Capítulo 20. Serenade for two.

Lo único que se escuchaba mientras los dos caminaban a la orilla del mar aquella tarde, era el rumor de las olas yendo y viniendo, estrellándose con calma sobre la orilla de la playa. Los dedos de los dos estaban entrelazados y el cielo gris de la tarde le daba un aire nostálgico al paisaje pero ninguno de los dos sentía tal emoción dentro de ellos.

Aquel era un día feliz después de todo, aquel día los dos celebrarían su compromiso rodeados de las personas que más los amaban y además, era el cumpleaños de Victor quien no podía imaginar tener una mejor celebración de cumpleaños que aquella donde Yuri y él caminaban tranquilamente a la orilla de la playa, sin decir nada pero sintiéndolo todo, sintiendo la paz de saber que estaban unidos más allá de las palabras, más allá de lo que incluso sus ojos podían ver.

Y es que la música del mar era como una serenata de amor solamente para los dos que estaba envolviéndolos en aquel silencio suave y cómplice en el que los dos solían caer de vez en cuando, como si aquel silencio pudiera protegerlos de todo lo demás.

Porque los dos sentían de después de todo lo que había sucedido en Barcelona, sus corazones estaban cansados de ruido y Yuri y Victor estaban felices de que Dasha y Hiroko prácticamente los hubieran echado de la casa para que ninguno de los dos tuviera nada que ver con la preparación de lo que sería una reunión intima para celebrar su compromiso que sin duda alguna desembocaría después en una fiesta de cumpleaños por todo lo alto, porque todo el mundo había decidido que Victor merecía ser celebrado de aquel modo.

El hotel de la familia Katsuki estaba prácticamente convertido en una revolución de preparativos a pesar de que los amigos de los dos no habían podido viajar a Japón para celebrar con ellos debido a que la gran mayoría de los patinadores tenían que entrenar para el campeonato europeo, pero aun así, la familia de Yuri y los padres de Victor eran una familia lo suficientemente grande y ruidosa que se había despertado aquella mañana con la firme convicción de convertir Yutopia en una revolución de comida, flores y pastel que seguramente habrían alterado los nervios de Yuri quien en realidad, todavía no podía creer que aquella fuera su vida y que en varios días, nada malo hubiera sucedido.

Porque su herida seguía sanando sin complicación alguna y el joven Katsuki había ganado el campeonato nacional de Japón aquella misma semana, callando así los últimos rumores de la prensa que aun dudaban de su capacidad como atleta. De hecho, era increíble que todas las cosas que los reporteros habían escrito acerca de él se hubieran olvidado ya de la misma forma rápida en la que la locura de la prensa había comenzado. Parecía ser que ya nadie recordaba el trabajo secreto de Yuri porque el joven Katsuki había hecho que todo mundo se olvidara de ese episodio de su vida con la presentación de dos programas soberbios en el Campeonato Nacional que solo le daban una idea al mundo entero, que aquellas actuaciones de Yuri estaban anunciando solamente el nacimiento de una nueva leyenda sobre el hielo, de una joven leyenda de la que no sería posible quitar los ojos en mucho rato.

Yuri sonrió sin poder evitarlo y detuvo su andar y el de Victor quien miró a su amado sabiendo que aquel día, no había mejor regalo para él que la imagen de aquel joven hermoso que sonreía a su lado y cuya figura contrastaba perfectamente con aquel mar invernal que seguía cantando la canción del infinito, la canción que escuchan todos los seres que han amado alguna vez en sus vidas.

-Victor…- dijo Yuri sin dejar de sonreír, atrayendo en seguida la mirada azul de su amado cuyos ojos se quedaron prendados en él y Victor volvió a sentir como había sentido la primera vez que había mirado aquellos ojos, que ya no le sería posible mirar a nadie más, que no podría apartar sus ojos de Yuri sino hasta que estos se cerraran para siempre.

-¿Qué sucede, mi Yuri?- dijo el hombre de los ojos azules con ese tono dulce y suave de voz que siempre hacía que el corazón del japonés se saltara uno de sus latidos.

- ¿Tanta felicidad es legal, Vitya?- dijo el joven Katsuki inundando después la playa con el repicar de una risa alegre que a Victor siempre le causaba una oleada de amor intenso hacia ese joven que estaba sintiéndose tan feliz como él en aquel momento.

-Supongo que sí…- dijo Victor besando la frente del chico quien de a poco, había aprendido a recibir aquellas muestras de afecto de Victor sin sentir vergüenza, sintiéndose simplemente afortunado por estar ahí con él y que los labios de Victor lo besaran a él, a él y a nadie más que a él-. Pero ¿sabes algo, mi Yuri? Si no lo fuera ¿A quién le importa? Es bueno romper las reglas de vez en cuando y si somos más felices que el resto de los humanos ahora deberíamos simplemente serlo ¿no crees? La verdad es, mi Yuri que no tenemos por qué preguntarnos si esa felicidad hace felices a otros o no…

-La edad te ha hecho sabio, entrenador- dijo Yuri sonriendo de forma traviesa ante el gesto un tanto molesto de Victor al escuchar la palabra "edad" seguida de aquella horrible palabra que Yuri usaba a veces, algo tan horrible como "entrenador".

-Hey Katsuki, deja de repetirme mi edad…- dijo Victor con seriedad, haciendo que la risa de Yuri estallara una vez más-. No soy tan viejo aun, ni siquiera he cumplido treinta años…

-Tú nunca envejecerás- dijo Yuri tomando entre sus manos el rostro triste de Victor quien de verdad era muy sensible con respecto al tema de la edad-. Siempre serás el mismo hombre hermoso del que me enamoré en mis ojos ¿está claro, Vitya?

-¿Y si me quedo calvo? Todos los hombres de mi familia han sufrido de ese mal y yo creo que no podré salvarme de ese cruel destino…- dijo el hombre de los ojos azules haciéndole ver a Yuri por la tristeza que había en su voz, que su amado de verdad estaba preocupado por eso.

-Me quedaré calvo también- dijo Yuri haciendo que la felicidad regresara a los ojos de Victor-. Creo recordar que decidiste envejecer conmigo ¿no es así? ¿O ya lo olvidaste? Victor… ¿Estás pensando en cancelar la boda?

-¡Jamás!- dijo Victor con firmeza-. Voy a casarme contigo en primavera…

-Vamos a casarnos exactamente en cuatro meses, Vitya- dijo Yuri y Victor tuvo ganas de ponerse a saltar de felicidad al recordar que los dos ya tenían ahora una fecha para la boda-. Olvídate de todo lo demás, yo jamás dejaré de estar enamorado de ti, para mí siempre serás el Victor Nikiforov que me robó el corazón desde que era niño. Victor, parece que no has entendido que yo podría buscar por todo el mundo entero pero jamás podré encontrar a alguien que sea mejor para mí que tú…

Victor abrazó el cuerpo de Yuri y lo escuchó reír una vez más mientras cerraba los ojos para perderse en medio de aquella nueva canción que se unía al rumor del mar y Victor decidió que aquella sería la música que escucharía también el día que tuviera que irse del mundo. Porque Yuri era hermoso en todo sentido y estaba entre sus brazos; porque de no haber ido jamás a Japón quizá él y Yuri jamás se hubieran encontrado y él seguiría siendo aquel príncipe del hielo solitario que bailaba canciones de amor sin saber que un día alguien como Yuri se convertiría en esa historia de amor real que jamás tendría que ser solamente un sueño.

-¿Por qué Yuri Katsuki me ama a mí cuando pudo haber amado a alguien menos idiota que yo?- dijo Victor sin poder reprimir esa pregunta que se hacía siempre cuando miraba a Yuri dormido al lado suyo, cuando lo veía entrenar sobre la pista de hielo o cuando el joven japonés le decía que lo amaba en la intimidad de las noches infinitas y llenas de pasión que solían compartir en la soledad de su habitación.

-Por la misma razón que Victor Nikiforov puso sus ojos en mí cuando podría haber mirado a cualquiera…- dijo Yuri separándose de Victor para mirarlo a los ojos una vez más.

-¿Qué razón es esa, mi Yuri?- dijo el hombre de los ojos azules conmovido hasta lo más hondo de su corazón por las palabras de su amado.

-No hay razón, Vitya- dijo Yuri sonriendo con todo el amor que sentía en sus labios-. El amor no sabe nada de razones, simplemente sucede y me alegra que haya sucedido entre los dos…

Victor sonrió con dulzura antes de besar con suavidad los labios de Yuri y perderse en aquel beso uniendo ahora la música de sus labios tocándose a la melodía el mar y a los acordes de sus corazones que estaban acostumbrados ahora a latir al mismo ritmo. Los dos se perdieron en aquel beso que era como un mundo particular para los dos, como quien viaja a un mundo al que siempre ha soñado ir y del cual uno no quiere regresar. Porque aquel mundo era amor, los labios de los dos juntándose y besándose eran amor y ninguno de los dos creía que fuera necesario tener algo más en sus vidas en aquel momento.

-¿Crees que ya es hora de volver a casa?- dijo Victor sobre los labios de Yuri quien tenía aun sus ojos cerrados, el chico sentía que su alma había salido volando de su cuerpo debido a la intensidad del beso que había compartido con Victor.

-Supongo que sí- dijo el joven Katsuki con aire distraído-. Nuestros padres quieren hablar con nosotros antes de la fiesta y es mejor que estemos ahí temprano si es que quiero tener tiempo de supervisar que todo esté listo para tu regalo de cumpleaños…

-¿Tienes una sorpresa para mí?- dijo Victor sonriendo alegremente como un niño que espera la navidad con emoción y de hecho, aquel era el día de navidad en realidad.

-Sí…- dijo Yuri y sus mejillas se sonrojaron profundamente haciendo que Victor sintiera la súbita necesidad de saltarse su propia fiesta de compromiso para ir directamente a celebrar su cumpleaños con Yuri y nadie más que Yuri.

-¿Y no puedo verla ahora?- dijo Victor exhalando aire sobre los labios de Yuri quien se estremeció al contacto de esa sensación.

-No…- dijo Yuri aunque todo su cuerpo clamaba por pronunciar un enorme "sí"-. Primero la fiesta, después…

-Después…- dijo Victor con un susurro suave que erizó el vello de la nuca del joven Katsuki.

-Basta, Nikiforov…- dijo Yuri riendo divertido al tiempo que empujaba a Victor lejos de él-. Compórtate, mis padres todavía pueden negarte su permiso para casarte conmigo si les digo que…

-¿Que te vuelvo loco?- dijo Victor riendo divertido de las mejillas sonrojadas de Yuri- ¿Que solo yo puedo hacerte sentir así, dispuesto a saltarte tu propia fiesta de compromiso para estar conmigo y hacer cosas… más interesantes?

-Cállate y camina, entrenador…- dijo Yuri tratando de sobreponerse a la vergüenza que esas palabras que contenían toda la verdad del universo estaban causándole-. Si sigues diciendo esas cosas, soy yo quien va a romper el compromiso…

-¡Oh Yuri, no eres tan cruel!- dijo Victor acercándose a su amado para tomarlo de la mano y empezar a caminar con él rumbo a Yutopia- ¡Es mi cumpleaños!

-Y puedes quedarte no solo sin prometido, sino también sin regalo de cumpleaños si sigues molestándome así- dijo Yuri seriamente y Victor empezó a sentir miedo-. Así que, Victor Nikiforov ¿Vas a comportarte o no?

-Tus deseos son órdenes, mi Yuri- dijo el hombre de los ojos azules con un tono contrito que hizo reír al joven Katsuki-. Seré un novio modelo, recatado y sencillo frente a tus padres, lo prometo…

-Ni tú mismo crees eso, Vitya- dijo Yuri sintiéndose feliz-. Pero bueno, será divertido verte intentando ser lo que no eres…

Los dos hombres rompieron a reír sin poder evitarlo sintiendo que la serenata para dos seguía sonando dentro de su pecho. Los dos caminaron sin soltarse de la mano y al llegar a Yutopia, no les sorprendió ver que todo estaba listo: el comedor principal estaba adornado con guirnaldas y papel brillante de colores y un enorme pastel de cumpleaños coronaba la montaña de comida que seguramente la madre de Yuri había preparado para celebrar a Victor.

Y todas aquellas muestras de cariño conmovieron hasta la raíz al hombre de los ojos azules quien se abrazó a Yuri sintiendo que el camino que los dos comenzarían a recorrer, estaría lleno del apoyo y las bendiciones de su familia y de todas las personas que les habían ayudado a proteger su amor de la maldad del mundo y de los rumores que no habían logrado ni lograrían separarlos jamás.

-¡Oh, Yuri, qué bueno que llegaste!- dijo la voz de Mari detrás de ellos quien lucía un hermoso vestido azul que la hacía lucir más joven y feliz que de costumbre-. Mamá me pidió que les dijera a los dos que ella, papá y los señores Nikiforov estarán esperándolos a los dos en la oficina de papá…

-¿Pasa algo malo?- dijo Yuri empezando a ponerse nervioso.

-Claro que no, solo quieren hablar con ustedes de cosas importantes antes de la fiesta- dijo Mari con una sonrisa feliz-. Así que dejen de tontear, vayan a cambiarse y nada de entretenerse desvistiéndose el uno al otro, ya tendrán toda la vida para hacer eso…

-¡Mari!- dijo Yuri sintiéndose avergonzado por las palabras de su hermana.

-¡Vamos Yuri, no hagas como si esto no sucediera entre los dos!- dijo la chica riendo divertida-. Ya sé que tú puedes contenerte, pero la gente dice que los rusos idiotas no son capaces de resistir el encanto de los genes Katsuki…

-Estás en lo cierto, hermana mayor- dijo Victor riendo alegremente-. Pero no lo digas en voz alta, Yuri amenazó con cancelar la boda si sigo gritando a los cuatro vientos que me vuelve loco y que muero por desvestirlo más tarde…

-¡Victor!- dijo el joven de los ojos marrones empezando a pensar que la boda se cancelaría de todos modos porque uno de los novios iba a morirse de vergüenza definitivamente.

-Solo digo la verdad, mi amor, no me mires así- dijo Victor sabiendo que ya había abusado demasiado de su buena suerte-. Vamos a cambiarnos ¿quieres?

-No se tarden, es en serio que no deben distraerse- dijo Mari haciendo que Yuri le dedicara una mirada mortífera-. Por cierto Yuri, lo que me pediste que preparara está listo, hermano menor…

Yuri sintió que sus mejillas se llenaban de rubor en dos segundos, así que simplemente asintió a la mirada traviesa de su hermana que hizo que Victor siguiera preguntándose de qué se trataba esa misteriosa sorpresa de cumpleaños que Yuri había preparado para él y de la que el joven Katsuki no diría nada de nada hasta que llegara el momento.

Victor suspiró sintiéndose un poco ansioso, era evidente que aquel intercambio de palabras con Mari solo había hecho que las ganas de saltarse la fiesta de compromiso de los dos se aumentaran en él y el hombre de los ojos azules decidió que era mejor no distraerse porque entre más rápido cumplieran con la fiesta de compromiso, más rápido volverían a estar convenientemente solos y alejados de los demás.

Victor sonrió pensando en aquello y entrando a la habitación que había compartido con Yuri desde el principio de su relación meses atrás, los dos chicos se dieron una ducha rápida para, acto seguido, vestirse con los dos trajes de aire informal pero aun así llenos de estilo que Victor había comprado para los dos en Barcelona, esos dos trajes de color azul marino que combinaban a la perfección con una fiesta de compromiso familiar como la que los dos habían querido tener.

Y cuando el ruso vio a Yuri usando aquel traje, Victor volvió a preguntarse cómo alguien así de hermoso podía ser real y sin poder evitarlo, el hombre abrazó a su prometido por la espalda, depositando un beso en la mejilla del chico japonés quien todavía no podía entender que fuera verdad que Victor Nikiforov pudiera enamorarse de él por lo menos cien veces al día, y eso no era algo que él pensara, eso era lo que al hombre de los ojos azules le encantaba decirle a todo mundo.

Victor rompió el abrazo minutos después sabiendo que Dasha de verdad lo mataría si no se apuraba a llegar con su futuro esposo a la reunión a la que tenían que asistir, y como ya era una costumbre entre los dos, Victor se encargó de acomodar el cabello de Yuri hacia atrás, dándole en un segundo esa imagen sensual y completamente encantadora que el joven Katsuki tenía siempre sobre la pista de hielo.

-Hermoso…- dijo Victor al ver a Yuri-. Tan guapo, mi Yuri…

-No más que tú, Vitya- dijo el joven japonés con sinceridad-. Vamos a ver a nuestros padres, a estas alturas deben estar pensando que los dos nos hemos dado a la fuga y no nos lo van a perdonar jamás…

Los dos hombres rompieron a reír una vez más y tomados de la mano, caminaron a la oficina de Toshiya Katsuki donde sus padres estaban esperándolos ya con una sonrisa feliz en los labios y es que los hombres y mujeres reunidos ahí, estaban más que complacidos con la unión de aquellos dos chicos que sin duda alguna merecían tener toda la felicidad que el universo pudiera darles.

-No demoraron tanto como imaginé- dijo Dasha riendo alegremente-. Les dije que esta vez teníamos que confiar en ellos, aunque el amor joven es tempestuoso y apasionado, también es capaz de distinguir las prioridades cuando las hay…

-Bueno, Victor es un caballero- dijo Andrey con seriedad-. Les dije que se comportaría a la altura de un día tan importante como hoy…

-Y Yuri evitó distraerse también- dijo Toshiya haciendo que su hijo se sonrojara de nuevo-. Debió ser difícil…

-Papá…- dijo Yuri sintiéndose realmente avergonzado.

-¡Oh hijo mío, no hay nada de qué avergonzarse!- dijo Hiroko con una sonrisa cómplice-. Sé cómo es no poder quitar las manos de encima de la persona a la que amas, tu padre y yo apenas salíamos de la casa después de nuestra boda…

-¿Eso es un consejo para mí, Hiroko?- dijo Victor riendo divertido-. Porque si es así, espero poder cumplir con esa recomendación los dos o tres primeros años de mi matrimonio con Yuri…

-¡Victor, compórtate!- dijo Andrey cuyo gesto avergonzado combinaba a la perfección con el de Yuri.

-¿De qué querían hablar con los dos?- dijo Yuri tratando de cambiar el rumbo de aquella conversación.

-De cosas importantes, hijo- dijo Toshiya con calma-. Siéntense, por favor, tenemos que hacerles a los dos un par de regalos antes de su fiesta de compromiso.

Los dos hombres se sentaron en medio de sus padres sintiendo que no estaban entendiendo nada acerca del motivo de aquella reunión pero sintiendo que no sería nada malo para ellos, así que simplemente esperaron a que los mayores empezaran a hablar para explicar lo dicho por el padre de Yuri.

-Vicchan, quiero que sepas antes de explicarles a los dos de qué se tratan estos regalos, que estoy feliz de que seas tú quien se unirá a Yuri para toda la vida- continuó Toshiya con calma y sus palabras fueron recibidas por los demás con sendas sonrisas llenas de acuerdo-. Debo decir que la unión de las familias Katsuki y Nikiforov me llena de orgullo y también de tranquilidad porque sé que nadie cuidará mejor a mi hijo que tú, me has demostrado muchas veces que eres capaz de protegerlo y de que aunque las cosas vayan mal, tú jamás lo dejarás solo, tú no dejarás que él deje de sonreír y por eso, Vicchan, te estaré completamente agradecido toda mi vida…

-Y yo también lo estoy- dijo Hiroko sonriendo con amor y Victor sintió que esa sonrisa en los labios de la madre de Yuri, era la sonrisa de una madre que de pronto ha decidido hacer de una persona que no ha nacido de su sangre, un hijo propio cuyo lazo a ella sería únicamente el amor-. Tú has hecho que mi Yuri encuentre el amor en todos los sentidos, tú has hecho que mi Yuri se olvide de la tristeza y del dolor. Es por eso que Toshiya y yo hemos decidido que este lugar, Yutopia, será tu hogar siempre…

-Yo sé que este mi hogar- dijo Victor sin entender del todo las palabras de Hiroko-. El lugar donde esté Yuri, ese es mi hogar…

-Lo sé, pero lo que estamos diciéndote ahora, hijo, es que Yutopia será tuyo ahora- dijo el padre de Yuri haciendo que los ojos azules de Victor se abrieran de par en par-. Fuiste tú quien lo compró desde que llegaste aquí ¿no es así? Tú lo compraste, Victor, este lugar es tuyo…

-¿Es eso verdad, Vitya?- dijo Yuri quien no tenía idea de que aquello había pasado hasta ese mismo momento.

-Sí…- dijo Victor sintiéndose descubierto de pronto-. Sé que no debí ocultártelo pero en aquel entonces, solo quería que dejaras de temer por el futuro de tu familia. Yo quería que todos ustedes dejaran de preocuparse por el hotel y por el dinero y por el dueño del lugar y… lo compré por ti, Yuri, pero yo sabía que la idea no iba a gustarte nada así que contraté a una compañía francesa que me ayudaría a que ustedes pudieran recuperar el hotel a menor costo y en menos tiempo y… me odias ahora ¿verdad?

Yuri se quedó en silencio un largo rato mirando los ojos azules de su prometido quien se sentía un poco avergonzado de no haber sido él quien le dijera a Yuri acerca de esa compra que él había hecho guiado simplemente por las ganas de ayudar como fuera a aquel chico triste y perdido del que Victor se había enamorado desde el principio de su relación.

-Claro que no te odio, Victor- dijo Yuri uniendo su mano a la de su prometido con agradecimiento-. Es solo que… no es fácil para nadie aceptar un regalo así, estamos hablando de un hotel que tenía una deuda enorme y…

-Hey, es solo dinero- dijo Victor con calma-. Y por eso mismo, no puedo aceptar que el hotel quede a mi nombre, esto es de ustedes, este es el patrimonio ancestral de una familia, si quieren poner el nombre de alguien en las escrituras, debería ser el de Yuri, o mejor aún, el de Mari, ella es quien ha mantenido a flote este lugar a pesar de todo…

-Ya lo hablamos con Mari y ella no quiere tenerlo- dijo Hiroko con calma-. Lo que mi hija quiere es un tiempo para ella, quiere viajar por el mundo ahora y encontrar su propio camino y nosotros la apoyaremos completamente en eso, así que… ¿Puedes aceptar esto como un regalo de compromiso para Yuri y para ti? Piensa en esto como un regalo para una familia que apenas va a formarse, porque estoy segura de que ustedes dos formarán una familia ¿no es así?

-Mamá…- dijo Yuri sintiéndose profundamente emocionado-. No podemos aceptarlo, Victor y yo buscaremos un lugar para los dos y para la familia que queremos formar y…

-Es tradición que el hijo de la familia Katsuki herede el hotel- dijo Toshiya con calma-. Este lugar te pertenece por derecho, Yuri, y por lo que hizo también le pertenece a Vicchan y además, el mejor lugar para que una familia florezca es el sitio donde están también sus raíces ¿por qué no se quedan aquí? Además, sé que tú y Vicchan todavía pasarán varios años yendo y viniendo alrededor del mundo debido a tus competencias, así que… vean Yutopia como el lugar al que siempre van a volver, vean este lugar como un nido para los dos, un sitio que los dos pueden inundar de nuevos recuerdos y de su propia historia…

-No puedo aceptarlo- dijo Victor con calma-. Aunque me gustaría hacerlo, no puedo, este lugar es suyo, es la herencia de su familia y yo… de verdad no puedo.

-Creo que deberías aceptarlo con gratitud y prometer que tú y Yuri cuidarán de este lugar, Vitya- dijo Andrey con calma-. Este es el deseo de los señores Katsuki y sería algo descortés rechazarlo. Además, nosotros también tenemos un regalo para Yuri y para ti…

-Tu padre y yo hemos comprado una casa para los dos en Moscú…- dijo Dasha sin poder reprimirse más-. Yuri y tú pueden ir ahí cuando quieran visitarnos porque aunque sé que los dos han decidido vivir en Hasetsu cuando Yuri se retire, no quiero perderme de la oportunidad de convivir con mi hermoso nuevo hijo y cuando tenga nietos quiero verlos crecer y jugar con ellos y…

-Dasha…- dijo Victor sin poder evitar sentirse conmovido por las palabras de su madre-. Mamá… ¿Por qué nos están haciendo este tipo de regalos? Es algo…

-No digas innecesario, Vicchan, no es así- dijo Hiroko con calma-. Sé que mi Yuri y tú son perfectamente capaces de iniciar un patrimonio juntos, pero en nuestros tiempos las cosas funcionaban así, los padres dan regalos que creen sus hijos necesitarán en su nueva vida como matrimonio, es por eso que nosotros estamos haciendo todo esto…

-Y lo que ustedes dos necesitan, como ya lo dijimos, es tener un lugar al cual volver- dijo Andrey con esa firmeza de negociante que tan bien le servía en el mundo de la política y de los negocios y que no aceptaba réplicas de ningún tipo-. Así que niños malagradecidos, dejen de discutir. El papeleo está listo y ustedes dos van a aceptar esos regalos o tendrán que casarse sin nuestra bendición y no quieren eso ¿verdad?

Victor y Yuri negaron suavemente con sus cabezas sintiendo que de todos modos no valía la pena seguir discutiendo y simplemente aceptaron aquel regalo con humildad y agradecimiento pensando en ello como una nueva responsabilidad pero también como lo que era: una señal de que sus padres estaban dándoles a los dos un hogar dividido en dos lugares alrededor del mundo porque los dos sabían que la historia que había empezado en Japón, de algún modo también le pertenecía a Rusia y era bueno saber que también habría un lugar para los dos en aquel país.

-Bien, ahora que han dejado de discutir, también queremos que vean esto- dijo Andrey sacando de su bolsillo una sobria caja de terciopelo oscuro que llamó la atención de los futuros esposos haciendo que sus corazones latieran con ansiedad.

-Son sus argollas de matrimonio- dijo Dasha con una sonrisa radiante al tiempo que abría la caja oscura haciendo que Yuri y Victor perdieran el aliento al ver las dos sobrias argollas doradas sobre las cuales estaban talladas dos piedras preciosas con la forma de una flor.

Los ojos de los dos se quedaron fijos sobre las argollas que los representaban a los dos y parte de su historia como pareja. Sobre la argolla que sin duda alguna pertenecía a Yuri estaba tallado un zafiro azul con la forma de una rosa que le recordaba a los dos aquella corona de flores del mismo color que Victor había popularizado en el mundo del patinaje y que eran en realidad las flores favoritas del ruso quien siempre había creído en lo imposible, en aquellas cosas que se vuelven reales a pesar de todo. Y por otro lado, en la argolla que pertenecía a Victor estaba también tallada la forma de una flor de cerezo, esos cerezos que Yuri siempre había mirado soñando con encontrar un amor tan valiente como el que había teñido de rosa los pétalos de aquellas flores, de un amor tan fuerte y cálido como el que sentía ahora.

Y la existencia de aquellos dos nuevos anillos los llenó a los dos de emoción pues la ceremonia que compartirían en solo unos meses se sentía más real ahora con los regalos que sus padres les habían dado y con aquellas dos joyas que eran algo de un valor incalculable no solo por lo que costaban sino porque los padres de Victor habían puesto atención hasta en el más pequeño de los detalles que los hacían sentirse completamente felices a los dos.

Y como ninguno de los dos tenia palabras suficientes que pudieran expresar todo lo que había en sus corazones en aquel momento simplemente se lanzaron a los brazos de sus padres quienes los recibieron en sus brazos preguntándose en qué momento los niños pequeños que habían llenado sus vidas de amor y de nuevos retos, se habían convertido en aquel par de hombres que estaban a punto de iniciar su camino como una nueva familia que sin embargo, jamás tendría que olvidar su origen y Yuri y Victor estaban seguros de que en la historia de sus vidas, nadie dejaría que se sintieran solos o sin un lugar al cual llamar hogar jamás…


La fiesta había terminado desde hacía una hora después de que todo mundo bebiera, comiera y bailara alegremente en honor al compromiso de los dos y el cumpleaños del ruso, y Victor se encontraba solo en medio de la sala de banquetes en la cual, casi un año atrás, él y Chris habían tenido una cena de bienvenida a Hasetsu en la cual, los ojos azules del ruso se habían encontrado de frente con la más perfecta visión del paraíso terrenal que él había mirado en mucho tiempo.

Sin duda era algo extraño que Yuri hubiera decidido ir a ese lugar para mostrarle a Victor su regalo de cumpleaños, porque la sola visión de la sala en penumbras y de aquel tubo al fondo de la habitación era algo que estaba haciendo que Victor tuviera ideas bastante inapropiadas para un hombre que había sido abandonado por su prometido en medio de una habitación sin más pista para adivinar algo acerca de su regalo de cumpleaños que no fuera un misterioso "te gustará Vitya, confía en mí".

El ruso tragó saliva y se removió un poco incómodo en la silla en la que Yuri le había pedido que esperara mientras los últimos minutos de su cumpleaños número 28 pasaban lentamente haciendo que se preguntara una vez a dónde se había ido Yuri y dónde estaba su regalo de cumpleaños.

Y cuando Victor sintió que ya no podría tolerar más aquella incertidumbre, la respuesta a esas dos preguntas llegó haciendo que Victor temblara de anticipación al notar que las luces bajaban un poco más al tiempo que la música de aquella canción, la canción con la que Yuri había bailado aquel lejano día de abril, volvía a sonar con fuerza dentro de la sala de banquetes. Y Victor no tuvo tiempo de pensar en nada más cuando la figura de Yuri se hizo presente en la habitación.

El joven Katsuki estaba usando el traje de su rutina "Eros" y Victor sintió que sin duda alguna iba a desmayarse de un momento a otro. Y es que Yuri estaba luciendo su sonrisa más seductora en ese mismo instante mientras los ojos de su amado se quedaban fijos en él, y los ojos de Yuri, aquellos hermosos ojos marrones estaban llenos de amor y de seguridad y Victor empezó a sentirse excitado porque era simplemente delicioso ver a Yuri bailando de aquel modo sensual para él simplemente porque el joven Katsuki quería hacerlo, no porque alguien más lo hubiera obligado. Porque había una diferencia enorme entre el Yuri que había bailado borracho para él y este otro Yuri que parecía completamente consciente y orgulloso de su cuerpo y de lo que éste podía causarle a Victor.

Y como había sucedido aquella primera noche, los ojos de Victor no podían despegarse del movimiento lento y estudiado del cuerpo de Yuri cuyas curvas eran más notorias bajo la tela ajustada y oscura del traje que había usado apenas la semana pasada para robarle el juicio y el corazón a todos los japoneses reunidos para ovacionar a su nuevo campeón nacional.

Pero nadie jamás podría ver a Yuri del modo en el que él estaba viéndolo en aquel instante y por eso mismo, Victor sentía que su mente estaba llena solamente de aquella música que acompañaba a Yuri mientras éste daba vueltas en el tubo y subía y bajaba por él con cadencia y sensualidad, haciéndole desear al ruso que su amado se olvidara de aquel maldito pedazo de metal y se enredara así en sus brazos y en todo su cuerpo.

Porque Yuri era hermoso, sus movimientos eran los de un ángel caído que ha venido al mundo a seducir a aquellos que se atrevan a mirarlo más de un minuto seguido y Victor supo que estaba perdido, que Yuri ni siquiera tenía que bailar así para hacerle sentir que su cuerpo ardía en llamas de pasión que acabarían consumiéndolo de un momento a otro. Si, Yuri estaba intoxicándolo con el suave contoneo de sus caderas, con el movimiento de su cintura que le recordaba a Victor la forma en la que el cuerpo de Yuri se abría para él y se amoldaba en sus manos mientras se movía encima de él, encajando perfectamente en la danza del amor que los dos habían aprendido a bailar lentamente con el paso de las noches en las que dejaban que sus cuerpos hablaran de amor y crearan el amor a base de besos y caricias.

Y la música seguía sonando y Yuri seguía lejos, inconvenientemente lejos de sus dedos que quemaban por tocar aquella piel y por perderse descubriendo una y mil veces la intrincada geografía del cuerpo de Yuri que era toda una oda al placer más intenso al que solo podía llegar aferrado a todo lo que joven japonés representaba para Victor.

Después de unos minutos más de baile en el tubo, Yuri decidió que la tortura ya había sido bastante para el cumpleañero, así que sin dejar de sonreír de forma sensual, sin sentirse tonto o avergonzado como antes se habría sentido, el joven Katsuki caminó hacia Victor de forma lenta y decidida, con la firme convicción de que él y solo él, era el único que sería capaz de satisfacer a Victor de aquel modo durante toda su vida. Porque Yuri sabía, ahora era consciente de ello, que él era lo que Victor deseaba, Yuri estaba seguro que Victor estaba muriéndose por tocarlo en ese mismo instante y cuando Yuri se sentó en el regazo de su prometido, sintiendo claramente la forma dura del miembro de Victor debajo de él, el joven Katsuki sonrió complacido porque como siempre, él era la causa de aquella excitación.

Él era capaz de hacer que Victor Nikiforov se volviera loco y aquello envió una descarga de excitación a todo su cuerpo al tiempo que sus brazos se aferraban al cuello de Victor quien soltó un gemido suave y complacido cuando Yuri empezó a moverse lentamente encima de él sin dejar de mirarlo a los ojos, sin dejar de sonreír con aquella sonrisa traviesa de la que el mismísimo Eros habría estado orgulloso.

-Parece que te agrada tu regalo de cumpleaños…- dijo Yuri susurrando las palabras sobre los labios de su amado quien había posado sus manos sobre las caderas de Yuri quien seguía moviéndose suavemente sobre Victor causando que el ruso se sintiera al borde de la locura por la sensación de la fricción del cuerpo de Yuri encima de él.

-¿Tú eres mi regalo de cumpleaños?- dijo Victor sintiéndose tentando a decir que aquel sin duda era la mejor sorpresa de su vida.

-¿Es muy pretencioso?- dijo Yuri depositando un beso suave al que Victor se rindió queriendo profundizarlo pero el japonés se lo impidió alejándose de su rostro para reír alegremente-. Si no te gusta mi idea del regalo perfecto de cumpleaños, bueno, también compré esos lentes para sol de diseñador que te volvieron loco en Tokio…

-Al diablo con los lentes de sol, mi Yuri- dijo Victor tratando de besar a Yuri sin lograrlo pues el joven parecía decidido a jugar con él aquella noche.

-¿Estás seguro?- dijo Yuri, tomando las manos de Victor para deslizarlas por sus caderas hasta posarlas en el inicio de su espalda que era también el final del cierre de su traje-. Esos lentes, eran lindos ¿sabes?

-No me importa…- dijo Victor-. Tú me vuelves loco, solo tú, Yuri Katsuki…

Y sin poder contenerse ni un segundo más, Victor atrapó la boca de Yuri en un beso violento al que Yuri se rindió sin oponer más resistencia. Porque el deseo que Victor sentía por él era el mismo que él sentía por Victor y los labios de su prometido sobre su boca eran algo completamente excitante, así como la sensación de aquella cálida humedad que estaba absorbiendo sus labios al tiempo que la boca de Yuri se abría para él dejándolo explorar con su lengua hasta el más recóndito lugar de aquel espacio.

Casi sin pensar, dejándose llevar solo por el deseo, las manos de Yuri se dedicaron a abrir por fin el yukata del hotel que Victor se había puesto por indicaciones de su prometido quien al parecer no quería perder el tiempo con preámbulos de ningún tipo pues, cuando los dedos de Yuri abrieron aquella prenda, las manos del japonés comenzaron a deslizarse por el pecho desnudo de Victor quien tembló sin poder evitarlo al sentir las uñas de su amado resbalando por sus pectorales y entreteniéndose en tocar sus pezones de forma lenta y fuerte, haciéndolo gemir en medio del beso.

Y Victor deseo que el traje de Yuri desapareciera de forma inmediata, tener aquel cuerpo tan cerca de él y no poder tocarlo por culpa de aquel malditamente sensual traje negro que cubría a Yuri, era una tortura, una tortura que tenía que terminarse justamente en aquel momento, así que las manos del ruso, quien hasta ese momento se habían aferrado a la cintura de Yuri con fuerza, subieron con prisa por la espalda del joven japonés quien en seguida sintió la lucha fiera que las manos de su entrenador estaban teniendo con el cierre de su traje.

-Hey, vas a romperlo y todavía tengo un campeonato mundial que ganar con este traje puesto, entrenador- dijo Yuri riendo en medio del beso, sintiendo que sus palabras salían entrecortadas por el calor que Victor estaba haciéndole sentir.

-¡Al diablo el traje, patinarás desnudo!- dijo Victor deseando poder romper aquel maldito traje de una vez.

-A nadie va a gustarle verme patinar desnudo, Vitya…- dijo Yuri depositando un beso en el cuello del ruso, acomodándose sobre el pecho de éste para Victor pudiera bajar el cierre del traje de una forma más sencilla.

-Para que conste, a mí me encantaría verte patinando desnudo- dijo Victor sintiendo un dejo de triunfante alegría cuando el jodido cierre por fin comenzó a bajar por la espalda de Yuri dándole acceso inmediato a la piel del pelinegro quien se estremeció de placer al sentir los dedos de Victor descendiendo por su columna vertebral-. Pero no dejaré que nadie te vea así… no, nadie más que yo puede verte así…

Y como si quisiera dejar en claro sus palabras, Victor se levantó de la silla tomando a Yuri entre sus brazos al tiempo que las piernas del joven se envolvían en su cintura y Victor los dirigía a los dos hacia una de las paredes de la sala de banquetes, sobre la cual el ruso dejó que el cuerpo de Yuri descansara un poco antes de besarlo de nuevo de lleno en los labios simplemente para bajarlo al suelo y lentamente, darle vuelta de modo que las manos de Yuri quedaron puestas sobre la pared mientras Victor se encargaba de deshacerse de su molesto Yukata en un solo movimiento y después, el ruso bajo el traje negro de Yuri con suavidad, dejando que sus manos siguieran el camino de aquella molesta tela que estaba impidiéndole tocar a su amado del modo en el que él quería tocarlo.

Cuando el traje estuvo por fin en el suelo, el ruso lamió sus labios al ver la imagen completamente sensual de Yuri Katsuki totalmente desnudo, el joven japonés seguía con sus manos en la pared y sus ojos marrones seguían invitando a Victor a olvidarse del mundo entro simplemente para poder abrazarse a ese cuerpo y no separarse de él nunca jamás hasta que alguien tuviera que sacarlo de aquella sala a fuerzas.

-Ven por tu regalo de cumpleaños ahora, Vitya…- dijo Yuri moviendo sus caderas de modo sugerente, haciendo que el miembro de Victor y el suyo propio se llenaran por completo en un segundo con la resonancia sensual de aquellas palabras en aquella habitación.

Victor gruñó antes de acercarse una vez más a cuerpo de Yuri quien en seguida sintió que los dedos del ruso se entrelazaban a los suyos con fuerza sobre la pared, mientras la boca de Victor tomaba sus labios con fuerza, mordiéndolos sin poder contenerse haciendo que Yuri soltara un gemido bajo cuando el sabor a oxido de la sangre llenó su boca. Aquello era excitante, las manos de Victor seguían sosteniéndolo contra la pared, la erección del ruso se rosaba contra su entrada haciendo que su corazón se agitara de forma demencial. Yuri podía sentir el cuerpo de Victor sobre su cuerpo, los dos estaban tan cerca y todo se sentía tan completamente caliente que Yuri sintió la súbita necesidad de tocarse pero las manos de Victor estaban apresándolo.

Y Victor pareció darse cuenta de aquello porque una de sus manos comenzó a bajar por el pecho de Yuri, acariciando su vientre de forma insinuante, un par de dedos introduciéndose en el ombligo del joven Katsuki quien en ese justo instante no podía pensar con claridad. Él solo sabía que la mano de Victor seguía su camino hacia el norte y que aquellos dedos largos y delgados se estaban enredando ahora sobre la dura forma de su pene erecto que parecía crecer entre los dedos de Victor quien estaba acariciándolo con fervor, haciendo que la sala de banquetes se llenara del sonido de los suspiros de Yuri y de la succión de la boca de Victor que se entretenía besando el cuello de Yuri, succionando aquella piel para dejarle en claro a su prometido que aquella piel era su territorio, que nadie más podía besarlo o tocarlo del mismo modo en el que él estaba tocándolo.

Y Yuri se sentía enfebrecido, la mano de Victor tocándolo, la boca de Victor resbalando por su espalda así como la erección de Victor amoldándose a su entrada eran demasiadas sensaciones para él. Lo quería dentro, claro que lo quería dentro pero aquella era una noche especial para Victor. Tenía que aguantar, tenía que darle a Victor un regalo de cumpleaños lleno de placer, después de todo aquel era el primer cumpleaños que los dos pasaban juntos, aquello tenía que ser especial.

Justo en aquel momento, Yuri sintió que la boca de Victor empezaba a resbalar desde su cuello por toda su espalda, como si Victor quisiera llenar de besos cada una de las protuberancias de su columna, mientras sus manos resbalaban ahora por su vientre, hasta que Victor quedó de rodillas frente a la abertura de Yuri y sin poder evitarlo, el ruso empezó a besar aquella entrada, haciendo que el cuerpo del joven Katsuki se doblara de placer porque aquel beso era algo nuevo, porque la lengua de Victor hundiéndose en su ano era una sensación completamente nueva que lo hizo gemir de placer puro.

Porque las manos de Victor resbalaban por sus piernas bien formadas, mientras la lengua y los labios del ruso seguían hundiéndose en él, despacio, probando el sabor amargo de aquel lugar, haciendo que Yuri se preguntara que tan profundo podía llegar aquella lengua en su interior, al tiempo que deseaba que algo más que aquella suave y húmeda lengua se hundiera en él. El joven Katsuki se tocaba a él mismo sin poder evitarlo mientras el sonido de los labios de Victor succionando la piel de sus nalgas amenazaba con volverlo loco. Y es que después de varios besos profundos más, los dedos de Victor comenzaron a meterse en su entrada haciendo que las piernas de Yuri temblaran de deseo. Estaba listo, estaba listo para recibir a Victor en él y abandonarse al placer que solo el ruso era capaz de hacerle conocer.

Y Victor, quien seguía alternando besos en el ano de Yuri, con caricias en su propio miembro, sintió que ya era tiempo, aquella noche ya habría tiempo para jugar pero no en aquel instante, él simplemente quería hundirse en Yuri y embestirlo una y mil veces. Él solo quería que Yuri gritara su nombre en medio del placer. Lo quería ahora, ya no podía esperar más.

Así que Victor depositó un beso más en aquella entrada al tiempo que, volvía a subir por el cuerpo de Yuri, abrazándose a él, dejando que el joven japonés volviera a sentir de nuevo la forma dura y palpitante de su pene que seguía resbalando entre las nalgas firmes y perfectas de Yuri.

-¿Quieres que me meta en ti, mi Yuri?- dijo Victor al oído del joven japonés quien se estremeció al sentir el aliento cálido de su amado en su oído.

-Hazlo…- dijo Yuri de forma entrecortada-. Hazlo ahora Vitya, por favor…

-Eres el regalo más encantador de la historia de mi vida- dijo Victor mordiendo el lóbulo de Yuri mientras su manos acariciaban la cintura de su amado-. Pero los dos podemos disfrutar de él ¿No crees?

Por toda repuesta, Yuri gimió y dejó que Victor lo besara profundamente en la boca una vez más antes de que éste se separara solo un poco del cuerpo de su amado para poder tomar la botella de lubricante que Yuri había dejado cerca de los dos convenientemente. Victor dejó que el líquido frio se calentara en sus dedos antes de esparcirlo en la entrada de Yuri y en su propio miembro, mientras el joven Katsuki gemía de nuevo con anticipación.

Victor se fue introduciendo dentro de él con lentitud, haciendo que Yuri se acostumbrara a él de forma paulatina, sintiendo de nuevo aquella estrechez rodeando su miembro y robándole el aire porque Yuri era tan apretado, tan completamente apretado y cálido y la excitación solo aumentaba en Victor al sentir a su amado estremeciéndose de placer entre sus brazos.

Las manos de Victor se aferraron de nuevo a las caderas del japonés quien comenzó a tocarse de nuevo al tiempo que su amado se empezaba a mover dentro de él, primero con suavidad, dejando que Yuri sintiera aquella fricción dentro de él que siempre terminaba por volverlo loco de forma completa. Porque cada embestida de Victor era siempre más deliciosa que la otra. Porque Victor había tomado sus labios en un beso salvaje en el que ninguno de los dos sabía dónde terminaban los labios de uno y dónde empezaba la lengua del otro. Los dos estaban fundidos una vez más, los dos viajaban de nuevo a la tierra del placer de la mano del otro. Sus corazones latían con fuerza, el sudor resbalaba por sus frentes mientras Victor seguía metiéndose en Yuri sin medir ya la velocidad, tomando una de las piernas de su amado entre sus manos para tener un mejor ángulo de penetración.

Y Yuri suspiraba en medio de aquel concierto de pieles entrechocando, de labios besando y gemidos satisfechos que eran también otra serenata privada hecha solo para dos, solo para dos amantes que podían lograr que sus cuerpos unidos hicieran música, la música del amanecer que sorprende a los amantes perdidos uno en el cuerpo del otro, la música que surge de esos besos y caricias alocadas que para muchas personas eran una infamia pero que para ellos, ebrios de amor y de pasión, eran lo más puro y delicado que existía en el mundo.

El orgasmo los sorprendió a los dos minutos después, Yuri gritó el nombre de su prometido sin poder contenerse y Victor se derramó dentro de su amado sin poder evitarlo, sintiendo que su esencia derramándose por las piernas de Yuri era una de las visiones más eróticas que vería en su vida. Los dos se quedaron abrazados un largo rato, sin abrir los ojos, concentrándose hasta en el más pequeño espasmo de placer que los estaba recorriendo de pies a cabeza, tratando de que su respiración volviera a la normalidad mientras Victor salía de Yuri simplemente para darle vuelta entre sus brazos y besarlo de nuevo, esta vez con suavidad, agradeciéndole con aquel beso dulce y suave que nada tenía que ver con los besos alocados de antes, esa noche de placer que los había llevado a los dos a conocer un placer intenso de la mano del otro.

-Feliz cumpleaños, Vitya…- dijo Yuri con suavidad, acariciando la espalda de su amado, enredando una de sus piernas en la cintura de Victor como si quisiera dejarle en claro que aquella noche, no sería capaz de separarse de él-. Es el primero de tus cumpleaños que pasamos juntos…

-El primero de muchos, mi Yuri- dijo el ruso besando la frente empapada en sudor de su amado cuyos ojos marrones se llenaron de luz al escucharlo decir aquello-. Este ha sido el primer cumpleaños del resto de mi vida a tu lado y eso es hermoso… voy a tener este regalo siempre ¿No es así? Aunque no sea mi cumpleaños, claro…

-Claro que sí, Vitya- dijo Yuri riendo divertido-. Sé que tu cumpleaños ya terminó pero… ¿Podemos olvidarnos de eso y volver a celebrarlo?

-Las veces que tú quieras mi Yuri- dijo Victor besando a Yuri en el cuello de forma juguetona-. Todas las veces que tú quieras…

Los dos hombres rieron divertidos por las palabras del joven japonés quien volviendo a enredar sus brazos en el cuello de Victor, besó al hombre de los ojos azules frente a él sintiendo que después de todo, aquella había sido de verdad una muy perfecta fiesta de compromiso para los dos…


NDA: Parte 1/3 del final lista, de verdad no lo puedo creer. Mil gracias a todos los que han llegado hasta acá conmigo y para el próximo capítulo no olviden el vestido azul, ahora sí, una boda nos espera... Abrazos de oso para todos, bonito inicio de semana¡ :D