CAPÍTULO VEINTIUNO: NUEVOS COMIENZOS
"Señorita O'Brien, por favor no haga nada precipitado."
Ante el sonido de una profunda voz masculina proveniente desde atrás, Patty literalmente dio un salto. Completamente sorprendida, inhaló rápida pero bruscamente una bocanada de aire, conteniéndolo. Annie ya se había tropezado con ella pero eso fue justo afuera de la mansión, esta vez era completamente ajena a la presencia de otra persona. ¡Allí ni siquiera se suponía que debería haber alguien! Sintiendo como su corazón se aceleraba con locura, se dio la vuelta pero no vio a nadie. Por un instante, pensó que estaba teniendo alucinaciones o que estaba escuchando voces. Pero un instante después, un leve movimiento en la oscuridad llamó su atención y se dio cuenta, suspirando aliviada, que la voz no provenía de su cabeza. En efecto allí había alguien, solo que no estaba de pie sobre el camino por el cual ella había llegado. El dueño de la voz estaba de pie debajo de los árboles, su figura era casi invisible, oculta por las oscuras sombras.
"¿Quién está allí?" preguntó con una voz ligeramente temblorosa.
Silencio.
La oscura figura avanzó tranquilamente saliendo de entre las sombras, y en la tenue y brumosa luz de la luna, vio el cabello negro y el contorno del rostro del hombre.
"¡Sr. Johnson!" lo reconoció e involuntariamente exhaló con alivio. Un instante después, un inesperado sentimiento surgió en ella. Este fue la molestia de ser interrumpida de nuevo, por segunda vez durante esta noche. "¿Qué hace usted aquí?" le reclamó.
"Lo siento, Señorita O'Brien, no fue mi intención asustarla." Se disculpó con calma.
Ella esperó a que él continuara pero cuando el silencio entre ellos se extendió por otro largo momento y después por otro, comprendió que él no iba a responder a su pregunta. Por lo general, no tenía ningún problema con que las personas fueran exageradamente reservadas. No tenía ningún derecho de culpar a las personas por una característica que ella misma era su viva definición. Pero ahora, estando tan susceptible como lo estaba, encontró el hecho de que él no le respondiera no como algo simplemente evasivo y fácil de sobrellevar, sino algo excepcionalmente irritante. Casi le dio un susto de muerte – Entonces ¿Era tan extraño que estuviera esperando una explicación?
Ella no dijo nada.
Educada para ser siempre amable, no se atrevía a decirle cuan furiosa estaba por haber sido interrumpida. De todos modos, de repente se le ocurrió que él podría haber estado ahí mucho antes que ella llegara por lo que exactamente no podía acusarlo de manera directa de estarla acechando…
"Parece que lo he interrumpido." Dijo todo lo contrario a lo que quería decirle, observándolo mientras se acercaba al lugar en donde ella se encontraba. "Pero si le molesta mi presencia, no se preocupe, puedo continuar caminando a lo largo de la playa."
"Para nada, Señorita O'Brien." Contradijo. "Fui yo quien llegó aquí siguiéndola por lo que si hay alguien que pudiera molestar al otro con su presencia, ese sería yo."
¿Había escuchado bien? ¿Acaba de decir que llegó siguiéndola? ¿En realidad la siguió? Pero ¿Por qué? No que a ella importara pero algo le decía que quizás era mejor averiguarlo…
"¿Puedo preguntarle por qué lo hizo?" inquirió.
"Vi cómo se dirigía hacia la playa," respondió, "y pensé que no debería estar sola."
¿Por qué no se mete en sus propios asuntos? ¿Por qué nadie se mete en sus propios asuntos esta noche? Pensó, molestándose cada vez más con cada segundo que pasaba. Desde que abiertamente lo había admitido, no tenía más dudas que en efecto él la había seguido y deliberadamente interrumpió su tan deseado momento de soledad. Cualquier pensamiento que pudiera calmar su furia se había evaporado. Todavía no podía atreverse a explotar y gritarle pero tampoco iba a ser demasiado cordial. Su objetivo no parecía ser romántico – resopló por dentro ante la ridiculez de ese pensamiento – pero no obstante él se encontraba allí y eso por sí solo no era demasiado conveniente. No quería contar con la presencia de nadie allí en esos momentos.
"¿Y por qué podría haber pensado eso?" le exigió, esta vez más apremiante, dejando que algo de su molestia fuera notoria en su voz. "Según mi opinión, ya no soy una niña y es no es contra ley que una mujer esté a solas."
Por un momento, el silencio volvió a caer entre ellos como si el hombre estuviera considerando su próxima respuesta. "No," dijo por fin, "pero cuando una joven se retira sola de una fiesta y se dirige a dar un paseo solitario por la noche, entonces debe de haber un razón detrás de eso. Y no necesariamente es una buena razón." Puntualizó.
Ella no esperaba eso. Probablemente fue una completa coincidencia pero sus palabras estaban tan alarmantemente cerca de la verdad, que eso fue suficiente para hacer que se sus defensas se dispararan hasta las nubes. En menos de un segundo había tomado la decisión de deshacerse de ese hombre y mientras más pronto lo hiciera, mejor sería para ella. Su repentina e inesperada aparición la distrajo de sus pensamientos pero todavía podía sentir como las lágrimas amenazaban con fluir de nuevo y temía que no podría retenerlas por mucho tiempo más. No podía darse el lujo de que alguien más presenciara como rompía en llanto. Con Annie era más que suficiente.
"De nuevo, Sr. Johnson, ¿Qué lo hizo llegar a una conclusión tan ridícula?" preguntó con indiferencia, rogando que su voz no temblara. Motivada por la necesidad de alejarse de él, con lentos y casi perezosos pasos, caminó de regreso hacia la grama y al pasar a su lado y alejarse unos metros, se dirigió hacia el escaso césped que estaba creciendo directamente sobre la hilera de árboles al lado opuesto del camino de grava. Se detuvo junto al segundo árbol, recostó su espalda sobre el tronco, miró de nuevo en dirección al oscuro lago y haciendo acopio de todas las fuerzas que pudo, esbozó una sonrisa meditabunda y soñadora. Nunca se le hubiera ocurrido que sonreír podría ser tan doloroso. "Me encontré anhelando tener un poco de soledad." Añadió en un tono ligero pero todavía sereno. "No he estado aquí en mucho tiempo y simplemente quería 'saludar' este lugar y disfrutar del paisaje."
Esperaba que él comprendiera lo que le estaba insinuando. Esperaba que pudiera creer en sus palabras incluso si ellas la hacían ver como una tonta chica que se paseaba con la cabeza por las nubes. Eso realmente no importaba, mientras él regresara a la mansión y la dejara sola. Pero como el hombre no mostraba ninguna señal de comprender su silenciosa insinuación, decidió ser más directa al respecto. "Estoy bien aquí, puede regresar a la fiesta." Dijo con firmeza, sintiendo enseguida que eso sonó más a una orden que a una sugerencia.
"Lo siento, Señorita O'Brien, pero no me iré sin usted." Rechazó su petición con paciencia. "No podría perdonarme si algo… le sucediera durante mi ausencia."
Patty apenas se contuvo para no rechinar los dientes. ¡Qué hombre más obstinado! Se quejó por dentro. En realidad no comprendía por qué había insistido en que era muy importante seguir haciéndole compañía. Por qué simplemente no me deja en paz, le he dado suficientes indirectas, amables y no tan amables, de que ¡no deseo la presencia de nadie aquí! Incluso una persona con poca inteligencia y no muy lista lo habría comprendido y ¡Él no es uno de esos estúpidos!
"¿Por qué podría sucederme algo aquí?" le cuestionó. "¡Este es uno de los lugares más seguros que conozco!"
"En efecto, aquí es seguro." Confirmó el hombre tranquilamente. "Es…" hizo una pausa por un segundo como si titubeara, "usted la que no debe estar a solas en…" volvió a hacer otra pausa, "…una situación tan delicada."
"Delicada… ¿A qué se refiere con 'delicada'…?" preguntó y fue hasta ese momento que él volvió a acercarse a ella. Cuando apareció por primera vez, salió de entre las oscuras sombras con la tenue luz de la luna detrás de su espalda, por lo que apenas y había suficiente luz para que ella pudiera reconocer quien era. Ahora, sin embargo, mientras permanecía de pie frente a ella sobre el suelo libre de niebla y con la tenue luz de la luna brillando directamente sobre sus facciones, ella podía ver su rostro con claridad. Pero ante todo, podía ver sus ojos. Y lo que vio en ellos casi la hizo entrar en pánico. ¡No seas ridícula, O'Brien! Pensó para sí. ¿Por qué tendría que sentir compasión?
Él no respondió pero siguió mirándola directo a los ojos con total seriedad. Y por alguna extraña razón, ella se encontró siendo incapaz de apartar la mirada. Era como si sus ojos oscuros se hubieran clavado a los de ella y la hubieran hipnotizado. Pero mientras más se veía en ellos, más convencida estaba que lo que había visto, en efecto, era compasión.
Es imposible, no… se negó nuevamente, ¿Por qué podría compadecerse de mí…? No, debo estar equivocada… Pero ¿Por qué sus ojos me miran como si él lo supiera? No, no, no puede saberlo, es imposible que pueda saberlo… No puede saberlo… Se rogaba, sintiendo como la temporal y frágil barrera que había levantado para esconder su dolor, empezaba a desmoronarse bajo su seria y comprensiva mirada. No me vea de esa manera… Por favor, no me vea con esa penetrante mirada suya porque puedo sentir como si estuviera mirando directamente en mi alma… Y no puedo permitir que nadie me vea… No mire tan dentro de mí…
De alguna manera logró romper el contacto visual y miró hacia otro lado con indiferencia. "Me temo que no lo comprendo, Sr. Johnson." Declaró sin emoción, encogiendo los hombros. "Pareciera sugerir como si algo malo pasara conmigo, como puede ver, me encuentro en perfectas condiciones tanto física como mentalmente, ¡Puedo asegurárselo!"
No lo vio directamente pero por el rabillo del ojo pudo ver su silueta y supo que no se había movido ni un centímetro. "Perdóneme, Señorita O'Brien," aunque hablaba en voz baja, su voz llegó claramente a sus oídos. "Me permití seguirla porque estaba preocupado por usted."
Sorprendida, no pudo evitar mirarlo de nuevo. Frunció el ceño con desconcierto.
El hombre de manera tranquila la siguió mirando ante su inquisitiva mirada. "Estaba preocupado por usted porque involuntariamente escuché su conversación con la Sra. Cornwell." Prosiguió, respondiendo la misma pregunta que estaba a punto de hacerle.
Por un momento pensó que había escuchado mal. Pero no lo hizo; sus palabras todavía seguían sonando en sus oídos. Cuando la comprensión de lo que acaba de decirle fue asimilada por ella, pudo sentir como su corazón saltaba hasta su garganta y después comenzaba a hundirse lentamente en su estómago. Luego sintió como la sangre abandonó su rostro.
Lentamente y poco a poco, sus destrozadas emociones fueron demasiadas como para soportarlas. El impacto de lo que acababa de escuchar hizo que empezara a temblar y tuvo que luchar para poder controlar su cuerpo. Pero al final, el esfuerzo fue inútil y todo lo que pudo hacer para fingir que estaba tranquila fue respirar profundamente. "Usted… ¿Nos escuchó?" repitió sin comprender. "¿Pero no todo?" añadió con un poco de esperanza en su corazón.
Esa poca esperanza que había esperado, se vaporizó tan pronto como el hombre asintió ligeramente al igual que la primera niebla de la mañana se evapora bajo el cálido sol.
"Puedo preguntar," susurró con extrema dificultad, sintiéndose tanto asombrada como enojada, "¿Por qué no nos hizo saber de su presencia antes de que empezáramos a conversar?"
El hombre bajó la mirada por un momento. "Perdóneme por mi conducta inapropiada, Señorita O'Brien," respondió en un tono aún más bajo de lo que lo había hecho con anterioridad, "pero de todos modos no habría hecho mucha diferencia. Ya estaba enterado desde mucho antes."
"¿Qué?" inhaló toda una bocanada de aire, incluso más sorprendida que antes, como si eso fuera posible. Escuchar su conversación con Annie en el jardín era una cosa pero ¿Cómo pudo saberlo antes? Y fue entonces que todas sus defensas cayeron. "¿Cómo? ¿Acaso soy tan transparente?" exclamó con enojo. El siguiente pensamiento que se le vino a la mente la dejó sin aliento, reduciendo su voz nuevamente a un susurro, "¿Todos lo saben ya?"
"No, Señorita O'Brien," respondió el hombre con calma, con un tono tranquilizador, "Solo yo. Nunca nadie lo sabrá por mí; solo quería asegurarme de que usted estuviera bien…"
El hombre se acercó aún más a ella, de hecho tan cerca, que si ella extendiera su mano en ese momento, podría tocarlo… No, no, no quería hacerlo, ¡No quería sentir el contacto de nadie en estos momentos!
"¿Bien? ¿Bien? ¡Estoy bien! De todos modos no es su problema, Sr. Johnson, ¡solo déjeme en paz! No necesito a personas entrometidas a mi alrededor, ¡Solo quiero estar a solas por un momento!" gritó de nuevo. Él estaba tan irritantemente tranquilo como ella siempre había deseado estarlo pero que nunca lo había conseguido y por alguna razón esta tranquilidad, la llevó aún más hacia el límite. Se giró hacia el árbol, sintiendo como las lágrimas largamente reprimidas rodaban por su rostro. "Por favor… Sr. Johnson…" le suplicó, golpeando con impotencia su puño contra la dura y áspera corteza, "déjeme… solo váyase…"
"No, Señorita O'Brien, no lo haré. Estaré en silencio si así lo desea, pero no me iré." La voz que provenía detrás de ella, no obstante tranquila, sonaba decidida. Al contrario de lo que ella hubiera pensado, la mano que él colocó sobre su hombro se sentía sorprendentemente dulce.
El toque fue más de lo que Patty pudo soportar y finalmente rompió en llanto. Sin embargo sus sollozos, al igual que antes en la terraza, eran silenciosos. Nunca he podido llorar en voz alta… un extraño pensamiento fuera de lugar pasó por su mente, Solo lo hice una vez, después del funeral de Stear… y desde entonces nadie me ha escuchado llorar, a excepción de él, ahora…
La mano del hombre apretó más su agarre sobre su hombro y a pesar de su anterior arranque, el instinto hizo que ella alargara su mano para tomar la de él. ¡Se sentía tan sola! En realidad quería llevar todo esto ella sola, mantenerlo oculto del mundo entero pero desde que Annie la había encontrado, eso ya no era posible. Sin embargo, aunque Annie ahora estuviera enterada, eso no quería decir que estuviera enterada de todo. Ella, Patty, no podía permitirlo. Al fin y al cabo, su amiga estaba embarazada y preocuparse era la última cosa que necesitaba… y seguramente, si conociera toda la verdad, se preocuparía… no se trataba solamente de su roto corazón o de su soledad interna. Se trataba también de un horrible sentimiento, un sentimiento que a Patty no le agradaba y del cual no estaba orgullosa; celos. Celos de Candy, por ser mucho más bella y atractiva que ella, por tener esa única capacidad de ganarse instantáneamente el corazón de las personas, algo que a ella de cierto modo le faltaba, incluso después de llamar la atención de muchos hombres, aunque de manera involuntaria… Si, Annie seguramente se habría preocupado si supiera todo esto… Fue por eso que actuó con tanta valentía frente de ella….
Vagamente, en algún rincón de su turbulenta mente, se dio cuenta que el volumen de sus sollozos había aumentado. Aún eran relativamente silenciosos pero casi estaban desgarrando su pecho en pedazos. Su llanto ahora casi hacía temblar todo su cuerpo y Patty tuvo que sostenerse con más fuerza del tronco del árbol para no caerse. Las lágrimas parecían ser interminables. Ya se había dado por vencida por tratar de detenerlas; cada vez que las limpiaba de su rostro, nuevas lágrimas llenaban sus ojos, nublando su vista. Estaba llorando por perder al maravilloso hombre que nunca tuvo y que siempre había sabido que probablemente nunca podría tener pero del que no pudo evitar enamorarse. Estaba llorando por los años desperdiciados en que pudo haber vivido de manera diferente. Finalmente, estaba llorando su enojo sobre sí misma por estar tan destrozada y ser incapaz de recobrar la compostura.
En ese preciso momento ya no le importaba más que este hombre que estaba de pie detrás de ella, se hubiera convertido en testigo de cómo se derrumbaba. Él simplemente estaba ahí y su presencia tal vez no hacía que se sintiera menos triste pero, lo que era sorprendente, era que reducía un poco su sentimiento de soledad. Su presencia ahí, algo que estaba maldiciendo tan solo unos minutos atrás, ahora se había convertido en una bendición. Él simplemente estaba ahí y ella pudo sentir su fuerza interior casi de manera literal. De hecho esa era una sensación extraña e inusual; en el silencio de la brumosa noche, ahí, ella estaba derramando su alma pero al mismo tiempo, sentía la fuerza de otro ser humano que estaba de pie junto a ella. Y todo eso era gracias al simple contacto de su mano… Él no la abrazó, solo mantuvo su mano sobre su hombro y ella estaba sujetándola con fuerza, como si esta fuera el único puente a la normalidad. Él no dijo una palabra, no preguntó nada, no exigió nada; simplemente permaneció ahí de pie, con una comprensión silenciosa y dándole las fuerzas que necesitaba con el simple contacto de su mano. Y a pesar de su profunda y casi asfixiante tristeza, estaba agradecida por eso.
Un llanto tan intenso es siempre agotador y lo que generalmente viene después de este tipo de cansancio es el adormecimiento. Sin embargo, las lágrimas seguían rodando por sus mejillas y Patty sintió como su respiración estaba recobrando su ritmo normal, su corazón todavía estaba acongojado, sin embargo, de cierto modo más ligero. Se sentía un poco adormecida y esto de hecho de alguna manera era… liberador. Al menos por el momento.
Sintió como la mano del hombre aflojó su agarre y finalmente, soltó su hombro. Y ante la pérdida de su mano, su mente empezó a aclararse. De repente se dio cuenta de lo incómoda que era toda esta situación. ¡Se había desahogado con un desconocido! Bueno, para ella no era un completo desconocido; al fin y al cabo, tenía de conocerlo varios años pero aun así… No podía decir que lo conociera muy bien; en realidad no conocía nada sobre él excepto que era la mano derecha de Albert y su hombre de más confianza. Y dudaba si presenciar momentos tan privados como este, fuera parte de sus obligaciones regulares como asistente. ¿Se burlaría de ella de ahora en adelante? Se preguntó. No, fue la respuesta inmediata que provino de su interior, no se había reído hasta ahora, además, él no parecía ese tipo de persona… Pero, ¿Todavía sentiría compasión por ella, aunque no de manera tan abierta? Eso le sería difícil sobrellevarlo si es que él la sintiera…
Este pensamiento hizo que se irguiera con orgullo. En realidad no quería la compasión de nadie. Fortaleciéndose, se dio la vuelta.
Él seguía de pie en el mismo lugar, sin haber retrocedido ni siquiera un centímetro, con sus brazos colgando ligeramente a sus costados. Cuando ella levantó la cabeza para quedar al nivel de sus ojos, se dio cuenta que no había ninguna sonrisa sobre sus labios, ni siquiera un rastro de ella. Tampoco vio compasión en la expresión de su rostro; solo había sabiduría emanando de sus serios y oscuros ojos. Y algo que no podía explicar muy bien sucedió. Por alguna razón, el resto de sus lágrimas habían desaparecido.
"¿Se siente mejor, Señorita O'Brien?" le preguntó con tranquilidad.
"No," respondió sinceramente, con la voz un poco ronca de tanto llorar, "pero no importa. Me sentiré mejor. Algún día. Eso espero." Aun mirándolo directo a los ojos, se aclaró la garganta, respiró lenta y profundamente y añadió, "Gracias."
Los ojos del hombre se abrieron un poco más. "¿Por qué me está agradeciendo, Señorita O'Brien? Yo no he hecho nada en especial."
Patty parpadeó un par de veces. Así que, ella había rechazado su presencia, convencida de que debería estar a solas solamente para comprobar que él tenía razón cuando insistió en hacerle compañía y ahora ¿estaba diciendo que eso no era nada?
"¡Pero lo hizo!" declaró con una voz tranquila pero firme. "Usted me ayudó. Aún estoy triste, pero ahora creo que tengo la fuerza para soportarlo. Y eso es gracias a usted. Sí necesitaba a alguien… ¿Por qué?" preguntó de repente, "¿Qué le hizo seguirme?"
El hombre cerró los ojos por un momento. "Algunas veces, hay momentos cuando uno realmente no debe ser dejado a solas, no importa cuánto uno lo desee." Respondió con la misma voz tranquila de ella.
"¿Pero por qué?" le exigió de nuevo. "O, más bien, ¿Cómo? ¿Cómo lo supo, Sr. Johnson?" inquirió. De hecho él había mencionado que escuchó la conversación entre ella y Annie pero le molestaba como es que había logrado adivinar correctamente su verdadero estado de ánimo, algo que Annie no se dio cuenta. Y aun así, todavía se sentía bastante incómoda para hablar tan abiertamente sobre su situación con un hombre al que apenas conocía, pero no iba a detenerse por ello. A estas alturas, él ya sabía demasiado, así que hablar un poco más sobre eso no podría causar mayor daño del que ya había sido causado. Pero quería saber el momento exacto en que se delató y parecía que él podía darle una respuesta directa. "Usted dijo que ya lo sabía incluso antes de que fuéramos al jardín. ¿Cómo? ¿Cuándo?"
La oscura y firme mirada se detuvo sobre ella de nuevo y ella se encontró sintiéndose estudiada con mucho detenimiento, como si él quisiera asegurarse de que ella hablaba en serio respecto a su pregunta. Y lo estaba, debió haberle dado una mirada bastante determinante porque él finalmente, decidió responderle. "Durante el anuncio del compromiso." Explicó de manera concisa. "Fue la única ocasión, por un breve momento, en que vi la expresión de su rostro."
Entonces, eso fue… En efecto, justo como había creído, fue el momento en que su máscara se cayó… Por pocos segundos había perdido el control de sí misma, abrumada por el dolor de su corazón… "Y… ¿Nadie más lo vio?" insistió. "¿Está usted seguro de eso?"
Él asintió. "Solo yo pude verlo." Le aseguró. "Lo sé porque es mi trabajo observar en silencio y enterarme de las cosas antes de que alguien más se entere. Su secreto está a salvo conmigo, créame."
"Y… ¿En el jardín? Usted me escuchó hablar con Annie…" continuó con valentía, haciendo un gesto en dirección a la mansión, "Entonces," hizo una pausa por un segundo, "¿Cómo se dio cuenta que las palabras de Annie no fueron suficientes para consolarme? Ella me creyó cuando le dije que estaba bien." Añadió. "¿Por qué usted no lo hizo?"
"¿Podría alguna consolación surtir efecto tan rápidamente?" le respondió con una pregunta. Entonces, él se apartó de ella ligeramente por lo que ahora los dos estaban mirando hacia el lago e inconscientemente, Patty exhaló inaudiblemente con alivio. La valentía era una cosa pero se sentía un poco extraña mirar directamente a sus penetrantes ojos. Hablar hacia el espacio vacío frente a ellos, la hizo sentir mucho más cómoda y segura. "Siempre lleva tiempo." Continuó él y esas simples palabras resonaron débilmente en el aire húmedo. "Y también se necesita de la experiencia de uno para saber que cuando el llanto se interrumpe aún no se ha terminado."
A pesar de la tristeza que aún parecía estar ahogándola, sus palabras le dieron curiosidad. Este hombre parecía tener el hábito de hablar con pocas palabras o de hablar con acertijos evitando así dar una respuesta directa. Y aunque de manera involuntaria, se encontró a sí misma intrigada. Ya no estaba irritada, ahora, cuando toda la tensión y la ira que tenía dentro se habían ido, solo había intriga. "¿Qué quiere decir con eso, Sr. Johnson?" le preguntó.
"Algunas veces, mil palabras no harán tanto bien como una simple lágrima, durante el tiempo que esta no sea derramada en secreto frente al mundo." Afirmó de manera enigmática. "En pocas palabras; algunas veces es mejor llorar que hablar por horas sobre un problema, pero no es bueno cuando uno se siente solo en esos momentos. Y haber perdido un sueño hace que las personas se sientan solitarias. Y vulnerables."
Patty no pudo evitar girarse y mirarlo fijamente con una mirada interrogante, un poco perdida, no comprendiendo por completo el significado de sus palabras. Y admitió eso en voz alta.
"En algún momento, Señorita O'Brien, usted dijo algo sobre que el Señor Andrew había sido solo un sueño para usted, algo hermoso a que aferrarse." Le explicó. "La Sra. Cornwell es una muy buena amiga pero con todo respeto, aún es muy joven," añadió, aparentemente de nuevo fuera de contexto, "quizás demasiado joven para leer entre líneas, para comprender el doble sentido de sus palabras. Porque, no todo el mundo por supuesto, pero para algunas personas que han perdido un sueño, especialmente si este sueño era como una luz que las guiaba, a veces puede ser doloroso, puedo destruir su mundo… o, al menos sacudirlo gravemente. Ella hasta ahora se ha librado de tal experiencia, gracias a Dios, pero eso le impidió ver la verdadera gravedad de la situación."
"Pero usted no se ha librado, ¿verdad?" replicó antes de que pudiera detenerse, con una repentina epifanía. Una ligera expresión de dolor atravesó el rostro del hombre y desapareció tan rápido como había aparecido pero ella lo notó, y se dio cuenta que involuntariamente había tocado algún punto sensible en él. "Yo… yo lo siento." Se disculpó con sinceridad. "No quise recordarle nada doloroso. Es solo que… lo que usted dijo…" se encogió de hombros lentamente, "pareciera ser como si estuviera hablando por experiencia propia y…"
Su voz se desvaneció cuando sintió como su innata timidez interior volvía lentamente. Hacía bastante tiempo, que muchas personas creían que ella era ahora una mujer más madura y más segura de sí misma. Y segura era – pero no cuando se trataba del mundo de los sentimientos, fueran de ella o de alguien más. Detestaba ser herida pero lo que detestaba aún más era hacerle daño a los demás. Y había algo en este hombre que la hacía ser incapaz de ponerse la máscara de osadía. Por lo que allí estaba ella; sintiéndose emocionalmente desnuda e incapaz de cubrir su vulnerabilidad. Se sentía avergonzada; avergonzada y cohibida, por haber herido involuntariamente a alguien con sus impulsivas palabras. Agachó la cabeza y apretó los labios.
"Está bien, Señorita O'Brien, no se preocupe por eso." le respondió tranquilo. "Tenía razón; en efecto estaba hablando por experiencia propia."
Patty no pudo evitar darle de nuevo una rápida y discreta mirada. Y esta vez, él se dio cuenta. No podía haber sido de otra manera; de hecho, lo descubrió mirándola. Por un momento, él le sostuvo la mirada.
"Soy mayor, Señorita O'Brien." Prosiguió con una sonrisa apenas perceptible antes de volviera a apartar la mirada. "Créame, los años que he vivido son más que suficientes para que diferentes tipos de cosas me hayan sucedido. Y sí… Una vez perdí un sueño que destruyó mi mundo."
Sorprendida por esta repentina confesión, Patty abrió la boca como si estuviera a punto de preguntar algo pero la cerró en menos de un segundo y una vez más apretó los labios, como para refrenarse de decir algo sin pensarlo. Ahora comprendía. Entonces, así es cómose dio cuenta… Debió haber reconocido mi dolor como si fuera su propio dolor del pasado, de cualquier cosa que le haya sucedido… concluyó. Sabía por lo que yo estaba atravesando porque él había atravesado algo similar… Es por eso que no quiso que yo estuviera sola… Es… Es muy amable de su parte estar preocupado por mí, por una persona a la que apenas conoce…
Ni siquiera era consciente de que ya no estaba tan centrada en su roto corazón como lo había estado hasta ahora. La tristeza todavía seguía allí, en lo profundo de su ser, pero lo que era realmente extraño, era que se sentía de alguna manera indiferente al respecto. En cambio, sorprendida de sí misma, se encontró reflexionando acerca del hombre que estaba de pie a su lado. Nunca antes, durante los seis años que llevaba de conocerlo, lo había considerado como una persona con su propia personalidad. Desde su punto de vista, George Johnson siempre había sido solamente el abogado y albacea de los Andrew, profesional en todos los sentidos, un hombre muy comprometido y leal a la familia, parecía vivir solamente para cumplir con sus funciones. Se acababa de dar cuenta de lo equivocada que estaba; siendo siempre tan callado y tan perfectamente discreto, que aunque estuviera presente en una gran reunión social, apenas era notoria su presencia. Pero seguramente debía tener su vida privada. Por supuesto debía tener una, al igual que todo el mundo; debía tener sus propias alegrías y penas, esperanzas y desilusiones…
Por supuesto que no iba a preguntarle directamente sobre su drama personal, eso habría sido simplemente demasiado grosero. Pero se preguntó si lo que le había dicho había sido mera coincidencia. Y mientras más pensaba sobre ello, más convencida estaba que no era así. Podría estar complemente equivocada pero tenía una extraña y fuerte corazonada de que él estaba tratando amablemente de darle a entender algo…
Armándose nuevamente de todo el valor que poseía, aunque sin mirarlo, le preguntó, "Sr. Johnson… le importaría… ¿Le importaría si le pregunto algo… sobre su experiencia?"
Por un momento, no hubo respuesta. Entonces, percibió su movimiento y sintió su mirada sobre ella. Y en efecto, cuando ella levantó la mirada, se encontró nuevamente de manera temporal con los oscuros ojos, casi negros, de su acompañante. Por unos cuantos segundos, la miró detenidamente a los ojos, en absoluto silencio, y entonces, negó con la cabeza.
"No me importa, Señorita O'Brien." Le respondió con una pequeña sonrisa pero esta vez era mucho más cálida. "Por favor," la animó, "pregúnteme lo que le apetezca."
"¿Cómo puede uno vivir después… ya sabe, después de perder ese sueño?" le hizo la pregunta que había estado girando por su mente durante el último par de minutos. "¿Es posible vivir la vida como era antes? ¿Cómo si nada hubiera sucedido?"
La sonrisa se desvaneció lentamente del rostro del hombre y se puso nuevamente muy serio. "No." respondió con firmeza, y en su voz ella pudo percibir claramente una certeza. "Me temo que eso es imposible. Nadie puede seguir siendo exactamente el mismo a lo largo de toda su vida. Es imposible porque todo alrededor de nosotros cambia y nos influencia, ya sean grandes acontecimientos o los asuntos cotidianos de los que ni siquiera nos damos cuenta. Cambiamos constantemente junto al mundo que nos rodea, experimentamos cosas buenas y cosas malas y tonto aquel que crea que puede escoger para sí únicamente las cosas buenas. La vida no se trata solamente de escoger las mejores partes y actuar como si las malas no existieran. La vida se trata de enfrentar la realidad tal como es y vivirla día a día."
Era algo extraño escuchar ésta casi filosófica declaración a altas horas de una noche brumosa. O, ¿Tal vez no? Patty escuchaba, con los ojos bien abiertos, un poco intimidada por este firme razonamiento. Igual que una pregunta y una respuesta. Pensó, sintiendo vagamente que las palabras de consuelo cambiaron súbitamente en una suave reprimenda. Pero él tenía razón, admitió para sí. De hecho la vida no se trataba solamente de vivir en un mundo de ensueño. La vida se trataba de vivir la realidad…
"Está bien entonces… Pero… ¿Es posible vivir a través de todas las cosas, principalmente las malas, sin llegar a amargarse?" se corrigió.
"Eso…" pronunció la palabra prolongadamente, "depende completamente de la determinación de uno. Si uno ama la vida lo suficiente solo por ella misma, uno no puede llegar a amargarse."
Esa no era exactamente la respuesta que ella quería escuchar pero no se sintió decepcionada o molesta. Era algo peculiar, pero esas palabras llevaban algún tipo de fuerza junto a ellas. Tal vez si las repito suficientes veces, lograré convencerme que puedo vivir normalmente, que quizás pueda ser feliz otra vez… algún día… ¡No! ¡No 'si' o 'tal vez'! Se decidió repentinamente, enderezándose con firmeza. ¡Seré feliz otra vez!
Patty en verdad se sentía fortalecida ahora. Había tenido este inesperado e inoportuno encuentro con este hombre que conocía y sin embargo, ella no se había permitido entender que no era la única que tenía penas. Durante la fiesta en el salón, se había considerado la persona más desafortunada, infeliz y solitaria sobre la faz del planeta, anticipando únicamente un futuro oscuro con más de su mala suerte y soledad. Pero ahora veía las cosas de manera diferente; ella era solamente una de muchos. Posiblemente, cada vez más personas habían o estaban experimentando cosas aún peores de las que ella acababa de pasar. Demonios, blasfemó en su mente, ¡ella misma había experimentado cosas peores en el pasado! Si logró vivir después de perder a Stear - ¡También viviría después de esto!
Su propia e inusual determinación envió escalofríos por su columna. Estaba sorprendida de sentirse de esta manera. Era como si una nueva Patty hubiera nacido esa noche. Una Patty nueva y más decidida. ¡Basta de dejar que la vida se le escape por los dedos! Basta de esperar cobardemente para que una mejor oportunidad viniera - ¡Ella crearía sus propias oportunidades! Basta de albergar sueños irreales e inútiles – ¡Se pegaría a la realidad y estando allí buscaría su felicidad! ¡No en el suave y cómodo mundo de los sueños! Si, ¡Eso es lo que iba a hacer!
Patty se estremeció de nuevo y esto la hizo despertar. Miró a su alrededor. No era únicamente su nueva actitud lo que hizo que se le dieran escalofríos. También era la niebla. Mientras habían estado hablando, esta se espesó, haciéndose cada vez más alta sobre la orilla del lago y robando el poco calor del aire nocturno. No lo había notado antes por lo concentrada que estaba en la conversación.
"Debemos regresar." Habló con claridad, rompiendo el largo silencio entre ellos. "Está empezando a refrescar. Además, estoy segura que ya han de estar buscándonos."
El hombre la miró, visiblemente sorprendido por el cambio de tema. Posiblemente también era por la firmeza de su voz ya que su mirada fue larga e inquisitiva. "Como usted lo desee, Señorita O'Brien." Viendo como ella se estremecía levemente, añadió. "Pero antes de que lo hagamos, le sugeriría que primero se lavara el rostro."
"Mi… Oh…" comprendió de repente y se llevó las manos a los ojos. Rozó su piel con suavidad; las yemas de sus dedos estaban muy negras por la máscara de pestañas. No quería ni siquiera preguntarse cuán horrible podría haberse visto con unos parches negros alrededor de los ojos; sin dudarlo ni por un segundo, se giró y corrió por el camino, rumbo al lago. No tenía la más mínima idea de cuán mal estaba el estado de su maquillaje así que para asegurarse, lavó todo su rostro con cuidado. No importaba como se veía ahora pero pronto importaría, una vez que volviera a entrar en el salón. Pero era mejor si regresaba ligeramente pálida en lugar de verse igual a un oso panda, pensó.
No pudo evitar sentirse sorprendida cuando se dio la vuelta. El hombre estaba esperándola a pocos metros de distancia con un pañuelo en la mano. Ella lo aceptó de manera vacilante pero también con gratitud. Sin decir una palabra se secó el rostro, solo para sentir cuán irritados estaban sus ojos. Este hecho por sí solo le dijo que no se miraba lo suficientemente decente como para simplemente reincorporarse a la fiesta y actuar como si nada hubiera sucedido. Todos hubieran notado de inmediato sus ojos rojos e hinchados.
"Sr. Johnson…" inquirió aún con los ojos cerrados, "¿Es posible que pueda entrar por la puerta de la cocina? Creo que debería ir directo a baño de visitas y asegurarme que mi rostro se vea decente." Admitió con honestidad.
"Es posible," le confirmó, "pero no son únicamente las miradas curiosas de los invitados las que debería evitar cuando entre, también las de la servidumbre. Estoy seguro que la cocina probablemente está llena de ellos ahora. Si no le importa, puedo recomendarle una entrada diferente."
Patty lo miró con expectación.
"Podríamos entrar por el comedor." Le explicó. "Tengo llaves de repuesto y allí no debería de haber nadie ahora por lo que podría entrar sin ser vista."
"Suena razonable." Coincidió. "Gracias, Sr. Johnson. Realmente no me gustaría que nadie más me vea… y que se entere."
"Comprendo." Le aseguró.
Patty asintió y empezó a caminar por el camino de grava. Dejaron la playa atrás en silencio, sin volver a mirarse más el uno al otro. Mientras tanto, la niebla había subido aún más alto y ahora cubría casi todo el jardín. Esta amortiguó el sonido de sus pisadas; en realidad, todo se hundió bajo un tranquilo silencio. Esto invitaba a simplemente contemplar el silencio de la noche en lugar de hablar y eso se ajustó a la necesidad de Patty. Había algo más que quería decir y necesitaba un momento de silencio para pensar en ello.
En este silencio surrealista, finalmente llegaron a las escaleras y ascendieron hasta la terraza. Eludiendo las brillantes luces que provenían del salón, se dirigieron hacia la otra puerta, al lado izquierdo de la construcción. Como él había mencionado, allí las luces no estaban encendidas ni había una sola alma en su interior. George alcanzó el bolsillo interno de su pecho y de allí, sacó una pequeña cartera de cuero. Cuando abrió el cierre, la tenue luz de la luna que entró allí, se reflejó sobre las pocas llaves que se encontraban en su interior.
"Sr. Johnson…" le habló Patty en voz baja, haciendo que se detuviera justo antes de que introdujera la llave en la cerradura. Se giró hacia ella y esperó, mirándola con calma. Ella se mordió los labios de nuevo; en realidad había algo acerca de este hombre de lo que nunca se había dado cuenta hasta hoy, algo en su firme mirada que la hacía sentirse intranquila, como si fuera una tímida niña. Era extraño, considerando que él era un empleado de su amigo. ¿Entonces por qué sentía como si necesitara explicar cómo se sentía? ¿Por qué sentía como si tuviera que asegurarse que no habría mal entendidos entre ellos? ¿De todos modos quién era él para ella? ¿Fue solo a causa de este breve y efímero momento de complicidad? No lo sabía. Y no sabía si quería saberlo.
"Sr. Johnson…" volvió a decir su nombre, pero en esta ocasión con más firmeza. "Solo quería hacerle saber algo… A pesar de lo que yo sienta ahora… En el fondo estoy feliz por Albert y Candy, en verdad. Es extraño porque estos dos sentimientos no deberían existir en el corazón de uno al mismo tiempo… pero existen. Se contradicen el uno al otro y sin embargo…"
"Señorita O'Brien." Suavemente la interrumpió. "Comprendo, créame." Dijo cerrando los ojos por un momento – ella pudo verlo incluso en la oscuridad – y con una seria y pensativa voz añadió, "Algunas veces uno puede sentirse dividido de esa manera."
Patty suspiró con profundo alivio. Él comprendía. Él verdaderamente comprendía.
"Quisiera pedirle nuevamente algo, Sr. Johnson…" prosiguió. "Sé que ante todo le es leal a Albert pero en verdad necesito pedirle que mantenga esto en secreto. Lo que le dije antes a Annie… fue verdad. Realmente no deseo dañar nuestra amistad al hacerles saber cómo me siento."
Él no respondió enseguida, solamente se quedó de pie allí, mirándola impresionantemente con sumo cuidado. Una vez más se sintió ligeramente confundida bajo su seria y comprensiva mirada.
"Quién le haya dado su nombre, Señorita O'Brien, lo hizo sabiamente." Respondió por fin.
Completamente atónita, Patty abrió más los ojos y apenas pudo contenerse de sacudir la cabeza. Tal vez él la comprendía a ella pero ¡Eso no funcionaba en ambos sentidos!
"Patricius en latín significa noble." Le explicó George, viendo una silenciosa interrogante en sus ojos. "Así como oculta su dolor por el bien de sus amigos, ellos nunca se enterarán que tan buena amiga de ellos es en verdad – y eso es exactamente lo que hace que sus acciones sean muy nobles."
Patty no respondió. Simplemente no podía hacerlo. Qué extraña noche, pensó. Extraña noche, extraño encuentro, extraño hombre, extraña conversación… simplemente no lo entiendo…
"Lo prometo." Añadió George brevemente.
"Gracias." Respondió. Si alguien le preguntara ahora mismo, ella no podría responderle si le estaba agradeciendo por su promesa de ser discreto o por el más inusual y aun así, el más agradable cumplido que hubiera recibido alguna vez.
George asintió y se volvió hacia la puerta. La llave finalmente encontró su destino y con un silencioso clic le quitó llave a la puerta de vidrio. "Sé que no estoy en posición para ofrecérselo," añadió y ella se deslizó hacia el interior, "pero en caso que algún día sienta necesidad de hablar con alguien… Siempre estaré aquí."
Patty se detuvo. "Gracias." Repitió en voz baja sus palabras de gratitud. Ella no sabía por qué la oferta del hombre la conmovió tan profundamente. Sin embargo, sabía que prefería nunca sentir la necesidad de hablar sobre lo que le había sucedido esta noche. Y sintió como si tuviera que rechazar su oferta de una manera amable. Le debía demasiado como para simplemente decir: ¡No! Cuando se alejó, volvió a mirar al hombre que estaba allí de pie, por encima del hombro. "Realmente agradezco su oferta, pero creo que a partir de ahora más bien debería centrarme en vivir mi realidad."
Una leve sonrisa y un movimiento de cabeza casi imperceptible, le indicaron que él, nuevamente comprendía.
Patty giró su cabeza y sin volver a mirar hacia atrás, caminó y se mezcló con la oscuridad del comedor.
Detrás de ella, la puerta se cerró y luego se le echó llave con un silencioso clic.
O O O
