Draco y Hermione llamaron para coger pizza para llevar y estuvieron de regreso en el apartamento a las diez. Cuando entraron en la sala de estar, Theo holgazaneaba sobre el sofá con la mitad de su cremallera bajada, mirando la TV.
—¿Nos echabas de menos? —preguntó Draco, viendo el placer en la cara de Theo.
—Sólo se fueron un par de horas. ¿Huelo pizza?
—Sip.
—Voy a ponerme algo más cómodo —dijo Hermione—. No quiero estropear este vestido.
—Ah no, de eso nada —dijo Theo—. No vas a salir de mi vista. Déjatelo todavía un rato, ¿si?
Hermione dejó caer los hombros.
—¿Y los broches en los pezones?
Ella afirmó con la cabeza.
Theo se sacó su camisa azul de algodón por la cabeza y se la tiró.
—Déjatelos puestos y ponte esto.
Ellos miraron cómo se ponía la camisa y se sacaba el vestido sin revelar una pulgada más de piel de lo necesario. Theo y Draco se miraron el uno al otro y sonrieron con satisfacción.
—No funcionó —dijo Draco—. Todavía estás increíblemente sexy.
La boca de Hermione se crispó.
—Déjate los zapatos puestos —dijo Theo.
Los tres se tumbaron sobre el sofá, Hermione en el medio.
—¿Qué miramos? —preguntó ella mientras le daba un mordisco a la pizza.
—Una película sobre hombres lobo —dijo Theo.
—¿Es divertida? —Hermione preguntó.
Draco intentó convertir una risa en una tos.
—Espera y verás.
En sólo dos minutos Hermione tenía su cara enterrada en el pecho de Draco. Theo levantó sus pies y los llevó a su regazo y jugueteó con los dedos que se asomaban al final del zapato. Draco no sabía que Theo tenía una fijación con los tacones altos, pero juzgando el aumento en sus pantalones, estaba preparado y listo para disparar.
Draco acarició el pelo de Hermione y aspiró el olor floral de su champú. Le encantaba lo diferente que olía y sabía de Theo. Ella se movió para mirar la pantalla y Draco sintió levantarse su polla. Hermione era la única de ellos que prestaba algo de atención a la película. Theo había progresado hasta sus tobillos y Draco pensaba en lo que estaba por venir. Cada pocos minutos se encontraba con la mirada de Theo y se sonreían.
—Por el amor de Dios, ¡corre! —chilló Hermione—. Ah Dios, está encima del coche. Bajo el coche. Van a cogerla.
Theo puso su mano bajo los pantalones para ajustarse la polla. Si Hermione no estuviera tan pegada a él, Draco habría hecho lo mismo.
—No puedo mirar —Hermione dijo y apartó la cara de la pantalla—.Díganme cuando haya terminado.
—Ahora —dijeron Draco y Theo al unísono, justo cuando el hombre lobo hundía sus dientes en el cuello de la mujer y comenzaba a sacudirla. La pantalla chorreaba sangre.
—¡Ah bastardos! —dijo Hermione con un gemido.
—¿Pensé que te gustaban las películas de miedo? —Draco preguntó.
—Y me gustan.
—¿No estás disfrutando ésta? —Theo preguntó.
—Es encantadora. Casi prefiero una taza de cacao. Algo que me relaje antes de irme a dormir.
—No vas a ir a dormir, así que no pasa nada —dijo Draco.
Le hizo una señal a Theo para que le trajera más de beber. Ellos la necesitaban relajada. Draco tenía que estar relajado. Su corazón rebotaba en su pecho como una bala en una cueva. Qué modo de celebrar su primer año con Theo. Draco nunca pensó que encontrarían a alguien como Hermione. Se necesitaba a alguien muy especial para aceptar lo que ellos ofrecían. La vida siempre sería difícil.
Draco rezó a Dios para que dentro de un año pudieran estar celebrando doce meses con ella. Sólo que tal vez no con una peli de hombres lobo en la tele. Draco deseaba poder decirle a ella cómo se sentía, deseaba poder decírselo a Theo, pero no podía arriesgarse. Admitir cuánto los amaba era un paso demasiado grande.
Las reacciones de Hermione a la película hicieron a Draco querer reírse. Ella había hurgado con tanta fuerza bajo su brazo, que estaba casi detrás de él, pero aún así quería verla. Chillaba y jadeaba por la menor cosa, incluyendo el gruñido inesperado de Theo en un momento tranquilo en el que Draco tuvo que admitir que también le hizo brincar.
Cuando Draco había sugerido parar la película y acostarse, ella se había negado rotundamente.
—Si no veo el final, estaré asustada de que vengan y me cojan—dijo ella.
—Hermione, esto es una película. —Draco se rió e intentó tirar de ella para ponerla de pie, pero ella rechazó moverse.
Theo se veía como si pudiera estar jugueteando con sus pies hasta el alba así que esperar ayuda de su parte era inútil. Se le ocurrió a Draco que tal vez Theo estaba nervioso. ¿Había follado a alguna mujer por el culo anteriormente? No era el momento de preguntarlo.
Los tres se sentaron y miraron hasta que salieron los créditos y el hombre lobo se convirtió en un hombre y murió. Hermione soltó un suspiro profundo y sorbió.
—No puedes estar llorando —dijo Draco—. Hace un minuto lo querías muerto.
—Es triste. Él no podía evitarlo.
—Hora de acostarse —dijo Draco y se desenredó para levantarse.
Hermione se enroscó, en cierto modo viéndose más pequeña y el aliento quedó atascado en la garganta de Draco. Él iba a acercarse hacia ella para decirle que todo iba a ir bien pero Theo la cogió entre sus brazos.
—Ven aquí, pequeña cosita blanda —dijo Theo. Besó su frente, sus mejillas, por toda su cara, luego sostuvo su cabeza entre las manos—. Esto, ¿te parece bien? —Theo preguntó—. No tienes que hacer nada que no quieras. Sin presión, Hermione. Podemos divertirnos sin esto.
—¿Ustedes dos ya han hecho esto antes? — preguntó.
—Dos o tres veces antes de conocer a Theo —dijo Draco.
—Nunca. — Theo dio un suspiro profundo.
—¿Has cambiado de idea? —Draco preguntó.
Ella sacudió su cabeza. —En todo en lo que he sido capaz de pensar desde que aquel dilatador entró en mi culo es en cómo sería tener cada una de vuestras pollas dentro, los dos en mi cuerpo. Os podríais sentir el uno al otro, ¿verdad?
Draco afirmó con la cabeza. Le ofreció su mano. Hermione la tomó y agarró con la otra a Theo.
—Cama —dijo ella.
El corazón de Hermione iba más rápido de lo que nunca lo había sentido golpear antes. Ella tiró de Draco y Theo abajo, hacia el dormitorio, luego se sentó en el borde de la cama y los miró desnudarse. Theo bajó su pantalón y su bóxer de una vez y su polla se alargó tiesa y orgullosa hacia su ombligo. Debajo, sus pelotas colgaban pesadas y bajas, la línea divisoria sobre el saco oscurecía a la luz de las lámparas. Los dedos de Draco hurgaron en los botones de su camisa y Theo dio un paso a su lado para ayudarlo. Hermione los vio mirarse a los ojos y luego besarse, un abrazo tierno que le hizo más difícil tragar.
Estaban de pie delante de ella desnudos y Theo tiró de ella hasta levantarla. Le desabrochó la camisa mientras Draco se agachó para quitarle los zapatos. Sus hombres iban muy despacio, la anticipación de Hermione se hacía insoportable. Sus dedos le acariciaron la piel, enviando temblores a sus terminaciones nerviosas, cada toque repetido en un tirón entre sus piernas. Su coño se mojó, su parte trasera le dolía, sus pezones tan sensibles que no estaba segura que pudiera soportarlo si ellos los tocaban. No llevaba sostén y ahora estaba de pie con la fina tira del tanga, las tiras rojas de algodón y las estrellas de plata.
—Tus pechos —Draco tragó aire— son tan hermosos.
Ella suspiró de alivio cuando las abrazaderas fueron quitadas, gimió de dicha cuando bocas húmedas calmaron la piel dolorida alrededor de sus pezones. Lenguas mojadas lamiendo enviaron destellos llameantes atravesando su cuerpo. Las rodillas de Hermione temblaron. Los ornamentos habían hecho sus pechos más sensibles y valía la pena llevarlos puestos, pero sólo durante períodos cortos, aunque a Hermione le había gustado cómo se veía con ellos. Draco apartó el edredón y ella se puso atrás ante la cama.
Sus lenguas calientes continuaron lamiendo sus pezones. Hermione rodeó sus cabezas con los brazos mientras ellos la chupaban, arqueando su espalda animándolos a tomar más. Draco y Theo unieron sus manos y acariciaron su cuerpo, los dedos siguiendo el rastro bajo sus pechos, bajando por el centro de su pecho hasta su vientre donde su piel revoloteó bajo su toque. Ella los sintió reír a los dos cuando encontraron el lugar que la hacía brincar y siguieron volviendo hasta que la hubieron explorado por todas partes, menos en el lugar donde Hermione los necesitaba. Sus manos apartaron el tanga, unos dedos se deslizaron dentro de la tira de tela y lo bajaron por sus piernas y pies hasta que desapareció.
Comenzaron por sus pies, los dedos del pie en sus bocas y el cosquilleo familiar le hizo dar un vuelco en el estómago y en las piernas, avisándole que estaba por empezar su escalada. De los dedos del pie a la planta a los tobillos a las pantorrillas. Pulgada a pulgada. ¿Competían por ver quien podía ir más lento? Hermione pensó en preguntar, pero la idea se hundió en las olas de placer que barrieron sobre ella. Rodillas, delante y detrás, las piernas se doblaron, muslos bajo sus manos y bocas, labios y pellizcos y lameduras, y Hermione comenzó a temblar.
—Ah Dios, ¿qué me están haciendo? —jadeó.
Ella comenzó a golpear con sus brazos y Theo la echó contra la cama, permitiéndole agarrarlo mientras la besaba. Su lengua firme presionó su boca mientras los dedos de Draco resbalaron en su deslizante coño, hurgando en su nata, usándola para hacerla mojarse más. Entonces, no con sus dedos sino con su lengua, dio un barrido largo y sensual a lo largo de sus pliegues antes de comenzar a invadirla, explorando cada hueco y canto. Theo empujaba su lengua en su boca mientras Draco retiraba su lengua de su coño, un dúo de simetría perfecta.
Cuando Draco introdujo el plug anal a la vez que hurgaba en su coño, Hermione gimoteó. Con cada una de sus terminaciones nerviosas ultra sensibles, el más ligero de los toques la volvía loca. Subía más rápido, más alto, peleándose por llegar a la cima para poder tirarse desde ella. Draco aspiró su clímax en su boca y Hermione saltó de la montaña. Cayó, una caída al nirvana acompañada por gritos de alegría.
Theo acarició su mejilla, calmándola mientras ella volvía a sus sentidos. —Eres maravillosa —susurró—. Estoy tan desesperado por ti que estoy a punto de explotar.
Draco avanzó lentamente por encima de la cama, sus labios y barbilla brillando con sus jugos y una amplia sonrisa burlona sobre su cara. —Sabes jodidamente deliciosa.
Hermione lamió su nata de sus labios, restregando la lengua por su boca y Draco la tomó. Theo se agachó entre sus piernas, lamiendo su coño, atormentando su clítoris, presionando el plug con sus dedos, sacándolo un poquito y luego empujándolo hacia adentro. Las ondas de deseo comenzaron otro baile lento dentro de ella.
Draco separó su boca y mientras Hermione, con la vista velada, movió su cabeza para encontrarlo de nuevo, él apretó su mandíbula.
—Un pequeño coñito tan caliente —susurró.
Se retiró, acercándose a Theo y los dos colocaron una almohada bajo ella debajo de su trasero. Las manos de Hermione se agarraron a las sábanas cuando ellos juguetearon con ella. Al cabo de un rato ya no sabía la lengua de quién estaba dónde, o de quién eran los dedos que atormentaban su clítoris, o los dedos de quién sacaron el plug de su culo. Alguien agarró su mano, la colocó entre sus piernas y la urgió a meter un dedo dentro de su coño, uniéndolo a otro. La continuada presión en su ano hizo tensarse a Hermione.
—Está bien, gatita —la calmó Draco—. Empuja hacia abajo.
Entonces ya no era un dedo si no labios besando su trasero, una lengua incitándola. Hermione sabía que esto era malo, ¡pero se sentía tan bueno! La sensación deliciosa de lameduras calientes y húmedas hizo temblar su agujero. Echaba de menos el plug, lo quería. Apenas lo pensó, sintió un dedo entrar en ella. Sus músculos se tensaron fuertemente, intentando rechazar al invasor y luchó por empujar tal y como Draco le había dicho. El dedo se introdujo dentro más profundamente, el desconocido ardor excitándola, estimulándola.
Hermione se obligó a abrir los ojos. Draco estaba en su parte posterior, Theo lamía su coño. Draco la miró a los ojos y esa mirada fue tan salvaje que el labio de Hermione tembló. Ella apretó en su interior con una necesidad tan fuerte, que dolió.
—Quiero que te corras otra vez —Draco susurró y apoyó la cabeza sobre su estómago.
Su dedo entró más profundo en su culo mientras él jadeaba sobre su vientre. Hermione se corrió en medio de una explosión de estrellas, sus ojos completamente abiertos en vez de cerrados, con contracciones no sólo en su coño, si no por todas partes en su cuerpo, exprimiendo cada onza de placer de cada uno de sus poros.
Dejó de respirar y su corazón también se paró. El gemido de Draco vibró por su cuerpo y Hermione agarró su pelo, llevando su mano hacia Theo y él se acercó para besar sus dedos.
—¿Estás bien, Hermione? —susurró Theo.
Él la miró a los ojos y ella sabía que si hubiera dicho no, no pasaría nada. Pero Hermione no quería decir no. Deseaba esto más de lo que nunca había deseado ninguna otra cosa. Una fantasía hecha realidad.
La almohada cayó al suelo, Theo se puso a un lado de ella y Draco en el otro, olisqueando su cuello. Hermione alzó su brazo para coger la polla de Theo pero él se echó atrás.
—Sin tocar. Estoy cerca de una detonación nuclear aquí.
Draco levantó su pierna con su muslo y ella sintió resbalar entre su culo su gruesa polla mientras se acercaba a sus otros pliegues. La mano de Theo colocó su vientre en posición para que la polla de Draco estuviera contra su coño. Draco dobló sus caderas y de un largo resbalón y con una cálida exhalación que le cosquilleó en la oreja, él clavó toda su longitud dentro de ella. Hermione inclinó sus caderas hacia él y Draco la agarró de la cintura.
—¡So! Theo no es el único en el filo del acantilado y me acabo de dar cuenta de que para que esto vaya bien estamos mal colocados.
Los tres comenzaron a reírse. Draco levantó a Hermione y rodó sobre su trasero.
—Tú tienes que estar arriba —dijo él.
Hermione miró abajo hacia su tiesa polla, brillante con su crema, el prepucio echado atrás revelando la delicada cabeza con forma de ciruela y el ojo parpadeante. Una gota de pre-semen se deslizó.
—Hermione, si me miras así, voy a perderlo antes de que me meta dentro de ti —dijo Draco.
Theo cogió la base de la polla Draco y la sostuvo toda derecha mientras Hermione se hundió abajo. Lo hizo despacio, sintiendo que Draco temblaba mientras ella se abría para él, su polla ensanchándola, obligándola a aceptar primero su anchura y luego su largo, mientras ella siguió empujándose hacia abajo. Los dedos de Theo le dieron una caricia rápida y desaparecieron y Draco estaba tan dentro de ella como era posible, sus pelotas apretadas contra su trasero. Ella exprimió sus músculos y él la miró airadamente.
—Ni se te ocurra. Todavía no —dijo.
Él la echó hacia abajo, así que ella descansó sobre su pecho, con sus manos acariciándola desde su cintura hasta agarrar sus ardientes nalgas.
—¡Hola preciosa! —susurró.
Hermione sintió el frío lubricante contra su trasero y se estremeció. Intentó mirar hacia atrás, pero Draco cogió su cabeza.
—Relájate —dijo él y la sujetó.
Los dedos de Theo arremolinaron el resbaloso lubricante sobre su ano. Un dedo se coló dentro de ella y Hermione corcoveó por la sensación.
Draco gimió y se estremeció.
—¿Estás segura, Hermione? —Theo preguntó.
—Segura —ella susurró.
La rígida punta de la polla de Theo tocó la abertura de su cuerpo.
Ella sintió cómo los músculos de los muslos de él se tensaron cuando él apretó hacia adentro.
—Ah Dios —Theo dio un gemido que retumbó.
Hermione tragó aire cuando él forzó su entrada de músculos poco dispuestos.
—Empuja hacia afuera, gatita —dijo Draco.
—Esto quema —jadeó Hermione.
Theo dejó de moverse.
—Está bien —Draco acarició su pelo—. Eso es normal. Continúa empujando hacia fuera.
Hermione sintió cada milímetro de movimiento mientras la ancha cabeza de la polla de Theo presionaba dentro de ella, estirándola.
Parte de ella quería decirle "hazlo de una vez", pero Theo se tomó su tiempo, no la apremió. Su trasero ardía con fuego mientras él apretaba con cuidado, moviéndose sólo un poco más lejos cada vez, pero más profundo con cada empuje. Entonces la presión y el dolor se unieron cuando la gruesa punta bulbosa de su polla entró duramente a través de su barrera de músculos.
El dolor rápidamente fue atenuado por un agradable calor y el conocimiento de que lo mejor estaba por venir. Ella tomó una larga inspiración y luego la dejó ir. La polla de Theo traspasó el anillo de sus músculos y entró en el estrecho pasaje de su culo. Los tres gimieron.
La sensación de plenitud dejó a Hermione K.O., tan llena con pollas por sus dos canales que no se podía ni mover.
—Oh joder, estás tan estrecha —Theo exclamó—. Quédate quieta. Tienes que acostumbrarte a esto.
Hermione subió arriba y abajo sobre el pecho de Draco mientras él jadeaba. Sus pezones como rocas eran dos duros puntos, rozando contra él mientras ella respiraba entrecortadamente.
—¿Os podéis sentir el uno al otro? —susurró.
—Sí —Draco sonrió.
Sus ojos entrecerrados parecían drogados de sexo.
—Esto se siente tan bien —Theo gimió—. Pero jodidamente apretado.
—¿Cuándo vais a moveros? —preguntó Hermione.
Ella sintió su risa disparar a través de sus pollas y ella apretó sus músculos internos. —Jesús, Hermione —dijo gruñendo Draco y colocando sus manos alrededor de sus caderas.
Ella lo vio mirar a Theo y afirmar con la cabeza. Theo fue el primero en moverse, retirándose así que sólo la punta de su polla quedaba dentro de ella, pero cuando empujó dentro de nuevo él sacó a Draco de su cuerpo. Comenzaron un baile rítmico, Draco metiéndose en su coño mientras Theo salía de su ano. Hermione no podía hacer nada más que apretar cuando ellos estaban dentro de ella e incluso eso era difícil. Dentro y fuera, dentro y fuera y los tres gruñían y gemían, respirando entrecortadamente cuando podían.
Brillaban sudorosos mientras la carne mojada golpeaba contra carne mojada. Hermione se corrió una vez, un mini orgasmo que le condujo a otro un poco más fuerte, y supo que su cuerpo estaba a punto de deshacerse completamente. Sus bruscas respiraciones y el fuerte olor almizcleño del sexo aparecieron en la mente de Hermione. No tener nada de control en el momento de la liberación, era algo diferente. El cuerpo de Hermione estaba lo bastante tenso como para romperse.
Tiras de relámpago se agarraron a su espina e irrumpieron en su cerebro. Ella perdió el tacto en sus piernas, tenía demasiado sintiendo entre sus piernas. Los chicos perdieron el ritmo y Hermione dejó de respirar. Cada uno de ellos esclavo de su orgasmo, saltaron hacia la línea de llegada. Draco echó los brazos de ella hacia atrás por encima de su cabeza. Theo unió sus dedos con los de ellos y por un momento el mundo dejó de girar...
—Hermione, respira —dijo Draco.
Ella vio dos caras preocupadas, abrió su boca y nada pasó.
Draco le dio un bofetón y ella tomó aire. Él la abrazó.
—Lo siento, lo siento —él lloró—. Ah Dios, no quise golpearte pero es que no respirabas.
—Está bien. Estoy bien —ella jadeaba.
El par se derrumbó a los dos lados de ella.
—Pensé... —empezó Draco —. Jesús.
Hermione recuperó el aliento y rodó de modo que se puso boca arriba. Colocó su cabeza entre sus brazos cruzados y los miró.
—Nunca en mi vida me había corrido así —dijo—. Fue...
Ellos abrieron los ojos y la miraron.
—Fue la sensación más intensa que he tenido. Durante un minuto no supe dónde estaba. Solamente me corría y me corría y me corría.
Ambos sonrieron un poquito.—¿Sabéis cuando sentís que lo único que queréis hacer es seguir corriéndoos? Bien, pues se parecía a eso. No me paré —ella se sentó—. Joder, tenemos que hacerlo otra vez.
