Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to KitsuShel. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de KitsuShel, solo nos adjudicamos la traducción.
Rabbit Heart
By: KitsuShel
Traducción: Yanina Barboza
Beta: Melina Aragón
Capítulo 21: He Won't Go
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There will be times
We'll try and give it up
Bursting at the seams, no doubt
We'll almost fall apart then burn the pieces
To watch them turn to dust
But nothing will ever taint us
..
He Won't Go de Adele
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Bella retorció las manos en su regazo, mientras su pierna saltaba de arriba abajo con nerviosismo. Su estómago era una bola de nervios y le dolía el pecho al pensar en dejar a Edward en casa. Todo lo que ella había querido hacer era ayudar a su amigo, pensando que un par de horas no harían daño. Mientras más daba vuelta su mente, peor se sentía. Ella ni siquiera se había detenido a preguntar cuánto tiempo se quedaría.
Una mano tocó suavemente su rodilla, deteniendo su movimiento de staccato. Ella echó un vistazo y notó una expresión preocupada en la cara de James.
—¿Qué pasa, Iz? —Se inclinó para murmurar en voz baja.
—Quiero irme a casa —soltó ella.
Él levantó una ceja y la miró detenidamente.
—Bieeen —dijo arrastrando la palabra—. ¿Por qué?
—S-Solo quiero volver con Edward —susurró ella para que la gente dando vueltas por la habitación no escuchara.
James asintió lentamente.
—Está bien, claro. Encontremos a Alistair, y él puede llevarte de regreso.
Ella puso su mano encima de la de él y sonrió tristemente.
—Lo siento mucho, Jame. Pensé que estaría bien, pero soy un desastre. Él está molesto, y yo estoy aquí, y todo es un desastre.
James sonrió y negó con la cabeza.
—Está bien, de verdad. Si alguien pregunta, solo diré que no te sentías bien.
Se dirigieron hacia el fondo de la sala, Felix y Alistair aparecieron de inmediato. James besó a Bella suavemente en la mejilla y se la entregó a su guardaespaldas antes de volver a entrar. Alistair le lanzó una mirada confusa pero silenciosamente los condujo a su auto. Una vez que estaban en el camino, ella respiró profundamente.
—¿Siquiera quiero saber? —preguntó él, mirando entre ella y el camino rápidamente.
—Yo solo... no sé —respondió ella en voz baja—. Me sentía incómoda y quiero volver con Edward.
El resto del recorrido fue completamente silencioso. Cuando llegaron a la casa, la mayoría de las ventanas estaban oscuras, y el auto de Tanya estaba ausente. Alistair fue a hacer su barrido de la casa mientras Bella caminaba y se sentaba en un sofá, esperando por el visto bueno para moverse libremente por su propia casa. Se frotó las sienes y suspiró, su mente agobiada por demasiados pensamientos y preocupaciones.
—No hay moros en la costa —anunció Alistair, bajando las escaleras y sonriéndole—. Edward está arriba y es el único aquí.
Ella sintió una punzada de molestia hacia su tío y Tanya por dejarlo solo en la hora en que ella se fue. Suspiró y se reprendió mentalmente porque ella había hecho casi lo mismo antes cuando lo dejó, saliendo con James en su lugar.
—Gracias, Al —respondió ella con gratitud.
Después de cerrar la puerta con llave detrás de él, dejó caer su pequeño bolso en el sofá y caminó hacia el gabinete de licor. Sacó una botella de Jack Daniels y vertió el líquido ámbar en un vaso de vidrio. Ella volvió a tapar la botella y la guardó en el gabinete antes de tomarse el alcohol de un trago. Le calentó el pecho mientras ardía lentamente por su garganta.
—¿Recurriendo a las cosas fuertes?
Sus ojos se deslizaron hacia el pie de las escaleras, donde Edward estaba apoyado en el barandal.
—Ha sido una noche difícil —respondió ella, señalando hacia él con el vaso.
Él hizo un ruido evasivo y comenzó a caminar hacia ella. Tomando el vaso de sus dedos, él lo colocó en el frente del gabinete antes de estirarse para jugar con un mechón de su cabello.
—Llegas temprano a casa —reflexionó él.
Las lágrimas picaron sus ojos, y ella le dio una sonrisa tímida.
—Quería estar aquí contigo.
Su cabeza se inclinó hacia un lado ligeramente, como si tratara de resolver un rompecabezas.
—Entonces, ¿por qué fuiste en primer lugar?
Ella se apartó y envolvió sus brazos alrededor de su abdomen. Se quitó los tacones y comenzó a pasearse por la habitación.
—Esto no es tan fácil como crees, Edward. Ya te dije que mi vida era una locura. Todo el mundo exterior piensa que James y yo estamos juntos, aunque nunca lo hemos confirmado ni negado. Las apariencias engañan, pero funcionan a nuestro favor la mayor parte del tiempo.
Se detuvo junto a uno de los grandes ventanales de la habitación y apoyó la cabeza contra el vidrio antes de continuar.
»Estoy tratando de arreglar todo, obtener control donde nunca antes lo he tenido. Es un dolor de cabeza y agotador, pero lo estoy intentando. Cuando te dije el otro día que puse el plan en marcha, dije que había muchas otras mierdas con las que lidiar, y lo dije en serio.
Ella volvió a mirar hacia él, su rostro impasible, y se sintió derrotada.
—No sé qué decir para hacerte entender —respondió ella con voz temblorosa, las lágrimas empezaron a caer por su rostro—. Te amo, y quiero gritarlo a los cuatro vientos, pero hacer eso en este momento causará más daño que bien. Necesito que mi carrera se estabilice y que la cosa del acosador se resuelva. Crear un circo mediático en este momento le dará la oportunidad que necesita para acercarse aún más.
—¿La cosa del acosador? ¿Acercarse aún más? —preguntó él con voz tensa—. ¿Qué no me estás diciendo, Bella?
Ella retorció las manos y se mordió el labio inferior, conteniendo un sollozo. Estaba segura de que todo estaba a punto de estallar en su cara.
—Recibí llamadas telefónicas y flores. No te lo dije porque no quería que te preocuparas, a varios estados de distancia dónde no había nada que pudieras hacer.
Su mandíbula cayó, y sus ojos ardieron de ira. Antes de que él pudiera abrir la boca, ella comenzó a caminar y hablar de nuevo.
—Estuvo mal, y lo siento mucho. —Lloró ella—. Si nuestras situaciones se invirtieran, habría querido saberlo. La cagué y ahora no sé cómo solucionarlo.
Él tragó y apretó los puños a su lado. La miró directamente y negó con la cabeza antes de mirar hacia el piso, una mezcla de emociones cruzando su rostro.
—¿No confías en mí? —preguntó él con voz ronca.
Su corazón se rompió, y la angustia la desgarró. Ella sabía que lo había lastimado al no decirle lo que estaba pasando.
—Por supuesto que confío en ti —respondió ella, esperando que él pudiera escuchar la sinceridad en su voz—. Es en los buitres de los medios en los que no confío. Lo eres todo para mí; simplemente no puedo quedarme de brazos cruzados y verlos tratar de destruirte.
—Si confías en mí, Bella —intervino, su tenor todavía cauteloso—, entonces debes actuar como tal. Ocultarme cosas y no decirme toda la verdad no lo demuestra.
Él respiró hondo y se pasó una mano por el pelo, tirando con fuerza.
—Después de que te fuiste, me senté y hablé un poco con Mac —continuó él—. Si bien puedo decir que entiendo de dónde vienes, no estoy de acuerdo con la forma en que elegiste manejarlo. Mirando al pasado a todo lo que pasé con Angela, no creo que pueda jugar un papel secundario en una relación de nuevo.
Ella lo miró sorprendida.
—¿Es así como te sientes, que estás jugando un papel secundario?
Él asintió lentamente.
—En este momento, sí, lo hago.
Las lágrimas brotaron de sus ojos y sintió que su labio inferior temblaba.
—Lo siento mucho —susurró ella—. Lastimarte es lo último que quería hacer, pero te dije que necesitaría algo de tiempo para arreglar mis mierdas. Solo necesito que seas paciente conmigo.
Apoyó la mano en la puerta de vidrio de la galería y miró hacia el horizonte. Las luces de la ciudad brillaban intensamente contra la noche oscura, solo unas pocas nubes a la vista. En ese momento deseó estar de vuelta en Forks, donde podía mirar al cielo y ver miles de estrellas.
De repente, de la nada, una simple máscara blanca y ojos oscuros la miraron fijamente, sacando un grito espeluznante de sus labios. Ella saltó hacia atrás justo cuando Edward la corrió y abrió la puerta de un tirón.
—¡Edward! ¡No, espera! —llamó ella mientras él corría por la puerta. Bella corrió afuera, justo a tiempo para ver a su novio pasar por encima de la barandilla y hacia un techo más bajo mientras perseguía a una figura vestida de negro. Corrió de regreso a la casa y marcó el 9-1-1 a toda prisa, sus dedos temblando violentamente. Una vez que le aseguraron que la policía estaba en camino, llamó a Alistair, quien dijo que estaría allí en un momento. Probó los teléfonos de Mac y Tanya, los cuales fueron directamente al correo de voz. Como último recurso, llamó al teléfono de Edward, solo para escuchar el tono de llamada que venía de su habitación en el piso de arriba.
Se deslizó por la pared más alejada de la galería y comenzó a sollozar. Asustada y sola, hizo una última llamada mientras esperaba que alguien llegara.
—¿Shaggy? —sollozó mientras su primo contestaba el teléfono.
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Treinta minutos más tarde, Bella se sentó en el sofá, con las piernas metidas debajo de ella y una manta sobre los hombros. Se quedó mirando fijamente la pared mientras un par de policías uniformados revisaban el balcón y el área circundante. La interrogaron y anotaron sus respuestas, pero su mente estaba preocupada porque Edward aún no había regresado. Se mordió el labio inferior cuando comenzó a temblar y cerró los ojos con fuerza.
Su mente comenzó a evocar el peor de los casos; la imagen de él sangrando y herido en una acera cualquiera apareció en su cabeza. Un fuerte tirón en su pecho le sacó un grito ahogado, y ella levantó las rodillas, enterrando su rostro en ellas y sollozando en silencio. Sintió que una mano le frotaba el hombro con suavidad y miró los cálidos ojos azules de Alistair.
—Oye —susurró él—. Va a estar bien.
—Pe-pero Edward... —se detuvo, cubriéndose la boca con las manos para sofocar un grito frustrado.
Alistair sonrió tristemente.
—Él está bien, Bella —respondió con confianza—. Probablemente se perdió en su camino de regreso. Este no es el vecindario más fácil para orientarse.
Ella parpadeó y se frotó la cara.
—¿De verdad lo crees? —preguntó en voz baja y asustada.
Él asintió.
—Realmente lo creo.
Ella respiró hondo y asintió, intentando calmar sus nervios. La puerta principal se abrió y sus cabezas se giraron rápidamente. Entró Edward, despeinado y sucio, con una zapatilla desaparecida. Bella gritó y salió volando del sofá, lanzándose a sus brazos. Él cerró los ojos y se aferró a ella con fuerza.
—Lo siento —murmuró—. Era demasiado rápido y no tenía ni puta idea de dónde estaba para cuando lo perdí de vista.
Ella sollozó, el alivio corriendo por sus venas.
—Oh, Dios —dijo ella con voz ronca y seca por el llanto—. Estaba tan preocupada, Edward. ¡No hagas esa mierda nunca más!
—Ssh, no llores. Estoy bien; todo va a estar bien —susurró él mientras acariciaba su cabello.
Los oficiales regresaron a la habitación, uno de ellos se aclaró la garganta.
—¿Es el señor Cullen? —preguntó el oficial.
Edward asintió.
—Lo soy.
—¿Podría respondernos algunas preguntas?
—Claro que sí.
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Poco después de que la policía se fue, Alistair salió para correr a casa y hacer una maleta así podía quedarse a pasar la noche. Después de los eventos de la noche, Bella realmente se sintió aliviada de tener a otra persona en la casa con ellos.
La casa estaba en silencio mientras Edward y Bella se miraban el uno al otro.
—No puedes... no puedes hacer cosas así, Edward —susurró con voz ronca—. ¿Y si hubiera tenido una pistola o un cuchillo o algo? No puedo perderte. —Ella enterró la cara en sus manos; la idea de perderlo le quemó el pecho como un cuchillo caliente.
Él se acercó, tirando de ella para un abrazo.
—Ssh, está bien —respondió.
Ella se apartó y buscó sus ojos con atención.
—¿Ahora puedes entender por qué quiero ocultarte? Si te expusiera a los medios de comunicación, el peligro sería diez veces peor.
Él le besó la frente y suspiró.
—Supongo que puedo ver de dónde vienes, pero no estoy de acuerdo con que me mantengas desinformado.
Bella le lanzó una mirada culpable.
—No fuiste solo tú —murmuró ella.
Sus ojos se entrecerraron.
—¿Qué quieres decir?
Ella suspiró.
—Nunca le conté a nadie en casa sobre los eventos recientes. Después de que saliste corriendo y yo estaba sola, intenté llamar a Mac y, cuando no pude comunicarme, llamé a Emmett. Después de que intenté explicar lo que sucedió, él estaba muy enojado. Apareció Alistair, y le prometí a Em que lo llamaría mañana. Conociéndolo, probablemente estará en un avión antes de que salga el sol.
Edward se rio enigmáticamente y sacudió la cabeza.
—Por supuesto, loca. Él te ama y te quiere a salvo. Yo haría lo mismo.
Ella se estiró y le acarició la mejilla.
—Sé que lo harías —respondió ella suavemente—. No quería que ustedes se preocuparan. Fui estúpida y lo siento mucho.
—Princesa, ¿tienes alguna idea de lo que podría haber pasado si no hubiera habido nadie aquí cuando ese tipo estaba en la galería? Ni siquiera puedo... —Se detuvo bruscamente y tragó saliva.
La empujó hacia adelante y estrelló su boca contra la de ella. Se alejaron, sonrojándose y respirando pesadamente, cuando la puerta principal se abrió una vez más. Esta vez, Mac se precipitó frenéticamente con Tanya pisándole los talones.
—Bella —gritó él, levantándola del sofá y atrayéndola a sus brazos—. Cristo, niña. Me he estado volviendo loco desde que encendí mi teléfono y recibí el correo de voz de Emmett. ¿Qué sucedió? ¿Alguien irrumpió? ¿Estás bien? ¿Te lastimó?
—Una a la vez, Mac. —Se rio ligeramente—. Alguien nos estaba espiando desde la galería. No, no nos lastimó, pero Edward corrió como Spiderman y lo persiguió, pero se escapó. Los policías vinieron, tomaron nuestras declaraciones y dijeron que se comunicarían con nosotros.
Los hombros del hombre mayor se hundieron con evidente alivio.
—Mierda, estaba tan preocupado. Tanya y yo fuimos a ver una película y luego nos olvidamos de volver a encender nuestros teléfonos.
Tanya dio un paso adelante y envolvió a Bella en un abrazo maternal.
—Oh, cariño, ¿estás bien? Como, ¿realmente bien?
Bella se encogió de hombros ligeramente.
—Creo que sí. Bueno, al menos tan bien como puedo estar en este momento. Me sentiré mejor una vez que este maldito sea atrapado.
Ella giró la cabeza y se cubrió la boca, bostezando en silencio. Tanya sonrió y besó su mejilla.
—Descansa un poco, querida. Mac, ¿puedes acompañarme hasta mi auto?
Mac asintió y siguió a Tanya. Abrió la puerta y estuvo cerca de recibir un puño en la cara ya que Alistair estaba a punto de golpear la puerta. El hombre más joven dio un paso atrás y sonrió.
—Lo siento, hombre —respondió el guardaespaldas con una risa.
Mac se rio entre dientes.
—Está bien, solo voy a acompañar a Tanya de forma segura.
Alistair asintió con seriedad.
—No puedes ser demasiado cuidadoso —respondió seriamente, enviando un escalofrío por la columna vertebral de Bella, desde el otro lado de la habitación.
Una vez que Alistair se acomodó en el sofá con una manta y una almohada, los otros tres se dirigieron a sus habitaciones para descansar por la noche.
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Cuando se despertó a la mañana siguiente, Bella se sintió cálida y segura. Parpadeó lentamente, abrió los ojos y se encontró cara a cara con una pared de pecho musculoso. Intentando girar la cabeza y mirar mejor, descubrió que estaba enjaulada contra los brazos de Edward. Estar envuelta por él era una sensación tan agradable que, en lugar de intentar liberarse, se acurrucó más cerca de él.
Ella sintió que su pecho se movía cuando él dejó escapar una risa profunda.
—Buenos días, princesa.
—Buenos días, Edward —susurró ella contra su piel antes de depositar un beso sobre su corazón.
—¿Hay planes para el día? —preguntó él vacilante después de unos momentos de silencio.
Ella sonrió y lo apretó con fuerza.
—¿Aparte de quedarme aquí en tus brazos? No, no realmente.
Él suspiró y pasó su mano suavemente por el cabello de ella.
—Me alegra oír eso, aunque necesito salir y comprar un nuevo par de zapatillas.
Ella se echó hacia atrás y apoyó la cabeza en su brazo para poder mirarlo a la cara.
—Lo noté anoche. ¿Qué pasó con tu otra zapatilla?
—Se enganchó en algo, así que saqué el pie y seguí corriendo. Para cuando di la vuelta, un perro la estaba usando como juguete para masticar.
—¿Así que dejaste que el perro la tenga? —preguntó ella, con los ojos muy abiertos.
Él asintió enfáticamente.
—¡Era un perro jodidamente grande, Bella!
Ella se inclinó hacia delante y lo besó.
—Gracias por tratar de protegerme. Hoy te compraré un nuevo par de zapatillas.
Él puso los ojos en blanco y negó con la cabeza.
—Puedo comprar mis propias zapatillas —respondió él, con una ligera irritación en su voz.
—Sé que puedes, pero es mi culpa que necesites unas nuevas —argumentó ella.
Él cerró los ojos, con una pequeña sonrisa en su rostro.
—¿Bella?
—¿Sí? —Ella se mordió el labio inferior mientras esperaba su respuesta.
Sus ojos se abrieron y la chispa familiar que contenían la dejó sin aliento.
—Cállate.
Edward acunó sus mejillas y la besó rápidamente, su lengua buscando entrada, que ella le proporcionó fácilmente. Él deslizó una mano por su costado, deteniéndose para enganchar su pierna sobre su cadera y deslizarse sobre su espalda con ella a horcajadas sobre él.
Sus labios se arrastraron por su cuello, chupando suavemente su clavícula. Inconscientemente, sus caderas presionaron hacia abajo, buscando fricción. Edward gimió y agarró sus caderas con fuerza, tirándola contra él con brusquedad. Bella jadeó, el calor le quemó el vientre. No quería nada más que perderse con él, pero su corazón la detuvo.
—Edward, espera —susurró ella.
Él se detuvo de inmediato y la miró a los ojos.
—¿Qué pasa? —preguntó con confusión.
—¿No deberíamos hablar primero? —respondió ella vacilante.
Él sacudió la cabeza, divertido.
—Solo tú te detendrías de tener sexo —murmuró él, besándola suavemente en la unión de su cuello y hombro, provocando un escalofrío en su espalda.
—Simplemente… no quiero apresurar esto y hacer que te arrepientas más tarde.
Él arqueó una ceja y la miró con incredulidad.
—Suenas como si esta fuera nuestra primera vez, Bella. Sé cómo sabe tu cuerpo, cómo arqueas la espalda y gimes cuando te toco en el lugar correcto. No voy a ningún lado, y nunca me arrepentiré de esto, de ti.
Las lágrimas brotaron de sus ojos, y ella tragó el nudo que repentinamente apareció en su garganta.
—Te amo —susurró ella con voz ronca—. Lamento haberte lastimado. Prometo hacerlo mejor.
Él sonrió suavemente y quitó algunos mechones de cabello de su cara.
—Lo sé —respondió él con sinceridad—. Ahora, ¿me besarás así puedo cogerme adecuadamente a mi novia? Ha pasado demasiado tiempo y siento que podría estallar.
—Lo tienes al revés —se burló ella—. Yo estoy arriba, así que soy la que te cogerá.
Los ojos de Edward se entrecerraron de deseo, y agarró a Bella con fuerza antes de voltear sus cuerpos hasta que ella estuvo debajo de él y a su merced. Alcanzó sus manos y las sostuvo sobre su cabeza, besándola casi salvajemente.
—Estás tan equivocada, princesa —suspiró él contra la piel de su cuello, mientras arrastraba sus labios hacia su pecho—. Definitivamente estoy a punto de cogerte, y no voy a detenerme hasta que ninguno de los dos podamos movernos por el resto del día.
Ella dejó escapar un gemido lascivo y movió sus caderas para presionarse contra él.
—No juegues conmigo, por favor —suplicó.
Él sonrió, sus ojos brillando con alegría.
—Debería, ya sabes. Dios sabe que lo mereces.
Su corazón se aceleró, y sintió que el deseo crecía en su bajo vientre, necesitando desesperadamente que la tocara. Sus manos acariciaron sus costados, deslizándose debajo de la camiseta que había usado para dormir, y le bajaron las bragas por las piernas antes de tirarlas al suelo.
—Debería, pero no lo haré. Esta vez de todos modos —bromeó él con un guiño.
Cambiando su peso, Edward se quitó el bóxer y se arrodilló desnudo entre sus piernas abiertas. Él extendió las manos y la puso en una posición sentada, sacando su camiseta por su cabeza. Sus manos ahuecaron su trasero mientras la ponía en su regazo.
—Quiero intentar algo —susurró él, sus labios apenas rozaron los de ella.
—Lo que quieras —contestó ella suavemente—. Confío en ti.
Él la besó profundamente mientras levantaba sus caderas, fusionando sus cuerpos en un movimiento lento. Ella envolvió sus piernas alrededor de su cintura, algo torpe al principio, pero rápidamente cayeron en un ritmo. Pecho a pecho, la posición les ofreció un nivel más profundo de intimidad; algo que la pareja necesitaba en ese momento.
Jadeando, gimiendo, más rápido, más fuerte, pronto todo fue un borrón de pasión y éxtasis. Exhausta y agotada, Bella apoyó la cabeza en el hombro de Edward, dejando escapar un sollozo estremecedor. Él le acarició la espalda, dejándola expulsar toda la emoción contenida. Cuando su llanto se calmó, él la empujó con el hombro, queriendo que ella lo mirara. Él sonrió y acunó sus mejillas, limpiando sus lágrimas con sus pulgares.
—¿Te sientes mejor? —preguntó él en voz baja.
Ella asintió y le devolvió la sonrisa, sintiendo que un peso se levantaba de su pecho.
—Gracias —susurró ella.
Él se inclinó hacia delante y la besó dulcemente.
—Cualquier cosa por ti, princesa.
Acurrucándose juntos, los dos se recostaron en la cama y se quedaron dormidos por un rato. El sonido de su timbre sacó a Bella de su estado medio dormido. Bostezó ligeramente y se puso una camiseta limpia y pantalones cortos antes de bajar las escaleras. Alistair ya estaba en la puerta principal, hablando con alguien que estaba oculto de su vista.
Echó un rápido vistazo al sofá, solo para ver la manta que él había usado bien doblada en una silla, junto con su almohada.
—¿Todo bien, Al? —preguntó ella detrás de él.
Alistair miró por encima del hombro y sonrió.
—Claro, pero tienes un visitante.
Cuando su guardaespaldas se apartó del camino, apareció el enorme oso de peluche que era su primo. Él entró en la casa, sonriéndole aliviado y abriendo los brazos.
—Scrappy —murmuró con un suspiro.
Ella se arrojó a sus brazos y lo abrazó con fuerza.
—Oh, Shaggy —susurró ella, hundiendo su cara en el hombro de Emmett.
¡Hola!
¿Nos cuentan qué les pareció el capítulo?
Muchas gracias por los comentarios en el capítulo anterior: Isabelfromnowon, tulgarita, Pam Malfoy Black, rjnavajas, Tata XOXO, saraipineda44, bbluelilas, aliceforever85, Car Cullen Stewart Pattinson, cavendano13, Lady Grigori, Nadiia16, patymdn, Liz Vidal, Lupita Pattinson Cullen, krisr0405, Esal, jupy, Pili, sandy56, Yoliki, Tecupi, freedom2604, Kriss21, Brenda Cullenn, kaja0507, Adriu, Hanna D. L, Katie D. B, Tereyasha Mooz, liduvina, Marie Sellory, Lizdayanna, Smedina, merodeadores 1996, Jade HSos, somas, Naymorin, BereB y Shikara65.
¡Hasta el próximo capítulo!
