Gente! Cómo les va? Espero que muy, pero muy bien! :)

Les comento que hoy es un día nublado y lluvioso en mi pequeño pueblito Argentino :P Y es IDEAL para ponerse a escribir. Se preguntarán por qué les cuento esto, no? Bueno, porque hoy voy a empezar a escribir el final de esta historia u.u

Oh, sí... todo tiene un final, todo termina(8)

En fin, espero que éste capítulo sea de su agrado, y si no... lo lamento, es lo que yo quería escribir ;)

PD: Todos sabemos que Masashi Kishimoto es el dueño de los personajes de Naruto, así que lo aclaro al divino botón :P

Disfruten, porque se termina lo que se daba ;)


21- Breaking Point.

Ni una semana había pasado, y ella ya sentía algo de tristeza. Miró su reflejo en el cristalino vaso que limpiaba, y sonrió levemente. El fin de semana anterior, su último en el hogar de los Hatake, había sido completamente maravilloso. El sábado, luego de que él la besara con esa dulzura que le llenó el corazón de ternura, pasaron un hermoso día en el parque, junto con Obito y Rin. Y el domingo… fue la despedida. No salieron de la casa, al contrario, ella le propuso al peligris limpiarla y ordenarla para darles una gran bienvenida a sus padres.

Él no se negó, nunca le negaba nada. Y la mayor parte del día estuvieron trabajando en eso. E, inevitablemente, el lunes llegó. Lo primero que hizo fue cargar sus bolsos en el baúl del taxi, y después, despedirse de ambos peligrices. Aunque sabía que iba a volver a verlos, todos los días, pero ya no viviría con ellos… y no pudo evitar derramar algunas lágrimas. Kakashi las borró, diciéndole que era una exagerada con esa voz tan suave que él tenía, y ella sólo sonrió dándole la razón. Besó con mucho cariño a Sakumo, y lo miró por largos segundos.

Sintió la suave mano de él acariciar su mejilla, y desvió su mirada. El peligris la miraba con tranquilidad, esa típica tranquilidad en él. Y la besó dulcemente, para después decirle que se le estaba haciendo tarde, y que el profesor de Psicología odiaba eso. Ella rió por lo bajo, ¡Kakashi y sus comentarios! Asintió con la cabeza, regalándole una sonrisa; y volvió a besarlo. Se separó de él con la mayor pesadez del mundo, lo admiró un tiempo más, y después partió.

Dejó todos los vasos perfectamente limpios en el estante donde estaban los demás, y escuchó el llamado de su tía a lo lejos. Suspiró cansada, todavía le faltaba media hora… pero lo que la confortaba era saber que era viernes, y que hoy saldría con Kakashi. Sonrió más animada, caminando para salir de la cocina, mientras recordaba. El lunes fue el último día que pudo estar con él casi todo el día. Después de la facultad lo había ayudado con los señores Hatake, y ellos muy amablemente la invitaron a quedarse a cenar.

Y claro que no se negó. Pero, los restantes días sólo pudo verlo en clases, ya que tenía que estudiar. Kakashi se ofreció a ayudarla, pero Sakura se negó… puesto que si él iba a su departamento, lo último que harían era estudiar. Él soltó uno de sus característicos 'ummm', pero después sonrió de lado… dándole la razón a ella. Suspiró cansada, mientras hacía el pedido de la mesa 8. "Tal vez sí debí aceptar que me ayudara a estudiar…" pensó desanimada la pelirosa. Es que, ¡lo extrañaba tanto!

Era tan torturante no poder sentirlo cerca, probar sus labios, sentir su inconfundible aroma, su suave piel acariciar la suya, escuchar su sensual y divertida voz… ¡era un tortura! Odiaba estar lejos de él, lo odiaba. Suspiró una vez más, después de entregar su pedido. Volvió a la barra, donde se recargó y miró el lugar. "Qué aburrido…" pensó cansada. "Quiero verlo…" dijo mentalmente, extrañando a su peligris.

-Sakura…- la llamó una voz femenina detrás suyo. Dio media vuelta, y vio a Tsunade. -¿Sí?- preguntó con amabilidad. –Son las 18:00hs, ya te podes ir.- le avisó al rubia, sacando cuentas con la calculadora. La pelirosa sonrió contenta, ¡por fin! –Nos vemos, tía.- la saludó rápidamente, una vez que se despojó del delantal. Tsunade la vió correr para salir del lugar, y sonrió divertida. –Debe extrañarlo mucho…- musitó para sí, con sus ojos fijos en los números. –Y bueno, Kakashi también debe extrañarla mucho.- comentó una voz rasposa y masculina, mientras unos brazos se enredaban a su cintura. La rubia sonrió más ampliamente. –Me alegro por ellos.- contó con voz suave, mientras veía a su sobrina tomar el colectivo que la llevaría a su casa.

Por otra parte, Sakura suspiró aliviada al sentarse en el asiento del vehículo. "Pensé que estaba lleno…" dijo mentalmente, agradeciendo que el colectivo estuviera semi vacío. Sacó los auriculares de su bolso, y cuando estaba por poner la primera canción, su celular empezó a sonar. -¿Hola?- saludó cansada. –Hola, Sakura-chan…- contestó la voz suave y divertida del otro lado. Ella sonrió contenta. –Kakashi…- dijo 'adivinando' –Ummm… menos mal. Me hubieras roto el corazón si decías Sasuke.- comentó con gracia el peligris. –No es gracioso, Kakashi.- le reprochó ella. –No, no sería gracioso si lo hubieras dicho.- corrigió el chico con obviedad.

La pelirosa rodó los ojos, ¡nunca podría ganar una con ese hombre! -¿Qué pasa?- le preguntó animada. –Ummm… te paso a buscar a las 21:00hs.- le avisó el peligris. –A las 21:00hs.- repitió ella. –Nos vemos, Sakura-chan…- la saludó él, con ese toque galante en su voz. Ella sonrió tiernamente. –Nos vemos, Kakashi…- le devolvió con voz suave, para después cortar la comunicación. ¡Ay! ¡Tenía tantas ganas de verlo! Era demasiado estar una semana encerrada con los libros pudiendo estar con él… ¡pero eso se terminó!

Esa noche podía estar con él, y estaba segura que iba a ser maravillosa. Se colocó los auriculares, y se dejó llevar por la música. Tanto así, que el viaje le pareció tan corto, que en pocos minutos estaba en la comodidad de su hogar. Lo primero que hizo, fue darse un largo y relajante baño. Salió a eso de las 19:00hs cambiada con un short de jean y un top color gris. Secar su rosada cabellera le tomó media hora más, para dejarla impecable. Se encamino a la cocina, donde se preparó un sándwich y se sentó en el gran sillón de la sala para ver tv.

Encontró una película de comedia, y como no había nada más para ver, decidió dejarla. Y fue mejor de lo que esperó. Se reía tanto que hasta le dolía el estómago y la cara de tanto reírse. -¡Qué película genial!- exclamó divertida, cuando el filme llegó a su fin. Se levantó para dejar el plato vacío en el lavadero y tomó un poco de agua. Miró el reloj de la cocina, y marcaba las 20:40hs. ¡Tenía 20 minutos para cambiarse! Corrió, literalmente, a su pieza. Eligió un chupín de jean oscuro, unos zapatos de raso negro con punta abierta, y una camisa color negra con encaje en los hombros y la clavícula. Dejó su cabellera suelta, adornándola con una vincha gris con un moño. Se maquilló suavemente, y salió con pasos rápidos a la sala. Miró el reloj al llegar, 21:00hs en punto.

Suspiró aliviada, ¡lo logró! –Ahora, a esperar a Kakashi…- musitó mientras se sentaba en el sillón. Pero, el timbre sonó justo cuando se acomodaba. Suspiró, y con pereza se puso de pie. Acomodó su ropa y su cabello, y luego, abrió la puerta. Sus ojos verdes viajaron a lo largo del chico, de pie a cabeza: zapatillas negras, jean azul oscuro, camisa gris oscuro, y su singular cabellera grisácea despeinada. –Sakura-chan…- musitó él, a modo de saludo, abrazándola por la cintura, juntando sus cuerpos. Ella le sonrió coqueta. –Kakashi-kun…- devolvió igual, en un susurro. Divisó en sus labios esa sonrisa mortalmente sexy, y luego, él la besó. Con esa suavidad y dulzura que lo caracterizaba.

–No sabes cuánto te extrañé…- musitó él, juntando sus frentes. Ella le sonrió con ternura. –No más que yo…- le dijo con voz baja. El peligris sonrió, mientras arqueaba sus ojitos. La pelirosa rió por lo bajo. –Vamos, Hatake.- dijo con humor la chica, cerrando la puerta de su casa. –Ummm… o tal vez podríamos quedarnos…- comentó él, insinuante. Sakura lo miró con los ojos entre cerrados, mientras negaba con la cabeza. El Hatake suspiró rendido. –Sakura-chan es tan cruel…- comentó con fingida voz lastimosa. –Sí, sí, sí…- dijo ella, sin darle importancia. Lo tomó de la mano, y lo arrastró al ascensor.

Bajaron hasta llegar al final, y juntos salieron del gran edificio. En frente, como siempre, estaba el auto negro del peligris estacionado. Él le abrió la puerta como todo un caballero, y una vez que ambos estuvieron dentro del vehículo, se pusieron en marcha.-¿A dónde vamos?- preguntó curiosa la pelirosa. –Ummm… a un restaurant.- contestó simplemente el chico. Ella rodó los ojos. -¿A cuál?- preguntó con obviedad. –Es sorpresa…- respondió misterioso el peligris. La chica lo miró por algunos segundos, tratando de adivinar el pensamiento del Hatake… pero se rindió. –Okey…- musitó sin otra opción, y se dedicó a mirar por la ventana, sin poder ver la divertida sonrisa en los labios de su peligris.

El viaje fue corto, para sorpresa de la pelirosa, aunque también le generó un sentimiento de alivio. El chico estacionó el vehículo en frente del, aparente, elegante restaurant. Como todo un caballero, le abrió la puerta y la ayudó a salir del auto. Juntos, entraron en el lugar, que no era tan elegante como ella pensaba… o al menos la atmosfera no lo era. La decoración era moderna, sin perder el refinamiento con esas cortinas negras impecables. El piso, de una hermosa madera brillosa y bien cuidada. Las mesas, redondas con manteles blancos y grises. Las sillas, forradas de negro.

Y algunos cuadros abstractos adornaban las blancas paredes. "Lindo…" pensó sorprendida la Haruno, mientras admiraba el lugar. -¿Apellido?- preguntó la chica que estaba en la entrada. –Hatake.- contestó tranquilo el peligris. La mujer sonrió coqueta. –Sigame, señor Hatake.- dijo la morocha mesera que estaba en el recibidor, dándole una mirada llena de sensualidad. "Babosa…" pensó la pelirosa con celos, mientras seguía al peligris. ¿Tan difícil era asociarla a ella con Kakashi y la palabras 'novios'? "No, son tan zorras que eso no les importa" pensó molesta la chica, fulminando con la mirada a la morocha.

Pero, entre tanto comentario mal intencionado para con el resto de las mujeres que osaran mirar con malas intenciones, sucias intenciones a su amado peligris, chocó levemente con la espalda del chico. Un poco aturdida, miró el lugar que la mesera miraba confusa; y si hubiera un destino o alguien que jugara con las casualidades ella lo odiaría. De todos los lugares hermosos en la encantadora ciudad de Tokio… ¿¡Por qué tenían que ir al mismo donde estaban Sasuke y Karin! –Perdón, debe haber alguna confusión…- comentó la mesera, un poco nerviosa. –Sakura, Kakashi…- saludó falsamente dulce la pelirroja. –Hola, Karin…- devolvió igual la pelirosa. –Enseguida les consigo un lugar.- avisó la morocha, mirando al peligris. –Podrían quedarse a comer con nosotros…- comentó 'amablemente' Karin.

Sakura y Kakashi se miraron, negando con la mirada. –No, Karin. No queremos interrumpir su velada.- mintió descaradamente la Haruno, fingiendo amabilidad. –No la interrumpen, al contrario, a Sasuke a mi nos encantaría que se quedaran… ¿verdad, amor?- le preguntó melosamente a su novio, besando su mejilla, mirando en todo momento a la pelirosa. El Uchiha sólo miró a la pareja, para mascullar un 'hmp' aparentemente desinteresado. –Bueno…- titubeó la Haruno, dándole una última mirada al repleto lugar. Suspiró rendida, no había otra opción. Miró al chico a su lado, como pidiéndole perdón… y se sorprendió al encontrar esa pacífica mirada, completamente despreocupada, como si no le importara. Le sonrió sólo a él. Volvió a mirar a la pelirroja, y falsamente le dijo –Gracias…- Karin le dedicó una de sus falsas sonrisas, esas que destilaban burla por todos lados.

Sakura la ignoró, y junto con Kakashi se sentaron enfrente de la 'adorable' pareja. La mesera les dio las cartas, ordenaron -¿Cómo están?- preguntó 'animada' la pelirroja, comenzando con la conversación. –Muy bien.- contestó con una falsa sonrisa la pelirosa. –Me alegro…- mintió Karin, devolviéndola la sonrisa. –Kakashi…- llamó dulcemente al peligris, mirando las reacciones de la otra chica. –Escuché lo de tus padres, ¿cómo están?- preguntó 'preocupada' "Zorra…" pensó molesta la Haruno, matándola con la mirada. –Umm… mejor.- respondió simple el Hatake. –Ahhh… ¿y ustedes? ¿Cómo están como pareja?- indagó la pelirroja, con mala intención que sólo Sakura percibió.

Pero, pero, no iba a dejar ganar a esa arpía ¡Oh, claro que no! Se abrazó al abrazo izquierdo del peligris, y lo miró con ese incondicional amor que le tenía. –Mejor… imposible.- contestó suavemente la chica, regalándole una dulce sonrisa a su chico. –Tsk…- un molesto sonido rompió el mágico momento. Las miradas se posaron sobre el morocho Uchiha, quien miraba 'aburrido' la escena. –Uchiha, parece que tenes algo para decir.- comentó Kakashi, con falso tono amigable. –Tsk…- musitó una vez más el morocho, mirando fríamente al Hatake. Posó su oscura y gélida mirada sobre su ex pareja, mirándola fijamente. –Itachi me contó que te encontró una de esas fiestas a dónde van los empresarios.- le contó con su típico tono de voz carente de emoción. –Sí… fue lindo verlo.- sonrió suavemente la chica. –También me contó que fuiste con tu… noviecito.- agregó con tono burlón, mirando desafiante al Hatake.

Kakashi sonrió de lado, con confianza infinita. –Claro, tengo la mujer más hermosa conmigo…- empezó a decir calmado el chico, abrazando por la cintura a su chica. –Mientras los demás muerden de envidia.- finalizó triunfante, con su vista fija en el del Uchiha. Pero la reacción de Sasuke no fue la que esperó. Sus típicas facciones no cambiaron en nada. Su mirada desafiante no se volvió en una molesta. Al contrario, divisó una casi imperceptible sonrisa de… ¿satisfacción? Quizás… -Bueno, cambiemos de tema.- dijo Karin, hastiada. Pero, al mismo tiempo llegó la cena. Comieron, dentro de todo, tranquilos. Se sentía la tensión entre ambos chicos, así también como la de las chicas, pero no impedía pasar la velada en paz… o en un intento de ella.

De vez en cuando Karin soltaba algún comentario hiriente para con la pelirosa, y Sakura le respondía despreocupada, lo que más molestaba a la pelirroja. Por otra parte, mientras ellas se enfrentaban en el arte del habla sarcástico e irónico, el Uchiha y el Hatake combatían en la compleja batalla de miradas frías y helantes, desafiantes e incitantes, fulminantes y peligrosas. Maquinando en sus cabezas pensamientos sobre el otro, o para el otro, completamente ajenos a lo que pasaba fuera de su pelea. El postre había llegado hacía algunos minutos, y como si fueran máquinas configuradas, ambos lo toman por inercia. Ni siquiera sus papilas gustativas estaban conectadas con sus cerebros. Sus mentes sólo se concentraban en el otro, en el del frente, en esos oscuros ojos fríos o en esos oscuros ojos tranquilos.

-Mmm… estuvo todo muy rico, ¿no?- la voz de Sakura lo saca de su 'transe', y sorprendido mira como firma el recibo de la tarjeta de crédito. –Ummm… sí.- le responde él, una vez que la mesera se fue, guardando la tarjeta en su billetera. "Increíble que haga cosas sin darme cuenta…" pensó el peligris, asombrado por su concentración en la silenciosa pelea que tenía con el morocho. –Ummm… voy al baño, permiso.- dijo tranquilo, poniéndose de pie. Caminó por el salón, esquivando algunos meseros con bandejas llenas de comida o bebida, hasta llegar a su objetivo. Entró en el baño y se lavó las pegajosas manos, siempre que tomaba helado le quedaban así. Se arregló un poco su camisa, despeinó un poco más su cabellera, y luego salió.

Pero, sintió como alguien lo arrinconaba contra una pared cercana. Divisó esos inconfundibles ojos fríos mirándolo fijamente. –Ummm… ¿qué pasa, Uchiha? ¿Te gusto?- le preguntó burlón, sonriendo de lado. –Primero muerto.- le contestó asqueado el morocho. –Sólo venía para informarte algo.- comentó el chico, con un dejo de algo en su voz que no comprendió. –Ummm… escucho.- le dijo despreocupado, mirándolo vagamente. Sasuke sonrió con arrogancia. –Sólo venía a decirte que el papel de noviecito estúpido te sale perfecto.- dijo el morocho con burla. Kakashi juntó sus cejas, molesto. –Digo, porque debes estar consiente de que Sakura no te ama.- explicó seguro el chico, bajo la fulminante mirada del Hatake. Sasuke lo miró 'incrédulo' -¿Me vas a decir que de verdad creíste que ella me había olvidado?- preguntó burlón, sonriendo con satisfacción.

–Es imposible, Hatake.- sentenció seguro el morocho. –Ella jamás va a dejar de amarme.- aseguró, con su helante mirada fija en la del peligris. –Sakura me amó toda su corta vida, ¿pensas que me va a olvidar de la noche a la mañana?- preguntó sarcástico. –Qué ingenuo…- musitó fríamente, negando con la cabeza. –Sé lo que pensas…- le avisó al peligris. –Pero no, Kakashi. Ella sólo puede amarme a mí.- afirmó el chico. –Cuando te besa, lo hace pensando en mí.- contó con maldad. –Cuando te abraza, me quiere abrazar a mí.- continuó diciendo, con veneno en su voz. –Cuando te dice que te ama, me lo dice a mí.- agregó, sin despegar su mirada de la molesta de Kakashi. –Cuando le haces el amor… piensa en mí.- soltó con una sonrisa arrogante. –Cuando gime, lo hace por mí.- siguió diciendo. –Sólo por mí y para mí… Hatake.- lo nombró con burla. –Aceptalo…- dijo, alejándose de él. –Ella siempre va a ser mía.- afirmó con superioridad. –No importa cuántas veces lo niegues, es así.- finalizó, con su asquerosa sonrisa triunfante en sus labios.

Kakashi no le dijo nada, sólo se limitó a fulminarlo con la mirada. Hasta que no aguantó más su asquerosa cara y se alejó, chocando intencionalmente con el morocho quien se reía disimuladamente. Caminó con pasos decididos hasta la mesa donde estaba, para encontrar a la pelirosa jugando con su cabello. –Vamos.- fue lo único que dijo al llegar. Sakura le sonrió al verlo llegar, pero esa sonrisa se borró al ver la dura mirada que él le daba. –Karin…- saludó seriamente el peligris. –Chau, Kakashi…- lo saludó cohibida la pelirroja. La pelirosa apenas y puedo saludarla con la mano a la chica, antes de salir con pasos rápidos a seguir al peligris que se iba sin ella. –Kakashi…- dijo cansada, agarrándolo del brazo para que parar. Ya estaban fuera del lugar, frente al auto de él, y el chico no se volteó a verla. –Entra.- fue lo que le dijo, demasiado brusco para ella. Tímidamente lo soltó y entró en el vehículo.

Escuchó el fuerte portazo que Kakashi dio, asustándose un poco. Lo miró, y antes de poder decirle algo, el chico puso en marcha el auto. Le sorprendió de sobremanera la alta velocidad a la que iba el peligris, y aunque confiaba en sus habilidades conductivas… no podía evitar sentir más miedo. Y de repente, el auto frenó. Miró a su costado, y ya había llegado a su casa. Desvió su vista, para posarla sobre el chico a su lado, pero él ya no estaba ahí. Escuchó su puerta abrirse bruscamente, y la profunda y ¿molesta? Mirada del peligris posada sobre ella. Se cohibió un poco, y salió del vehículo sin poder mirarlo a los ojos. Caminaron en completo silencio por el corto sendero, hasta llegar a la puerta de entrada. –G-gracias por traerme…- las dio apenada, todavía sin animarse a mirarlo. –Ummm…- musitó él, algo raro. Sakura no entendía, no comprendía por qué él estaba así. –Kakashi… ¿p-puedo preguntarte algo?- cuestionó nerviosa, juntando fuerzas y mirándolo a los ojos. Aunque después se arrepintió. Esa mirada profunda y fría aumentó su nerviosismo y el miedo. –Sí.- contestó secamente el Hatake.

-B-bueno… ¿p-por qué estás enojado?- preguntó con prudencia la pelirosa. –Ummm… creo que es bastante obvio.- dijo el peligris, con molestia en su voz. –No lo es… por eso pregunto.- aclaró la chica. -¿Cuándo me lo pensas decir?- preguntó cortante el chico. Ella lo miró confusa. -¿Decirte qué?- cuestionó sin entender. –Que seguís amando a Sasuke.- respondió fríamente el peligris. La Haruno lo miró incrédula. -¿Qué?- repitió shokeada. –Lo que escuchaste, ¿cuándo ibas a decírmelo?- preguntó otra vez el peligris. –Nunca…- dijo ella. –Porque no es verdad.- aclaró segura. –Por favor…- soltó él con sarcasmo. –Lo amaste toda la vida, ¿tan rápido ibas a olvidarlo?- cuestionó cortante el Hatake. La pelirosa lo miró por algunos segundos. -¿Él te dijo eso?- preguntó, empezando a enojarse. –Claro, ¿quién más?- respondió obvio el chico. Sakura soltó una risita incrédula. -¿¡Y le creíste!- exclamó molesta. –Ummm…- musitó Kakashi, mirándola fijo. –Kakashi… ¿dudas de mí?- preguntó ella, rezando para que dijera que no. El Hatake sólo calló, contestándole con la mirada. Ella no podía creerlo. –Es una broma, ¿verdad?- le preguntó, sin querer aceptar la realidad. El peligris siguió sin decirle nada, sólo mirándola.

-Kakashi… ¿de verdad… vos…- no puedo terminar la pregunta, la frialdad con la que él la miraba le partió el corazón. Las lágrimas no tardaron en llegar a sus ojos, y el dolor inundó su alma. –Tendrías que habérmelo dicho antes…- musitó el peligris, con voz apagada. –Tal vez nos estaríamos ahorrando todo esto.- comentó secamente. Silencio. Horroroso silencio. El peligris suspiró cansado. –Sakura, no llores, tal vez… podamos ser amigos, y…- un golpe en su mejilla no lo dejó seguir. Llevó su mano a la zona dañada, sintiendo el ardor y el dolor. La miró sorprendido, ¿no tendría que ser él el que esté furioso porque le mintieron? –Después de todo lo que pasamos… ¿dudas de lo que siento?- le preguntó ella, con dolor en su voz. Él no le dijo nada, se limitó a escucharla. –Después de… de haberte ayudado, de haber abierto mi corazón para vos…- decía entrecortadamente la pelirosa, con las lágrimas cayendo por sus ojos verdes. –Después de… de haberme entregado a vos… en todos los sentidos…- agregó con la voz quebraza. –Después de… de haberte amado… después de todo eso… ¿dudas de mí?- volvió a preguntarle, mirándolo fijamente.

Kakashi no pudo decirle nada… recién ahora podía ver su gran y enorme error. ¿Cómo pudo dejar que Sasuke lo convenciera? ¡Qué estúpido era!-Sakura, yo…- -No.- lo interrumpió ella. –No quiero volver a verte, Kakashi.- dijo fríamente la pelirosa. El Hatake no podía creer lo que escuchó… tenía que ser mentira. -¿Qué?- preguntó incrédulo. –Chau, Kakashi…- se despidió ella, entrando rápidamente en el edificio. El peligris la vio perderse dentro del ascensor, y apretó sus puños con fuerza. ¡Era un reverendo idiota! Había arruinado todo. Todo lo que estaba bien en su vida, y que sólo era por ella, ahora estaba desecho. El mundo se le vino abajo… y el dolor en su pecho era agobiante. Esa mirada y esa voz que ella le dedicó, le partieron el alma en mil pedazos. ¿Por qué tenía que arruinarlo? Ahora entendía, él no servía para el amor. Con pesadez dio media vuelta, y sintiéndose la persona más miserable del mundo se fue a su casa… con el corazón partido.


Lo sé, cortito y conciso... pero no quería hacerlo más largo y TAN dramático.

Creo que dejarse cegar por lo que uno escucha es más fuerte y duele más que cualquier cosa (hablando de una pareja, claro)

Nos vemos!