Capítulo 20

Rosings, la honorable mansión que ha albergado entre sus muros a la noble familia De Denali durante los últimos siglos

Creí que el Señor Newton sufriría un colapso nervioso, conforme se acercaba la hora en que nos presentaríamos en Rosings. Hasta Sir William y la Señorita Mary Stanley se contagiaron de su nerviosismo, y en dos ocasiones escuché a Mary murmurando en voz baja "es un honor conocerla, Su Señoría Lady Irina De Denali" en diferentes entonaciones de voz. Y cuando llegó el carruaje enviado por su Señoría para recogernos, llegó a la Rectoría, todos parecían estar a punto de vomitar.

Rosings era una propiedad realmente grande, sobre todo comparada con las propiedades que yo conocía, allá en Longburn. La mansión estaba rodeada por un parque muy extenso, del que no se podían distinguir los límites, y según el señor Newton, hasta un bosque propio poseía.

Un criado con librea nos abrió la puerta y nos invitó a pasar.

- Sean Bienvenidos a Rosings, la honorable mansión que ha albergado entre sus muros a la noble familia De Denali en los últimos siglos, por favor acompáñenme, Su Señoría Lady Irina De Denali los está esperando-

Nos guió hasta un amplio salón, adornado lujosa y espléndidamente. Tuve que reconocer que hasta el Señor Newton, con sus maneras ceremoniosas y exageradas, apenas había hecho una aceptable descripción de este lugar, pues la realidad había resultado más impresionante de lo que el Señor Newton pretendía hacernos comprender.

El lacayo caminó hasta el centro del salón, donde había unos sillones mullidos. En ellos, sentadas de espaldas a nosotros, se distinguía la figura de tres mujeres. El lacayo le dijo unas palabras y después hizo una seña para que nos acercáramos.

Cuando estuvimos frente a las damas, noté que a pesar de que el sol entraba por los numerosos ventanales inundando con su luz el salón, ellas estaban sentadas en el único ángulo que quedaba fuera de ellos, en las sombras, donde no se podían distinguir bien sus rostros. El Señor Newton hizo las presentaciones correspondientes.

Cuando Lady Irina escuchó su nombre, después de haber escuchado previamente los nuestros, se inclinó hacia delante en su asiento, y por primera vez pude ver su cara, lo que me obligó a recordar el parentesco entre Su Señoría y el Señor Cullen, ya que su piel era igual de pálida, sus ojos de la misma tonalidad, y sus facciones tenían la misma belleza deslumbrante, a pesar de su avanzada edad y su cabello gris.

Las otras damas que la acompañaban sólo aumentaron mi asombro. Nos fueron presentadas como la Señorita Tanya De Denali, y su dama de compañía, la Señora Jameson. Ambas tenían las mismas extrañas características físicas que Lady Irina, las mismas de los hermanos Hale, y las mismas del Señor Cullen, aquellas que los hacían ser tan diferentes y tan atractivos. Pero la Señorita Tanya era más hermosa incluso que Rosalie Hale. Su cabello castaño le caía con delicadeza sobre los hombros; sus ojos, de la misma tonalidad de los del Señor Cullen, eran muy grandes y expresivos; y su cuerpo era voluptuoso y fino a la vez. No pude evitar pensar con cierta amargura que sólo una mujer así podría estar comprometida con un hombre como el Señor Cullen. Pero encontré consuelo al imaginar la cara que haría la Señorita Hale si alguna vez llegaba a conocer a su rival, la prometida de Edward Cullen, ya que para mí era muy obvio todo lo que Rosalie hacía para llamar la atención de este caballero. Sólo esperaba que eso sucediera pronto, y que yo estuviera cerca para ver su reacción.

Sin embargo, la Señorita Tanya no era una persona agradable. No dijo ninguna palabra, y cuando fue necesario que contestara a alguna pregunta o comentario, la Señora Jameson respondía por ella. Parecía ser una chica caprichosa y altiva, demasiado consentida, aunque probablemente fuera algo heredado de su madre. Y escuché al señor Newton comentar que la Señorita Tanya no salía mucho al aire libre, porque tenía la salud delicada.

Después de una corta conversación, pasamos al comedor. Como algo curioso, no vi a Lady Irina comer, o a su hija, pero cuando los criados recogieron los platos, estos estaban vacíos, y con cierto sentimiento de aprehensión, recordé lo que el Señor William Black había dicho.

Cuando la comida terminó, regresamos al salón, y conversamos de nuevo, o mejor dicho, Lady Irina nos dio su opinión respecto a diversos temas, y nosotros nos dedicamos a asentir y mostrar nuestra conformidad con lo que decía. Varias partidas de cartas más tarde, finalmente regresamos a la rectoría.

Dedo decir que no me parecieron tan impresionantes como esperaba a los habitantes de Rosings. Y las demás visitas que hicimos en las dos siguientes semanas, las encontré tediosas, sobre todo en una ocasión que Lady Irina me exigió que tocara el piano.

Esa vez, habíamos pasado la mayor parte de la tarde jugando cartas, y cuando a Lady De Denali se aburrió de eso, nos sentamos en los sillones mullidos a conversar, pero no había un tema de conversación que durara más de 5 minutos. Entonces, Su Señoría, miró el piano y dijo:

- Tanya toca demasiado poco el piano. Ella no sacó el talento natural que yo si poseo. Yo, de haber puesto empeño y practicar más regularmente, hubiera podido llegar a ser una excelente pianista… Señorita Swan, ¿Por qué no nos toca usted algunas piezas?-

-¿Tocar?- dije, sorprendida por la repentina petición, porque hasta el momento, Lady Irina no se había dirigido a mí, especialmente.

- Si niña, tocar. ¿Qué más se puede hacer con un piano?- respondió ella.

- Oh, lo siento mucho, pero deberá usted disculparme, Su Señoría. Yo no he desarrollado mucho ese talento, no podría tocar bien.-

Conforme decía estas palabras, el Señor Newton perdía el color de su cara. Miraba nerviosamente a Lady De Denali y parecía querer callarme con la mirada.

Lady Irina se mantuvo impasible hasta que terminé de hablar.

-Así que te niegas. No creo que sea cortés hacer eso, no en mi casa, así que será mejor que comiences a tocar. Yo decidiré que tan mal tocas.- dijo Lady Irina, señalando con la cabeza el piano, y después miró brevemente a su hija.

-Con todo respeto, Señoría, no lo haré. En verdad no podría tocar completa una pieza-.

La habitación quedó en silencio, y todos miraban a Lady Irina y a mí, sucesivamente. Lady De Denali me miraba fijamente, y después de un momento, desvió la mirada, para mirar nuevamente a su hija.

-Lamento que las personas de su clase no pueda pagar institutrices que eduquen correctamente a su hijos- comentó con desprecio, y luego comenzó una nueva conversación.