XXI

La amenaza que se cierne

Desde que comenzó a entrenarse con Tsunade, Sakura supo que aquello que enfrentaría no serían pescados o heridas de genin en misiones rango D; tampoco que siempre trataría pacientes en cómodos hospitales bien equipados y en un entorno seguro, y que un ninja médico no esperaba a que los heridos llegaran, ella estaría donde los herían, corriendo el riesgo de ser herida o hasta muerta.

Ahora que ha estado en lo que —reconoce— es su primer batalla real. Aquélla con Zabuza Momochi y Haku no cuenta, porque aunque estuvo en riesgo, Kakashi, Naruto y hasta Sasuke estaban dispuestos a arriesgar su vida por ella. Contra Sasori de la Arena Roja, no hay nada más que una anciana; una anciana mucho más poderosa que ella, pero que ha tenido bastantes problemas lidiando contra ese contrincante.

Jadea con lentitud repasando en su cabeza por alguna estrategia, algo que le permita ser algo más que la marioneta de Chiyo, algo que le dé la satisfacción de poder proclamar que ella hizo algo, algo significativo y por ella misma.

La ubicación de Akatsuki y Gaara fue casi un golpe de suerte, por el descuido de los criminales y porque Kakashi estaba con ellos, o mejor dicho porque sus perros estaban con ellos, después porque el equipo Gai los alcanzó antes de que se les ocurriera enfrentarlos por su cuenta. Desde el principio supo que los miembros de la organización criminal no serían ninja con los cuales era sencillo lidiar, comprender que están mucho más allá de sus habilidades —las cuales ella creyó eran suficientes—, es bastante difícil. Las técnicas que Sasori ha desplegado van mucho más allá de su imaginación más descabellada, es como abrir una puerta a un mundo inmenso del que apenas y estaba consciente.

Está segura que Naruto y Kakashi están bien —no puede pensar en alguien que sea más fuerte que Hatake— así que no debe preocuparse por ellos, le confiaron vencer a este hombre y ella, aunque con la gran ayuda de Chiyo, lo está haciendo… no puede creerlo.

—Tranquila —dice Chiyo—, lo tenemos acorralado, sólo aguanta un poco más.

Ella asiente, mira la jeringa vacía con el antídoto que yace en el piso, un confrontamiento directo ya no es posible a menos que sea suicida. Tsunade le dijo una vez que algo peor que un ninja poderoso, era un ninja poderoso y enojado, o —peor aún— un ninja poderoso, enojado y acorralado; que si llegaba a enfrentarse a eso había dos opciones: retirarse o prepararse para morir. Y ni ella ni la anciana están dispuestas a retroceder un solo paso.

—¿Qué harás, Chiyo? —pregunta Sasori, su tono es apacible y si no fuera porque no lo hace, ella diría que está sonriendo.

—Te lo he dicho, no puedo dejarte salir con vida de aquí, no cuando eres una amenaza.

—Siempre fui una amenaza, no quisiste darte cuenta, pero lo sabías, ¿no es cierto?

Chiyo frunce el ceño, tensa los dedos, y se niega a contestar. Por respeto, Sakura sólo contempla.

—Vamos, lo que sea que vayas a hacer, házlo ahora que atacaré y no te daré oportunidad de nada.

—¿Tienes algo más que no sea ese cuerpo tuyo, Sasori? —pregunta Chiyo—, ésa es tu arma final, y aunque sea tu último recurso, es el más débil de todos. Es el que te destruirá, lo sabes, ¿no?

Sakura se extraña al ver cómo una expresión fantasmal cruza el rostro del marionetista, y en cuestión de instantes va al ataque. La toma por sorpresa, por suerte a Chiyo no.

—¡Al suelo! —le grita.

Una ráfaga de aire cruza sobre ella, que apenas tuvo tiempo de quitarse de su camino, una gran daga arrastra detrás del cuerpo animado, se pone de pie de inmediato, lista para atacar, Chiyo ha repelido el ataque y se enfrasca y un combate cuerpo a cuerpo, poco usual entre peleadores de ese tipo. Claro que no dura por mucho tiempo, amplían sus distancias y se miden el uno a la otra. Ahora entiende que el lazo que los une es mucho más profundo que el de una abuela y su nieto, le duele y le cuesta comprender cómo puede sentirse la vieja, porque le queda claro que él no siente nada.

Es un momento tenso, inconscientemente —o quizá plenamente consciente— se acerca a Chiyo. Siente sus piernas temblar, y sus manos entumecerse, se ha excedido, ha superado todo límite que creyó tenía, pero no puede decirlo, no puede exclamar que está cansada y sentarse a tomar un poco de agua. Piensa en su mamá y lo que le dijo cuando partió "recuerda volver" y así, con esa simple frase su madre se convirtió en una de las muchas madres que ven a sus hijos partir con el temor de tal vez no volver a verlos con vida… no una mamá de clan que ha vivido siempre rodeada de eso, sino una mamá civil que a pesar de haber convivido con un esposo que aspiró a ninja, no ha conocido el miedo de perder a alguien… hasta ahora.

—Concéntrate —murmura para sí echando a un lado esos pensamientos que aunque no inútiles, no le ayudan en nada en este momento.

—¿No lo entiendes, Sasori? —pregunta Chiyo.

—¿Entender, qué? —replica el otro.

—Sé cómo matarte, sé cómo acabar contigo y mi siguiente ataque lo conseguirá.

Sakura jura notar una línea de preocupación en el… en la marioneta, lo que le cambia por completo el panorama, aunque lo niegue, una parte dentro de ella le hace entender que Sasori es —¿fue?— una persona, un ninja que tuvo familia y una historia, que escogió un camino distinto al de todos ellos. Que es un criminal sanguinario, pero en un principio fue como ella.

—Prepárate Sakura —le grita la anciana y ella se limita a asentir, preguntándose qué hará, pero sin verbalizar su duda. Sus instintos la han salvado hasta ahora, seguirá confiando ciegamente en ellos.

—Adelante anciana, será lo que tenga que ser —exhala el marionetista.

Sakura siente nuevamente los hilos de chakra, pasa saliva, acumula todo el chakra que posee en su puño, siente cómo tiran de ella y la lanza al ataque, se dice que también sabe cuál es el punto débil del enemigo y es ahí donde atacará.

Sasori también parece haberlo entendido y no se lanza en un ataque directo como Chiyo ha enviado a Sakura, sino que echa una de las marionetas en su lugar y busca más bien un ataque lateral. Pero Chiyo lo ha previsto y con una de sus propias marionetas —aquella que representa a la madre del akatsuki— la envía al ataque armada con la propia cuchilla de Sasori.

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—Tenías razón —dice Pain y mira por un momento a Itachi, no se le ve contento, después voltea a los otros ninja que sellan al Ichibi y se concentra en uno— ve.

Kakuzu suelta una exhalación irritada.

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Una gran explosión de polvo la envía hacia atrás, aturdida y un poco desorientada se pone de pie de inmediato y busca por la causa del golpe de tierra, eso no debía pasar aunque Chiyo y Sasori hubieran colisionado con todas sus fuerzas.

Cuando el polvo se dispersa distingue a alguien de pie, alguien que no puede ser Sasori o Chiyo, es demasiado alto.

—Es una vergüenza, no debería estar aquí —dice el recién llegado, un ninja alto con banda de Taki y el manto de Akatsuki.

—¿Qué haces aquí?—le cuestiona Sasori.

—¿Recuerdas las palabras de Uchiha? el líder decidió escucharlo.

Sakura abre la boca pero no sabe qué decir, su deber la obliga a atacar, su lealtad a interponerse entre esos dos y Chiyo; y su cordura, a ésa no le hace caso porque le grita que corra si no quiere morir.

Con paso tambaleante va al lado de la anciana que también ha sido lanzada lejos por el impacto de viento y polvo, y yace inconsciente.

—El imbécil de Hidan se reirá de ti por un buen tiempo —el ninja de Taki voltea a ellas—. Podría matarlas en este instante pero mis órdenes no son ésas, y no hay ningún botín por sus cabezas, no me gusta perder el tiempo —el hombre sale de la cueva sirviendo de apoyo a Sasori, ignorando a Sakura por completo.

Ella se debate entre la decisión de seguirlo o ayudar a Chiyo.

—Déjalos, no conseguirás nada. Hay algo más importante ahora, ayúdame a ir donde están Gaara y los demás.

A Sakura no le gusta el tono.

Deidara no puede creer que algún día diría esto, pero está en deuda con el maldito de Itachi. Uno de sus brazos yace en algún sitio del bosque, sabe que uno de los clones de Kisame lo busca. Su cuerpo está exhausto pero su mente está frenética, desea desesperadamente crear una gran pieza y ver a esos malditos bastardos estallar. Ver de ellos sólo fuego y polvo, algo que pueda calificar como bello.

Pero morir está prohibido, cuando vio a Kisame aparecer e interponerse entre él y los ninja de Konoha —no sin su buena dosis de burlas—, lo comprendió. El líder envió refuerzos porque creyó que no sería capaz de salir con vida, Malditos ninja de Konoha, maldito líder, maldito Kisame… pero por encima de todo, maldito Uchiha.

Parte de los ninja de Konoha aún pelean con sus réplicas lejos de ahí, y de los que están aquí, Kakashi está en el límite, el jinchuriki no pero Deidara cree que si ambos atacan, el rubio no será ningún problema. Se da cuenta —con bastante furia— que el jinchuriki no se atreve a enfrentar a Kisame, debe recordar el encuentro que tuvieron algunos años atrás, incluso Kakashi permanece inseguro de atacar. Detesta que eso pase, casi todos en Akatsuki son tomados con cautela por el enemigo, sólo a Hidan y a él los subestiman, aunque después se dan cuenta de su error, por lo regular no los toman muy en serio.

—Oye —dice a Hoshigaki—, son sólo ellos dos, si atacamos juntos, podemos capturar también al Kyubi.
La mirada de Kisame le hace sonreír, porque sabe que lo está considerando, aunque las órdenes son otras.

—Podríamos hacerlo —exclama el espadachín y los señala con su espada—, nos ahorraría mucho trabajo.

Deidara asiente, ya tiene preparado un tanto de arcilla, es una pena que sólo tenga un brazo en este momento pero con Kisame tienen bastante ventaja, aunque sea una réplica que no posee todo su poder, supera sin duda al estado actual de Kakashi, que es el más fuerte. Se lanzan al ataque, por el gesto del ninja copia, sabe que no esperaba este movimiento y que reconoce que llevan las de perder. Kisame va directo contra el rubio, haciendo alarde de su fuerza, y a él no le queda de otra que mantener a Kakashi a la distancia.

Kisame ha acorralado al niño que sin la dirección de Kakashi, ha perdido toda ventaja, toma su espada con ambas manos y sonríe triunfante, la blande para el golpe fatal pero antes de que pueda dar la tajada algo la bloquea; y él, no puede lanzar su ave, dos personas aparecen, una de ellas es una chica que lanza puñetazos cubiertos de chakra directo a su pecho, con tanta fuerza e insistencia que él se ve obligado a retroceder.

Se coloca a un lado de Kisame que parece confundido pero sonríe al poco tiempo.

—Hiramekarei —dice divertido—, ¿quién eres niño? que te has hecho con ella.

—Kisame Hoshigaki —exclama uno de los recién llegados—, en nombre de la Aldea Oculta de...

[Regresen]

Escucha la voz del líder y frunce el ceño.

—¡No! —exclama furioso—, son sólo cuatro tontos más, podemos…

—Vamos —dice Kisame con un tono serio, quien retrocede pero mantiene su defensa en alto.

—¿Qué?, ¿vamos a huir cuando…?

—Haz uno de tus juguetes y larguémonos, no pienso perder más tiempo, artesano.

—¿Artesano, artesano? —grita— ¡cuántas veces te he dicho que...!

—Ahora —sisea Kisame y Deidara se calla.

Es un necio inconsciente e impulsivo, pero no es Hidan, y sabe cuándo hay que cerrar la boca y obedecer. Hace lo que le ha ordenado mientras mira con recelo a los ninja de Konoha y los recién llegados, no pierde tiempo en burlarse, atacar o cualquier otra estupidez, aunque está furioso, pero no puede darse el lujo de desobedecer, sin Kisame él no tiene ninguna oportunidad, el ataque de esa niña ha inutilizado de algún modo la boca en su pecho.

—¡Muévete! —gruñe Kisame cuando ya está arriba de la gran ave.

Obedece jurándose que la próxima vez acabará con todos. Una vez arriba, sabe que su humillación no ha terminado, hay una larga distancia de vuelo todavía, y Kisame nunca se ha caracterizado por ser discreto.

—Tuviste suerte, el Líder decidió escuchar a Itachi-san, pensamos que no seríamos necesarios pero ya ves, resulta que necesitaban niñeras —Kisame ríe y le lanza el brazo que su clon ha encontrado.

—¿El Maestro Sasori también iba a ser derrotado? —pregunta sorprendido.

—No se lo digas a Hidan, pero una anciana y una niña casi acaban con él.

Sonríe después frunce el ceño, luego vuelve a sonreír. Sasori es un homb… person… es alguien muy orgulloso, y ese hecho seguro le dio directo en el ego. Quizá después pueda usarlo como chantaje. Pero no ahora, una vez que lleguen a la base, lo que hay que hacer es mantenerse lo más lejos de Sasori.
y Hidan… que se burlará
e Itachi que quizá no se burle pero sabrá que tuvo razón, y es suficiente humillación para él
y el Líder y Konan, que sí les reprenderán por ser casi derrotados…
tal vez la mejor idea sean unas buenas vacaciones… lo más lejos posible de Amegakure.

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Sakura y Chiyo llegan apenas minutos después de que Deidara y Kisame se han ido, Naruto pide ayuda desesperada a Sakura, ella acude pero no hay nada que pueda hacer. Chiyo demuestra una vez más que casi siempre, la edad es experiencia, y la experiencia hace diferencia. Entre la anciana y Uzumaki consiguen lo que parece imposible, e infunden vida en el cuerpo inanimado del Kazekage.

Una vida por otra, es la ley para ese jutsu de intercambio.

Sakura sujeta a Chiyo, no necesita asegurarse para saber que está muerta. Voltea —igual que todos los demás— ansiosa a Gaara, en espera de cualquier reacción, cuando el pelirrojo se abre los ojos de pronto, todos suspiran aliviados. Ella baja con delicadeza el cadáver después de cerrarle los ojos y se apresura a ir con el Kazekage, que recibe una revisión fugaz y Sakura comprueba que está bien, algo débil y agotado pero estará bien.

Asiente a los demás y Naruto lanza un grito al cielo. Sakura sonríe con tristeza, le da un asentimiento de seguridad a Gaara y le ayuda a ponerse de pie, ambos miran a los demás, que finalmente se dan a la tarea de saber quiénes son esos ninja que llegaron a apoyar a Naruto y Kakashi. Sonríe y mira a Naruto cuando una de ellos se acerca a su amigo, esto será divertido.

Naruto se ha detenido de ir con Gaara, ahora que esa chica se ha acercado no sabe qué decir, cree conocerla pero no está del todo seguro. Se parece a alguien que conoce, pero hay algunas cosas que le hacen suponer que no es ella. La chica lo ve, y parece que estuviera viendo un fantasma, supone que se está preguntando lo mismo que él. Los ojos son inconfundibles pero la decisión con la que se desenvolvió en la batalla, ese jutsu raro en los puños y… bueno, no parece que sea ella.

—¿Hinata-ri? —se anima a preguntar.

La chica lo mira atentamente, y Naruto no sabe qué decir. Después ella abre bastante los ojos y ve al piso mientras un sonrojo se apodera de su rostro, así se queda unos segundos y de pronto levanta la mirada, lo contempla un instante, y —aún con el sonrojo— lo abraza mientras exclama.

—¡Naruto-kun!

Es como si no hubieran pasado los años, es como si estuvieran aún en la Academia y lo viera al entrar como cada mañana, su corazón late con fuerza y una tibieza sólo comparable con la que recuerda sentía con su madre, le recorre el cuerpo. Retrocede lentamente mientras lo mira.

—Lo siento, Naruto-kun, me alegra verte.

Naruto sonríe y ella sonríe también.

—Creo que los saludos y presentaciones pueden esperar —interviene Gai que ha llegado con su equipo, prácticamente levanta a Kakashi, y voltea a Gaara y el cadáver de Chiyo.

Todos están de acuerdo y se encaminan rumbo a la Arena.

Algunos grupos de la Arena se unen a ellos en su camino de regreso, la vista de los ninja que regresan a Suna es desoladora y alentadora por igual, puede verse la mezcla de alegría y pena. Hay sonrisas pero lágrimas también, el perfecto retrato de una victoria ninja: se ganó pero se perdió algo.

Gaara llega apoyado en Naruto, su energía aún le falla, no se ha recuperado del todo, es una sensación extraña ese estado indefenso y el hueco que ha dejado la ausencia del bijuu, no se parece al que conoce bien, y que ahora contrasta con una tibieza que pocas veces ha sentido, mira de reojo hacia atrás, a todos los ninja que le acompañan, a los que están alegres porque está vivo pero tristes por la pérdida de Chiyo.

Sakura voltea con tristeza a la camilla donde llevan el cuerpo de Chiyo, luego mira al frente a Naruto y Gaara y sonríe levemente mientras lucha contra las lágrimas. ¡Qué duro es ser ninja! sabe que hay kilómetros de distancia entre sus habilidades y las de la anciana, pero se promete acortarla tanto como pueda, en honor a ella y todas las kunoichi, los ninja que son como ella, como Chiyo, que no tienen un gran clan a la espalda.

—Miren —dice a Naruto y Gaara.

Les señala a la distancia, a las altas montañas que rodean Suna y el ejército de ninja y civiles que esperan ansiosos por la vuelta del Kazekage.

—Si vuelves a creer que estás sólo, llámame y vendré a darte un buen golpe para recordarte lo equivocado que estás —exclama Naruto.

Gaara lo mira sin saber cómo reaccionar a las palabras, y Naruto suelta una carcajada por lo mucho que ese gesto le recuerda a Sasuke. Llegan juntos hasta la multitud que los recibe con vítores y aplausos, Temari y Kankuro le relevan del peso del pelirrojo, es obvio que están aliviados, se les nota en el rostro. Él sólo sonríe, una ola de celos y alegría se mezclan en su interior, lo que le sirve para reafirmarse lo mucho que le gustará que cuando él sea Hokage y regrese de sus misiones espectaculares, así lo recibirá Konoha.

En ese momento recuerda que aún hay algo que quiere saber.

—¿Muy bien y quiénes son ustedes? —pregunta Naruto a los ninja que llegaron con Hinata.

—Ellos son Chojuro y Ryo de Kirigakure, ella es Yoko, y es de Konoha, Naruto-kun.

—¿Y qué hacen aquí? —interviene Neji.

—Terminamos nuestra misión en el País de las Aves, nos llegó noticia de lo que pasó aquí, y Hinata-san nos convenció de venir —explica Chojuro y da una mirada a Hinata, que lo evade casi de inmediato.

Porque su misión acabó hace más de una semana, pero el equipo diplomático decidió que habían hecho tan buen trabajo que se merecían unas largas vacaciones, y justo eso es lo que estaban haciendo en un bonito pueblo del País de las Aves. Y aunque no sabía que había ninja de Konoha en Suna, apenas escuchó la noticia, Hinata estaba decidida a apoyar.

Acompañan al cuerpo de Chiyo a la morgue donde se turnan para montar una guardia de honor. Después, ya que todos están de acuerdo que necesitan un buen descanso y una generosa comida, la gente de Suna organiza una cena para todos los que apoyaron en el rescate del Kazekage. Misma que dura hasta entrada la noche, después poco a poco se van separando para ir a descansar, o casi todos, Lee y Gai insisten que ellos no necesitan nada de eso, salen a la calle a retarse por ver quién es capaz de recorrer todo el perímetro de Suna con las manos y no quedarse dormido.

Sakura no sabe si sentirse triste o feliz por las noticias que Hinata le da de Sasuke, le ilusiona escuchar que quizá algún día regrese a Konoha. Aunque sí admite consigo misma que siente un poco de celos, porque la Hyuga lo vio, y ella no. Pero por ahora se contenta con escuchar todas las anécdotas de viaje que Hinata comparte animosamente, se da cuenta que el viaje la ha cambiado realmente.

Temari nunca ha sido de la clase de chica que echa a llorar por cualquier cosa… ni la más simple ni la más poderosa, de hecho, sólo puede recordar haberse sentido así después de la muerte de su madre, se pregunta si ahora es un buen momento para hacerlo de nuevo. Desde el nacimiento de Gaara —y considerando las condiciones— comprendió que era la encargada de mantener a su familia reunida del modo que fuera necesario. Su padre fue un pobre ejemplo a seguir en cuanto a ese aspecto, pero su firmeza de poner primero a la aldea le enseñó que sería necesario tomar decisiones difíciles para conseguir lo que desea. Tras tantos años y tantas cosas, y desde que Naruto conoció a su hermano, ella puede decir que han logrado lo que siempre deseó, y ahora que han superado el ataque de Akatsuki y la extracción del Ichibi, quiere creer que lo que sea que venga, podrán superarlo.

Da un trago a su bebida y mira con satisfacción —y una sonrisa— el gesto confundido de Gaara después de la broma de Naruto y las risas que ésta provoca. Sabe que su hermano no es precisamente el más diestro socialmente hablando, y que desde que llegó al puesto ha avanzado notablemente en ese aspecto, pero aún dista mucho de ser el más versado en cómo llevar una conversación. Por suerte Kankuro está con él y le sirve de apoyo para que Gaara no entre en ese peculiar —y muy cómico— pánico social, porque tiene que reconocerlo, el Quinto Kazekage es un inútil para socializar.

Cuando Naruto ríe de nuevo y los demás lo siguen, nota una sonrisa natural en Gaara, y ella sonríe también. Se percata —no sin un poco de horror— que algunas lágrimas se han acumulado en sus ojos, las deja ahí, está contenta y profundamente aliviada, pero no llorará.

—¿Te sientes bien, Temari-san? —pregunta Hinata acercándose a la rubia.

—Sí, sólo pensaba —contesta mirando a otro lado.

—No es malo decir que estás contenta.

Temari ríe.

—No, pero no es lo que esperaría de mi.

—Creo que sí, tus hermanos están a salvo, tu aldea está segura, creo que cualquiera esperaría eso.

—Sí, creo que sí.

—Lamento que no hayamos podido hacer más —dice Hinata con un suspiro—, llegamos tan rápido como pudimos, me alegra que al menos todo haya salido bien para Gaara-kun.

Temari ríe de nuevo.

—No digas tonterías, hicieron más de lo que imaginas. Por lo que oí, sin ustedes todo pudo ser peor, además con su presencia han convencido a los miembros del Consejo de firmar el acuerdo que proponen. La Arena será parte de su acuerdo de cooperación mutua.

Hinata la mira sorprendida. La Arena fue de las pocas aldeas que se negaron a enviar algún integrante como miembro del equipo diplomático, además no los recibieron de buen modo cuando los visitaron. Ahora que escucha esto, ella sabe que es un gran triunfo, porque sólo una de las cinco aldeas más poderosas no firmará el acuerdo que fija acuerdos de apoyo entre las aldeas y busca evitar las agresiones a través de la ayuda mutua.

—Gracias.

—No —la rubia le da un codazo—, nosotros somos los que les damos las gracias. Sin ustedes, ésos dos podrían estar muertos —le señala a sus dos hermanos.

Hinata asiente, basta que piense en Hanabi para que la entienda a la perfección.

—Tu gusto es extraño, pero creo que no se te puede culpar.

—¿Temari-san? —pregunta Hinata y la sonrisa se le borra.

—Ese ruidoso.

—¿¡Naruto-kun!? —exclama azorada— no, yo no…

—No importa cuánto trates de ocultarlo, es inútil. Admito que es un tipo raro, pero de la clase que podría admirarse.

Hace tiempo que Hinata no se ve confrontada con esta clase de situaciones, es un penoso recordatorio que no ha superado su infatuación con Uzumaki. Aunque hay que reconocerle que no se ha desmayado apenas lo vio, que ha hilado frases coherentes y que la poderosa sensación en su pecho no la dejó paralizada, algo ha cambiado. Aún así no sabe cómo contestar a la frase de Temari.

—No te angusties, espero que todo salga bien, ese chico hará historia. Ahora si me disculpas, tengo que llevar a Kankuro a descansar, el necio aún no está muy bien, y apuesto que un poco de alcohol no le ayudará en nada. Descansa, ¡ah! y salúdame a Shikaku Nara cuando estés en Konoha, dile que sigo esperando las semillas que me prometió.

—Sí, lo haré Temari-san.

—Y al inútil de su hijo también, ¿por qué no?

Hinata se queda en el lugar de Temari, desde donde contempla toda la reunión, poco a poco los ninja se han ido a dormir. Ahora sólo quedan Naruto, Sakura, Tenten, Chojuro, Ryo, Yoko, Neji, Gaara y otros dos ninja de la Arena, la mayoría se burla o ríe de las cosas que dice Naruto. Se dice que justo eso es lo que quiere, que no importa el símbolo que porten en sus bandas, que todos se den cuenta que la convivencia en paz es posible.

—Deberías tratar de dormir un poco, Hinata-sama —le dice Neji tomándola por sorpresa—, mañana nos iremos después del entierro de esa mujer.

—Tú también Neji-san.

Sin embargo nadie se mueve, los dos contemplan el show que Naruto y uno de los ninja de la Arena hacen entre las risas de los otros.

—Me alegra que estés bien Neji-san, escuché que su batalla fue peligrosa.

El Hyuga asiente, y mira a lo lejos para que ella no note su sonrisa.

—También es bueno verlos por aquí, apuesto que Hanabi-sama estará muy feliz de verte.

—¿Cómo está Hanabi-chan?

—Esforzándose más de lo que debería, como siempre. Le pidió a HIashi-sama que le permitiera ir a algunos cursos a la Academia.

Hinata se sorprende con estas noticias, desde que fue elegida como futura lideresa, Hanabi dejó de ir a la Academia, para ser entrenada exclusivamente en el complejo Hyuga. Que su padre se lo hubiera permitido le alegra, pero quiere entender qué pudo haberle hecho cambiar de idea. Se pregunta qué pudo ocurrir en su ausencia, ha tenido muy pocas noticias de Konoha durante su viaje.
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Gaara ve a los ninja de la Hoja perderse a la distancia. Se lleva una mano al pecho, aún no se acostumbra a la sensación de ausencia del Ichibi. Nunca se llevó bien con él y fue la principal causa de las miserias de su vida, pero una gran parte de él le echa de menos. No termina de entenderlo pero la mera comprensión de que carece de esa fuerza, le causa un poco de preocupación.

—Estaremos bien —le dice Temari con una mano sobre su hombro.

Él asiente y da la vuelta sin volver la mirada. Con suerte pasará un tiempo antes de que vuelva a ver a los ninja de Konoha, con mucha suerte pasará mucho tiempo antes de que sea el momento de pagar la deuda que ahora tiene con ellos.

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Tsunade recibe a todos con una sonrisa satisfecha, después de escuchar los reportes de Suna y de Hinata, está de acuerdo en darles unos días de descanso, al cabo de los cuales envía a los equipos en misiones a distintos puntos. Al equipo Kakashi… sin Kakashi, le tiene dos cambios además de su misión, mientras que hay un nuevo jonin al mando, un hombre de cabello café de nombre Yamato y un nuevo compañero que —Tsunade insiste— no reemplaza a Sasuke, pero es necesario para que el equipo recupere su dinamismo, su nombre es Sai y proviene de Raíz.

Los cuatro equipos salen paulatinamente hacia los destinos de sus misiones más de tres semanas después del asunto de Suna, con la firme decisión de volver exitosos, sanos y salvos.

Mas no siempre todo ocurre como se planea, sobre todo en un mundo donde el enemigo puede ser cualquiera.

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Haruki Nijima ha comenzado temprano su jornada laboral, mientras camina por la calle saluda constantemente a los demás peatones, no es ningún ninja pero su trabajo como cartero le hace conocer a gran parte de los ninja que viven en la zona centro de Tanigakure. Como cada mañana inicia la entrega en la Academia, le gusta comenzar aquí porque la vista de los niños que acuden a entrenar le alegra el día, además le gusta la profesora que recibe a los chicos.

Se saludan torpemente como cada día, ella reparte sonrisas entre los niños y le regala una de vez en vez. Ha pasado toda la noche armando un discurso lo suficientemente bueno para convencerla de tener una cita y no parecer un idiota en el intento. Cuando ve que el último niño ha entrado, se acerca armándose de todo el valor del que puede disponer. Se dice que éste, es el día.

Está por abrir la boca pero la repentina aparición de cuatro ninja atrae su atención. se acerca curioso por saber quiénes son porque no reconoce a ninguno. Antes de que pueda siquiera abrir la boca, uno de ellos le señala con su mano y lo hace estallar, la chunin se queda perpleja y tampoco tiene tiempo de hacer nada, porque recibe el mismo tratamiento.

Esa soleada mañana en la Aldea Oculta entre los Valles se tiñe de sangre. Ninja enemigos toman por sorpresa a todos y atacan sin miramientos. Se lleva a cabo un despiadado ataque a gran escala en una de las villas ocultas que comenzaba a perfilarse como una futura potencia, basta que se contemple el panorama para comprender que detrás de este ataque hay ninja muy poderosos, y bien organizados.

Llamadas de ayuda son lanzadas a los cuatro vientos, Tanigakure firmó el acuerdo diplomático y ahora es momento de echarlo a andar, porque la magnitud de la emergencia supera la capacidad de la aldea.

La mayoría de las aldeas firmantes responden al llamado y envían a sus equipos más cercanos, en el caso de Konoha son el equipo 7 y 8.

Naruto está harto de Sai y sus perturbadores comentarios, y de lo aterrador que —ha descubierto— es el Capitán Yamato. El equipo 7 ha tenido bastantes problemas para acoplarse a los dos nuevos integrantes, aunque Yamato es bastante accesible y le agrada a Sakura, lo intimidante y directo que puede llegar a ser resulta muy diferente de lo que están acostumbrados con Kakashi, y Sai… bueno, les queda claro que Sai tiene una agenda personal que muy posiblemente no cuadra con la del equipo, pero ha cooperado bien, aunque es demasiado raro como para que Naruto y Sakura lo consideren como uno de ellos.

Sin embargo nada de eso importa una vez que llegan. Aunque durante todo el trayecto hubieron muchas discusiones y desacuerdos, apenas ponen un pie delante de la zona de emergencia olvidan todo lo que ocurrió, porque deben tener la mente enfocada, y porque la vista simplemente les quita todo deseo de segiur discutiendo.

Nadie les ha dicho qué pasó porque realmente nadie sabe qué pasó, lo único que se le ocurre a Naruto es que una licuadora gigante apareció, hay restos materiales por doquier, pero también humanos, trozos de cuerpos yacen en medio de la destrucción, es como si hubieran ocurrido muchas explosiones controladas y alguien se hubiera dispuesto a cortar casi obsesivamente todo lo que la explosión dejó.

Es un baño de sangre, un baño acompañado de destrozos y muerte.

Sakura se queda sin palabras por un momento, se cubre la boca con una mano mientras trata de controlarse de la impresión, voltea levemente a Naruto y se topa con un gesto similar, incluso Sai y Yamato, que no son precisamente los más expresivos, se ven consternados.

Decide tomar control de la situación, porque el caos reina y eso no ayudará a nadie en caso de que venga un nuevo ataque. Pide a su capitán que organice el establecimiento de un perímetro de seguridad, y a Naruto y Sai que le ayuden a organizar a los heridos, y alejar a los que no ayudan en nada. Ya hay ninja de otras aldeas, Sakura agradece mentalmente a Hinata y su grupo de diplomáticos, es gracias a ellos que esa ayuda es posible.

—¿Viste quién lo hizo?, ¿viste la banda que llevaban? —pregunta un ninja de Kiri a una kunoichi que sostiene un trozo de su brazo.

Un civil no podría responder, esta mujer, aunque está en shock consigue articular palabras.

—Líneas —murmura la mujer—, eran líneas.

Naruto y Sakura intercambian una mirada, preguntándose si se están enfrentando a un nuevo ataque de Akatsuki.

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Konan no está contenta. Sabe que Nagato lo sabe, y aún así decidió quién la acompañaría. Sonríe con malicia al convencerse que una buena venganza será prepararle mariscos por al menos una semana, con eso debe bastar.

Voltea hacia atrás a su acompañante.
Frunce el ceño, no, al menos deben ser tres semanas. Tres semanas de la comida que más detesta su amigo será suficiente para que le quede claro lo mucho que le molesta este pedido. Aunque eso se quedará sólo entre ellos como siempre, delante del resto de la organización, no hay lugar para desacuerdos entre ambos.
—No debemos estar muy lejos —murmura sin estar segura si obtendrá alguna clase de respuesta.

—Sí.

Nunca ha sido de la clase parlanchina como Hidan, ni completamente muda como ha sido Sasori desde su derrota, está acostumbrada a un apacible intercambio esporádico de palabras acompañado de silencios cómodos, es como conduce su vida al lado de Nagato. Más allá de los muros del salón donde puede ser la amiga de su amigo, toma el papel de la segunda al mando de Akatsuki y Amegakure, en el que se impone exitosamente sobre criminales rango S. Aunque en ocasiones suele entablar civilizadas conversaciones con la mayoría de los miembros, es la primera vez que pasa tanto tiempo con éste, y sin lugar a dudas, se ha convencido que prefiere una aburrida discusión de conceptos estéticos con Deidara, que este inútil intercambio de monosílabos.

Lo mira de nuevo y se percata por primera vez de lo tenso que el Uchiha está, no puede culparlo, casi han llegado.

Decir que Pain no estaba contento con era decir poco, al ver el resultado de la primera incursión de Akatsuki en la captura de un bijuu lo entendía, esperaba mejores resultados. Aunque sabe que la mayor parte de ese enojo se debió a que tuvo que hacer uso de los consejos de Itachi. Quien desde que habló con ellos hace casi tres años, ha sido capaz de ir transformando a la organización poco a poco, sin protagonismos y de un modo tan sutil que hasta ella se sorprende.

Itachi no opinó nada sobre cómo se ejecutaría la captura, sólo sugirió que debían tener un plan de emergencia en caso de que algo saliera mal. La ha convencido —y ella ha convencido a Nagato— que no puede permitir que ningún miembro de la organización muera. Contrario a la opinión de Madara, ella —y por tanto Nagato— ahora cree que cada uno de ellos es indispensable, porque cada muerte en la organización será como una grieta en las defensas de Amegakure, porque sí, la Akatsuki actual empieza a acercarse —muy poco a poco— a aquélla que Yahiko soñó alguna vez. Le cuesta aceptar que eso es labor del Uchiha… y que no le desagrada.

—Ahí está, llegaremos en menos de veinte minutos.
—Sí.

El tono es apático pero lo ve atraer su Sharingan y mirar alrededor con desconfianza, ella también se percata, los están observando.

Sin palabra de por medio aceleran el paso, la gran meseta gradualmente se hace más cercana y se distingue el nombre en la gran puerta que da acceso al sitio al que se dirigen: Aldea Oculta de la Sangre.


Muchas gracias por los comentarios y demás.

Aquí empezamos ya a separarnos de la línea de Shippuden, y enfilarse al conflicto.

Gracias por leer.