Disclaimer: Harry Potter no nació de mi cabeza, no soy Jotaka.


Capítulo 22

Querida Astoria

Me enteré que ya regresaste de luna miel. Cuánto me alegro. Ahora podemos volver a conversar, ¿sabes? Ahora sí puedes decir que realmente estás casada. Ahora es que empieza lo bueno, querida.

Con amor,

Daphne.

Astoria Malfoy arrugó la carta entre sus manos. Daphne siempre aprovechaba para incomodarla, para fastidiarla. Eso no importaba pues ya estaba acostumbrada, pero… "Ahora es que empieza lo bueno". Lo bueno… ¿Qué era para Daphne "lo bueno"? "Ahora sí puedes decir que realmente estás casada". Si casada era lo que… Astoria cerró los ojos. No le importaba que Daphne buscara molestarla. Lo que realmente le… pesaba era que tenía la razón. Maldita sea, la tenía.

Esto era estar casada. Vivir en una Mansión gigantesca. En la compañía ocasional de su agradable suegra, la cual siempre tenía algún comentario puntilloso que hacer. Aguantando miradas de apreciación de su suegro, que la hacían sentir como una yegua de cría en vez de una capaz bruja. Y recordando a su esposo únicamente por las fotografías en la pared. Astoria suspiró. Dos semanas. Dos semanas sin ver ni un mechón de los cabellos rubios platinos de Draco. Dos semanas sin saber de él, Sin oírlo. Sin sentirlo. No dormía con ella; cuando Astoria se despertaba y miraba hacia el lado opuesto, palpaba la sábana, fría y vacía, y sabía que Draco había pasado la noche en otro lugar. Quizás hasta con otra mujer.

— Así son todos — comentó Narcisa en el desayuno de ayer —; primero, te colman de atenciones, te hacen sentir especial, y te aseguran que siempre va a ser así… luego, muestran su verdadera cara. De estar todo el tiempo a tu lado, te quedas sola. Él tiene cosas que hacer: un trabajo, unos documentos, un viaje, quizás una querida por ahí…

— ¿Qué?

— Oh, cariño, lo siento… Olvidaba lo joven que eras. Perdona mi cinismo, querida. Tantos años al lado de Lucius me han enseñado que… — Ella sacudió la cabeza —. De todas formas, ellos siempre vuelven. Siempre, así que no te preocupes por ello.

Astoria había farfullado una excusa y había vuelto a su habitación. Boca abajo en su cama, había llorado por todo lo que no había llorado. Por ser tan tonta. Admiraba a Draco, lo amaba incluso, pero sus sentimientos no eran correspondidos; debía recordarlo. Tenía que recordarlo siempre, pero lo había olvidado y había vuelto a caer en el encanto de Malfoy. ¿Es que no aprendía? ¿Es que todo por lo que había pasado (el rechazo del rubio, sus comentarios contra ella) no le habían enseñado nada? Parecía que no. Astoria enterró la cara entre sus manos.

Estaba casada. El anillo en su dedo anular probaba su estado civil. Pero ella no se sentía casada. No tenía la compañía de su esposo. Estaba atrapada en un matrimonio sin amor - por un año, se recordó, es sólo por un año. Y se sentía tan… tan sola en una casa tan grande. Tan sola.

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— ¿Estás segura de que renuncias?

— No puedo hacer nada, Gen. Es mejor irme ahora cuando todavía la temporada no ha empezado, cuando puedes conseguir un reemplazo, que irme después y…

Gwenog Jones suspiró.

— Entiendo a lo que quieres llegar. De verdad lo hago, pero te repito una vez más, ¿estás segura?

— Sí, Gen. Estoy segura.

Gwenog asintió.

— Eres una de mis mejores jugadoras.

— Lo sé. Y siento ponerte en este aprieto, con el comienzo de la temporada tan cerca pero…

— Estás embarazada y quieres dedicarte a tu hijo — completó Gen por ella.

Ginny asintió.

— Quiero formar una familia. Me casé y voy a tener un hijo de mi esposo, nuestro hijo.

— Entiendo, no lo acepto, pero lo entiendo.

— Gracias, Gen.

Ginny la abrazó y Gen correspondió ese abrazo. Se estrecharon una a la otra. Porque antes de ser capitán y subordinada, eran amigas. Y las amigas se apreciaban, se estrechaban en un abrazo como muestra de cariño.

— Espero que no te arrepientas, Gin.

— Espero que no.

— Y que ese hombre valore el regalo que le estás haciendo.

— Oh, lo hace, descuida.

Unos minutos después, Ginny Potter salía del estadio de las Arpíes de Holyhead. Su esposo Harry la esperaba, apoyado contra una de las paredes del estadio. Al verla, se alejó de la pared y fue a su encuentro.

— ¿Y bien?

— Estoy fuera del equipo. No volveré a jugar con las Arpías — aseguró Ginny.

Harry asintió.

— ¿Estás segura?

— ¿Por qué me preguntas eso? Claro que estoy segura — exclamó la pelirroja.

— Sólo quiero cerciorarme, Gin. Sólo eso.

Gin le rodeó el cuello con sus brazos y lo besó.

— Estoy — beso — cien por ciento — beso — segura — de que quiero — beso — dedicarme — beso — a ti y a mi hijo. ¿Te convence eso, Harry?

Harry que tenía los ojos cerrados, replicó:

— No, aún no estoy convencido.

Ginny rió.

— Vamos a casa, señor Potter.

— A la orden, señora Potter — accedió Harry.

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— ¡Ron! ¡Ron espera! ¡Ron!

Ron Weasley se volteó bruscamente y Hermione estuvo a punto de perder el equilibrio. Bufando, Ron consiguió estabilizarla en sus dos pies.

— Ron…

— ¿Qué?

— Necesito que sepas que… — se interrumpió y tomó aire —. Mira lo que…

— Habla de una buena vez, Hermione.

La aludida parpadeó.

— ¿Hermione?

— Ese es tu nombre, ¿no?

— Pero tú no me llamas Hermione. Tú…

— Termina de hablar, ¿quieres? — la interrumpió —. No tengo todo el santo día.

— Ron, lo siento. De verdad…

— ¿Crees en serio que con un "lo siento" arreglarás todo?

— Ron…

— No, dime, Hermione. ¿Crees que con un "lo siento" arreglarás todo?

— Yo creía que… yo creía que sí.

— Tú creías — repitió Ron —. ¿Ves? Ese es tu problema. Crees que todo se arregla con un "lo siento". Que yo voy a escucharte, voy a perdonarte por esta mierda, y que luego lo voy a olvidar — Hermione fue a hablar, pero Ron fue más rápido —. Crees que lo sabes todo, ¿no? La gran Hermione Granger que lo sabe todo. Que nunca se equivoca, todos los demás lo hacen, todos los demás deben pagar penitencia, ¿no? Pero ella no, ella está por encima de todo eso, ¿verdad?

— Sabes que yo no…

— He cometido muchos errores en mi vida. Muchos… Y de varios, me arrepiento. Creí que mi error más grande fue no luchar por ti. No hacer nada cuando Malfoy te conquistó. Cuando sentí que te arrancaron de mi lado… Pero me equivoqué. Mi error más grande fue aceptar tu historia. Aceptar que nos enrrollamos y que querías ver hacia donde nos dirigía eso.

Ron sacudió la cabeza. Hermione sentía lágrimas en los ojos, pero ni siquiera le importaba. Si hubiera limpiado sus lágrimas, hubiera visto que Ron hablaba mientras lloraba. Mientras lloraba de furia y de rabia. Mientras la veía a ella llorando de dolor y de culpa.

— Mi error fue creer que en alguna parte de ti, yo despertaba algo. Que había algo en ti que me apreciaba. Pero no es así, ¿cierto?

— Ron yo…

— Sólo me viste y pensaste: oh, Ron está disponible, vamos a contarle una mentira para que me ayude en mi plan…

— No, no fue así…

— ¡Bobadas! Siempre me has usado, Hermione. Siempre, maldita sea. No hubieras tenido amigos de no haber sido por mí. Yo fui el que te convencí para que buscáramos un sapo arrugado y feo porque a ti te horrorizaban los sapos; y no, no lo hubieras hecho si yo no te hubiera dicho que tal vez si le conseguíamos el sapo a Neville, tendrías un amigo… Porque no te bastaba con tenerme como amigo, querías tener más. Estabas tan asustada de Hogwarts, del mundo mágico y todo eso, pero también estabas tan emocionada por empezar y hacer amigos, que me usaste para tenerlos.

— Eso no es…

— Tal vez no. ¿Pero recuerdas Wingardium Leviosa? ¿Y la cerilla que debíamos transformar en alfiler? Ahí demostraste que eras la más inteligente de la clase, ¿no? ¡Pero a costa mía! Dejaste que te retara, que te dijera que no podías, para demostrar que sí podías y que todo el mundo te viera. Que todo el mundo dijera: oh, la necesito para aprender.

— ¡Estás siendo muy injusto!

— Tal vez… ¿Pero recuerdas a Viktor Krum? Si no fuera por el ridículo que hice pidiéndole su autógrafo, tú no hubieras salido con él. ¡Rayos, ni siquiera hubieras podido ir al baile de Navidad! Gran idea, ¿no? Retarme a conseguir su autógrafo a sólo una semana del Baile de Navidad, muy agudo…

— Ron, sólo…

— ¡Y ahora es lo mismo! Me usaste para demostrarle que habías pasado de él. Que lo habías olvidado. Que habías encontrado alguien más. Y tenía que ser yo. No podía ser el mesero. O el botones. O alguien más. Tenía que ser yo, ¿no?

— ¡Draco no se iba a creer que estuviera con ningún otro! Tenías que ser tú, Ron. Sólo tú.

Ron sacudió la cabeza.

— Siempre me has usado. Siempre. Cuando necesitas algo, recurres a mí. Acudes a mí. Me llamas a mí — Ron empezó a enumerar con los dedos —. Cuando necesitas consuelo. Cuando el estrés te sobrepasa. Cuando no quieres que nadie te vea destruida… Vienes a mí. Y yo como un idiota… como un estúpido… siempre, siempre estoy para ti. Siempre te recibo con los brazos abiertos. Pero cuando yo te necesito… O cuando estás feliz y contenta… No, ahí sí que tú no estás. Ahí sí que estás ocupada. Sí que tienes asuntos de los cuales ocuparte. Ahí sí que no me ves a mí. De mí sólo te acuerdas cuando necesitas de mí, de resto… Olvídalo, no existo.

— ¡No es así, Ron! ¡No es así!

— ¿Ah no?

— ¡No!

Ron levantó el dedo índice.

— Dime una sola vez… Tan sólo una sola vez en que te acuerdes de mí cuando no me necesitas. Cuando no te sirvo para nada. Cuando te sientes satisfecha contigo misma. ¡Dime una sola vez, coño!

Silencio. Sólo silencio. Hermione se pasó las manos por el pelo. Una y otra vez… Y otra vez más… Ron esbozó una sonrisa amarga.

— ¿Lo ves? Yo no te importó. Nunca lo he hecho.

— Ron…

El pelirrojo negó con la cabeza.

— Tengo cosas que hacer.

— ¡Ron! ¡Ron!

Pero Ron no volvió a voltear. Y la dejó sola, en medio del porche de su casa.


Notas de la autora:

— Um… Bueno, ahí tenemos a nuestras tres protagonistas. Astoria probando las "mieles" de recién casada, con un marido muy ausente. Ginny renunciando a su puesto en el equipo de las Arpías y "convenciendo" a Harry de q eso es lo que quiere. Y Hermione…

— Arreglé un poco la historia original. Pueden imaginar que Hermione no se encontró con Neville y q por lo tanto no buscó el sapo con él. Fue Ron quien la convenció que buscara el sapo y así tendría amigos. En fin… En esta historia, ni los malos son tan malos, ni los buenos son tan buenos. Todos cometemos errores.

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