Novela: Luces lejanas.
Capítulo 21. Amigo nuevo
Tal como Edward había dicho, Charlie pidió pizzas, y para mi suerte, dijo que me habían quedado ricas. Yo no comí, ya que ya había cenado en casa de Edward. Luego de la cena, decidí tomar un baño e irme a dormir, había sido un día largo para mí, demasiado. Tomé una toalla y me dirigí a la ducha. Estuve como cuarenta y cinco minutos allí. Al salir me sequé el pelo y lo até en una coleta. Me puse el pijama nuevo que me había comprado antes de llegar a Forks y cuando salí me encontré a un Edward cómodamente recostado contra la pared de mi cuarto.
-¡Edward! ¡Charlie te va a ver! – susurré.
El me ignoró y se acercó lentamente hasta mí para abrazarme.
-No me verá, está dormido. Ven. – murmuró y me levantó en vilo. Reí. – Tontuela. No hagas ruido, sino se levantará. – sonrió.
Me llevó hasta mi habitación y me recostó en la cama. Me arropó y acomodó mejor mi almohada. Luego, tomó carrera y saltó a acostarse a mi lado, sacudiendo toda la cama.
-¡Edward! Vas a romperla, no hagas eso. – le reproché y él hizo una mueca.
-Duerme ahora. Fue un día largo. – me envolvió en sus fuertes brazos y en cuestión de segundos me quedé dormida.
El día siguiente no tuvo demasiados sobresaltos. No pude visitar a Edward porque tenía que terminar las tareas del Instituto, pero él, puntual, llegó de noche a "dormir" a mi lado.
El lunes fue harina de otro costal. Había clases y para mi mala suerte, también escrito, para peor de física. Me levanté arrastrando los pies y bufando. Hice todo lo que tenía que hacer y me quedé "estudiando" un rato, si es que a dormirse sobre el libro se le puede llamar así.
Edward pasó a buscarme en su Volvo un rato más tarde y comenzamos con la ya rutina de acompañarme a clases, pasarme a buscar luego de ellas, almorzar juntos y caminar de la mano por el Instituto. Era increíble, pero la gente aún no se acostumbraba a vernos juntos; y cuando nos veían pasar se quedaban de ojos abiertos.
A la hora de física Edward me acompañó hasta la puerta y me ofreció darme las respuestas del escrito, pero me negué, alegando que no me gustaba para nada hacer trampa, que me gustaba ganarme los méritos por hacer las cosas bien, no por hacer trampa.
Llegué a la clase y me senté en mi banco. Estaba sola, por suerte, quería repasar. Alice no vendría hoy, había querido ir por semanas a Port Angeles y no había podido porque no había habido un solo día nublado antes, éste era primero en mucho tiempo, así que decidió que no debía desperdiciarlo. Ella quería comprar ropa nueva, y cómo no, Jasper había ido con ella. No me lo imaginaba entrando a tiendas, pero lo más probable es que fuera muy divertido. Pagaría lo que fuera por estar ahí con ellos y verlos. Quizás Alice lo hiciera cargar las bolsas, eso sería aún más cómico. No pude evitar reír y sacudir la cabeza. Que "hermanos" locos que tenía. No podía creer que estaba congeniando con ellos, ¡con lo complicados y desesperantes que eran! Pero igual los seguía en todas, uno, porque no tenía opción, Alice me mataría si no lo hiciera. Dos, porque es muy gracioso pasarla con ellos, siempre tienen una idea nueva para molestar a alguien. Y tres, porque si no estuviera con ellos, ¿Qué haría en un pueblo tan pequeño? Volví a reír.
-Bueno, creo que llegué tarde. ¿Cuál era el chiste? – inquirió una voz en el mundo real, sacándome de mis pensamientos. Había alguien a mi lado y yo no me había enterado cuando había llegado. Mire hacia mi izquierda y recién en ese momento me di cuenta de que había una persona totalmente instalada en el banco de al lado al mío.
-¿Hola? – pregunté para dejar en claro que no tenía idea de quién era. Me molestaba que la gente fuera así, que no te conocen y ya se meten en tu vida preguntando cosas que no tienen derecho, así que mi tono no fue muy adecuado, tenía una nota de petulancia.
-Perdón. Soy Peter Eppes. Soy nuevo aquí. – Miró sus cosas como si estuviera dudando acerca de algo y luego me miró a mí. - ¿Puedo sentarme a tu lado? Si quieres me cambio, no tengo problema.
-No, no hay inconveniente. Pero me parece conveniente informarte que no has llegado en buen momento, es un mal día, hay escrito. – Señalé a los demás estudiantes, que estaban concentrados en sus libros.
-¿Qué? Bah, supongo que el profesor no me obligará a hacerlo. Es la única ventaja de ser nuevo. – Lo miré con aprensión. Pobre. No sabía lo que le esperaba en este Instituto, los profesores ya eran malos, no quería saber cómo reaccionarían a los vampiros que tenía como amigos. - … ¿O no?... – preguntó luego de ver como mi expresión se había desformado al pensar en los profesores malvados del Instituto. Me alegraba de haber estudiado mucho para este escrito de física, el profesor era uno de los más exigentes de todo el lugar. – En fin. ¿De qué te reís cuando llegué?
Chismoso, sin duda.
-Nada, un chiste privado. Por cierto, yo soy Bella Swan. – me presenté sonriéndole. Parecía bastante pesado, pero no quería caerle mal de entrada, aunque el me había caído mal a mí.
-¿Bella? ¿Es tu nombre real? – negué. – Ah, te llamas Isabella, ¿verdad? - Asentí y el sonrió, victorioso.
-Inteligente. – aprobé. Justo en ese momento entró el profesor y le pidió a Peter el pase, así que él se levantó para entregárselo. Volvió a mi lado en cosa de segundos.
-Bueno, Peter, tú harás el escrito, me parece conveniente saber a qué nivel estás. Es como prueba diagnóstica. – informó el profesor.
Peter asintió pero maldijo por lo bajo y bufó.
El escrito comenzó y el tiempo empezó transcurrir a pasos agigantados. Teníamos cuarenta minutos para hacer el escrito y ya íbamos por quince y al mirar hacia la hoja de Peter vi que él no había hecho nada y se mordía el labio nervioso. Pasaron veinte minutos más y él seguía en el mismo lugar que antes, o sea, nada.
Al final, nerviosa yo a esas alturas, terminé el escrito y tomé unas hojas más. Pasé todo lo que yo había hecho y le puse las hojas nuevas sobre su mesa. Me levanté rápido, sin esperar respuesta. Tomé mi mochila y el resto de mis cosas y le di el escrito al profesor. Salí del salón y me senté en un banquito afuera de la clase. Si Peter quería el escrito, bien, sino, también. No me quemaría la cabeza por eso.
Cerré los ojos y tiré la cabeza hacia atrás. No estaba segura de cómo me había ido en el escrito. No había estado fácil, pero creía haberlo hecho bien.
Poco después sentí la puerta abrirse y a alguien sentarse en el mismo banco que yo.
-¿Por qué lo hiciste? Podrías haber terminado antes. – inquirió Peter y yo abrí los ojos sobresaltada, para verlo sentado en el apoya brazos. - ¿Y? Espero tu respuesta. – me espetó. Estúpido.
-No lo sé, me dio pena, no había hecho nada y era un prueba diagnóstica para ti, así que no hay tanto problema. Si fuera un escrito de verdad para vos, no lo hubiera hecho.
-Bueno, como sea. Gracias. – y se fue de allí.
El timbre tocó y todos salieron del salón al mismo tiempo, provocando una avalancha por el pasillo. Unos brazos me envolvieron por detrás .
-Hola bonita. Aunque no lo parece cuarenta minutos con mucho tiempo sin tenerte a mi lado. – Edward rió.
Sonreí.
-Sí, la verdad que sí.
-Oye… ¿Qué es ese olor que tienen tu ropa?
-¿Qué olor? Si huele a perfume… - pregunté desconcertada y arrugando la nariz por pura frustración.
-No… es el olor de esos estúpidos perros, pero es diferente, como más dulzón.
El timbre volvió a sonar, esta vez para entrar a clase, en nuestro caso historia.
-No sé, Eddie, pero vamos, no quiero llegar tarde – comenté para molestarlo al tiempo que intentaba escapar de la presa que ejercían sus brazos, pero no pude.
-Bella… ¿Cuánta veces te he dicho que no me digas así? Suena tonto. – rezongó al tiempo que pasaba su nariz por mi cuello y su aliento me atormentaba. Uhh, me estaba torturando, eso no se valía. Maldito Edward. Ya vería. Sonreí maliciosamente.
-Ya vamos, "Eddie" – remarqué el apodo. Me di vuelta en un segundo y lo besé, tomando su cabeza con mis manos y sin esperar respuesta me separé de él, que seguía desconcertado y me zafé para salir corriendo hacia el salón correspondiente.
Entré al salón y me senté. El profesor entró y detrás de él llegó corriendo Edward, claramente sorprendido y con los ojos fuera de las órbitas aún.
El profesor le dijo algo, Edward asintió y se vino a sentar a mi lado en seguida.
-¿Qué pasó Edward? ¿Llegaste tarde y te rezongaron? ¡Qué mal! No debes ser así de irresponsable y lo sabes.
Él miró al frente y me ignoró. ¿Quería jugar? Jugaríamos entonces. Me crucé de brazos y miré al profesor, pero en realidad estaba en las nubes, pesando qué estaría haciendo Ashley. Me había contado que le gustaba uno de su clase de Geografía, pero no me había dicho quién, lo que me tenía espantosamente intrigada.
La clase pasó y me levanté sin mirarlo, para darle la espalda y guardar mis cosas en la mochila.
No sabía si él seguía ahí, ni si había alguien más en la clase.
Levanté la vista y no había nadie en el salón. Suspiré y tomé mi mochila para salir. Al legar a la puerta, pasé y cuando la estaba cerrando, unas manos, la abrieron de nuevo y me empujaron adentro. Esa persona, cuya cara no había podido ver, me empujó contra una pared y recién en ese momento vi que era Edward.
-¡Edward! – rezongué. – Qué tonto… - murmuré y empecé a caminar para ir nuevamente hacia la puerta. Pero él me tomó de la muñeca y me atrajo hacia él. Luego, me acorraló contra la pared. – Ya, Edward, tranquilízate. – le ordené tratando de escapar.
-¿Y si no quiero? – comentó irónicamente. Comenzó a besarme y puso sus manos en mi cintura. Al principio me resistí, no pretendía caer en sus trampas y encantos. Luego besó mi oreja. –Vamos Bella, sabes que no puedes soportarlo. – susurró a mi oído. Y para mi desgracia, tenía razón. Me derretí por completo. Edward bajó sus manos hasta mi cadera tentadoramente y yo me colgué de su cuello. Enredé mis manos en su cabello y comencé a besarlo bastante entusiasmada. Él soltó una especie de risa y me siguió besando, divertido. El beso subió levemente de tono, pero…
El recreo terminó y no podíamos quedarnos allí porque de seguro alguien vendría. Así que Edward se decidió a soltarme y yo me separé de él a regañadientes. Tomó mi mano y salimos.
Luego de eso el día volvió a ser un fiasco.
-Hey, dime una cosa… -empezó Edward cuando salíamos en su coche del Instituto. - ¿Con quién anduviste hoy en la tarde? ¿En la hora de matemática?
Sonreí.
-¿Qué? ¿Estás celoso? – Él negó. – Vale. Realmente sólo hablé con el chico nuevo, Peter... algo, no recuerdo el apellido, era raro. Como Alice no vino se sentó a mi lado, nada más.
-Mmm… Peter. ¿Es nuevo dices? Nadie ha de conocerlo entonces. ¿Sabes de dónde viene? – negué. – Ok, yo hablaré con él mañana.
-¿Qué? Ay, Edward, no puedes ser así de celoso, y lo sabes. – rezongué.
-No estoy celoso, es por el olor de tu ropa.
-¿Sigues con eso? – inquirí.
-Sí, quiero saber en qué anda.
-Ok – sonreí.
Llegamos a mi casa y me prometió venir en la noche. Cuando entré a casa, las luces estaban apagadas. Claro, Ash llegaba tarde hoy, tenía actividades extracurriculares en el Instituto. Pasé por casi todas las habitaciones prendiendo luces y al legar a la mía me encontré con Alice sentada en el borde de mi cama, sonriendo de oreja a oreja y rodeada de bolsas.
-¡Sorpresa! - gritó saltando hasta mi.
-Hola hermana loca. – reí. - ¿Qué es todo esto? – pregunté señalando las bolsas.
-Oye, no quiero que te enojes, ni que grites. Ashley se va a quedar a dormir en la casa de una a amiga hoy. ¡Y he hablado con Charlie para hacer una fiesta de pijamas! ¿Qué te parece?
La miré, luego a las bolsas y me encogí de hombros.
-Vale, va a estar bueno. – comenté luego. Alice rió y me abrazó.
-Primero, hay que esperar a Rose, pero ve, date un baño, te espera una larga noche pequeña. Luego tienes que cocinar para Charlie. Rose y yo nos quedaremos aquí.
Así lo hice y al salir de la ducha vi que papá ya había llegado. Comimos y me fui a mi habitación, donde vi a Rose, que estaba sentada charlando con Alice.
-Hola Bella. – dijo. – Vamos, siéntate aquí. – ordenó palmeando la silla de mi escritorio.
Me senté y me obligaron a cerrar los ojos y a quedarme quieta. Me hicieron de todo.
-Ya, ábrelos. – ordenó Alice. Los abrí y Alice trajo un espejo enorme.
-¿De dónde…? Bahh – bufé. Seguro que ellas tenían muchos más de esos.
Me observé y asentí. La verdad es que estaba bonita de veras. Estas hermanas mías hacían magia.
-Es genial. Gracias. – informé a mis locas hermanas.
-Espera que no hemos terminado. – anunció Alice, al tiempo que vaciaba las bolsas sobre mi cama.
-Todo esto es para ti – aclaró Rose. – Y no queremos protestas. Tienes que renovar tu guardarropa, a Alice no le gusta nada lo que tienes ahí y a mí tampoco.
Volví a bufar y comencé a mirar lo que había sobre mi cama ahora. Junté varios vestidos, vaqueros, poleras, remeras, musculosas, chaquetas y chales. Todo era hermoso, me encantaba, peor no estaba segura e que entrara todo en el armario, ¡Era tanto! Y yo quería guardar algo de lo que ya tenía.
-Vale. – acepté. –Gracias.
-Ahora te vas a probar todo y te vamos a sacar fotos. – ordenó Rose revoleando mi cámara digital, lo que hizo que reprimiera un grito de horror, aunque sabía que no la iba a tirar.
-Está bien. – acordé luego de pensarlo un momento. Ellas sonrieron. – Pero sólo si ustedes también lo hacen. – Sus sonrisas se borraron. - ¡Oh vamos! Sino no tiene gracia. – Ellas intercambiaron miradas y al final Rose asintió y Alice suspiró-
-Está bien. Trato hecho. – anunció Rose y yo sonreí.
Le pasé un vaquero y una remera a cada una y ellas bufaron, pero se fueron a cambiar. Yo elegí un vaquero, una musculosa y una chaqueta color bordó. Tomé uno de los chales y agarré unas botas de mi armario.
Me puse todo y cundo Rose y Alice llegaron yo ya estaba pronta.
Luego de eso, comenzó la tortura. Nos sacamos fotos y me obligaron a cambiarme de ropa unas diez veces más y más y más fotos.
Cuando por fin se aburrieron, eran ya las cinco de la mañana. Al otro día había Instituto, así que me ayudaron a guardar toda la ropa en el armario y yo me puse mi pijama.
Un minuto después entró Edward por la ventana y obligó a Alice y a Rose a irse por la ventana, diciendo que me tenían que dejar domir.
Ellas refunfuñaron y se fueron y Edward me acostó en mi cama.
-¿Hoy te quedarás? - le pregunté media dormida ya.
-No, lo siento, debo cazar.
-Está bien, lo entiendo.
Edward me besó y salió por la ventana. Yo me di vuelta hacia mi derecha y me tapé más. Estaba frío. Casi en seguida me quedé dormida.
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Espero que les haya gustado! Cuando pueda subo capítulo de Recordando el Pasado, todavía tengo que escribirlo y no he tenido tiempo :(
P.D. 1:Estoy participando en un concurso de cuentos cortos y poemas en Facebook de una página de fans de The Host, les envié una versión resumida de Recordando el Pasado, sólo que no es de Edward y Bella. Gana quien tenga más "Me gusta" así que me ayudaría mucho si ustedes me ayudaran. FanFiction no me deja poner el link, pero en Facebook la página se llama The Host y es de Las Termas de Río Hondo, Santiago del Estero, Argentina (No tengo ni la más pálida idea de dónde es eso). Es un álbum llamado "3° concurso de relatos y poemas" y bueno, el nombre es "Recordando el Pasado" de Bells Puga (yo :D ) Si pudieran ayudarme estaría genial (:
P.D. 2: Soy Beta Reader! Sí, ni yo misma me lo creo. Hace semanas que estaba peleando con FanFiction y al final lo logré (:
Hasta el próximo capítulo y muchas gracias por leer!
