Emma suspiró soñadoramente mientras recordaba la noche anterior. Regina apoyada en ella, acostada en su hombro dejando su vulnerabilidad al aire. Ellas nunca fueron buenas en eso: en contacto físico y vulnerabilidad, en mostrar lo que realmente sentían y lo que realmente querían hacer. Se quedó dormida sobre Regina, y a ninguna de las dos les podría haber importado menos.

Recordó aquella mañana, cuando Regina había besado su cabeza tan tiernamente y salido del sofá con cuidado de no despertarla (aunque ya lo estaba, pero Emma estaba más interesada en disfrutar el momento como para abrir los ojos). Recordó cuando se desperezó unos minutos más tarde cuando un aroma a comida y café llegó a ella, y siguió a Regina hasta la cocina. Recordó la pequeña y afectuosa sonrisa que la morena siempre tenía guardada sólo para Emma, que era diferente y ocultaba tantas emociones que ella se desesperaba por conocer — y Emma se encontró sonriendo estúpidamente en la comisaría vacía.

«Wow, ¿qué te tiene tan contenta?» Graham rió cuando la vio.

Se acercó hasta el escritorio, inclinándose hacia ella de una forma que debía ser encantadora — pero en Emma sólo funcionaba cuando Regina era la que lo hacía. Un escalofrío delicioso recorrió su espalda ante los recuerdos. Regina era sólo...otra cosa completamente diferente. No tenía otras palabras para explicarlo es ese momento.

«Cosas» respondió reservada.

«Misteriosa, ¿eh?» él guiñó un ojo.

«Estoy feliz por el bajo nivel de crímen en Storybrooke» inventó Emma.

«¿Sin ganas de trabajar?».

Emma se encogió de hombros con una sonrisa un tanto descarada. «¿Acaso tú las tienes?».

Él rió entre dientes. «Estaba por ir a Granny's a comer algo. Puedes venir conmigo si quieres».

Emma pensó con los labios apretados de forma adorable, y asintió. «Bueno. Estoy muriendo de hambre».

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La mesera no dejaba de mirar a la pareja con una mueca en la cara. Emma era una idiota, sin duda alguna. ¿Qué hacía almorzando con Graham en lugar de con su esposa como todos los días? Ella y Mary Margaret debían hacer algo al respecto enseguida, antes de que se hunda el barco.

Y si la situación no podría ser peor, lo único que le faltaba era que Regina entrara a la cafetería en ese momento. La mueca de Ruby se empeoró; no sabía cómo Graham seguía vivo después de la mirada asesina que la alcaldesa le dió. La mujer se acercó al mostrador (Ruby notó que, a pesar de intentar ignorarlos, los ojos de Regina no dejaban de desviarse hacia Emma y su compañía)

«¿Qué desea, alcaldesa?».

Regina abrió la boca, la mirada aún en Emma, y se giró con una expresión perdida. «Eh... ¿Un tostado? Y un café, negro».

Ruby reprimió una risa y asintió. Regina estaba muerta de celos y no hacía un buen trabajo ocultándolo. Los ojos de Ruby se desorbitaron (la chica hasta imaginó que una bombilla de luz se iluminó sobre su cabeza) y empezó a sonreír ampliamente. Tenía un plan perfecto para solucionar esta situación.

Si Regina estaba celosa de Emma, entonces Ruby debía hacer a Emma celosa también, para empujarlas a que admitan lo que sentían de una vez.

La sonrisa de Ruby se tornó seductora y ella se inclinó sobre el mostrador, resaltando su escote. «¿Está segura que no hay nada más que pueda ofrecerle?» hizo ojitos.

Regina la miró, claramente perpleja, pero Ruby se vio victoriosa cuando su mirada bajó a sus pechos. «No, eso sería todo, Ruby» dijo después de un momento, ni siquiera notando que por primera vez llamó a la joven por su nombre.

Sí, Ruby todavía no había perdido su toque. Guiñó un ojo y movió demás las caderas mientras se alejaba, esperando (sabiendo) que aquello había atraído el interés de la alcaldesa.

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«Entonces estaba pensando que si nos fijamos bien en eso, podríamos lograr...».

Emma desconectó la voz de Graham en el momento que notó a Regina sentada en la mesa de la esquina, junto a la ventana. Estaba sola y mirando por la ventana. Emma consideró acercarse a saludarla cuando la hermosa vista fue cubierta por Ruby. Esperó a que la mujer se vaya otra vez hasta que se dió cuenta que eso no iba a suceder.

Ruby estaba tocando el brazo de Regina, demasiado cerca de ella para el gusto de Emma. ¿Desde cuándo Regina era tan cercana con Ruby que la mujer se detenía a hablar con ella? Emma apretó su mandíbula, tratando de calmar los furiosos celos que la molestaban. Sabía que no debía sentirse así. Regina no le pertenecía de ninguna manera, ellas eran solo amigas. Pero no importaba cuánto se lo repetía a si misma, eso no hacía que sus sentimientos desaparecieran.

Emma estaba frustrada. Emma estaba celosa. A Emma le dolía el corazón.

«¿Emma?» la voz de Graham la sobresaltó. «¿Me estás escuchando?».

Emma regresó su atención a él. «Sí».

«No parece» refunfuñó él, pero Emma estaba muy ocupada ojeando a la alcaldesa como para prestarle atención.

Se levantó de su asiento y dijo: «vuelvo enseguida», antes de dirigirse hacia Ruby y Regina. Lo primero que notó en ellas fue la sonrisa depredadora de Ruby y el rubor en las mejillas de Regina. Emma apretó los puños.

«Emma» Regina sonrió su sonrisa especial para Emma cuando la vio, y la rubia se relajó un poco.

«Hola, chicas» dijo fulminando a Ruby con la mirada. «¿De qué hablan?».

«Estaba diciendo que deberíamos salir esta noche» Ruby dijo. «¡Tengamos una noche de chicas!».

«Lo que no sé es si Emma puede» comentó Regina con tono mordaz, haciendo que su amiga frunciera el ceño. «¿No tienes planes con tu novio?» dijo a Emma con un gesto a Graham, que las miraba curiosamente.

«¿Novio...? ¿Graham?» Emma dijo con incredulidad y molestia. «¿Cuál es tu problema?»

Regina evadió la mirada de la rubia, y Ruby escondió una risita detrás de su mano.

«Además, yo no soy la que anda coqueteando con su mesera» acusó Emma.

«¡Ey!» Ruby se quejó. «No me metan en sus líos matrimoniales. Si tienen problemas, vayan a terapia de pareja».

Se dió la vuelta y se fue, mirando atrás solo por un instante y sonriendo cuando vio que las muchachas tenían el rostro rojo como un tomate, seguramente preguntándose si debían mencionar o no el elefante en la habitación ahora que Ruby lo había sacado a la luz.

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«¿Vamos a hablar de lo que Ruby dijo o-?»

«No» Emma la cortó, sin dirigirle la mirada.

Regina reviró los ojos en exasperación y suspiró. «De acuerdo, entonces. Está claro que lo que dijo te incomodó, no lo volveré a mencionar».

Emma giró la cabeza a ella rápidamente con el ceño fruncido. «Espera, ¿en serio?»

«Por supuesto» se encogió de hombros. «Por más que parezca que quiero hacerte la vida imposible, soy tu amiga. Si algo te molesta de verdad, entonces no voy a forzarte a hablar de eso»

«No, pero,» Emma sacudió la cabeza. «Yo pensé que a ti te incomoda».

«¿Qué? ¿Por qué pensarías eso?».

«Pues no te gustan las mujeres y normalmente a mujeres que nos les gustan las mujeres no les gusta que insinúen que les gusta una mujer, y no me has hablado en todo el día entonces asumí... Estoy divagando».

Regina la ignoró, el ceño fruncido volviéndose más confundido.

«Pero a mí sí me atraen las mujeres, Emma».

Emma desorbitó los ojos. «¿Qué?».

«Creí que lo sabías».

«Pero yo...»

«Y yo estoy hablando de el pequeño comentario de Ruby sobre la terapia de pareja. Creí que tú estabas ofendida y por eso no me has hablado en todo el día».

«Dios» la rubia se llevó las manos a la cabeza. «Tenemos muchos problemas de comunicación, ¿eh?».

«Ni que lo digas».

«Pero, no entiendo» dijo después. «¿Por qué estaría ofendida por una tontería que dijo Ruby?».

Regina bajó la vista, apretando los labios.

«¿Regina?».

Ella mantuvo la cabeza abajo. La alcaldesa había pensado que era obvio, pero Emma no tenía idea. Regina pensó que ella se había espantado por la simple mención de ellas dos siendo pareja. Después de todo, un beso suyo convenció a Emma de que no la quería como Regina la deseaba a ella.

Dedos tomaron delicadamente su mentón y Regina se congeló cuando Emma la forzó a levantar su mirada, un suave sonrisa en su lugar, lista para darle coraje y hacerla confesar lo que tenía en mente.

«¿Qué pasa?».

Regina cerró los ojos con fuerza y tomó un respiro.

«Yo pensé que... Que la idea de nosotras siendo pareja te aterró, eso es todo» dijo con naturalidad, como si no fuera nada.

Abrió los ojos, y se encontró con los verdes mirando profundamente a su alma, buscando respuestas a preguntas que Regina no conocía. Entonces dijo, con una voz pequeña, casi impropia de Emma:

«¿A ti no?».

«¡No, por supuesto que no!» Regina exclamó sin pensarlo. «¿Por qué me molestaría que alguien piense que estoy con alguien tan magnífica como tú?».

«No estás hablando en serio».

«Claro que estoy hablando en serio. ¿No te has visto en el espejo?» Regina siguió en un tono agresivo, y Emma se sonrojó. «Cualquiera sería afortunado de tenerte. Eres buena, Emma. Realmente buena».

La morena lo dejó en claro con una mirada acentuada fija en los ojos de Emma. Ella se pudo sentir suspirando por ella y besando sus pies solo por eso, si no fuera porque el pequeño discurso de Regina ya estaba dándole razones.

«Nunca lo dudes» dijo Regina, su voz un susurro.

Emma se quedó sin aliento, hipnotizada por la pasión con la que ella parecía hablar. Nunca pensó que ella podría ser la razón por la que los ojos de Regina brillaban y por la que sonreía con tanta dulzura — no era más que un disparate.

Y entonces los labios de Regina estaban sobre los suyos. Era dulce. Era suave. Era una completa locura. Regina Mills estaba besándola, y Emma podía ver estrellas. Un enloquecedor olor a lavanda inundó sus fosas nasales. Eso fue todo lo que tomó para que Emma presione sus labios contra los de Regina.