Sigo sentado en el suelo, y no soy capaz de controlar el corazón que me late desbocado en el pecho. Hace una media hora creía que no me iba a volver a dirigir la palabra y ahora me ha dejado terminar dentro de su boca, incluso habiéndola avisado... Sin duda no hay hombre vivo que entienda a las mujeres. Aunque visto lo de hace un momento, como que me daun poquito igual no comprenderlas. Mi erección aún no ha bajado del todo y todavía siento un leve cosquilleo en la parte baja del estómago. Reparo de nuevo en Zelda, que está desnuda en la bañera, su perfecta piel brilla mojada por el agua. Me observa divertida y cuando nuestras miradas se encuentran me sonríe, con ese pícaro brillo aún en los ojos. Me hace señas para que vaya a reunirme con ella, y yo salto como un resorte, lo que le hace soltar una carcajada. -¿Qué pasa rubito? ¿Sigues con ganas de más?- Me dice, y acto seguido se muerde el labio. Noto como de nuevo el calor empieza a encenderse dentro de mí, ¿cómo es posible que consiga esto solo con palabras y gestos?
Me acerco con paso firme hacia la bañera, y cuando estoy a punto de meterme ella me cierra el paso. -Ahh nonono. Para pasar por aquí me tienes que dar un beso primero.- Sus manos viajan hasta mi nuca y se acerca a mis labios rápidamente, yo la recibo con ganas, y ella se pega totalmente a mi cuerpo, se le escapa un gemido ahogado cuando mi pene que se está empezando a poner duro de nuevo, roza su centro. Deja la faena con mis labios y se acomoda en la bañera y cuando yo hago lo mismo, ella se levanta y se sienta encima de mí. Trago saliva y la miro a los ojos, un escalofrío me recorre de arriba abajo. Entonces su mirada se vuelve tierna y me empieza a tocar el pelo con delicadeza, continúa bajando por mis orejas y trazando su contorno con suaves yemas, cuando llega al pico de éstas sonríe. Busco sus labios instintivamente, y ella se acerca a los míos para retirarse en el último momento, dejándome con (aún si cabe) más ganas de morderlos. Me pone un dedo sobre los labios. -Shhh, no corras tanto.- Se acerca lentamente a mi oído, y se queda tan cerca que el mero hecho de que esté así y sentir su respiración contra mi cuello me hace tensar todos los músculos del cuerpo.
-¿Sabes lo que tengo ganas de hacer ahora?- Pregunta en un susurro travieso-...Me muero por hacértelo aquí y ahora, en esta bañera, encima de tí, lento...- Para cuando acaba de pronunciar estas palabras, no queda vello en mi cuerpo que no esté erizado de placer, y mi erección ha recuperado casi todo su tamaño. Empieza a morderme el cuello y las corrientes eléctricas se disparan por todo mi cuerpo, al mismo tiempo llegan los jadeos y los gemidos cuando se mueve encima de mi dureza. El placer y las sensaciones están empezando a desplazar a la razón, y entonces simplemente me dejo llevar. Recojo su barbilla entre dos dedos y guío sus labios a los míos, deseoso de morder su boca y no parar nunca. Nos besamos con pasión, y mis manos bajan a sus nalgas y las aprietan, la pego más a mi pene, tanto que me es hasta doloroso. Ella gime, pero no deja de morder mis labios y jugar con ellos, debe estar tan excitada como yo... Entonces se separa de mí y se sienta a mi lado. -Tócame.- Pide con voz ronca. No hace falta que me lo repita y comienzo a acariciarle el clítoris suavemente con dos dedos, veo como su boca se abre y sus ojos se cierran en una mueca de puro placer. Con mi mano libre agarro una de las suyas y se la hago cerrar en torno a mi miembro, ella sonríe con los ojos todavía cerrados y comienza el movimiento de arriba-abajo que tanto me gusta y que tan loco me vuelve.
Escuchar sus sonidos y su respiración hacen que yo me excite aún más, y me inclino sobre su torso para morder y succionar uno de sus pechos. Ella entierra la mano que le queda libre en mi pelo, y me aprieta más contra sus senos, sus gemidos se hacen más intensos. -Más rápido... Zelda...- Mi voz está totalmente entrecortada y me cuesta hablar, solo quiero sentir. Ella aumenta el ritmo con el que mueve su mano y yo sé que voy a durar ya poco en esta situación. Zelda se agarra fuerte a mi pelo y sé que está al borde del orgasmo, intensifico las caricias y entonces ella explota en una ola de placer y calor, su espalda se arquea completamente y mueve sus caderas en busca de más, y no dejo de tocarla hasta que su cuerpo se relaja de nuevo, y sus gemidos de auténtico placer remiten a meros jadeos. Ella sigue tocándome, y entonces decido no retenerlo por más tiempo. La sensación es tan intensa como siempre, es algo que me deja sin aire momentáneamente, y el placer no me permite evitar los sonidos que se escapan de mi interior. El esperma sale de mí y es el último momento de placer antes de quedarme totalmente cansado. Zelda que ya está más recuperada, se sienta encima de mí otra vez y me besa en los labios, que aún tengo entreabiertos. Descansa su cabeza en mi hombro y yo me inclino para besarle la mejilla.
De pronto se levanta como si hubiese recordado algo muy importante, y me mira con ojos de falsa inocencia. -¿Me vas a poner tú la crema donde me duele?- Me río echando la cabeza hacia atrás. Esta chica va a matarme...
