Viaje

-Me alegro de que hayas cambiado de opinión. Seguro que nos lo pasamos bien-me dice Marley por teléfono.

-Siento no haber podido acompañarte hasta Lima, mi padre quería pasar un tiempo conmigo antes de que volviese de mis vacaciones-intento excusarme.

-Me alegro de que estés con tu padre, últimamente estabas muy rara y seguro que te ha venido bien el descanso.

-Sí, aquí está todo muy tranquilo. Apenas hay periodistas siguiendo mis pasos-me asomo a la ventana instintivamente para observar a través de ella.

-Entonces te veo pronto. Te recogeré en la estación de tren-comentaemocionada por mi pronta llegada.

-Sí, claro, nos vemos allí. Cuídate Marley-me despido y cuelgo rápidamente el teléfono.

Ir a ver a mi padre ha sido la excusa perfecta para desconectar de todo ya que, desde la entrevista de Quinn, los periodistas en Nueva York han causado más revuelo de lo habitual. Aparezco en todas las cadenas y estoy en boca de todos; ser parte de la noticia no es tan divertido como darlas. Quinn es otro tema aparte, ya que no me puedo quitar la imagen de su apartamento y la minúscula toalla que no dejaba mucho a la imaginación; tan sólo recordarlo consigue hacer que todo mi cuerpo entre en ebullición.

Desde que me encontré con ella en el hotel para la entrevista, no he podido dejar de pensar en ella. En su forma de ser, en la de hablar e incluso la de moverse… todas ellas tan diferentes a aquellas barreras que años atrás había interpuesto entre nosotras y las que me obligaron a no acercarme a ella. Siempre ha sido un misterio para mí y, ahora que tengo la oportunidad de descubrirla un poco más, no voy a parar.

-Cariño, ¿estás bien?-me asusto por la presencia de mi padre a mis espaldas.

-Sí, papá, solo pensaba-me retiro de la ventana para prestarle atención.

-Llevas unos días muy rara. ¿Es por la entrevista esa?-se acerca con el semblante preocupado.

A pesar de la distancia, mi padre es la persona que más me conoce en el mundo y, aunque no lo veo tanto como me gustaría, sabe perfectamente cómo me encuentro en este momento.

-En parte, pero estaba pensando en la fiesta del instituto-le cuento la verdad a medias.

-Me dijiste ayer que ibas a ir, ¿no?-se extraña.

-Sí, por eso. Ya sabes…-agacho la cabeza un poco preocupada.

-No tienes que ir si no quieres. No quiero que lo pases mal o estés incomoda-me abraza con fuerza.

Un abrazo de mi padre puede cambiar mi mundo. Él me da la seguridad que necesito y, en estos momentos y con la fiesta tan cerca, lo necesito más que nunca.

-Ya eres una persona adulta y no tienes que temer a la gente. Eras y serás siempre fantástica y hermosa-me besa en la cabeza como cuando era una niña.

-Espero que todo salga bien-le muestro mi mejor sonrisa.

-Además, tienes a Marley. Ella te cuidará-me devuelve la sonrisa.

-También vendrán Brittany y Quinn…-me quedo callada al pronunciar su nombre.

-¿Quinn?-se sorprende.

-¿Te acuerdas de ella? Iba conmigo a clase de ciencias-no sé por qué comienzo a ponerme nerviosa.

-Sí, claro, la chica tan simpática de las animadoras.

-Fue ella quién me hizo la entrevista para "People" y que, por cierto, me dijo que te diera un beso de su parte, que se acuerda de ti-suelto de carrerilla sin respirar, la emoción me ha venido de repente.

-¡Vaya, Rachel! Me alegro de que os hayáis vuelto a encontrar y más si hace que se te ilumine así la cara-se ríe por mi exaltación.

-Creo que voy a salir a dar una vuelta-espeto algo nerviosa.

-No tardes mucho, tu tren salé en unas horas y creo que alguien te espera en esa fiesta.

No sé si va con segundas intenciones, o no, pero mi padre se ha vuelto muy bromista con los años. Las maletas ya las tengo hechas para mi marcha, así me da algo más de tiempo para poder disfrutar de él.

Me coloco una cazadora antes de salir, pues el tiempo sigue revuelto a pesar de estar en primavera. Al abrir la puerta, una ola de aire fresco me golpea, respiro varias veces profundamente y noto cómo mis pulmones se llenan de aire nuevo y renovado.

Tras una larga hora de caminar por las calles de Maryland, regreso a casa. El tiempo se me ha echado encima y mi padre ya me espera con las maletas en el coche.

-Lo siento, papá, no me he dado cuenta de la hora que era-digo algo nerviosa y preocupada.

-Tranquila, hija, necesitabas tu tiempo de reflexión. Sólo espero que haya servido de algo-me abraza.

-Sí, pero me hubiese gustado pasar más tiempo contigo-me entristezco.

-Te he preparado un sándwich para que te lo tomes en el tren-me explica al escucharme las tripas rugir.

-Gracias, se me ha olvidado hasta comer-me llevo una mano al estómago.

-Anda, sube, que vas a perder el tren-abre la puerta del coche para sentarse en el asiento del piloto.

Cuando me vengo a dar cuenta, ya estoy en el tren rumbo a Lima. Ahora ya no tengo ninguna escapatoria, ya que Marley me espera dentro de 10 horas en la estación de tren de Lima. Al menos juego con la ventaja de viajar de noche, a las 11 concretamente, pues casi nadie viaja a estas horas y, además, a las 9 de la mañana ya estaré en Lima. Es casi perfecto.

Me coloco en el asiento correspondiente y destapo el envoltorio de mi sándwich, que tan bien me ha preparado mi padre, y comienzo a reír cuando descubro que me ha preparado uno de crema de cacahuete. Cuando vuelva a verle le tendré que explicar que ya no soy una niña para comer este tipo de sándwich.

El único problema de viajar a estas horas es que, por la ventanilla, no se puede apreciar ningún tipo de paisaje y, encima, las estrellas hoy no están visibles debido a la cantidad enorme de nubes que se agolpan por casi todo el país. Sólo me queda cerrar los ojos y esperar a que las horas pasen más rápido.

-Pasajeros con destino a Lima, Ohio, en cinco minutos llegaremos a su punto de destino-escucho una vocecita automática procedente de un altavoz situado encima del asiento.

El sol entra ahora con fuerza por mi ventana y no hay ni una sola nube que tape el cielo azul. Al parecer, en Lima hace un tiempo estupendo a diferencia que en Nueva York. Estiro todos los músculos del cuerpo, que tengo engarrotados debido a la postura incómoda del tren, y me preparo para bajar en la siguiente parada.

Aún medio dormida, recojo el poco equipaje que tengo y, como si fuera un zombi, somnolienta, bajo del tren. De repente un par de flashes consiguen cegarme.

-¡Maldición!-me protejo los ojos de la luz cegadora.

-¡Rachel! ¡Estoy aquí!-escucho la voz de Marley a lo lejos.

Abro lentamente los ojos y me encuentro un bullicio de gente esperándome a la bajada del tren. A lo lejos distingo a Marley pegando unos saltos entre otra marea de flashes.

Desde que la prensa sabe que salgo con ella, no dejan de perseguirla. Y yo que pensaba que en Lima no iba a tener este tipo de problemas... ¡Ingenua!

-¿Qué pasa aquí?-pregunto a Marley mientras llego a su lado.

-No lo sé, estaban aquí cuando llegué. Alguien ha debido dar alguna información de que venías-me agarra de la mano, tirándome fuertemente lejos de la gente.

-Menudo día me espera-me dejo arrastrar por ella.

-El taxi está esperando fuera-me explica a la vez que corre hacia la salida.

Después de 10 minutos esquivando a gente, y a periodistas, conseguimos llegar al taxi que Marley mandó esperar fuera de la estación.

-Al Hotel Hampton, por favor-le indico al taxista.

-De acuerdo-contesta sin apenas inmutarse.

-Rachel, ¿no habíamos quedado en que te quedabas en mi casa?-se sorprende.

-No creo que sea un buen lugar, mucho menos ahora que están los periodistas detrás. El hotel es más seguro.

-Como prefieras-se cruza de brazos en el asiento completamente enfadada.

-Marley, necesito descansar después de las 10 horas de tren que me he tragado para venir hasta aquí. Y en tu casa me temo que no voy a poder hacerlo-intento explicarle.

-¿Es por eso?-me mira, de reojo, desde su asiento.

-Cuando haya descansado, me pongo el vestido que me he traído, voy a tu casa para recogerte y nos vamos a esa maldita fiesta. ¿De acuerdo?-le agarro la mano para darle mi apoyo.

-Ya hemos llegado, señoritas-nos interrumpe el conductor.

-Más te vale aparecer por casa-me dice mientras sale del taxi para recoger mi maleta.

-Te lo prometo, preciosa-le guiño el ojo y cierro la puerta para que se puedan marchar.

Subo hasta la habitación que había reservado con días de antelación, justo cuando decidí asistir al baile porque no me apetecía quedarme en casa de Marley. Estaba segura de que se iba a llenar de gente, y de visitas, y no es el concepto de vacaciones que tenía planeado cuando me las tomé.

La habitación es enorme. Aunque Lima no sea un pueblo muy grande, al menos posee buenos hoteles. Mi padre siempre me ha contado que se suelen hospedar muchos empresarios cuando se reúnen en las empresas de alrededor, así que le hice caso y reservé el que me había recomendado.

La cama es muy apetecible, pero lo es aún más el salir y caminar por las calles por las que hace tanto tiempo que no paseo. Me meto en la enorme ducha de la habitación y, con ropa cómoda, salgo a la calle, eso sí, con unas gafas enormes de sol y una gorra que oculta mi cara al resto de habitantes. Aunque Lima sea un pueblo pequeño, es conocido por todos que una de sus ciudadanas ha llegado a ser la presentadora de noticias más exitosa de la noche en la NBC.

No puedo evitar pasar por la calle donde antes residía junto a mi padre, aquella calle en la que tantas cosas he vivido. Ahora, en mi antigua casa, vive una familia con su mascota. Aún recuerdo el día en el que la vendimos para trasladar a mi padre a Maryland, pues la familia se quedó estupefacta al ver que era yo quien se la iba a enseñar. Creo que aquello fue un plus para que se quedasen mucho antes con la casa.

Regreso al hotel y ya puedo descansar hasta la hora de recoger a Marley para llevarla al baile. Saco el vestido de la maleta para que no se estropee. ¿Me he pasado con el modelo? Lo cuelgo en la puerta para examinarlo más detenidamente.

Es un vestido de color negro, de tirantes, con escote y con corte por encima de las rodillas. Con un poco de maquillaje y el pelo suelto, ondulado, estoy más que lista. Estoy preparada para ir a por Marley. Salgo de la habitación con algo de dificultad, pues los tacones que me he traído son algo más altos de lo habitual y necesitaré habituarme a ellos antes de llegar a la fiesta y hacer el ridículo.

El recepcionista del hall me comunica que el taxi se encuentra en la entrada, esperando, así que, con paso firme y confiado, salgo por la puerta de entrada. El botones me abre cuidadosamente la puerta del vehículo para que pase a su interior.

El taxi tarde cinco minutos en llegar a la puerta de la casa de Marley. Me asomo a la ventanilla y, desde fuera, se puede ver el bullicio que se encuentra en el interior de la casa.

-¿Puede esperar aquí cinco minutos?-le pregunto al conductor al ver que Marley no tiene intención de salir.

-No hay problema, pero tengo que dejar encendido el taxímetro-me señala el aparato que indica la cantidad de dinero que llevo acumulado.

-No importa, usted solo quédese aquí y no se marche-le indico mientras salgo del vehículo.

Me acerco hasta la puerta principal de la casa, toco el timbre y una emocionada Susan me recibe.

-¡Cuánto tiempo, Rachel!-la hermana de Marley se abalanza sobre mí.

-Yo también me alegro de verte, Susan-intento librarme de su abrazo como puedo.

-Pasa, no te quedes aquí fuera. Te estábamos esperando-me invita a pasar dentro de la casa.

-Gracias, pero he venido a por Marley. El taxi nos está esperando fuera-le señalo el vehículo que se encuentra estacionado en la carretera.

-¡Marley! ¡Rachel está aquí esperando!-grita la chica desde la entrada.

Marley enseguida sale como un rayo de la casa, al parecer, no soy la única que estoy siendo interrogada por su familia. Su cara lo expresaba todo, así que sin más vacilaciones nos dirigimos al taxi que espera junto a su puerta para llevarnos al baile del instituto.

-Estás impresionante, Rachel-espeta sin apartar los ojos de mi cuerpo.