Capítulo 21
Flash Back
Nos dijimos a unas de las tantas claros que tenía el bosque de Berk. Sin embargo esta no era uno en particular. No era tan grande pero si lo suficientemente iluminado para que cierta niña rubia de ojos azules practicara sus técnicas de combate, aunque el hacha que utiliza para entrenar, se encontraba en pésima condiciones.
Esta niña no era nada menos que Astrid Horffeson, que a pesar de sentir un gran dolor en su corazón por el sufrimiento que su padre pasara al no tener más la movilidad en las piernas. Ella estaba concentrada a un grado de nivel tan alto que era anormal para una niña de su edad.
Pero a Astrid no le importaba si la vieran normal o no. Porque ella tenía un objetivo muy claro. Ser la mejor guerrera y acabar con todos los dragones que existan… Solo así podrá vengar el sufrimiento de su padre. Y estaba decidida en hacerlo, sin importar el tiempo que lleve o… Las decisiones que tome.
-Vamos… maldita sea.- se quejó la pequeña Astrid al intentando sacar su hacha del árbol.
Había hecho un lanzamiento fuerte, tanto que el hacha se le clavado muy profundo en el árbol con lo que estaba practicando. Eso era algo raro ya que el hacha no tenía tanto filo.
-Yo creo que deberías de intentar sacarlo moviendo de arriba a abajo.-comento una voz a sus espaldas que hizo que se detuviera por un momento.
Para Astrid, no era necesario girarse, conocía perfectamente de dónde provenía esa voz y de quien era. Pero en ese momento no sentía las ganas de hablarle. Así que ella simplemente lo ignoro y continúo intentando sacar su hacha a su manera.
Quien estaba atrás de ella no era nada menos que el pequeño Hipo, heredero de Berk, que a pesar de sufrir indiferencia de su amiga estos últimos días, él seguía viniendo a darle su apoyo. Porque sabía que su amiga sufría mucho por lo que le paso a su padre.
El pequeño castaño suspira triste al ver otra vez que era ignorado. Esto se esto volviendo habitual pensó el pequeño y eso no le gustaba.
-Astrid sé que estas muy molesta… pero no por eso te la vas a pasar entrenando todo el tiempo.-Dijo Hipo intentando llamar su atención pero nada.
La pequeña rubia seguía y seguía jalando su hacha con todas sus fuerzas sin impórtale nada más que su entrenamiento personal.
-¿Sabes?, he comenzado a trabajar en la Herrería del pueblo… Mis padres dicen que allí podre ganar algo de fuerza… Aunque yo no lo vea así.-Comento en pequeño castaño intentando iniciar una conversación.- Además Bocon me pone nervioso… Ayer por ejemplo, casi destruyo el lugar por no prestar atención en la chimenea.- Término de hablar mientras se rasca la nuca y sonríe nerviosamente.
Pero por más que nuestro pequeño niño quisiera hablar con su amiga rubia, esta no daba indicios de que le estuviera oyendo. Es más parecía que solo estaba concentrada en sacar su hacha del árbol.
Hipo ya no sabía que hacer o decir, se puso a mirar a los alrededores intentando encontrar algo interesante pero nada lo llamaba la atención. A sí que se fijó otra vez en su amiga pero su mirada paso al hacha con la que estaba entrenando.
-Bueno aún no he aprendido mucho sobre armas… pero, por lo que puedo ver… creo que a la tuya le falta filo, además que el mango no está bien equilibrado.- comento el castaño, fue allí donde se le ocurre una gran idea.- ¡Ya se!... Porque no lo llevas a la herrería… Yo te lo puedo reparar si quieres.- Dijo este en un tono feliz por ayudar.
Fue allí cuando Astrid dejo a un lado su intento de sacar el hacha. Ya no podía más ignorar al castaño. Ella había ido a entrenar muy temprano porque aprendió que así podría pensar mejor y sobre todo en la decisión que ha tomado.
-Hipo.-Dijo la rubia en un tono bajo y serio.- Ya no quiero nada de ti.- hablo pero esta vez en un tono amenazador.
Sin embargo, el pequeño castaño no le entendió.
-¿De que estas hablando, Astrid?.- Pregunto confundido, hasta que se le ocurrió una idea de que estaba hablando.- Ahhh… Si no quieres mi ayuda, lo comprendo, sé que aún no tengo mucha experiencia… Sin embargo, puedo pedir a Bocon que lo arregle, si tú… .-Está hablando sin notar la situación en la que estaba.
-¡No!.- grito tan fuerte la rubia que le corto e intimido al pobre niño.- ¿Acaso no lo puedes ver lo que hablo o eres tarado?.- Pregunto en tono enfadado.
Hipo no tenía ni idea de que estaba hablando su amiga, ¿Por qué se veía tan molesta y seria?, ¿Por qué actuaba así?.
-Astrid… No te entiendo… Si te dejas explicar bien, quizás te pueda comprender.- Dijo el pequeño niño intentando no alterar aún más a su amiga.
La pequeña rubia estaba con la respiración agitada, había tomado una decisión muy seria y no estaba dispuesta a retractarse. A pesar que esa decisión hacia que le doliera su corazón.
-¡Ya no quiero ser tu amiga!.- Grito tan fuerte y con tanto odio que quizás se llegó a escucharse por toda la isla.
Pero a Astrid no le importaba si alguien más le escucho, porque lo único que le interesaba era que cierto chico comprendiera ahora la situación que habrá entre ellos. Y vaya que lo hizo, el pequeño Hipo se quedó en shock, en toda su corta vida no había experimentado algo tan horrible.
-¿Qué?.- fue lo único que pudo salir de él aun estado impresionado y aterrado. Tenía que ser algo irreal pensó el niño. ¿No?.
Sin embargo, Astrid no mostro ni una pisca de arremetimiento. Así que giro su mirada hacia el castaño para hablar cara a cara. Mostrando en el proceso mucha seriedad en su decisión.
-Así como lo oyes… YA NO QUIERO SER TU AMIGA… ¡No quiero ser nada de ti!.- dijo y grito tan seria que partió el corazón en dos al pobre castaño.
-¿Qué?... ¿Por qué?... Yo no te hice nada malo.- dijo Hipo intentado comprender pero le parecía tan irreal y horrible.
Astrid no iba ser más dramática, así que decidió que era mejor decirlo todo de una buena vez para terminar con esto.
-Ya no puedo seguir siendo amiga de un niño tan torpe y débil como tú.-Dijo la rubia sin rodeo, esas palabra hizo doler mucho el corazón del pequeño castaño.- ¡no puedo perder más tiempo contigo, Hipo!... ¡Ahora tengo responsabilidades!... ¡Y son más grandes que tú!.- Termino de gritar para luego empujar al castaño con sus manos y hacer que se caiga al suelo de espaldas.
Hipo le dolió la caída pero no era tanto como las palabras que le dijo su amiga… perdón… ahora su ex amiga.
-No quiero que me busques más… ¡Y mucho menos que me hables!… Si alguna vez me ves actúa como si yo no existiera.- Dijo Astrid en un tono amenazador mientras comienza a caminar a pisotones y le apuntaba con el dedo. El pobre niño se arrastraba por el suelo temeroso mientras intentaba desesperadamente no comenzar a llorar.- Ahora quiero que largues… Y nunca más… ¡Escúchame bien!... nunca más aparezcas… Y si lo haces te juro que te golpeare tan fuerte que desearas estar muerto.- termino de hablar para luego patear algo de tierra que cayó encima de la ropa del pobre niño.
Hipo estaba respirando muy rápido, sus ojos verdes estaban cristalinos y su cuerpo no le respondía. Tal vez sea una pesadilla, pensó él. Porque todo lo que ha escuchado y visto no puede ser cierto, ¿O sí?. Pero Astrid al ver que este no se iba, comenzó a patear la tierra para ahuyentarlo.
-¡Lárgate maldita sea!… ¡Lárgate!.- Grito y Grito Astrid muy molesta, si seguía él allí. Ella comenzaría también a llorar.
La pequeña rubia decidió tomar medidas drásticas. Así que se agacho a tomar unas cuantas piedras que había en suelo y comenzó a tirarlo en dirección al chico. Hipo reacciono ante esas amenazas, se arrastró como si estuviera huyendo de algo espantoso. Luego, con algo de dificulta, logro pararse y comenzó a correr lo más rápido que pudo. Mientras que sus ojos comenzaba a llorar sin parar.
El pequeño castaño, no sabía lo que había pasado. Tal vez su mente estaba jugando con él y estaba alucinando. Tal vez seguía soñando. Pero por más que intente buscar una excusa. Él ya sabía la respuesta… Había perdido a su mejor amiga.
Astrid lanzo una última piedra, no le cayó a su ahora ex-amigo pero esa no era su intención. Una vez asegurándose estar sola. Callo de rodillas y comenzó a llorar. Aunque lo que hizo fue algo necesario, le dolía mucho haber hecho eso… mucho. La pequeña rubia comenzó a llorar con la misma intensidad que lo hizo cuando su padre estaba crítico. Llevo sus manos a sus ojos intentando tranquilizarse pero nada, sus bellos ojos azules no querían dejar de llorar. Ahora ya no le importaba nada, ¡Nada!. Más que la familia que tiene ahora que cuidar.
La pequeña rubia estaba tan triste que no se daba cuenta de lo que había a su alrededor. Ni siquiera se dio cuenta cuando el hacha que intentaba sacar del árbol se había caído al suelo.
Fin del Flash Back
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Astrid despertó espantada de su cama. Llevo una mano a su cabeza y otra a su pecho intentando tranquilizarse. Estaba alterada y horrorizada. Su respiración se encontraba agitado y por más que intentaba no podría tranquilizarse. Pero eso era lo de menos, lo que más le preocupaba era lo que acaba de pasar.
-¿Por qué… Por qué soñé con eso?.- Dijo la rubia mientras intenta averiguar lo que había pasado en su mente.
Tantos años intentado olvidar los sucesos de ese día y lo difícil que fue hacerlo. Si contábamos además que cada vez que veía a Hipo la perturbaba con ese recuerdo. Pero cuando por fin lo logra, ¡Cuando al fin se olvida!, ella termina cansándose con él y ahora esto.
Astrid se sienta en su cama mientras agita levemente su cabeza. Le tomo algunos segundos tranquilizarse y darse cuenta de algo. Ella abrió los ojos de sorpresa cuando se acordó que anoche estaba en la última fase de la Fiebre de Odín, estaba aún paso de ir al Valhala. Pero ella estaba allí… ¡Estaba viva!.
Fue entonces que la hermosa rubia comenzó a mirarse con desesperación las manos y los brazos. Pero luego de revisarse bien, no pudo evitar que una sonrisa escapara de sus preciosos labios.
-Estoy viva.- Dijo tanta alegría que podría incluso hasta llorar.
Ella estaba segura que iba a morir ayer pero al parecer se equivocó. Estaba viva, ¡Viva!. No hay mayor alegría para una guerrera que volver a ser la misma.
Astrid logro levantarse sin problemas y sobretodo, sin dolor. Ella dio un brinco de triunfo ante este hecho. De pronto su mirada se fijó en el espejo que había en el cuarto. No pudo evitar dirigirse así allí y ver su rostro. Su sonrisa se amplió aún más cuando vio que no había ni una mancha en la piel y lo mejor era que el tono de su piel ya no era verde… era blanco, su color natural.
Que felicidad sentía ella, por fin, esa mala fase de su vida había acabado. Sin embargo, su felicidad no duro mucho cuando comenzó a hacer memoria de lo que paso ayer por la noche… Y sobre todo… De lo que ha hecho.
Y así como vino la felicidad de Astrid, se fue de la misma manera cuando recordó el trato que tuvo a su marido. Lentamente, ella se volvió a sentar en la cama mientras analizaba lo que ha hecho y sobretodo, de lo que ha hablado.
-No estamos hecho del uno para el otro.- susurro Astrid para sí misma.
Se sentía culpable, no lo podía negar. Él tan amble y ella solo lo arruina. Pero ¿qué puede hacer?, si todo lo que dijo fue lo que ella sentía en ese momento. Aun así, ella sabe que actuó mal. Cada vez que ellos intentaban estar juntos, salía algo malo. ¿Qué más podría empeorar esto?.
Astrid sacudió su cabeza fuerte intentando sacarse ese sentimiento de culpa. Pero no funciono. Así pensó que la mejor manera era distraerse con algo, fue en ese que recordó a su familia y sobre todo de sus hermanitos. No perdió más tiempo, así que se levantó de nuevo, busco su ropa de "esposa" y salió de la casa.
Apenas salió del lugar, tomo un gran bocado de aire fresco para intentar estar normal. Sin embargo, apenas dio unos cuantos pasos para detenerse y sorprenderse ante lo que veía.
Esto no pasaba todos los días pero allí estaba, delante de sus ojos. Y era tan maravilloso que parecía irreal.
La gente de Berk, aquellos que siempre eran serios y a veces gruñones, estaban allí felices, casi festejando. Las madres alzaban alegres a sus pequeños y los hombres reían sin parar por las locuras de estos. Pero no podía contrariarlos, ayer esos hombres, mujeres y niños habían estado al borde de la muerte; pero ahora estaban allí. Celebrando, felices… felices por estar vivos y sobretodo juntos. En cada casa, cada calle se podría notar una alegría inmensa. Una alegría que pocas veces pasaban en la isla de Berk.
Astrid sonrió un poco ante esa escena, sin embargo, no podía perder más tiempo. Ella tenía que ver a su familia. Así es como retomo su camino hacia la casa de sus padres, mientras intentaba no distraerse con tanta felicidad que había en todas partes.
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-niños, ya sé que están sanos… ¡Pero eso no es motivo para que corran por doquier!.-Dijo una vikinga rubia intentando calmar a sus alocados hijos.
Sin embargo, estos no le hacían caso y seguían jugando, saltando como si no hubiera un mañana. Ayer, estos no niños no podían salir de la cama pero ahora, no quieren ni verlo.
-cariño, ¿me puedes ayudar?.- Pregunto la señora vikinga a su esposo, quien miraba felices a sus dos preciosos hijos.
-Ya niños, tranquilícense… ¿Por qué no mejor salen a jugar afuera en vez de destruir la casa?.-Propuso el hombre que se encontraba sentado en una silla con ruedas.
-¡Esta bien!.- dijeron ambos pequeños, mientras corren a la puerta principal de la casa.
Pero antes de salir; ambos pequeños se detuvieron de golpe y dieron un gran grito de alegría.
-¡Hermana!.- Gritaron felices los dos para luego correr y dar un gran abrazo a su hermana mayor.
-Hay… pero que fuertes se están volviendo.- Dijo contenta una hermosa rubia que se encontraba parada en la puerta.- un poco más y me derriban.- término de hablar para luego inclinarse y abraza a los dos pequeños que estaban al frente suyo.
Quien estaba en la entrada de la casa, no era nada menos que Astrid. Ella estaba muy feliz al ver que sus dos hermanos estaban sanos.
-Hija… que alegría verte… justo iba a salir a verte.-Comento la madre muy feliz al ver esa escena.
Astrid se separa de sus hermanos, para luego ir y abrazar tanto a su madre como a su padre. Mientras tanto los pequeños salen afuera a divertirse un rato.
-Que enorme alegría siento al verte bien, Hija.-dijo su padre mientras termina de darle un abrazo a su "pequeña".
-si gracias a los dioses me cure… a igual que los demás.-Comento Astrid con una sonrisa.
-Más bien, gracias Hipo… quien pudo traer los ingredientes para la cura a tiempo.- Le corrigió su madre feliz.
Pero apenas Astrid escucho el nombre de su marido, se le borro la sonrisa y miro a un costado. Sus padres notaron ese cambio y sabían que algo no iba bien.
-Voy a llevar a los niños a pescar… Luego vuelvo.-En este tipo de situación, el padre de Astrid ya ha tenido suficiente experiencia para saber que son cosas de mujeres.
Es así que agarro su caña de pescar y luego salió de la casa. Una vez solas, madre e hija se sentaron en el sofá.
-Y ¿Cómo está todo, hija?... Hace tiempo que no tenemos un momento a solas- Le pregunto y comento la madre de la rubia con una sonrisa cariñosa.
-Si lose, extrañaba este tiempo contigo.- Por mas guerrera que fuera Astrid, ella tiene una gran confianza con su madre.- Pero todo bien… Aun intento ser la mejor en los entrenamientos contra los dragones.
-Yo no me refería a eso, hija.- Dijo la madre.
Astrid sabia de lo que quería hablar pero a ella se le hacía algo difícil hablar de eso.
-¿Cómo te va las cosas con Hipo?.-Pregunto esta vez en tono preocupado.
-mal.- respondió sin saber cómo definir su relación con el castaño. En realidad fue la única palabra que se le ocurrió.
-¿Por qué?.-Pregunta la señora vikinga en un tono preocupante y sorprendido.
-Hay mamá… Hipo y yo no estamos hecho el uno para el otro… Nosotros somos muy diferentes.- Dijo Astrid sin rodeos. Con su madre ella podría desahogarse en todo lo que le perturbaba.
Madre de la rubia se quedó pensativa por ese comentario. Sin embargo ella…
-Yo pensé que ya había algo entre ustedes… Como ayer vi a Hipo tan preocupado por ti.- Comento la madre.
-Solo lo hizo por consideración.-Dijo sin saber cómo definir esa acción.
Sin embargo su madre no pensaba igual.
-Yo no sé qué hizo Hipo ayer para conseguir la cura… Pero déjame decirte que contra todo pronóstico lo logro… Porque él lo hizo por ti, hija mía.- Dijo la señora vikinga mientras pone una mano en su hombro.
Pero solo suspiraba, lo que tenía guardado en su garganta la estaba perturbando.
-¿Algo paso ayer, no?.-Pregunto la madre ante el silencio de su hija.
Astrid solo asiente mientras mira el suelo. Pero su madre no le enseño a que ella este deprimida, así que le agarro de la mandíbula para que alzara la cabeza y lo mirara a los ojos.
-Dime, ¿Qué paso, Astrid?.- Pregunto ella en un tono tranquilo.
La hermosa rubia toma un bocado de aire para darse valor.
-Yo le grite a Hipo.-Soltó de una vez todo lo que tenía adentro.- Estaba muy enojada y lo comenzó a insultarlo sin medir mis acciones.
-Hay Hija… ¿Por qué hiciste eso?.-le reprocho su madre.
-Es que me da tanta cólera… que un tipo como él, que nunca se ha esforzado en un entrenamiento me esté ganando así de la nada… Y ahora que salvo a muchos en Berk, será visto como héroe y, y, y eso me da mucho coraje.- Soltó todo lo que tenía adentro y llevaba hace días guardando. Aunque fue un enorme alivio, en su rostro se podría mostraba vergüenza o culpa.
Pero su madre no se enojó o la gritoneo, es más, la comprendió, porque ella había pasado por una situación similar. Sin embargo, la señora vikinga aparto la mirada mientras que en su cabeza comienza a recordar bellos momentos.
-¿Recuerdas como eras de pequeña?... Esos tiempos en que a ti no te importaba nada más que jugar con el hijo del jefe.- Le comento la señora con una sonrisa melancólica.
-Solo recuerdo leves imágenes.- Dijo ella sin tomar mucha importación. ¿Qué podría esperar?, aún era una niña, su memoria no era tan potente.
-Pues yo si lo recuerdo... Lo recuerdo como si hubiera sido ayer mismo.- Comenzó a decir la señora redactando los sucesos de esos tiempos.- No había día que no jugabas a las "chapadas" con Hipo, ni tampoco que le restregabas en cara todas la veces que le ganabas… Incluso, cuando había ataques de dragones, tú y él siempre paraban juntos en los refugios, abrazados, como buenos amigos que eran, se daban apoyo el uno al otro.
Astrid bajo la mirada antes esos hechos, si los recordaba, no podía negarlo. Cada vez que veía a Hipo venían esas escenas en que eran un dúo inseparable. Una amistad muy fuerte y bonita.
-En esos tiempos, Hipo te importaba mucho y tú a él… Valka y yo siempre creímos que serían grande amigos, incluso pareja… Porque en toda mi vida nunca había visto una amistad con tanta importancia, tolerancia y sobretodo confianza.-Le dijo con una alegría enorme su madre.- Prácticamente ustedes se llevaron bien desde que eran bebes.- Comento mientras recuerda esa vez cuando Valka vino a su casa con su hijo de tres meses y lo pusieron junto con su hija de dos meses. Y lo que paso fue que apenas se vieron, jugaron con las manitos del otro mientras sonreían con mucha gracia. Fue una escena maravillosa.
-Pero ahora todo ha cambiado, madre.- Dijo su hija seria pero a la vez triste.- él ya no me importa… Ni yo a él.- dijo lo ultima con un hilo de tristeza mientras recuerda sus días de casada y que Hipo nunca se le acerco a hablarle y prefería interactuar con esa tal "Kaira" que con ella… que con su esposa.
-Esas son puras tonterías Hija.- Dijo la madre pero su hija solo se quedó sorprendida.- A Hipo siempre le has importado, incluso cuando tú le terminaste su amistad.
-Si hablas por lo que paso ayer… déjame decirte que solo habrá sido por la ocasión no creo que él… .-Dijo Astrid para que no la ilusionaran. Si antes no había nada entre ellos, después de lo que le dijo anoche… Ya ha cortado definitivamente cualquier tipo de esperanza por un nuevo comienzo entre ellos.
Pero su madre la interrumpió.
-Pues estas muy equivocada Hija… A Hipo siempre le has importado.- le dijo de nuevo su madre para que entienda.- Créeme cuando te digo que él siempre te estuvo apoyando aunque sea indirectamente.
-No entiendo.-Dijo la rubia confundida.
Fue allí cuando la madre de Astrid decidió revelar su pequeño secreto que tenía con su yerno y su marido.
-Veras….
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Flash Back
-cariño, ¿Qué vamos a hacer?... Mañana es el cumpleaños de nuestra hija y no tenemos dinero para comprarle el hacha.-Dijo la señora Horffeson muy preocupada mientras le da su biberón la leche a uno de sus hijos que tenía en brazos.
-No tenemos opción… Le daré la mía.- Dijo el señor Horffeson que está sentado en una silla de ruedas mientras pone en la mesa un hacha muy vieja y usada.
-Pero cariño, sabes que la primera arma es muy importante para cualquier futuro guerrero… tú y yo lo recibimos de nuestros padres… no es justo que nuestra hija no tenga ese privilegió.- Le dijo su esposa mientras deja a su hijo en la cuna y toma al otro.
En la sociedad vikinga, la primera arma que recibe un niño o niña de diez años es la que define su futuro como guerrero. Es como si el arma que posee definirá su fuerza y valor ante las adversidades. Y usualmente era uno nuevo.
-¿Qué puedo hacer? … no tenemos mucho dinero y nadie me quiere prestar.- Dijo muy deprimido el hombre. Ahora si se siente un completo fracasado.
Los señores Horffeson estaban muy angustiados, su hija, su más preciada joya, había demostrado un gran valor estos últimos meses. A una gran temprana edad ya participa en el equipo que paga el fuego en los ataque de dragones. De además de demostrar un gran técnica en esquivar a esas bestias. Muchos en Berk hablaban del gran talento de guerrero que portaba esa niña y sin que decir de lo orgulloso que se sentía sus padres. Y mañana que era su cumpleaños número diez querían regalarles una nueva arma que lo ayudara en su formación de guerrero como también en sus futuros combates.
Pero lamentablemente, la casa Horffeson tuvo que hacer un montón de pagos en tratamientos para el bienestar de su esposo. Tanto en medicinas que alivian el dolor como tratamientos que podrían haberlo ayudado en poder volver a tener su movilidad en las piernas pero al final… todo fue en vano. La pérdida de movilidad era para siempre.
-Si no hubiera cometido el estúpido error de gastar en esos tratamientos… Hubiera tenido plata para comprar el hacha.- Se lamentó tristemente el señor Horffeson mientras da un puño a la mesa.
Su esposa, al ver su estado, deja a su hijo en la cuna y camina hacia él para darle un gran abrazo por la espalda para transmitirle su apoyo, este solo pone una mano en hombro.
-Era una posibilidad que tu volvieras a caminar… además recuerda que fue Astrid quien te animo en hacerlo.- Dijo la señora vikinga para luego darle un beso a la mejilla.
-Si lose… Pero me hubiera gustado darle esa alegría a nuestra pequeña… Y saber que no lo voy a poder, me destroza el corazón.-Comento el señor en tono triste.
Ambos padres estaban tan concentrados en ver cómo solucionar ese problema. Que cuando escucharon un par de toques en la puerta los asusto un poco.
-¿Quién podrá ser?.- dijo la señora Horffeson mientras camina hacia la puerta.
Cuando la señora abrió la puerta, no vio nada. Pero fue unos sonidos de garganta que escuchó debajo de ella lo que llamo la atención.
-¿Hipo?.-Dijo la señora vikinga sorprendida al ver al pequeño castaño.
Parado en la puerta se encontraba nada menos que el hijo del jefe. Y no era para menos que este la señora sorprendida ya que el niño no los había visitado hace mucho tiempo.
-que gran sorpresa verte, muchacho.- Dijo esta vez el señor Horffeson, quien venía en su silla con ruedas.
-Si lo se.-Dijo el niño nervioso ante estar al frente de los padres de su ex-amiga.
-Pero pasa… Astrid no está, se fue a cortar leña, pero podemos hacerte compañía hasta que vega.- Dijo amablemente la vikinga mientras señala con su mano la sala.
-¡no!.-Dijo apresuradamente Hipo y mientras mueve exageradamente las manos que confundió a los pares adultos.- No quiero incomodar… Yo no vine a ver a Astrid.
-¿Entonces?.- pregunto confundido el señor Horffeson.
Hipo suspira un poco para sacarse algo de los enormes nervios que sentía para luego jalar algo que estaba apoyado al lado del marco de la casa.
-Solo quise traer esto.- Dijo el pequeño castaño mientras muestra una gran paquete forado de papel manila… no se podía ver el contenido pero no hay necesidad de ser un genio para saber que era… Un hacha.
Los señores Horffeson se quedaron muy sorprendidos. Sabían que el pequeño castaño era una persona muy amable, considerada. Pero nunca pensaron que era para tanto.
-Yo oí por Bocon que no podían cómprale un hacha para el cumpleaños de Astrid… así que yo hice una, espero que le guste.- Dijo el pequeño mientras le entrega con un poco de dificulta el paquete que era casi de su tamaño.
La señora Horffeson lo tomo con su mano, aunque para ella no era tan pesada, sabía que esta arma estaba a su tamaño y peso adecuado.
-Hipo… no sé qué decir.- Dijo la madre asombrada por la arma que estaba teniendo. Aunque no podía ver cómo era, su corazón le decía que seguramente era maravilloso.
-No has salvado la vida, muchacho.-Dijo muy contento el señor Horffeson.
Hipo sonrió por sus comentarios pero…
-Solo les pido que no le digan a Astrid que yo hice el hacha.- pidió el pequeño en un tono deprimido y nervioso.
-¿pero porque?.-Pregunta la señora Horffeson confundida.
-Solo les pido eso… Que sea nuestro secreto.-Acto seguido, él niño salió corriendo antes que cualquier adulto le hablara.
Ambos padres vieron al niño irse hasta que lo perdieron de vista luego se enfocaron en el paquete que estaba en las manos de la señora vikinga.
-¿Tú qué opinas?.-Pregunto ella a su marido mientras le entrega el paquete.
-Si ese es su deseo… Lo haremos.- Comento el hombre mientras analiza con determinación el paquete.
Al día siguiente una niña de ojos azules y cabello de color oro tuvo un gran sorpresa y alegría en su cumpleaños.
Fin del Flash Back
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Astrid se quedó impresionada al escuchar ese relato que habían guardado sus padres de su esposo. Ella se quedó mirando con cara de sorprendida a su madre, imposible de creerse lo que acaba de escuchar; luego su mirada se enfoca en el suelo.
-él lo hizo… por… ¿mí?.- Dijo ella casi sin aliento. Después de la forma en que le trato, ¿Cómo puede preocuparse aún por ella?.
Ella siempre pensó que sus padres lograron lo imposible cuando recibió esa magnífica arma en el día de su cumpleaños. Pero saber ahora que fue su ex-amigo, quien hizo eso posible, lo llena de una culpa enorme. ¡Por Odín!, Siempre cuando lo amenazaba, lo hacía con su hacha…¡Con el hacha que él hizo!. ¡¿Cómo pudo haber sido tan desconsiderada por tanto años?!.
Su madre solo asintió.
-Y no solo eso… él ayudo a mejorar la silla de ruedas de tu papá.-Dijo la vikinga con un orgullo enorme.
Astrid alzo la mirada al escuchar ese nuevo dato.
-¿Qué?...¿él también hizo eso?... pensé que fue Bocon.-Dijo la rubia aún más sorprendida.
Pero su madre solo negó con una sonrisa.
-Yo también creí eso, pero tu padre luego me conto que Hipo a estado probando nuevas mejoras para la movilidad de la silla, gracias a él se solucionaron muchas problemas.-Informo la madre de la rubia.
Por primera vez en la vida, Astrid, no sabía cómo sentirse al respecto.
-¿Por qué?..,. ¿Por qué nunca me lo dijeron?.- Pregunto ella sin saber cómo entender todo eso. Toda esa ayuda y bondad sin recibir nada a cambio. ¿Por qué?, no lo entiende.
-Fue por petición de Hipo… él no quería que supieras de su ayuda… nunca nos dijo pero creo que era por temor a algo.- comento su madre.
¿Temor? ¿Temor de que?, pensó la rubia pero luego la respuesta apareció más claro que el agua. Fue lo que sucedió hace años.
-Estoy confundida.-Dijo Astrid con la mirada baja, ¿Qué significaba todo ese apoyo que recibió de una persona que prácticamente lo ignoro y desprecio?.
La madre de la rubia pone una mano en su hombro para que esta la viera denuedo.
-tu no estas confundida, solo tienes algo miedo.-Dijo ella.
-¿Miedo?... ¡Yo no le temo a nada!.-Grito enojada la hija. No le gustaban que la llamaran miedosa, ella mostro su valor muchas veces.
-Pues yo te conozco desde que eras así.- dijo la madre burlonamente mientras que con su otra mano pone dos dedos casi juntos.- Y déjame decirte que podrás mostrarle a todo el mundo lo valiente que eres, pero cuando se trata de la felicidad de aquí.-dijo mientras señala con su dedo el lugar donde está el corazón.- Sigues siendo esa pequeña niña que se asustaba por cada cosa nueva que experimenta.
Astrid no dijo nada, ¿será cierto acaso?, ¿ella tiene miedo?, ¿a qué?... acaso… tiene miedo de volver a ser amiga del castaño… ¿O algo más?.
-Cuando eras pequeña, Hipo siempre lograba sacarte una que otra sonrisa sin importar las circunstancias… De hecho… Esa fue la razón por la cual tu padre y yo aceptamos tu compromiso con él.-Comento la madre con una sonrisa.
-¿enserio?... Yo sigo pensando que fue por el dinero.- Dijo Astrid sin creérsele todavía.
-Pues no, te equivocas… Créeme que no hubiéramos aceptado si hubiera sido otro… ni aunque nos hubiera dado todo el oro del mundo.- Le dijo la señora vikinga con mucha sinceridad.- Yo querías que te casaras con Hipo porque sabía que él te haría ver otra forma diferente de la vida… Que dejaras de pensar solo en matar dragones… Que dejaras de entrenar tanto pensado que eso es todo en la vida… Que dejaras de ser egoísta y malhumorada… Y que volvieras a ser esa niña traviesa que solo pensaba en jugar con su amigo y proteger en los suyo.
Astrid aparto la mirada de su madre, para que no viera como sus ojos se volvieron cristalinos, lo que le dijo fue tan chocante.
-Hija, no te pido que te enamores, ya que eso solo lo decidirás tú… Pero lo que si te pido es que vuelve a ser su amiga… él se merece eso por lo menos.- Le dijo la señora vikinga.
-Después de la forma en que le trate… como todos estos años… no creo que quiera saber más de mí.- Dijo la rubia en una voz casi roto. Estaba tan triste que no se dio cuenta que acepto la propuesta de su madre.
Sin embargo, la vikinga, con su mano la levanta la cabeza para que la mirara mientras le da leve cariños en sus mejillas y le sonríe tiernamente.
-Si él te quiere… Te perdonara de todo hija.- termina de decir para luego darle un fuerte abrazo que su hija contesto.
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Después de ese momento madre e hija. Astrid volvió a su casa con muchas cosas en la mente. Muchas dudas. Y muchas preocupaciones. Ella estaba sentada en su cama y su mirada perdida en el cuarto intentando encontrar algo interesante en este.
-Esta es la habitación que debería de compartir con Hipo….- Dijo ella pensando en los días que despertó sola y sabiendo que su esposo duerme en la Herrería.-…hasta el de nuestra muerte.-Termino de decir sin saber que había olvidado el tema del divorcio.
Su mirada se fijó en una caja cerrada que se encontraba en el fondo de la habitación. Sin recordar que había allí, camino hasta estar a su lado y con cuidado lo abrió. Lo primero que vio fue una bolsa negra, aunque no veía su contenido recordaba perfectamente que había allí.
-con todo estos problemas me había olvidado de esconderlo.-Dijo ella mientras sostiene el paquete prohibido.
Haciendo a un lado la bolsa, Astrid noto que había otra cosa al fondo de la caja. Y lo que vio, la dejo desconcertada.
Era un peluche. Pero no cualquier peluche, era uno de forma de dragón que había recibido en su niñez… que había recibido de Hipo.
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Flash Back
Una niña rubia de ojos azules miraba triste por la ventana de su cuarto. Ella estaba triste porque tenía muchas ganas de jugar en el bosque con su amigo castaño pero lamentablemente hoy… comenzó a llover.
-estúpida lluvia.-se quejó la pequeña mientras intenta buscar algo interesante aparte de ver un montón de gotas cayendo del cielo.
Ella se iba dar por vencida e irse a la sala donde estaban sus padres. Su madre estaba embarazada y la idea de tener un hermanito o hermanita le gusto aunque no sabe cómo es eso posible ya que hasta ahora no le explican cómo nacen los niños. Por otro lado, su padre le dijo que su mamá necesita mucho reposo y que no la molestara mucho. Es por eso que le gusta fastidiar al castaño. Al ausencia de una madre tenía un amigo con quien estar. Pero antes de poder salir de su habitación, escucho de repente unos sonidos afuera.
Ella con cuidado y algo temerosa se asomó por la ventana. No vio nada y pensó que fue solo su imaginación, pero luego escucho unas pisadas. Asustada, agarro lo primero que tenía al frente, una caja de madera donde tenía plumas que nunca usaba.
Aun temerosa, alzo la caja y se preparó para lanzarlo a cualquier "cosa" que se atreviera ver. Pasaron los segundos, minutos y nada de nada.
-Hay que estúpida.- molesta, concluyo que podría haber sido un animal o algo pero nada que lo atacara.
Sin miedo alguno se asoma otra vez por la ventana, sin embargo….
-¡Buuuuuu…!.- fue un grito tan fuerte y tan cerca que hizo asustar enormemente a la pobre niña.
-¡Aaaaaa…..!.-grito Astrid mientras caía al suelo de su habitación y luego comenzó a alejarse de la ventana.
Asustada y sumamente agitada estaba, hasta que de repente escucho afuera, ¿risas?. Aun temerosa, comenzó a acercarse a la ventana y cuando vio lo que había afuera. Todo índice de miedo se fue volando por la ventana.
-¡Hipo!.- grito enojada la rubia la ver el causante de esta "broma".
Y efectivamente como había dicho la niña, allí afuera no estaba nada menos que Hipo, que a pesar de la horrible lluvia que había, el pequeño estaba en el lodo riéndose sin parar.
-jajajaja… ¡Hubieras visto tu cara!... Jajajaja… .-Dijo entre risas el pequeño castaño mientras se agarra la panza, intentando tranquilizarse.
Astrid apretó muy fuerte los dientes y sin dudarlo, agarro sus plumas que tenía al frente y comenzó a lanzárselos al pequeño.
.¡Tonto!.. ¡Tarado!.,…-Insulto la pequeña mientras lanza y lanzaba plumas sin parar.
El castaño reacción con el primer golpe y se cubrió con sus pequeños brazos. Lo segundos pasaron y lo único que se veía era un niño manchado de lodo cubriéndose de las plumas que le lanzaba su "amiga". Pero cuando Astrid se le acabo, comenzó a buscar que otra cosa podría lanzar. Fue allí donde el castaño actuó.
-¡No espera!… ¡Solo fue una broma!.- Grito Hipo alarmado mientras alza las dos manos, indicando derrota.
Astrid estaba lista para lanzarle todo una caja de herramientas pero Hipo actuó rápido y agarró sus dos manos.
-Tranquilízate… por favor... tranquilízate.- Le pidió mirándolo directamente a los ojos.
Ojos azul y verde chocaron, una molesta y el otro temeroso pero aun así, por más raro que parezca, cuando ambos pequeños se miraban directamente a los ojos se podría transmitir un sentimiento al otro. Fue así, que aun molesta y agitada, Astrid comenzó a tranquilizarse y bajo la mirada. Hipo al no ver peligro dejo de agarrarla y entro a la habitación de su amiga por la ventana. Mientras tanto la rubia baja la caja que le iba a tirar.
-Eres un tonto.- Dijo ella un poco molesta y con los brazos cruzados.
-Si lo siento… Es como te vi en la ventana, no me pude aguantar a hacerte una pequeña broma.- Dijo él mientras sonreía torpemente pero esta no le pareció nada gracioso.- Además me la debías… Ayer me hiciste una broma que casi me mata.
Astrid aparto su mirada molesta, pero no por el susto sino porque su amigo tenía razón, ayer su broma fue muy pesada pero eso no quita el hecho que fue divertido.
-No exageres.- Comento la rubia con una sonrisa traviesa. Con solo recordarlo, se moría de risa.- Cambiando de tema… Hipo, ¿Qué haces aquí?, No vez que está lloviendo, Te puedes resfriar.- Dijo ella ahora si más calmada y algo preocupada.
-Sí, lo se… Es que… yo quería darte algo… y aunque ha llovido, no podía esperar hasta mañana.- dijo el pequeño castaño nervioso.
Sin embargo, Astrid solo se quedó confundida ante lo que escucho. Pero de repente, Hipo mete una mano en su chaleco y de allí saca un algo.
-Lo conseguí ayer por el Mercader Johan… Me pareció muy bonito… Y quería dártelo.- Dijo este mientras se lo entrega en las manos.
Astrid aun impresionada, lo agarro con un poco de dificulta. Pero no podían juzgarla. Lo que tenía en sus dos manitas, era un peluche que tenía forma de un dragón, aunque está claro que odia a los dragones, este peluche no lo hacía recordar para nada a esos animales. Era de color azul como sus ojos y sus escamas era amarrillo como su cabello. La forma de su cabeza era graciosa, sus sonrisas y ojos con tajeaba alegría. En pocas palabras era muy bonito y tierno.
-¿Es para mí?.-Pregunto ella sin poder creérselo y aguantándose una alegría enorme. ¿Cómo es posible que su amigo haya pasado por todo un llovizna solo para traerle un regalo?.
-si… ¿Te gusta?.-pregunto él mientras se rasca la nuca un tanto nervioso.
Pero la respuesta de la rubia no fue palabras, sino un gran abrazo que sorprendió al muchacho, tanto que casi lo deriva.
-¡Sí!... ¡Muchas Gracias!.- Grito muy feliz la niña, que sin saber casi deja sordo a su pobre amigo.
-Me… Alegra.- A pesar del dolor fuerte que sintió por todo su cuerpo y de su oído derecho. Hipo sonrió enormemente al ver que siempre logra sacarle una sonrisa a su amiga.
Pasaron algunos segundos para que acaba el abraso de amigos y cuando paso. Sin esperarlo de parte del castaño, Astrid le da un pequeño beso en la mejilla que provoco que sus cachetes se sonrojara enormemente.
-Gracias Hipo.- Dijo ella con una gran sonrisa. Pero en sus mejillas se podrían ver un tono tanto rojo.
Hipo quedo desarmado ante esa simple acción. ¿Por qué siente su cara caliente?, se preguntó este.
-Me… me… me alegra.- dijo una vez que pudo salir de su trance y agitando su cabeza esa sensación.- Creo que es mejor que me valla… sino mi madre se preocupa y mi padre me puede dar el peor regaño en toda mi corta vida.- Dijo este mientras se dirigía a la ventana.
-¿Sabes que puedes salir por la puerta principal?… No es necesario tanta drama.- dijo la rubia proponiendo otra salida.
-Si lose, pero no me gustaría que en camino me encontrara con tu padre y le explicara que entre por la ventana del cuarto de su hija.- Explico Hipo en su tono sarcástico.
-¿Por qué?.- Pregunto Astrid confundida.
-Bueno… mi madre me explico que se ve mal que un niño este solo en una habitación con una niña... solo debe pasar eso cuando se casan.- Comente el castaño, encogiendo los hombros.
-¿En serio?... Pero si tú y yo somos amigos.- Dijo la rubia aun confundida.
-aun así se ve mal.- Dijo él, no entiende porque el mundo adulto es tan exagerado. Bueno tal vez lo sabrá cuando llegue a esa edad.- bueno… Sera mejor que me valla.
Acto seguido, el pequeño castaño salió por la ventana pero antes de irse giro y con una sonrisa y la mano alzada se despido de su amiga rubia, quien lo miraba aun lo miraba por la ventana.
Astrid se quedó mirando a través de la ventana hasta que perdió de vista a su amigo y solo ver la lluvia caer. De repente, ella se comenzó a preguntar, ¿Por qué beso a su amigo en la mejilla?¿Y porque sintió sus cachetes calientes al hacerlo?. Deben de ser cosas sin importancias concluyo la niña.
Para la pequeña rubia, lo único que le importaba y hacia feliz era el peluche que tenía en sus manitas. Sin impórtale más si estuviera lloviendo, ello comenzó a jugar con su nuevo y favorito juguete por todo el cuarto.
Fin del Flash Back
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Astrid se encontraba sentada en su cama mientras veía el peluche que tenía en sus manos. Ese simple y pequeño juguete que había recibido de un verdadero amigo… de un gran compañero. ¿Cómo es posible que un simple objetó le haya traído felicidad y recuerdos hermosos?.
Ese peluche en forma de dragón, aunque algo viejo, aún conservaba su gracia. De repente una gota de agua había caído en la cabecita del peluche, otra en las alas y así prosiguió con el resto del cuerpo. Pero lo más increíble es que esas no eran gotas de agua, eran lágrimas, simple lagrimas que no habían salido de una fuerte guerrera hace mucho tiempo.
Astrid comenzó a llorar, aunque no exageradamente. Pero si permitió que sus ojos comenzaran a llorar y se mordía el labio inferior para contener un llanto. Abrazo fuertemente el peluche, como si ese objeto fuera la persona que se lo dio. Lo abrazo y lloro en él.
¿Qué había hecho?, dejo que prejuicios del pueblo nublara su juicio. Lastimo a la persona que le mostro cariño y respeto. Un verdadero amigo. ¡Un verdadero compañero!. ¡¿Cómo pudo actuar así?. ¡Años!, que prefirió pasar con tontos que con él. Años de ignorancias y amenazas.
¿Cómo pudo haberle hecho eso?, ¿Cómo pudo haber estado tanto tiempo alejado de su lado?. Si ellos eran un equipo. Él era su complemento y ella de él. Que importaba si fuera un inútil o un torpe. Ella lo quería así, tal como era.
¿Sera tarde?, pregunto ella. ¿Acaso será tarde para volver a empezar?, ¿Sera tarde para volver a ser amigos?, compañeros…. Una familia.
Ella alzo la mirada y se limpió las lágrimas de sus ojos con las mangas. De nada gana llorando, Si quiere un nuevo comienzo con Hipo. Debe de ir con él, pedirle perdón y pedirle que vuelva a ser su amigo. Que le permita que vuelva ser parte de su vida.
Sabe que le hizo daño por mucho tiempo y lo que le dijo ayer por la noche, fue la cereza del pastel. Tal vez no se lo ponga fácil pero no le importaba en absoluto. Por primera vez en la vida dejara su maldito orgullo aun lado y los entrenamientos de dragones para concentrarse en una sola cosa. En ser una amiga, una compañera…
Una esposa.
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Los días pasaban y Astrid saboreo el resultado amargo de sus acciones contra Hipo en el primer día que se propuso en volver con él. Prácticamente nuca lo encontraba, por más que buscaba por la aldea y en el bosque, nunca lo veía. Nunca encontraba esa oportunidad de estar a solas con él. Ella comenzó a temer que el castaño haya cumplido su palabra y por un momento pensó que se fue de la isla. Sin embargo supo por la gente que aún estaba en la isla porque lo habían visto en la herrería y de vez en cuando por las calles.
Y además, su búsqueda dio resultados al tercer día, un día lo vio a lo lejos caminando por el perímetro del pueblo, intuyo que iba a ir al bosque. No perdió el tiempo, corrió hacia él y grito su nombre para llamar su atención. Sin embargo, Hipo en vez de contestarle o esperarle salió corriendo en dirección al bosque. Ella intento alcanzarle mientras le gritaba su nombre para que no se valla pero este no hizo caso y corrió aún más. Al entrar al bosque, la densa vegetación oculto al castaño, al tal punto que por más que buscaba no lo encontraba.
Si antes Astrid estaba triste por no verlo. Ahorra se siente depresión total. No podía culparlo, Ella se merece ese trato y mucho más por todo el daño que le hiso. Aun así no se dio por vencida. ¡Era una Horffeson!, Bueno claro que ahora era reconocida como Haddock pero ustedes entienden la idea. Además que no fue consumido el matrimonio.
Volviendo al tema. La hermosa y fuerte rubia siguió con su búsqueda con el pasar de los días. Aunque no hubo resultados y su depresión aumentaba cada vez más. Ella sintió una enorme felicidad cuando le contaron que los entrenamientos contra dragones volverían. Y no estaba feliz por volver al combate. No. Estaba feliz porque todos irían a la arena de entrenamientos… Todos… Incluyendo Hipo.
Este mismo instante, Astrid se encontraba sentada en una banca junto con el resto de sus compañeros, esperando la llegada de Bocon. Aunque la vista de la rubia estaba clavada la entrada de la arena.
La rubia estaba decidida, apenas vea a Hipo, Hablara con él. Y aunque tenga que amarrarlo para que no se escape, lo ara. Nada, ¡Nada!, se va a interponer está vez entre él y ella.
-¿Estas contenta por volver a entrenar, Astrid?.- pregunto Brutilda, quien estaba sentada a su lado.
-sí, claro.- Contesto ella sin mirarla. Tenía su hacha en la mano, pero no tenía ganas de practicar.
-¿Te sucede algo?, Te noto distraída.- pregunto su amiga.
-no nada.- Contesto ella para luego pararse cuando vio que entraba alguien.
En la entrada, comenzó a hacer su aparición, el vikingo de una pierna. Todos los chicos se levantaron de la banca aunque Astrid estaba mirando a su alrededor para ver si por allí estaba Hipo.
-muy bien chicos, vamos a comenzar.- Dijo Bocon a sus alumnos.
-¿No vamos a esperar a Hipo?.-Pregunto Brutacio sin saber que eso llamo la atención a cierta rubia.
-no, Hipo ya no va a entrenar más con nosotros.-Dijo el Herrero, dejando sorprendidos a todos en especial a Astrid.
-¿Por qué?.- Pregunto Patan y para sorpresa parecía preocupado.
-Hipo me dijo que irá en el próximo Barco de pesca.- Contesto Bocon.
-¿Va a ir a pescar?, Pero en estos tiempos de clima son muy peligrosos… Incluso para los expertos.- Comento Patapez confundió y preocupado.
-Lo sé, pero fue su petición.- Dijo el vikingo de una pierna.
-¿Por qué?... Si él es el mejor de la clase.-Pregunta Brutilda sin entender nada. ¿Cómo es posible que prefiera ir a pescar que entrenar para combatir a las más temibles bestias del mundo?.
-No lo sé… pero cuando me hablo, parecía muy nervioso y preocupado.- Comento Bocon sin entender las acciones de su aprendiz.- Pero eso ya no importa… Tenemos que entrenar… Astrid.-Dijo dirigiéndose a la rubia.- Por favor, trae los escudos que están en la bodega.
Pero esta no le hizo caso, la fuerte guerrera se encontraba en un estado inmóvil.
-¿Astrid?... ¿Estás bien?.- Pregunto Bocon preocupado.
Pero fue Brutilda quien se acercó a la rubia y lo empujo por el hombro para llamar su atención.
-Astrid… ¿Todo bien?.-pregunto la rubia de tres coletas mientras lo mueve por el brazo.
La hermosa rubia reacciono por el contacto físico y vio a su amiga. Pero antes que alguien dijera algo. Astrid salió corriendo en dirección a la entrada de arena.
-¡Astrid!.-Llamo preocupado Bocon al ver como su alumna salía de arena y corría en dirección al pueblo.- ¿Qué le pasa?.- Pregunto a los demás.
Todos encogieron los hombros sin saber que contestar.
-¿Cosas de mujeres?.- Fue lo único que se le ocurrió decir Brutilda.
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Mientras tanto, se podría ver a una rubia corriendo por el pueblo en la única dirección que se le ocurría, la herrería.
Astrid estaba muy preocupada y alterada. Que Hipo haya decidió hacer eso no era por nada, algo estaba planeando. Su corazón le decía que iba a pasar algo malo sino hablaba con él. Tenía que verlo, tenía que hablarle, ¡Tenia que aclarar todo con él!.
Estaba llegando al lugar y mentalmente rezaba a los dioses que Hipo este allí. Astrid corrió hasta estar en la entrada de la puerta y justo cuando iba a abrirla…
-Hipo… tú me gustas… y mucho
La fuerte y bella guerrera que era conocida Astrid, sintió por primer vez en la vida, débil e inútil. Una sensación horrible por todo su cuerpo. Se sentía tan sorprendida como horrorizada. Como si algo valioso le estuvieran quitando.
Esas palabras… Esas palabras no venían de ella.
Continuara…
LOS PERSONAJES NO ME PERTENECES, SON DE DREAMWORKS Y DE Cressida Cowell, SOLO ESCRIBO POR PURA DIVERCION Y ENTRETENIMIENTO.
Hola a todos que siguen mi historia... Le agradezco mucho que se estén tomando un poco de su tiempo para leer mi nuevo capítulo... Muchas Gracias.
No hay suficientes palabras en el mundo para describir la enorme felicidad que sentí al ver tantos comentarios en mi anterior capitulo, de verdad fue una gran desdicha. ¡Me alegraron el día!. Yo, sinceramente, pensaba que mi historia ha sido olvidada o que pocos comentarían pero no. Se me dibujo una gran sonrisa cuando vi gente que esperaba ansioso mi continuación de la historia. Me podría pasar escribiendo por largas horas pero creo que mi mejor agradecimiento sería un enorme GRACIAS y que me esfuerce en publicar más rápido.
De nuevo gracias.
Muchos me han pedido que Hipo se valle de Berk... Pero... Ahora que han leído este nuevo capítulo, ¿siguen pensando igual?, ¿Quieren que Hipo se valla y deje a Astrid? O que se quede, siga luchando por lo que es correcto y demuestre a todo el mundo lo que él vale. Recuerden que todo puede pasar. Comenten.
Astrid parece ya darse cuenta de su error pero no estoy muy seguro si ya tarde o no. Por otro lado, quería decir lo que siempre se me olvidaba. Sé que querían a un Hipo celoso, pero ¿acaso no se dieron cuenta que el tiempo que Astrid estaba soltera era prácticamente cortejada por muchos chicos de Berk? Un ejemplo claro era Patan. Sin embargo ella nunca les hizo caso porque simplemente no quería nada con ellos. Son feos y muy sucios; simples palabras que alejaría cualquier idea de tener novio. Por favor, no piensen que voy a ser más mérito al hombre. No. Yo quiero que sea parejo, tanto para Hipo como Astrid. Además, ella nunca pensó en Hipo como novio y mucho menos como esposo. Pero ahora, el mundo da vueltas y a veces da mucha molestia cuando arruinan tus planes. Así que comprenderla por ese lado.
En el próximo capítulo sabrán de mi decisión si nuestro héroe se va o se queda. Sin embargo, voy a tomar en cuenta lo que ustedes opinan ya que de los 13 que han comentado 9 quieren que se fuera de Berk, 2 no saben y 1 que se quede y otro solo se preocupó por el estado de Hipo. Pero no se preocupen que al final todos salgan ganando. Ya verán.
Si, cuando decía sobre la verdadera felicidad, obviamente hablaba sobre los dragones, vivir sin temor y no preocuparse si está haciendo bien o mal. Porque Hipo primero quiere ser respetado que amado... Aunque no está nada mal la idea que me han dado sobre que tenga uno que otros amoríos en sus viajes. jajaja
Repito. Aquí Hipo tiene 18 años y a pesar de eso, se siente como el más débil y pequeño de todos. No porque él lo sea sino porque sufrió tanto años de indiferencia que no pudo notar los grandes cambios que hubo físicamente como mentalmente
Sé que Astrid no actúa como la de la serie o película pero no por eso la deben odiar. Yo quiere que vean el lado de ella antes del "vuelo romántico". Su lado competitivo y orgulloso. No obstante, no por eso voy a dejar que trate a Hipo como si fuera cualquier cosa y después actúe como si no pasó nada. Astrid no es la tipa que tira la piedra y esconde la mano. No. Ella aprenderá de sus errores. Y ustedes verán TODO lo que nuestra hermosa guerrera tuvo que cambiar para ser la compañera, amiga y novia del castaño.
Muchos me han preguntado si este será igual que la primera película. Bueno, yo diría que sí pero no se olviden que he cambiado muchas cosas, mi intención es hacerlo más dramático y romántico. No será fácil para nuestros protagonistas. Es más como dije en mi anterior capitulo, en esta fase tengo dos camino por tomar y la que elija continuara como la película o como algunos lo han comentado.
Una cosa más, me olvide comentar en el anterior capitulo así que lo pongo aquí: muchos esperaban que Hipo fuera a buscar al dragón Bufalord ya que su saliva era la cura para la fiebre de Odín (como se dijo en un capítulo de carreras al borde) pero si son muy fan como yo; sabrán que yo lo he combinado con un capítulo de Defensores de Berk con Carreras al borde. (En mi próximo capítulo narrare la aventura que tuvo que pasar Hipo por cada ingrediente).
Así es, como digo o escribo; necesitaba una enfermedad como la fiebre de Odín porque este con un simple contacto físico se contagia no obstante la cura no sería la saliva del dragón sino ingredientes que no habían en la isla y que se tenía que conseguir en la isla curandera (como se dijo en el capítulo de defensores de Berk 2 temporada, efecto anguila). Recuerden que esos tiempos conseguir algo especial o sencillo no sería como ir a una tienda. No. Muchas veces se hacían largos viajes por cosas simples que pueden salvar vidas.
Es así como voy hacer en el transcurso de esta historia como en otras que estoy planeando. No quiero escribir exactamente lo que paso en un episodio o escena. No. Porque el final no sería inesperado sino obvio. Voy a combinar o inventar una decisión diferente de lo que hubiera pasado en cada capítulo o escena. Incluso combinar capítulos. Y mis protagonistas secundarios tendrán que ver mucho en eso, así que tomen en cuenta sus acciones porque también podrían cambiar el curso de la historia. (Sobre todo las de Kaira).
Como cuando ustedes pensaban que la fiebre de Odín uniría más a nuestra pareja favorita, pero no fue así, al contrario, lo separo aún más. Así que no digan que ya saben cómo va a terminar porque puede haber giros inesperados que pueden o no ser de su agrado.
Una cosa más. En mi historia, Hipo no pasa por todo este sufrimiento y luego le da placer, no. Lo último que quiero es que piensen que es masoquista. Muy pronto verán que por cada insultó, maltrato y humillación. TODO. Tiene un propósito. Y aunque se vea injusto, a veces algunas palabras dan suficiente fuerza para ayudar a una persona a que supere cualquier obstáculo... Por más difícil o horrible que pueda ser.
No olviden que de los errores se aprenden más que cualquier victoria.
Soy muy fan de Hiccstrid tanto que me molesta cuando ponen a mi pareja favorita con otras. Incluso cuando hablo de Kaira, me molesta. Pero sé que es necesario para que la historia tenga su lado negativo que refuerce un positivo.
No obstante, no voy a permitir que terminen juntos por así nada más, tal vez mi título se llama "Destinados a Amarse" pero no por eso voy a permitir que las cosas sean fáciles. Cada uno tiene que aprender a respetar y amar al otro a su debido tiempo. Solo así se llegara a la verdadera felicidad.
Sin más que escribir me despido y espero vernos pronto. Un abrazo a todos y nos vamos hasta la próxima. Chao
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