Veinte

" Adiós, Alex"

—Alex, ya me voy, tengo que volver otro día por lo demás.

Susurró desde el resquicio de la puerta, observando con tristeza a la ojiazul que estaba sobre su cama dándole la espalda.

Rachel había hecho una maleta con las cosas más personales que utilizaría en algunos días, ya después regresaría cuando las cosas entre las dos fueran más tranquilas y fáciles de sobrellevar.

Y no es que haya llevado tantas cosas a la casa de Alex, porque la mayoría de ellas aún permanecían en el pequeño departamento que tenía en Brooklyn, pero eran las suficientes para tener que volver por ellas.

Intentó que el momento no fuera aun peor y desgastante de lo que ya era, pero fue en vano su intento, porque Alex en ningún momento hizo algo para siquiera dirigirle la mirada o ponerle un poco de atención, era un mueble más de la habitación, uno más que la ignoraba. Algo que desde luego estaba destruyendo a la morena. Prefería que la chica le gritara algo a que ni siquiera se percatara de su presencia. Eso era un más duro.

—De acuerdo, entiendo que no quieras hablar conmigo y me odies, pero no puedes comportarte como una adolescente con la Ley del hielo. Eso es bobo Alexandra.

Fue entonces cuando Alex salió del autismo, interrumpiéndola con unas crudas y dolorosas palabras. Palabras crueles que sobrepasaban el límite para no sentirse una basura.

—No te equivoques Rachel, yo no te odio ni nunca lo haré. El odio para mí, es dale más importancia a la persona, y para mí desde hoy, estás muerta, es como si nunca hubieras existido—se sentó sobre la cama.— Comprendo que será imposible no tener que vernos porque el maldito contrato nos une, pero eso no quiere decir que yo vaya a tener alguna consideración para ti, porque tú no la tuviste conmigo, así que no, no esperes más de la Alex que se desvivía por atenderte—gritó furiosa— ¡Por Dios Rachel! ¡Destruiste la confianza que tenía para ti! ¡Sólo te pedí que fueras sincera conmigo! —sorbió por su nariz y se quitó con desesperación las lágrimas que ya le impedían su visión— ¿Fue tan difícil decirme que te habías acostado con ella? Porque sólo hacías que siguiera con las estúpidas ilusiones de que podría lograr que me quisieras, cuando todo era una vil y cruel mentira. Yo sí me enamoré de ti y caí en mi propia trampa. En esa en la que te pedí que tú no lo hicieras. Supongo que es el cargo que tengo que cargar por haber hecho lo mismo con tantas chicas.

—Alex…

—Nada de Alex. Ya me dijiste lo que piensas, ahora me toca a mí—la interrumpió un poco más tranquila.— Y quizás pienses que, porque las personas en el mundo me creen como una maldita mujeriega sin corazón, no tengo respeto por nadie ni nada, pues no, no es así ¿Sabes cuántas mujeres he traído aquí? —Rachel negó bajando su mirada— Sólo a tres, y una de ellas eres tú ¡Te traje a la casa de mis padres! Al único recuerdo que me queda de ellos, algo sagrado para mí. Por eso en esa cena no había aceptado esa petición, porque no quiero pasar por lo mismo. Quedarme sola.

Se acostó de nuevo sobre la cama evitando que la morena viera como sus lágrimas seguían cayendo entre sus mejillas.

— Así que no Rachel, no mereces ninguna consideración de mi parte. Y por favor, vete de una vez. Estoy cansada de esta situación que no ayuda a ninguna de las dos.

Sin más que responder a la chica, Rachel se aproximó hasta ella y le dejó una pequeña caricia en su pierna para después salir de la casa al que llamaba mundo, Alex Stone.

No había nada más que contradecir, ella misma había acabado con todo. Lo único que le quedaba era intentar componer las cosas, con su mundo. Con Quinn Fabray. A donde creían sus pensamientos que pertenecía.

East Village, Nueva York. Departamento Fabray. 2:30 am

Para que Quinn Fabray se sintiera relajada habían dos formas para que eso sucediera, la primera: lo que todos sabemos, la máxima relajación después de una buena tanda de sexo pero para su desgracia, ya no estaba su pequeña estrella a su lado para satisfacer esas necesidades, aunque la necesitara con tanta desesperación, y la segunda: que tuviera que regresar del trabajo, pudiera quitarse sus zapatillas que la martirizaban en todo el día y que sus hijos no la molestaran con el "Mamá, Beth me pegó""Mami tengo hambre" "Fabray, Tony volvió a esconder mi chaqueta preferida".

En definitiva, el primer viernes de cada mes, era una de sus noches preferidas, porque era cuando se iban un fin de semana con Biff y sus abuelos a New Haven.

Pero ya saben que para la vida de Lucy Quinn Fabray nunca existe un momento de relajación, y mucho menos, tranquilidad.

Escuchó desde su cama como la puerta de su entrada caería por los golpes incesantes con que estaban maltratándola; eran las 2:30 de la madrugada.

¿Quién en su sano juicio podría estar allí a esas horas?

Seguramente una persona loca.

Lo golpes la hicieron ponerse de pie, y con frustración, abrirla llevándose una extraña y confusa sorpresa. Era Rachel quien la veía con lágrimas en los ojos y una maleta en su mano derecha.

— ¿Qué pasa Rachel?

No abrió del todo la puerta, aún tenía que darse a respetar, y si le permitía la entrada, así como si nada, su plan se vería frustrado. Y era lo que menos quería. Quería darle una lección por sus actitudes.

—Yo… ¿Puedo pasar?

Allí las palabras mágicas que ya veía llegar, como si pudiera leer su mente. Rachel y su canto de sirena estuvo a punto de hacerla flaquear.

《Vamos Fabray, tú puedes, no dejes que su hermosa voz te haga caer así tan fácil.》

—Lo siento Rachel, pero, estoy un poco… ocupada… Ya sabes… Un poco de esto y un poco de aquello.

Respondió titubeante, pero al mismo tiempo, directa.

Y sí, Quinn Fabray estaba mintiendo, pero al ver que la morena tenía pequeños indicios de celos al cambiar su gesto a uno que ya conocía, comprendió que era por una buena causa.

¿Qué tan malo era verla por un rato como la había tenido a ella por esos dos meses? De seguro no estaba rompiendo alguna ley ¿O sí?

— ¿Es muy importante lo que tienes que decirme?

Se hizo la interesante, aunque en ese mismo instante, quería abrazarla por lo adorable que se veía frunciendo sus labios como niña pequeña por no obtener su atención.

—Sí estas con alguien, no es necesario que me lo ocultes Quinn. Me puedo ir, y no importunar su cena romántica o lo que estén haciendo.

Alegó con un halo de molestia y tomando con fuerza la maleta, tanto así, que sus dedos se pusieron blancos por como la apretaba. Rachel se giró para salir de allí lo más pronto posible y no encontrarse con esa "persona" que quería quitarle a su Quinn.

—Oh no Rachel, no es por eso que estás pensando en esa cabecita que se crea historias sin saber lo que realmente pasa, de hecho no hay nadie ¿Ves?

Abrió un poco la puerta para enseñarle que efectivamente no había en el interior nadie e hizo un aspaviento con su mano para quitarle importancia.

— Sólo que estoy un poco fastidiada, la oficina ha sido muy cansada—fingió un divertido bostezo evitando que una sonrisa saliera de sus labios— Enserio ¿es algo muy urgente?

Insistió ahora sí decidida, no quería que la morena se fuera por su pequeña mentira piadosa.

—Yo sólo quería que supieras que ya dejé la casa de Alex por ti, porque te quiero, pero si estás muy cansada y fastidiada para escucharme, pues otro día podemos hablar. Adiós Quinn.

Soltó las palabras a tal velocidad que apenas se pudieron distinguir y tomó su maleta ahora si caminando hacia el pasillo.

—Vamos Rachel, no tienes por qué enojarte. La enojada soy yo, no tú.

La detuvo delicadamente del brazo reaccionando a las palabras que había soltado la pequeña. ¿Rachel había dejado a la creidita actriz como se lo había pedido ella? ¿Porque la quería?

—Cómo quieres que no me moleste si te acaba de decir que deje a Alex por ti. Porque te quiero—sollozó adorablemente— Y porque tú eres el lugar a donde yo realmente pertenezco. Mínimo merezco un poco de tu atención. Aunque parece que todo mundo odia a Rachel Berry y la quieren lejos, quizás en otro país o en otro planeta.

—Oh Rachel, no digas eso—le sonrió y la atrajo a ella— Mi pequeña estrella—negó enternecida.— Sabes que no sólo con esto harás que quiera comerte a besos de nuevo ¿no es cierto?

Rachel asintió en su pecho. Sabía perfectamente que Quinn merecía un poco más que dejar a Alex para que la perdonara. Si ella misma se lo había puesto difícil, la rubia también tenía el mismo derecho a recibir detalles de su parte.

—Lo sé Quinn, sé que mereces las mismas cosas que tú me diste y por eso hice esto ¿Es un paso, nop?

Quinn asintió dejándole un beso en la cabeza. Claro que era un paso. Uno aventurado como todo en la vida de la pequeña, pero un adorable y encantador paso.

—Entonces dicho lo anterior, regresaré a mi actuación de la chica mala—advirtió graciosa— ¡Oye! Yo también sé actuar, no por algo pasé un largo año de Teatro dramático en Yale—le dio un pequeño golpe en su hombro al ver como Rachel se burlaba de ella— Berry, regresa a tu departamento ahora mismo. No puedo dejarte en el mío, así como si nada porque aún no te lo mereces, además aún no tenemos la primera cita—la morena soltó una carcajada y se separó de ella.

—De acuerdo general Fabray, yo cumplo sus peticiones—hizo la señal característica del ejército y tomó su maleta.

—Ahora la tienes muy difícil enana—le anotó seria— Yo soy mucho de detalles y esas cosas cursis y románticas. Así que quedas advertida, necesitas sorprenderme para que yo quiera besarte de nuevo.

—Lo que ordene capitana—aceptó dejándole una caricia en la mejilla y mordiéndose el labio— Entonces lo mejor es que vaya a mi casa ya mismo, si es que quiero no morir asesinada por un psicópata o quiera entrar a tu apartamento y cobrarte todos los besos que no nos hemos dado en estos dos largos días de abstinencia.

El gen hipnotizante y dramático Berry a la luz.

—Esa es buena idea. Mejor ve a descansar, mañana será otro día y necesitas recuperar energía para asombrarme con uno de tus mejores detalles—la morena soltó una carcajada.

—Pues bien, me voy, cielo—le guiñó un ojo coqueta y se despidió encaminándose por el pasillo.

— ¡Hey Berry! —Le gritó antes de que se fuera— ¿Podrías avisarme cuando llegues para no estar con el pendiente?

—¡Sí!

Le sonrió, y ahora sí, se perdió de la vista de Quinn quien seguía con la misma sonrisa boba en sus labios. Aunque sabiendo que no se la dejaría fácil, ni por el bien de la morena ni por el de su propio corazón.

Willoughby Avenue, Bushwick, Nueva York. Departamento Berry 00:46 am

Estaba sola de nuevo, sola como había pasado los últimos doce años de su vida, los mismos doce años donde pasó por mucho, donde fue diagnosticada con una profunda depresión, una depresión que la llevó a tomar medicamentos para poder conciliar el sueño y los recuerdos tormentosos no regresaran a ella. Además, pasó a estar siempre acompañada por alguien, unas veces por Kurt, otras veces por Santana y otras más en donde sus padres tuvieron que viajar de Lima hasta ella.

La inseguridad, sentirse el ser más inferior a todos, el ser que se le había negado el amor y su gran sueño.

Primero con Finn y su pérdida en esa noche de Julio, luego Brody y sus engaños, por Quinn que la había rechazado cuando le declaró su amor en medio de su boda y, por último, cuando le dijeron que no era lo suficiente hermosa para ser una estrella de Hollywood.

Sí, estamos hablando de Rachel Berry, quien entraba de nuevo a su departamento, el cuál, ya no se sentía un hogar, un hogar cálido y acogedor que desprendía alegría. La misma alegría que le había proporcionado Alex y sus ocurrencias; sus divertidas bromas, sus intentos tontos de cortejarla, su sonrisa, ya hasta extrañaba a la bola de patas peluda como había llamado a Luca, aunque le lamiera toda la cara por las mañanas. Pero tenía que ser firme con su decisión, ella quería a Quinn y debía primero averiguar qué era lo que sentía por la rubia para luego preocuparse en contentar y recuperar a su amiga, porque en eso se había convertido Alexandra Stone, en su compañera de aventuras, pero ante todo, Quinn Fabray estaba primero.

Y su recuerdo le hizo acordarse que debía de mandarle el mensaje avisándole que ya se encontraba sana y salva en casa. Buscó el celular en un bolso de su mochila y mandó el aviso para luego buscar las llaves que no había usado a lo largo de un mes completo.

*

03:34 18/02/2026

Para: Quinn Fabray

Llegué a casa sana y salva. Ningún secuestrador se apareció en mi camino. Besos.

*

Abrió la puerta y la oscuridad la acogió en su abrigo. Tuvo que caminar recargándose entre la pared para no caer y llegar hasta el enchufe de luz y encenderlo.

Su apartamento era un cuchitril lleno de polvo y arañas, oh sí, arañas a las que tanto le tenía pavor. Le hicieron soltar un grito aterrorizado cuando el pobre insecto salió disparado por una esquina. La indefensa estaba más asustada que la propia morena.

Ya había pasado la primera prueba, la segunda era llegar hasta su habitación y no comenzar a llorar como lo hacía todas las noches, ahora se encontraba sola y no habría nadie quien tratara de tranquilizarla. Así que resopló, buscó una de sus adorables y tiernas pijamas rosadas que la acompañaban de la adolescencia, y se dirigió al baño para hacer su ritual de limpieza, porque aun creía que el mundo era un lugar sucio, muy sucio de hecho.

Ya era muy tarde para meterse a bañar, por lo cual, sólo se desmaquilló y se colocó el pijama adornada con estrellas recordándole que las metáforas son importantes. Sus estrellas son una metáfora para ella de convertirse en una, y para concluir, su cepillado dental, algo importante para conservar una sonrisa de comercial ahora que la necesitaba más que nunca.

Y al observarse al espejo se dio cuenta de algo que ni ella misma sabía, ya no veía a esa chica insegura ni temerosa, había una que tenía una mirada más tranquila y una sonrisa, una sonrisa que no sabía que existía más en ella. Y con el mantra que había adoptado últimamente, repitió las palabras en voz alta manteniendo aun la mirada en su reflejo:"Fui, soy y seré la mejor actriz de Broadway que ha nacido en esta vida y nadie me detendrá para conseguir mis sueños".

Esta vez sí se lo creyó, esta vez sabía que se harían verdad sus sueños, los sueños por los que había luchado a lo largo de su vida, regresar a sus grandes amores: Broadway y tener un verdadero amor de película, un amor que pretendía que fuera Quinn Fabray, o bueno, eso era lo que esperaba.

Primero haría la audición para Spring Awakening, seguramente obteniendo el protagónico desde luego, después podría recuperar a su Quinn y ser felices por siempre, pero sabía que aun le seguía faltando algo, algo que no sabía qué era, pero a la larga lo averiguaría. Aun faltaba una pieza por encajar.

Recuerden, Anything Could Happen, Rachel Berry.

A veces las cosas y las personas llegan por algo, para cumplir un fin o guiar a alguien en su camino. Y sólo a veces, y muy contadas veces, el hogar no siempre es el lugar a donde realmente creemos pertenecer. Hay veces en las que las vidas paralelas no son siempre las mismas, y el hilo rojo se rompe por primera vez, evitando que se repita una y otra vez lo que la vida nos tiene destinado. A veces no sólo hay un solo camino, sino dos caminos distintos que tú y solo tú debes de elegir. Nosotros no sabemos lo que nos tiene destinada la vida al llegar la 101 vez de la misma repetición de factores, quizás la 102 veces sea diferente.

"Fui, soy y seré la mejor actriz de Broadway que ha nacido en esta vida y nadie me detendrá para conseguir mis sueños".

Repitió por última vez antes de ir a su cama y seguramente dormir con la opresión de pecho que no sabía de dónde venía, bueno, quizás sí pero no quería confesarlo. No se permitía confesarlo aún.

Southampton, Nueva York. Mansión Stone. 20:05 pm

Jessica entró a una oscurecida y sombría habitación intentando comprender qué es lo que había ocurrido allí, apenas en la tarde la había dejado más feliz que nunca, pero ahora todo estaba mal, tan mal como la dueña de la mansión que la había llamado con desesperación para que la apoyara.

Subió las escaleras hasta el cuarto de Alex, quien estaba acostada sobre su cama soltando sollozos de desconsuelo. Y eso fue lo preocupante, Alex llevaba tantos años sin llorar que eso era lo más confuso de todo. La última vez que la vio haciéndolo, fue catorce años atrás en la representación de Funny Girl, donde Rachel era la protagonista. Después de eso, pareció que Alex no tenía más lágrimas en su organismo. Porque jamás volvió a soltar una más. Simplemente se había cerrado a demostrar esa emoción.

— ¿Qué pasó cariño? ¿Dónde está Berry? —lo peor que pudo pronunciar, porque fue el detonante para que Alex llorara aún más fuerte. Se sentó haciéndose espacio en la cama, y le acarició la cabeza— ¿Ella te hizo esto? Anda pequeña, recuerda que siempre me cuentas todo.

—Jess… ella me mintió… cuando yo lo único que quería era… que me dijera la verdad—apenas pudo pronunciar cuando los sollozos regresaron.

— ¿Cómo que te mintió? Explícate mejor—cuestionó contrariada.

—Sí, ella me mintió y de la peor manera, me dio ilusiones cuando sabía perfectamente que jamás pasaría nada conmigo. Tú mejor que nadie sabes lo mucho que la quiero, que me esmeré en cambiar todo lo malo que soy sólo por ella. Sabes que yo nunca me abro a las personas como lo hice con ella. No soy la linda persona que fui con ella.

—Alex, sigo sin entenderte bien—en definitiva, no deducía nada de lo que la ojizaul trataba de explicar.— Sí me percaté de que tu actitud cambió cuando ella llegó, pero no entiendo porque esto de que te mintió. Pensé que estaban bien.

—Ella prefiere a Quinn. A ella y a mí me dijo que no quiere saber más de mí y mis sentimientos. Ella se fue de casa porque no quería seguir lastimándonos, aunque en realidad, a quien no quería lastimar era a ella, porque a mí me dejó destrozada. Yo la traje aquí, a mi lugar, al lugar que solo tú y Jenny han venido. Duele Jess, me duele mucho.

—Cálmate Alex. No permitiré que te derrumbes de nuevo y menos por Rachel. Ya pasamos por esto antes y no sucederá de nuevo.

Le acarició la cabeza por largos cinco minutos donde la actriz soltó todas esas lágrimas que tenía dentro de ella.

—No te preocupes, ya sabes cómo soluciono esto. Conocerá a la verdadera Alexandra Stone a partir de hoy.bSi no quiere la versión buena de mí, entonces no habrá inconveniente en que conozca a la que no le importa las demás personas más que a mí misma. La que fui antes de que llegara a mi vida. Ya no más de la Alex que la trata como reina y se desvive por protegerle el culo—dijo sorbiendo por la nariz y acurrucándose en su representante.— Regresará la diva arrogante que soy. La misma diva egoísta con corazón de hielo como me conocen todos. La chica sin corazón al que puedan herir de nuevo.

East Village, Nueva York. Departamento Fabray. 12: 38 pm

— ¿Entonces te dijo que ya dejó a Alex? —Cuestionó muy interesada Marley con un pedazo de fruta en su boca.— ¡Wow Quinn! ¡Eso es genial!

—No sé qué tan genial seam

Respondió sin darle mucha atención y observando de reojo a Harley, que ya no llevaba la ropa de vagabunda, de hecho, llevaba una que la hacía ver realmente bien y más elegante.

La psiquiatra había decidido usar un coqueto vestido negro acompañándolo con unos tacones del mismo color, estilizando unas bonitas piernas, bueno, no tan bonitas como las de su Rachel, pero sí unas que se no se podían dejar de admirar.

— ¿Qué tanto me ves rubia huele jabón? Sí soy yo, la vagabunda, ¿Pensabas que no podía verme sexy y no sé de elegancia como los vestidos que tú usas?

La sacó de sus pensamientos, pensamientos que no debería de enterarse su diva dramática o estaba muerta. Muerta y enterrada en esos momentos.

—Lo que no entiendo ¿Por qué se te dio vestir decentemente precisamente hoy? Pensé que tu armario estaba lleno de ropa vieja y mugrosa.

Contradijo robándole un pedazo de fruta del coctel de Marley. Quien se había resignado a que no hablaría más. Maldito el día que había decidido invitar a su amiga a cuidar a los hijos de su jefe. La única conocida que tenía en Nueva York y su amiga se llevaba la atención de la rubia.

—Porque aquí tu asistente personal me advirtió que, si no venía así, no me traería a molestarte un rato. Y necesito un poco de esto para sobrevivir. Necesito seguir con mi experimento de la rata de Skinner.

Harley repuso indiferente también arrebatándole un trozo a Marley que solo era espectadora de la plática, como si fuera un juego de beisbol donde Quinn era la pitcher y Harley la bateadora a cargo.

¡Gooo Blues! ¡Gooo Dodgers!

Casualmente las tres estaban sentadas en el sillón de la rubia y Marley se encontraba entre ambas permitiendo ser asaltada de su desayuno. Marley y Harley habían llegado a despertar a la rubia, luego de enterarse que Quinn estaba sola sin sus pequeños y no tenía más amistades más que ellas, y así pasar una mañana de desayuno las tres juntas. Apenas le había dado tiempo de bañarse y arreglarse decentemente, cuando ambas chicas ya estaban tocando a su puerta con un par de bolsas con frutas y cafés porque aún no conocían la dieta de la abogada. Una dieta específica, cuidada y ordenada como todo lo que la rodeaba.

—Sí claro para sobrevivir, otra rata con ese cuento—le entrecerró los ojos y se recargó en el respaldo.

— ¿Entonces desayunamos o qué? —Sugirió Marley con una forzada sonrisa para controlarlas— Porque yo tengo hambre, y al parecer, también ustedes que se han decidido por robarme parte de mis frutas.

—Eres una mala anfitriona Quinn Fabray, ahora tendré que ser yo quien las alimente—se quejó Harley poniéndose de pie con un brinco y encaminarse a la cocina.

— ¿Siempre es así? ¿Así con esa confianza de hacer y deshacer lo que quiera y cuando quiera? —Le preguntó a Marley que sólo asentía avergonzada— ¡Dios! Esta mujer me va a matar—resopló y le siguió el paso a la morena que ya rebuscaba entre los muebles la localización de los platos y vasos— ¡Hey basta Megan Fox! Estas desordenando todo. Eres un maldito caos. Donde rompas uno te corro de mi casa. Te lo advierto.

— ¡Deja de ser tan obsesa del control Fabray por una vez en tu puta vida!

— ¡Y tú deja de molestarme y decirme groserías! ¿Acaso me oíste decirte una? ¡Te odio Matthews! —pumm un vaso menos en la cara vajilla.— ¡Dije que soltaras esos vasos! ¡Ahora sí te mato! ¡Era una reliquia familiar!

—Solo porque sé que Quinn adora a Rachel y Harley es más heterosexual que yo y se ha acostado con medio hospital, podría jurar que estas dos son capaces de comerse sobre esa mesa.

Pobre de Marley que escuchaba los gritos de las dos chicas que eran sus amigas en esa gran ciudad llena de gente loca, loca como esas dos que no paraban de discutir nunca.

Southampton, Nueva York. Mansión Stone. 14:52 pm

A pesar de intentar dormir feliz y más tranquila y relajada, no lo logró, y mucho menos, entendía por qué se encontraba en la impresionante puerta de la mansión con esos choques eléctricos recorrer su cuerpo.

¿Era el miedo por la reacción que tendría la ojiazul de verla luego de la noche anterior? ¿O porque ella misma no entendía el imán y preocupación que sentía por la actriz que la hacían actuar de esa manera?

Porque esa era la razón por la que había mantenido los ojos abiertos, recordar el episodio en que vio a Alex gritar una y otra vez que no la lastimaran. Quería saber quién era ese tal Bob con el que tenía pesadillas. Su gen curioso que no descansaría hasta saber la verdad.

Así que, sin darle más vueltas al asunto, y terminar más rápido con ello para ir al departamento de Quinn, tocó la puerta siendo recibida por una chica encargada de los quehaceres del hogar.

— Buenos días—saludó educadamente.— ¿Ya se encuentra despierta Alexandra?

—Claro señorita Berry, de hecho, está despierta desde las cinco de la mañana y apenas acaba de regresar de su rutina de correr por la playa.

Informó permitiéndole el paso al interior, pero con lo que se encontró la morena no era lo que esperaba. Había muchas personas cubriendo parte de los muebles con sabanas blancas.

— La señorita Stone se encuentra en el patio trasero con Luca. Apenas llegó se ha mantenido allí con él.

—Claro— susurró confundida.— Disculpa ¿Qué está pasando aquí?

—Oh pensé que ya estaba enterada, como vive aquí—la ojiazul no había comentado nada de su partida.— La señorita Alex ya no vivirá más aquí. Bueno, sólo durante todo el rodaje de la serie que vivirá en su casa de Los Ángeles. Adelantó su viaje de la siguiente semana a hoy, por eso cubrimos todo, siempre que ella se va lo solemos hacer, es muy cuidadosa con esta casa.

Un bote de agua fría, eso fue lo que sintió Rachel en su cuerpo al escuchar las tranquilas palabras de la chica.

¿Alex se iba, así como si nada por todo un año completo que era lo que duraría la serie? ¿Eso había provocado con su confesión? ¿Ya no quería verla más como se lo indicó la noche anterior? La morena pensó que solo había sido por el enojo del momento, pero no era así. Alex se iba lo más lejos que podía de ella, a miles de kilómetros de su lado.

— Si quiere puede ir a verla.

Rachel asintió sin responder y se dirigió a donde le informaron que se encontraba la actriz, y efectivamente, estaba arrodillada a un lado de una caja para transportar animales y de un intranquilo Luca mientras lo acariciaba y le decía algo que no pudo escuchar bien por la lejanía.

—Vamos amigo. Prometo que solo será por un rato—pidió Alex señalándole la caja.— Es para que podamos volver a casa, a nuestra casa ¿Recuerdas? Esa casa que tanto te gusta por la gran alberca en la que te puedes refrescar. Por favor Luca, necesito irme de aquí. Enserio lo necesito para no enloquecer— y como si el Husky siberiano entendiera su suplica, con toques de tristeza, se metió sin pelear más.— Muy bien amigo.

La cerró y fue cuando advirtió la presencia de la morena. Rachel la veía triste y enternecida por cómo le hablaba al pequeño tesoro de la casa.

—Alex ¿Es verdad que te vas a Los Ángeles para no volver? ¿Tanto me detestas que quieres estar lejos de mí? —preguntó con un sollozo, pero la ojiazul seguía empecinada en no hacerle caso haciéndola llegar hasta ella.— ¿Tanta es tu necesidad de olvidarte de mí? —insistió desesperada y moviéndole el hombro para que mínimo la viera.— ¡Joder habla! Deja de parecer una adolescente que está molesta con sus papás.

—Eso Rachel, eso mismo, ni siquiera tengo papás para darles explicaciones de mi vida. Por qué tendría que dártelas a ti la más grande mentirosa que existe en la vida—se quitó el agarre de su hombro.— Lo que haga o deje de hacer a ti te dejó de importar. Ya no estaré interviniendo en tu nidito de amor ¿No era eso lo que querías? ¿No fue lo que tú misma me pediste ayer? —eso mismo le había pedido, pero ya no estaba tan segura de que eso pasara.— Ahora no entiendo que haces aquí. Si es por tus cosas, ya se encargaron y las empaquetaron para que no tengas que preocuparte por ellas. Y tampoco tengas que verme más.

—Sabes que no es por eso…

—Entonces qué ¿Quieres asegurarte que este a miles de kilómetros de ustedes? Pues sí, me largo un año a Los Ángeles para grabar la serie y quizás no vuelva más. Ya no hay nada que me ate a estar aquí—se puso de pie y le gritó a uno de los chicos que se encontraban allí presenciando la discusión.— Ven por Luca y llévalo a la camioneta, que salimos en cinco—ordenó sobándose la cabeza por el dolor que no se había ido en toda la noche.

Esa era la razón por la que no había podido dormir y decidió mejor adelantar su rutina de ejercicios matutinos.

— ¿Sigue doliéndote la cabeza? —Cuestionó preocupada— ¡Joder Alexandra! Llevas dos meses con esos dolores que van y vienen y no haces nada. Y luego ayer ese tal Bob ¡Quién es! Porque te pusiste así.

— ¡Ya basta Rachel! Lo único que me falta es que vengas a regañarme y entrometerte en mi vida. Ya escuchaste lo que querías. Y ya te dije lo que pasará. No volveré. Deja el estúpido dramatismo que ya no va.

— ¡Claro que lo harás! Te recuerdo que tienes un maldito contrato que cumplir conmigo te guste o no.

El ancla con la que quería retenerla. Lo único que la ataba a estar allí y no perderla del todo.

—Un contrato que si quiero rompo porque no cumpliste como deberías. Felicidades Rachel Berry, la maldita noticia de que me engañas con alguien saldrá a la luz. Bendito karma. La mujeriega es engañada por el lindo e inocente corderito que no rompe ni un plato. De película ¿No crees?—hizo aspavientos con sus manos.

—Pero, dijo Jessica que lo de la discusión, ya no saldría en los medios... —balbuceó inquieta.

—Esa no, pero la de San Valentín y tu llegada y salida de su edificio es algo que no estaba dentro de nuestros planes. Mañana mismo esa noticia saldrá en todo el país. En todas las malditas revistas. Así que a tu contrato también te encargaste de destruirlo al igual que a mí ¿Querías ser reconocida? Pues de nuevo felicidades Berry, serás conocida como la chica que engañó a la peor de todas y le dio su merecido. Todas las mujeres con las que salí estarán orgullosas de ti y te pondrán un altar, mientras yo, quedó como la pobre y mártir chica que sufre eternamente por su único amor y tuvo que huir a otro lugar para no encontrarse más con ella. Las dos salimos ganando en menos del tiempo estipulado. No necesitas más del contrato, ni a mí, que para eso tienes a Quinn Fabray para cumplir con tus exigencias.

—Alex… yo… no quería…

—Ya no digas más. Sólo encárgate de decirle a tu Quinn que se convertirá en una figura pública. Oh, ella y sus hijos desde luego—aclaró sarcástica—Así que lo de nuestro contrato está finalizado y eso de llegar a la fama y estrellato lo más rápido posible te salió mejor de lo que planeaste.

—No Alex. Tenemos que arreglarlo. Por favor. Quinn no puede verse involucrada en esto. Ella ni sus hijos tienen la culpa de esto.

— ¿Tenemos? Eso me suena a manada. Que tu representante se encargue de eso, que para eso le pagas. Oh cierto, ni siquiera sabe lo que yo te estoy diciendo porque no cumple bien sus funciones. Lo bueno que la mía me informa cada movimiento de nuestra "relación" y hace perfectamente lo que le toca.

—Por favor, por mí Alex, ayúdame. Hazlo por mí. Por el cariño que decías tenerme. Habla con Jess, paga las regalías — suplicó, pero la ojiazul solo se rió despreocupada.

— ¿Por ti? Buena esa Rachel, buena esa. Lo hubieras pensado antes de mentirme como me mentiste y romperle el corazón a la persona equivocada. Ahora ráscate con tus propias uñas, que yo, ya no me arrastro para cubrirte todas tus indecisiones. Ya no eres mi luz brillante por la que haría cualquier cosa como un vil mosquito. Y olvídate de buscarme más, has como si nunca me hubieras conocido, o como si nunca hubiera existido en tu vidam Que yo, hace más de seis horas ya te olvidé. Y suerte pingüinita, que la necesitarás.

Le dejó una caricia en el hombro y caminó hacia la camioneta que ya la estaba esperando para su partida a Los Ángeles. El lugar a donde realmente pertenecía.