Capítulo veintiuno – puedes gritar, puedes llorar.
Reeva no parece muy sorprendida cuando Gale la arrastra fuera de la sala de interrogatorios y todo el Equipo sigue en la habitación contigua. Ella les dedica una mueca impertinente; Gale no afloja la sujeción de su codo. Paylor camina detrás de ella, la obliga a poner los brazos hacia atrás y coloca unas esposas alrededor de sus muñecas sin ninguna delicadeza. Reeva, instintivamente lucha, por un momento, antes de dejarse inmovilizar.
"Dinos donde ir, Reeva", exige Gale en su oído.
Ella le sonríe, con la barbilla bien alta. "A la vieja mansión de Snow. Recuerdas donde está, ¿verdad?".
Gale nota un escalofrío en el estómago. Echa un vistazo a Paylor y ella le devuelve la mirada. Escucha a la plantilla moverse junto a ellos, ve las mejillas de Katniss cada vez más pálidas. Empuja a Reeva hacia la puerta de salida. "¿Por qué no me refrescas la memoria?", susurra. Ella se ríe; es una risa silenciosa y larga.
La mansión había permanecido como un espectro en el horizonte del Capitolio durante su reconstrucción. Fue una decisión muy meditada por Paylor y la gente que ella escogió como consejeros. La habían acordonado, y habían desmantelado el interior, limpiando las rosas blancas, los muebles, y todas las trampas que pudieron encontrar.
La dejaron vacía, pero segura. Gale no entiende como nunca antes pensó en el potencial que tenía ese lugar.
Salen del coche del gobierno e inmediatamente Gale vuelve a tomar el control de Reeva. Están de pie frente a una de las robustas puertas delanteras, con el Equipo reunido alrededor de ellos.
"Entonces, ¿qué?", pregunta Johanna con los ojos puestos en Reeva. "¿Entramos tranquilamente por la puerta principal y saludamos al maniaco de tu líder con los brazos abiertos?".
Reeva se muestra indiferente. "Puedes intentarlo. Saben que estáis aquí. Los encontrareis cuando ellos quieran que los encontréis".
"Oh, estoy aterrada". Johanna mezcla sarcasmo y cinismo a partes iguales en sus palabras y su voz.
"No es la primera vez que nos infiltramos en una base", dice Jack, rodando los hombros para calentarlos y recuperando la pistola de la parte trasera de su cinturón. "El mismo protocolo de siempre".
"Conocemos la disposición del edificio", habla Paylor. "Anton, Bolts, comenzad por el ala oeste. Johanna, Jack, dirigíos a la este. Gale, Katniss y yo nos llevamos a Reeva a revisar los pasillos centrales y los espacios muertos. Usad la radio si encontráis cualquier cosa. Y por favor", termina. "No hagáis nada estúpido".
No se miran entre ellos antes de partir; Johanna y Jack van hacia el lado izquierdo, Anton y Bolts hacia el derecho. Cuando los cuatro empiezan a caminar hacia la puerta principal, Katniss se hace consciente del peligro; se da cuenta de que tiene miedo. ¿Por qué está allí? No debería… no debería haber ido. Podría morir. Sigue siendo la casa de Snow, e incluso si ya está muerto, Snow partió en dos todo lo que ella solía ser. Él la hizo pedazos demasiadas veces en el pasado como para mantener la calma en esos momentos.
Está de pie, a pocos metros del lugar donde murió Prim. Siente que empieza a faltarle el aire en los pulmones. Siente el calor de la bomba, siente los restos de la explosión clavarse en sus venas como objetos punzantes. Y en lo único que puede pensar es en que no ha vuelto a llamar a Peeta. No desde el tren; no desde que estuvo sentada en ese cuarto de baño, hablando de nada en absoluto. Nada. Y si ella muere hoy, nunca llegará a decirle la terrible persona que es, nunca llegará a llorar en su hombro y a decirle que le quiere, y que siempre le querrá; porque está dentro de ella, y tal vez siempre ha estado dentro de ella.
No se da cuenta de que ha dejado de seguir a Paylor, Gale y Reeva, hasta que Gale se gira y se queda mirándola.
"Katniss", la llama, distante y abstraído, muy serio. Y ella sabe automáticamente que ese besó fuera de la sala de interrogatorios, pudo haber sido lo último que Gale iba a poder darle. Él ya no sonríe despreocupado, como si nada importase. Ahora escanea el espacio como si todo lo hiciera. Y ella desearía no entender cómo se siente, porque eso lo hace todo mucho más difícil.
Mira fijamente lo que tiene frente a los ojos, la estructura blanca de la mansión. Examina todo lo que se le pasó por alto durante la Guerra, lo intacta e impoluta que sigue estando, aun con toda la tragedia que contiene entre sus paredes.
Siente sus pies moverse hacia ellos mientras los demás continúan caminando, sin ser muy consciente de sí misma, pero al cruzar la entrada, es como si atravesara las entrañas de su alma. Apenas puede respirar.
"Huele un poco a humedad, ¿verdad?", le dice Reeva, sonriéndola.
"Es insoportable", contesta con la voz apagada.
Reeva se ríe. Gale la golpea con el codo en las costillas y la risa muere repentinamente.
"¿Vas a llevarnos directamente hasta Atlas?", pregunta.
Reeva niega con la cabeza. "No voy a llevaros a ningún sitio. Atlas cambia su posición todo el tiempo. No es que yo sepa dónde está a cada minuto del día".
La iluminación es bastante tenue y supone un gran contraste con el blanco brillante del mármol que reviste el exterior de la mansión. Katniss cree oír chirriar algo entre las sombras mientras avanzan. Cree ver una nube de polvo naranja pasar por delante de sus ojos. Los cierra, y trata de controlar su respiración entrecortada.
"Entonces lo haremos a nuestra manera", anuncia Paylor con firmeza. Y empieza a caminar, como si supiera a dónde dirigirse.
Buscan en las pocas habitaciones de la primera planta, espacios que debieron ser un hall de entrada, un gran salón y una sala de espera. Todos parecen iguales. Todos están vacíos. Suben las escaleras centrales, comprueban habitación por habitación, recorriendo largos pasillos que se difuminan en la penumbra. Katniss tiene su arco listo para disparar, ignorando la pistola que Gale le ha dado y lleva encajada entre el cinturón y el pantalón vaquero. Gale y Paylor mantienen sus armas en alto, sus dedos en los gatillos.
Reeva parece entretenida contemplando la ansiedad y el estado de alerta de los tres. "Esto solía ser una casa tan tan bonita", dice mirando a su alrededor. El sonido metálico de las esposas que sujetan sus manos es lo único que acompaña al eco de su voz contra las paredes desnudas.
Nunca fue bonita, piensa Katniss, pero no dice nada.
Recorren unos pasillos más, y Katniss ya está desubicada. La mansión es un laberinto, y había olvidado lo enferma e insegura que la hace sentir.
Después de unos cuantos intentos fallidos en otras tantas habitaciones, la radio de Paylor hace un ruido eléctrico. La voz de Bolts llega a través de la línea: "Hemos encontrado una especie de generador en el sótano, pero ni rastro de humanos. Cambio".
Gale mira a Paylor. "Parece importante. ¿Crees que deberían mantener la posición?".
"Probablemente", contesta Paylor. Presiona el botón de la radio. "Quedaos allí. Es posible que lo necesitemos más tarde. Cambio".
"Por supuesto", dice Anton, con la voz tres veces más jovial de lo que debería. "Pasaremos aquí el rato, en este sótano oscuro y aterrador, hasta que todo haya terminado".
Aunque a Katniss le hacen gracia sus palabras, no puede obligarse a sonreír. Mira a su alrededor, a las líneas negras que trazan los pasillos. Un aire frío le acaricia la nuca, obligándola a mirar hacia atrás cada pocos segundos. Siente las sombras pisándole los talones, a punto de atraparla y consumirla con su pegajosa red de tentáculos.
Escucha crujir las tablas del suelo detrás de ella, escucha un susurro, huele el olor tóxico de la sangre y las rosas. Su estómago rebosa nauseas, su cabeza se llena de gritos, sus sentidos han dejado de sentir; sospecha que está perdiendo la cordura.
El murmullo de detrás se hace más y más fuerte, cubriendo todo el silencio que la rodeaba. Se detiene y deja que Gale, Paylor, y Reeva se alejen, mirando más allá de la negrura de un pasillo lateral, viendo el blanco intenso y brillante de hace años. La oscuridad se ilumina en su memoria.
Sus pies comienzan a caminar hacia el blanco, y entonces ella comienza a ver… comienza a recordar…
Una mano la sujeta por el hombro; ella ahoga un grito, girándose y agitándose para liberarse, lista para disparar su flecha –
"Katniss", dice Gale en voz baja, con los ojos abiertos como platos a la flecha lista para atravesarle el pecho. Lentamente baja el arco desobedeciendo al murmullo que la grita, la implora, que le dispare. Ignorando la voz en su oído que insiste en que todo mejorará si ella simplemente suelta la flecha –
Cierra los ojos, sacude la cabeza. Se siente mareada cuando deja de mirar la luz blanca. "Creo que…", se atraganta, la sensación avanza en su interior. "Creo que sé dónde ir".
Él ignora el comentario. "Katniss, tus ojos – ".
"Tranquilo. Estoy bien". Gira de nuevo hacia el resplandor del pasillo. "Tenemos que seguir por aquí".
"Katniss", Gale repite su nombre, inapelable. "No estás bien – ".
Ella sigue caminando. Se aleja Gale, pero escucha sus pisadas tras ella, justo por debajo del susurro permanente en sus oídos.
Reeva sonríe ante Gale y la mirada desconcertada de Paylor; murmurando: "Esta casa solía ser tan bonita. Creo que ella ha empezado a recordarla".
Gale no puede evitar desconfiar de los supuestos recuerdos de Katniss. Trata de frenarla un par de veces más, pero su hombro es como la esquina de una mesa embistiendo la palma de la mano. Teme por ella; está como en trance. Como cuando estaba drogada tras la muerte de Prim. El arco cuelga indefenso a su lado. Las flechas repiquetean en el carcaj, entre el polvo en suspensión y los espíritus de los muertos.
Recuerda las últimas palabras que le dijo, sus últimas acciones. Recuerda darle esa flecha para matar a Snow, mirar su rostro inexpresivo reflejado en un espejo. Sus ojos siguen grabados en su memoria; el tacto de su mejilla y esa última mirada van a perseguirle para siempre.
"¿Tu amor está perdiendo la cabeza de nuevo, Gale?", Reeva se burla tras él. "¿Este sitio le trae recuerdos maravillosos de vuestro tiempo juntos?".
Vuelve la cabeza y la mira con desprecio. Paylor tira de ella con brusquedad para que permanezca a su lado. "Si intentas provocarme", escupe él. "Lo está haciendo todo mal".
Reeva hace un puchero. "¿Provocarte?, ¿por qué iba a querer provocarte?".
Gale mira al frente de nuevo, ignorándola e intentando disfrutar del sonido metálico de sus esposas. Espera que estén apretadas, espera que se claven en la carne de sus muñecas una y otra vez, cada vez que su piel se regenere.
Katniss se detiene frente a una puerta unos minutos más tarde. Toca la madera con la mano, sintiendo la pintura blanca, suave y fría bajo sus dedos.
"Aquí", susurra, y su voz suena aterrorizada, insegura, sin peso. "Siempre ha estado aquí".
Gale se acerca a ella, advierte el brillo brumoso en sus ojos, e intenta no preocuparse, porque si se preocupa, y si piensa en ella demasiado, no estará lo bastante alerta ante lo que sea que espera tras la puerta, que bien podría ser la muerte.
Paylor llama a Johanna por la radio para indicar su posición. "La antigua habitación de Snow", le dice. "Vamos a entrar. Podría ser una trampa. Aseguraos de estar cerca por si necesitamos refuerzos".
"Entendido".
"No seas tan cautelosa", dice Reeva con una risita nerviosa, una vez que Paylor ha apagado el walkie. "Morirás de todas formas, Paylor".
En respuesta, Paylor golpea la culata de su arma contra su nuca. Reeva emite un chillido.
"No muero fácilmente", sisea Paylor. "Igual que tú".
"Por favor", Reeva también sisea su réplica. "Todo lo que necesitas es una pequeña punzada en el cuello".
Paylor avanza hacia Gale; él da un paso a un lado. Pone a Reeva por delante para que abra la puerta, que envuelve la mano alrededor del tirador, y lo empuja hacia abajo.
La sala pone los pelos de punta. Reluciente y viva, inconexa con las habitaciones oscuras y húmedas que la rodean. Huele a esterilización química, como cuando estaba tumbado en la cama del hospital, con un zumbido eléctrico merodeando cerca de sus oídos.
Hay grandes recipientes, mesas de metal, artilugios plateados, ordenadores; todo brillante, como si nunca se hubiera usado. Todo aparentemente limpio.
Un segundo después tiene la espalda contra la pared que había dejado atrás, las muñecas sujetas e inmóviles por encima de su cabeza.
Primero protesta por el empujón, y cuando consigue enfocar, ve a una chica de pelo plateado y lacio cayéndole por la cabeza y la espalda, sus ojos participan del zumbido eléctrico de la sala, azules y llamativos. Su piel no parece piel, con destellos parpadeando periódicamente por todo el cuerpo.
"Te dije que volveríamos a encontrarnos", le susurra mientras sonríe.
No conoce a la muchacha, pero siente como si lo hiciera; siente que las manos que le sujetan las muñecas son las mismas que le rompieron los huesos. "Calypso", pronuncia el nombre dibujando una mueca inconsciente en la cara.
Ella se ríe. "Reeva te ha hablado de mí, ¿verdad?". Ella gira la cabeza para mirarla, todavía esposada y con Paylor a escasa distancia, con el arma lista para disparar.
"Los suficiente", dice Reeva con cara de fastidio. "Eres difícil de olvidar"
"Más difícil de olvidar que tú. Y más difícil de matar. Virtualmente indestructible, ¿te lo ha dicho?", Calypso le pregunta a Gale, ladeando la cabeza. Gale cree que la pregunta es retórica, porque la hace mientras observa a Paylor, y a Katniss, que tiene los ojos perdidos en algún lugar distante, así que no se molesta en contestar.
"Tengo que admitir que estoy orgullosa de ti, Maera", Calypso continúa hablando, sin apartar la mirada de Katniss. "En realidad no pensé que fueras capaz de persuadir a Gale para traerla".
Reeva sonríe con eso. "Gale tiene complejo de héroe. No fue tan complicado".
"Ya que estáis tan habladoras, decidme dónde está Atlas".
Ambas vuelven la vista hacia Paylor, quién las mira a ambas. Reeva chasquea la lengua en señal de desaprobación.
"¿Cómo voy a saberlo? Me he hallado bajo estricta vigilancia las últimas horas".
Calypso se ríe. "Estará aquí muy pronto, no temas, presidenta". Después levanta la mirada hacia Gale. "¿Aún tienes las muñecas débiles desde nuestro último encuentro?".
"¿Qué coño le habéis hecho a Katniss?", brama él.
Ella levanta una ceja metálica. "¿Yo?". Baja la voz. "Tal vez deberías preguntar a la casa. Aquí suceden cosas extraordinarias". Luego le recorre con los ojos, le examina de arriba abajo. "Oh, Reeva, ¿no podríamos compartirlo?".
"Puedes tenerlo entero", responde Reeva.
"¿Qué es lo que hacéis aquí?", pregunta Gale entre dientes. "¿Experimentos? ¿Convertiros en muñecas robot?".
Calypso ensancha la sonrisa, y hace crujir los huesecillos de las muñecas de Gale bajo la presión de sus manos. "Es bastante obvio. Atlas es un genio. Sabe cómo funcionan las cosas. Él me concedió este poder porque sabía que me haría mejor. Yo tuve fe. Y él tenía razón". Sus ojos brillan artificialmente. "Soy su mejor creación".
"¿Así que si te rocío con agua, no vas a freírte?".
Ella echa la cabeza hacia atrás y ríe. "Se llama síntesis, Gale. Soy un híbrido, por lo que aún hay una parte humana en mí. Con solo unos fusibles, Atlas me ha dado un poder que debería ser irreal, pero es muy real". Hace una pausa. "Puedo complacerte", dice con voz suave. "Puedo hacer todo lo que me pidas".
Gale la mira furioso. "Entonces deja que me vaya".
"Todo menos eso", le susurra. "Tengo que obedecer a Atlas, en estos momentos. ¿Tal vez más tarde?".
Gale fuerza una sonrisa. "Tal vez".
Un grito agudo de Katniss hace que todas las cabezas giren. Las manos de Calypso se aflojan una fracción, y Paylor mueve su arma en dirección al hombre que entra en la sala. Gale parpadea unas cuantas veces para asegurarse de que la imagen no es producto de su imaginación, porque él está muerto, muerto y enterrado seis metros bajo tierra. No es real.
Katniss se desplaza hacia atrás con cada paso que hombre da hacia ella. Tiene los ojos pequeños y brillantes, la figura envuelta en blanco; la piel blanca, el pelo blanco, la rosa blanca en la solapa, como si acabara de bajar de las nubes.
En estado de Shock, Paylor baja la pistola. "¿Snow? ¿Snow es vuestro Atlas?".
Reeva comienza a sonreír por la pregunta, Calypso susurra. "Él está animado, por fin".
Gale lucha contra las manos de Calypso, retorciéndose, sacudiéndose, dándole patadas en el estómago. Ella se dobla un poco hacia atrás, pero está relativamente poco afectada, moviéndose al tiempo que él sin prestarle una pizca de atención. Todos los ojos están puestos en Snow, Y Gale solo quiere que Paylor le dispare, porque no es real.
"Dispárale, Paylor", grita. "Pégale un maldito tiro entre las cejas".
Paylor no escucha, y en un principio Gale cree que es debido a la conmoción. Pero ella empieza a moverse, a caminar hacia Snow. Snow sigue avanzando como un autómata, parece que no la viera. Ella le apunta con el arma. Snow se detiene con el contacto de la pistola contra su pecho, sin hacer nada por defenderse.
Paylor está empujando la palanca de seguridad del arma, cuando una risa hace eco en la habitación. Sobresalta a todo el mundo, aunque Gale continúa su lucha con Calypso.
El hombre que entra en la habitación es mucho menos intimidante que Snow; vestido con algo que se asemeja a una bata de laboratorio, con la edad suficiente para ser el padre de Gale, y nada anormal en su cara, al margen de las líneas de expresión derivadas de su enorme sonrisa.
No es más que un hombre. Un extraño, desconocido para todos. Gale no le ha visto en su vida.
"Por supuesto que él no es Atlas", se ríe. "Soy yo".
Paylor aparta a Snow de su camino, apuntando a Atlas con su pistola. "¿Quién diablos eres?, pregunta.
Calypso comprime aún más las muñecas de Gale. "No le hables de esa forma", dice mirando a Paylor.
"Está bien, Calypso cariño", dice Atlas en tono paternal. Mete las manos en los bolsillos de su bata y se dirige a Paylor, encogiéndose de hombros. "Sólo alguien con una gran imaginación".
"¿Imaginación?", pregunta Gale, sin cesar en su intento de liberarse con todas sus fuerzas. "Has revivido un monstruo".
Reeva comienza a reír, suave al principio, luego exponencialmente más alto. Vuelve la cara hacia Gale, sus ojos son agudos e intensos, su mirada es desdeñosa. Da unos pasos hacia él.
"¿Quieres saber la razón por la que he estado con ellos tanto tiempo, Gale? Lo único que no podía decirte, lo que hará que me repudies para siempre", dice acercándose aún más. Luego clava la mirada en Calypso.
"Suéltale".
Calypso expulsa una risita. "No pienso hacerlo".
"Suéltale, maldita sea", grita, sus pupilas se dilatan. Calypso la mira, luego mira a Atlas, que asiente con la cabeza. Calypso duda antes de dejar caer sus manos, posando los ojos en Gale durante un largo rato.
"No intentes nada estúpido, o te rompo todos los dedos".
Gale responde con una mirada asesina, escucha crujir sus muñecas cuando se las suelta. No va a darle la satisfacción de un quejido, puede ignorar el dolor. Reeva aparta a Calypso de un empujón, sin dejar de mirar a Gale.
"Snow es mi padre", confiesa. Él nunca la había visto luchar de esa manera con las palabras. Clava los ojos en los de ella, y la pregunta suena incrédula:
"¿Qué?"
"No parezcas tan sorprendido, muchacho", dice Atlas, mirando la pistola de Paylor que continúa apuntándole, el dedo tiembla nervioso contra el gatillo. "¿Nunca sospechaste nada?".
Gale intenta atar cabos en su cabeza, trata de encontrar algún pedazo de Reeva que se asemeje al hombre que arruinó su vida durante tanto tiempo. Pero aparte de su personalidad, su facilidad para la manipulación, y su fuego vengativo, físicamente no se parecen. Tampoco otros aspectos de ella, como su enloquecida necesidad de afecto, sus celos o su furia. Su fácil irritabilidad. Piensa que, tal vez, ella es más hija de su madre que de su padre. O tal vez, nunca conoció a Reeva. Nunca realmente.
De pronto se siente enfermo, consciente de haber estado retozando con la mitad de los genes de Snow durante tanto tiempo.
"No", se ahoga al hablar. "No lo hice".
"Ah, bien", dice Atlas aplaudiendo. "Eres mejor actriz de lo que pensaba, Reeva. Estoy orgulloso de ti".
"Cállate, viejo", Reeva le corta, sin dejar de mirar a Gale. "No me importa lo que pienses".
Atlas da a Paylor una mirada, una sonrisa y un asentimiento con la cabeza, levantando las manos. Hace un gesto a Reeva antes de caminar hacia ella.
"Sí que te importa, mi querida niña, porque no tienes a nadie más".
Reeva cambia de expresión, una cortina de oscuridad cae sobre sus ojos. Mira a Gale con melancolía antes de dar unos pasos hacia atrás.
"Ya no me importa", dice en voz baja. "Mi padre camina de nuevo".
"Pero él nunca se preocupó por ti", replica Atlas. "No lo suficiente como para permitirte estar a su lado".
Reeva aprieta la mandíbula. "No importa. Tendrá el resto de su vida para llegar a conocerme, lo quiera o no".
Atlas se ríe entre dientes. "No tendrá tiempo si tiene que gobernar el país".
"Sacará tiempo esta vez", escupe ella. "Haré que le sangre la boca de nuevo, hare que se arrepienta de no haberme dedicado un solo día. De no haberme dado nada. De haberme alejado".
Atlas la mira con compasión. "Ahora nosotros somos tu familia, Reeva".
"Es cierto", apunta Calypso. "Somos hermanas".
Reeva la ignora, y continúa mirando con desprecio a Atlas. Su espalda está agarrotada, rígida, su pelo en la nuca erizado, como si fuera un gato. "Sabes por qué estoy aquí", dice. "Y no es por la compañía".
"Por supuesto", dice Atlas. "Pero, ¿no has sentido ningún compañerismo entre nosotros? Te ayudé a convertirte en lo que eres. He devuelto la vida a tu padre. Todos nosotros te queremos, cuando nadie te ha querido en toda tu vida – ".
"Tú no me quieres", grita Reeva, casi escupiéndole en la cara. "No nos quieres a ninguna de nosotras. Nos estás usando, igual que yo intentaba usarte a ti para conseguir lo que quería. La perfección. Mostrar al mundo que siempre voy a ser mejor que ellos. Mostrar a mi padre el patético pedazo de mierda que fue todos esos años".
"Ah, Maera…".
"Mi maldito nombre es Reeva", ruge. "No soy Maera nunca más".
"Considera tus palabras antes de hablar, querida", dice Atlas con calma. "Lo que te he dado… podría arrebatártelo con la misma facilidad".
Reeva sigue caminando hacia atrás, y Gale ya no puede ver su cara, aunque la imagina perdiendo el color. Sus ojos buscan los de Paylor, pero Paylor está mirando a Calypso, que les vigila a todos, sin bajar la guardia. Ella podría romperles el cuello a todos ellos en cuestión de segundos, si quisiera. Y si ellos le necesitan a él – como Reeva había dicho – si eso es cierto, sabe que tiene que hacer algo. Actuar de alguna forma. Paylor no puede dar un paso sin poner en riesgo su vida más de lo que ya está.
Gale busca a Katniss, que aún está paralizada por el falso cuerpo de Snow. Escucha de nuevo la conversación entre Reeva y Atlas, que siguen hablando sobre la familia, y lo que significa. Se pregunta por una fracción de segundo sobre el pasado de Reeva: quién era su madre, con quién creció, y qué hizo de ella una persona rota. Pero empieza a moverse hacia Katniss, porque Reeva y sus misterios no son tan importantes.
"¿Dónde crees que vas?". Calypso aparece frente a él.
"Lejos de ti". Gale la esquiva antes de que ella le agarre del brazo.
Atlas detiene su conversación para decir: "Mi querida Calypso, déjale ir. Está preocupado por su chica".
Calypso mira a Gale antes de apartarse, sus ojos contienen una amenaza. Le observa mientras termina su camino hacia Katniss. Él pone la mano suavemente sobre su hombro cuando llega hasta ella. "Hey, puedes superar esto. Tienes que despertar".
Está temblando. "Katniss".
"No puedo", dice con un hilo de voz. Gale levanta la vista hacia Snow, a pocos metros. Tiene que admitir que es desconcertante, ver los ojos de un fantasma, un autómata, un muerto.
"Katniss", dice otra vez, agarrando su hombro con más fuerza. "Él no es real, ¿de acuerdo? No lo es".
"Por el contrario", escucha decir a Atlas, y sus zapatos golpeando el suelo. "Él es cien por cien real".
Paylor le apunta con su arma, pero Atlas solo chasquea la lengua.
"Yo no haría eso, presidenta", ríe. "Si lo haces, todo tu Equipo estará muerto en cuestión de segundos. Una vez que Snow se someta a su fase final de transformación, gobernará. No hay nada que podías hacer nada para evitarlo".
"Eso es imposible", argumenta Paylor. "Nadie va a permitir que Snow tome las riendas de nuevo".
"Creo que estás muy equivocada", contesta sonriendo. "Las mentes son extremadamente maleables. Basta con mirar a tu Sinsajo".
Gale se traga su ira.
"Solo la hemos implantado algunas ilusiones, y no es ni la mitad de sí misma. No necesitaremos mucho para ponerla de nuestro lado".
"Nunca va a escucharte", dice Gale con la voz ronca.
"Sí que lo hará", responde el hombre con paciencia. "Es débil. Al contrario que tú, o tu presidenta, su mente no está muy bien acondicionada. Además, tengo algo que creo que hará que ella dé la espalda a todo y a todos".
Atlas está tan completamente seguro de sí mismo. Las manos de Gale ansían su arma, el cuchillo que le roza la piel a través de los pantalones. Mira de soslayo a Snow, inmóvil. Vuelve a mirar a Atlas, a Calypso, a los ojos perdidos de Reeva. A Paylor, que está a punto de abrir la boca para hablar.
Aprovecha la oportunidad.
Discretamente, saca el cuchillo de su cinturón, mide la distancia, y lo lanza directamente a la frente de Snow. Caen algunas gotas de sangre de la herida, y antes de que Gale sea capaz de asegurarse de haber conseguido algo, escucha el grito de Reeva mientras siente su propio cuerpo golpear el suelo; escucha a Calypso susurrando veneno en su oído. Recordándole lo estúpido que es, lo ridículo, lo imprudente, lo idiota –.
Pero no entiende demasiado de lo que le dice, solo nota como su rodilla podría romperle la columna vertebral si intenta luchar, si trata de moverse.
Katniss parpadea, su mente se centra por un momento. Ve sangrar la cara de Snow, aunque él se mantiene en pie. Se gira rápidamente para ver a Calypso y a Gale detrás de ella, Calypso retuerce los brazos de Gale detrás de su espalda en un abrazo imposible de romper. Ve a Paylor, con Reeva tras el objetivo de su arma. Se le eriza la piel con la risa de Atlas.
"Por favor, Paylor. Si acabas con la vida de Reeva, yo pondré fin a la tuya. Pero primero… ah, si…", dice Atlas, ajustando algo en su oreja. "Dione, ¿ya has terminado con Jack y Jo?".
La mandíbula de Paylor se aprieta sutilmente. Gale escupe palabras malsonantes a Calypso.
"Tus pobres amigos…", Calypso le calla. "Muertos por tu culpa".
"Y creo que con los próximos será aún más fácil. Están en el sótano, ¿Correcto?". Atlas mira fijamente a Calypso. "Deberías encargarte de ellos, cariño. Podrían tratar de desconectarte".
Calypso se pone rápidamente en pie, obligando a Gale a hacer lo mismo. Dedica un puchero a Atlas. "Pero yo quiero estar aquí cuando tú –".
"Shh", Atlas la interrumpe. "Estarás si te das prisa. Dione llegará en poco tiempo".
Calypso empuja a Gale una última vez contra el suelo, después se marcha.
Antes de que Gale pueda hacer nada, Paylor ya tiene a Anton y Bolts en el walkie.
"Apagad el generador".
"Ya lo hicimos. Ahora mismo está en la cuenta atrás para su desconexión completa, y hemos encontrado algo muy raro aquí abajo – ", responde Anton.
"Calypso va a por vosotros", Paylor es capaz de interrumpirle justo antes de que las interferencias se hagan cargo de la radio.
"Ordena a Calypso que se aleje de ellos, y te daré lo que necesites de mí", dice Gale.
A Atlas le resulta divertida la sugerencia. "Te lo voy a quitar de todos modos. No hay lugar para el debate".
Antes de que Gale pueda hacerlo, Paylor dispara a Atlas en el pecho. La inercia le obliga a dar un paso hacia atrás; pero el lugar ensangrentado sana en segundos. Él la sonríe.
"Me estaba preguntando cuando decidirías actual en serio".
"Imaginé que habrías usado contigo mismo toda esa mierda de la regeneración", escupe Paylor. "¿Por qué desperdiciar mis balas?".
"Sí", él está de acuerdo, empujando a Reeva a su lado. Saca algo de su bolsillo, y las esposas de Reeva caen al suelo. "Tenía que asegurarme de que no harías nada drástico si te liberaba".
"¿Por qué habría de hacerlo?", dice ella en voz baja, con los ojos puestos en su padre y los restos de sangre que estropean su traje blanco. "Tengo que recuperar a Snow, y te necesito para eso".
"Buena chica", dice él, acariciando su cabello.
Gale siente a Katniss llegar a su lado, una mano tocando su brazo.
"Gale…", ella susurra. "Algo está mal en mí"
"Vas a estar bien", responde, rozando su cara con el dorso de la mano. "Lucha contra ello".
"Pero no puedo –".
"Oh, Katniss Everdeen". La voz de Atlas resuena en la habitación. "Tú eres la pieza que necesito. La que siempre he necesitado". Hace un gesto para que se acerque a él. "Ven aquí, querida. Tengo algo que me gustaría darte. Un regalo".
Katniss cierra los ojos, tratando de bloquear los impulsos de su cerebro. Siente que sus músculos tiran de sus piernas involuntariamente, como si estuvieran siendo controlados, como si ella fuera un juguete, una marioneta.
"No", consigue decir. "No. Yo no soy tu pieza".
Gale la agarra por el codo, atrayéndola hacia él. "No puedes tenerla".
Atlas sonríe. "Sí, puedo. Katniss", dice de nuevo. "Ven aquí, por favor".
Katniss niega con la cabeza violentamente, pero sus piernas siguen caminando hacia delante. "¡Basta! ¡Ya basta!".
Gale pone la otra mano sobre ella. "No le escuches, Katniss. No le hagas caso".
"Pero… pero algo… ". Respira entrecortada, mirándose las piernas desobedientes. "Algo...".
"Deja que se vaya, Gale", dice Paylor. Él la mira incrédulo.
"¿Estás loca?, grita. "Van a matarla".
"No, no lo harán", responde Paylor. "Deja que se vaya".
Gale traga saliva, mirando a Katniss, mirando a Atlas, sabiendo que va a lamentar siempre la decisión, porque haga lo que haga, no podrá protegerla. No importa lo mucho que él quiera hacerlo, siempre va a fallar. Pero pensó que esta vez podría ser diferente.
La deja ir.
Escuchan un grito al otro lado de la pared. El muro más cercano a la puerta estalla en mil pedazos de cemento y ladrillo; dos chicas volando entre ellos caen al suelo.
"Voy a arrancarte el corazón, zorra de mierda".
Johanna rueda a la parte superior de la otra chica, apretando su cuello con ambas manos. Dione consigue zafarse y ponerse de nuevo encima, golpeando su cara una y otra vez, haciendo que su amiga escupa sangre por la boca con cada movimiento de cabeza.
Gale actúa por impulso; corre y desencaja a Dione del cuerpo de Johanna. Johanna escupe un último coagulo y observa como Gale sujeta a Dione con una rodilla sobre su pecho.
"Lárgate de aquí", Johanna gruñe. "Ella es mía".
"Te ves como la mierda", responde Gale. "Y necesito golpear a alguien".
"Oh, nunca llegue a verte", masculla Dione, levantando sus ojos marrón oscuro hacia él. "Nunca llegue a divertirme contigo, como Maera y Calypso".
"Lo siento", sisea Gale. "Tampoco vas a tener la oportunidad".
Agarra el otro cuchillo de su cinturón, dentado y largo, y lo hunde en su pecho antes de que ella pueda reaccionar.
Dione grita, golpeándole, arañándole la cara y el cuello con sus afiladas uñas. Gale siente que alguien le empuja, y Johanna aparece allí, con la mano en la empuñadura de su daga, atravesándola el corazón.
"Veamos si puedes regenerarte después de esto", farfulla mientras saca el cuchillo. "Y después de esto", repite, antes de rebanarla el cuello. Gale no intenta detenerla. Observa la escena durante unos segundos y dirige los ojos a Atlas, que parece un poco decepcionado. Sujeta con una mano el brazo de Katniss, ella parece furiosa, su cuerpo tiembla en señal de protesta.
"Dione siempre quiso ser una princesa", declara Atlas, sacudiendo la cabeza.
En ese momento Jack derriba la puerta, soltando improperios por la boca. "Cuando las sombras se convierten en jodidos cuervos que intentan comerte la cara, no te imaginas como se estropea la diversión". Se saca un pico perdido de un hombro, arrojándolo al suelo, frustrado.
Tiene plumas negras pegadas a la sangre de cada uno de los cortes de sus brazos, y la mitad de la cara magullada.
"Jack", grita Katniss, con los ojos en sus heridas. "¿Estás bien?".
A través de la preocupación de su cara y mirando de reojo la escena entre Johanna, Dione y Gale, él es capaz de sonreírla. "Por supuesto que lo estoy, preciosa. ¿Crees que un ejército de cuervos es suficiente para acabar conmigo?".
Atlas da a Reeva una pistola que saca del bolsillo de su bata de laboratorio, susurrando algo en su oído. Luego lleva a Katniss más cerca de la pared frontal de la sala, cerca de las mesas de metal.
Jack consigue dar unos pasos hacia delante antes de que Reeva le interrumpa con el arma; Paylor pide a Jack que se detenga. Gale ayuda a Johanna a levantarse, su cara y sus manos están cubiertas de manchas de sangre negruzca, sus ojos siguen a Atlas y a Katniss, mientras Johanna intercambia una mirada con Jack.
Los labios de Atlas encuentran el oído de Katniss. "Ahora", le dice. "Quiero darte tu regalo". Coloca las manos sobre sus hombros; está de pie, tras de ella. Luego dice en voz alta: "Prim, querida, ¿no vas a salir?".
Katniss parpadea ante sus palabras, pero no reacciona hasta que la ve caminar a través de las cortinas, desde el mismo sitio que salió Snow. Sus ojos son de un hermoso azul brillante, su pelo dorado como el maíz. Tiene algunas pecas en la cara, de esas que le salían con el sol del verano. Lleva puestas la misma falda y la misma camisa que en la última cosecha.
Katniss jadea, siente que la falta el aire, y cae al suelo sobre las rodillas. No puede ser real… pero ella quiere que lo sea. Desea tanto que lo sea.
"¿Prim?", pregunta, su voz suena tímida y más asustada de lo que recuerda haberse oído nunca. "Prim".
"Katniss", responde la niña.
Y la mente de Katniss se nubla aún más, se llena de ruidos e interferencias. Intenta ponerse de pie, pero sus piernas están demasiado débiles. Lo único que puede hacer es mirar a Prim.
Sin embargo, Prim no corre hacia ella. Se queda parada donde está, sonriente, feliz.
"Ahora, Katniss", dice Atlas, su voz es baja y suave. "Prim y tú podréis estar juntas, sin problemas ni nada que os moleste nunca más". Katniss comienza a sentir ese calor que abrasa los ojos antes de las lágrimas. "Pero si, y solo si, eres capaz de darme lo que necesito".
Como si la última frase fuera una señal, Reeva se gira, apunta con su arma a Gale, y dispara. El tiro resuena a través de la habitación. Paylor reacciona instintivamente, disparando tres balas consecutivas a su roja cabellera, las cuales son completamente inútiles. Reeva hunde los dedos en las heridas, extrae las balas y su piel se regenera de inmediato. Sacude la cabeza y sonríe a Paylor.
Johanna corre hacia ella en medio de un ataque de furia, solo para ser disparada a quemarropa en el hombro. Su cuerpo se arquea, tropieza contra el suelo. Jack mantiene la compostura, pero ve sus músculos tensarse bajo la piel, tratando de mantener el control de sí mismo.
"Es solo una pequeña bala", razona Reeva, caminando hacia el cuerpo de Gale, que yace en el suelo. "Nada que no se pueda arreglar usando el regenerador". Baja la mirada hacia él y echa un vistazo a la herida de su estómago, a la acumulación de sangre en el suelo. Gale trata de mirarla a los ojos.
"Aunque no va a necesitarlo, de todos modos", ella continúa hablando, tirando de él para incorporarle. Gale gruñe, e intenta inútilmente soltarse de su agarre. Reeva le obliga a caminar hacia Atlas. "Vas a morir, da igual lo que intentes hacer".
"¿De qué – de qué mierda estás hablando?", Gale escupe entre saliva y sangre.
Atlas le sonríe, pero Gale sólo puede ver a Katniss sobre sus rodillas, mirando incrédula a la pequeña Prim. Estaba demasiado lejos para poder creerlo un segundo antes, pero ella está allí, de pie, sonriendo y con ojos sólo para su hermana mayor. Su piel está limpia, sus brazos, sus piernas su cabeza, unidos. No hay huellas de quemaduras, nada que indique que ella en realidad está muerta, excepto su edad. Sigue teniendo trece años, preservada de las garras del tiempo.
Respira tan fuerte que casi nota la bala removerse en su interior. "¿Cómo es posible…?".
"Igual que Snow es posible", susurra Reeva en su oído. "Tecnología. Ciencia. El fin de la muerte tal y como la conocemos".
Gale cree que ha perdido mucha sangre. Su marco de visión comienza a tener los bordes negros cuando trata de enfocar a Prim.
"Yo… yo no…".
"Shhh", le calla con cariño. "No quiero que te lastimes más de lo que estás".
Gale parpadea, intentando frenar la insensatez que se arrastra por su garganta.
"Katniss", dice Atlas. "Te ofrezco una vida a cambio de otra". Hace un gesto hacia Gale. "La suya".
"Él mató a Prim, pero hemos sido capaces de traerla de vuelta para ti. Aunque no sin un precio". Entonces mueve la cabeza hacia Snow. "Por desgracia, su corazón no fue capaz de regenerarse. No como el cerebro o el hígado. Hay algo diferente en el corazón, algo más complejo que en la mente. ¿No es extraño?, ¿cómo puede ser un órgano más complejo de lo que es la mente humana?". Coloca sus manos tras su espalda, mirando hacia el suelo en su reflexión. "Es lo único que no hemos conseguido regenerar. Así que necesito uno". Mira a Gale. "Uno fuerte. Uno que siga latiendo aunque su propietario haya muerto".
Gale le mira mientras Reeva le mantiene erguido. Intenta reír.
"¿Quieres el mío?".
"Quiero uno que consiga reiniciar a Snow de la forma correcta. Este procedimiento no puede tomarse a la ligera". Atlas sonríe. "Pero tengo que reconocer que me encanta la ironía de todo este asunto". Se vuelve hacia Katniss. "Su vida por la de tu hermana".
Atlas llega con una mano a su espalda y saca una flecha del carcaj. Ella todavía sujeta su arco como si fuera su tabla de salvación, agarrándolo con fuerza en torno a su mano izquierda, sus dedos tensos y blancos lo rodean. Atlas pone la flecha en su mano derecha.
"Reeva", dice el científico. "Vigílalos", gesticula hacia Paylor, Johanna y Jack, como si supiera que están a punto de hacer algo drástico. Reeva golpea a Gale por última vez en las rodillas. Luego se aleja
Katniss examina fijamente la flecha en su mano, después vuelve a mirar a Prim. Atlas la ayuda a levantarse, alejándola de Prim para que tome suficiente distancia frente a Gale. Katniss le mira, inexpresiva. Gale le devuelve la mirada, y casi cree que podría detenerla si no sangrara tanto. O tal vez, si se desangra suficientemente rápido, ella tendrá que elegir.
"Katniss", dice. Prueba el sabor de su sangre en los labios, siente el corazón latirle más, y más, y más rápido.
Atlas vuelve a inclinarse hacia el oído de Katniss. "Quiero que lo mates".
Gale hace todo lo posible por mantener la mirada de Katniss en contacto con la suya, su gris ha desaparecido, sus pupilas se han dilatado más allá de la coherencia. Son negras, y ciegas, pero Gale piensa que ella puede volver. Ella es lo bastante fuerte, ahora.
"Ella no va a ser la misma", se las arregla para decir. "Prim. No importa lo que te prometa, no hay manera de que Prim vuelva a ser Prim".
Atlas se ríe. "Sí, Katniss", dice. "Es ella".
"No, Katniss", rebate Gale, preguntándose si las palabras que dice son ciertas, y con la esperanza de que lo sean. "Confía en mí. Ella nunca será la Prim que recuerdas".
"Dispárale", ordena Atlas. "Antes de que tenga que hacerlo yo mismo".
"Katniss", repite Gale sin aliento. "No hay nada malo en ti. Nunca más habrá nada malo en ti". Pero ve como ella comienza a colocar la flecha, y necesita cerrar los ojos, porque no puede ver como su mejor amiga fracasa. No así. No cuando él no puede hacer nada por ayudarla en esa batalla.
No cuando solo ella puede evitarlo.
Escucha la flecha tensarse contra la cuerda del arco. El corazón le presiona contra las rotas costillas con la fuerza de su latido.
Katniss dispara.
Y Gale espera que ella pueda recordar que él todavía la quiere.
