihawk se inclinó para susurrarle al oído—. Estoy enamorado de ti —y entonces lo besó, y cuando los labios de Zoro respondieron y sus brazos lo rodearon todo lo demás desapareció.


N/M: Bueno, esta historia esta por terminar. Ustedes saben que cuando se acaba el drama se acaba la historia. n_n Probablemente el proximo sera el ultimo episodio. Gracias por seguirme.

Saludos.