Capítulo XX : ¿Me amas?
Todavía no pude deducir qué había pasado hace un momento alli fuera, ¿qué habría sido? Miedo, si. ¿Pero de qué? Algo había allí en el bosque que me estaba amenazando, y no eran las "princesitas". ¿Qué sería? En fin, no pensaré en eso ahora. Hoy es viernes y mañana es mi cita con Edward. ¡Que feliz estaba! En estos momentos me estaba dirigiendo hacia Trigonometría junto con Jessica, quien me hablaba del Baile del Primavera, al que claramente yo no asistiría. La chica estaba realmente emocionada, para ella todo estaba genial. Mike la había invitado --no es que yo quisiera eso, pero si el chico en el que estas interesada te invita al baila debe ser genial--, tenía muchas amigas, tenía un hermoso vestido, tenía a su familia junto a ella, lo tenía todo. Todo lo que yo no tenía. Pero yo tenía un amor, y se llamaba Edward Cullen. ¿Me amaría? Hace poco había visto una película por la T.V, se llamaba "Mi amiga la sirena". Trataba sobre una sirena que tiene una cierta cantidad de días para demostrarle a su padre que el amor existe, por lo que recurre a dos amigas que están dispuestas a ayudarla con tal de obtener el deseo que se les obsequia. El objetivo de la sirena era un muchacho realmente apuesto, aunque no más que Edward, claro. Aquamarine --asi se llamaba-- tenía que enamorar en esos días que se le habían otorgado al joven humano, quien no sabía que responder a la pregunta del millón que ella le hizo, ¿Me amas?, él no sabía que contestar claro, no todos saben que decir cuando una persona que hace poco conoces te pregunta si la amas. Mi pregunta era la misma, pero yo no se la haria al chico de la película, se la haría a Edward. ¿Me amaría como yo a él? Las dudas me carcomían, pero si algo he aprendido es a no desaprovechar las oportunidades, y esta podría ser la única vez que vea a Edward, mientras estamos en el instituto. Tal vez luego no lo vea nunca más. Tal vez se valla. Quién sabe... Pero si de algo estaba segura en estos momentos, era de hacerle la gran pregunta al vampiro que se robó mi corazón. Y así sería. Por más que fuese rechazada, yo se lo preguntaría, no importa lo que pase. Lo único que me importa es su respuesta.
- Hoy no te santaras con nosotros, ¿verdad? - preguntó Jessica mientras miraba hacia la mesa donde Edward me esperaba.
- Um... No lo creo - confesé.
- Esta bien - dijo sonriendo.
Tomé una porción de pizza y una limonada y fui a sentarme a la mesa en la que se hallaba Edward. Nuestra mesa. Era realmente hermoso. Sus ojos estaban un poco más oscuros que antes, casí tanto como cuando lo vi por primera vez. Tenía sed.
- Sientate, no muerdo - me dijo con una sonrisa juguetona, yo solo sacudí la cabeza y le hice caso.
- ¿Y bien? ¿Tienes preguntas? - le dije incitándolo a preguntar.
- Bastantes - afirmó. Con un movimiento de mi cabeza le indiqué que continuara. - Anoche estuve leyendo algunos artículos sobre las sirenas, y me preguntaba si era verdad que tienen poderes -.
- Pues asi es, los tenemos. Verás, todas las sirenas podemos... controlar... el agua. Solo unas pocas pueden controlar los cuatro elementos - dije sonriéndole, él me miraba curioso. - Yo, soy una de esas pocas. Generalmente son las más poderosas las que tienen la capacidad de hacerlo. Pero hay varias inexpertas que aún no pueden controlarlo y no son para nada fuertes ni poderosas, no saben como controlarlos, pero si supieran, inmediatamente serían invensibles - tregué. - Cada una de nosotras tiene su tridente, el cual esta lleno de poderes. No todos tienen los mismos,. hay algunos que tienen más, otros que tienen menos, otros que tienen los más poderosos, los menos... Él mío, es uno de los que más tiene, además de ser poderosos - dije con una sonrisa triunfante.
- Veo que eres extremadamente poderosa - dijo con una pícara sonrisa.
- Exacto, no me hagas enojar Edward. No si no quieres sufrir daños - dije con una sonrisa, pero a él se le esfumó de la cara. - ¿Qué pasa? - pregunté preocupada.
- ¿Tú... er... si... te enojas... puedes hacer... cosas como... las de ayer? - preguntó con la mirada perdida.
- Exacto - respondí sin sonreir, el tragó fuerte. - Pero no tan... rudas - le aclaré. - No soy más poderosa que él -.
- Oh.... -.
- ¡Bien! Sigamos - le dije ansiosa, él volvió a sonreir.
- ¿Cuánto tiempo puedes vivir? - preguntó. Vaya. Por fín hablaría de esto, nunca lo consulté con nadie.
- Um... ¿Por dónde empiezo? Veamos... Al nacer, cada sirena vivirá si o si, si es que no la matan, trescientos años. Pero, cuando éra pequeña, mi "madre" nos contó a mí y a mis hermanas sobre la "Cuenca de la vida" - mencioné él nombre con énfasis. Edward me miraba curioso. - Es algo asi como... no sé cócomo decirtelo... A ver... algo así como un recorrido, no sé si me explíco... Um... digamos que, para ser un poco más específica, entras por un lado y sales por otro, no creo que sea un tunel, no no. Um... ¿me sigues? - dije al ver que Edward me miraba algo confundido. El asintió y entonces seguí. - Este lugar esta por algun lado del mar, y si llegas a él y logras pasar todo el camino, que segun dicen esta lleno de cosas extrañas y peligros, además de otras cosas, eres inmortal para toda la existencia, además de permanecer joven, nadie podrá matarte, y me refiero a nadie - Edward me miraba lleno de curiosidad. - Pero si tu no lo quieres así, cuando quieras puedes abandonar todo esto. Si yo lo abandonara, y ya he vivido los trescientos años, moriría instantáneamente y todos se olvidarían de que algún día existí. O eso pretenderían -.
- ¿Y tu... has hecho ese recorrido? - me preguntó curioso. Genial. Estaba esperando a que me haga esa pregunta.
- Es lo que quiero - le informé, pero no podía... - Pero no puedo -.
- ¿Por qué? -.
- Veras, cuando me fui del mar y me pase al pequeño lago, me prohibieron la entrada a todos los océanos y mares, el único lugar dónde puedo estar es en ese... laguito - sonreí con nostalgia. - Pero yo haré ese camino algún día. Aún me queda tiempo -.
- ¿Cuánto tiempo has vivido Bella? - preguntó más curioso aún.
- Doscientos treinta y nueve años, Edward -.
Él no contestó, solo se quedo mirándome, y de vez en cuando hechaba miradas a sus hermanos, que me miraban a mí. Poco a poco el comedor se fue vaciando, y Edward volvió a abrir la boca para decirme...
- Creo que ya debemos irnos -.
- Ajá - coincidí.
- Oh, Bella.. Verás, hoy me iré de caza, ya sabes, mañana estare todo el día contigo, asi que es lo mejor... - yo asentí. - Asi que creo que hoy debí haberte dejado conducir - concluyó.
- No te preocupes, puedo ir a pie - le dije sonriendo.
- De ninguna manera. Cuando salgas de aqui, tu querido auto estará aguardándote -.
- Bien - dije, y después pregunté. - ¿Irás solo? -.
- Alice me acompañará, es la más paciente debo decir. Cuándo fui con Emmet el día que tu fuiste a la playa estaba realmente molesto por lo distrído que me encontraba... wou - ambos reimos.
- Hola Bella - dijo una voz. Guié mi mirada hacia la dueña de ese sonido y me sonrió de forma cálida. Alice.
- Hola Alice - dije cortésmente.
- Bien, nos vamos - dijo un Edward cortante. Apenas pude escuchar reprochar a Alice con un Ey! y desapareció. Edward le seguía pero yo lo paré.
- ¿Sucede algo? - me preguntó con un deje de preocupación.
Bien Isabella. Inspira, exhala. Inspira exhala. Inspira, exhala. Eso fue exactamente lo que hice mientras me preparaba mentalmente para lo que iba a hacer. O más bien decir. No estaba segura de si Edward me amaba, pero yo estaba segura de que sí lo amaba. Por más que me rechazara mis sentimientos jamás cambiarían. Y pues, no quería ilusionarme a decir verdad. Asi que si. Se lo preguntaría. Bien Isabella... ¡aqui vamos!
- ¿Me amas? - pregunté mirándole con una mueca que combinaba, miedo, sorpresa, arrepentimiento, dolor, y con el ceño fruncido. Él se quedó atónito en cuanto terminé de pronunciar esas dos palabras encerradas por dos signos de interrogación. De los cuales mi vida dependía. Nos quedamos mirando por unos varios segundos que fueron eternos. En el comedor todavía había alumnos, estoy segura de que ninguno escuchó. Pero espero que no comiencen a cotillear. Edward seguía mirándome atónito, pero había un brillo a sus ojos que no sabía cómo describir. Asi estuvimos durante un tiempo eterno, pero que en realidad era corto. Hasta que Edward habló.
- E-e-er-r... y-yo... verás B-b-be-lla... yo... n-no sé q-que... d-d-decir... - comenzaba a balbucear. Verlo así solo me dijo una cosa. No, no te ama, me dijo una vocesilla dentro de mi cabeza. Las lágrimas acudieron a mis ojos tan pronto termino de hablar, no escuché que fue lo que dijo, pero intenté traducirlo todo y creo que fue algo asi como Verás Bella yo no sé que decir, no sé si te amo, no sé lo que siento. Preferiría que me dieras un poco de tiempo para pensarlo, ¿vale? a lo que yo asentí.
- T-t-t-te veo... m-m-mañana Ed-d-d-dward - dije entre sollozos, y salí corriendo de allí hacia el baño, dónde me quede petrificada en posición fetal dentro de un cubículo, pensando en solo tres palabras. No me ama, me repetía más de mil veces, mientras seguía llorando.
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Hola gente!! qué tal, les gusto? n____n
nee espero que si, y lamento mucho haber tardado!!
espero que les guste!!!!
