21º
Arco de respuestas: Fin del camino. Capítulo 1
El Undécimo, Tubbimura
Entretanto en la capilla de los dioses. Se produjo una leve sacudida. Dojo se encaramó al techo. Colgado bocabajo. Lo último que quedaba de Dashi cayó hacia abajo, se disolvió. Dojo abrió la boca, tragando una bocanada de aire. Se bajó y se acercó al trono de Dashi. Ya no quedaba absolutamente nada de él. Sus ropas estaban tendidas sobre el trono. Se inclinó para inspeccionar si quedaba algo. Lo encontró. Era el corazón de Dashi era como un cristal rojo romboide, con un lucecita palpitante en su interior. Dojo lo tomó.
-Mira lo que puede hacer unos años, Dashi, no te ves nada bien. Se supone que este cristal te mantendrá sano y a salvo mientras los dos esperamos que los juegos terminen –comentó, encerrando su corazón dentro de un tubo de cristal-. Hasta entonces voy a suplir tu lugar, te vas a sentir orgulloso de mí, mi querido Dashi… –Dojo agarró capa y se la echó al cuello- cuando Primera gane, las cosas van a ser muy diferentes a partir de ahora...
-¿Primera? Se supone que debes de ser imparcial. Seguramente estuviste manejando este juego clandestinamente, interfiriendo en las decisiones de los jugadores, fuiste responsable de varias consecuencias dentro del juego. Fue mi error haberte subestimado, tonto dragón. Mi descuido ocasionó todo esto.
-Lo sé, es cierto que he estado manipulando el juego a tus espaldas, ¿y para qué? Para que todo saliera tal cual plan. No faltará mucho para que Primera elimine a Tercero, Cuarto y Séptimo y sea la ganadora de Los Juegos del Destino, no es nada personal contra ti Dashi, empero debo encontrarte un sucesor antes que venga el Fin del Mundo y Primera es la más capaz... Su nombre lo dice: Primera... –sonrió macabramente.
Amanece en CosmosXiaolin. Creo que sí, escucho a los odiosos pajaritos piar allá afuera, a la ventana. Menos mal que las persianas están cerradas. Me da flojera abrir los ojos y verlo por mí mismo. Los pajaritos pían con más fuerza. Quiero sacar la almohada y taparme con ella, pero recuerdo que mi brazo envuelve a Kimiko. Ni por la almohada ni por los pajaritos me quería desligar de ella. Anoche fue increíble. La mejor noche que tuve en toda mi vida, me atrevo a decir. Kimiko no tuvo ninguna pesadillas. Menos yo. Estuvo abrazada toda la noche a mí. Creo que me dormí un poco más tarde de la medianoche, después de Kimiko, meditando mis actividades durante el día. Arrastro perezosamente la mano de su espalda a sus cabellos, la comienzo a acariciar. Jackbot entra disimuladamente en el cuarto. Lo sé ya que oigo el propulsor de sus cohetes entrar, es casi silencioso, lo que pasa es que como yo estoy acostumbrado a su ruido y, soy su creador, me es fácil saber por dónde va. Creo que abrió las persianas siento algo molestarme en los ojos. Desvió la cabeza.
-Ya es de mañana, mi señor, son las ocho de la mañana… -¿para qué le habré instalado esa puta alarma? Aj, maldita sea. Kimiko gimió, escondió su rostro en mi pecho, protegiendo sus ojos de la luz de la mañana-. Es hora de levantarse, su madre dijo que podría llegar en cualquier momento, tiene un mensaje –insistió Jackbot. Coño a la madre, lo que me faltaba. Entreabrí los ojos, bueno mi ojo, parpadeé varias veces dejando que mi ojo se acostumbrara a la luz de la estancia. Vi a mi robot flotando delante de mí. Viéndonos indiferentemente a mí y a mi novia. Sus ojos rojos estaban clavados en nosotros.
-No, ¿no te he dicho que debes tocar antes de abrir una puerta? ¿dónde están las normas de cortesía que te dejé preestablecidas?
-No quise ser inoportuno, señor, pero mi deber es servirle y dudo que su madre encuentre agradable si lo ve a usted en esas condiciones con su... amiga.
-¡Cállate! –gruñí, arrojándole la almohada. El robot se movió a la derecha, eludiendo mi almohadazo. Escuché unas risitas. Me volví a recostar de la superficie acolchada del lecho. Y con un ademán, le indiqué a Jackbot que se fuera a prepararnos el desayuno o lo que sea, solamente quería despacharlo de la habitación. Suspiré, bajé la cabeza y besé a Kimiko en sus párpados. Ella sonrió. Volvió a reírse. Estaba despierta.
-Ya es de día, cielo, tenemos que levantarnos –no dijo nada. Cuidadosamente le dejé sobre la cama. Me bajé, escudriñé con la mirada al suelo en busca de mis interiores.
-Anoche fue... divertido –le comenté mientras volvía a vestirme.
-Aprendes rápido –respondió a su vez, alzando la cabeza.
-Hey, no lo olvides, eso es natural en los genios malignos –Kimiko sonrió de oreja a oreja. Se envolvió con la sábana, tapándose a nivel de los senos.
-Voy a tomar una ducha, cariño, ¿está bien? No me tardaré, terminaré antes que tu madre llegue –sentí como mis mejillas ardían cuando salió de la cama, se me acercó a darme un beso en la mejilla y se fue al baño, encerrándose. Sonreí. Podría decir que la única garantía que tenía de nuestro amor fue la unión física, por no decir que me tenía amor de madre o de hermana, o me veía como un amigo. Entre nosotros, en lo que respecta en todas esas horas maravillosas y a la vez horribles, nunca nos dijimos "te amo" ni se dijo la palabra "amor".
Por supuesto, que las horas que pasamos juntos jamás las olvidaré. O a no ser que todo en ese tiempo era fingido. Solo fingía placer, sus gestos de éxtasis eran vanas simulaciones. Que realmente se estaba burlando de mí. Nuevamente pongo en dudas su amor. A pesar de todo lo que hizo, todavía no confío en ella plenamente. ¿Entonces qué era lo que yo quería en realidad? ¿será que no quedé satisfecho totalmente? ¿qué para mí no vale amor que no incluya unión corporal? Ah olvídenlo. Terminé de vestirme. Fui a la cocina. Vi que Jackbot estaba cocinando unas tortitas. Le sonreí. Me senté en una de las sillas. Jackbot me trajo el periódico. Debo admitir que estoy orgulloso de mi robot. Es bastante obediente.
-Sin azúcar –le advertí a Jackbot a punto de que vertiera en mi taza dos terrones de azúcar por encima de mi periódico. Por lo que lo dejó de lado. Kimiko vino al rato, vestida y aún secándose el pelo. Le invité a sentarse, ella dudó, pero luego se sentó conmigo. "Sírvele", le ordené al robot. Cuando llegué a la tercera página, una noticia me saltó a la cara: "Niño es encontrado muerto en el cementerio". Sentí un regusto agrio en la boca que en serio calentó mi lengua, lo que alteró el sabor del café, haciendo que el último trago resultara amargo. Leí la noticia desde un principio. Por la descripción de la víctima y la fotografía. Era la bola de queso. El lenguaje empleado era despectivo ya que ante los ojos del mundo, Omi era un delincuente. La muerte sucedió ayer. Antes de que se cerrara el cementerio se encontró su cuerpo en el medio de dos tumbas, las de sus padres. Parecía que llevaba mucho tiempo. Fue herido mortalmente por un arma blanca, le cortaron la garganta. A diferencia de las otras muertes. No le cortó ninguna extremidad ni nada, solamente sus muñecos desaparecieron de sus manos. Una flor blanca fue depositada a su lado. Casualmente no había más nadie en el momento siniestro. Dejé el periódico, desviando la mirada. Esto no podía ser posible. Omi no pudo morirse así como así. ¿Raimundo lo habría matado?... En mi cabeza se viene la imagen de Gushu al prevenirme que Primero no estaba muerto y que seguía vivo bajo el nombre de Undécima. Miré a Kimiko, quien disfrutaba del desayuno...
-¿Pasa algo?
-Omi... está muerto, en el cementerio, lo encontraron muerto junto a la tumba de sus padres.
-Oh por Dios, qué terrible, ¿cómo y cuándo sucedió?
-¿Qué nos importa cómo y cuándo sucedió su muerte? Lo que importa es quién lo hizo, esto comprueba una cosa o Raimundo o tú debieron haberlo matado, porque yo no fui...
-Yo tampoco fui, no creo que Raimundo haya hecho algo tan atroz. Quizá un loco vino y lo mató, fue una víctima más del hampa...
-Por favor Kimiko, no seas idiota, ¿quién se va a atrever a matar a Omi? ¿qué motivos tiene él para que alguien lo mate? Omi no llevaba nada de valor encima ni un enemigo.
-A lo mejor sus padres sí lo tenían y fue tras él.
-Por amor de Dios, eso es totalmente ridículo, lo hubiera matado muchísimo antes y como si le tuviera un seguimiento. Así que... –cogí el cuchillo y lo apunté a su cabeza, ella me miró con resignación, con tristeza de que estuviera desconfiando- fuiste tú o fue Raimundo. Más te vale decirme la verdad, si todo esto de haberte acostado conmigo fue una treta entre Raimundo y tú que decidieron matarnos a Omi y a mí respectivamente, tal vez Omi cayó, pero yo no...
-¿De qué estás hablando, Jack? Te quiero, nunca te traicionaría, te juro que no sabía nada hasta que leíste ese anuncio del periódico. Es solo que no quiero pensar que Raimundo… Creí que lo conocía por todos estos años juntos. No sé cómo se te ocurre desconfiar de mí si te entregue mi todo, mi corazón, mi amor y mi cuerpo, ¿has olvidado de repente lo que he hecho por ti? Por favor, baja el arma Jack, entre los dos podemos encontrar una solución. Pero te pido que no hagas nada de lo que puedas arrepentirte –jadeó Kimiko, levantándose, mi arma no la perdía de vista.
-¿Sabes qué? No te creo absolutamente nada, he oído miles de monólogos similares al tuyo, di la verdad Kimiko –se lo tomó con calma, alzando las manos, se me acercó paso a paso. Sin perder el control. Agarró el cuchillo, quitándomela con sutileza.
-Te estoy diciendo la verdad. ¿Qué quieres oír? ¿qué te diga que sí? ¿es eso? Oye si quieres podemos ir a donde Raimundo y preguntarle, te aseguro que somos inocentes.
-Eso espero… –la agarré de la mata de pelo desprevenida, jalándosela bruscamente, Kimiko se retorció y soltó un alarido a la primera-, si me entero que tú me has engañado te mataré como la zorra que eres –Kimiko se mordió el labio. No sabía que me pasaba. ¡¿Qué estaba haciendo?! Lo estaba echando todo a perder, dejé que mis palabras aumentaran su crueldad, vi los ojos de ella. Parecía mirarme con suma tristeza. La solté. Paralizada y muda, se fue lentamente. Me sometí en una lucha entre que me debatía contra mi odio (mi paranoia) y mi arrepentimiento, cogí el cuchillo y lo guardé por si lo necesitaba, éste último fue más fuerte y salí corriendo tras de Kimiko, que parecía irse por una ventana, la abrió. La detuve estrujando su muñeca con todas mis fuerzas, la obligué a mirarme a la cara. Su rostro parecía empapado de lágrimas. Caí en su hechizo. Le rogué su perdón, me acusé a mí mismo de haber metido la patada, de ser un monstruo, me puse a llorar con ella. Pero al menos desistió su idea y se sentó en el sofá conmigo. Se empezó a serenar. Y rápidamente se recuperó. Me pareció extraño, digo, decirle a una mujer eso me parece muy ofensivo y difícil de superar. Justamente escuché que alguien tocaba a la puerta del frente. Kimiko se levantó de golpe.
-Espera, puede ser mamá. Es una buena mujer, no nos hará daño, ni siquiera me entregó a la policía cuando nos reencontramos –le garanticé, agarrando su muñeca.
-Si tu mamá tiene llaves dudo que tenga alguna necesidad de tocar la puerta.
Abrí la puerta. Me equivoqué. Era la policía. Gushu estaba con ellos. Arremetieron contra nosotros dos. Kimiko sacó el cuchillo, pero la policía fue más rápida. La derribaron contra el suelo. Le despojaron de su cuchillo, la levantaron arrastras y la amenazaron con la boca del arma.
-¡¿QUÉ DIABLOS SIGNIFICA ESTO?!
-Te sugiero que prestes atención a los hechos, Jack, no me importa si lo haces o no. Es una sugerencia.
-Kimiko Tohomiko queda arrestada por el asesinato de Tubbimura Sonozaki, Jessie Bailey, Omi Crudo y Toshiro Tohomiko, entre otras muertes. Tiene derecho a guardar silencio, usa bien estos derechos Tohomiko, o todo lo que digas será utilizado en tu contra –gruñó Guan.
-¡¿Qué?!
-Lo que oíste, Kimiko fue encontrada culpable de asesinato en primer grado de Tubbimura, Jessie, Omi y su propio padre. El cadáver en la jaula del sótano en la Mansión Tohomiko, fue identificado como el Sr. Tohomiko. Kimiko nos estuvo engañando a todos durante este tiempo, no es Undécima, es Primera. Mató a Tubbimura para usurpar su lugar y sus poderes luego se acercó a ti, diciéndote que era Undécima, para proteger su verdadera identidad.
-No lo escuches, Jack, él te está mintiendo, ¡todos te están mintiendo! ¡no le creas! ¡no es cierto! ¡no es cierto! ¡no es cierto! ¡no es cierto!
-Silencio Tohomiko, ¿olvidaste lo que te acabo de decir? –bramó el agente Guan.
-Pero eso no es todo, Jack, hay más. Cuando uno destruye uno de los obsequitos de Dashi, los recuerdos y poderes son transmitidos a quien los destruyó. Tubbimura tenía el poder de leer las mentes desde un principio, al enviarme a esa dimensión alternativa pude darme cuenta, cuando yo evité su muerte, buscó a otra víctima para suplir su lugar... A Tercero, y se presentó ante mí como Tercera... Me llevó a deducir que Tubbimura realmente era el Undécimo jugador...
-Eso no es cierto, cuando vaciamos los recuerdos de Megan, Tubbimura le describió quien fue el responsable de su muerte y contemplamos que se trataba de Chase.
-Claro, pero eso fue lo que creímos ver, lo que ella quería que viéramos, porque realmente quien estaba ahí ese día era ella transformada en Chase. Su poder real es la metamorfosis. Lo sé porque al ver que no confiaba en ella y ya comenzaba a sospechar, se transformó en la Sra. Pedrosa para atraerme y sacarme del camino.
-¡¿Le vas a creer a él, Jack?! Solo mira lo que está diciendo, no tiene absoluto sentido. Tú sabes bien que no nos llevamos bien, quiere denigrarme, quiere meterte cosas en la cabeza.
-Todo fue predimitado –me aclaró Gushu, ignorando a Kimiko-, fingió ser tu amiga cuando todos creían que fuiste el responsable de la muerte de Tubbimura y seleccionó a Chase para inculparlo de sus crimines, supuestamente que pasara el peligro, podría matarte con mayor facilidad. Planeaba tu muerte. Se deshizo de Jessie y de Omi, a sabiendas que éste lo sabría tarde o temprano con sus poderes. En cuanto a Toshiro, su cadáver ya llevaba varios días descompuesto por lo que es posible de que estuviera muerto mucho antes de los previos acontecimientos de los juegos. Sé que debes estar confundido, pero lo que te digo es cierto. Jack, hablé con Dashi frente a frente luego que logré salir de la dimensión alternativa, él me dijo una verdad de la que no sabías... Aún si te conviertes en dios, no podrás revivir a nadie, no estaría en tus manos ese poder porque no se puede jugar con las leyes de la vida y de la muerte, eso le corresponde a otro dios. Podrás resucitar la carne, pero jamás vas a traer el alma devuelta.
-Eso no es verdad –no reconocí el tono desesperado y temeroso en mi voz, pero me pareció muy normal en mí en alguna extraña manera-, Dojo me dijo que...
-¡Te mintió, el mismo Dashi me lo confirmó! Dojo te ha estado engañando.
-¡Mientes, tú eres el que mientes, ¿cómo puedes saber eso?! Tú ni siquiera formas parte de este juego, solamente te entrometes en lo que no te importa.
-No son calumnias, son verdades, luego de que despertara cuando Kimiko me atacó, me encontré en el santuario de los dioses y le pregunté si era capaz de que los humanos podrían resucitar al morir. Me dijo que no era posible. Le pregunté entonces por qué habías sacado tal idea, me contestó que sospechaba que Dojo tuviera algo que ver con esto, y a hurtadillas ha estado escapándosele para manejar el juego a sus espaldas, yendo al mundo de los seres humanos y acercarse a los jugadores para persuadirlos de tomar decisiones. Dojo te dijo eso para que asesinaras a sangre fría y cambiar el juego a su conveniencia.
-Sí lo que dices es cierto, ¿entonces por qué lo haría? ¿qué ganaría con eso, eh? Él no es parte del juego, somos nosotros, los doce elegidos... Y uno de nosotros se convertirá en un dios, él seguirá siendo un lacayo. Tú teoría no tiene ningún sentido.
-Quizá está del lado de un jugador. ¿Qué tal de Primera? –no podía dar crédito a todas sus palabras, si lo que decía era cierto, las personas que había asesinado nunca volverían y mis manos quedarían manchadas de sangre para siempre. Esto no puede ser. Esto tan solo me lo dice porque quiere atraparme, sí tiene que ser eso. Dojo es fiel a Dashi nunca lo traicionaría ni haría eso. Él me dijo que estaba de mí lado. Recordé el ultimátum de Dashi hacia él en el día que nos hizo llamar a todos.
Estaba impactado. Me di la vuelta. Kimiko seguía luchando, tratando de zafarse todavía. Me miraba, suplicándome ayuda. Aunque la historia fuera algo absurda, tenía el absoluto sentido de que Kimiko siempre fue Primera. Asesinó a Tubbimura con el pretexto de querer ayudarme a demostrar mi inocencia y luego ganarse mi confianza, echaría la culpa de todos sus crimines a Chase, quizás fue porque le resultaría una mayor amenaza que los demás. Todo concuerda. No puedo creerlo. Una parte de mí se rehusaba a creerlo. Y otra permitía que Kimiko se fuera. El agente Guan hizo un ademán, ordenando que escoltaran a la chica a la patrulla de oficiales que hay afuera. Oí murmurarle a Gushu, que a pesar de ser menor de edad tal vez la juzgarían como adulta por los horrorosos crimines que cometió. Kimiko gritó mi nombre a mis espaldas, pidiendo mi ayuda. No supe que hacer. Además, que quizá también habrían venido para llevarme a mí también preso. Gushu puso una mano en mi hombro como gesto de ¿solidaridad o qué más? Entonces oímos un ruido. Giré sobre mí mismo. A punto de salir por la puerta principal, Kimiko se había liberado de los agentes y ya no estaba ahí.
-¡¿Y qué esperan?! ¡BÚSQUENLA, ESA MUJER IRÁ A LA CÁRCEL HOY MISMO!...
-Lo ha vuelto hacer, tiene que ser uno de los agentes.
Escudriñé con la mirada. Los agentes estaban armados. Si Gushu tenía razón, Kimiko tenía la misma ropa que los agentes, empero, no sus implementos. Fue demasiado tarde cuando divisé del único agente desarmado. Se había arrimado a la cortina mientras "se buscaba a sí misma", la arrancó y la soltó sobre dos agentes. Cogió rápidamente un florero y lo estrelló contra la cabeza del próximo, le quitó su arma. El agente Guan la amenazó con su revólver. Kimiko alzó su arma, sujetando firmemente la cabeza del agente al que golpeó la cabeza.
-Suelta el arma, Tohomiko.
-No, no lo haré. Ni se les ocurra acercarse, en especial a ti Jack, o mato a este hombre. Un asesinato más o uno menos, ¿cuál es la diferencia?... ¿Por qué... por qué siempre tienes que echarlo a perder? Pudimos haber tenido un final feliz. Yo tan solo quería tener un momento de felicidad contigo. No era mucho pedir.
-Entonces es verdad, tú eres Primero y tú mataste a todos esos: a tu padre, a Tubbimura, a Omi y a Jessie. ¿Pero por qué lo hiciste? –Kimiko apretó con fuerza el casquillo del arma, mirándonos de Guan, a Gushu y a mí, y nuevamente al revés-. ¡DÍMELO!
-Regresemos a través del tiempo, en una época donde todavía era una niña que creía en un futuro brillante en el que mis padres y yo pudiéramos entendernos. Mi papá siempre estaba demasiado ocupado en el trabajo que nunca llegaba a casa, mi mamá estaba enferma y sus depresiones siempre las cargaba yo sufriendo todo tipo de abominables castigos de los que ni tenía culpa... Esa jaula que viste era el sitio donde me retenía por ser una mala hija; ni siquiera papá se daba cuenta que yo pasaba incontables horas ahí adentro porque jamás iba a casa, solo le importaba el trabajo, trabajo y más trabajo; en esa casa me enseñaron que si alguien estorbaba en el camino debía quitarlo de en medio sea como sea posible, los adultos siempre piensan que nosotros los niños nunca nos damos cuenta de nada, sin embargo, ellos se equivocan. Pero tú ya sabes el resto, ¿no es así, Jack? –hizo una pausa, se mordió el labio inferior antes de continuar-. A causa de ello fui tímida y no se me hacía nada fácil, cuando te vi tan solitario en ese pupitre aquella vez, vi que pensabas como yo... No, sentías como yo. Solo era una niña traumada. Al contrario de otros niños, mi niñez no fue feliz, crecí en el despiadado mundo de los adultos... Mi única compañía era un amigo imaginado, el dios Dashi, que me seleccionó a mí, entre miles de mortales en el mundo, ser su sucesora. De todos modos no duró mucho porque luego dijo que decidió hacer un juego y quien gane el mejor, entonces comprendí que ustedes eran piezas iguales a las que papá mandaba a quitar del camino. Y ahí inició todo. No quería que supieras esto Jack, ahora que sabes cuál es mi verdadera naturaleza, no hay motivos para seguir ocultándola ni que digas que todavía me amas con todo lo que te hice. Puesto que tú no puedes matarme ya que te tiembla la mano, entonces te mataré yo a ti y luego a Raimundo... En fin, ni Chase ni Ashley fueron Primero, nunca lo fueron, estás viendo a Primero delante de tus ojos… –admitió, sentí una punzada en el corazón-. He decidido que mueras, pero no hoy, sería demasiado pronto –Kimiko hace un movimiento, y dispara. El agente Guan cae al suelo estrepitosamente. Kimiko sale armada por la puerta. Gushu se lanza al cuerpo de Guan.
-¿Está bien?
-¿De qué sirven los chalecos antibalas si no los usas? –gruñó el agente Guan, levantándose toscamente-. ¡ALERTA A TODAS LAS PATRULLAS, BLOQUEEN LAS SALIDAS DE LAS AVENIDAS FRANCIA Y SHEN GA ROO! –rugió Guan, haciendo un llamado a sus amigos policías. Tenía que salir de aquí antes de que Guan se acordara que estaba ahí y me mandara a arrestar. Yo fui responsable de numerosas muertes. Me acordé de la salida de emergencia que estaba en la cocina. Silenciosamente me dirigí a la cocina, y abrí la puerta. El sonido de las patrullas me acorrala cuando me dirijo a la autopista, cada vez las oigo más cerca. Llegarán aquí en cualquier momento. Demonios, van a encontrarme. Me detengo en frente de un automóvil, fingiendo cojera. El coche se detiene porque estoy en el medio. Jadeando le digo al conductor que una asesina me persigue y disparó a uno de los rehenes que estaban conmigo, me pude escapar, pero necesitaba ayuda. El conductor, mantuvo la calma mientras le lloraba. Apenas me dijo que iría a ver a los rehenes, reportar la policía y me podía quedar con él. Desenvainé el cuchillo y lo apuñalé. Le quité las llaves de su auto.
Me monté en el precioso vehículo rojo. Lo eché a andar. Pasé en medio de las patrullas de los idiotas policías con tranquilidad, pues no me reconocieron en el vehículo y creyeron que era un conductor común y corriente. No puede ser. Maldita sea. Todo este tiempo estuvo en frente de mis ojos y no lo vi. No lo quise creer. Kimiko todo el tiempo era la asesina, yo lo sabía y no hice nada para evitar que se llevara a otra víctima. ¿Qué haré? Kimiko sin duda va a ir detrás de mí. No sé cuál será su próximo movimiento, pero primero va a intentar matarme y luego irá tras de Raimundo. Cómo pude ser tonto, me detuvo en seco frente una luz roja de semáforo y golpeé el vidrio con fuerza. Pero no lo suficiente para hacer añicos el vidrio. Ella tiene un arma de fuego. Yo una blanca. No soy tan rápido con las blancas como lo es Kimiko, ella será más rápida. Prefiero las de fuego por eso. Seguramente que sepa que ya no estoy con Gushu ni con Tubbimura irá a todos los sitios en que podría estar yo, donde estuve antes o de mi interés. Creo que Gushu me llamó al celular tres o cuatro veces, dejó varios mensajes. Insistiendo en hablar conmigo. No le creí. Puede tratarse de alguna trampa para conducirme a la policía ya que ahora es el fiel lacayo de Guan. Ya no es de fiar.
Y allí estaré esperándola. No tengo otra alternativa que matarla, quiera o no quiera. Ahora qué sé la verdad, debería odiar a Kimiko con toda mi alma. ¿Por qué no lo hago? Porque yo estoy titubeando. No debería tener miedo. He asesinado a montones. Una más no va a cambiar mucho al menos que me metan preso pero no lo voy a permitir. ¿Es porque todavía guardo sentimientos por ella, sigo amándola a pesar de todo? Diantres, esos sentimientos no me pertenecen. ¿De qué monstruo me he enamorado? ¿será que ella tiene razón y no soy capaz de matarla? ¿es eso? Sea lo que sea, no puedo permitir que Kimiko gane los juegos. Cuando vuelve la luz a ser verde. Piso el pedal a fondo. Ya sé a dónde dirigirme. Me desvié a la esquina. Realmente esto no me gustaba. No podía soportar la idea de que tenía que matar a Kimiko. Así que fui al único lugar donde podría poner remedio todo a eso. Fui a la guarida de las víboras. Y ahí estaba él con una mirada extraviada, mirando las pistolas, jugando con ellas. Kimiko no bromeaba cuando dijo que había cambiado. Escuchaba como comprobaba el revólver, después de que estaba cargada. Lo cerraba, seguía mirando la nada. No sé si sintió mi llegada, pero tuve que aclararme la garganta para que me mirara de reojo.
-Me gustaría que me hicieras un favor.
-Oye, no tengo tiempo para perderlo contigo, si quieres puedes...
-¡NO PUEDO HACERLO! ¡TIENES QUE SER TÚ! –bramé. Él puso los ojos desorbitados y por primera vez en todas nuestras vidas me tomó en serio. Entrecerró los ojos. Y escuchó- Kimiko resultó ser la primera jugadora.
-¡¿Qué?! –Raimundo se levantó. Y me vio a los ojos seriamente.
-Lo que oíste, ¿no lo entiendes? Nos equivocamos, Raimundo, ni Chase ni Ashley fueron los asesinos, siempre lo fue ella: Kimiko, ella es la asesina, ella es Primera, ella está loca, ella es el monstruo que buscábamos por el que nos aliamos. Omi murió, lo mató ella porque sabría de la verdad. Nos enamoramos de un monstruo horrible y despiadado.
-Ah sí, leí de su muerte en los periódicos de hoy. Pobre infeliz –Raimundo tiró el cigarrillo al suelo, lo pisoteó con fuerza.
-Creo que no me estás entendiendo o escuchando –gruñí, acercándome a él, lo tomé de los brazos obligándolo a mirarme-, Kimiko es la asesina, me lo confesó a mí y a la policía. Está prófuga. Mató a Tubbimura, el auténtico Undécimo, a la Novena, a Cuarto y a su padre, el cadáver que encontramos allá abajo, era él. Tomó su lugar y se hizo pasar por él, realmente no puede leer las mentes, ella utiliza la metamorfosis. Me juró que iba a matarnos a los dos.
-¡¿Y qué?! Ahora podrás matarla sin ningún remordimiento de consciencia, ¿viniste aquí a matarme, no es cierto?
-No, vine porque quiero que me mates y ganes el juego por mí.
A/N: Hemos llegado al final del capítulo. Bueno este capítulo no estuvo muy largo que digamos, como ustedes comprenderán. Preferí cerrar en este punto porque el capítulo que viene se trata más de la relación de hermanastros que hay entre Raimundo y Jack como tal. Y gran parte del adelanto que viene para el capítulo penúltimo. Por eso el título que le puse: El Tercero, Raimundo. A Tubbimura no le di una canción porque no teníamos mucho sobre él porque no lo logramos conocer muy a fondo que digamos a diferencia de Jermaine y Jessie, que aunque aparecieron pocas veces pudimos ver si tenían o no tenían intenciones de ganar. ¿La escena de la playa? Bueno, me inspiré en la película ¿Qué pasó con Baby Jane? Para hacer esta historia me basé en muchas historias, aunque sean solamente escenas: Mirai Nikki (la más influyente), Another, Higurashi No Naku Koro Ni, el rostro de la venganza, el bosque, el túnel y ¿Qué pasó con Baby Jane? Está demás decirles que estamos en la etapa final. Por fin supimos que Kimiko es la Primera jugadora, ella mató a Tubbimura, a Jessie, a Omi y a su padre, nos falta saber por qué, porque el motivo de su locura creo que ya nos los dijo. Creo que se sabrá en el capítulo que viene. Espeluznante su monólogo anterior. Parece ser que Dojo está favoreciendo a Kimiko un demasiado, ¿no lo creen? Qué triste, murió Omi en el medio de la tumba de sus padres. Y fue una revelación total eso que Jack pidiera a Raimundo que lo matara y luego se encargara de Kimiko, lo que viene es mucho más extraño puesto que creo que se va a explicar asuntos del pasado. Y el poder real de Kimiko era la metamorfosis, quien habría que decirlo. Ahora que ya sabemos cuál es el poder y el número real de cada uno. Voy a decirles el por qué les puse ese poder.
Kimiko, Primera, le di el poder de la metamorfosis ya que sabemos lo mucho que le encanta vestirse y probar peinados locos. Probablemente quiere convertirse en diosa ya que pretende reformar su vida trágica a la vida feliz que siempre quiso tener o tal vez quiera destruir el mundo para que sientan lo mismo que ella. Viva.
Segundo, Chase, le di el poder de la regeneración ya que era inmortal y eso. Quiere convertirse en dios por ambición, principalmente pretendía gobernar CosmosXiaolin y dirigir una ciudad donde predomina una raza humana superior (con poderes) sobre la vigente. "Hasta entonces, Séptimo". Muerto #8
Tercero, Raimundo, le di el poder de la empatía por su capacidad de persuasión por como es él en el fic y se le maneja bien esto de engañar. Este jugador no tenía intenciones de ganar y si las tenía, a lo mejor sería para reformar su inconforme vida en lo que siempre quiso. "No podemos dejar que siga con vida alguien tan problemático como tú". Vivo.
Cuarto, Omi, la precognición, por sus instintos de tigre y toda la cuestión. Quiso convertirse en dios para desterrar a todos los adultos del planeta y gobernar entre los niños ya que guarda un odio especial hacia los adultos por culpa de sus padres. "El pobrecito tiene miedo". Muerto #9
Quinta, Wuya, los cuatro elementos ya que es una hechicera debía manejar alguna fuerza sobrenatural. Quería convertirse en diosa y sus ideales probablemente serían los mismos que la meta de su vida. "Reza que no te encuentre, no tendré ninguna piedad para matarte". Muerta #6
Sexto, Clay, fuerza sobrehumana por el elemento tierra suyo y porque es el más fuerte de los monjes literalmente. Este jugador no quiso convertirse en dios hasta que su hermana apareció muerta, a lo mejor también pretendía resucitarla. "Yo no te haré nada, compadre". Muerto #7
Séptimo, Jack, obviamente la tecnopatía se debe a su habilidad mecánica. Este jugador no quiso convertirse en dios al principio, pero como el juego le arrebató la vida de su padre y su prima, decide ganar a toda costa para restaurar la normalidad. Vivo.
Octava, Ashley, intangible por su sutileza y astucia, la habilidad que tiene de robar... no sé si me explico bien. Pretendía hacerse diosa puesto que por hechos terribles del pasado que la enmarcaron, odia la humanidad y quería destruirla para que sufrieran como ella sufrió. "Tienes miedo, lo presiento". Muerta #2
Novena, Jessie, no podría decirles mucho, quizá le di la velocidad por la moto. Tal vez querría hacerse diosa y su meta sería la misma que tiene sobre su vida, como la Quinta. "¿Séptimo, eh?". Muerta #5
Décimo, Jermaine, no tengo ni la menor idea de por qué le di esa habilidad, a lo mejor es porque le gusta baloncesto y ustedes saben que sus jugadores deben ser altos. Quería ser dios ya que piensa que la justicia de ahora es corrupta (razón por la cual odia a Chase intensamente), por lo que cree que si toma el lugar de dios le daría a este mundo la justicia que se merece. Podría ser el único jugador que no tiene razones egoístas para ganar el juego. "Parece que esto vale la pena". Muerto #4
Undécimo, Tubbimura, leer las mentes seguramente porque es ninja y debe aprender a pensar como su enemigo, quizá por eso lo dije. No sé si este jugador quería o no quería hacerse Dios. Muerto #1
Duodécima, Megan, más que por la serie como tal fue por el contexto que le di, porque vio a sus padres morir delante de ella, quemándose, le di la capacidad de ver a los muertos. No quería ser diosa ya que aborrece este juego quita vidas. "¡Buena suerte, Séptimo!". Muerta #3
Esperando que les haya gustado el capítulo de hoy. ¡Nos leemos en un próximo capi!
