Disclaimer: Nurarihyon No Mago no me pertenece.
— Dialogo de los personajes —
"Voz interior que aparece en la cabeza de Yuki Onna"
Énfasis
Pensamientos de los Personajes y Sueños
Epílogo- Primera parte
― ¡Por el Clan Nura!― gritó un valiente onni corriendo, seguido por un grupo de cientos de youkais. La escena en la ciudad de Tokio era un infierno lleno de oscuridad, no había gente caminando por las calles, sólo monstruos y la sensación permanente de muerte.
― ¡Muerte a Nurarihyon!― exclamó un miembro del bando contrario, dos cantidades innumerables de seres extraños chocaron los unos con los otros, reduciendo su número con el pasar de los minutos. Gritos, alaridos, era una música ambiental que sonaba desde hacía muchos días. Casi semanas.
― Los esfuerzos del Clan Nura son tan insignificantes ―dijo un joven de cabello verdoso, meciendo entre sus dedos unos cascabeles―. Hacer tantas cosas sólo para no involucrar sucios humanos ― expresó con molestia, enfocando su mirada en el horizonte, a lo lejos, en un área bastante grande.
Una brillante luz blanca y pura, una barrera mantenida por multiples onmyoujis rezando se observaba. Alrededor se encontraba un Onmyouji de cabellos blancos, Akifusa, junto a Ryuuji, Mamiru y Yura, acabando con todo aquel youkai que osara acercarse.
― ¡Ve, Garou! ― comanda Ryuuji, acabando con diez youkais a la vez.
― ¡Metsu! ―exclamó Mamiru electrocutando a un grupo menor.
― ¡Tanrou! ―llamó Yura, alejándose un poco del grupo de ataque Onmyouji para saltar sobre su shikigami― ¡Iré con Nura-kun y los demás! ¡Se los encargo! —dijo, llamando la atención de su hermano.
― Ten cuidado ―susurró para sí mismo, viendo como la pelinegra se marchaba rumbo a otra zona.
Por otro lado, en una parte más alejada en la ciudad de Tokio, en el Sur para ser precisos, una gran cantidad de youkais se mantenían quietos esperando órdenes. Dos hombres dirigían con calma y serenidad los desfiles nocturnos.
― ¡Rikuo—sama! —llamó el hijo mayor de Karasu Tengu, descendiendo juntos a sus hermanos― ¡La barrera de protección está en perfecto estado, los grupos de ataque siete y trece entraron en contacto! —reportó Kuromaru.
― ¡La zona 25 ha sido asegurada! ¡El fuerte de resistencia en la parte Norte sigue en pie!― continuo Tosakamaru.
― ¿Cuántas bajas? ―preguntó con serenidad el peliblanco líder Nura. Los ojos de la tercera hija de Karasu se ensombrecieron ligeramente. El ojivioleta al lado de Rikuo solo atinó a mirar con pesar a los generales que rezagados detrás lo observaban.
― Ascienden a trescientos noventa ― exclamó con voz apagada.
― Entiendo.
El Joven Amo suspiró. Tantas bajas, tantas muertes por una sola guerra… contra una sola persona. Sintió una mano en el hombro y giró algo sorprendido. El líder Houkou sonreía de manera relajada.
― Las bajas son normales en la guerra, pero las voluntades de los que perecieron es lo que debemos recordar. Hemos llegado a aniquilar casi la mitad de su ejército, tenemos que seguir adelante ― le reconfortó, expresando las palabras que él alguna vez escuchó de boca de su progenitor.
― Hmph, no tenias que repetirlo… idiota ―dijo en tono de broma, intentando aligerar un poco el ambiente―. ¡Preparen a los grupos de refuerzo en las zonas perdidas, los heridos deben ser trasladados inmediatamente! ¡Comuniquen a todos! ¡Daremos el ataque definitivo a mi señal! ― ordenó con voz serena.
― ¡Entendido! —respondieron los tres Tengus, antes de desaparecer.
― ¡Kurama-Tengu! ¡Karasu-Tengu! —llamó Kazuma a lado de Rikuo. Ambos youkais aparecieron poco después– Preparen los grupos, nuestro contraataque está muy cerca.
― Por supuesto ― respondieron ambos, se miraron entre si y sonrieron.
Los demás subordinados podían sentir lo mismo. La empatía de lucha, las ganas de vencer, la valentía y la fuerza de voluntad de ambos líderes. Aquella extraña y peculiar alianza de grupos que se oponían al principio… resultó ser la mejor decisión para todos. Rikuo y Kazuma miraron al grupo de subordinados que, vestidos con ligeras armaduras y uno que otro implemento de batalla, sonreían ante ellos. Se volvieron a mirar algo extrañados y se percataron. Esa guerra era suya.
― Te veré al final de la batalla, Rikuo ― dijo el Houkou alzando su puño hacia el ojirubi, este le miro burlón.
― Mas te vale no fracasar, Kazuma ― contestó, chocando su puño ligeramente contra el del pelinegro.
Los dos giraron en direcciones opuestas, ocultando una sonrisa amigable en sus rostros. Ambos fueron enemigos, se repudiaron por momentos, pensaron mal de otro. Y ahora estaban unidos, peleando juntos.
― ¡Byakko-san y Kubinashi irán para apoyar al grupo de los Onmyoujis! —informó Kurotabou, mezclando los subordinados de ambos líderes.
— ¡Susaku-san viene conmigo! ¡Aotabou irá con Gebu-san! ¡Futakuchi Onna con Kejourou! —dijo, los youkais se miraron entre sí. Menuda idea tuvieron sus líderes. Juntar sus habilidades de esa manera, jamás se les hubiera ocurrido.
— ¡Apresúrense! ¡Nos vamos Kurotabou! – llamo Rikuo, sosteniendo su espada en su espalda.
La guerra recién va a comenzar.
Una gran cantidad de personas se encontraban protegidas dentro de la barrera, todas inconscientes de lo que ocurrirá a su alrededor, sumidas en un profundo sueño con una talismán pegado al cuerpo de cada uno. Los Onmyoujis que rezaban continuamente para mantenerla en pie sudaban, agotados y cansados, siendo relevados sólo algunos por algún compañero que descansó apenas unos minutos. No podían dejarse vencer. Aunque los genios Onmyoujis de la Casa Keikain estuvieran protegiéndolos la cantidad de youkais parecía infinita. Uno tras otro, arremetían en cada oportunidad para poder llevarse algún humano y comérselo.
— A este paso no aguantaremos las horas que faltan ― pensó con molestia Ryuuji, los descubrieron antes de lo previsto y aún faltaba mucho para la batalla decisiva— ¡Maldición! —exclamó al ser golpeado por un youkai en la espalda mientras luchaba contra otros siete. Se sostuvo la herida y lanzó un sello contra el demonio para que este se alejara.
Sin embargo, el descuido le costó una brecha de ataque que fue aprovechada por una gran cantidad de youkais para golpear con todas sus fuerzas la barrera. Los Onmyoujis que rezaban comenzaron a rezar más fuerte y rápido, tratando de mantenerse fuertes. Mas el ataque de un demonio dragón que penetró sus colmillos comenzó a resquebrajarla.
― ¡Colóquense los sellos! ¡Rápido! —gritó Akifusa exterminando a varios youkais que comenzaron a entrar por entre los quiebres. Los Onmyoujis sacaron de entre sus ropas sellos iguales a los de las personas inconscientes y se los pusieron en el pecho. Pronto la barrera cedió de golpe, rompiéndose en pedazos.
— ¡Argh! ¡Vamos por los ellos! —gritaron los youkais extasiados, pasando por entre los tres genios Onmyoujis para ir por los humanos.
— ¡Ryuuji! —le llamó Mamiru, viendo que su compañero había caído por el golpe frontal de dos onnis— ¡Ryuuji! —le llamó de nuevo al verlo en el suelo sin moverse. Corrió hacia él evadiendo ataques de varios youkais y aniquilándolos en el camino. Al llegar sacó con prisa un talismán de sus ropas y se lo puso. Estaba sangrando por la espalda y jadeaba.
— Idiota…, has dejado tu posición —le reclamó el hermano mayor de Yura, viendo como el espacio protegido por Mamiru dejaba entrar a varios youkais.
— ¡Corran! —gritó Akifusa al ser acorralado por un gran grupo de youkais. Los Onmyoujis se resignaron a morir en ese momento, se lanzaron sobre los niños y mujeres inconscientes para protegerlos de los ataques, intentando ayudar en algo con su muerte.
¡Maldición! ¡Van a matarlos!
— ¡Tenemos que hacerlo ahora! —le gritó Ryuuji a un Mamiru que intentaba protegerlo de otros ataques— ¡Akifusa! ¡Mamiru! ¡Hay que activarlo ya!
— ¡Pero aún no es tiempo! —refutó Akifusa lanzando cinco sellos que impidieron a los youkais acercarse por momentos a los humanos. Se volteó a ver a sus compañeros. Mamiru permanecía expectante a la resolución de Ryuuji, y este último, sólo negó con la cabeza.
Al menos… hemos salvado a la mayoría…
El pelinegro Keikain cerró los ojos con remordimiento, habían fallado en su tarea. No pudieron resistir. Akifusa se mordió los labios, eso no debía estar pasando.
— Devora… Gen Gen —llamó en un susurro, rodeándose del agua de su shikigami. Mamiru retrocedió hasta llegar a su lado. Con cautela y suma concentración ambos Onmyoujis extendieron un pergamino largo que estaba escrito en tinta negra, donde un dibujo de un demonio yacía en el centro.
Los Onmyoujis que intentaban resistir el ataque fueron empujados con fuerza al lado de los demás humanos inconscientes. Los youkais sonrieron con malicia, su comida estaba servida en bandeja de plata.
Los Onmyoujis observaron con preocupación detrás de los youkais que comenzaban a rodearlos, los tres genios sostenían un pergamino.
— ¡Ryuuji-sama! ¡Afikusa-sama! ¡Mamiru-san! —les llamaron al verlos inmersos en los rezos que pronunciaban. Sin darse cuenta de la gigantesca mano de un youkai iba a aplastarlos.
— El plan tendrá varias etapas. Lo primero es refugiar a todos los humanos de la ciudad que aún permanezcan con vida. Utilizaremos la habilidad del Clan Gyuuki para manipular a los altos mandos y evacuar a la gente a un lugar seguro. Luego, expandiremos un somnífero muy potente por toda la ciudad para dejarlos inconscientes.
— ¿Cuánto durara? —pregunto Yura al líder Nura.
— No despertaran hasta que les proporcionemos una cura, ahí es donde los Onmyoujis tendrán que protegerlos. Los youkais podrían encontrar donde los escondimos, será mejor protegerlos.
— La ciudad de Tokio tiene miles de habitantes, una barrera de ese tamaño demanda demasiada energía espiritual, Nura-kun —contestó Akifusa, viendo sobre el mapa los lugares de refugio.
— Tenemos un transporte lo suficientemente grande como para trasladarlos en tres viajes. Si los aseguran en el viaje por grupos la cantidad será menor y no hará falta una barrera –explicí el chico de mirada rubí.
— Además le pedimos que entrenaran Onmyoujis con fuerte energía espiritual, fueran o no de la casa Keikain —expresó el Houkou mirando fijamente a Yura—. Sé que tuvieron múltiples bajas pero no tenemos mucho tiempo.
— Entendido, brindaremos seguridad en los viajes —aseguró Yura sorprendiendo a su hermano y a Akifusa–. Sé que no hay muchos miembros todavía, pero haremos lo posible por tenerlos listos para las próximas dos semanas —explicó mirando a ambos miembros de su familia.
— Bien; entonces, ¿tienes listos los talismanes que se necesitaban? —preguntó suspicaz el Nura. Ella le extendió una muestra.
— Con poner uno en cada uno será suficiente, los demás procedimientos los haremos nosotros. Pero esta es nuestra última carta, actívalo sólo… en caso de que no podamos hacer nada más —explicó apretando sus puños sobre su falda—. No deseo más bajas en esta guerra —susurró, siendo escuchada por los varones en la habitación.
Lo siento, Yura… pero Akifusa, Mamiru y yo no queremos más bajas tampoco. Así que, como Onmyoujis que somos, protegeremos a los humanos de la obscuridad, incluso si el costo es… nuestra propia vida.
Lo siento…
— Durmiendo en el suelo, el único que sostiene el candado ha venido –el pergamino en manos de los Onmyoujis comenzó a levitar en el aire.
— Devastando las rocas, aquel que no es humano será tomado —recitaron. Al término de sus palabras los sellos que tenían las personas comenzaron a brillar, levantando consigo unas ligeras flamas que formaron una cruz en el suelo, hasta alzarse en forma de una celda de hierro rojizo–. Esa fue la palabra… —musitaron con cansancio. Sudados y con jadeos, sintiendo cada golpe de los youkais contra la celda como si los estuvieran golpeando a ellos.
— Un poco más… sólo un poco… —musitó el peliblanco cayendo de rodillas, esforzándose para respirar.
— La palabra del… maestro… —recitaron los tres, Ryuuji cayó al suelo, sangrando. Ya no podía más. Mamiru le siguió poco después, luchando por mantenerse con los brazos soportando su peso de rodillas.
— ¡Son ellos! ¡Los usuarios de esa técnica! ¡Mátenlos! —gritó un tanuki, lanzándose sobre los tres infortunados exorcistas.
— ¡Keikain-san! — gritaron el alerta los Onmyoujis que se mantenían en la barrera.
Lo veía más cerca, los ataques de aquellos seres infernales y oscuros que querían comerle.
Yura… sigue peleando…
— ¡Raiton Ayatori Rasenjin!
Miles de cuerdas emergieron del suelo para sujetar a todos los youkais que hubiera a la redonda. Kubinashi mantenía sus hilos tensados algunos metros más lejos de la barrera Onmyouji. Detrás de él emergió Byakko. El general tenía puesto varios protectores de acero en sus patas y en la cabeza, rugió fuerte, llamando una tormenta de rayos y la lluvia estrepitosa. Las cuerdas de Kubinashi conectaron los rayos de Byakko, electrocutando a todo aquel que tocara los nefastos hilos. La muerte era inminente.
—… ustedes…
Los cuerpos no llegaron al suelo, convirtiéndose en cenizas, dejando al grupo restante en estado de shock. ¡Más de un centenar fueron acabados en solo segundos!
— ¿Co-Como?...—musitó un youkai sorprendido por la súbita aparición del par. El subordinado Nura sonrió algo altanero. Se lo agradecería más tarde a su Joven Amo por tener tan grandiosa idea.
— No te emociones chico, aun nos quedan otros —dijo Byakko caminando delante de Kubinashi hasta llegar al lado de los genios Onmyoujis que detuvieron su técnica por la sorpresa–. Esa orden no fue dada aún, desactiven eso y pónganse de pie, quedan centenares por aniquilar humanos.
—Rikuo-sama y Kazuma-san están haciendo todo lo posible, sólo queda este grupo por transportar, los demás ya están a salvo —les informó el rubio, tendiéndole una mano a un confundido Akifusa.
— Pero… las embarcaciones fueron…
— Están a salvo, nuestros médicos y el grupo Tengu llegaron a tiempo, están con vida —expresó con una sonrisa. Akifusa sostuvo su mano y se levantó. Detrás de ellos la celda de hierro rojizo comenzó a desintegrarse y los Onmyoujis re-establecieron la anterior barrera.
— Tch, llegan tarde youkais —refutó Ryuuji siendo sostenido por Mamiru. Ambos demonios sólo resoplaron ante su actitud. Mirando a su alrededor, el nuevo escuadrón de enemigos que se acumulaba.
— Vamos.
En otro lugar, dos mujeres sonreían entre ellas; se encontraban ante un grupo significativo de enemigos mientras protegían a dos jóvenes inconscientes.
— ¿Estás lista Futakuchi-chan? —le llamó la castaña chocando espalda con la pelinegra Houkou.
— A tu orden Kejourou-chan —exclamó en tono juguetón.
Segundos después se pudieron escuchar los gritos de sus adversarios siendo asfixiados por varios cabellos.
— ¡Toma esto imbécil! —gritó el fornido líder de las fuerzas especiales Nura golpeando una gigantesca roca que se partió en pedazos.
— ¡Buen trabajo grandulón! — le alagó la tortuga, dirigiendo los múltiples pedazos contra sus enemigos en formas de misiles.
— ¡Misuchi Dama! — gritó el Kappa lanzando su esfera de ataque contra el enemigo. Un escuadrón de tengus, kamaitachis y nekos aliados de Seimei. Junto a él había un grupo de veinte youkais de elemento agua.
— ¡Mizu Ryu no ho!
La técnica del Dios reunió una lluvia torrencial hasta formar cinco cabezas de dragón que impactaron contra varios oponentes.
— ¡Ahora Tsurara-chan! —le llamó, llevando a su nieta sobre su lomo para posicionarla.
— ¡Fuusei Kakurei!
Los picos de hielo y el aliento helado congelaron el agua de la lluvia convirtiéndolo en granizo. Los youkais que fueron golpeados por el ataque de agua de Kappa y Seiryu se congelaron al instante. La ojidorada suspiró, aún quedaban centenas de enemigos.
— Por fin te encuentro, Yuki Onna —le llamó una voz, sobresaliendo de entre los enemigos.
—Yume — contestó ella, identificando a su oponente. El peliverde saltó hasta quedar algunos metros más cerca de su oponente.
— Tenemos un encuentro pendiente —le dijo él, señalando detrás suyo un camino entre el bosque.
— Maldito —susurró ella viéndolo desaparecer con una sonrisa. Tsurara giró sobre sus pies y volteó a ver a su abuelo, estaba enfrascado en su batalla. El momento perfecto–. Apresúrense —susurró, escabulléndose entre los youkais subordinados de Seimei para ir por Yume.
Más allá, entre la espesura del bosque, Yume esperaba tranquilo, sentado sobre la superficie de una roca. Ella se detuvo a unos metros con su lanza en mano, lista ante cualquier ataque; aunque la verdadera batalla no implicara fuerza física.
— Me llevó tiempo recuperarme de nuestro último encuentro, debo admitir que quede sorprendido por tu inusual capacidad —dijo, desenredando con cuidado las vendas que tapaban sus ojos.
— ¿No está esa chica contigo? —preguntó la guardiana, tratando de mantener la calma cuanto pudiera.
— ¿Mary? —musitó viendo la firmeza del rostro de la mujer de las nieves— La mande a cumplir un recado, ¿qué crees que sea? —preguntó tomando del costado de su túnica el par de cascabeles.
— ¿A dónde quieres llegar, Yume?— refutó, acercándose hasta el lugar donde estaba sentado— Tus trucos ya no funcionan conmigo —le advirtió, apuntándolo con su lanza.
— La guerra trae muertes y una muy especial está a punto de suceder, tu confianza no es más que algo abstracto, el destino se cumplirá y no serás capaz de impedir que suceda —exclamó abriendo sus ojos, llenos de malicia y rencor—. Tu querido Amo va a morir y estarás sola— afirmó, caminando hacia ella hasta quedar frente a frente–. Igual que la tonta de tu madre, te quedarás sola y olvidada— continuo, observando la expresión seria de Tsurara.
— Los juegos mentales no tendrán efecto Yume —afirmó la fémina al comenzar a visualizar varios escenarios trágicos que previamente había visto. Los mismos de aquella pesadilla que Yume le mostró antes–. Confió ciegamente en que ganaremos esta guerra, y Seimei desaparecerá.
—Ah… que segura suenas Yuki Onna, esa lealtad resulta repulsiva. ¿Por qué no probamos tu seguridad? Veamos ese sueño que llevas teniendo desde hace tanto —dijo el youkai apareciendo detrás de ella y tapando sus ojos—. Veremos quién ganará después de esto.
Tsurara sintió el frio de los dedos de su contrincante por sobre su rostro y ahogó un ligero grito. No era momento para caer. Luego aquella pesadilla que tanto odiaba comenzó a suceder ante sus ojos. Tan dolorosa, tan real, tan solitaria.
— Se casaran cuando regresen, ¿no? Pero si muere eso jamás pasará —susurró, viendo el rostro impasible de la guardiana que parpadeó varias veces para aguantar las lagrimas–Él te lo ha vuelto a decir, y sientes miedo de que ese destino se cumpla, de que Nura Rikuo muera…
— Te equivocas —refutó firme tapando sus ojos y desasiendo la lanza de sus manos—. No es verdad —volvió a decir levantando la mirada al frente, donde Yume permanecía de pie. El youkai de los sueños se acercó a ella hasta poner un cuchillo por sobre su cuello, cerca de la marca de estrella. El iris triangular observó con odio la mirada decidida en Yuki Onna.
— Es la realidad, sabes que tu pesadilla es verdad — afirmó Yume, creando una figura de Rikuo que tomó a Tsurara por la espalda–. Y no puedes hacer nada, eres débil —sentenció.
Rikuo-sama…
— Yo… protegeré a Rikuo-sama, cueste lo que me cueste… —susurró la joven sujetando a Yume por la ropa y acercando su rostro al de él—. Y ni tú ni nadie le hará daño —sentenció, expandiendo desde la palma de su mano un viento helado que deshizo la ilusión que la sujetaba.
— Esto es sólo el inicio, Yuk Onna —contestó, haciendo aparecer una copia de sí mismo de manera alterna hasta rodearla–. Estás atrapada en mi miedo, y si sales viva será para que lo veas morir —afirmó soltando los cascabeles de su mano y lanzándolos hacia ella, el sonido se convirtió en varias explosiones—. Vas a pagármelo zorra —murmuró molesto, esperando que le humo se dispersara.
He llegado hasta aquí, para poder proteger lo que me importa…
Tsurara se encontraba de pie, rodeada por una pared de hielo que se desprendió para liberarla, a salvo e intacta. Su mirada se mantuvo fija en su oponente.
— Noroi no Fubuki… — susurró, acumulando su energía en la punta de sus dedos— ¡Yukige Shou!
De sus dedos se desprendieron múltiples picos que impactaron contra las figuras de Yume, destruyéndolas en el acto pero sin dar con uno en particular.
— Eres débil — afirmó Yume, comenzando una batalla cuerpo a cuerpo con Tsurara, los cuchillos contra la firmeza del hielo en las manos de la guardiana.
— No permitiré que lastimes de nuevo a Rikuo-sama —afirmó ella soplando con fuerza viento helado.
Debo impedirlo a toda costa.
Los ojos del youkai de los sueños se abrieron de un momento a otro al leer los pensamientos de la Yuki Onna.
— Tú... ¡Cómo lo descubriste! —preguntó, logrando hacer un corte en el costado de la guardiana, quien congeló su mano de manera rápida– Ese lugar… si Seimei-sama…
— ¡Haré lo que sea con tal de proteger a los que amo!
El hielo en el brazo de Yume comenzó a extenderse, ambos resistiendo el dolor de sus heridas sin dejar marchar al otro. Tsurara comenzó a sangrar profundamente, él enterró con más fuerza el puñal en su cuerpo, pero no le dejo ir.
— ¡Muérete! —gritó Yume, logrando extraer el puñal y enterrarlo de nuevo por sobre el estomago de Tsurara; ella apretó con más fuerza su brazo, incrementado la velocidad del hielo. Yume tenía el brazo izquierdo y torso congelado, ahora el hielo se estaba expandiéndose hacia sus piernas— Por eso fuiste con ese Houkou, fue… por tu propio beneficio. Eres una mujer muy astuta Yuki Onna —alagó moviendo el cuchillo por la herida, causando un grito por parte de ella.
— Ni… lo pienses, no ahora que… finalmente lo he logrado… —susurró, tosiendo sangre. Levantó algo cansada la mirada, enfrentando a su oponente–. No permitiré que huyas y lo arruines.
— Te olvidas de Mary, se lo he dicho todo y dejaré ir a tu preciado amante por un rato… ella está en camino a advertir a todos —contestó malévolo con una sonrisa de satisfacción al ver la expresión de la guardiana.
— No caeré dos veces en la misma trampa, Yume —expresó con una sonrisa, el subordinado de Seimei abrió los ojos y giró para ver hacia un lado.
Uno de los picos de hielo que ella lanzó en el ataque previo impactó contra la superficie de la roca donde estuvo sentado. El hielo del anterior ataque se expandió hasta cubrir algunos objetos que comenzaron a tomar formas, unas vendas con estructura extraña y un cuchillo de filo negro.
— ¿Cómo?— susurró impresionado y molesto.
— La última vez… pude entender como era que Mary aparecía; mentiste antes. Mary sólo está en esas vendas y la proyectas al exterior como si fuera un sueño, pero ella… no es real.
— ¡Zorra! —le gritó Yume enfurecido, arrancó el cuchillo de su cuerpo y lo alzó con fuerza, luchando contra el frio helado que se extendía por su cuerpo.
— ¡Esta es mi victoria! —contestó la ojidorada levantando la mirada y apoyando la palma de su mano sobre el pecho de su contrincante. Una luz blanca se desprendió de su mano y lanzó varios metros a Yume contra los arboles.
— ¡No dejaré que destruyas todos mis esfuerzos! —respondió con valentía, agachándose hasta arrodillarse para poder disminuir el dolor de la herida. Su contrincante ya no podía moverse, estaba atrapado en una columna de hielo sin poder sentir su propio cuerpo. El hielo cubría todo su cuerpo hasta llegar a sus hombros.
La vio recostarse en el pasto, jadeando más relajada y podía casi ver la sonrisa de su rostro.
— Eres una mujer extraña —dijo, obviamente consciente de su derrota. Ella lo escuchó y se arrodilló, sujetando su kimono manchado con sangre. Su rostro lucia un poco pálido, más una sonrisa se extendía en él—. ¿Por qué ir tan lejos? No es seguro que tus medidas tengan efecto. Pero aun así…
—Seguiré intentando —dijo segura. El rostro de Yume le miró con interés—. Soy la guardiana del Tercer heredero del Clan Nura, es mi deber protegerle. Deseo hacerlo. Y haré lo que sea para cumplir mi deber. Es algo… que entenderías si en verdad tuvieras lealtad a tu maestro, y no sólo temor Yume —le llamó, estirando su mano en dirección a él. El hielo se resquebrajó, liberándolo.
— ¿Qué crees que haces? —preguntó el youkai confundido, cayendo al suelo sin fuerzas.
— Tú no eres un enemigo, al menos no mas —contestó ella levantándose. El sangrado de su herida había parado.
— ¿A cualquier precio, aunque no existe con seguridad una manera de que funcione? —preguntó Yume al verla alejarse.
Siempre que signifique protegerle… el precio no importa.
— ¡Yuki Onna! —le llamó una voz, apareciendo de entre el campo de batalla del grupo norte.
— ¡Itaku! —llamó ella al verlo aparecer con sus armas en mano— ¿Es hora? —preguntó, acercándose al kamaitachi.
— Reira y Dohiko cubren la zona, fue difícil entrar pero la ubicación era exacta. La debilidad de Seimei se encuentra allí —respondió rápido subiendo a la chica a su espalda–. No tenemos tiempo, Rikuo ya entró en contacto con Seimei y el grupo de Houkou esta resguardándoles por el cielo.
— Apresurémonos por favor Itaku — pidió, sujetándose de los hombros de su compañero. Este saltó con fuerza en dirección al oeste, alejándose de varios youkais enemigos tan rápido como podía.
— ¿Estás segura de esto, Yuki Onna?— preguntó, escabulléndose por entre un grupo de batalla.
— No lo sé —respondió nerviosa sujetando con fuerza la espalda de su compañero—. Pero... haré lo que sea con tal de protegerle, necesito intentarlo, aunque falle —respondió, mirando hacia el cielo la cantidad de truenos que resonaban. La oscuridad sobre Tokio era infinita, el cielo era negro y sentía que una batalla fuerte se libraba encima de ella.
— Esa cosa que nos diste ha estado palpitando desde que llegamos, ¿cómo vas a controlarla? — preguntó algo nervioso por la respuesta de ella.
— Tengo un método, tranquilo —respondió, tomando su bufanda y tocando la superficie de su cuello. Llegaron a la torre de Tokio y pararon por unos segundos allí.
— ¿A dónde vas? —preguntó una voz sarcástica al lado de ambos compañeros. Un youkai hecho de huesos y gusanos sostenía un hacha doble en una mano. Alzó su arma y arremetió contra el par.
— ¡Posesión! —la hoz de Itaku cubrió a su compañera. Pero la fuerza de ambos miedos la obligo a soltarse de él. Ambos ataques se repelieron en el ataque. Y la Yuki Onna comenzó a caer— ¡Yuki Onna! —le llamó en un grito.
— No te preocupes por ella mocoso —refutó su contrincante empujando su arma en su contra.
— ¡Itaku! —gritó la ojidorada, sujetó con fuerza la lanza de hielo que logró clavar a la superficie de metal de la torre, deteniendo su caída— ¡Seguiré adelante! ¡Encárgate de él!
— ¡Ve de una vez! —respondió su compañero, transformándose en su forma animal. La Yuki Onna se soltó, dejándose caer.
Más vale que funcione o estaremos en graves problemas, Yuki Onna.
Poco antes de llegar al suelo, Tsurara respiró hondo y sopló, creando un contrapeso para aterrizar. Se ubicó rápido y comenzó a correr algo cansada por las energías perdidas. Pronto varios youkais con forma de arañas e insectos se interpusieron.
— ¡Enemigos! —gritaron en conjunto lanzándose contra ella. Tsurara reunió energía en sus manos, lista para contraatacar.
— ¡Baja la cabeza, Yuki Onna! —gritó una voz. La joven se agachó rápido. Una corriente de fuego rozó apenas su cabello, calcinando a todos los enemigos. La guardiana subió la cabeza sorprendida, delante suyo dos youkais embozaron una sonrisa de autosuficiencia.
— Ustedes… ¿Qué hacen aquí? —preguntó extrañada al levantarse para verlos. El viejo Nurarihyon y el youkai Houkou. Los mayores se miraron y rieron.
— No nos quites diversión pequeña —respondió el lobo youkai. La Yuki Onna reaccionó al verlo. El gran Houkou era más… pequeño—. Deja el tamaño para después, si aparezco en mi forma real llamo la atención —dijo con una pequeña gotita en la cabeza.
— Seremos tus escoltas, si la información que conseguiste es verdad puede que tengamos ventaja —dijo en tono serio el Nura. Tsurara sólo atinó a mirar al líder Houkou.
— ¡Seimei-sama, el ejercito del norte, sur y éste están sufriendo bajas! ¡Los escuadrones de vigilia están teniendo un encuentro! ¡Estamos perdiendo muchos soldados! —advirtió.
— Déjalo ser, no hay de qué preocuparse, ¿o es que insinúas que mi ejercito perderá? —preguntó el hijo de la kitsune sentado en su trono de huesos.
— No, claro que no mi Señor —respondió el sirviente con una sensación de miedo.
— ¿Dónde está Yume? —preguntó Seimei levantándose a tomar la espada que se encontraba a su lado.
— Ah… fue por la Yuki Onna del Clan Nura. No ha regresado.
— ¿Saldrá, Seimei-sama? —preguntó Shoukera, yendo al lado de su señor.
— Más bien, vamos a recibir a nuestros invitados —respondió Abe no Seimei, dirigiendo su mirada hacia la gran puerta.
Las fuertes llamaradas cegaron por segundos al grupo de ataque de Seimei, llevándose consigo a algunos sirvientes débiles que se incineraron al instante. A la cabeza venia Rikuo con Susaku en su espalda y Kurotabou a su derecha. EL ojirubi mantuvo su mirada fija en su contrincante, quien rio al verlo de frente.
— ¿Cuál es el truco ahora? ¿Tus aliados no durarán mucho y dudo que un humano como tú pueda sobrevivir contra mí? —dijo altivo, posicionándose al frente del pequeño grupo.
— Hphm… ¿y qué tan humano te parezco? —preguntó burlón el Nura, mostrando en el filo de su espada las lenguas de fuego. Detrás suyo el Dios del fuego resopló, mirando por unos segundos al joven Nura; este sólo mantuvo su mirada hacia delante.
Seimei le miró algo fastidiado.
— ¡Seimei-sama!— advirtió Ibaraki Douji apareciendo detrás del hijo de la kitsune. Un corte apareció de la nada, como si se cortara el espacio; y cinco certeras flechas de fuego se clavaron en piernas, brazos y la cabeza de youkai.
— ¡Iabaraki Douji! —llamó furioso Shoukera al ver a su compañero caer al suelo. Giró sorprendido, no lo había visto, para nada. Aunque parecía que Seimei ya presentía algo del ataque y no se movió, usó al youkai como un mero escudo.
Acaso… ¿Vino cuando irrumpió aquí? Nura Rikuo, ese tipo no era tan fuerte… ¡No era tan endemoniadamente fuerte!
— Impresionante —felicitó Seimei, tomando su espada y caminando hacia Rikuo–. Pero… yo me especializo en manipular elementos naturales —advirtió.
Un sello de estrella se dibujó delante de su mano y cinco ráfagas de agua y viento atacaron al Nura. Los ataques rebotaron en el campo de la funda de Nenekirimaru.
— No me tomes por idiota Seimei —advirtió el ojirubi, conociendo las habilidades de su enemigo. Esa batalla seria suya y de nadie más.
— ¡Seimei-sama! —llamó Shoukera al ver a su señor confrontar directamente al peliblanco.
— Yo seré tu oponente —susurró el monje extendiendo un conjunto de armas que por segundos no empalaron al supuesto creyente de Dios.
—Me parece bien —contestó Shoukera dejando un beso sobre su rosario—. Te castigare en nombre de Dios.
— ¡Tsurara! ¡Apresúrate! —le llamó la Yuki Onna de Toono. A su lado estaban Dohiko y Amezo tratando de contener el aura rojiza que emanaba la espada de Kazuma— ¡No resistiremos por más tiempo!
La guardiana saltó rápido del lomo del Primer Comandante Houkou y ayudó a Reira a esquivar una onda de energía que estaba a punto de impactarla.
— ¿Estás bien? —le preguntó.
— Si, algo cansada, esa cosa parece una esponja, ha absorbido nuestros poderes muy rápido — refutó girando la vista a Dohiko, quien sostenía a un cansado Awashima con un brazo y ejercía presión sobre el campo de energía de el hijo de Kirin.
— Ten cuidado, retendré un poco la energía pero debes estar segura de continuar, ¿comprendes? —le advirtió el Houkou en compañía de Nurarihyon.
— Nurarihyon-san… —le llamó la Oikawa, el mencionado giró y la miró curioso—, ¿podría por favor no decirle nada de esto a Rikuo-sama? —pidió con una mirada algo apesumbrada.
— Se lo dirás tú cuando sea el momento, ten en cuenta que Rikuo estará en desacuerdo —le advirtió. La Yuki Onna sonrió, aunque fuera orgulloso… el Primer Comandante siempre se preocupaba por todos.
— No se preocupe, le diré a Rikuo-sama después de que todo allá terminado.
El lobo blanco, junto a Nurarihyon, respaldó a Dohiko y Kappa, imponiendo su miedo para liberar a los cansados youkais extranjeros. El lobo sonrió burlón al visualizar por entre la espesura rojiza un rostro durmiendo.
— Menudo mocoso —susurró.
— ¿Estás listo Houkou? —preguntó Nurarihyon desenvainando su espada. Una sonrisa de satisfacción apareció en su rostro— Sé que mi nieto va a necesitar algo de ayuda aunque no lo quiera admitir.
— Puedo decir lo mismo del mío Nurarihyon, después de todo… ¡Son nuestros nietos! —dijo entre carcajadas. Ambos youkais se miraron divertidos, una pelea era justo lo que querían para quitar el aburrimiento.
— ¡Ahora! —gritó la Yuki Onna del Clan Nura, ambos ex-comandantes se lanzaron sobre el campo de energía. Los miedos de ambos arremetieron con fuerza contra la neblina rojiza, creando una grieta profunda.
— ¡Yuki Onna! —gritaron ambos al unísono. El Houkou utilizó sus dos patas delanteras infundidas en un miedo purpura para jalar por un lado y abrir la grita; el Nura por su parte puso el filo de su espada y mantenía el aguante contra las llamas que comenzaban a desprenderse del centro del campo.
— Te puedo asegurar que la única que correrá los riesgos serás tú. ¿Quieres seguir? —preguntó la persona con la que hablaba la guardiana, su expresión seria se reflejó en los fieros ojos de Tsurara.
— ¡Haré lo que sea! ¡Te lo ruego! ¡Dime! —exclamó entre sollozos. Una sonrisa surcó el rostro de la mujer al escucharla.
El recuerdo pasó como un flash en la cabeza de la ojidorada. No había tiempo para dudas o arrepentimientos. Era ahora o nunca. Aprovechando el espacio entre ambos comandantes la joven salto infundida en su miedo hacia el interior del campo. Al entrar ambos comandantes fueron lanzados con fuerza hacia algunas casas cercanas, los miembros de Toono corrieron con la misma suerte. Las ardientes flamas rozaban su piel y el helado viento de su miedo apenas y la protegía de ser quemada.
— ¡Yuki Onna! —gritó Nurarihyon al ver como la densa neblina se acumuló dentro del campo y hacia visible una gran cantidad de llamas.
— Las consecuencias no serán lindas, ¿entiendes?
Tsurara no perdió de vista su objetivo y continúo caminando. Estaba a sólo unos pasos de poder tomar esa espada negra y lograr su objetivo.
— ¿Lo que sea? Por una persona… lo que sea es demasiado mi niña —dijo en un ligero tono de reprimenda.
— ¡Me escuchaste, haré lo que sea! ¡Enfrentaré lo que sea… pero por favor! ¡Dime cómo puedo hacer para detenerle! ¡Por favor! —dijo con la voz ahogada entre lagrimas, la mujer frente suyo cerró los ojos.
— Como quieras —respondió antes de que la guardiana la perdiera de vista.
Unos amenazantes ojos rojizos la miraron, ella sostuvo la mirada e intentó retener sus nervios. Tenía miedo. El pelaje carmín del lobo frente a ella le asustaba, le recordaba imágenes que no quería ver, gritos que no quería oír, le hacía sentir cosas que prefería olvidar. El fuego se hizo más intenso, las llamas lograron quemar parte de su furisode blanco en las mangas, sostuvo su bufanda con fuerza y se concentró lo más que pudo para continuar su camino en dirección al lobo que la miró furioso.
— ¡Vete! —le dijo interponiéndose entre ella y los pocos metros antes de llegar a la espada. Los ojos rojizos la miraron con cólera y tristeza. Yuki Onna no desistió.
— ¡No! —le respondió. Las llamas lastimaron su brazo y parte de su hombro— ¡Argh!
— ¡No te me acerques! —advirtió el lobo enseñando sus prominentes fauces— ¡Retrocede Yuki Onna!
Todo lo he hecho por esto, para lograr evitar que mi pesadilla se vuelva realidad. Para protegerle.
— ¡Déjame pasar! ¡Kira! —gritó con fuerza, los ojos rubíes reflejaron tristeza pura— ¡Te lo suplico! ¡Por favor! —pidió, resistiendo el dolor para seguir avanzando.
Lo que acabas de ver y conocer tiene un precio que me pagarás después, dependerá de ti que hacer con ello. Pero… recuerda que sea cual sea el resultado...
… tendrás que afrontarlo.
¡Quiero protegerle!
Tsurara llegó al centro del campo. Las quemaduras le dolían, sentía el cuerpo desfallecer, pero no podía darse el lujo de caer ahora. Cayó de rodillas por el cansancio y estiró la mano hacia la katana negra. Un fuerte dolor la invadió cuando Kira la mordió con fuerza, impidiéndole tomar la espada.
— No lo hagas —pidió en un tono triste, sus ojos rojizos ya no mostraron odio, sino temor.
— Lo siento —respondió la ojidorada, una lágrima escapó de sus ojos y resbaló por su rostro, sonrió y cerró la palma de su mano en la funda. La había alcanzado.
— Tonta —susurró el pelirrojo retomando su figura humana. La Yuki Onna sólo atinó a sonreír.
Yo haré lo que sea si es para protegerle
— Estoy dispuesta a pagar mi parte —respondió. El sello de la estrella en su cuello comenzó a arder y reaccionar ante la espada, un brillo rojizo comenzó a emerger del suelo, una estrella dibujada se extendía por el círculo.
— Pero por favor… sálvale —pidió en un susurro antes de caer inconsciente.
— ¡Yuki Onna! —gritó Awashima al ver como el gran campo explotaba y la neblina rojiza se esparcía hacia el cielo en una gran columna de energía— ¡El… cielo se ha partido! —exclamó confundida al ver el espectro.
— Ha empezado —exclamó el miembro Houkou. Nurarihyon le miró inexpresivo, la gran masa de energía comenzó a dispersarse por el cielo, en cinco grandes ramas que se unian poco a poco.
— ¡Houkou-sama! ¡Mire! —advirtió Kurama Tengu tras acabar con un enemigo. EL ojivioleta, aún en su forma de lobo, bajó la mirada hacia las nubes donde una energía rojiza comenzó a notarse.
— No… puede ser —exclamó asombrado. La sensación de esa energía era demasiado familiar— ¡Qué hiciste! —exclamó furioso para sí mismo, descendió rápido traspasando la espesura de las nubes y percatándose de la gran columna rojiza— No, Tsurara… ¿Por qué? —se preguntó confundido, buscando con la mirada a la joven guardián.
¡Qué has hecho!
— ¡Cuidado imbécil! —le advirtió una voz, el Houkou giró de improvisto y evadió por los pelos un fuerte ataque de rayos. Los ojos violetas cayeron en la figura de Nura Rikuo, que permanecía de pie ante un youkai de apariencia humana, un hombre que emanaba una fuerte energía youkai.
Kazuma descendió al lado de Rikuo, quien se encontraba cansado y sangrando. Aun así su contrincante se encontraba en la misma situación.
— ¿Qué es esa mierda del cielo? Es la misma que estuvo cuando ese raro atacó a Tsurara.
— Es la energía de Kira, no entiendo qué ocurre pero no es algo bueno —le respondió.
— ¿Mas refuerzos? Creí que entendiste que un miedo en conjunto no me vencerá Nura — exclamó divertido Seimei, regenerando parte de su brazo cortado.
— ¿Dónde está Suzaku-san? —preguntó Kazuma extendiendo sus manos hacia delante para crear un fuerte campo de fuerza y protegerlos de un ataque de rocas y agua.
— Cayó hace un rato, sigue vivo —contestó Rikuo, ayudando con la funda de Nenekirimaru a sostener la barrera de protección.
— ¿Alguna idea de cómo vencerlo? —preguntó Kazuma, el ojirubi le miró fastidiado. Todos sus ataques, aunque daban en el blanco, no surtían mucho efecto. La energía que Seimei perdía a través de los cortes, se recuperaba tras acabar con algún youkais que fuera subordinado suyo.
— Toma la energía de sus subordinados para recuperarse e incluso refleja los ataques en ellos, nada cambiará a menos que acabemos con todos —respondió Rikuo.
— Eso tomará demasiado tiempo, tenemos que hacer algo Rikuo —respondió el Houkou.
— ¿Están bien? —preguntó una voz a sus espaldas. Ambos giraron rápido y recibieron un ataque que traspasó la barrera y los lanzó directo al suelo. La caída creó un gran cráter y entre la nube de polvo ambos lucharon por levantarse. Las heridas cada vez se hacían más grandes y dolorosas, pero tenían que continuar con la batalla.
Seimei aterrizó calmado, con menos heridas, y sonriendo divertido. Caminó hacia ellos y se detuvo a sólo algunos metros.
— El martillo de Maou es una excelente arma ahora, ¿no te parece Nura Rikuo? —preguntó el enemigo. Levantó la mano y varios hombres de tierras emergieron del suelo— Ataquen— ordenó.
— Esto es malo —exclamó Rikuo, tratando de regular su respiración. Empuñó su espada y se dispusó a atacar a los entes de tierra, más fue detenido por la mano del Houkou.
— Yo me encargo —respondió el ojivioleta. Su mirada desafió a Seimei, estiró el brazo, abrió la palma y la cerró con fuerza. Los entes de tierra estallaron en un segundo—. Pan comido —dijo con un tono despectivo.
— Un Houkou, bien… veamos quién es mejor en esto —respondió Seimei alzando su manos y creando dragones de fuego, soldados de tierra y monstruos de agua.
— Concuerdo —respondió Kazuma. Rikuo le tomó por el hombro–. Tengo una idea, pero necesito de tu cooperación —pidió.
— Mas te vale que sea buena —contestó Rikuo sonriendo altanero. El ojivioleta le miró y resopló. Kazuma también esperaba que resultara.
— Estira el brazo –pidió mientras los entes de Seimei se lanzaron sobre ellos. Ambos se pegaron de espaldas, Rikuo defendiéndose con Nenekirimaru y Kazuma haciendo uso de sus habilidades elementales–. Ahora —susurró el Houkou, sopló con fuerza y la neblina los cubrió a ambos.
— Si es como dices, esa espada crea una conexión similar a la que tengo con mis subordinados –explicó el Houkou rápido. Toma el brazo de Rikuo y con sus garras rasgó fuerte su brazo.
— ¡Oi! —reclamó Rikuo al sentir un ardor como de fuego provenir las garras del Houkou al hacer contacto con su piel.
— No te quejes, es sólo temporal.
Kazuma dibujo rápido una estrella en el brazo derecho de Rikuo y susurró algunas palabras en lengua extraña. El sello pronto adquirió un color negro y empezó a destellar en diversas tonalidades.
— ¿Qué hace esta cosa? —preguntó Rikuo al sentir un extraño calor provenir de su hombro.
— Estoy conectando a todos los que están bajan tu mando y el mío. Tu técnica de matoi servirá para acabar con ese monstruo en un sólo ataque, si es que es lo suficientemente poderosa. Prepárate Rikuo —advirtió el pelinegro.
— ¿Cuánto tardará?
— Un minuto y medio es todo lo que necesito —explicó el Houkou.
— Te bastan diez segundos, no tenemos tiempo —replicó el Nura al verse rodeado de varios espectros con apariencia grotesca.
— Quizás yo pueda dártelos.
La voz de una chica sorprendió a ambos líderes, una luz brillante los cegó por momentos y al abrir los ojos lo espectros ya no estaban.
— Tendrás el minuto y medio —respondió la pelinegra acompañada por su más fuerte Shikigami.
— Nos encargaremos del hijo de Hagoromo Gitsune por un rato, si es que no te molesta Houkou-san —dijo con voz seria el Onmyouji. Hidemoto sonrió y acompaño a Yura al lado de ambos youkais.
— Hidemoto, el genio Onmyouji. Vaya forma de permanecer vivo —dijo gracioso el ojivioleta.
— No tenemos tiempo. ¡Ahí viene! —exclamó en un grito Yura.
Frente a ellos apareció Seimei con una expresión de molestia.
— Ya me arté de jugar al gato y el ratón, Nura Rikuo —exclamó fastidiado.
— Prepárate Rikuo, tienes que aguantar la fuerte energía hasta que te lo diga —susurró Kazuma—. ¡Vamos!
— ¡Aparezcan!
Todos los shikigamis de Yura aparecieron juntos y reforzados con diversos sellos, cortesía de Hidemoto.
— Utilizaremos el Hagun Yura-chan —explicó serio Hidemoto poniéndose al lado de la Keikain.
— Entendido. ¡Shikigami Hagun! —recitó la joven esparciendo sellos a su alrededor, se posicionó y estos sellos repulieron el fuego, convocando a sus predecesores– A tu orden, youkai.
― Bien, te entretendré por un rato Seimei ―dijo divertido. Se revistió en su forma animal y de un zarpazo se lanzó contra el youkai de apariencia humana.
Seimei extendió su mano hacia el frente, varios kanjis aparecieron y rodearon al Houkou negro al instante. Kazuma intentó moverse pero fuera detenido por unas extrañas cadenas que le atravesaron las extremidades y el estomago con fuerza.
― ¡Argh!― se quejó de dolor al verse atravesado con facilidad. Miró con furia a su oponente y este hizo una mueca de desagrado.
―No me gusta lo que planeas, perro ―expresó con fastidio, empuñó el martillo de Maou y comenzó a susurrar varias palabras―. En el nombre de aquel que reina lo oscuro, entre el final del abismo donde nace el hijo del no nacido… se maldiga a quien no obedezca la ley del ser soberano.
― ¡Argh! ―gruñó en dolor escupiendo grandes cantidades de sangre.
― ¡Kazuma! ―gritó Rikuo al romper su concentración y ver la expresión de dolor en el Houkou. Las cadenas poco a poco lo ataban con fuerza y ejercían presión sobre su piel, quebrando sus huesos en el proceso. El ojivioleta volteó tranquilo y sonrió― Kazuma…
― Me encargaré de ayudarle, Yura-chan y tú deben seguir concentrándose ―dijo el decimo tercer líder Onmyouji.
― Que muera en las puertas del infierno ―recitó Seimei.
Un estruendo de carcajadas malignas se oyó desde el cielo, este se rasgó como si se tratara de una pintura, y una mano color blanco con filosas garras se extendió en dirección al Houkou. El ojivioleta cerró los ojos y continúo concentrándose ante la atenta mirada de Seimei. Un ojo dorado se pudo ver de dónde provenía la mano e identificó rápido al lobo youkai que ahora luchaba por liberarse pese al dolor.
Esto no acabará así… yo no moriré de una manera tan miserable.
Las iris rubíes se abrieron al escuchar un profundo alarido proveniente del líder Houkou, el miedo del nieto de Nurarihyon se hacía cada vez mayor y parecía difuminarse en el aire, evitando ser visto por Seimei. El gruñido del Houkou detuvo la mano que quería atraparlo por unos segundos, generando una onda de sonido por todos los alrededores.
Mas te vale no fallar, Nura-chan.
La voz de Kazuma en la cabeza de Rikuo resonó cuando ante sus ojos aquella palma tomaba a Kazuma y lo estrujaba, dejando un rastro de sangre.
― ¡KAZUMA! ―se escuchó el grito del Tercero al ver a su compañero de batalla ser atacado de manera despiadada. Sus ojos refulgieron de íra y la cantidad de youki iba en un aumento cada vez más.
― Hmph ―bufó Seimei al ver como poco a poco la palma aún cerrada retrocedía para desaparecer–. Te dije que los refuerzos no servirían Nura Rikuo.
― ¡Repite eso, hijo de perra! ―gritó. Yura giró su vista hacia la palma que venía del cielo al ser despedazada desde adentro.
― La caja de pandora será abierta al que reina el cielo y la entrada del discípulo traidor será cerrada por los naturales guardianes. ¡Sello del Purgatorio! ―exclamó Hidemoto con fuerza, lanzando una sello en dirección al cielo. En medio del vuelo se transformó en un ave de plumas doradas, y al hacer contacto con la rasgadura del cielo logró desparecer el hechizo de Seimei.
Un suspiro de alivio escapó del ojirubi al ver al pelinegro vivo; bastante mal herido, pero con vida. Seimei ardió en cólera frente al Houkou que venía acompañado de Hidemoto. El lobo youkai mostró sus filosos dientes satisfecho, y con un movimiento de sus cinco colas creó esferas con los cinco elementos.
― No subestimes a los Houkou, humano estúpido ―le insultó, lanzando con fuerza las fuerzas elementales contra su enemigo.
Seimei cerró los ojos y se defendió con el martillo de Maou sin mostrar dificultad.
― No eres lo suficientemente bueno como para acabar conmigo, escoria ―farfulló por lo bajo al destruir la ultima esfera hecha de un ataque de viento.
― ¿Tú crees? —preguntó el Houkou divertido, regresando a su forma humana y enterrando sus garras en la espalda de su oponente―. ¿Qué tal ahora? ―preguntó irónico.
El pecho de Seimei estalló de un ataque envuelto en llamas y hielo. Un sonido similar al que se escucha cuando se rompe el vidrio resonó, pero los ojos violetas del Houkou buscaron rápidos el lugar donde quedó la espada.
― ¡Tu espalda! ―le advirtió Hidemoto, más fue apuñalado por detrás. Kazuma escupió sangre por la boca y retiró sin miedo la espada de su oponente. A unos metros del cuerpo de que Seimei se regeneraba, la espada regresó a un tramo de su brazo regenerado y al acabar de adquirir su forma humana, el hijo de Hagoromo Gitsune sonrió.
―Te lo dije ―exclamó algo aburrido.
"Por una vez quiero poder protegerle, por favor ayúdale… te lo ruego" escuchó el Houkou en su cabeza, al sentir un extraño poder provenir del lado norte de la ciudad.
— Es tarde ―se dijo a sí mismo. Pronto sintió cuatro youkis familiares a su espalda y se vio asistido por sus generales―. ¿Están listos chicos? ―preguntó sin quitar la vista de su contrincante.
― A su orden Kazuma-sama ―respondieron los cuatro al mismo tiempo, detrás de ellos Hidemoto sonrió abiertamente.
— Si no derrotamos a Seimei con esto, estaremos perdidos ―pensó el Onmyouji. Dirigió su vista al suelo y sólo pudo ver entre una neblina a Yura, más la presencia de Rikuo estaba desaparecida. Era la mejor estrategia por el momento.
― El demonio hijo del oculto ha hablado, he invoco a los cuatro dioses a la ofrenda universal… ― proclamó el Houkou.
― Seiryu del Éste. Simbolizo el agua y la tranquilidad –le siguió el dragón azul, rodeándose de un youki azulino tras generar una gran columna de energía.
En la zona norte, múltiples sirvientes del Clan Houkou, Kappa y Amezo sintieron como si su energía fuera conectada hacia alguien, reconociendo el lugar de destino como la energía del Joven Amo del Clan Nura. Se tomaron de las manos y enfocaron una porción de su youki en una barrera de hielo que crearon juntos para protegerse del ataque enemigo. Lo demás iría directamente hacia el nieto de Nurarihyon.
― Suzaku del Sur. Simbolizo el fuego y la guerra ―expresó serio el fénix reuniendo una columna de color naranja a su alrededor, envuelto en flamas.
Kubinashi, Kurotabou y la fracción de la Casa Sur de los Houkou sintió la conexión de energía drenada. Los Nura y Houkou sonrieron de manera inmediata, esa guerra era sin duda una victoria.
― ¡Ni creas que te lo permitiré! ―expresó fastidiado Seimei, reuniendo una gran cantidad de energía negativa en su espada.
― ¡Invocación Hagun! ―gritó Yura dispersando la niebla que la protegía de la visión de Seimei― ¡Derroten a los demonios y limpien el mal! ―gritó, su mano se rodeó de una cabeza de calavera color negra y un fuerte ataque se dirigió a Seimei, siendo retenido por la mano de su oponente.
― Muy débil ―dijo en expresión sádica al deshacer el ataque. Yura le miró desafiante y sonrió.
― No pensaba atacarte de frente ―respondió. Seimei giró la vista y se vio rodeado por los predecesores del Clan Keikain. Todos los shikigamis del hagun se encontraban en posición de meditación, haciendo una serie de sellos rápidos, incluido Hidemoto, quien era el que los dirigía.
― ¡Derroten a los demonios y limpien el mal! ―invocaron Yura y Hidemoto al mismo tiempo alzando sus manos en dirección a Seimei, los esqueletos de los Keikain le imitaron― ¡Retención!
Múltiples sogas de color dorado se esparcieron alrededor de Seimei y le apretaron con fuerza, reteniéndole.
― ¡Malditos Onmyouji! ―gritó enojado, expulsando una densa energía negativa para liberarse, las cuerdas doradas comenzaban a reaccionar, lanzando choques eléctricos a su prisionero.
― Byakko del Oeste. Simbolizo el aire, el rayo y la desesperación ―recitó el tigre blanco, una columna de rayos y tornados emergió desde su cuerpo hacia el cielo.
Futakuchi Onna y Kejourou, tras acabar con sus enemigos, se reunieron con Kubinashi y sintieron como si algo tirara de sus cuerpos.
― ¿Qué es esto? ―preguntaron los miembros Nura– El amo Rikuo…
― Es la conexión de los Houkou, todo saldrá bien ―explicó la pelinegra, juntando sus manos y mirando en dirección a donde se desarrollaba la batalla.
― Tercero ―suspiró Kubinashi, dejando fluir su energía completamente.
― Genbu del Norte, soy la tierra y la confusión ―proclamó la tortuga negra, dejando fluir su energía en una gran columna de rocas que levitaba hacia el cielo.
Aotabou acabó rápidamente con dos de sus últimos enemigos y antes de dirigirse a acabar con el siguiente escuadrón sintió un jalón que recorrió todo su cuerpo. Cerró los ojos y sonrió victorioso.
― Ese es Rikuo ―soltó el Kamaitachi llegando al lado de los miembros de Toono que miraban en dirección a la gran columna rojiza que se alzaba desde hacía varios minutos frente a ellos.
― Nuestra energía es drenada hacia la espada de Rikuo, lo presiento ―explicó el primer comandante Nura. Todos voltearon a mirarle.
― ¿Yuki Onna? ―preguntó Itaku al no verla junto a los demás.
―Sigue atrapada dentro, no podemos sacarla –explicó Reira, mirando con preocupación el lugar donde se suponía seguía la ojidorada. Itaku volteó preocupado, si la guardiana no salía pronto… sería su fin.
— ¿Estás segura de esto, Yuki Onna?
— No lo sé. Pero... haré lo que sea con tal de protegerle, necesito intentarlo, aunque falle.
¡Yuki Onna sal de una vez!
― Y todo lo que somos lo rendimos a nuestro señor, el que dirige la naturaleza conocida, Houkou-sama ―exclamaron los cuatro dioses, dirigiendo toda la energía a Kazuma. Los ojos fieros violetas refulgieron en un profundo y extraño negro, un símbolo de estrella negra gigante apareció frente al Houkou.
― ¡Mierda de Onmyoujis! ―gritó Seimei enfurecido, rompiendo la retención que los Keikain mantenían. Un corte profundo apareció en el costado de Yura ante uno de los ataques de Seimei, desconcentrándola.
― ¡Yura-chan! ―gritó Hidemoto antes de recibir también un golpe. Aun así ambos mantuvieron el conjuro, enfureciendo a Seimei de manera incontrolable.
― Y como el descendiente Houkou, le entrego mi voluntad a aquel que lidera el Hyakki Yakou definitivo, al líder de las fuerzas demoniacas y espirituales ―recitó el Houkou con las cuencas oculares negras. Estiro ambas manos hacia el frente y la estrella negra comenzó a reducirse―. Te entrego mi fe, Supremo Comandante de los ayakashi, nieto de Nurarihyon… ¡Nura Rikuo!
