Bueeno, este es el penúltimo capítulo. Recordad que el capítulo 20, titulado "La guerra de...", ya está publicado, y recomiendo leerlo, ya que es uno de mis favoritos y bastante importante, además si ya habéis leído 19 capítulos... que son muchos y largos, por uno más no pasa nada jaja, o también podéis leerlos el resumen y lo entenderéis todo. Disfrutad : )


Esto es lo que pasó en NMU:

Sam intentó ayudar a Blaine a superar sus ruptura, pasando más tiempo juntos. Su padre ha conseguido un nuevo trabajo, y Sam espera que lo acepte, y se peleó con el padre de Blaine para defenderle, dejando a su madre suspicaz sobre la verdad de todo, que algo se huele, y normal, ya que Blaine y Sam pasaron a mayores.

INOBTANIUM

LLEVABA despierto un rato, no recuerdo cuánto estuve mirando al techo, pestañeaba para aclararme la vista, me pasaba la palma para limpiarme la cara, con el índice y el pulgar frotaba los extremos de las cuencas de mis ojos, mientras Blaine seguía suspirando a mi lado, con el peso de su cuerpo apoyado en su lado izquierdo. La luz de fuera entraba, haciéndose un hueco como podía por donde pudiese.

Lo de ayer había sido bastante épico, el tipo de épico de películas de acciones mezcladas con las cursis de amor. Sonreía al cielo. Soy un adolescente y lo de ayer puso el listón muy alto. Mucho. Mis relaciones nunca habían sido lo bastante serias como para que ocurriesen más que besos. Tenía que dejar de hacerme el tonto y poder decir en alto que "Te gusto." le dije mirándole a los cerrados párpados, "Te gusto.", le dije mirando a su calmado y latiente pecho.

-Mucho.

Le miré a los ojos en cuanto oí su voz, arqueé las cejas.

-¿En serio?

Me respondió levantando el cuerpo, humedeciéndose los labios con la lengua y ejerciendo una presión instantánea sobre los míos. Lo repitió arrejuntándose más a mí, sintiéndole de nuevo.

-Oh, me tengo que lavar los dientes.

Se sentó a su lado de la cama y se iba a colocar las pantuflas cuando estreché mis brazos alrededor de su pecho y le susurré al oído que se quedara. Después le fui hablando hasta llegar al cuello, en donde mi boca ya gritaba sobre su piel. . Le arrastré de nuevo a la cama y con su pequeño cuerpo subió de nuevo. Cogió carrerilla cuando volvió a besarme, esta vez más fuerte. Solo podía pensar en que esto me encantaba, las babas pueden dar asco cuando duermes o cuando ves a dos extraños comerse las bocas, pero nosotros ni estábamos durmiendo, ni éramos dos extraños. Mi espalda tocaba la cama y mis manos se querían hacer un hueco en la suya. Me preguntaba si Blaine disfrutaba igual que yo, si no lo estaba fingiendo. No nos quitamos nada de ropa, porque parecía que no hacía ni falta. Su respiración entrecortada fue suprimida por el despertador, lo apagó con el índice, y con el mismo empezó a hacer círculos sobre mi pecho, hasta parar para punzarme.

-¿Por qué eres tan sexy?

-Tienes un mal concepto- habíamos parado, bueno, paro él. Se estiró en la otra parte de la deshecha y arrugada cama. Se giró hasta enfrentarme, y frunció el ceño, subiendo una ceja.

-No creo. Vamos, te haré el desayuno- me informó tras bostezar, cerrando los ojos como un pequeño león.

El ambiente en la cocina transmitía paz, un halo de conformidad entre los dos. No creo que mucha gente disfrute un desayuno así como en la casa de los Anderson.

-¿No vamos a hablar de esto?- di el tercer o cuarto mordisco al croissant.

-¿Están ricos, eh?- creo que no me había entendido, porque seguía sonriendo.

-Blaine- incliné la cabeza, lo había captado pero se hacía el loco, la sonrisa se esfumó.

No sé cómo lo hizo pero logró esquivar todas mis preguntas. Pero sí, el desayuno estaba muy rico, incluso el poco café que me atreví a probar por consejo de él. Subimos a ponernos nuestra ropa y quedamos en que me llevaría a casa, el ambiente era extraño, no malo, diferente, como si ahora que ha pasado esto estuviera esperando a que él diera el siguiente paso, el paso a algo más, o yo, que lo diera yo.

Las idas y venidas en el coche de Blaine ya eran un clásico, era como lo nuestro.

-¿Puedo cambiar de emisora? Han sonado como tres seguidas y solo te las sabías tú…- afirmé como si estuviera enfadado.

-Todo tuyo- tenía la vista concentrada en la carretera.

perfect person

There's many things I wish I didn't do…

-¡Oh, deja esa! Amo esta canción- apretó con más ganas el volante y no parecía tan escéptico a mi cambio de la radio. Empezó, primero a tararear y luego a cantarla.

I never meant to do those things to you

And so I have to say before I go

That I just want you to know

-¡Vamos! ¡Canta conmigo!- me dijo colocando su palma derecha en mi mano izquierda, tampoco me la sabía muy bien, pero lo intenté.

I found a reason for me

To change who I used to be

The wisdom to star over new

And the reason is you…

Tenía la voz más aguda que Blaine, creo que era la primera vez que "cantábamos" algo juntos. Él ya se había callado (aprovechaba siempre la oportunidad para cantar) y su euforia se había pasado, pero a mí me venían olas de letras en medio de tanta confusión de palabras, me soltó la mano y seguí.

I'm sorry that I hurt you

It's something I may live with everyday

And all the pain I put you trough

I wish I could take it all away

And be the one who catches all your tears

Blaine iba echándome un ojo de vez en vez, no me atrevía a mirar mientras balbuceaba la letra. Me fijé que para ser un día de verano el tiempo no estaba en harmonía a la fecha.

Me bajé del coche, nos despedimos, entré a casa y tenía planeado darme una ducha caliente, muy caliente.

-Sam, ven aquí, ¿qué has hecho?

-¿Eh? Nada. ¿Qué he hecho?

¿Por qué me hacía tantas preguntas de repente? ¿Por qué?

-Tranquilo, tu padre se ha llevado a los niños al parque ¿Has desayunado?- afirmé-. Entonces, ven, siéntate conmigo- hizo un espacio en su cama-. Y cuéntame qué has hecho- cerró los ojos y agitó su cabeza con templanza-. Soy tu madre.

Tiré la mochila sobre mi cama y me puse a su lado.

-Nada, en serio. ¿Por qué crees que siempre pasa algo?

-Porque siempre te pasa algo, Sam, no me mientas. Te voy a hacer una limonada a ver si así se sueltas esa lengua- ¿por qué me guiñaba el ojo? ¿Olía a sexo o algo? ¿Olía a Blaine? ¿Cómo sabía mi madre cómo olía Blaine? Finalmente me trajo un vaso de limonada, me la tomé a pesar de no tener sed-. ¿Vas a hablar o no?

-Vimos unas pelis juntos y nos fuimos a dormir, fin.

-Recuérdame las últimas escenas, a ver.

-Puedo hacerte hasta imitaciones- le dije serio-. Pero no lo voy a hacer- me levanté de su cama-. Y no lo voy a hacer porque tengo cosas que hacer…

-Como…

-Como encontrar cosas nuevas que hacer durante el verano, puedo conseguir otro trabajo, no sé, algo, un lugar donde no me hagan tantas preguntas- tenía el pomo de la puerta en la mano, cuando la abrí y aparecieron tres rubios.

-¡Sammy!- me saludo Stacey y me dio con un ramo de flores en toda la cara-. Son para ti.

-Hijo- me dio una palmada en el omóplato mientras Stevie se dejaba caer sobre la cama y mi madre colocaba sus zapatos-, ¿te pasa algo? Estás raro…

Oí cómo mi madre se reía y vi de reojo cómo se puso la mano en la boca.

-¡No! ¡Estoy bien! ¡Mejor que nunca, de hecho!

-¿Qué tal el chico?- que me quedara en casa de Blaine ya no era nada nuevo. Aunque pareció perder todo el interés, ya que iba a servirse un poco de la limonada de la jarra.

-Oh, bien, os manda saludos- le dije a los niños-. Sí.

-Dwight, ¿no te parece que ese tal Blaine es de lo más encantador? Está con Sam, a veces viene y le ayuda a cuidar a los niños, y cuando le dio clases, si no fuera por él.

-Es que lo es- respondió mi pequeña y lista hermana con su limonada en la mano. Yo no me creía ya nada de lo que ocurría, me senté junto a mi hermano. Él, simplemente, me guiñó el ojo.

-Está bien que tengas tantos amigos, a tu edad yo no tenía tantos, solo algunos del instituto, ¿sabes? Y poco a poco los fui perdiendo porque se iban con chicas, eso a mí no me gustaba…

-Porque ya tenías a mamá- dije casi sin pensar-, o sea que ya estabas atado, quiero decir, que, que…- mi padre se metió al baño después de lanzarme rayos por los ojos y mi madre buscaba la bata de trabajo en la cómoda.

-¿Blaine tiene novia, Sammy?

-Obviamente no ¡tonta!- Stevie le tiró una almohada de la cama. Lo iba a dejar pasar, como si esta conversación no hubiera ocurrido, casi como Blaine.

-Bueeeno, yo me voy a dar una ducha- les dije a ellos.

Mi padre ya había salido del baño y cogía de la cintura a mi madre. En las buenas y las malas. Cómo soportaban tanto, no podría, pensé, luego pensé más, y sí que podría con el amor de mi vida al lado y por mis hijos. A veces pienso que mi yo divagaba entre adolecente cachondo y padrazo con instintos protectores.

-¿Tú no te ibas a la calle a "buscar mejores cosas que hacer donde nadie te pregunte nada"?- dijo ella después de darle un beso en el mentón. Aunque hay que decir que a veces eran un poco incómodos. Menos mal todavía no había oído si hacían cosas cuando todos dormíamos.

-Exactamente- cogía ropa limpia- y como a nadie le gusta un cochino, tengo que dar buena impresión.

Esta vez fui yo quien guiñó un ojo.

El agua se deslizaba sobre mi piel, el vapor llenaba el pequeño cuarto de baño mientras me enjabonada, y solo pensaba en ayer, en lo épico, en el tacto de Blaine sobre mí, en sus labios, en su sabor, en cómo me hacía temblar… acabé pronto, salí y el espejo y los azulejos estaban empañados, ¿por el vapor o por mí? Seguía dispuesto a, como dije, buscar algo nuevo que hacer.

TAMPOCO TENÍA que estar ocupado todo el día, podía estar en mi cama durmiendo, pero eso era difícil con cuatro personas más en la habitación. Lo que más a mano tenía era Blaine, él era mi diversión y yo la suya, lo pasábamos bien juntos, tanto como amigos como… lo épico.

-Qué guapo- le dije al agacharme para verle por la ventana del conductor, ese día su voz por el teléfono parecía más serena, más conciliadora. Incluso su aspecto me transmitía paz, estaba realmente apuesto.

-Tú también,- se acercó a darme un beso en la mejilla- espera- me aparté para dejarle salir.

Íbamos a entrar a mi pequeña "casa" cuando vimos que mi madre y los niños salían por la puerta. "Pasadlo bien." dijo ella y se marcharon después de saludar a Blaine. Le ofrecí un poco de limonada, mi madre seguía haciéndola, a lo mejor pensaba que el limón tendría un efecto de la verdad en mí, aunque mi experiencia con limones era larga… Dejó el vaso y nos acomodamos en mi cama, estuvimos con tonterías hasta que se hizo un poco de silencio, solo un poco porque oía a Blaine zumbar con la cabeza gacha, la alzó y sus pupilas empequeñecieron al contacto con la luz, en un respiro le tenía encima de mí, con sus brazos a mi alrededor y su cara pegada a la mía. Mis ojos se enardecieron, podía acostumbrarme a estas amables mariposas en el estómago. Era todo tan rápido, no podía pararme a pensar, pero eso no evitaba que estuviera pendiente de la puerta, el trabajillo de mi padre no tenía horarios fijos, podía aparecer en cualquier momento ¿por qué me excitaba más? Acabé yo encima de Blaine, succionando, casi, su cuello, él con sus manos bajo mi camiseta. Empecé a reír y me preguntó el porqué, dije que me hacia cosquillas, entonces con sus dedos cubrió mis pezones y dejé de reír, "Já" soltó él.

Nunca he sido un adolescente que solo piensa en sexo, pero últimamente me pasaba los días cachondo, bastante caliente, incluso había vuelto a tocarme, hacía meses que no lo hacía, pero solo pensar en Blaine, en su… todo, me ponía a cien. Y ahora lo tenía debajo, para mí, solo para mí. Aparté mis labios cuando oímos el sonido de la puerta…

-¡Blaine!- salté de la cama como un gato y me acerqué a la puerta a zancadas. Miré atrás para comprobar que Blaine estaba presentable, abrí la puerta como si fuera un angelito, no había nadie-. ¿Hola?- dije sacando la cabeza. Nadie –. Qué raro, ¿tú también lo has oído, no?

A lo mejor fue la señora Levine, o el vecino rancio que tenemos. Cerré la puerta y me senté a su lado, se había quedado mudo y con la mirada fijada en la puerta.

-¿Blaine? ¿Estás bien?

Pasó su mano por mi mentón.

-Sí, solo que me he asustado un poco, he pensando que era tu madre, o tus hermanos, o tu padre y me he asustado…- repitió, estaba ido.

-¿Siempre podemos decir que el moretón de tu cuello fue haciendo ejercicio?

- Acabo de recordar que tengo que pasar por el centro, un Kodak, mi padre me mandó relevar unas fotos de una cosa suya, tengo que irme- se levantó de la cama, colocó las llaves del coche en su bolsillo y se acercó a darme un abrazo.

-Pero… Vale, pero, ¿estás bien?- le dije a la nuca- ¿Puedo ir contigo?

-Es que el de la tienda es amigo de la familia y no quiero que causemos más sospechas con mi padre. Pero tranquilo, Sam. Yo-yo te llamo.

No sabía qué había hecho mal ahora, o a lo mejor fue el "susto" de la puerta. Aaah, estúpido y sensual Blaine Anderson, por qué era tan incomprensible y a la vez tan sexy. Me eché en mi cama "a tratar de no pensar" en esto y centrarme en otras cosas de mi vida, pero es que mi vida era una mierda y de todo menos interesante, y como siempre soy el amigo al que los demás le cuentan los problemas y el que nunca cuenta nada, principalmente porque ya tiene bastante con lo suyo, como Quinn, no tenía a nadie con quién compartir esta angustia, este chirriar en mi interior. Tenía a Mercedes, pero era muy temprano para comentarle estas cosas, y a mi madre ni loco. Además me había dejado con el calentón. Quería hablar, ya no una respuesta, sino unos oídos, alguien.

EL MOÑO y las gafas, fue lo primero que vi en el despacho de la doctora Bauer.

-Así que el tal Blaine y tú habéis pasado a mayores, oh- dijo la Bauer como si fuera el mayor cotilleo del año-. Por cierto, sigues muy guapo pero deberías cortarte el pelo, Sam.

-Estoy en ello… y sí, a mayores pero no tanto TANTO- le aclaré, su perfecta boca formó un círculo, seguía asintiendo mientras me trajo un vaso de zumo para mí y uno de café para ella ¿Por qué a todos les gustaba tanto el café?-, y estoy hecho un lío.

-Ya sabes que siempre me tendrás aquí- pasó su mano por mi hombro y le sonreí de vuelta-. No soy psicóloga pero.

-Lo sé, pero es la única persona a la que se me ocurría recurrir, y usted sigue muy guapa con el moño, tan alto, siempre, bueno…

Tres tazas de café y dos de zumo después…

-Vaya, ¿has pensado en buscar chico por internet?- negué, no tenía Internet- Mmm, difícil lo veo, con todo eso de su ex y tú, aunque, aunque- me señaló con el dedo levemente-, aunque, si bien es cierto que la amistad es como ser enamorados sin la "buena" parte de eso, también cabe la posibilidad de que te esté usando par…

-Blaine nunca haría eso.

-Bien, pues opción descartada, entonces me decanto por la primera, tú estás hasta los huesos, y él, quizás, también por ti.

-No creo que se sienta como yo, siendo sinceros- se quitó las gafas y volvió a su asiento detrás del escritorio-. Él cambió mi mundo por completo, y ahora me evita, se va, no sé.

-Cierto, creo que voy a hacerme otra taza- se levantó.

-No hace falta, creo que esta "sesión"- dije con los dedos en comillas-, me ha ayudado bastante, al menos me has, ha oído.

- Por favor no hagas las comillas con los dedos, me pone de los nervios- asentí-. Y tutéame- le miraba a la cara ya que se había acomodado frente al escritorio, me cogió la barbilla y sacudió levemente-. Cuídate mucho.

Estaba saliendo del edificio cuando una mano y una voz agitada me hicieron parar.

-¿Y Quinn?

Y eso mismo me preguntaba yo, le conté el drama en dos cafés, uno mío.

PERO SABÍA donde sí la encontraría.

-Dicen que la religión está pasada de moda- le dije apoyándome en el reclinatorio aquella mañana en una iglesia vacía.

-Dicen lo mismo del amor- dijo enseñándome los dientes-. Ven- Me dio un beso.

-Se te ve mucho mejor, Fabray- cerró los ojos para seguir con sus oraciones.

La iglesia tenía unas ventanas que dejaban entrar una cantidad considerable de luz, además de unas velas en los costados de la nave. Con un retablo sencillo y armonioso enfrente.

La acompañé a casa.

-Me siento oída, y hasta con paz, allí arrodillada. ¿Crees que Dios me escucha?

-Si lo hace conmigo, supongo que contigo también- me aparté un poco el flequillo de la sudada frente mientras solté aire-. ¿No somos tan malos, no?

-Eres un ángel, Sam, no sé cómo pude hacerte eso- abríamos el cajón.

-No pasa nada, así es como tuvo que hacer, yo tampoco me porté muy bien contigo que digamos- resoplé-. A veces me paro a pensar en cómo sería mi vida si no hubiera cambiado nada en estos meses.

-Más aburrida, seguro- me sacó la lengua-. Es broma. Lo mismo me pregunto, no siempre, para no martirizarme. Aunque hubiéramos sido la mejor pareja, definitivamente- paramos en un semáforo.

-A veces hay etapas en la vida que son como semáforos- ya me miraba raro-. ¡No te rías, en serio! Es como una luz parpadeante ámbar, esperando a que llegue la verde, algo bueno, o la roja, no tan bueno, ¿entiendes?

-¿Te lo acabas de inventar?- asentí mientras cruzábamos la calle.

CUANDO ME duchaba y me quitaba la camiseta podía apreciar que las rocas de mis abdominales se convertían en arenilla, normal, con la comida que nos permitíamos, y yo sin poder ir a algún gimnasio. Así que seguía con mi footing y mis carreras en el parque, acababa agotado (que era lo que esperaba) y me dejaba tiempo a solas, pensaba mucho, le daba mil vueltas a las cosas, y el aire fresco, y la sombra de los árboles me hacían razonar mejor, creo. Seguía pensando en utilizar mi verano en algo bueno, en algo que me haga sentir bien conmigo mismo, como el glee club, pero sin los del club. Pero quería darle algo al mundo de mi parte.

Llegué al comedor en relativamente poco, la zona en la que vivíamos no era precisamente de las más pudientes, por eso estaba cerca. Pregunté a un chico, que "amablemente" me atendió.

-Me presento voluntario- al chico moreno tras el mostrador.

-Esto no son Los Juegos del Hambre- irónico para estar en un comedor social. Su tono era hostil, no como su cara, su tez estaba morena, había tomado mucho el sol, parecía una naranja. Me ofreció un papel que cogí rápidamente- Toma, rellena esto.

-Vale, ¿pero qué son Los Juegos del Hombre?- Le dije mirando a sus ojos marrones.

-Hambre- le había oído bien, solo quería que se relajase. Tenía el libro en una estantería trasera-. Un libro muy bueno, que deberías leer, aunque tranquilo van a sacar la peli.

-Claro.

Terminé de rellenar la hoja y se la acerqué a Don Mandón.

-¿Eres zurdo?-asentí-. Muy bien…-Ojeó mi formulario, me dio un poco de vergüenza porque mi letra era tan mala que las h preferían quedarse mudas, tan mala como mis chistes-. Sam…, bien, luego pasaré esto a Sabrina, la jefa- me miraba y asentía, pero yo me quedé mirándole, claro, tenía que irme, sí.

-Vale, será mejor me que me vaya, gracias Don Mand… ¿cómo has dicho que te llamas?

-No lo he dicho…- Parecía un poco perdido con su propio nombre- Me llamo… me llamo Peeta, encantado.

Era un nombre que no había oído en todo el condado, sería de algún sitio moderno y guay como New Jersey o San Francisco… Di la mano a Peeta y me fui con una sonrisa porque ya tenía un nuevo propósito, ayudaría a gente en mi situación y hasta peor que la mía.

LOS PRIMEROS pestañeos siempre son los que menos cuestan, los que cuestan dar son cuando ya estás consciente de que estás despierto. Di los primeros, los que no cuestan y vi dos sonrisas blancas como la nieve de pelo como el sol.

-¡FELIZ CUMPLEAÑOS SAMMY!

Desayunamos ensalada de frutas con yogurt, de mis comidas favoritas. Después me dieron los regalos, perfume por parte de mi madre, para variar, Stevie, un dibujo que había hecho y Stacey me regaló un bote con los dientes de leche que ya se habían caído…

-Uau, gracias Stacey, mmm, me encanta- tenía una sonrisa genuina en la cara-. Muchas gracias a todos. Es más de lo que puedo pedir.

-Todos no, falta el de tu padre- se giró y cruzó los brazos-. Dwight…

-Porque el mío es más sorpresa aún.

Me metió al coche con una venda en los ojos. El secretismo me mataba por lo que no paraba de decirle opciones, pero era un hueso duro de roer. ¿Me estaría llevando a un prostíbulo? He oído que muchos padres llevan a sus hijos cuando son mayores para que pierdan la inocencia, además él no haría eso, no es especialmente de su agrado. Salí del coche y me quité la venda demasiado rápido, de repente estaba flotando en el tiempo y el espacio, hasta que mi padre me puso las manos en los hombros.

-Tranquilo, vaquero.

No me llamaba eso desde una eternidad y media. Usé la derecha como sombrilla y siseé en forma de risa. ¿Qué hacíamos en medio del campo?

Sacó dos armas de caza enormes del coche.

-No…- le dije mientras se acercaba.

-Vamos, vaquero, amas esto- dejó las armas en su correspondiente mochila y la dejó tirada en el suelo-. Quiero hacer algo con mi hijo por una vez.

¿Me estaba abrazando? ¿Mi padre?

-Vale- le dije con entusiasmo en la voz y poco coraje en la mirada.

Lo que cuesta entender a muchos padres es que a veces sus planes no nos gustan, que no tenemos ni la mínima intención de hacerlo, pero lo hacemos porque es lo que los buenos hijos hacen.

-Así que el tío, casi tartamudeando me ofreció lo del trabajo, podemos volver a tener una casa normal. ¿Quieres eso, verdad?

-Sí, por supuesto- nos habíamos puesto ropa más adecuada. Andar por el medio del bosque, crujiendo hojas y ramas y con unos zapatos de calle no es muy buena idea-. Sería perfecto, de hecho.

Me lo imaginaba casi.

Luego me habló de la táctica que seguiríamos. ¿En serio esto me gustaba cuando era pequeño? Porque lo que sentía ahora era ganas de vomitar e irme a casa con mi perfume, mi dibujo y mis dientes. Caminaba al lado de él, mirando hacia arriba para poder verle los ojos, estaba concentrado al frente, era fuerte y alto, era mi padre, y no quería quitarle la ilusión o lo que fuese que tuviera en mente. Estaríamos a unos veinte metros de un lago, preparó todo, las armas, las balas, alguna trampilla. ¿Qué quería cazar?

-Lo que encontremos, venga, vaquero, concéntrate- se arrodilló en el suelo.

-¿Seguro que es legal?

-¡Ven ya!

Cogí el arma y me acerqué a él. Fueron unos veinte minutos largos, apuntando a la nada, no sabía aunque el hombre me instruía cada dos por tres, cómo hacer esto, cómo lo otro, y simplemente no quería.

-Papá…

-Shhh, vaquero, vas a espantarlos.

-¡No hay nada!- tiré el caliente arma y acto seguido me quité los guantes que llevaba.

-A lo mejor no hay nada porque no paras de refunfuñar, ¡siéntate!- me asió del brazo e hizo que me cayese-. ¡Sam!

Me gusta pensar que todo lo que me pasa es cosa del azar, porque no veo normal que cada semana me haga daño. Pero esto había sido culpa de mi padre.

-¡AH!- Grité cuando mi muslo chocó contra mi arma.

-¡Sam!- se acercó a mí, estaba en el suelo, y lo primero que hice fue empujarle con la pierna que tenía bien, como un acto reflejo, como si quisiera protegerme, no quedarme quieto. Pero a pesar de empujarle no se enfadó, seguía preocupado.

-¡Todo esto es por tu culpa! ¡Por tu mierda de idea!- estaba gritando el dolor y por el dolor.

Me levanté a duras penas con el hombre contemplando cómo me ponía en pie. Y aunque viera que estaba cabreando, mi boca quería soltar la mierda, probablemente la que llevo guardando desde el día uno.

Todos los años sin hacerme nada! ¡Vas y haces esto! ¿En qué mente cabe? Llévame a casa- empecé a caminar, el dolor del muslo se trasladaba a la garganta-. Cómo eres tan inútil- mascullé; este no era yo, pero tenía mi voz-. ¡Vamos! ¡Llévame a casa!

Recogió las cosas mientras yo me encaminaba a donde aparcamos el coche. Supongo que no soy tan un buen hijo.

Se quedó mudo en todo el viaje, pero con la misma mirada de cólera.

Llegamos a casa sobre la partir de ahí todo fue tensión. En casa de mi tía Mery harían una pequeña reunión. Mi madre me ayudó con la pierna.

-Pero te encantaba acompañar a tu padre.

MI TIA Mery me recibió con los brazos abiertos, se había apartado un poco el moreno flequillo a la derecha, creo que estaba más emocionada por que mi padre no fuera. Empezó a echar pestes sobre él, y hasta encontraba un poco de razón en lo que decía. Samanta me dio su regalo, era un libro titulado 'El sinsentido del sentido o el sentido del sinsentido' de un tal Paul No-sé-qué. Era raro, muy a lo Samanta, ya tendría algo que hacer cuando me aburriera en el baño.

Obviamente seguía cabreado pero esta gente se había esforzado en hacerme algo. Me cantaron el 'cumpleaños feliz' con una tarta decente, y hasta con el marido de mi tía, John.

-Toma, chico.

Depositó en mis manos sin mucha gracia unas llaves.

-¿Unas llaves?

-Tu nueva camioneta- dijo emocionada mi tía que estaba a su lado, hasta vi a Samanta sonreír.

Me quedé boquiabierto hasta después de ver la camioneta. Estaba hecha un desastre pero era… mía. Resulta que pertenecía a John, dejó de utilizarla porque no funcionaba muy bien desde hacía unos meses, pero consiguió hacer un buen apaño ya que hasta mi familia en Kentucky había colaborado para mi regalo, para piezas y el taller. Yo les importaba.

Igualmente, era un sueño hecho realidad ¡mi propio automóvil!

-A ver, Sam, atento, porque esta preciosidad tiene historia- me dijo que bajara del coche; estábamos los dos solos-. Me compré esta Chevy cuando tú todavía no sabías ni deletrear Chevrolet.

A lo mejor todavía no lo sé.

-El coche tendrá medio siglo, más o menos, compré uno antiguo porque sus piezas son más fáciles de encontrar, o fue lo que me dijo el del taller, ah, la segunda generación- dijo golpeando el capote-. ¿Te gusta el color? Le falta una o dos manos de pintura, pero vale- era azul más bien oscuro-. Las ruedas se mantienen, te iba a decir como nuevas pero no…-soltó un carcajada.- Tu abuela dice que los hombre hacen coches y que los coches les hacen hombres- se encogió de hombros.- Por eso pensó que era una buena idea dártelo.

Creo que nunca en toda mi vida había interactuado tanto con John, mi tío. Accedió a darme clases prácticas y alguna teórica hasta que pudiera pagar para sacarme el carnet, no tenía mucha idea de conducción, pero no me daba miedo, que ya era un gran paso.

Subimos de nuevo y todos me dieron un abrazo por mi sorpresa, la fiesta improvisada siguió cuando Samanta sacó un karaoke y acabamos cantando, incluso. Entre risas y abucheos nos pasábamos el micrófono. Recibí unos mensajes de felicitación del Glee Club y me alegró bastante, no pensaba que se acordarían, casi podría decir que no recuerdo ni haberlo comentado.

Cuando mi padre apareció, con un aire a calmado, nos saludó, me entregó una caja de bombones y se unió a las charadas. El pobre hombre parecía hecho polvo… como mi muslo.

Me dejaron dormir en el sofá de mis tíos, ya que por la mañana a primera hora me daría la primera clase, antes de lavarme la boca me comí algún que otro (8) bombón.

-Sam…

-¡Samanta, joder! Avisa cuando estés cerca- dije llevándome una mano al pecho.

-¿Podemos…?- hizo líneas en el aire en dirección al sofá/mi cama.

Asentí, ¿de qué querría hablar la rubia?

-No hablamos mucho. Sí- se la notaba nerviosa, lo dijo nerviosa.

Se empezó a pasar las manos por el pelo mientras yo me aferraba a los cojines del sofá y me balanceaba lentamente.

-Umm, la verdad es que me da mucha vergüenza- y esta había sido la conversación más larga en años-. Y…

-Lo siento, tengo que cogerlo- me levanté rápido y salí de la casa, dejando la puerta medio abierta, como la boca de Samanta.

-¡Felicidades!- me dijo por la otra línea-. ¡Feliz cumpleaños!

Me extrañé porque de repente pensé que era como si a cada persona cada año le felicitaban por seguir vivo, por no morir.

-Muchas gracias, podrías haber llamado antes.

-No quería molestar la celebración con tu familia- empezó a repiquetear- tengo tu regalo…

-¡Dime que es la nueva canción de Justin Bieber!- canté-. ¡Never say never!

-Ah-Ah, tendrás que descubrirlo tú en cuanto vengas. ¿Te lo has pasado bien?

-Muy bien la verdad- si quitas la primera parte. Refunfuñé mientras reía-. Muy bien, es extraño.

-Ahora tenemos dos años de diferencia, yo 15 y tú 17…

-¡No me hagas sentir mayor! Además, tú los vas a cumplir en unos meses, no te engañes, Blaine.

-Me has pillado- hubo un corto silencio en el que pude oír cómo abría la nevera y sacaba algo, una botella de agua, a lo mejor-. Quiero verte, Sam.

Tras la primera clase con mi tío, él conducía, me llevó al motel en la camioneta. Me despedí con una sonrisa, y él con un restriego en el hombro. Al entrar me encontré dormidos a todos aún, excepto mi padre que se preparaba para el trabajo.

-Samuel, ¿podemos hablar?, por favor.

-No.

Tras una rápida ducha, y una charla sin profundidad con mi madre, salí al sonido de la bocina de su coche. Le hice un resumen del día, mis regalos, la camioneta, incluso de la rara de mi prima.

-¿Cómo aprendiste a conducir? Eres muy joven- cambiaba el dial de la radio.

-Me pagaron la autoescuela, Sam, y mi padre tuvo un poco que ver, ya sabes…

Paré la emisora y la dejé.

I'm a man of means by no means

'cause I'm king of the road

King of the road.

I'm just king of the road

I know every engineer on every train

All the children and all the good names

Every handout in every town

And if it's locked it ain't locked if no-one's around

I say…

-Me encanta tu lado country, Sam.

El señor Anderson estaba ahí, en el salón, colocando papeles en su maletín. Blaine le informó de mi llegada, simplemente se acercó a la salida saludándonos. Encogí los dedos de los pies al sentir que caminaba a nuestro lado.

Hizo que cerrara los ojos, me encontraba en medio de su habitación frente a su cama. Me cogió de la cintura, ¿para un beso? No, me acercó un poco más a él y abrí los ojos, según pidió.

-¿Avatar?

Me lo había regalado por mi cumpleaños en Blue-Ray con muchos extras y todas esas cosas, que pude ver tras examinarlo y agradecerle.

-¿Recuerdas que te dije que nunca la había visto? Estaba pensando que podríamos verlo juntos, ahora…

-¿Ahora? Espera, ¿sabes que no tengo Blue-Ray, verdad?

-Viene un CD para DVD's normales, tranquilo. Ahora vuelve a cerrar los ojos. Este por ser el mejor amigo que puedo tener- plantó sus labios entre mi mejilla y el mentón derecho. Ni parpadeé-. Por estar conmigo- En el izquierdo, abrí los ojos, contemplé su genuina mirada, sus enormes pupilas, con su barbilla alzada, y sus cejas divagando en su frente-. Esta porque me gustas, mucho.

Ya estaba emocionado cuando el logo de la Fox aparecía en pantalla. Sería la séptima vez que la vería. Magia pura. El destino era Pandora. En su enorme sofá había más que espacio para los dos y hasta para su padre, las ventanas cerradas y las persianas corridas. Y con el aire acondicionado. Era como estar en el cine porque la pantalla era grande.

-¿Te imaginas vivir en un mundo así?- preguntó Blaine.

-Me molaría mucho. Yo sería como Jake.

Decía los diálogos en mi mente y no en alto porque no quería molestar a Blaine.

-Aunque parece que valen más los efectos que la historia que quiere trasmitir- dijo todavía al principio.

Blaine se asustó cuando Jake tocó las plantas rosas, era muy gracioso. Era de noche y él estaba solo. Ella apareció.

-Tiene corazón fuerte sin miedo pero estúpido ignorante como un niño- me reí al imitarla.

-Creo que es amor a primera vista. A ella le gusta él… - dijo Blaine

-Es impresionante lo que se puede hacer con un ordenador- dijo cuando llegaron a las montañas flotantes y se montó en ese caballo volador.

Ya empezaba a entender a Blaine, comentaba cada cosa que le llamaba la atención, diría que me incomoda, pero me sé la película entera así que…

-¡Oh Dios mío!

-Ahora estoy contigo, unidos para toda la vida.

Se escurrió las mangas por los extremos de sus ojos, lo vi aunque pensara que no lo hacía. Tras la muerte de Grace, Blaine se quedó pegado al cojín del sofá. Durante la batalla final no paraba de mover las manos, sentía la película tanto casi como yo, le entendía. Era curioso verle tan metido en ello, siempre tan apasionado, tan él. Se pasó básicamente con la espalda inclinada y las manos en la boca, con los ojos deslumbrantes y muy abiertos durante el final. Entonces Jake abrió los ojos.

Y fue cuando me di cuenta de que no había parado de observarle durante toda la película.

Le ayudé a recoger todo, tras eso abrimos las ventanas y subimos las persianas

-Pasar el día contigo ha sido el mejor regalo.

-¿Mejor que los dientes de Stacey?

-No, pero puede mejorar.

Entonces esa mirada apareció, no la lasciva sino la afectiva. Simplemente nos acomodamos. Colocó su cabeza bajo mi barbilla y su espalda contra mi pecho, pasé mi brazo por su lateral, dejando mi mano derecha cerca de su mejilla.

Paramos a los cinco minutos porque hacía muuucho calor.

En la tarde salimos a dar una vuelta por su barrio (residencial completamente), era como esos barrios que se ven solo en televisión, con jardines más verdes que el verde, fachadas multicolores y con alegría en cada rincón. Fachada al fin y al cabo.

-Hay un cine de verano, lleva una semana abierto, podemos ir- dijo dando otro pequeño mordisco a su helado-. Aunque es de noche.

-Oh sí, podría llevarnos yo mismo con mi camioneta, cuando aprenda a conducir, claro.

Vi cómo en su cara se iba cosiendo una sonrisa, que veía cada vez más, dejando de lado las tristes comisuras y las depresivas arrugas, con menos hinchazón en los ojos y menos sangre inyectada. Habíamos vuelto a dejar todo el tema de Kurt a parte, como el tema de la cama.

-Umm, Sam, me preguntaba, si estás libres, claro, si podrías…, es que voy…

-Blaine, las palabras.

-Sí, me preguntaba si vendrías a verme actuar el próximo viernes a un pequeño evento, es una tontería que organiza el barrio, ya sabes, cosas de snobs aburridos, entendería si no quieres venir porque no conoces a nadie y a lo mejor te aburres.

-Vale, ¿a qué hora?

-Oh- reaccionó pensando en que había sido más fácil de lo que pensaba, como si nunca fuera tan fácil con otras personas-. A las cinco.

-Joder, ¿recuerdas lo del voluntariado?- asintió serio-. Tengo que estar ahí hasta las seis, mierda, voy a intentar cambiarlo.

-No, no, no es que sea tan importante como lo tuyo, no lo canceles.- Y no me miraba.

-Pero…

-No es tan importante, Sam.

Blaine era tan correcto siempre, pero malo a la hora de mentir, bueno mentir no, pero… yo me entiendo. Joder, es mil veces más importante, porque estoy hasta los huesos por él, como si en medio de la oscuridad en la que estoy, el candor de Blaine me trae paz y seguridad, luz a veces. Soy lo que no dejo, y no quiero dejar a Blaine.

-Eso lo decido yo. Y voy a estar allí.

Esto ya se había puesto cursi. Nunca viene mal.

-¿Siempre?

-Siempre.

MI MADRE estaba bastante enfadada con mi padre, pero no conmigo, supongo que no le dijo lo que yo le grité a él. Me mandó al supermercado a por productos de limpieza, Stevie se apuntó y fuimos juntos, jugando a no pisar las líneas de las veredas y una pequeña competición de imitaciones que, obviamente, dejé ganar. Insistió en llevar él mismo la cesta, querría probar que era fuerte o algo, mientras caminábamos por los pasillos del sitio.

-¡Puedo con eso y más!- dijo con chulería.

-¿Así?- coloqué en su cesta otros botes de la estantería, que luego colocaría.

-¿Esto es para la cabeza de Blaine?

-¿Qué? ¡No! ¿Lo dices por la gomina?- asintió mientras volvía a dejar todo en su sitio.

Caminamos un poco más para volver a la caja y pagar, con el pequeño guardando un silencioso incómodo, ya que explotaba por hablar.

-Te das besitos con Blaine, eh- y junto los dedos de sus manos y los movías mientras hacía un ruido, muy infantil.

-¡Stevie!

Aunque la verdad es que no sabía qué decirle, pensaba que todavía no sabía esas cosas, es un niño, e imaginarse a su hermano mayor con otro chico no era muy normal.

-Stevie, para, la gente nos está mirando- paró soltando carcajadas.

-¡Eso es un sí!- nos pusimos a la cola para pagar. Me llevé el índice girando noventa grados y me lo llevé a los labios repetidas veces, pero le hacía más gracia.

Como sabía que no iba a dejar de chincharme con el tema todo el camino, le dejé libre albedrío para preguntarme lo que fuese ¡Vamos, Stevie! ¡Pregunta ahora! Pero se mordía la lengua, no hablaba y me estaba poniendo la cabeza como un reloj de pared. Así que antes de llegar a casa, apoyé mis manos en sus hombros y le paré. Alzando las cejas más de una vez para que procediera a su pregunta y no tener problemas en casa porque se le haya ido la boca.

-¡Vamos! ¡Pregunta!

-No, Sammy- agitó la cabeza-. Te da tanta vergüenza hablar que no quiero que te enfades.

-Oh… Stevie, no, no me da vergüenza- le solté y me puse recto, mirándole.

-Sí, sí que te da vergüenza- siguió avanzando, cogí la bolsa que había dejado en el suelo y le seguí-. No mientas, has puesto la misma cara en el súper que papá cuando no hay comida o cuando a mamá se le quema la comida, es vergüenza, no te quiero molestar.

-No es eso, solo que me da corte hablar de eso con tanta gente, vamos, ya me entenderás.

Momentos como estos me dejaban descolocado.

-Eso espero, Sammy.

Yo he visto la cara de mi madre cuando quema las legumbres y la de mi padre cuando abre la nevera y lo único que hay es frío, y era una careta que pensaba que en mí no existía ¿me da vergüenza? No me da vergüenza. Tampoco estoy orgulloso, simplemente no me da vergüenza… aunque yo más bien, lo llamaría miedo.

VI COMO me miraba Stephen, resulta que me había engañado y no se llamaba Peeta, eso era muy raro, el caso es… vi cómo me miraba, y sí, él también era atractivo, y estoy casi seguro de que él vio cómo le miraba, no me malinterpretéis, no era de esa forma, pero se dio cuenta.

-El próximo viernes tengo que salir antes- le dije una vez nuestra labor había acabado, ya que él también era voluntario.

-Ah, bueno vale, mañana restableceré la agenda, a ver si consigo a otro para el viernes- recogía sus cosas del casillero, al cerrarlo se acercó. "Gracias" dije para cuando estaba enfrente de mí-. Sam, ¿tienes algo que hacer el sábado, después de tu viernes libre? Podríamos ir al cine de verano cerca de aquí…

-No, Stephen, tengo, ummm…

-¿Qué?

-Novio- lo dije. Sin vergüenza, ni miedo. Pero Blaine no era mi novio, estaba mintiendo, en ningún momento se lo había pedido, ni él a mí, y me estaba montando una película de las mías…-. Bueno, no es un novio, novio. Más bien un amigo, mi mejor amigo y- me empecé a rascar buscando ideas, pero la bombilla no es que estuviese apagada, es que estaba fundida.

-Sam, lo entiendo- había vuelto a su sitio, cogió sus cosas y paró en la puerta-. Ese amigo tuyo es muy suertudo, más vale que te cuide.

Me guiñó un ojo y sentí que engañaba a Blaine… pero de nuevo ¡no había nadie a quién engañar! Porque no éramos novios… de momento, claro. Quiero que sea algo especial (no como lo de antes, todo apresurado y mal), con tiempo y bonito.

De todos modos la palabra "novios" era bastante grande, creo que prefiero "enamorados"… Sam de Anderson… Blaine de Evans… Una farola en mi cara. Puffff, concéntrate, Sam. ¿Quieres a Blaine como "enamorado"? ¡Sí, quiero! Arroz, fotos, familia, otro tema importante, invitados, luna de miel, vida, familia… ¡Y un cubo de basura esta vez! Vas mejorando, Sam.

Esto era el efecto Blaine, era la razón de todo, y aún así no sabía qué era yo para él, y él para mí. Empezar con Blaine sería empezar de cero en un nuevo mundo

LA COMIDA con la familia era una tradición que seguíamos poco, pero que últimamente la seguíamos religiosamente, cuestión de reservas y eso… Mi madre había logrado hacer un poco de postre en el horno de la señora Levine, así que no solíamos ir con las manos igual que nuestras tripas: vacías. La comida de familiar tenía poco porque la mayoría permanecían callados y cuando alguno intentaba iniciar una conversación acababa en murmullos incómodos. Mi tío John era una planta, mi prima Samanta muda, mi madre no quería decir nada que molestara a mi tío, mi padre ya tenía el orgullo bastante pisado como para levantar la vista de su plato y los niños se solían aburrir… ¿Y yo qué les iba a decir?

-Casi me tiro a Blaine.

No. Comíamos en silencio casi sepulcral.

Horas después todas las mujeres de la casa y Stevie estaban en la cocina, limpiando supongo, mi tío se fue a su habitación a hacer la fotosíntesis o algo, y mi padre y yo nos quedamos mirando la tele, mi visión se desenfocaba y estaba simplemente sentado pensando en mis cosas. Aunque sentía los ojos de mi padre sobre mí de vez en cuando. El sonido de platos y cubiertos, chorros de agua y el trinar de los pájaros de la ventana de la cocina ambientaban una tarde bastante soleada y calmada. El peso de la mirada de mi padre no se iba.

-¿Te pasa algo, papá?- le pregunté sin dejar de tener la mirada perdida. El enfado se me había pasado. Durante estos días había tenido bonitos detalles, sorprendentes incluso, pero no sabía si a él se le había pasado.

-Mmm- se acomodó en el sofá-¿Sam a ti te gusta Lima?

-Emm, sí. ¿Por qué preguntas eso?- seguía viendo todo borroso.

-Porque nos vamos a mudar a Kentucky.

Le miré por fin y no sabía que decirle. Me gustaba Lima y, no, no me gustaba que viviéramos en un motel y tuviéramos que vivir en una habitación pero…

-¿En serio? ¿Cuándo?

-Una semana- ¿una semana? ¿Una semana para decir adiós a todo?

-Pe-pero el trabajo, te lo han ofrecido, no puedes decir que no.

Se levantó de su punto y se acercó a mí.

-Lo he hecho. Y todo por ti, vaquero.

Me guiñó el ojo, y me di cuenta de lo que hacía ¡lo estaba haciendo como venganza por lo que hice! Cómo podía hacer eso. No podía creer que todo este tiempo haya estado haciéndome creer que… Pero… no-no, no me puedo ir así.

Pero no nos podemos marchar!- le dije levantándome antes de perderle de vista.

-Es por el bien común, Samuel. No espero que lo entiendas, espero que lo hagas.

-Pero…

-Pero nada. Tu madre podrá volver a su vida anterior, tus hermanos tendrán su propia habitación- me explicaba-. Yo tendré un trabajo decente, y tú, tú vas a aprender modales.

No estaba seguro al cien por cien de lo que iba, pero por cagarla un poco más…

-Te odio, te estoy odiando más de lo que puedes imaginarte.

Le señalé contra el pecho y en un segundo su bruta mano la apartaba de mí. Vi que Stevie asomaba con miedo la cabeza, me relajé y me acerqué a él mientras el otro abandonaba la habitación y se unía a las mujeres en la cocina.

-Todo va bien, Stevie, no llores, vamos.

DESPUÉS DE ver Willy Wonka y la fábrica de chocolate la del 71 (Blaine se pasó casi toda la peli con la cabeza en mi pecho y yo con mi mano en su cintura en el sofá de su salón. Deseaba que cada minuto de la película fuera inacabable para poder disfrutar así para siempre), ayudé a recoger los boles de palomitas y chuches que había preparado, y el chocolate, por su puesto. Mis piernas se habían dormido un poco y venía bien estirarlas. Tras limpiar subimos a su habitación y sin casi palabras nos tumbamos en su cama. El mismo pensamiento me brillaba en la cabeza como una luz intermitente que me decía "¡Eh! ¡Díselo, díselo!" y no sabía cómo decirle algo que no quería decir.

Solo estábamos acostados en su cama, ni música, ni más peli, hablando un poco sobre la nada, disfrutando de nuestra compañía.

Pensaba que se había quedado dormido ya que sentía que su respiración se hacía cada vez más larga y menos espesa sobre mi cuello. Y tenía que decírselo en cualquier momento pero este sin duda no era el adecuado.

-Sam, ¿estás dormido?- su voz salió un poco más grave de lo normal y los dos nos reímos un poco.

-Ya ves que no ¿Qué?

Se alejo de mí, y puso la mejilla derecha en la almohada, colocándose a mi altura. Bostezó y sonrió.

-Estoy cansado, pero ¿cómo ver pelis te puede cansar?

-Ni idea… a lo mejor los nervios tienen algo que ver.

-Nervios, aua, Blaine Anderson nervioso ¿Por?

-Ahora estoy nervioso

-No lo estés, soy yo.

-Precisamente por eso, no quiero arruinar lo que tenemos, lo que hemos llegado a conseguir y…

-Vale, ahora me estás asustando mucho así que di lo tengas que decir.

Me estaba asustando un poco, subí el cuerpo hasta apoyar la espalda en la pared y al momento él hizo lo mismo. ¿Habría vuelto con Kurt? ¿Algo con su padre?

-Nos enrollamos, y no hablamos de ello,- asentí con comprensión, pero no era del todo cierto- bueno, yo no quería hablar de eso, porque todo era tan reciente, la ruptura y nosotros… y sé que he sido el ser más idiota del mundo por haberte rechazado tantas veces…

-No, solo un poco- le di en el hombro y conseguí arrancarle una curva en los labios.

-Además la vez anterior fui muy pesado, sé que te sentiste presionado por mí, sobre todo, con todo eso de las etiquetas y los novios, y te estabas aclarando, por eso no he querido darte la vara, ni estar encima de ti todo el rato ¿me entiendes, Sam? No quería ejercer más peso sobre ti, sobre nosotros.

-Eres un ángel, y sí, te entiendo.

Me encogí de hombros.

-Vale. Si. Emm. Sam, llevamos todo este año conociéndonos,- pobre Blaine, parecía que estaba dando un discurso, aunque poco a poco se iba calmando, y eso me calmaba- sabiendo algo más del otro cada día, y era lo que necesitaba para darme cuenta de algo, tranquilo- le miraba expectante-. Lo que quiero decir es que después de todo lo que has hecho por mí y lo que yo no he hecho por ti sigues aquí conmigo, a mi lado y…

-Blaine…

-Vale, vale- estiró los dedos de sus manos y las puso a la altura de sus hombros y las agitó para que me no me lo tomara a mal-. Sam, ¿quieres salir conmigo?

-¿Qué?

-¿Quieres ser mi novio? Quiero salir contigo… quiero que seas mi novio, oficialmente, podemos ir a la velocidad que tú quieras, yo haré lo que tú me digas, y te prometo que no te voy a decepcionar y di algo por favor antes de que me muera.


Las canciones del episodio son The Reason y King of the road. El último capítulo, el 22, que será publicado el último día de la "semana de Blam" que hay en Tumblr, y estaré subiendo algunos one shots para colaborar un poco. Espero que os haya gustado :) Y las reviews son siempre bienvenidas! jaja