Nota: Es probable que estén en desacuerdo con la manera en la que se aborda el término "armonía" a partir de este capítulo, por eso aclaro que tomo como referencia uno de los significados de esta palabra: "conveniente proporción y correspondencia de unas cosas con otras". En el ying y el yang la idea es que la gente tiene una mitad buena y una mitad mala, y el equilibrio es tener precisamente la mitad de cada uno, según lo que he leído de la cultura China. Ese tema tiene mucho que ver en este fic, pero en este capítulo se va a notar más, por eso lo indico hasta ahora. Pd: Al teclado de mi compu no le sirve la tilde, así que si hay errores sobre eso fue que no los detecto el corrector de Word.


Capítulo 21. La oscuridad

Tigresa abrió los ojos en una habitación escarlata. Vio paredes lisas que resplandecían como si estuvieran hechas de oro pulido. El techo goteaba un líquido dorado, espeso, brillante, frio. Miró el suelo y éste se había humedecido del líquido que caía del techo como una lluvia pesada y lenta. Escuchó a sus espaldas un resoplido cansado, que parecía provenir de una criatura imponente. Se volteó rápidamente y allí estaba el gran dragón que Lung había visto. Examinaba detenidamente a la recién llegada, que por la impresión dio un paso atrás y casi cae de espaldas.

—Bienvenida, Shan Xie —su voz cálida pero potente hizo eco en la habitación, haciéndolo sonar más intimidante—, no temas, soy Long Kaiwa, uno de los guardianes del medallón que viniste a buscar.

La felina procesaba todo lo que veía y escuchaba para ir comprendiendo la situación en la que se encontraba. Un dragón guardaba el medallón mágico que Fenghuang quería conseguir. Todo eso trascendía cualquier cosa que antes hubiera imaginado, ya que ahora estaba ante un dragón real. Lo que ella sabía de los dragones era que al ser seres místicos no podían ser vencidos por los mortales, así que si él era el obstáculo para obtener el medallón, estaba en graves problemas.

Tigresa estudió todos sus movimientos serpenteantes, vio si había alguna puerta detrás de él, pero era tan grande y corpulento que le fue imposible. A pesar del miedo que sentía se mantuvo lo más calmada posible. Esa poca calma permitió a Long Kaiwa entender el motivo de la inquietud de la felina, así que dijo en tono cordial:

—No tendrás que enfrentarme para obtener el medallón, eres una Shan Xie digna, Tigresa.

— ¿Por qué me dices Shan Xie? —Por la misma idea que Tigresa tenía sobre el poder de los dragones ella no se impresiono porque supiera su nombre.

—Porque así han sido nombrados todos los felinos que son virtuosos y están en armonía.

—Entonces como soy una Shan Xie digna —aun no entendía bien la idea pero trato de armar una conclusión— ¿me dará el medallón así nada más?

Long Kaiwa sonrió.

—No, pero si superas la prueba lo tendrás —Tigresa dudo y empezó a preocuparse por la clase de prueba que podría imponerle un dragón—. Puedo ver todo lo que has hecho hasta el momento en que has llegado aquí. Las grandes luchas que has enfrentado siempre han sido con el fin de proteger a tus seres queridos y a todos aquellos que no pueden protegerse a sí mismos. Veo todo lo que está en armonía dentro de ti. Lo único que puedo decirte es que para obtener el medallón debe haber un equilibrio entre lo que está en armonía y lo que no lo está, ya que ese es el fundamento de su poder: el equilibrio.

— ¿El fundamento del poder del medallón es el equilibrio?

—Precisamente. Todos los que han venido aquí han tenido que pasar la prueba porque no están en equilibrio, y tú no eres la excepción.

Escuchar eso decepciono a Tigresa, porque ella siempre procuraba ser disciplinada en todo lo que hacía. Meditaba y entrenaba diariamente, pero en ese momento él le dijo que no estaba en armonía, y eso era como decirle que su interior estaba desordenado, hecho que le pareció vergonzoso.

— ¿Cuál es el objetivo de la prueba? —dijo ella visiblemente desanimada y avergonzada.

—No te sientas mal —dijo Long Kaiwa compadeciéndose de ella—, ningún mortal es capaz de lograr el equilibrio por completo a menos que pase por esta prueba, u obtenga la Paz interior.

"Paz interior…", pensó ella, que además recordó por un instante a Po y su padre adoptivo, "si la hubiera conseguido ahora no tendría que pasar por esto".

—Son dos caminos para lograr el mismo fin: el equilibrio. Ahora bien, la prueba es difícil, pero si tomas las decisiones correctas la superaras en poco tiempo.

Tigresa empezó a sentir sueño, su vista se nublo hasta que todo se veía borroso, las paredes y el techo giraban de forma irregular. No tocó el suelo, no se desmayó.

—Tigresa, ¿estás bien? —dijo Po corriendo hacia ella y atrapándola entre sus brazos.

—Estoy bien, Po —respondió ella aliviada de escuchar una voz familiar, y no cualquiera, sino esa en especial. Ambos se pusieron de pie y quedaron frente a frente. Estaban de nuevo en el Salón del Trono.

—Es bueno saberlo porque yo no lo estoy —dijo él con una seriedad que muy pocas veces mostraba, y cuando lo hacía era porque estaba molesto o deprimido. Tigresa lo miró extrañada.

—Si no sobrevivo a esta aventura moriré sin saber si me quieres más que un amigo o no —continuó el panda, frunciendo el ceño. A Tigresa le dolía cada palabra—. Al menos podrías haberme dicho que no me querías, así moriría tranquilo, pero lo que hiciste es peor —bajó la mirada, entristecido—, es una tortura tener que esperar una respuesta. Yo sé lo que siento, y creo que tú también lo sabes pero no quieres decírmelo.

Po dio la espalda a Tigresa y se dirigió hacia la salida. Tigresa al principio dudó pero después corrió.

— ¡Po! —él no se detenía— ¡Escucha! —Se detuvo— Es cierto, tú sabes lo que sientes y yo no. No eres solo un amigo para mí, pero tampoco puedo…corresponderte como esperas.

—Para estar en armonía debes tomar decisiones y aceptar las consecuencias, no dejar asuntos pendientes —Escuchó Tigresa la voz de Long Kaiwa detrás de ella. Volteo, y él estaba allí. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que no había nadie más que ella, Po de espaldas a unos metros de distancia, y el dragón. No había regresado, sino que la prueba había iniciado. Era bastante real, tanto así que ella realmente creyó que había vuelto. Jugaban con su mente, y eso le molestó mucho.

— ¿Qué quieres decir con eso? —dijo Tigresa a la defensiva.

—Que tomes una decisión antes de seguir —dijo el dragón con paciencia.

— ¿Una decisión…—dudó de nuevo— sobre lo que siento por él?

El dragón asintió. No era la respuesta que ella quería. Por un tiempo no dijo nada. Recordó muchas conversaciones que habían tenido, momentos divertidos, batallas en que habían luchado juntos, y pequeños detalles que también quedaron grabados con cincel en su corazón. Sonrió, y también el dragón, pero la sonrisa pronto se esfumó para convertirse en una mueca momentánea.

—Ordena tus ideas, di lo que piensas —dijo el dragón intrigado. Quería saber la respuesta, pero no lo sabría hasta que ella expresara sus ideas, ya que la mente era como "un mar agitado" para él.

—Lo quiero más que a un amigo —soltó la felina, y al escucharse a sí misma se sintió libre de decir todo lo demás—, pero no soy como él, que es tan cariñoso con los demás, y tan abierto al expresar sus sentimientos. Si digo que lo quiero, pero no lo expreso como espera, pensará que no es cierto. No quiero que sufra —se entristeciera—, quiero protegerlo. Es mejor que esté con alguien que pueda darle todo el…cariño que merece, no alguien como yo…dura, "radical"…

—Ya le has demostrado que no eres tan "radical" —dijo Long Kaiwa condescendiente.

—Por eso espera que le corresponda…de un modo en que aún no puedo hacerlo —decir eso la ayudó a tomar una decisión—. Le diré que solo lo quiero como amigo, es lo mejor para ambos.

El dragón negó con la cabeza, desaprobando la idea, pero el decidirse la hacía estar en armonía consigo misma, y ese era el objetivo de esta prueba.

—La segunda parte de la prueba es más difícil, decide con sabiduría —dijo el dragón.

Otra vez Tigresa tuvo la misma sensación de desmayo, pero esta vez estaba en un lugar que solo había visto en sueños: el claro del bosque de árboles multicolor en el atardecer. Sentía el aroma a tierra mojada, flores de loto, el viento rozando las hojas y ramas de los árboles, la sensación de bienestar y dicha. Se miró a sí misma y estaba de rodillas frente al dibujo que tanto le había intrigado los últimos días. Escucho una voz femenina a lo lejos que la llamaba:

— ¡Tigresa! Guarda el papel y las pinturas, pronto lloverá.

Similar al sueño, pero esta vez no era una niña. Corrió hacia dónde provenía la voz, y entre los arboles encontró una casita humilde pero acogedora, de madera, amplio corredor, grandes ventanales, de los cuatro bordes del techo colgaban pequeñas campanillas plateadas que emitían un suave tintineo al ser mecidas por el viento, que cada vez era más frio. Miró el cielo, y vio como era cubierto por grandes nubes oscuras. Entró a la casa y no había nadie en la sala, en la que se encontraban pocos muebles. Entonces Tigresa recordó que su familia era de pocos recursos económicos. La puerta de atrás estaba abierta, y el viento la azotaba. Pasó rápidamente a través de ella, y en el patio estaba Fenghuang luchando con un tigre alto, fornido, con un traje muy parecido a ella, que Tigresa reconoció de inmediato: su padre, que volteó a verla y le gritó con angustia:

— ¡TIGRESA, CORRE!

Los ojos de Tigresa se llenaron de lágrimas al verlo. La imagen era vívida, le era muy grato y al mismo tiempo doloroso. Yacía en el suelo, atrapado por el cuello en la garra izquierda de Fenghuang. Levantó su ala para dar el golpe final, pero entonces la madre de Tigresa apareció, la tomó por el cuello y la lanzó lejos. La tigresa le gruñó a modo de reto.

Tigresa solo podía ver paralizada de la impresión y llorando. No recordaba que su madre tuviera una figura tan estilizada y ojos tan grandes. Sin duda los ojos rasgados los había heredado de su padre, pero la ferocidad con que peleaba sí parecía haberla obtenido de ella. Se le veía tan bien la blusa azul marino con los pantalones negros…

— ¡Tigresa, corre! —volvió a decir su padre más angustiado (si eso era posible).

Fenghuang hirió a su madre en el estómago con sus garras, y cuando ésta se había desvanecido inconsciente, se dirigió hacia su padre. Tigresa corrió a defenderla, pero mientras avanzaba se hacía más pequeña y tenía más miedo, hasta que en su mente ordenaba a su cuerpo correr a salvarlo, pero este se negaba a moverse. En contra de lo que su mente gritaba, corrió a esconderse tras un arbusto. Desde allí, siendo carcomida por la impotencia y el dolor, vio como Fenghuang atravesaba con sus alas a su padre por detrás, mientras este se levantaba para correr en dirección a su hija. Cayó, y Fenghuang con un gesto de desagrado, casi asco, se sacudió las alas y empezó a avanzar hacia la pequeña felina que se encontraba completamente aterrada. Fenghuang se desvaneció como si fuera humo, luego los árboles, el cielo, y por último los padres de Tigresa. Una vez más sintió que se desmayaba, y pronto se dio cuenta que había regresado a la habitación escarlata.

— ¿Ya tomaste una decisión? —dijo Long Kaiwa en el mismo lugar en que Tigresa lo había encontrado en un principio.

No podía responder. Era mucha la impresión, ira y dolor. Nudo en la garganta, opresión en el corazón, ojos aún humedecidos, dolor de cabeza y sensación amarga en su estómago, su rostro abatido por la profunda tristeza, en su mente no quería unir todas las ideas que la abarrotaban. Abría la boca para contestar, pero después la cerraba. Sentía que debía tener un tiempo para asimilar que había visto una vez más, y recordado tal y como había sido, el fallecimiento de sus padres. Un minuto después el dragón dijo:

—Tigresa, sin duda es difícil recordar algo como eso, pero para que estés en armonía debes tomar una decisión respecto a esto para que no quede…

—Pendiente —murmuró Tigresa de forma casi inaudible—. Y ya tomé una decisión: que cuando salga de aquí destrozaré a Fenghuang con mis garras —expresarse la llenó de valor e ira, mucha ira.

Long Kaiwa volvió a disentir, pero decidir eso era válido si la hacía estar en armonía en su interior. Ese era el requisito para pasar la prueba.

—No has decidido con sabiduría, Shan Xie —dijo el dragón con algo de tristeza.

—He decidido lo que es mejor —dijo Tigresa sintiéndose ofendida.

—A pesar de que desapruebo los medios, tus fines son nobles. Quieres lo mejor para tu amigo y que tu familia sea vengada. La pregunta más importante que es necesario contestar para obtener el medallón es: ¿para qué lo quieres? La prueba determina la respuesta. El medallón solo se le otorga al que tenga fines nobles. Ahora es tiempo de que regreses. He aprendido mucho de ti el poco tiempo que hemos compartido —Tigresa lo miraba confundida—. Sé que le darás un buen uso.

—Aún no tengo el medallón —dijo ella con seriedad.

—Te será otorgado cuando regreses —dijo el dragón.

Cuando Tigresa abrió los ojos otra vez, vio sus manos, y éstas formaban un círculo sobre su pecho. Una luz empezó a surgir de ésta, y unos segundos después se dio cuenta de que tenía el medallón puesto, y el gran dije lo tenía entre sus manos. Era todo de oro, y la cadenilla que lo sostenía era delgada pero resistente. Brillante, el dije era redondo pero aplanado, formada por dos garras felinas entrelazadas unidas en el centro por una piedra roja que bajo la luz de sol se volvía azul. Resplandecía, y la piedra quemaba al ser tocada.

Tigresa levantó la mirada y frente a ella estaba Fenghuang con una sonrisa de satisfacción. A su derecha estaba Jing atada en una columna, con la ropa bastante rasgada. Po se acercó rápidamente a preguntarle si estaba bien, pero Tigresa solo asintió, no hablaría, tenía algo pendiente. Al levantarse del trono sintió cómo sus fuerzas se aumentaban, y de gusto cerró los puños y vio con desdén al ave que tenía frente a sí.

— ¿Estás molesta, gatita? —dijo Fenghuang burlándose, a pesar de conocer el poder que Tigresa tenía.

—No deberías hablarme así sabiendo que tu fin se acerca —dijo Tigresa caminando lentamente.

— ¿Mi fin? —Soltó una carcajada— Lo que tú crees que me destruirá es mi mayor impulso para lograr mi objetivo. "No debiste destruir a tu hermano al que prometiste lealtad, lo que crees tú mayor orgullo para maldición será".

Tigresa se paralizó involuntariamente, de algún modo esas palabras la paralizaron por completo, aunque sus sentidos seguían intactos. Po observaba todo, no entendía nada, ni Jing tampoco.

—Tu clan destruyó al mío hace mucho tiempo —dijo Fenghuang cara a cara a Tigresa— y el antepasado líder de mi clan, el más sabio que ha habido, lanzó una maldición contra ustedes el día que nos desterraron. Antes de morir a manos de su líder él dijo algo que me gustaría repetir: "No debiste destruir a tu hermano al que prometiste lealtad, lo que crees tú mayor orgullo para maldición será". El medallón que traes puesto fue creado con el fin de traer equilibrio al mundo, pero al desterrarnos se rompió el equilibrio, así que el único modo de que éste se recupere es que nuestro clan vuelva a gobernar —sonrió—. Tu medallón no puede destruirme porque eso rompe aún más el equilibrio, pero yo sí puedo destruirte con él —rió más.

— ¡No si puedo evitarlo! —Gritó Po y corrió hasta ella para alejarla de Tigresa, pero Fenghuang fue más rápida, le quitó el medallón a Tigresa y se lo puso. Entonces Tigresa pudo moverse y correr hacia la salida, no sin antes soltar a Jing mientras Po distraía un poco a Fenghuang.

Al poco rato que todos habían salido Keung despertó en el Salón justo en el sitio donde había caído cuando Po lo había lanzado. Vio hacia afuera y le pareció que era de noche y había una tormenta, pero cuando vio gigantescas bolas de fuego y aros púrpuras se dio cuenta de que era peor que eso.

— ¿Qué es eso? —preguntó Grulla al llegar al lado de Po en el patio frente al Palacio. Al vencer a los chacales éstos habían huido una vez más, así que los Maestros habían regresado al Palacio.

—Es Fenghuang versión monstruosa —dijo Po con un poco de ironía.

Fenghuang se veía completamente negra, y había vuelto todo el cielo de la zona negro, como una gran densa muralla de sombras. Lanzaba bolas de fuego con más rapidez y de mayor tamaño. En general sus técnicas eran más rápidas y destructivas.

—Hay que quitarle el medallón —dijo Tigresa.

— ¿TIENE EL MEDALLÓN? —Preguntó Mono.

— ¡Tigresa estás bien! —dijo Víbora corriendo al lado de su amiga, contenta de verla de nuevo.

—No muy bien pero gracias, Víbora —dijo Tigresa sin quitar la mirada a la gran ave que ahora cubría de tinieblas el cielo.

— ¿Cómo vamos a vencer a esa cosa? —preguntó Mantis al lado de Grulla.

—No lo sé pero ya pensaré en algo —dijo Po un poco confundido.

Fenghuang lanzó varias bolas de fuego, y como Po ya sabía manipularlas desvió unas y devolvió otras, lo que solo hizo que ella lanzara más, entonces Po corrió para acercarse más a la nube, y Fenghuang descendió del cielo, trayendo consigo su oscuridad.

— ¡Cuidado, Po! —Gritó Mono.

— ¡No lo hagas, no te acerques! —Gritó Víbora.

Entonces el padre de Po apareció y atrapó a su hijo antes de que se hundiera en las sombras. Los Cinco Furiosos ayudaron a ambos a apartarse, y los demás pandas llegaron poco después.

— ¡Cuantos pandas! —dijo Jing muy confundida porque creía que Po era el único panda vivo. Todos los demás, incluyendo a Po, sin duda estaban muy impactados por ver a tantos pandas.

— ¡HIJO, ESTÁS BIEN! —Exclamó el padre de Po abrazándolo muy fuerte. Po lo miró y supo que era su padre. No podía creer que de verdad estaba vivo, con él, abrazándolo. Era una impresión grande, maravillosa. Ninguno de los presentes pudo evitar ver la alegría tan grande de ese abrazo de reencuentro, pero uno de ellos reaccionó más rápido que los otros.

—Odio interrumpirlos, en serio, —dijo Mantis— pero ahí viene Fenghuang y hay que detenerla.

Y todos se hicieron en fila uno al lado del otro para enfrentarla. Toda China peligraba, pero después de lo que habían vivido y visto todos los presentes no tenían temor, todo era posible para los que luchaban con alma y corazón hasta el final. El clan de los pandas no fue destruido porque siempre fue fuerte, Po logró no solo ser el Guerrero dragón, sino también la Paz interior, Los Cinco Furiosos eran grandes Maestros que se han enfrentado incluso a diez mil enemigos, y Jing hizo lo suyo protegiendo a su pueblo de los bandidos durante más de una década.

Pero Fenghuang tenía otros planes antes de destruirlos a ellos. Empezó a disparar al Palacio, que comenzó a derribarse parte por parte.

— ¡LUNG! —Gritó Jing.

Continuará…