Hola...Como estan?

Aca otro capitulo para que disfruten, la historia esta llegando a su fin y deseo de todo corazon que les haya gustado.

Estoy pensando subir una historia mia, pero todavia no la tengo lista. La escribi hace tiempo, con otros personajes y ademas, no se , siempre hay cosas que no terminan de cuadrarme en la historia.

Espero poder terminarla pronto y subirla.

Bueno, creo que nada mas, disfruten la lectura...

Declamier: Naruto no me pertenece, como tampoco la historia, ni ningun personaje que en ella aparecen.


Capítulo 19

Sasuke movió el Nauti Dreams del amarradero junto a las casas flotantes de sus primos y lo arrastró al amarre libre en el otro extremo del puerto deportivo. Para mantener el engaño, le dijo a Hinata. Su expresión era tranquila, demasiado tranquila y silenciosa, como si estuviera con ella sólo en cuerpo.

Hinata se apoyó contra él mientras maniobraba la embarcación desde la sala de mandos del segundo piso. Estaba sentado en la silla de cuero del capitán, guiando la enorme embarcación en el área vacía, y observando mientras dos de los trabajadores a tiempo parcial del puerto deportivo lo aseguraban al muelle.

Estaba oscuro; las nubes se extendían sobre la luna y tapaban las estrellas mientras un viento frío azotaba alrededor de la cabina acristalada de la sala de control.

—Cuando esto acabe, buscaremos una casa —dijo él observando con la mirada perdida a las montañas que los rodeaban—. Creo que un bebé necesita una casa de verdad.

Hinata apretó los labios y encontró el dolor y el pánico creciendo dentro de ella ante su afirmación.

—Un bebé solo necesita un hogar, Sasuke —le dijo suavemente—. Y dos padres.

Lo que él estaba a punto de hacer no estaba exento de peligro. Hinata había leído el expediente de la Marina de Fugaku Uchiha. Él había tenido problemas con el tema del autocontrol. Usó los puños indiscriminadamente, sin importarle a quien hería, o cómo los hería. Pero era muy hábil con las armas, particularmente, con un cuchillo. Sus aptitudes para cuerpo a cuerpo eran altas, y por todo lo que ella sabía de él, no tenía conciencia.

Pero no era el pensamiento del peligro físico lo que lo tenía con la mirada perdida en la distancia; era con quién iba a vérselas. Lo que iba a enfrentar. El hombre que debería haber sido su padre.

—Yo tenía siete años la primera vez que me encerró en el armario —dijo él.

La letal punzada de fría determinación en su voz hizo que las manos de ella se tensaran y apretaran en sus hombros desde donde estaba situada detrás de él.

—Él me mantuvo allí hasta que yo pensé que iba a morir —dijo—. Casi dos días. Sin comida, sin agua. Cuando me sacó, estaba casi inconsciente de miedo. Después que me las arreglaba para recomponerme y él me daba un trago de agua, yo mentía por él, como quería que hiciera antes de meterme en ese armario. Y me decía "Lealtad, hijo. Eso es todo lo que quiero de ti. Sólo se leal".

Sasuke ni siquiera podía recordar sobre que necesitaba su padre que él mintiera en aquel tiempo. Algo intrascendente. Siempre lo era. Sólo algo para probar su lealtad.

—¿Y qué querías tu? —Le preguntó ella.

Qué curioso, podía oír el dolor en su voz por él, así de fácil. Como si él fuera tan parte de ella, que sabía cuánto le dolía mientras hablaba.

Nunca había sentido a otra persona de la manera en que sentía a Hinata. El modo en el que siempre la había sentido.

—Intercepté una transmisión de Konohamaru el día que ellos te llevaron a ese campamento —le dijo, en vez de contestar a su pregunta―. Registré el área, desesperado buscando un lugar para esconderte, porque sabía que me estaba metiendo en un lío cuando fui a por ti. Las cuevas no eran un lugar donde ir. Era el primer sitio que habrían registrado. No había otro escondite, otro lugar para ocultarse más que un agujero.

Hinata sintió su corazón oprimirse cuando le cogió la mano y la sentó en su regazo, rodeándola con su calor cuando ella quería rodearlo con el suyo.

—Yo hice ese agujero. Iba a esconderte en él y tratar de encontrar algo con lo que cubrirte. Odio los espacios cerrados, Hina. Los lugares oscuros y pequeños. Esa fue siempre mi debilidad.

Frotó la mejilla contra el cabello de Hinata.

—Tú estuviste en ese agujero conmigo —murmuró.

Él asintió.

—No podía dejarte sola allí. Estabas ciega, herida. Cuando más tarde maté a Kabuto, Hina, me asusté de mi mismo, porque lo disfruté. Te vi, tan valiente y fuerte, intentando tan duramente luchar cuando deberías haberte apoyado en mí, llorando, haciendo otra cosa que mostrar tu fuerza en caso de que tuvieras que caer luchando. Y tú debías haber caído luchando.

Ella sintió el corazón latir contra su mejilla y lo abrazó, porque se había obligado a sí mismo a meterse en ese agujero con ella.

—Estaba perdiendo el control —le dijo ella entonces—. Antes de que me sacaras de allí. Yo estaba a punto de romperme, Sasuke. Y en ese agujero, cuando los escuché viniendo a por nosotros, estaba gritando en mi cabeza hasta que me besaste. —Ese beso la había traído de vuelta, la salvó—. Tú me hiciste fuerte. Gracias a ti fui capaz de correr. Me levantaste, casi cargaste conmigo. Y gracias a ti, fui capaz de contener la oscuridad en mi propia mente, y el miedo a que ellos fueran a herirme otra vez. Ya no quería sufrir más. Y cuando perdí a Hanabi, tú me mantuviste cuerda. Con tu tacto, con tu beso, con todo el salvaje placer que me diste esa noche. —Ella lo miró, viendo su sombría expresión, incluso en la oscuridad con su corazón rompiéndose por el hombre que se había obligado a meterse a sí mismo a ese agujero con ella y que ahora estaba intentando encarar su propia pesadilla. Solo.

La expresión de Sasuke era sombría, oscura, pero sus ojos estaban vivos. Y ellos trajeron lágrimas a los ojos de Hinata. Feroz, terriblemente decidido. Él podría hacer cualquier cosa que tuviera que hacer para asegurarse de que Fugaku Uchiha nunca hiriese a nadie a quien amara, nunca más.

—Len llamó mientras estabas en la ducha más temprano —le dijo—. Él tiene que hablar con Ren. Después el DSN lo llamó. Ellos están arreglando el transporte a través de un agente privado a D. C., donde pueda ver a su hijo en una visita supervisada.

Hinata cerró los ojos, agradecida de que Kakashi hubiese seguido adelante con esto.

—Len está muriéndose —dijo él—. Los médicos no creen que llegue a final de año. Él necesita esto antes de fallecer.

—¿Y qué necesitas tú, Sasuke?

Se sentía como un epitafio, la manera en que él estaba hablando, como si él no pudiera volver a ella, y ella se negaba a considerarlo.

—Vamos. —Él la levantó de su regazo y la condujo a través de la entrada al dormitorio. Allí, cerró la puerta a la sala de control y la trancó con un golpe de sus dedos.

—No me has respondido. —Ella se volvió para enfrentarlo en la oscuridad de la habitación. Las cortinas habían sido corridas esa mañana y ahora la habitación estaba casi completamente a oscuras.

Él encendió la lámpara de la mesita junto a la cama y se volvió para encararla.

—Tú vas a volver a mí —murmuró ella, la respiración entrecortándosele—. No me mires así. Van a cubrirte, y vas a volver a mí.

Las lágrimas llenaron sus ojos, porque ella no podía imaginar cualquier otra cosa.

—Volveré a ti —le prometió él—. De un modo o de otro, volveré, Hina. Pero ¿cómo me verás, como me verán nuestros hijos si vuelvo con sangre en mis manos?

La sangre de su padre. Ella podía verlo en su cara, su incertidumbre acerca de poder dejar a Fugaku Uchiha con vida.

—Los matones son débiles —le dijo ella roncamente—. Tú consigue lo que el DSN necesita y ellos lo destrozarán. Te lo juro, Sasuke, lo destrozarán y encerrarán al resto del grupo para siempre. Tú ganarás.

Ella sabía que podían. Era la especialista en interrogatorios, pero sólo interrogaba sujetos de interés, no interrogaba sospechosos, no interrogaba sospechosos de terrorismo, nacionales o extranjeros. Había una división para eso, hombres y mujeres que hacían parecer a sus peores pesadillas un picnic en el parque.

Él asintió. La confianza, el puro conocimiento en sus ojos de que haría lo que fuera necesario para proteger lo que le pertenecía, le daba una lección de humildad. Él trataba de ser un escudo entre el mundo y aquellos a quienes amaba, siempre intentando protegerlos, de hacer que el peligro nunca los tocara. Y nunca esperaba, nunca pedía, por lo mismo, aunque sabía que Sai, Itachi y Shisui Uchiha estaban siempre allí para él. Él nunca pedía.

—Entonces estamos listos.

Él asintió antes de acercársele, sus labios posándose sobre los suyos como una promesa. Una promesa gentil, eterna, tan dulce y apasionada como un sueño.

—Todo saldrá bien.

Ella asintió, y acalló sus miedos. Hinata podría camuflar sus puntos de vista, podría crear una burbuja alrededor de él que no podría hacer menos que protegerlo de fuerzas externas.

Pero dentro de esa burbuja, Sasuke tendría que enfrentar el conocimiento de que no estaba sólo traicionando a un monstruo. También tendría que hacer frente a ese último rayo de esperanza, de que el monstruo tuviera un alma.

Sin embargo, los monstruos no tenían almas, se aseguraba a sí mismo Sasuke, a medida que el encuentro con sus primos y Naruto se acercaba.

No era la primera vez que se encontraba a si mismo sorprendido por el conocimiento de Hinata y su habilidad para encontrar soluciones factibles a los problemas que iban a encarar cuando fueran a ejecutar el plan que habían concebido.

Las escuchas telefónicas ilegales no eran nada nuevo, y Kakashi no estaba por encima de usarlas para corroborar un plan que estaba empezando a encajar.

Una llamada había sido hecha a Fugaku Uchiha por uno de los hombres que vigilaban a los primos Uchiha, informándole de la división entre Sasuke y sus primos acerca de una vieja foto, una prueba contra un ciudadano de Somerset en el caso del robo de misiles, y la negativa de Sasuke a dar a las autoridades la información pertinente de la implicación de ese ciudadano.

Y Fugaku estaba interesado.

Sasuke escuchó la voz del otro hombre en la grabación digital que Naruto le había pasado. La presunción en la voz de Fugaku, que finalmente, la sangre se había espesado en las venas de Sasuke y se había convertido en algo más sustancial que el agua.

Dio la espalda a sus primos mientras se reproducía la grabación, manteniendo su expresión calmada.

No era un Uchiha tras el que iba; era solo otro monstruo. Como había sido en los marines. No era una persona. Era un objetivo, nada más.

—El traslado del Nauti Dreams también fue registrado —les dijo Naruto a todos suavemente y cambió la grabación a otra llamada. La llamada de teléfono de Sasuke a otro muelle y el arreglo del arrastre de su casa flotante fue dada también. Con cada llamada, Fugaku se fue haciendo más confiado, mas convencido de que su hijo y sus primos estaban finalmente dividiéndose como él había estado esperando.

—Ese es mi chico —reflexionó Fugaku suavemente, con petulancia—. Sabía que no tardaría mucho.

—¿Qué pasa con la mujer? ¿La agente que está con él? —le preguntó la voz del otro lado. Takeshi Himura era uno de los hombres en la foto, uno le los lideres fanáticos de la futura revolución.

—Las mujeres son fáciles de quitar de en medio —resopló Fugaku—. Un accidente, unas pocas de drogas en la bebida, y ella se contoneará en la barra un sábado por la noche. Sasuke la dejará.

—Ella sigue siendo un agente.

—Y ella no tiene la información que él tiene —precisó Fugaku—. Sin duda, esa relación terminará bastante pronto, por sí misma. Lo llamaré pronto.

—¿Estás seguro de eso? —Presionó resueltamente la otra voz—. No podemos permitirnos un error.

Fugaku se rió de la pregunta.

—Créeme, Takeshi, conozco a mi hijo. Sé que es sólo cuestión de tiempo. El chico es un asesino. El fue un asesino en los marines, y siempre será un asesino. Esa clase de frialdad solo se adhiere a los de su clase. Él vendrá.

—Muy bien —consintió Fugaku—. Arregla el encuentro y contáctanos cuando hayas acabado.

El sonido de la grabación desconectándose pulsó un interruptor en su mente. Frío. Duro. Si, él era un asesino. Se volvió lentamente para encontrar los ojos de sus primos.

—Hinata, ¿sigues teniendo esos archivos? —Él sabía que los tenía.

—Están arriba en mi maletín. —Ella se movió hacia la escalera pero no antes de echarle una mirada suspicaz.

Cuando desapareció arriba él miró a su familia. Sus primos y el hombre al que él llamaba amigo.

—Esto no será tan fácil como ella cree —les dijo quedamente—. Si algo me ocurre, cuidad de ella y de mi hijo. —Él miró a Sai e Itachi.—Dadle lo que el tío Shisui siempre me dio, y hacedlo juntos.

Itachi y Sai se miraron entre ellos.

—Tío, esto va a ser un paseo por el parque —protestó Sai—. Como Naruto ha señalado, tu mujer te tiene controlado por el micrófono oculto, el DSN en la furgoneta, e Itachi y yo en posición. No va a pasar nada. —La mirada de Sai fue penetrante—, a menos que hagas algo estúpido. ¿Harás algo estúpido, Sasuke?

Los labios de Sasuke se curvaron por la pregunta.

—¿Alguna vez he hecho las cosas de otro modo, primo?

—Demonios.

—Él va a hacer las cosas bien, o me encontrará pegada a él.

Sasuke se giró, frunciéndole el ceño a Hinata, quien no tenía los archivos en las manos. Pero su mano estaba posada en su cadera y su expresión era de cabreo.

—¿No está claro, Sasuke?

Él inclinó su cabeza suavemente.

—Seguiré el plan —le prometió.

Pero él conocía a Fugaku. Y sabía que Fugaku nunca seguía las reglas. Era así y lo sabía. Cuando acabara el encuentro, de un modo o de otro, esto iba a estar terminado.

Ella no creyó una palabra de lo que estaba diciendo.

—Aquí está el móvil —Naruto sacó el teléfono de su bolsillo y lo dejó sobre la mesa—. Kakashi está la mar de orgulloso de este pequeño cachorro. Me dijo que no lo rompiera; es el único prototipo que ha conseguido completar con éxito.

Sasuke cogió el teléfono de la mesa, lo abrió, y lo comprobó para saber si había cualquier cosa que Fugaku pudiera usar para identificarlo como un micrófono oculto más que un teléfono.

—Hace incluso llamadas telefónicas —le dijo Hinata con una sonrisa rígida.

—Kakashi tiene la furgoneta aparcada en el pueblo, con un agente dentro. Tan pronto como tenga la localización podrá aparcarla en un radio de ochocientos metros y continuar recibiendo una recepción clara —les informó Naruto—. Por lo que saben los que escuchaban en el hotel, él está rabiando porque Sasuke se negó a unirse al equipo o a ayudar a la agente Hyuga a completar su misión. Está haciendo planes para largarse de Somerset una vez que ella contacte con él.

—Lo que será esta noche —les dijo ella—. Contactaré con Kakashi y le informaré de que debe recogerme por la mañana y que debo regresar a D.C. con él.

—Que es cuando asumo que Fugaku hará su llamada. —Asintió Sasuke.

—Necesito activar el móvil con tu número en vez de usar tu propio móvil —le dijo Hinata—. Queremos una grabación de ello. Las llamadas se transmitirán sin rastro posible dentro del límite de ochocientos metros.

—Estaremos preparados para movernos cuando Kakashi nos de la orden. —Naruto asintió a Sai y a Itachi—. Lo tendremos todo a punto y estamos listos para movernos.

—Él tendrá sus propios observadores —les advirtió Sasuke.

—Tiene seis que hemos identificado, y tendremos hombres cubriéndolos. Permitiremos que permanezcan en sus lugares hasta el último minuto antes de sacarlos.

Era un plan de narices. Sasuke asintió a los tres hombres mientras curvaba los brazos alrededor de Sasuke y tiraba de ella contra su pecho, una mano contra la parte baja de su estómago mientras miraba a sus primos, su mirada penetrante.

Lo sabían. Breves asentimientos le aseguraron que lo sabían. Si algo le ocurriese, entonces Hinata sería protegida, como él habría protegido a sus esposas, a sus hijos.

Ellos hicieron ese voto hacía mucho tiempo. Los tres chicos que deberían haber sido hermanos, que habían deseado serlo. Se habían convertido en hermanos. Y habían hecho ese voto, lo que pertenecía a uno tenía que ser protegido por los otros. Así de simple.

Hinata sintió la mano en su estómago y miró a Itachi y Sai fieramente. No importaba lo que Sasuke quisiera, él iba a ser protegido. Sus miradas se posaron en ella y luego regresaron a Sasuke, y ella esperaba, rezaba, porque su asentimiento fuera afirmativo a esa demanda silenciosa.

Se decía que los Chicos Traviesos eran uña y carne. Su lealtad era mutua y sólo para la familia. Ese vínculo protegería a Sasuke.

—Entonces, aquí hemos terminado —Naruto se levantó y miró a la parte de atrás del barco—. Maldición, el agua está jodidamente fría esta noche.

—Ino y Sakura tienen mantas eléctricas y café caliente esperándonos. Esto es lo mejor que vas a hacer esta noche, Naruto —le informó Sai.

—Sí, vosotros dos os acurrucareis con un cuerpo caliente, y yo me tendré que apañar con una manta eléctrica —gruñó—. Siempre me llevo la peor parte del trato con vosotros chicos.

—Sí, ya te lo recordaremos un día de estos.

Desaparecieron por el vestíbulo, el silencio descendió completamente en la casa flotante. No hubo un chapoteo, una oscilación del barco que indicara que se habían ido.

—Ven, siéntate conmigo. —Sasuke la llevó hacia el sofá, nada más sentarse, se estiró entre los cojines y la atrajo entre sus brazos.

—¿Sólo sentarme?

—Sólo déjame abrazarte. —La acercó más, su cuerpo caliente y duro, fuerte y seguro.

―Deja de hacer parecer esto un funeral, Sasuke. No va a pasar nada.

Él se rió entre dientes de eso, después suspiró.

—Sabes Hina, la última vez que hablé con él tenía veinte años. Tenía las costillas fracturadas, una estaba rota, mi boca estaba llena de sangre, y podría haber jurado que me estaba muriendo. Se lo dije, cuando Sai, Itachi y el tío Shisui me sacaron arrastras, que la próxima vez que hablase con él, lo mataría.

Había escupido su sangre en los zapatos del bastardo y hecho un voto, y Fugaku se había reído de él. Sasuke nunca había olvidado esa risa de regodeo; la había oído otra vez esta noche.

—Tú no vas a matarlo —le dijo ella.

—Sí, voy a hacerlo. —Sasuke sonrió cuando ella se tensó en sus brazos, y ante el pensamiento de lo que iba a hacerle a Fugaku—. Traicionarlo con DSN será lo mismo que la muerte para él. Es mi última venganza. Porque sabré, cada día, que él está respirando y ambos sabremos que lo he vencido.

Lo creía en su interior, aunque sabía en sus entrañas que las cosas no iban a ser tan fáciles. Él era un marine. Un francotirador. Un asesino. Siempre trabajaba solo, a veces sin observador de tiro, sin extracción. Porque la mierda surgía después de que la sangre fuera derramada, y en cuanto la mierda surgía, la información salía a la luz. Él había aprendido a guiarse por sus presentimientos. A saber cuándo ponerse en marcha y cuando no hacer nada. Y cuando algo no estaba yendo según lo planeado.

Esto no iba a ir según lo planeado.

Y si todo se iba a ir al diablo, quería esta noche. Quería sostenerla, quería hablarle.

Su mano se deslizó a lo largo de su estómago una vez más.

—Si nuestro hijo es un niño, quiero enseñarle a jugar al béisbol —le dijo suavemente.

Ella se rió. Un sonido suave y divertido que hizo que una sonrisa curvara los labios de Sasuke.

—Si es una niña, serás un tirano.

¿Una niña? Frunció el ceño. Una hija, con el pelo y los ojos de su madre y, que Dios lo ayudara, sangre Uchiha. Se estremeció.

—La encerraré con llave hasta que cumpla los cincuenta.

—No lo harás. —Su mano cubrió la de él, sus dedos entrelazándose con los de la otra mano que descansaba en su muslo.

—Te lo prometo. Hasta que tenga cincuenta. Esta niña será más salvaje que el viento y más difícil de controlar que una mula novata.

Ella lo miró, la débil luz del cuarto captó el brillo de sus ojos, el amor, la preocupación, los miedos que la dominarían hasta que esto hubiera terminado.

—Ella será una señorita. —El sonido de sus carcajadas fue casi de risa tonta, porque lo sabía bien, lo mismo que él.

—Salvaje como el viento —argumentó de nuevo él.

—¿Y un chico no lo sería? —Ella alzó su mano y tocó su cara, y ese toque de ternura y la calidez combinadas, fue otro recuerdo que almacenó en su interior.

—Los niños son diferentes —le dijo.

Ella frunció el ceño, como él sabía que haría.

—¿Cómo lo sabes?

—Los niños nacen para ser salvajes.

—Y las niñas nacen para domar al viento —dijo ella suavemente—. ¿Qué estás haciendo, Sasuke?

Él sabía a qué se estaba refiriendo. ¿Por qué estaba él sólo sosteniéndola, sólo hablando, sólo construyendo recuerdos?

—Estoy creando mi escudo —bajó su cabeza y besó sus labios—. Tú eres mi escudo, Hina, sólo que no lo sabes. Dulce y suave, nacida para domar al viento y tentar mis sueños. Cuando camine hacia ese encuentro, quiero llevar esto conmigo.

—¿Por qué?

Él se quedó callado por un buen rato, preguntándose si había otra manera de hacerla entender.

—Bueno, no quiero matarlo —admitió finalmente—. Porque estos recuerdos y todos los otros estarán envueltos a mi alrededor, y recordaré por qué estás luchando tú y lo importante que es mantenerlo con vida realmente. Tú eres la única cosa que se interpone entre él y la muerte, Hina. Sólo esto, y saber que él es más importante para tu lucha de lo que lo es para mí.

—Entonces seré tu escudo —murmuró, volviéndose, afrontándolo, abrazándolo—. Siempre, Sasuke, seré tu escudo.


Bueno, nos vemos la semana que viene... besos...

Akitarumy