Abrió los ojos con pesadez debido a una molesta resaca. A juzgar por la luz parecía ya pasado mediodía y se sorprendió porque su asistente no la hubiera despertado al dar las ocho de la mañana. Estiró los brazos tratando de liberar la sensación de cansancio y se extraño al no escuchar los sonidos de trastos o de la televisión encendida afuera de su habitación. "Seguramente se tomó todo el día" pensó mientras ponía los pies sobre el suelo pero se sobresaltó al darse cuenta que estaba pisando la cabeza de su asistente quien tenía los ojos entrecerrados observándola con enojo.
-¡¿Qué pu… qué demonios haces ahí?- exclamó más que molesta sorprendida.
-En la madrugada decidiste convertirte en una stripper y bailar hasta que se te dio la jodida gana; quítame los pies de encima- vociferó empujando el sucio pie da la joven de su cara y se sentó, sacudiéndose el rostro.
Al darse cuenta que se encontraba en ropa interior rápidamente se cubrió con la cobija tratando de conservar cierto recato pero el youkai parecía no tener interés en echar una mirada, sin embargo, ella se llevó una sorpresa al ver su torso bien torneado y descubierto frente a ella. "Que se vaya, que se vaya" pensaba muerta de vergüenza mientras cerraba los ojos, apretándolos para no ver.
-Ni te molestes en cubrirte, ayer dejaste más que claro que te encanta la ropa interior rosada-
-Ay no, qué vergüenza. ¡Ah pero claro! ¡Tú muy feliz de la vida! ¿No?- exclamó de pronto, tratando de poner en evidencia a su trabajador.
-En lugar de intentar incriminarme de algo de lo que definitivamente soy inocente, deberías agradecerme porque ahora mismo no amaneciste al lado de un desconocido- contestó dándole la espalda mostrando su marcados músculos mientras abría la puerta de la habitación.
-Estás mintiendo…- dijo poniéndose de pie mientras se ponía la piyama que se encontraba esparcida por el piso justo al lado de su cama.
-No- contestó el youkai mirándola sobre su hombro –ayer llegaste con alguien; lo mandé a casa- y al decir esto salió y se dirigió hasta su cuarto seguido de Kagome ya con la piyama puesta. Sesshomaru tomaba su ropa y la extendía sobre su cama mientras la joven trató de sacarle más información sobre lo que había pasado la noche anterior ya que ella no recordaba absolutamente nada.
-¿Quién era?- preguntó en tono serio.
-Koga- contestó en un tono grave de voz –Kagome… aunque sea tu asistente necesito algo de privacidad, ¿te molesta…?-
-¡Ja! No, ahora harás lo que tengas que hacer frente a mí, así estaremos a mano- dijo la joven con una sonrisa maquiavélica, tratando de inmutar al youkai y ponerlo en una situación incómoda pero no fue así. Mirándola con recelo se quitó los pantalones para dormir quedando en paños menores y comenzó a vestirse con calma como si no hubiera nadie en la habitación. Kagome tragó saliva con dificultad; el tiro le había salido por la culata. Refunfuñó, cerró la puerta tras de sí y fue a sentarse al sofá a ver algo de televisión.
-¿Qué pasó? No que muy…-
-¡Calla!- exclamó la joven cruzándose de brazos.
El youkai se sentó a su lado mientras ajustaba las cintas de sus zapatos. Kagome lo miraba con curiosidad, a pesar de que le provocaba muchos disgustos la había protegido y eso lo podía apreciar aunque todavía no se sentía lista para someter su dignidad para agradecerle, ya que sin establecerlo de palabra, ambos se encontraban en una ardua competencia de ver quién ponía en ridículo a quien; agradecerle sería darle la victoria.
-Te dejaré sola el día de hoy- dijo recargando su brazo sobre el respaldo del sofá mirándola con ese rostro neutral de siempre.
-Oh, pues eso está bien. Hace tiempo que no paso tiempo a solas- contestó la joven fingiendo una sonrisa ya que al escuchar aquello sintió ganas de pedirle que se quedara; no le gustaba estar sola.
-Regresaré mañana por la mañana- dijo poniéndose de pie y saliendo por el departamento dejando a la joven con una sensación de vacío.
O
-¡Ya llegó!- exclamó una pequeña niña mientras despegaba la vista de los juguetes que tenía frente a ella.
Un pequeño niño con cola de zorro se encontraba practicando trucos de magia no muy lejos de ahí, sentado en la mesa del modesto comedor mientras un pequeño demonio verde lo supervisaba con cierta autoridad.
-Rin, ya te dije que no grites- contestó reprimiéndola pero la niña se levantó y comenzó a dar pequeños saltos frente a la puerta.
El cerrojo se movió y Sesshomaru entró siendo recibido por el sincero abrazo de la pequeña. Se hincó para estar a su altura y acarició su redonda mejilla mientras le daba un pequeño cerdito de goma que le había comprado semanas antes. Rin comenzó a correr con él mostrándolo al aire sonriendo mientras el youkai se ponía de pie y dejaba varias cosas sobre la mesa, acariciando con suavidad el cabello del pequeño kitsune quien sonrió al verlo entrar.
-Amo Sesshomaru- exclamó el pobre sirviente esperando recibir un gesto de cariño pero fue en vano. El youkai ya había pasado de largo para recostarse en su habitación sobre las suaves cobijas que lo envolvieron con el aroma del hogar.
Rin y el pequeño Shippo corrieron hacia donde se encontraba el youkai y comenzaron a saltar en la cama mientras Sesshomaru cerraba los ojos sin perturbarse por el insistente movimiento de la cama. La niña se detuvo y cayó sentada sobre el colchón al lado del youkai y comenzó a acariciarle el cabello y acomodarla en una larga y plateada trenza.
-Jaken me enseñó muchas cosas; ¿quieres que te enseñe?- preguntó Shippo con su redondo rostro iluminado al recordar sus pequeñas hazañas mágicas.
-Después- respondió con los ojos cerrados relajándose por las caricias que la pequeña niña le hacía.
El pequeño youkai entró al cuarto ligeramente iluminado con una pequeña libreta en donde había anotado todos los recados que tenía para su amo. Vio que su señor se encontraba bastante fatigado y por fin relajado entre la compañía de los niños por lo que dejó los recados sobre la mesa de noche que se encontraba al lado de la cama y se alejó hacia la cocina para preparar la comida favorita de los niños y del señor: macarrones con queso.
