CAP 21

El domingo por la mañana Hermione, como cada fin de semana, desayunaba sola en el Gran Comedor. Tomó doble ración de Pastel de Queso Brie, en caso de que el almuerzo fuera tan malo como el día anterior.

Una vez terminado, se dirigió a la entrada del castillo a encontrarse con la Profesora Sprout para aparecerse en el Callejón Diagon.

Pero Pomona no estaba ahí.

- Buenos días Profesor Snape.

- Señorita Granger – dijo Snape con una inclinación de cabeza.

- Ha visto a la profesora Sprout? – preguntó Hermione, buscando un poco con la mirada alrededor, aunque algo le decía que ella no vendría.

- La profesora Sprout ha cancelado sus planes de este fin de semana y ha preferido quedarse a cortar tallos y ramas de higos secos abisinos –

Snape hizo una pausa ante la cara de incomprensión de Hermione. Esa no era una tarea que hiciera normalmente la profesora. Formaba parte de las prácticas en los primeros años de Hogwarts. Luego agregó:

- Al parecer los alumnos de segundo curso no solo son ineficientes en pociones.

Hermione bajó la mirada. Era incómodo oír hablar mal de otros estudiantes, así no les conociera.

- Nos vamos? – dijo Snape, enarcando una ceja y mirándola fijamente.

Hermione solo asintió. El profesor de pociones tenía una mirada escrutadora que la hacía sentir insegura e inquieta. No sabía si era por ser tan estricto y serio; pero no era fácil sentirse relajado en su presencia. No obstante Hermione hizo lo que hacía con todos los profesores que la acompañaban por primera vez:

- No es necesario que me acompañe profesor – dijo ella y al ver a Snape fruncir el ceño empezó a sentir que quizá no debió hacerlo – puedo aparecerme sola y no es necesario que me lleve y me busque… es su día libre.

Luego de un momento, en el cual Snape parecía estar pensando al respecto, contestó en un tono de voz neutro y con una expresión indescifrable: Sta Granger, Ud ha sido encargada a mí cuidado el día de hoy. Ya he interrumpido mis planes por ello, así que cumpliré con lo encomendado.

Por primera vez en esos meses Hermione sintió que realmente estorbaba a los planes de fin de semana de un profesor. Hasta ahora todos habían sido amables y la habían incluído en sus actividades.

"Tenía que ser Snape el único que fuera sincero" – pensó.

Se aparecieron en el callejón Diagon y pronto llegaron al punto donde se separaba de todos los profesores.

- Es aquí? – preguntó Snape mirando la entrada del Salón de Madamme Primpernelle.

- Si – respondió ella, esperando que Snape no quisiera esperar a que ella entrara… o peor… acompañarla dentro. El profesor de pociones no era nada tonto… aquello estaba más que demostrado.

- A qué hora y dónde debo buscarla?

- Aquí mismo a las 4pm – dijo. Metió sus manos en los bolsillos de sus vaqueros para evitar movimientos inquietos.

Snape la miró seriamente a los ojos y luego de un momento dijo:

- Trabaja Ud atendiendo al público Sta Granger? No viene adecuadamente vestida para ello – dijo viendo sus vaqueros, jersey y la túnica doblada bajo su brazo.

Ahora si estaba nerviosa. Debió sospechar que esto pasaría.

NO había pensado en una excusa para dar a Snape que fuera creíble al respecto… a fin de cuentas pensaba que era la profesora Sprout quien la llevaría ese día.

- No, trabajo en el laboratorio aquí – dijo ella. Snape subió ambas cejas.

"Mierda… lo sabe… el muy cabrón lo sabe" – pensó Hermione. Snape le había advertido ya en varias ocasiones que no subestimara su inteligencia. Parecía siempre que eso le ofendía más que la mentira dicha en si misma, pero ya la había dicho… ahora tendría que morir con las botas puestas.

Snape empezó a hablar:

- Este sitio Sta Granger – dijo señalando el Salón – es una botica de pociones inútiles y superficiales, seguramente dirigido por magos de dudosa capacidad intelectual – Hermione tuvo que hacer un esfuerzo para no reir al pensar en el supervisor del laboratorio – pero aunque sean idiotas redomados… sus pociones se venden porque funcionan. He de suponer que el laboratorio está en una mazmorra o sótano, cierto?

Hermione asintió.

- Y como Ud ha estado dentro de Gringotts, sabrá que su profundidad, incluso con los más poderosos hechizos amplificadores, ocupa el espacio subterráneo de todo el callejón Diagon sin dejar sitio para más nada. Ningún edificio en el callejón Diagon tiene sótano o mazmorra.

"Maldita sea". Hermione cerró los ojos lentamente. "se acabó el trabajo, a buscar de nuevo" – pensó con un gesto de resignación en su rostro - "Por lo menos no tendré que aguantar el reclamo del supervisor por llegar tarde hoy". Snape continuó:

- No voy a interferir en ningún aspecto de su vida Sta. Granger. Solo quiero que me diga dónde debo recogerla.

Hermione se sorprendió al oír eso. Snape no iba a delatarla con McGonagall?, pensaría lo mismo al saber a dónde iba ella cada fin de semana?

Snape esperaba una respuesta y Hermione decidió ir con una verdad a medias

- Todos los profesores me han recogido aquí siempre.

- Entonces todos han sido unos imbéciles siempre – dijo Snape sin ninguna emoción en la voz.

Hermione lo miró a los ojos. No podía inferir nada de su expresión… no sabía qué hacer… aunque debía ser realista… no podía aspirar a engañarle.

- En el callejón knockturn… a tres manzanas de Borgin y Burkes.

Snape guardó silencio un momento.

- Estaré ahí a las 4 en punto… solo espero que sepa lo que está haciendo.

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Hermione llegó media hora tarde al trabajo y escuchó los gritos del supervisor hasta que llegó Ignatius.

Se sorprendió de no volverse a cortar mientras trabajaba. Con alguien gritándote niñata inútil y consentida de modo tan irritante era difícil concentrarse. Parecía estar buscando otra excusa para echarla por el día nuevamente.

- No dejes que sus palabras te calen – dijo Ignatius – él no llega tarde nunca porque vive aquí.

- Qué?, cómo puede alguien vivir aquí?

- Hay sitios peores Hermione. Además le pagan por recibir la mercancía que debe ser procesada – él la miró durante unos segundos con la cara inclinada y Hermione entendió el mensaje. Debía recibir más de un lote de mercancías… las del Salón… y las de contrabando.

Luego de unas horas de estar trabajando y hablando de cualquier cosa Hermione olvidó los gritos del jefe y recordó el beso de ayer. Al recordarlo, sintió vértigo en el estómago… que no era más que anticipación, pero pronto se calmó al ver que Ignatius seguía igual que otros días.

Le corregía a cada rato, se reía de ella y le decía cómo hacer las cosas más rápido y mejor.

Estaban a punto de terminar cada uno con una cosa, cuando Ignatius dijo:

- Hacemos una apuesta? – tenía una mirada que Hermione no sabía interpretar del todo.

- Para qué?

- Por hacer esto más interesante. Solo trabajar aburre

Hermione pensó que aquello llevaba implícito más de lo que parecía. Cierto nivel de malicia que era evidente a la vez que sutil en eso que decía.

- No creo que me convenga apostar contigo – dijo Hermione aun sin saber de qué iba

- Te daré ventaja – la animó él.

- Explícate

- Tú eliges un ingrediente para ambos. Quien lo haga mejor… gana.

- El mismo ingrediente para ambos? – preguntó Hermione viendo el timo en esa propuesta. Ella había mejorado considerablemente en todo, pero aun no obtenía 10 en todo como él… y tampoco era tan rápida.

- Como tú quieras. Esa es tu ventaja – la dejó pensar al respecto.

- Y cuánto exactamente estamos apostando? – preguntó Hermione con un brillo en los ojos. Podría quitarle el bote entero de la porra que ganó a costa de ella si le ponía algo delicado de procesar y ella cogía algo que se le diera bien.

- Tu apuesta lo que quieras y si ganas te lo pagaré, pero yo no pensaba proponer dinero – al terminar de decir eso, dejó sus labios entreabierto y le dirigió una mirada lasciva.

Hermione sintió un latido en el bajo vientre y eso le sorprendió. Normalmente ella se hubiera escandalizado. A otra persona le hubiera reclamado tal insinuación en medio del trabajo.

En cambió encontró aquello un tanto estimulante. Quizá ella también podía apostar otra cosa que no fuera dinero… varias cosas que había deseado y no había obtenido pasaron por su mente…

Tuvo que respirar hondo para recuperar la compostura. Se le estaba yendo la olla. "Hacer lo de ayer en el baño pensando en él, no fue buena idea" – pensó.

Por muy lanzado que fuera Ignatius no podía estar proponiendo lo que ella estaba pensando.

Mejor aclarar las cosas:

- No voy a apostar a ciegas Ignatius – dijo seriamente.

- jaja, por un momento creí que ibas a aceptar y sorprenderme, chica – dijo. A Hermione no le gustó mucho el tono con que dijo ese "chica". Debía reclamarle?... prefirió pasar de ello.

- Qué pedirás tú? – le preguntó él.

- No lo sé – dijo ella enrojeciendo y desviando la mirada de él hacia su tabla y su trabajo.

- Me gusta esa respuesta – dijo Ignatius con una sonrisa de playboy - Yo quiero 10 minutos de tu tiempo.

Hermione le miró entre extrañada y decepcionada.

"10 minutos? Qué puede hacer en 10 minutos?" – pensó. Luego miró hacia los ingredientes en la mesa y decidió:

- De acuerdo – y fue directa a la mesa… cogió Cucarachas muertas para ella, la nota: "separar las alas y las patas" – lo que mejor sabía hacer y que obtenía siempre un 10 de calidad desde el segundo día – y hojas de ortigas secas para él, la nota: "cortar en tiras anchas y homogéneas".

Las ortigas, tenían pelitos que liberan una sustancia ácida que producía escozor en la piel. Como las hojas estaban secas esos síntomas eran mínimos… no obstante, eso le pareció una buena ventaja, además del hecho que, cortar tantas hojas en tiras del mismo ancho… era trabajo de chinos.

Ella solía ser muy cuidadosa y aprehensiva, casi midiendo los milímetros de cada tira… y aun así… la pesa daba 8. Por muy rápido que Ignatius pudiera cortarlas… no igualaría su maravilloso 10 en las cucarachas.

Tenía todas las de ganar… incluso si Ignatius cortaba las hojas de ortigas secas más rápido… empatarían… y ella no perdería. No que supiera aun lo que iba a pedir, pero ya tendría el resto de la tarde para pensarlo y tendría el honor de la victoria.

Le entregó a Ignatius su tazón de ortigas y cuando estuvieron ambos listos empezaron:

Hermione movía las manos a velocidad de locura. Ya tenía bastante práctica con las cucarachas y hasta sentía que podía hacerlo con los ojos cerrados. Estaba plenamente concentrada en desarticular patas y separar alas.

Cuando iba por la mitad del tazón, volteó a ver por dónde iba Ignatius.

Aun no había empezado.

Estaba separando las hojas una por una en grupitos y las miraba como si fueran joyas.

"A qué coño está esperando?, acaso está dejándome ganar?, cree que voy a pedir algo que le beneficiará a él?" – pensó Hermione.

Enrojeció al pensar que por su mente quizá pasaron cosas más intensas que por la de él… "quizá si prefiere que gane yo… así quedó yo como la que propone y él como quien dispone" – pensó.

A ella le quedaba apenas un cuarto de taza para terminar cuando Ignatius cogió por primera vez la daga.

Había separado todas las hojas y las había puesto en 5 montones donde las hojas eran iguales en forma y tamaño. Con la daga cortó todas las hojas de cada montón de una sola vez.

Solo tuvo que cortar como si cortara 5 hojas y no un tazón entero. Terminó y a Hermione le quedaban 2 cucarachas.

"Bueno… da igual que terminara antes. No sacará 10. Es imposible con eso" – pensó, pero pronto constató su error.

Ambos obtuvieron un 10.

- Bueno, ambos tenemos 10, es un empate, nadie gana – dijo Hermione en un intento de conservar parte del honor.

- Un empate? – dijo en tono incrédulo – Y una mierda un empate!... he terminado antes y el trabajo es perfecto. He ganado en tiempo y empatado en calidad… eso es un 75% de victoria.

- Que convenientes cálculos – ella trataba de mantenerse a flote a pesar de saber que había perdido.

- He ganado y tendrás que pagar por mucho que te choque – dijo con una sonrisa perversa.

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Con tanto hablar durante la mañana, no fueron muy eficientes. Terminaron casi al final de la jornada.

Al salir, quedaron en el laboratorio el supervisor y Maxime.

Ignatius recordaba muy bien la apuesta. Al cerrar la puerta del laboratorio, tomó a Hermione de la cintura, la acercó a si y la besó.

Fue un beso apasionado y hambriento, que ella correspondió por completo. Sus manos acariciaban su espalda, sus nalgas y caderas. Hermione aprovechó también el momento para sentirlo a él, era tan firme como había imaginado. Él llevó ambas manos hasta su culo y la atrajo hacia él chocando su pelvis y separando un poco sus piernas. Hermione pudo sentir su excitación.

Él hizo un movimiento de cadera que le chocó el clítoris con su polla. En un instante, aquel hombre y el deseo prendieron su cuerpo de arriba abajo y las piernas le temblaban.

Él la levantó en vilo, la llevó contra la pared más cercana sin dejar de besarla y ella cruzó las piernas a su alrededor en un acto reflejo.

De repente se detuvo:

- 10 minutos. Es todo – dijo alejándose un poco de ella y bajándola hasta que sus piernas tocaran el suelo.

Hermione estaba con la boca abierta y los labios hinchados de tanta actividad. "Cómo se atreve a parar?" – decía una voz interna. Aun pensaba en algo qué decirle a Ignatius cuando algo le hizo cambiar su atención.

- Ya ha terminado de trabajar Señorita Granger?.

Hermione había olvidado que Severus Snape iría a buscarla hasta ahí.