Nota: En este capítulo incluyo algunas frases de Eclipse y Amanecer. Son de Stephanie Meyer y de su Saga, lo mismo que los personajes. Yo sólo juego con ellas. Esta es mi propia versión de la historia.
21. Hasta la última de las hormonas.
-Pshh! Bella. Despierta.
Bella sonreía a la luz encendida de su lamparilla de noche inmersa en su sueño y aunque la había movido varias veces ni siquiera se había percatado. Lo intentó una vez más, acariciándole el hombro desnudo e incluso besándole la mejilla, pero aún tardó unos segundos en abrir los ojos.
Soñaba en una playa desierta de arena fina y clara y agua cristalina. Era la playa perfecta porque aunque no había ni una nube, el sol tampoco le quemaba la piel como el abrasador de Florida y como estaban solos se podrían bañar en el mar. Ella entró primero tendiéndole la mano para que le siguiera y cuando lo hizo la aferró para besarla de esa manera que sólo él sabía, incluso haciendo que saltara a horcajadas, así que cuando abrió los ojos al oír que alguien la llamaba y notar que alguien la movía y vio que sólo había sido un producto de su subconsciente, se sintió terriblemente decepcionada.
-¿Qué…?- se incorporó, apoyándose en un codo- ¿Qué ocurre?
Edward estaba en su habitación. Y sentado en su cama, para ser más exactos. Y eso que le había dejado más que claro mientras preparaban el sofá-cama entre los dos que no se le ocurriera volver a colarse debajo de su sábana sin previo aviso ahora que Renee parecía tan encantada con la boda porque era todo un golpe bajo a su caballerosería. De hecho, su madre había aceptado tan bien el compromiso que sacó de uno de los armarios un Álbum de recortes que según le contó había ido coleccionando durante toda su vida para darle ideas para el día que se casara, así que la había tenido más que engañada con sus ideas contra el matrimonio.
Alice se sentiría muy irritada si viera las fotografías de vestidos de novia que su madre había guardado cuando el suyo lo había diseñado ella misma.
Estaba rodeada de traidores, era increíble.
Bien pensando quizás que su madre aceptara que se casara a los 18 era el sueño y seguía con Edward en su playa paradisíaca.
-Vístete- contestó él con una sonrisa para saltar de la cama.
-¿C…cómo?- balbuceó quedando sentada.
Edward cruzó la habitación - completamente vestido y no con pijama como le había visto la última vez - hasta llegar a la ventana y abrirla.
-Ponte un pantalón y unas zapatillas. Quiero enseñarte algo.
Y sin más, como hacía antes, se apoyó en el quicio de la ventana y saltó fuera. Vale, sólo era un primer piso y al instante se asomó para volver a meter la cabeza dentro pero era bastante desconcertante.
Seguía soñando, seguro.
-¡Vamos!- exclamó a media voz.
Se deslizó de la cama meneando la cabeza y obedeció: sacó del armario uno de los 300 pantalones cortos que Alice le había metido en la maleta y se dejó incluso la camiseta del pijama - si es que aquello seguía siendo un pijama. Después cogió sus zapatillas deportivas y fue a la ventana. Edward le sonrió desde afuera, le dijo que no tuviera miedo que él la recogería y recordando que no hiciera ruido que su madre dormía le tendió los brazos para que saltara.
-¿Qué tramas?- preguntó divertida.
Edward le volvió a chistar para que se callara y tomándole de la mano cruzaron el jardín de la casa para llegar a la calle principal, totalmente solitaria a esas horas. El perro que había oído la noche anterior también ladraba en la lejanía, pero excepto eso y el cantar de las cigarras nada más irrumpía en la tranquilidad.
-¿Te has fijado que cielo tan estrellado hay aquí? En Forks nunca he visto tantas luces en el cielo, ni siquiera cuando no dormía.
Bella sonrió y miró al cielo, tomando incluso del brazo para apoyarse en él, lo que le contestó besándole la cabeza. ¿Un paseo romántico? Que buena idea. Con la bomba de la noticia, Renee no se había separado ni un ápice sin dejarles un momento a solas y su actividad se había intensificado aún más como si quisiera mostrarles en menos tiempo las ventajas que tenía vivir en Florida que no encontrarían en ninguna parte.
Como aquel cielo, por ejemplo. Edward tenía toda la razón. Sobre ellos se extendía un manto oscuro iluminado por miles de gotitas titilantes que en Forks jamás podría ver por culpa de su humedad, lluvia y toneladas de nubles aborregadas.
-Ni en Alaska- añadió Edward.
-¿Alaska?- repitió Bella extrañada.
Alaska. Alaska. ¿A qué venía acordarse de Alaska en mitad de la noche con aquella humedad ambiental por la que seguía sudando aunque no hiciera sol? A no ser… Esa misma mañana ella había pensando también en Alaska cuando…
-Hablabas con Alice por teléfono- dijo enfrascada en su memoria- Ella te dijo que he decidido que quiero que vivamos en Alaska.
Edward meneó la cabeza sopesando la posible contestación y sin dejar de caminar y mirando al frente, respondió tras mojarse los labios:
-Es sólo una solicitud, amor: He mandado una veintena en tu nombre y aún faltan un montón por llegar. No tienes por qué sentirte obligada porque sea el primer sitio donde nos han aceptado a los dos: si quedarte aquí en Florida, con tu madre, es lo que quieres, viviremos aquí.
Bella frunciendo los labios para convertirlos en una línea, negó con la cabeza para incluso apoyarse en su hombro.
Edward esperó a que contestara. Un paso, otro y otros más, pero como emitió sonido y por ese lado no estaba consiguiendo nada sin rebelar los datos del futuro con los que contaba de los que no se sentía nada orgulloso de haber solicitado, insistió:
-Está bien, ¿qué tengo que hacer para que cambies de idea?
-Nada- Bella detuvo el paseo, incluso soltando sus manos- Si Alaska es el único sitio donde nos aceptan a los dos, iremos allí, y si a ti te aceptan en Dartmouth y a mí no, nos mudaremos a Nueva Inglaterra y yo iré a clases nocturnas o algo así. No voy a dejar que no cumplas tu sueño de poder estudiar Medicina por culpa de mis penosas notas.
-Mi sueño es estar contigo.
Negó con la cabeza otra vez, le volvió a tomar la mano y como si no hubieran cruzado palabra, retomó el paseo hasta refugiada tras su hombros. Edward la miró, le besó la cabeza, la atrajo más contra sí e intentó sonsacarle la información que la Bella que procuraba contentar a todo el mundo no compartía. Si él hubiera podido leer la mente de Alice cuando tuvo esa visión en concreto todo sería más fácil, pero ahora tenía que tantear el terreno como cualquier novio humano que quiere hacer feliz a su novia.
-¿Me quieres contar que es lo que ha pasado para que de repente, en un paseo con tu madre bajo el sol con este calor, hayas decidido que Alaska es donde quieres que nos mudemos?
Bella suspiró. Podía decirle cualquier cosa. Sacar el tema del dinero, pero sería enfrascarse en la misma discusión de siempre donde Edward decía que su dinero era de ambos y que no debía de preocuparse, cuando además sabía que Carlisle lo había arreglado todo a nombre de los dos. O dejarlo en manos del destino y de sus notas que seguro que no le proporcionarían plaza mejor, pero como ya había ocultado la verdad en muchas ocasiones y eso sólo había hecho mucho daño a Edward, exhalando el aire lentamente contestó:
-Alaska está lo suficientemente lejos de Forks. Lejos de tu familia. Y si tú estás condenado a no ver más a los tuyos, creo que es justo que yo tampoco pueda ver más a Charlie y a Renee.
Edward se detuvo, visiblemente molesto.
-No se trata de eso, Bella. No es una guerra de sacrificios.
-Puede que tú no lo veas así, pero yo sí.
-Tendré que perderles a ellos, pero te tendré a ti.
-Lo mismo me pasará a mí. No volveré a ver a Renee ni a viajar a Forks a visitar a Charlie si tú no puedes ponerte en contacto con tu familia.
-Bella…
Bella levantó la mano haciendo un gesto para que se callara, apretando los puños a continuación de pura frustración a la vez que se batía.
-Da igual lo que me digas: lo he decidido- rebatió- Y si Alice te lo ha contado sabes que no pienso cambiar de idea, así que espero que ya haya comprado mucha ropa de abrigo si no tienes tu carta de aceptación de Dartmouth. Tú decidiste volver a ser humano y yo he decidido perder también a mi familia. Y no voy a discutirlo más.
Edward exhaló el aire de golpe para no soltárselo todo: que no hacía falta que actuase así porque los dos tenían ya su plaza asegurada y que Nueva Inglaterra sería genial, donde una casa llena de muebles escogidos magistralmente por Esme y Alice les esperaban, pero Bella parecía tan segura que lo dejó para decirle lo que realmente sentía: que fuese el escenario que les rodeara, no importaba lo más mínimo.
-Está bien- la abrazó para besarla en la cabeza- Estaremos juntos. Sea donde sea.
Bella asintió, cerró los ojos y se quedó unos instantes contra su pecho escuchando el latido de su corazón mientras repetía el beso de la cabeza y añadía acariciarle el pelo. Después la volvió a tomar de la mano y dieron unos cuantos pasos más.
-Es aquí- dijo deteniéndose delante de una verja con una puerta.
-¿El qué?- preguntó ella extrañada.
Lo había visto esa tarde cuando volvían de la ciudad con su madre a aquella velocidad tan poco legal. Le había parecido una terraza transitada, algún tipo de local social ya que gente de varias edades entraba y salía, pero a esas horas estaba cerrado y desierto.
Edward no le contestó, cambió el rictus contrariado que tenía hacía unos instantes como cada vez que no se salía con la suya y le sonrió con su gesto retorcido para abrir la verja, sin más, como si entrara en aquel sitio todos los días. La puerta chirrió a la vez que el ladrido del perro se intensificaba posiblemente molesto por el ruido.
-¿Dónde vamos? ¿Qué es esto? Vamos a meternos en un lío, Edward.
Pero Edward siguió avanzando sin separar los labios. Cruzaron un camino empedrado rodeado de farolillos que iluminaban sus pasos y se abrieron hacia un cenador de asfalto con mesas y sillas para doblar una esquina y bajar una pequeña rampa.
-Espero que recuerdes que si tenemos que escapar de que alguien llame a la policía, tu velocidad ahora es igual a la mía- insistió Bella.
Y sin más, la soltó. Bella tuvo que mirar a su alrededor para darse cuenta de donde se hallaban: una piscina, rodeada de un jardín e iluminaba por los mismos farolillos del camino además de una luz difusa que provenía del fondo azul.
-¿Cómo…?- señaló hacia adelante y hacia él, que seguía sonriéndole pero ahora de oreja a oreja- ¿Cómo sabía que aquí había una piscina?
-Me sorprende que tu madre no lo recordara cuando esta tarde empezó a enumerarnos las comodidades de Jacksonville- se rió- Esta mañana me la enseñó. Es la piscina de la comunidad de vecinos. ¿Creías que iba a dejar que pasaran las vacaciones sin bañarnos juntos?
Se volvió a reír, de esa manera que le llenaba el corazón de felicidad, se quitó las zapatillas en un paso y dando un par de saltos se zambulló de cabeza completamente vestido. Si Bella no hubiera pestañeado y hubiera cerrado la boca por la sorpresa hubiera disfrutado más del espectáculo que fue verle lanzarse al agua como un campeón olímpico, pero el ladrido del perro la estaba poniendo nerviosa, las sombras parecían amenazadoras y seguro que Renee olvidaba la felicidad del compromiso si la policía la llamaba porque su hija había allanado una propiedad privada.
-Edward, creo que deberíamos irnos.
Se acercó al borde salpicado por su salto, pero excepto su figura difusa al fondo - era una mancha de un azul más oscuro que los azulejos- y un par de burbujas no consiguió nada más. Esperó unos instantes que le parecieron horas, pero cuando no le vio moverse, sí que se alarmó, el corazón le saltó del susto y se descalzó también para tirarse al agua asustada hasta más no poder.
La temperatura le sobrecogió por completo y de la impresión estuvo a punto de soltar todo el aire porque no esperaba que estuviera tan helada, pero aún así intentó nadar hacia abajo. En esos momento no recordó lo mala nadadora que era y que bucear nunca se le había dado demasiado bien porque nunca ganaba la lucha contra su línea de flotación que la hacía ir hacia la superficie, pero ahora eso le importó un bledo. Abrió incluso los ojos para ver oscuridad distorsionada, dio un par de brazadas y…
… alguien tiró de ella por un brazo, después por la cintura y unos labios se posaron sobre los suyos mientras su fuerza era evidentemente mayor que la suya y les hizo subir hacia la superficie para llenar el aire de nuevo con carcajadas.
-¡No tiene gracia!- tosió Bella salpicándole de un manotazo- ¡Me has asustado! ¡Creía que te había pasado algo!
-Tonta Bella- volvió a reír- Estoy perfectamente. Mejor que perfectamente: no me había sentido así en todas las vacaciones.
Bella suspiró divertida, negó con la cabeza, se apartó el cabello mojado hacia atrás y se apoyó en sus hombros para rodearle la cintura con sus piernas. No le sorprendía nada que Edward fuese mejor nadador que ella y que eso tampoco fuera producto de la ponzoña porque les sujetó a ambos a flote con el menor esfuerzo. Le sonrió, la volvió a besar en los labios ahora sonoramente y así hizo que se desplazaran lentamente de un lado a otro de la piscina.
¿Era posible que estuviera más atractivo que por la mañana en el porche de la casa de Renee o por la tarde cuando aguantó estoicamente como ella la visita turística por Jacksonville sin perder la sonrisa? El cabello mojado y revuelto le quedaba incluso mejor que seco, los ojos le brillaban al reflejo del agua y las luces del fondo de esa piscina habían sido diseñadas pensando en él, hasta con la ropa pegada.
-Cuando me despertaste estaba muy molesta porque estaba teniendo un sueño realmente bueno, pero ahora veo que ha merecido la pena.
Sonrió con su gesto retorcido para besarla de nuevo a la vez que llegaban al borde de la piscina para preguntar levantando una ceja:
-¿Y de qué iba?
-De nosotros dos, en una playa.
-Mmm…- ronroneó en otro beso- Interesante…
Bella también sonrió y entrelazando sus dedos en su cabello mojado ejerció la presión necesaria en su nunca para que el beso no fuera un simple roce en los labios y durara más. Tocó el punto clave de Edward porque obedeció al segundo intensificando la pasión, tanto que la apretó contra la pared de la piscina y su cuerpo sin necesidad de sostenerla para que flotase.
La otra mano que le quedaba libre se sumergió en el agua para investigara qué había debajo de las prendas mojadas, por ejemplo, la camisa: Edward había estado muy preocupado con el hecho de tener que mostrar piel por culpa del calor para que Renee no notificara las cicatrices pero había sido un éxito no desabrochar más botones de la cuenta o no apartarse un milímetro su reloj o la muñequera porque su madre había tenido la atención centrada en otras muchas cosas.
Un botón fuera, otro botón le siguió…
… y esa fue la llave exacta para que Edward dejara de besarla de golpe.
-Estás temblando, Bella- dijo conscientemente serio- ¿Estás bien?
Batió la cabeza como si la pregunta no fuera con ella y en ese momento se dio cuenta de que Edward sí que estaba en lo cierto, temblaba, todo su cuerpo e incluso ahora que sus labios no estaban ocupados en los suyos se le movían hasta con castañeteo de dientes. Una simple ojeada al brazo que llegaba hasta la nuca de Edward le sirvió para ver que tenía todo el bello de punta así que era absurdo mentir.
-Hace un poco de frío.
Pero sonrió quitándole importancia y se volvió a adelantar hacia él en dirección exacta hacia sus labios, que le bloqueó para girarse y nadar hasta la escalerilla tirando de ella rodeándola de la cintura.
-Vamos a casa. Ha sido una tontería. No quiero que te pongas peor- respondió con voz severa.
Intentó resistirse. Oh, que frustración. Si antes le había sido imposible bucear unos centímetros, peor se lo ponía cuando la tenía soldada a su cuerpo como si fuera la única víctima de una tragedia marítima, así que no le quedó más remedio que seguirle con un penoso estilo a braza comparado con el suyo y eso que lo hacía con un solo brazo.
Tosió cuando una de las olas que formaban los movimientos de Edward le dio directamente en la boca, se apartó el pelo pegado y ahí intentó hablar.
-¿Peor?
Edward esperó a hacerla llegar a la escalerilla, a impulsarla para que subiera un par de escalones sin soltar su cintura y cuando ya estuvo fuera del agua y él empezó a escalar, contestó:
-Alice me ha dicho que hoy te has vuelto a poner enferma. Gracias por ser tú quien me lo contara.
Bella se giró para encararle con cara de indignación e incluso su enfado le impidió comprobar lo bien que le quedaba toda la ropa empapada pegada a su cuerpo e incluso los dos botones más desabrochados. Le miró entrecerrando los ojos y sólo relajó su expresión para retorcerse el pelo que hizo que el agua sonara estridente al chocar con el suelo.
Traidores todos. Él y Alice. Espiándole en todo momento. Se sentía terriblemente mancillada. Allí no había manera de ocultar nada, ni un simple mareo por culpa de la conducción de su madre.
-¿No crees que estás dependiendo mucho últimamente de las visiones de Alice?
Edward le devolvió la mirada indignada pero él fue más inteligente y no separó los labios porque seguro que no quería verse enfrascado en ninguna discusión absurda. Se puso sus zapatillas aunque claramente se quedaron encharcadas con lo que chorreaba del pantalón y rescató las de Bella para tendérselas.
-Sólo quiero cuidar de ti, y así no me ayudas en absoluto.
Bella suspiró, se calzó y lo dejó por imposible cuando recordó la conversación con su madre, la manera en la que ella los había percibido donde la protección estaba por encima de todo y la frase es como si ambos estuvierais dispuestos a interponeros de una bala para salvar la vida del otro retumbaba sobre el ciento con los que los había definido. Si fuera él el enfermo - o el accidentado como meses atrás- ella también estaría súbitamente preocupada y recurriría a las visiones de Alice para asegurarse de que todo tendría un buen desenlace, ahora que aún podían valerse del don de la hermana de Edward.
-Perdona- dijo exhalando el aire pesadamente- Pero no tiene la mayor importancia. ¿Ves? Ya estoy sana como un buey.
Edward meneó la cabeza como si no la creyera en absoluto, pero al menos se acercó para abrazarla y besarla en la cabeza a la vez que la mecía. Estuvieron así unos segundos, unos instantes en los que incluso la humedad de la ropa no le molestó, menos la especie de vacío que hacían las suyas en contacto con las de él hasta que el ladrido del perro molesto se intensificó a la vez que unas voces al fondo del jardín.
Hizo falta solamente que los dos miraran hacia allá para ver a un hombre vestido de azul con una linterna para saber que realmente iba a ser un problema que les pillaran allí y que si no escapaban el lío por el que temía Bella iba a ser muy pero que muy real.
Edward volvió a tirar de ella y así echaron a correr. Puede que el tipo les gritara algo, para empezar que se detuviera y qué hacían allí, pero a esas alturas ya estaban donde la verja para seguir corriendo camino de casa de Renee.
-¿Qué decías sobre la velocidad humana?- añadió Edward divertido.
Le dio un manotazo molesta e intentó que el corazón no se le saliera por la boca. Si a él le gustaba tanto correr como cuando era vampiro, a ella no le agradaba la idea en absoluto, y menos con ropa mojada y zapatillas encharcadas. Dignamente se le adelantó para cruzar hacia el jardín trasero sin saber muy bien donde poner los pies entre tanta planta de la última obsesión de su madre, como si pasara por allí todos los días hasta que, para variar, y como la torpe que era que no podía caminar sobre asfalto, se tropezó.
Apenas trastabilló hacia adelante para apoyarse en una de las palmeras cuando dos brazos ya estaban allí para ella, como antes. Lo que pasa que ahora cálidos y húmedos. Se zafó de él para mantener la compostura, pero en el siguiente paso que buscaba tierra firme se enredó con algo que ahora casi se cae.
Los brazos de Edward volvieron a estar allí y aunque le miró rápidamente ya ni siquiera había ese atisbo de diversión de las frases anteriores o las carcajadas entre dientes que se le escaparon en la carrera, así que seguro que se había molestado por el manotazo, por lo que ahora dejó que la ayudara.
-¿Te has hecho daño?- preguntó en su tono severo.
-Sólo en mi dignidad. Creo que me he enredado con algo.
Intentó examinarla pero con la escasa luz lo dejó por imposible así que se posicionó delante de ella, en una postura que conocía muy bien… antes. Flexionó las rodillas para que quedara a su altura y así le tendió las manos desde la espalda.
-Sube. Ya basta de aventuras por hoy.
Bella se rió. ¿Qué subiera? ¿A su espalda? No dudaba que pudiera con ella ya que la noche anterior la mudó del sofá-cama a su habitación sin que apenas se inmutara pero era todo un todo cómico. Y chocante. Seguía sin ser Alice que trepaba de ventana a ventana con ellos a cuestas y tenía la misma capacidad visual que ella en la oscuridad que era pésima tirando a nula.
-No seas cabezota.- insistió Edward- Sube de una vez. Despertaremos a tu madre.
Obedeció sin cesar de reír y se cogió bien a sus hombros para incluso besarle la mejilla como él hacía. Eso sirvió para que Edward se relajara, quitara su rictus de sobriedad y le sonriera, gesto que vio al llegar a su ventana abierta con la lamparilla encendida.
La dejó sentada en el quicio de la ventana para que se deslizara hacia el interior y después él saltó sin mayor problema. Una vez dentro la volvió a coger en brazos y así la sentó en la cama.
-Estoy bien, en serio.
Edward no habló. Le estiró la pierna manchada con tierra por el tropezón y se la limpió cuidadosamente con el pico de su camisa mojada para comprobar que no había ningún daño mayor que un simple rasguño para después quitarle las zapatillas y que se sentara en el centro de la cama.
-Estás helada. Traeré toallas.
Se levantó para caminar hacia el cuarto de baño y salir con las toallas enormes de ducha con la que envolvió a Bella, después abrió uno de los cajones del armario que compartían y le tendió uno de los mínimos pijamas de Alice, éste de color azul celeste. Bella le sonrió y se puso la toalla por debajo de los hombros a la vez que él hacía lo mismo con la otra toalla al anudársela en la cintura para quitarse primero las zapatillas deportivas, después la camisa - que hizo un ruidito más gracioso al llegar al suelo- y después los pantalones por debajo de la toalla.
Fue divertido verle escoger un par de ropa interior del cajón compartido y ponérselo bajo la toalla sin que asomara un ápice bajo ella.
-Quítate esa ropa mojada- insistió al sentarse con ella en la cama para usar su toalla en secarle el pelo.
Debió obedecer rápidamente porque la humedad en ciertas partes ya era de lo más incómodo pero solamente puso los ojos en blanco en un par de ocasiones cuando entre ir estrujando sus mechones uno a uno le regalaba besos en la cabeza. Así que cuando él decidió que estaba tardando demasiado, se quedó de rodillas frente a ella y la ayudó a ir deshaciéndose de la ropa.
Le secó las piernas cuidadosamente como antes haciéndole cosquillas con la felpa rizada, para llegar al pantalón corto y desabrochárselo, que se unió a su ropa en el suelo. Subió por los brazos, llegó hasta los hombros, le bajó lentamente los tirantes y después le envolvió en la toalla para pasársela por debajo de los brazos para que Bella pudiera quitarse las prendas del mismo modo que hizo él.
Bella pensó primero que era una tontería porque ambos se habían visto desnudos y quería que se siguieran viendo así segundo tras segundo, pero quizás algo había en su mente de principio de siglo que se lo impedía, así que lo dejó correr. Pero después pensó que si en ese momento le volvía a decir que no podía esperar más para leerle los pensamientos explotaría de excitación así que intentó igualar la situación: dejó la toalla caer, se sacó la camiseta por la cabeza para tirarla al suelo - con su ruidito gracioso - y así se quedó de rodillas como él para besarle de la manera más apasionada que pudo, igual que en su sueño.
Podían pasar dos cosas: que le rechazara de esa manera educada suya y que se bajara de la cama con cualquier excusa, o que le respondiera. ¡Y eso fue! La aferró para estrecharla contra él - piel aún húmeda y fría por piel seca y calentita - y antes de darse cuenta ya estaba debajo y con la cabeza acomodada en la almohada para que Edward comenzara con los besos por el cuello y los huesos de la clavícula.
-Como me alegro de que hayas cambiado de idea…- susurró-… sobre la caballerosidad.
No se inmutó durante unos segundos, e incluso siguió con los besitos hasta casi bajando al ombligo. Pero - maldita sea- cuando llegó allí, tiró de nuevo de la toalla para envolverla y le tendió el pijama abandonado insistiendo para que se lo pusiera.
-No he cambiado de idea. No creo que sea respetuoso que hagamos nada en casa de tu madre sin estar casados.
Y sin más, se incorporó para quedar sentado. Sin respiración agitada como la de ella, sin llamita de lujuria en los ojos y sin mejillas encendidas en la cara.
-Ahora que el compromiso es oficial- añadió- que lo sabe tu familia y la mía, me gustaría que respetásemos la idea de esperar al matrimonio. Aunque sea un poco tarde- dijo para suspirar divertido.
¡Traidor! ¡Traidor! ¡Traidor! ¡Y mil veces traidor! ¡Que pensado lo tenía todo! La engatusaba para un paseo romántico, después se tiraba a una piscina para quedar mojado y con la ropa pegada, la secaba con besitos para que explotara de deseo y ahora… ¡le soltaba eso!
Y aún decía que su mente humana era más lenta que la de vampiro.
¡O que tenía más autocontrol!
Al menos como vampiro nunca iba tan lejos para que sus hormonas se desbocaran.
-¿Qui…-balbuceó, ahogada por su indignación-quieres que no volvamos a acostarnos hasta que nos casemos?
-Bueno, tenía la intención de compartir la cama hasta que te durmieras, como ayer, pero si ese es tu deseo…- respondió con su sonrisa angelical y brillante.
-Muy maduro, Edward. Y no estoy de broma. ¿Quieres que no volvamos a tener sexo hasta la boda?
-Fundamental y primordialmente, sí.
-¿Qué pasa contigo? ¿Y tus hormonas? ¿Alice olvidó meterlas en tu maleta? ¡Porque yo me he traído hasta la última! No puedes hacer eso. ¡Podría… explotar ahora mismo!- exclamó- ¿Es acaso algún tipo de maniobra para que deseé casarme contigo cada vez más?
-¿Lo consigo?- preguntó levantando una ceja.
-No sabes a qué rapidez- dijo entre dientes.
Edward se rió para abrazarla y así la estrechó envuelta en su toalla.
-Apenas faltan ocho semanas- Bella puso los ojos en blanco al saber que ya lo tenía hasta contado- y vamos a jurar unos votos que son muy importantes: sobre el respeto y la adoración. Ya nos hemos dejado llevar bastante por los instintos humanos. ¿Lo harás por mí?
Bella levantó una ceja pensando que como si le quedara otro remedio, pero asintió y le devolvió el abrazo para a continuación ponerse la parte de arriba del pijama y hacer el movimiento absurdo de cambiarse las braguitas debajo de la toalla. Lo tiró todo al suelo - aunque bien pasó ganas de arrojárselo a la cara - y en un par de movimientos abrió la cama para meterse dentro y que él le siguiera. Se echaron como antaño: ella de lado y apoyada sobre su pecho - desnudo, cálido y con corazón latiendo - para que le comenzara a acariciar el pelo mientras le besaba la cabeza.
Apenas bastó unos instantes de relax e inspiraciones y espiraciones de Edward para que se olvidara su indignación y bostezara somnolienta.
-¿Bella?- dijo él.
Sobre su pecho apenas asintió y emitió una especia de ronroneo así que siguió acariciándole el pelo hasta que se quedara completamente dormida para moverse. Ahora eso era mucho más difícil que antes porque a él también le picaban los ojos, el sueño le vencía y tenía ganas de bostezar pero tenerla así sólo para él bien merecía la pena. Podría quedarse así hasta la eternidad y eso ya no tenía el mismo significado que antes. Continuó mirando cada rincón de la habitación, memorizando cada esquina y esperando que Alice también para poder plasmar algo de sus recuerdos de infancia en su casa de Nueva Inglaterra. Sólo así dejó de acariciarle para susurrar de nuevo:
-¿Bella?
-¿Mmm?- murmuró comatosa.
-También te van a aceptar en Dartmouth.
Asintiendo de nuevo, se apretó contra él así que quizás en su subconsciente le había quedado parte de la información.
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Noe.
