Los días iban pasando en Hogwarts con las clases retomadas y aurores, padres y profesores montando guardias y yendo y viniendo de diferentes sitios en la búsqueda de los mortífagos.
Un sábado por la mañana, Scorpius y Albus paseaban por los pasillos mientras charlaban animadamente. El incidente de fin de año, les había unido más si cabe, pero Albus no sabía cómo tomar lo que su amigo le había dicho.
-Scorpius, hay algo que no dejo de pensar. Antes de perder el conocimiento durante la cena de fin de año, me dijiste que...me querías-dijo Albus algo cortado.
El rubio se quedó callado y ruborizado ante el descubrimiento de su amigo. ¿Le había confesado quererle? ¿Pero estaba enamorado realmente de Albus?
El pequeño Potter pareció leerle la mente y añadió:
-Creo que los dos somos bastante jóvenes como para saber lo que en verdad queremos. El día de mañana quién sabe...¿Amigos?-dijo Albus abriendo los brazos y con una sonrisa.
Scorpius le miró complacido y aceptó el abrazo que le ofrecía su amigo para hacerle entender que aceptaba esa amistad. El amor no tiene por qué ser el de una pareja a los 11 años. El amor puede ser un mejor amigo, un hermano, un compañero de aventuras. Cuando se es un niño no hay que preocuparse por cual sea el próximo camino, ya te darás cuenta.
Mientras en las mazmorras...
-Tu vigilancia extrema empieza a parecerme algo abusiva. Podría denunciarte por acoso-dijo Snape sonriendo mientras enjabonaba la espalda de la castaña.
Hermione Granger y Severus Snape se duchaban juntos en el baño de la habitación del pocionista.
-¿Ah sí? ¿Vas a denunciarme? Entonces tendré que seducir al juez para que vea que soy inocente-respondió con risas la castaña
-¡Y un cuerno! ¡Prohibido seducir! ¡Eres mía!-exclamó Severus girando a Hermione para mirarla a los ojos y besarla.
Ambos se besaban y acariciaban desnudos y mojados como estaban, en la ducha. El calor de sus cuerpos iba en aumento y el ansia que despertaba el deseo era irrefrenable.
Llegaron abrazados y besándose, empapados y desnudos, hasta la cama. Él jugaba a explorar el cuerpo de ella y ella se dejaba embriagar por todas las sensaciones.
Cuando estás con la persona a la que amas, el universo parece otro. Cuando estás con la persona a la que amas no importa que una panda de mortífagos quiera tu cabeza en bandeja, porque tienes la dicha de tener el corazón a buen resguardo.
Severus se deleitaba con el cuerpo de la mujer que se le entregaba. Piel blanca y cremosa, pechos firmes, curvas sensuales...
Hermione apretaba con sus manos los músculos del pocionista. Piel bañada en cicatrices, cuerpo fibroso...
Se gemían en los labios el uno al otro, jadeaban, susurraban "te quieros" y se amaban una y otra vez.
Cuando alcanzaron el clímax, ella cayendo exhausta sobre el pecho de él, sonrieron.
-¿Aun quieres denunciarme por acoso?-preguntó risueña la castaña.
Severus soltó una carcajada que enterneció el corazón de la leona y se abrazó más fuerte al pecho del hombre. Se sentían espléndidos y felices. ¿Tendrían un futuro juntos?
-Hermione, ¿crees que podríamos llegar a ser una familia?
-¿A qué te refieres, Severus?
-A ti, a mí...a nosotros. ¿Crees que algun día...podríamos tener hijos?
-¿A ti te gustaría?
-Sí, pero tengo miedo y...
La castaña le cortó en seco con un beso. Sellando sus labios, emocionada por las palabras de ese hombre de quien estaba completa y absolutamente enamorada.
Fuera de Hogwarts, Harry Potter y Ron Weasley rastreaban las últimas pistas que tenían sobre el paradero de los mortífagos.
-Hacía tiempo que no volvíamos a ser compañeros de trabajo-dijo Harry a su cuñado.
-Sí, últimamente las misiones que nos encomendaban a cada uno eran distintas y apenas coincidíamos.-declaró el pelirrojo.
-Ron, necesito atrapar a esas ratas cobardes o la vida de mi hijo Albus estará también en peligro. Y si averigüan que es hijo mío su sed de venganza será incontrolable.
-Tranquilo, Harry. Daremos con ellos y les volveremos a meter en Azkabán, de donde no deberían haber salido nunca.
Ambos hombres continuaron recorriendo el perímetro por donde se les había visto por última vez y examinaban cada pequeño detalle fuera de lugar.
Se internaron en el claro de un pequeño bosquecillo y la imagen que vieron les repugnó. Un ciervo yacía desollado sobre un charco de sangre y a su lado, en una piedra lisa imitando a una losa, una inscripción escrita con sangre:
"Los traidores han de morir. Los débiles han de sufrir. El dolor os conquistará cuando menos lo esperéis"
Harry apretó los puños mirando compungido el cadáver del animal. Sabían que él iba tras ellos y aquello era señal de que tenían que empezar a preocuparse.
-A veces siento que me hago viejo y que mi fuerza no es suficiente.
-No digas eso, Harry. Eres un hombre fuerte, las hemos pasado peores.
-Lo sé, Ron, lo sé. Pero desgraciadamente ni tú ni yo tenemos 20 años.
Los aurores enterraron en cuerpo del animal e hicieron desaparecer la sangre. Ron Weasley encogió piedra con el mensaje escrito en sangre y lo guardo en una bolsa mágica que no emborronaría las letras.
El patronus de Lupin apareció de repente frente a ellos. Un lobo plateado con la voz de Remus les habló de manera grave.
-En cuanto podáis, os espero en Grimmauld Place, se ha cometido un asesinato dentro del Ministerio de Magia y el asunto pinta mal. El ataque lo debe haber hecho alguien de dentro, por tanto, ya ninguna persona es de fiar.
Harry y Ron se miraron el uno al otro y sin mediar palabra se desaparecieron del lugar donde habían encontrado aquella atroz escena.
En la torre de Astronomía, Albus Dumbledore reflexionaba sobre la situación actual y trataba de encontrar una estrategia definitiva.
Entonces recordó el truco que había empleado dos décadas atrás para hacerse pasar por muerto.
Cuando le haces creer al enemigo que has perdido, éste se confía y es cuestión de tiempo el que salga de su escondrijo para cerciorarse de que así ha sido.
Debía ponerse en contacto con el Ministerio, El Profeta y el equipo de búsqueda. Y lo más complicado de todo convencer a un testarudo pocionista.
Albus Dumbledore acababa de tramar un plan.
Continuará...
