Capítulo 21

"Preguntas sin Respuesta"


- No lo entiendo. – volvió a repetir Blaise, sin dirigirse a nadie en concreto – Fue Draco quien habló con el Director Dumbledore y nos consiguió esta torre. Estaba decidido a ir en contra de su propio padre. ¿Por qué querría volver a cambiar de bando?

Los pocos ex slytherins que estaban reunidos en la sala común también estaban cabizbajos y pensativos. La mayoría ya se había marchado a dormir, y solo Blaise, Theodore y Marius se habían quedado junto a Harry para seguir hablando.

El joven gryffindor, todavía afectado por la noticia, mantenía su mirada fija en las tenues llamas de la chimenea que tenía delante.

- La verdad es que siempre me resultó sospechoso que se nos uniera a nuestra causa tan repentinamente… - comentó Theodore Nott, el más calmado de todos.

- Theo, tú ya sabes lo difícil que es anunciar que no eres seguidor del Señor Tenebroso cuando hay tantos hijos de mortífagos en Hogwarts. – dijo Blaise.

- Además, - intervino Marius, – Por lo que sé, Malfoy padre estaba a punto de desheredarlo. No quería tener nada que ver con su hijo. Draco estaba decidido a permanecer con nosotros, sin importarle las consecuencias.

- ¿Creéis que finalmente se ha rajado? ¿Se habrá marchado para sobrevivir a la ira de su padre? – preguntó Nott.

El único gryffindor de la habitación se giró hacia ellos.

- Draco no se ha "rajado", él no es un cobarde. – aseguró con convicción. Los ex slytherins alzaron la mirada en su dirección.

- Draco es un slytherin, independientemente de que sea un cobarde o no. – dijo Blaise – Como tal, buscará lo que más le convenga, y si eso significa cambiar de bando de nuevo…

- ¿Pero... por qué ahora? ¿Qué es lo que le ha hecho cambiar de idea? – insistió Harry, volviéndose para mirar de nuevo la chimenea.

- A saber… - le contestó Marius. – Es lo que estamos intentando averiguar.

Harry no dijo nada más, y trató de no prestarle mucha atención a los ex slytherins, quienes habían reanudado la discusión.

Sabía que si quería averiguar el motivo por el cual Draco les había traicionado, tendría que preguntárselo él mismo.


Cuando Harry llegó a los dormitorios de gryffindor, estaba tan cansado que decidió dormir con parte del uniforme puesto. No se molestó en mirar hacia la cama de Neville.

Nana se deslizó por los pliegues de su cama con calma, buscando un lugar cercano al cálido cuerpo de Harry para pasar la noche. El joven la acarició distraídamente, intentando conciliar el sueño.

- … Madre… - susurró Nana, sus pequeños silbidos irrumpiendo en el silencio de la habitación.

- Dime Nana. – le contestó de vuelta Harry, mirando hacia abajo e intentando adivinar la silueta de la serpiente en la oscuridad.

- Llevo mucho tiempo penssando… - dijo lentamente el animal, acercando su hocico al rostro de Harry. - … ¿Quién ess exactamente el "Sseñor Tenebrosso"?

Harry la miró fijamente en silencio. Él sabía que Nana era curiosa, y que todas las noches quería saber algo más acerca del mundo mágico. Harry le había enseñado muchas cosas a su pequeña amiga reptil, tanto que el vocabulario de la serpiente crecía a una velocidad asombrosa. Era capaz de mantener conversaciones largas con ella, e incluso expresar su propia opinión, a pesar de que siempre considerase la de Harry como la más importante. Harry pudo por fin entender por qué muchos magos tenían serpientes como fieles aliados. Eran unos seres bastante inteligentes.

- Se hace llamar Voldemort, pero no creo que sea su nombre real… – empezó diciendo el gryffindor – Casi todos los magos y brujas le tienen miedo, tanto que incluso no pueden nombrarlo en voz alta…

- Voldemort. – repitió Nana – He oído esse nombre antess… cuando esstuve con lass sserpientess en el bossque…

No solo ella, Harry también lo oyó el mismo día en el que escuchó la profecía. El basilisco que le atrajo hasta allí había nombrado a Voldemort, diciendo que lo conocía. Incluso le había confundido con él, pero Harry aún no pudo encontrar una explicación del por qué.

- Entoncess el Sseñor tenebrosso y Voldemort sson la missma perssona, ¿no? – continuó hablando Nana.

- Si.

- ¿Y por qué todoss le temen? – quiso saber la serpiente.

Suspirando, Harry le explicó brevemente por qué tenía tan mala fama Voldemort. Por las historias que él mismo había oído, y por lo que había aprendido de los libros, pudo dar una imagen bastante acertada de quién era Voldemort a su pequeña amiga. Se le hacía raro hablar de él, ya que estaba acostumbrado a que todo el mundo supiese quien era.

- Ess una perssona horrible… - concluyó Nana, acurrucándose sobre el pecho de Harry. – Hace daño a otrass perssonass… y también hace daño a otrass sserpientess…

- ¿Otras serpientes?

- Sí. – contestó la joven Nana, – Cuando esstuve viviendo en el bossque, lass otrass sserpientess dijeron que la Gran Sserpiente ssufría por culpa suya, que Voldemort le había hecho daño y le había engañado.

- ¿En serio? – murmuró Harry - ¿Y qué más dijeron? Sobre lo que le hizo Voldemort a la Gran Serpiente, me refiero. – preguntó, bastante interesado.

- No lo recuerdo muy bien… apenass ssabía hablar todavía. – se lamentó Nana. – Pero… podría averiguarlo.

- ¿Cómo?

- Puedo buscar a la Gran Sserpiente y hablar con ella.

- ¿Qué? ¡Ni hablar! – dijo rápidamente Harry, - Es bastante peligroso, Nana. Podría hacerte daño.

- No te preocupess, Madre. Ssiempre puedo preguntarle a otrass sserpientess.

- …Bueno, si me prometes por lo menos que tendrás cuidado y no te acercas a la Gran Serpiente…

- ¡Lo prometo! – dijo bastante convencida Nana, orgullosa de poder ayudar a su "madre".


A la mañana siguiente, y reuniendo todo el valor que pudo, Harry se acercó a la cama de su mejor amigo y apartó las cortinas con timidez, pero se encontró con que Neville ya se había marchado a desayunar.

Dando un suspiro, Harry se levantó y siguió con su ahora solitaria rutina diaria. Nunca se había sentido tan solo por los pasillos como lo estaba ahora; ya no tenía a Neville hablándole sobre quidditch, ni a Nana para animarle porque la había dejado a las afueras del castillo para que ésta recopilase información de las serpientes del bosque Prohibido.

Además, pensar en Draco no le hacía sentirse mejor. Sabía que debía hablar con él, pero primero tenía que encontrarle, y parecía que el slytherin se había esfumado de Hogwarts.

Las horas pasaban demasiado lentas, las clases apenas despertaban el interés del gryffindor, y lo único que ahora podía distraerle eran las clases de vuelo. El jueves amaneció despejado y con poco viento. El buen tiempo continuó hasta la hora de comer, donde la mayoría de estudiantes tenían un hueco libre, y el cual Harry iba a aprovechar para recuperar su asignatura perdida.

Harry cogió su preciada saeta de fuego y se encontró con Rolanda Hooch, la profesora de vuelo, quien le esperaba en su despacho con una amable sonrisa.

Hooch le conocía, porque a pesar de que "James" no era popular entre los estudiantes, si que tenía fama de ser un alumno aplicado. Por eso ella, haciéndole un favor, le aseguró que con aquel día sería suficiente para aprobarle aquella materia perdida.

En realidad, las clases de vuelo no eran especialmente importantes, solo enseñaba a los magos y brujas a dominar el sistema de transporte más famoso en el mundo mágico. El principal trabajo de Hooch en Hogwarts era ser árbitro en los partidos de quidditch, que no era especialmente sencillo con unos estudiantes tan competitivos.

Cuando llegaron al campo de quidditch, ya había gente allí. Afortunadamente se trataba el equipo de gryffindor al completo, y no armarían demasiado alboroto porque algún alumno estuviese practicando junto a ellos.

- ¡Así no, Weiss! Por Merlín, ¡concéntrate! – gritaba Oliver desde su escoba.

Harry curioseó disimuladamente a sus compañeros de casa. Oliver Wood, capitán del equipo, daba órdenes a diestro y siniestro. Debía de tener al menos ocho pares de ojos porque no se le escapaba nada de lo que hicieran sus compañeros.

- ¡Muy bien, Katie! - gritó Wood a una chica, quien practicaba con una quaffle lanzándola por los aires a través de los aros.

Hooch se puso al lado de Harry, y juntos observaron momentáneamente a los jugadores.

- Yo no le exigiré tanto como el Sr. Wood, – le aseguró ella. – puede estar tranquilo. Sé que no habrás tenido muchas experiencias de vuelo en escoba.

- N-no, la verdad es que no. - dijo el gryffindor con voz suave – Solo he volado una vez, me enseñó un amigo.

- ¿En serio? – preguntó ella un poco sorprendida – Pues usted tiene una escoba demasiado buena como para no ser aprovechada. El campo de quidditch está a disposición de los estudiantes, solo tiene que pedirlo. Mientras no haya nadie entrenando no debería tener ningún problema. Pero de momento centrémonos en esta clase, ¿de acuerdo, Sr. Evans? – dijo Hooch, y condujo a Harry amablemente hacia una zona del campo de quidditch lejos de Wood y su equipo.

Fue tal y como lo recordaba. En cuanto Harry se elevó en el aire con su escoba, bajo la atenta mirada de Rolanda, fue como si sus problemas desaparecieran momentáneamente. La profesora se quedó a una distancia prudencial, cerca de las gradas, observando cómo su alumno se desenvolvía en el aire con gran soltura. Cualquiera que viese al chico pensaría que había estado volando durante toda su vida.

Harry dejó que el viento le revolviese la ropa y el pelo. El sol estaba bien alto, y sus rayos le calentaban la espalda y la nuca, ligeramente visible bajo su bufanda. Podría estar volando durante todo el día, zigzagueando y haciendo tímidas piruetas en el aire.

En algún momento de su vuelo Hooch se le acercó y le dijo que su asignatura estaba evidentemente aprobada, y que podía quedarse más tiempo volando siempre y cuando Wood no se quejase demasiado.

Cuando ella se fue, Harry decidió experimentar la máxima velocidad que le permitiese alcanzar su escoba, y que gracias a su poco peso era bastante admirable.

- ¡Qué! ¡Cómo que la has perdido de vista! ¡No, Weiss, no me cuentes excusas! ¡Busca la snitch ahora mismo!

Harry aminoró su velocidad y miró distraídamente hacia sus compañeros de casa. Kevin Weiss miraba de un lado a otro con una expresión aburrida, y no parecía muy interesado en encontrar la snitch. Wood estaba furioso.

Como no tenía nada mejor que hacer, y solo para distraerse, Harry decidió buscar la snitch por él mientras se mantenía quieto en el aire.

La snitch fue tan fácil de encontrar que Harry se vio ligeramente sorprendido. El cielo estaba despejado y el sol brillaba tanto que la snitch resplandecía con luz propia. Weiss debía de estar demasiado distraído como para no ser capaz de verla, o quizás sí que la había visto pero no tenía ganas de ir por ella.

- ¿A qué esperas Weiss? ¡Si no la encuentras, no podremos acabar esta sesión de entrenamiento!

- Por el amor de Merlín Kevin, - dijo un chico pelirrojo con un bate en sus manos – me voy a desmayar del hambre que tengo. ¡Atrapa la snitch de una vez!

- ¡Eso! – gritó otro pelirrojo exactamente igual que el primero.

- ¡Dejadme en paz! – gritó bruscamente Kevin, el buscador. – No es tan fácil encontrarla. Se necesita tiempo.

Tomando una decisión, y pensando en que si les devolvía la snitch podría disfrutar del campo de quidditch para él solo, Harry fue directo hacia la snitch. Se impulsó a gran velocidad por el aire en dirección a la pequeña bola dorada, y en menos de 10 segundos ya la tenía entre sus dedos. La pobre snitch ni siquiera había tenido una oportunidad frente a su saeta de fuego, a pesar de que le había recortado en un par de ocasiones en el aire. Su escoba era impresionante.

Tímidamente se acercó a Oliver, que casualmente le estaba observando con una extraña expresión en su rostro.

- … H-hola. – saludó Harry, un poco intimidado por cómo le miraba. Extendió su mano con la snitch y se la ofreció a Oliver – Creo que estáis buscando esto.

Wood tardó un poco en reaccionar y coger la snitch. Harry miró disimuladamente al resto del equipo, pero sin atreverse a mirarles a la cara, incomodado al tener tantos ojos sobre él.

Se marchó de allí apresuradamente para poder seguir volando, y pensó que había sido demasiado maleducado al no haberse despedido de ellos como era debido.


Ese mismo día, y después de buscar a Draco durante lo que le parecieron horas, Harry volvió hacia la torre gryffindor con los hombros caídos y la vista fija en el suelo. Cuando llegó al retrato de la dama gorda, se encontró con los gemelos Weasley, los dos pelirrojos que vio entrenar en el campo de quidditch.

Cuando le vieron aparecer, se apartaron del cuadro y se le quedaron mirando fijamente.

Harry se detuvo de golpe en mitad de la escalera y les observó con aprensión. Conocía la fama de los gemelos desde que llegó a Hogwarts, y no estaba muy seguro de si quería pasar junto a ellos para entrar a la torre gryffindor. Disimuladamente, muy disimuladamente, giró sobre sus talones y bajó de nuevo las escaleras.

Escuchó unos pasos apresurados detrás de él, y antes de que se diera cuenta unas manos se colocaron encima de sus hombros, deteniéndole en seco.

- ¿Evans, verdad? – preguntó uno de los gemelos Weasley.

Reprimiendo un gemido que amenazaba con surgir de su garganta, Harry se volvió para mirar a su interlocutor. Los gemelos eran mucho más altos que él, contando también con que estaban un escalón más arriba de la escalera, y como estaban tan cerca suyo tenía que levantar mucho su cabeza para mirarles a la cara.

- Sí, s-soy yo. – contestó finalmente Harry.

- Llevábamos un buen rato-

- Buscándote por el castillo, Wood-

- Nos ha encargado que te llevemos ante él. – Harry miró a un gemelo a otro mientras estos se turnaban para hablar.

- Por cierto, mi nombre es Fred. – dijo por fin uno de los gemelos, y luego señaló con la mano a su hermano. – Y este es George.

- E-encantado… - dijo tímidamente Harry. Los miró detenidamente intentando descubrir algo con lo que diferenciarlos a pesar de que estaba claro que eran idénticos. - ¿Wood quiere verme? ... ¿Por qué?

- ¡No hay tiempo-

- Para explicaciones! – dijeron de pronto ambos gemelos. Le agarraron por los brazos y le llevaron, literalmente, volando escaleras arriba hasta el retrato de la dama gorda. Harry intentó resistirse, pero fue totalmente inútil.


- ¿Por qué habéis tardado tanto?

Oliver Wood les esperaba con los brazos cruzados. En la habitación, aparte del capitán del equipo de quidditch, había un chico de quinto llamado Lee Jordan leyendo una revista desde su cama, y no prestando realmente atención a los recién llegados.

De no ser porque todavía le tenían sujeto por los brazos, Harry ya habría intentado salir corriendo de allí. Los gemelos no le habían dicho nada más durante el corto trayecto hacia aquel lugar.

- Bueno, da igual. Por lo menos le habéis traído.

- ¡Claro que sí! – dijo... ¿Fred?, o eso creyó Harry.

- ¡Nunca te hemos fallado en algo! ¿Cómo pudiste dudar de nosotros? – dijo el otro gemelo secándose unas lágrimas imaginarias de sus ojos.

Lee Jordan apenas reprimió una risa desde su cama, pero no apartó la vista de su revista.

- Menos tonterías. – les cortó rápidamente Wood, para luego mirar a Harry fijamente a los ojos. – Evans, te pido perdón por lo que te hayan hecho estos bufones, sea lo que sea.

- ¡Ey! ¡No le hemos hecho nada! – protestaron.

- Pero quería verte y no sabía dónde encontrarme contigo, por lo que le pedí que te buscasen y te trajeran aquí.

Harry cada vez estaba más y más confuso.

- Y… ¿p-para qué querías verme? – habló en voz muy baja, aún con cierto aire de desconfianza.

- Oh, nada por lo que debas preocuparte. – dijo rápidamente Oliver – Personalmente, creo que deberías de sentirte alagado y afortunado por lo que voy a pedirte.

- Ya lo creo que sí. – murmuró uno de los gemelos al otro – Todos quieren ser los esclavos de Oliver y sufrir sus interminables sesiones de tortura…

Lee volvió a soltar una risita desde su cama.

- Por Merlín, ¿queréis callaros y dejar de decir tonterías? – les recriminó Oliver, volviéndose a cruzar de brazos. – En fin, Evans, lo que quería pedirte es que hicieras unas pruebas para entrar en el equipo de quidditch.

Harry se le quedó mirando fijamente como si de pronto le hubiera brotado otra cabeza, sin poder creer lo que acababa de escuchar.

- ¿Q-que? - pregunto con un hilo de voz.

- No es ningún tipo de broma. – dijo Oliver, adivinando exactamente lo que pensaba Harry. – Sé que esto es un poco precipitado, pero nuestra situación es desesperada…

- Ya empezamos… - dijo uno de los gemelos.

- Siempre tan dramático… - dijo el otro, rodando los ojos.

- Nunca antes habíamos estado tan cerca de ganar la copa de quidditch. – continuó diciendo Oliver, haciendo como el que no había oído a los gemelos. – Si el próximo partido nos sale bien, le quitaremos la copa a esos slytherins en sus mismas narices. Llevo años esperando este momento, y creo que si pertenecieras al equipo, ese sueño se hará realidad.

Aquello parecía ir en serio, pensó Harry.

- Evidentemente, antes de hacer suposiciones, primero tendrás que pasar unas pruebas. – le dijo Wood – Las normas son las mismas para todos, y cualquiera aguanta a Weiss cuando se entere de lo que estoy haciendo ahora.

- Bah, ni que nos importase-

- Lo que Kevin opine. – dijeron los gemelos.

Harry, quien aún no era capaz de decir nada en voz alta, se les quedó mirando largamente.

Volar en escoba era una de las cosas que más le había gustado hacer en Hogwarts. Le encantaba, le hacía sentirse libre y relajado. Además, desde que aprendió sobre el mundo mágico, el quidditch siempre le había llamado la atención. No se perdía ningún partido de la escuela, y a veces se imaginaba a sí mismo volando en uno de aquellos emocionantes encuentros.

Pero si aceptaba y entraba en el equipo, ya no tendría tiempo para seguir con su rutina diaria. Estaba demasiado ocupado con sus estudios y entrenando a los ex slytherins. También debía cuidar de Nana, y no podía olvidarse de Neville y Draco.

- No puedo. – dijo Harry, sorprendiendo a los que le rodeaban.

- ¿Cómo dices…? – preguntó Oliver, atónito.

- N-no puedo entrar en el equipo de quidditch. – repitió Harry, en un tono de voz más bajo. – Lo siento, pero no creo que yo sea lo que estés buscando…

- Pero… ¿por qué no? Al menos piénsatelo… - insistió Oliver – Hoy en el campo de quidditch, cuando atrapaste la snitch, volaste bastante bien. Si te preocupa por cómo lo harás en las pruebas de admisión te puedo asegurar que lo harás bien…

Pero Oliver no continuó hablando, pues Harry tímidamente le interrumpió.

- No es por eso… - murmuró el joven gryffindor – L-lo siento, pero no puedo aceptar…

Harry se despidió apresuradamente y se marchó de aquel cuarto con un nudo en la garganta.

Cuando llegó a los dormitorios de 3º año, Neville seguía sin dirigirle la palabra.


Sin embargo, Harry no contó con la perseverancia de Oliver Wood.

Al día siguiente, lo primero con lo que se encontró en la sala común cuando bajó las escaleras de los dormitorios fue al capitán del equipo con la mochila al hombro y mirándole con un rostro de determinación.

- Buenos días, Evans. – le saludó educadamente, acercándose unos pasos hasta ponerse justo a su lado.

Harry le miró nerviosamente, apretando las asas de su mochila inconscientemente.

- Buenos días… - le dijo Harry.

- ¿Te importa si te acompaño a desayunar? Así, por el camino, aprovechamos y charlamos un rato. ¿Qué te parece?

- Ah… um… lo siento, p-pero yo ya he desayunado…

- ¿En serio? – preguntó sorprendido el capitán del equipo de quidditch. – Pero si no te he visto bajar al gran comedor…

- No desayuno allí… desayuno en mi dormitorio… - contestó sin mucho ánimo el joven gryffindor.

- Oh… vaya.

Después de eso, se hizo un silencio incómodo.

- Erm…. Bueno, - dijo finalmente Oliver - ¿y si te acompaño a tu primera clase?

Harry no encontró una excusa lo suficientemente rápido, así que dijo que sí.

- Y dime, Evans, ¿cómo te va?

Por el camino, Oliver habló y habló, preguntándole qué cosas le gustaba, cuales era sus asignaturas preferidas, o si le gustaba mucho Hogwarts. Pero sobre todo, habló de quidditch. Para no haber mantenido ningún tipo de amistad entre ellos, y a pesar de que Harry siempre tuvo la sensación de que Oliver le evitaba como el resto de alumnos, parecía que la conversación fluía con facilidad para ambos.

Por mucho que le hubiera gustado negarlo ante Wood, a Harry le encantaba el quidditch. Oliver parecía tener algún talento nato para recordar cualquier curiosidad o detalle sobre aquel deporte, por lo que todo el camino hasta la primera clase de Harry fue bastante entretenido.

Cuando llegó la hora de despedirse, Oliver le sonrió y se marchó sin decir nada más.

Fue una de las cosas más raras que Harry había hecho. Nunca había hablado tan cómodamente con una persona que no fuera Draco o Neville, y como a ambos ahora no los veía, se sintió agradecido por haber encontrado a tal insospechado amigo.


Pero pronto Harry supo que debía de haber algo raro en el comportamiento de Oliver.

O mejor dicho, no solamente Oliver, sino también los gemelos Weasley: Fred y George.

- ¡Pequeño espantapájaros, qué sorpresa-

- Verte por aquí!

Exclamaron ambos gemelos, dándole tal susto que tiró su tintero y esparció toda la tinta negra por sus pergaminos y por la mesa de la biblioteca. Improvisó un trapo con el periódico de "El Profeta" de aquel día donde salía de nuevo el famoso "Harry Potter" y secó como pudo la tinta, farfullando en voz baja algo que tenía relación con el apodo que habían empleado los Weasley. Los gemelos se rieron de él y le ayudaron con un simple hechizo limpiador.

- Qué alumno más aplicado eres, James. Seguro que la profesora McGonagall debe de estar súper orgullosa de ti. – dijo uno de ellos, dándole unas palmaditas en la espalda.

- Ah… gracias… - contestó Harry, sonrojándose un poco.

- Pero trabajas demasiado, ¿no crees? ¿Tú qué opinas, Gred?

- Yo pienso que sí, Forge. – contestó el otro gemelo – Deberías de disfrutar de las cosas que te da la vida, pequeño James, ¡es más! Te hace falta algún tipo de hobby.

- ¡Qué buena idea has tenido, hermano querido!

Harry miró de uno a otro, sabiendo de pronto por donde iban los tiros, así que se apresuró por intentar detenerles.

- N-no, no. Qué va, yo no puedo pensar en hobbies… no tengo tiempo para-

- ¡Cómo que no tienes hobbies! – exclamó horrorizado Gred, y Harry solo podía pensar en lo furiosa que debía estar Madame Pince por el ruido que estaban haciendo. Podía oír desde lejos su tos seca con el que solía advertir a los alumnos de que se mantuviesen callados.

- Eso tenemos que remediarlo... ¡James! Como expertos en el tema, te recomendamos que deberías de tener un hobby sano para poder relajarte y descansar de tanto estudiar.

- Ya lo creo que sí, y qué mejor hobby para desestresarse que…

Ambos dejaron pasar un dramático segundo en silencio.

- ¡Quidditch! – gritaron a la vez, alzando los brazos.

Madame Pince los echó a los tres en menos de lo que tardas en decir Merlín.

Después, en el pasillo, los gemelos intentaron convencerle de que debía de jugar al quidditch, y que estarían encantados de jugar con él. Harry no sabía qué hacer para decirles educadamente que no al mismo tiempo que intentaba sujetar sus pergaminos impregnados de tinta sin mancharse.


Harry no supo cómo lo hizo, pero después de todo un día siendo acosado por Fred, George y Oliver, pudo por fin darles esquinazo y llegar a su dormitorio sin ser visto. Parecían muy dispuestos a intentar convencerle de que debía de entrar en el equipo de quidditch, y Harry ya no sabía qué más excusas darles sin decirles por qué no quería realmente entrar en el equipo.

Cerró las cortinas de la cama sin dirigir su mirada a ninguno de los compañeros de su cuarto. Su pijama estaba doblado encima de su almohada, y lo tomó entre sus manos mientras se debatía si debía tomarse una ducha o no.

- Ejem… ¿se puede? – dijo una voz de pronto tras su espalda.

Para su total asombro, al girarse se encontró cara a cara con… Weasley… Ron Weasley.

- Erm… ¿podemos hablar? – preguntó el pelirrojo, mirando a todas partes menos a él.

- Um… ¿sí?

Ron Weasley era un compañero de su cuarto con el que apenas se hablaba. Era un chico ruidoso e impulsivo, quien en más de una ocasión se había metido con él y le había ocasionado problemas. No se llevaban especialmente bien, aunque a Harry eso nunca le había importado.

El pelirrojo miró sobre su hombro hacia el resto del dormitorio, y tomando una decisión entró en el pequeño espacio entre las cortinas y la cama.

- ¿Q-qué te cuentas? – preguntó de forma casual Ron.

- Um… pues… um… - Harry se quedó totalmente en blanco, mirando el pijama que aún tenía entre sus manos.

Ron dejó escapar un ruidoso suspiro.

- Merlín, esto es patético. – dijo finalmente – Mira, solo he venido porque me lo han pedido. Mis hermanos quieren que te diga que vayas mañana por la mañana al campo de quidditch, no sé por qué. – le informó, cruzándose de brazos.

- … ¿qué?

- ¡Lo que has oído, sordo! – le gritó Ron, mirándole por primera vez a la cara. Harry agradeció que aún llevase puesta su bufanda sobre parte de su rostro.

- A-ah… vale… g-gracias, p-pero m-mañana no puedo…

- Mira, yo no soy un mensajero, ¡así que mañana vas y se lo dices tú a mis hermanos! – exclamó con muy poca paciencia.

De pronto las cortinas volvieron a abrirse, y esta vez, y para alivio de Harry, se trataba de Neville.

- ¿Ocurre algo? – preguntó nerviosamente, mirándoles a ambos.

- No, no pasa nada. Nada en absoluto. – contestó un poco borde Ron, para a continuación salir del pequeño lugar.

Harry y Neville se lanzaron una tímida mirada. Era la primera vez en varios días que Neville se dignaba siquiera a mirarle, y Harry no quería dejar escapar aquella oportunidad.

- Nev… ¿puedo hablar contigo sobre lo que pasó el otro día? – le preguntó en voz baja.

Neville dio un suspiro y miró hacia abajo. Después de un rato sin decir nada, el castaño le contestó con el mismo tono de voz.

- No lo sé, la verdad es que ahora no quiero hablar sobre eso…

- Por favor, Neville. – insistió Harry, y sin pensárselo se quitó la bufanda de la cara. – Al menos, déjame explicarte por qué lo hice…

Neville pareció quedarse sin palabras, y se le quedó mirando a la cara con una extraña expresión en su rostro. Harry tuvo que volver a insistir suavemente, pero al final el castaño asintió con la cabeza y se metió en el pequeño habitáculo, cerrando las cortinas tras de sí.

Ambos se sentaron en la cama, uno al lado del otro. Harry sentía sus mejillas arder mientras mantenía su mirada fija en el pijama que se encontraba sobre su regazo. Después de un tiempo en silencio, y asegurándose de que su voz fuese lo suficiente baja para que no saliese de las cortinas, intentó explicarse ante Neville.

- Sé que nunca debí haberte engañado. – comenzó diciendo – Debió de haber sido todo un susto descubrir que tu amigo es en realidad… um… "Harry Potter"… - dijo tímidamente.

Neville no dijo nada. Seguía mirándole fijamente, y Harry se sentía cada vez más nervioso.

- Sé que estás enfadado conmigo, pero no tenía elección… Necesitaba mantener mi identidad oculta para que nadie, ni siquiera los seguidores de quien-tú-sabes, pudieran saber quién soy.

Una vez más, el castaño no dijo nada.

- Sé que he sido un estúpido por no habértelo dicho antes, pero tenía miedo de cómo ibas a reaccionar-

- ¿Por qué Draco? – le interrumpió de pronto Neville.

- ... ¿Q-qué? - preguntó Harry, algo descolocado.

- ¿Cuánto tiempo lleváis siendo novios?

- … Um... ¿semanas? – susurró Harry. Al ver que Neville volvía a guardar silencio, continuó: - L-lo siento… sé que a muchas personas no les gusta las parejas del mismo sexo, m-mis parientes también lo piensan. Así que si te disgusta no volveré a nombrarlo nunca más…

- … ¿Qué? – preguntó de pronto Neville - ¿De qué estás hablando? ¿Por qué iba a importarme que seáis los dos chicos?

- ¿N-no estás enfadado por eso? – preguntó sorprendido Harry.

- ¡No! – las mejillas del castaño se tiñeron de rojo, y Harry no supo si por vergüenza o porque estaba más enfadado que antes – No es por eso… - susurró después.

- Entonces, ¿por qué estás tan enfadado conmigo?

- Por Merlín, "Jimmy"… - Neville se pasó la mano por la frente y por su pelo.

- … E-entonces... ¿Estás enfadado porque le dije mi verdadero nombre a él antes que a ti? - preguntó Harry confuso.

- ¡N-no! – susurró/exclamó Neville, aún rojo – Quiero decir, ¿por qué estás saliendo con Draco, de entre todas las personas? ¿Acaso has olvidado lo mal que te ha estado tratando desde primero?

- ... Draco ha cambiado. – puntualizó Harry.

- Lo sé, lo sé. Me he fijado que lleva un tiempo sin meterse con nosotros.

- Entonces, ¿qué tiene de malo que Draco y yo salgamos juntos? – insistió Harry.

Neville se levantó como un resorte de la cama, volviendo a pasarse una mano por el pelo y por el cuello.

- Uh… es que… um… - miró a Harry, cada vez estaba más rojo, pero no dijo nada más.

Harry se puso de pié a su lado.

- Draco es buena persona, Nev… - insistió una vez más, posando tímidamente una de sus manos sobre el hombro de Neville.

Pero aquello solo hizo que Neville se pusiera más nervioso que antes, y le apartó la mano a Harry de un manotazo.

- ¡Me da igual! No me gusta que estés con él, ¡es un slytherin!

- ¡Nev! – le llamó Harry, sorprendido y preocupado por lo fuerte que estaba hablando.

- Aunque te parezca amable, seguro que acabará haciéndote daño, ¡no debes seguir con él!

- Neville, Draco no va-

- ¿Pero por qué él? – le interrumpió de nuevo.

Harry no sabía qué hacer para calmarle, pero si la conversación seguía así, se acabarían enterando el resto de la torre Gryffindor. Volvió a tratar de tranquilizarle cogiéndole del brazo, pero Neville se zafó de él de un tirón. Antes de que pudiera decir nada más, el castaño salió de allí a toda prisa dejando las cortinas mal cerradas y a Harry con el corazón latiéndole con fuerza.

Su mente se quedó totalmente en blanco, y su cuerpo no quería reaccionar y moverse para perseguir a su amigo. Neville se había marchado como la última vez que hablaron, y Harry seguía sin saber por qué estaba tan enfadado. Dejó escapar un suspiro y levantó la mirada. Se encontró de pronto con que unos ojos azules le miraban desde la cama de en frente… Ron Weasley le observaba fijamente, y Harry recordó por un breve instante que no llevaba la bufanda puesta.

Sin embargo, por primera vez, no le importó.

No le importaba en absoluto.

Bajó su vista hacia el suelo, y sin algún tipo de prisa volvió a cerrar las cortinas.

Aquella noche, mientras miraba el techo de su dosel, se preguntó muchas cosas… como qué le diría a Oliver al día siguiente, o si Nana estaría bien, o si Neville y él volverían a ser amigos. Pero sobre todo, se preguntó que estaría haciendo Draco en aquel momento.


Continuará…