Hola ¿Cómo están? Finalmente aquí les traigo el capítulo 20, no esperaba terminarlo a las 9:20 pm, pero me surgieron un par de cosas hoy que ocuparon mi tiempo más de lo esperado.
En fin, sin más preámbulos aquí les dejo el capítulo, espero lo disfruten.
Capítulo XX: Todo o nada
Una sola y simple bala fue todo lo que necesito para detener su corazón y para cambiar para siempre su mundo y su propia vida, que después de aquel disparo jamás volvería a ser la misma y Heiji lo sabía muy bien y por lo que pudo ver en los ojos de la mujer que cruelmente le había arrebatado el corazón, ella también lo sabía e inclusive estaba mucho más preparada que él para afrontar las consecuencias que acarreaban sus audaces palabras. Darius observaba la escena extasiado y con un retorcido destello de emoción en sus ojos dirigió toda su atención hacía las dos mujeres cuando su joven compañero alzo el arma, pues quería ver si era capaz de adivinar a cual de las dos escogería salvar al final.
— Dispara —Dijo Aoko con voz calmada, pero a la vez fuerte e imponente, sin apartar la mirada de los ojos de Heiji en ningún momento.
Como si estuviera siguiendo una orden Heiji disparo sin dudarlo, acertando de lleno el disparo en su objetivo.
— ¡Aaaargh! —El potente grito de dolor de Darius resonó en toda la habitación a la vez que éste caía al suelo sujetando su ensangrentada mano derecha— ¡Maldita sea! ¡Voy a matarte bastardo malagradecido!
— ¡Date prisa! —Le urgió Kazuha al joven al asesino, quien saliendo del breve ensimismamiento que le había causado el dispararle a uno de los dos únicos hombres a los cuales les temía desde que tenía memoria— ¡Heiji!
— ¡Ya lo sé mujer! —Grito en respuesta girándose rápidamente hacía ella disparando un par de certeras balas que destrozaron la unión entre el gancho de acero y el eslabón de la cadena que lo sostenía.
Sin poder evitarlo Kazuha cerro los ojos mientras caía pesadamente hacía el suelo, preparándose mentalmente para lo que sería un duro golpe, un golpe que Heiji evito corriendo con todas sus fuerzas hacía ella desde el mismo instante el que había disparado el arma, logrando interceptarla antes de que llegara al suelo.
— Vaya que eres pesada mujer —Bufo el moreno ante la atónita mirada de su compañera mientras la dejaba en el suelo sin mucho cuidado.
— ¡Cuidado! —Grito Aoko desde las alturas agitándose violentamente
Como si algo se hubiera activado en su interior, Heiji se abalanzo sobre Kazuha a la vez que un nuevo disparo hacía eco entre aquellas cuatro paredes, al parecer Darius se las había arreglado para disparar el rifle que traía consigo usando solo su mano izquierda, pero gracias a la advertencia de Aoko el malherido asesino había fallado nuevamente, una oportunidad que Heiji no paso por alto, tomó su arma y le disparo a Darius en la otra mano y en el hombro, corrió hacía él y sin dudarlo le arrebato el rifle de sus ensangrentadas manos aguantándose las ganas de insertarle una bala en la cabeza en ese mismo momento a ese bastardo malnacido, quien a pesar de estar retorciéndose del dolor aun sonreía victorioso.
— Se acabo el tiempo héroe —Musitó ensanchando aun más su sonrisa cuando un fuerte pitido resonó en toda la habitación.
Alarmado Heiji volteo rápidamente hacía Aoko viendo con horror como el mecanismo se había activado, los cinco minutos habían transcurrido. La joven inspectora sintió el fuerte tirón de la cadena en su cuerpo jalándola hacía la viga de madera, instintivamente giro su cuerpo cuanto pudo, escudándose con su maltrecho brazo izquierdo, rogando al cielo que aquella loca idea funcionase y el cuchillo se incrustara en su brazo solamente, lo cual no sucedería mientras siguiera atada por aquella endemoniada cadena.
Tres potentes disparos hicieron eco en sus oídos a la vez que todo a su alrededor se movía en cámara lenta, su mirada fija en el gancho capto el momento en el que esas tres balas impactaban con una precisión increíble en la unión del cancho y la cadena destrozándolas y liberándola en el proceso. Aoko sintió como su cuerpo impulsado la fuerza que había aplicado la cadena sobre ella se elevaba un poco más hasta rozar levemente el cuchillo incrustado en la viga de madera para luego caer pesadamente a causa de las cadenas que envolvían su cuerpo, puedo ver a Heiji arrojando el rifle a un lado mientras corría desesperadamente hacía ella, logrando de alguna manera atraparla antes de que su cabeza golpease el suelo y aunque ambos de todos modos cayeron estrepitosamente al suelo, el impacto no había sido tan fuerte.
Suspirando aliviada Aoko rodo la mirada hacía su agotado subordinado, no, hacía su agotado amigo quien inhalando y exhalando fuertemente se aferraba a ella con los ojos cerrados, como si tuviese miedo de que al abrir los ojos la vería muerta entre sus brazos.
— Cálmate un poco Heiji —Le susurro suave y dulcemente al oído al moreno sintiendo como éste se congelaba bajo su cuerpo al sentir el aliento de la joven inspectora rozando su piel— todo esta bien ahora, lo lograste. Nos salvaste a las dos, bien hecho.
— Gra… Gracias —Tartamudeo nerviosamente, sonrojándose al notar la cercanía entre él y la joven inspectora y como con solo girar un poco la cabeza podría robarle un beso si quisiera y vaya que quería hacerlo, pero… Pero no era el momento para hacerlo y más cuando sabía que no sería correspondido.
Suspirando resignado Heiji se levanto con ella en brazos y la llevo junto a Kazuha, las libero a ambas de las cadenas que las aprisionaban, para luego volverse hacía un malhumorado Darius quien aprovechando que el joven asesino estaba concentrado aquellas dos mujeres, trato de escapar corriendo hacía la puerta, pero Heiji lo detuvo sin mucho esfuerzo disparándole en los tobillos con la Makarov PM que él mismo le había entregado; adoptando su actitud de frio y sanguinario asesino, Heiji agarro a Darius por sus ensangrentados tobillos y apretándolo con fuerza lo arrastro de regreso sin sutiliza ni consideración alguna arrojándolo frente a las dos mujeres que el tanto había maltratado.
— ¡Argh! —Se quejo adolorido clavando sus ojos en el joven asesino— ¿Estas seguro de esto niño? Dejaras de ser un héroe y volverás a ser una maldita rata como yo…
— No me importa —Espeto Heiji quitándole aquel cuchillo que guardaba en su cinturón, lo tomo por el cuello de la camisa y sin dudarlo le corto la garganta a sangre fría y lo dejo caer al suelo retorciéndose desesperadamente llevándose las manso a la garganta en un vano intento por detener el sangrando— te mereces mucho más que esto por todo lo que has hecho maldito desgraciado. ¿Te duele? ¿Tienes miedo? Pues eso no es nada comparado con lo que ha de hacer sentido esa mujer Ran Mouri cuando tú le desgraciaste la vida, no es nada comparado con el dolor y la desesperación de Kudo, no es nada comparado con el dolor que le has hecho pasar todo este tiempo a la inspectora por arrebatarle a su esposo… ¿Estas sufriendo? ¿Te falta el aire?... ¿Le tienes miedo a la muerte Darius?
Con las lágrimas inundando sus envejecidos ojos Darius se retorció en el piso escupiendo sangre a la vez que esbozaba una amplia sonrisa a pesar de sus temblorosos labios. Tenía miedo de morir era cierto, pero la sola idea de que su final fuese tan trágico y dramático lo hacía sentirse satisfecho y realizado.
— Eres un jodido enfermo Darius —Espeto entre dientes apuntándolo a la cabeza con su arma borrando finalmente aquella sonrisa de los labios del viejo asesino abatido— por eso voy a robarte el placer de morir dramáticamente.
Y así con la última bala queda en el cargador de su arma, acabo con la vida de aquel hombre que tanto daño había causado y que lo había obligado a elegir entre Kazuha y Aoko de aquella manera; acabo con su vida disparándole justo en medio de los ojos como el mismo le había enseñado cuando tenía diez años. Molesto y sintiéndose profundamente asqueado dejo caer el arma a un lado de su cuerpo apretándola fuertemente, manteniendo la mirada en el cuerpo sin vida de aquel hombre, sumido en su propio mundo hasta que un par de brazos lo rodearon desde atrás trayéndolo de vuelta al mundo real. Se quedo helado al ver que quien lo estaba abrazando no era otra que Kazuha.
— Heiji —Dijo Kazuha en un leve hilo de voz deslizando su mano por todo el brazo del petrificado Heiji hasta llegar a su mano y sujetar el arma que este aun apretaba con fuerza— suelta el arma Heiji, ya todo esta bien, así que suelta el arma… Por favor.
— Está bien —Mascullo entre dientes aflojando su agarre y permitiendo que ella la tomase— solo no vuelvas a hablar así… Es muy… muy… Molesto.
Acunando su malherido brazo, Aoko presencio aquella escena con una sonrisa dibujada en su rostro, pues aunque Heiji no se había percatado de ello, él en el momento que soltó el arma había subido su otra mano al brazo de Kazuha que aun rodeaba su pecho y se había aferrado a él, como si temiese que aquello no fuera más que una ilusión. No había que ser un genio para ver que Kazuha sentía lo mismo, los dos temían que aquello no fuera cierto, ya que después de tantos años el que finalmente se hayan reencontrado parecía demasiado irreal, pero más que nada temían el tener que enfrentar al otro para confirmar que lo que Darius había dicho era o no cierto o si solo era un farol para que Heiji se sintiera presionado.
Pronto la incomodidad del joven asesino ante la cercanía de su compañera se hizo evidente, cuando incapaz de seguir soportando su tacto, se deshizo del agarre de ella apartando sus manos bruscamente y alejándose un par de pasos de ella.
— Esto aun no a terminado —Dijo obligándose a ver a Kazuha a los ojos y después a la agotada y malherida Aoko— Hay que terminar el trabajo y la inspectora necesita que alguien atienda la herida de su brazo.
— ¿A que te refieres con terminar el trabajo? —Pregunto temerosa Kazuha al ver la frialdad en los ojos de su compañero.
— No preguntes —Sentenciaron al unisonó Aoko y Heiji con fuerza observando con severidad a Kazuha. Extrañado por el repentino apoyo de la inspectora, Heiji volvió la mirada extrañado hacía ella enarcando una ceja.
— Hazlo que tengas que hacer Heiji —Respondió Aoko como si nada apoyando la espalda contra la pared aun acunando su brazo herido— nosotras te esperaremos aquí hasta que vuelvas. Eso si, ni se te ocurra tardar demasiado o tendrás que vértelas conmigo ¿Quedo claro?
— Tan claro como el agua inspectora —Asintió esbozando finalmente una sonrisa, aliviado de que ella siguiera tratándolo como siempre, sin miedo y con toda la fuerza que caracterizaba su reacio carácter.
Dando un rápido vistazo a Kazuha por encima del hombro, tomo el rifle y el cuerpo sin vida de Darius y lo saco de la cabaña dispuesto a "terminar el trabajo" como había dicho anteriormente. Una vez solas Kazuha corrió a atender a la debilitada inspectora deteniendo momentáneamente el sangrado con un improvisado torniquete, antes de salir corriendo en busca de algo parecido a un botiquín en el interior de la cabaña y encontró mucho más que eso, encontró toda una habitación esterilizada en el sótano donde había una camilla, instrumentos médicos y estantes con alcohol, medicinas, otras entrañas sustancias entre muchas otras cosas más que llamaron la atención de la oficial, sin embargo no se detuvo a observar mucho, tomo lo que necesitaba y volvió corriendo hacia la inspectora; trato todas y cada una de sus heridas aliviada de que estas solo fueran superficiales, siendo su brazo dislocado lo más grave de todo, sin embargo no quería confiarse hasta que un doctor la revisara, pues no sabía que clase de heridas internas pudiera tener, ni mucho menos la gravedad de estas. Necesitaban ir a un hospital lo más pronto posible y Heiji aun no volvía aunque ya habían pasado cerca de dos o tres horas desde que se había marchado a "terminar el trabajo".
— ¿Kazuha? —Dijo débilmente Aoko luchando por mantenerse despierta, captando la atención de la chica sin mucho esfuerzo.
— A la orden inspectora —Contesto enérgicamente acercándose un poco más a ella para que no se esforzara en hablar, era evidente que algo andaba mal en su interior, pues el dolor era visible en su rostro que a cada segundo que pasaba palidecía cada vez un poco más. Iba a hacer que Heiji deseara no haber nacido si no regresaba pronto.
— ¿Si eres tú después de todo? —Kazuha la observo extrañada, temiendo que ella estuviera tan mal como para no reconocerla a pesar de estar tan cerca de ella— ¿Tú eres la niña que Heiji salvo hace veinte años?
— Cuando leí por primera vez su nombre en el informe que nos presentaba a Keiko, a él y a mí como miembros de su escuadra inspectora, por un instante creí que podía ser aquel mismo niño de mal carácter que había salvado mi vida cuando tenía solo ocho años de edad. De verdad lo pensé, pero cuando vi el color de su piel y de sus ojos —Recordó tristemente Kazuha apoyando la espalda en la pared al lado de Aoko, abrazando sus piernas frente a ella— Me convencí de que solo era una coincidencia que aquel amargado y estirado hombre se llamara igual que aquel niño y tras investigar sus antecedentes termine de convencerme de ello, pero…
— Pero —La insto Aoko a continuar observando aquel zapato que se vislumbraba en el marco de la puerta.
— Tras trabajar juntos, investigando y discutiendo, peleando y compartiendo o simplemente debatiendo hipótesis sobre el caso de su esposo o del caso de la esposa del detective Kudo —Prosiguió Kazuha ignorando que en ese momento una tercera persona estaba escuchando aquella conversación— llegue a sentirme realmente a gusto a su lado, como si lo conociera de toda la vida. Tengo que admitir que realmente llegue a verlo como a un amigo, pero ahora que sé que él y aquel niño son la misma persona… Simplemente no sé como encararlo o como tratarlo a partir de ahora.
— ¿Qué opinas de él ahora que sabes que es un asesino? —Siguió presionándola, viendo como ahora Heiji motivado por la curiosidad se asomo levemente por el marco de la puerta, afortunadamente Kazuha estaba tan concentrada en Aoko que no lo vio en ese momento— ¿Te molesta? O ¿Te asusta?
— Me molesta —Respondió sin dudarlo— me molesta porque se que es mi culpa que haya terminado de esta manera… Si él no hubiese tratado de protegerme en aquel entonces, si él no hubiera salido valientemente a enfrentar a esos dos monstruosos hombres desviando su atención hacía él para que no me encontraran, entonces las cosas pudieran haber sido diferentes…
— Hubiéramos muerto los dos —Dijo Heiji incapaz de seguir escuchando a escondidas aquella conversación "secreta"— O peor, tú también te hubieras convertido en una asesina o hubieras muerto durante ese infernal entrenamiento. Solo Lucas y yo sobrevivimos después de todo.
— ¡Heiji! —Kazuha salto en su sitio al darse cuenta de la presencia del moreno en la habitación— ¿Cuanto tiempo llevas ahí?
— Acabo de llegar —Mintió descaradamente. Kazuha volteo hacía Aoko para confirmar si decía la verdad y para sorpresa del joven asesino, Aoko asintió de una manera tan convincente que Kazuha no tuvo más remedio que creerle— Pero eso no importa ya me encargue de "ese" asunto inspectora, los animales se encargaran del resto. Espero no haber tardado tanto, no me gustaría afrontar su ira inspectora.
— Comprendo —Asintió Aoko removiéndose incomoda ante aquella molesta punzada de dolor que se había alojado en su pecho— Tienes suerte que me entretuve hablando con Kazuha y no medí el tiempo, sino te hubieras enterado de quien soy yo realmente.
— Pues creo que soy afortunado de que Toyama la distrajera, pero ya hablaremos de eso más tarde, aun queda algo más que hacer con éste lugar —Agrego acercándose a ellas rápidamente, cargo con cuidado a Aoko y se apresuro a salir de la cabaña, indicándole a Kazuha con una seña que lo siguiera.
Una vez afuera Heiji deposito a Aoko con sumo cuidado en el suelo y la recostó de un árbol que se encontraba lo suficientemente alejado de la cabaña como para no poder verla, Heiji le entrego a Kazuha el rifle de Darius, ahora sin rastros de sangre, instruyéndola para que lo utilizara para defenderse de cualquier animal salvaje que pudiera aparecer mientras él regresaba con ellas. Tras casi una hora de espera Heiji volvió con el atardecer en su espalda y una creciente llama rojiza que cada vez se hacía más y más grande en la dirección en la que se encontraba la cabaña.
— Ahora si, vámonos antes de que las cosas se pongan más calientes por acá —Urgió el moreno cargando una vez más a la joven inspectora entre sus brazos y comenzó a correr en dirección hacia la carretera seguido de cerca por Kazuha— Cúbreme la espalda Toyama, dispare a cualquier cosa que veas sospechosa.
— ¿Y cómo hago para no dispararte a ti? —Ironizo esforzándose para mantener el ritmo de Heiji a pesar de sus propias heridas tratadas superficialmente por ella misma hace poco— Digo, eres la cosa más sospechosa en un radio menor a cincuenta metros a la redonda tarado.
— Corrijo —Contesto el joven asesino sonriendo divertido por la pequeña broma de su compañera— Dispárale a cualquier cosa sospechosa, menos a mí. A menos que quieras cargar tú con la inspectora, por supuesto.
— Para eso estas tú —Replico en el acto a la vez que saltaba un tronco— No quisiera quitarte tu trabajo como bestia de carga Hattori.
— Entonces…
— ¡Basta! —Dijo Aoko alzando la voz por encima de la de ellos silenciándolos en el acto— Si siguen peleando al igual que un par de niños, juro que los haré limpiar los baños de la estación por todo un año, en especial los del piso tres bajo la supervisión del sargento Himura.
Ambos contrajeron sus rostros asqueados ante la idea y sobre todo ante la idea de estar bajo la supervisión de un tipo como lo era el sargento Himura, cualquiera en su sano juicio preferiría una y mil veces saltar por un puentes antes que tener que trabajar para ese hombre; no hizo falta decir nada más para que los dos guardaran silencio después de eso ya que ambos conocían muy bien a su temperamental jefa y ella realmente era capaz de cumplir aquella amenaza si la hacían molestar aunque fuera un poco más.
Tras unos quince minutos corriendo sin parar finalmente llegaron a la carretera, justo el fuego que Heiji había ocasionado comenzaba a tomar altura al llegar al bosque, pero eso no era lo más sorprendente en aquel momento.
— ¿Pero que demonios hace esta cosa aquí? —Grito Kazuha al ver a un gran helicóptero negro esperándolos en la carretera, del cual un hombre y una mujer vestidos completamente de negro con un sobrero y un antifaz del mismo color al verlos corrieron hacía ellos. Kazuha tomo el rifle lista para disparar cuando Heiji la detuvo interponiéndose entre ella y los sospechosos individuos de negro.
— No les dispares —Dijo pausadamente Heiji a la vez que depositaba a Aoko con cuidado en los brazos del hombre de negro— ellos están aquí para ayudarnos.
— ¿Cómo lo sabes? —Dijo subiendo al helicóptero detrás de él, colocándose protectoramente junto a Aoko observando como aquella misteriosa mujer con sumo cuidado depositaba la cabeza de Aoko en sus piernas.
— Esa mujer fue mi maestra y ahora esta en contra del maestro Leandro —Resumió Heiji sin ánimos de entrar en muchos detalles por ahora— Y ese de allá, el piloto. Supongo que es el tarado que le dio la dirección de este lugar a la inspectora.
— Cuidado con lo que dices amigo —Dijo con voz grave Makoto levantando el vuelo— Puedo hacerte caer del helicóptero en cualquier momento. Recuérdalo.
— Quiero ver que lo intentes…
— Heiji una palabra más y te hare limpiar los baños de la comisaria con la lengua —Volvió a amenazarlo Aoko luchando por no perder la consciencia y por enfocar a las personas que se encontraban a su alrededor sin mucho éxito— Ahora ¿Qué hacen ustedes aquí? ¿Por qué han venido a ayudarnos? Y ¿De donde demonios sacaron esta cosa?
— Tenemos ciertos contactos, querida; además necesitábamos llegar lo más pronto posible a este lugar y en auto hubiera sido imposible hacerlo —Dijo Chikage mientras le acariciaba suavemente el cabello— Vinimos en lugar de Kaito, queríamos evitar que cometiera una locura y…
— Haz… ¿Haz dicho Kaito? —La interrumpió bruscamente Aoko haciendo un esfuerzo sobrehumano por enfocar a la misteriosa mujer que le acariciaba el cabello con tanta ternura— Por favor necesito saberlo.
— Si cariño —Contesto Chikage dedicándole una dulce sonrisa— Dije Kaito, nosotros lo sacamos de aquel lugar antes de que ocurriera la última explosión y colapsara la estructura.
— Gra… Gracias a dios —Dijo débilmente Aoko sintiendo como sus ojos se llenaban de lagrimas a la vez que su consciencia lentamente se desvanecía— al menos… él… es… está… bien… bi… en…
Y así finalmente Aoko perdió el conocimiento alarmando a todos lo presentes deteniendo momentáneamente sus corazones ante el temor de que aquellas pudieran ser las últimas palabras de la valiente y osada inspectora.
— ¡Date prisa Makoto! —Grito Chikage perdiendo por un instante la compostura— ¡Debemos llegar ya al hospital!
— ¡Voy lo más rápido que puedo! —Contesto Makoto a la defensiva— Voy a notificar por radio.
— Pues hazlo —Urgió Chikage alarmada por la débil y casi imperceptible respiración de Aoko— ¡Si algo le pasa a mi nuera me las vas a pagar! ¡Te lo advierto!
— En la casa del bosque —
Tras la llegada del doctor Araide a la casa, él y Vermouth trasladaron rápidamente a Irish a la misma sala de operaciones en la qué el y Shiho habían atendido a Shinichi y a Kaito cuando ellos mismos habían estado al borde de la muerte, pero como en esta ocasión Shiho no estaría, el viejo Jii también había venido junto con algunas personas de confianza para intentar salvar la vida del hombre que había ayudado en más de una ocasión a su joven maestro Kaito a salir ileso en las locuras que cometió cuando estaba en Italia buscando a Pandora.
Una vez todo el grupo se perdió de vista en las escaleras que llevaban a la sala de operaciones, Akako se levanto del suelo y limpiando su falda con la mano aguardo a que Vermouth regresara.
— Creí que te marcharías en cuanto llegase el doctor —Musitó Vermouth al ver a la bruja aun en la sala— Bueno, eso me evita el tener que buscarte.
— Estaba esperándote, así que deberías de estar agradecida —Dijo Akako prepotentemente acomodándose el cabello a la vez que se encaminaba hacía la salida de la casa— Ahora sígueme, no hay tiempo que perder. Te ayudare para que puedas vengar a tu compañero.
Sin ánimos de entrar en detalles Vermouth siguió a la bruja hasta el exterior de la casa, cerrando la puerta la salir solo por precaución, lo que menos necesitaban ahora era algún otro incidente por tonto que éste pudiera llegar a ser. Luego siguió a la joven bruja hasta un viejo, pero bien cuidado Camaro SS del 69 de color azul rey en el cual el retirado inspector Ginzo Nakamori se encontraba a bordo junto con el fiel asistente de Akako que se encontraba en el asiento del copiloto. Sin preguntar el porque de aquella extraña combinación Vermouth abordo el auto junto con Akako, sentándose juntas en el asiento trasero del mismo.
— Listo inspector, ya podemos marcharnos —Musitó la bruja mostrándose respetuosa con aquel hombre que conocía desde hace muchos años atrás.
— Entiendo —Contesto visiblemente malhumorado el antiguo inspector encendiendo el auto— Supongo que ya sabes por qué he venido a buscarte ¿No?
— Por supuesto inspector, ese hombre al final decidió llevar su plan tan lejos como le sea posible —Contesto Akako desviando la mirada hacía la ventana pensativa— Kudo sería capaz de matarlo por haberse atrevido a hacer algo como eso. No quiero ni imaginarme que sucederá cuando se entere.
— Allí es donde entramos nosotros. Supongo —Intervino Vermouth leyendo el rumbo en el que se encaminaba aquella conversación.
— Así es, nos encargaremos de crear una abertura en el plan perfecto de aquel miserable intento de ser humano —Musitó Akako sonriendo para si misma ante la idea— el resto dependerá de Kudo y de Kuroba, ellos son lo únicos que pueden ponerle fin a toda esta locura.
— Comprendo. Ahora quisiera hacerte una pregunta más, sí es que me lo permites claro está —Inquirió Ginzo observándola a través el retrovisor esperando su respuesta. Ella tan solo se limito a asentir— ¿Qué ganas tú con todo esto? Es decir ¿Por qué te involucras en algo tan peligroso, cuando no tiene nada que ver contigo? Digo, si mal no tengo entendido te casaras en un par de semanas ¿No es así?
— Tiene toda la razón inspector, voy a casarme en un par de semanas con un hombre del que me he enamorado perdidamente contra todo pronostico —Dijo sonriendo levemente ante lo gracioso que resultaba todo aquello, pues ni ella misma se esperaba que algún día se fuese a casar con aquel hombre, ni mucho menos se espera decir alguna vez que lo amaba "¿Qué irónica es la vida, no?" Pensó en su fuero interno, antes de tornarse sería nuevamente— Y no, no gano nada con todo esto. Simplemente lo hago porque hasta que ese hombre no desaparezca de la faz de la tierra, ni Kudo, Kuroba, su hija o yo podremos vivir plenamente nuestras vidas.
Notando el desconcierto en el rostro del retirado inspector, Akako suspiro con resignación a la vez que se disponía a explicar nuevamente sus motivos, pensando en la mejor manera de hacer entender a aquel hombre que algunas veces podría llegar ser brillante, pero que la mayoría del tiempo era… era… Bueno, era Ginzo Nakamori.
— ¿Recuerda a mi antiguo novio inspector? ¿Recuerda a Saguro Hakuba? —Ginzo asintió sin entender todavía a donde quería llegar la joven bruja con todo esto— él fue asesinado por un hombre llamado Lucas Bertrand, el mismo hombre que secuestro a su hija y la torturo hace un par de años a tras —Ginzo apretó fuertemente el volante ante el recuerdo de cómo estuvo a punto de perder a su hija por culpa de aquel hombre, por suerte Kaito intervino a tiempo salvándola de las garras de las inclementes garras de la muerte— Bueno ese hombre era alumno de Leandro Mersenne, es decir que en cierto modo que Saguro muriera fue culpa de Leandro ya que si el nunca hubiera convertido a Lucas en un asesino, entonces Saguru no hubiera tenido que morir aquella noche.
— No me digas que tú…
— Así es inspector —Lo interrumpió Akako dispuesta a terminar con su relato— La razón que hago todo esto es para vengar la muerte del hombre que una vez ame con locura y para evitar que ese miserable siga haciendo sufrir a más gente inocente. Leandro Mersenne debe de desaparecer para que todos podamos vivir en paz.
— Cuenta conmigo —Musitó Vermouth
— Y conmigo —Agrego el inspector recordando lo mal que había estado Aoko por culpa de ese hombre, como su pequeña nieta no dejaba de preguntar por su fallecido padre que resulto estar vivo al final, pero más que nada lo que lo impulso a embarcarse también en aquella misión fue el hecho de que aquel bastardo malnacido hubiese tenido los pantalones para hacer lo que había hecho hace unas horas… Eso era sin duda imperdonable.
