Decisión erronea
Desperté agitado. El tiempo era totalmente subjuntivo para mí en ese momento. No sabía si habían pasado horas, días, meses o años, solo sabía que mi cuerpo estaba mejor. Comenzé a estirar mis extremidades. Estaban completamente curadas.
Vi rápidamente el reloj digital que se encontraba en la mesa de noche y vi con alivio la fecha y la hora. 14 de Diciembre, 17:30 horas.
Habían pasado seis horas de las catorce que me fueron concevidas. Ahora solo me restaban ocho.
Mi decisión estaba tomada. Me reuniría con mi otro yo y lo mataría, aunque yo muriera en el proceso, ya que mientras él existiera Cathy peligraría.
Me levanté de mi cama y antes de poder abrir la puerta, Quil entró.
-Wow ¿Ya estás bien?
-Sí...- contesté tratando de recordar todo-. ¡OH SÍ! ¡¿Qué pasó con Angelo y Leah?!
-Leah está...- noté tristeza en el tono de Quil y me alarmé-. Bueno, fue eléctrocutada y está inconciente.
-¿Y Angelo?
-Cathy sigue con él... no ha muerto, pero... no sabemos que pasará.
-Es mi culpa- dije sintiendome horrible.
-No lo es.
-¿Entonces me vas a decir quién lo hizo? Fui yo... esa persona es parte de mí... si no fuera por mí, Angelo no estaría...
-Sean, lamentarte no va contigo. Mira, sé que no te convenceré de que no eres culpable- lo cual sé que es así-, por eso solo te diré esto. En vez de lamentarte busquemos la solución.
-Iré... voy a matarlo...
-¿Solo? Sean, cuando te recogimos estabas practicamente en coma ¿Quieres hacerlo solo?
-Tengo que hacerlo solo Quil- le dije con gran seriedad-. Esto es entre yo y mi otro yo.
Quil suspiró. Me abrió la puerta y dijo:
-Todos están arriba. Leah está en la habitación al lado de la cocina y Cathy está curando a Angelo en la que da al jardín.
Me puse en marcha y subí rápidamente el desnivel que me haría llegar a la primera planta. Fui directamente a la habitación que estaba al lado de la cocina y al abrir la puerta vi a una pácifica Leah durmiendo encima de una cama como una tranquila princesa de cuento de hadas. Seth estaba al lado de la cama con una expresión deprimida.
-¿Seth?
-Oh, Sean, eres tú- dijo sin entusiasmo-. Leah no... no despierta...
-Lo siento Seth... es mi culpa...
-Sabía que dirías eso- me dijo riendo-. Tienes fama de hacerte el heroe. No te heches la culpa por todo, solo vas a terminar haciendote daño.
-Tienes razón... pero no puedo evitarlo.
-Será...- me dijo suspirando-. Leah va a despertar- me dijo. No era una pregunta.
-Sí... sé que lo hará. Es demasiado cabezota como para dejarse morir por un poco de eléctricidad.
-Dimelo a mí- dijo él riendo sin ganas-. Sean... no quiero que Leah muera... ya la muerte de papá... no ni quiero recordarlo...
Vi con tristeza como Seth comenzaba a llorar. Era íncreible ver a Seth llorar. Mostraba que a pesar de su apariencia, aún era un niño. Un niño que tenía miedo de perder a quienes amaba.
-No va a pasar- le aseguré-. No voy a dejar que pase.
Salí de la habitación, mientras Seth seguía inmovil al lado de su hermana, que se encontraba en una especie de coma.
Al cerrar la puerta sentí un repentino abrazo. Miré y vi el rostro de Alice.
-Alice- dije sorprendido.
-Sean, vinimos en cuanto nos enteramos.
-¿Vinimos?
Entonces noté que todos los Cullen se encontraban sentados en el living, en el sofá y las sillas que habían.
-¿Cómo estás?- me preguntó Bella quien apareció al lado de Alice.
-Físicamente bien, mentalmente... del uto...
-Sean, no...
-No quiero seguir escuchando "Sean no tienes la culpa", solo me hace sentir peor- afirmé antes de que Bella continuara. Calló de inmediato-. Gracias por venir... pero necesito ver a Cathy, acabo de despertar.
-Adelante- me dijo Bella.
Me dirigí hacia la habitación que daba al jardín y al entrar vi como Angelo respiraba profundamente, mientras el aire frío entraba por la ventana y recorría los rubios cabellos de Angelo en la almohada. Su herida estaba cicatrizada, pero no se veía como alguien que fuera a recuperarse pronto. Cathy se encontraba a su lado, esperando a que reaccionara. Al verme se levantó y me abrazó de inmediato.
-¡Sean!- gritó emocionada.
Emocionado noté por primera vez que el olor de Cathy por fin no me parecía fétido. Era la primera vez que sentía un olor tan maravilloso. La separación de mi otro yo, había sepultado ciertos instintos. Ya no olía a muerto, el olor era indescriptible y armonioso, un olor magnifico para el cual necesitaría escribir siete libros enteros para describir, y no bastaría.
La abrazé con amor y por fin sin sentir, ni el odio, ni el asco. Mis ojos se llenaron de lágrimas ante tal emoción. Ya a este paso, no quería volver a ser licántropo, ya que sentí que Cathy no tenía ninguna intención de atacarme. Era casi humano. Todavía era un licántropo, pero mis instintos estaban sepulcrados y por fin podía disfrutar de la presencia de mi amada.
Me separé un momento.
-Hueles bien- le dije emocionado.
-Tú igual...
-Mis isntintos fueron sepulcrados... por decirlo así... sigo siendo licántropo, pero mi olor y mis instintos... se han ido...
-Probablemente se encuentran con tu otra personalidad...
-Probablemente...- miré a Angelo-. ¿Cómo se encuentra?
-He estado mejor- dijo éste. Me volté y vi como abría los ojos. Las lágrimas se me escaparon-. ¿Qué? ¿Pensaste que moriría? Deja las lágrimas, me das nervios.
-Perdón- dije de inmediato, mientras mis ojos se secaban-. Es la emoción. Pensaba que...
-Pero no- me dijo sonriendo-. ¿Y? ¿Le ganaste?
Mis ojos de inmediato se tornaron tristes. Cathy desvió la mirada.
-Perdí...
Angelo suspiro y desvió la mirada.
-Que se le va a hacer... entonces... supongo que tendré que sacarla...
-¿El qué?
Entonces vi impresionado como aparecía una catana, pero no era la catana blanca que Angelo siempre usaba. Era una catana de color carmesí fosforesente, con una empañadura que mostraba la insignia de una dragón plateado. Angelo la extendió hacia mí.
-Está catana es más poderosa de lo normal... usala cuando salgas de tu cuerpo, solo podrás usarla cuando tomes la forma de un espíritu guerrero.
-Esto... no sé si sea buena idea.
-¿Eh?
-Soy un asco con la espada.
-Pero debes saber lo básico- me ánimo Cathy.
-¿Básico?
-Filo, contra filo, como tomarla.
-Me estoy mareando ¿Qué es contra filo?
-¡¿Qué?!- me preguntó Angelo atónito-. ¡¿En qué mundo vives?! ¡Contra filo es la parte no afilada de la catana! ¡Con eso haces presión al atacar y te defiendes!
-¿Presión? ¿Defender? ¿Cómo hago eso?
Angelo suspiró casi al unísono con Cathy. Extendió aún más su brazo y tomó la catana por el contra filo, apuntando la empañadura a mi cuello.
-Solo tomala.
Al tomar la empañadura sentí una descarga de energía en todo mi cuerpo. Mis ojos casi se frieron y mi cuerpo comenzó a temblar. Toda esa sensación duro cinco segundos y luego la catana desapareció en el aire como si nunca hubiese existido.
-Aparecerá cuando te vuelvas fantasma- me explicó Angelo.
-¿Seguro que es buena idea?
-Créeme, aunque seas un asco te dará ventaja.
-Está bien... creo...
-Ahora... ¿Pueden irse ambos? Tengo algo en lo que pensar, y... quiero estar solo.
Cathy y yo salimos de la habitación de inmediato. Ésta se sorprendió al ver a los Cullen reunidos, pero antes de poder saludarlos, mis padres entraron a la casa y fueron corriendo hacia mí para abrazarme.
-¡SEAN!- gritaron al unísono.
-No me vayan a dejar sordo- protesté con el oído adolorido.
Se apartaron un poco y suspiré.
Cathy se dirigió al desnivel.
-Te esperó abajo.
Cathy entró en mi habitación y di un suspiro.
Papá me tomó del brazo de inmediato y me sacó de la casa a tirones. Traté de protestar, pero me encontraba en medio del jardín, antes de que me contestará y lo primero que dijo fue:
-¿Qué decidiste?
-Voy a pelear- contesté decidido.
Papá suspiró. Se sentó en una banca y sacó unos guantes de cuero de su bolsillo.
-Ven aquí Sean.
Me acerqué y el abrió mis manos para entregarme los guantes.
Tan pronto como vio mi desconcierto sonrió.
-Son míos... ¿Recuerdas que era boxeador? Bueno, cuando estaba fuera del ring solía usar estos... nunca me fallaron, y además son el recuerdo de mi abuelo, así que eso podría explicar el estado de los guantes- me miró con serenidad cuando notó que iba a preguntarle algo-. Usalos. Con todos los lobos que habrá a nuestro alrededor, estarmos ocupados y bueno... tu te vas a encargar de ti mismo... así que necesitas una buena arma.
-¿Unos guantes viejos se pueden considerar armas?
-Si tienes el espíritu y la voluntad de luchar, un guante puede ser tan poderoso como una espada- me miró aún más serio-. Sean, como padre es mi deber protegerte, pero ha llegado la hora de que te cuides por ti mismo. Cuando uses esos guantes mi espíritu de pelea estará en ti. Y por último, júrame, que pase lo que pase, no vas a morir. Si mueres, me suicidaré.
-¡Papá! ¡No digas eso!- le reproché de inmediato-. Aún si muero, mamá te va a necesitar. No puedes dejar que lidie con dos muertes, además... eso no va a pasar, lo juro.
-No te hagas tanto el heroe Sean.
-Es que lo soy. Por lo menos está vez, me gustaría serlo.
-¿Está vez?- me dijo riendo-. Sean, desde que te transformaste has estado jugando a ser el super-heroe de película. Está vez quiero que seas algo de verdad...
-Los heroes existen papá- le dije sonriendo-. Y pienso salvar el día.
-Está bien, pero mientras regreses a casa.
-Regresaré- le aseguré.
-Todavía te quedan como ocho horas... no tienes que ir ahora...
-Lo sé- le dije suspirando-. Voy a ir a hablar con Cathy y luego... quiero caminar un rato solo... necesito pensar.
Antes de que me pudiera retirar, mi padre me abrazo y me retuvo, mientras sus lágrimas caían en mi cuello.
-Te amo, hijo.
-Yo también te amo, papá.
Papá me soltó y entré una vez más en la casa para ir de inmediato a mi habitación. Me recosté en la cama y Cathy se quedó a mi lado acariciando mi cabello como en los viejos tiempos.
-Yo también voy- me aseguró.
-No, Cathy tu tienes que cuidar a nuestro hijo.
-Sean...- me dijo entristecida-. Nuestro hijo va a ser un hibrido...
Suspiré. Yo ya me lo suponía.
Comenzé a mirar fijamente la blanca pared, pensando en que decir. Me di media vuelta y abracé a Cathy con tanto amor como pudiese entregarle y besé sus labios con tanta pasión como nunca antes habíamos tenido. Cathy me lo devolvió con emoción y nuestras fuerzas se encontraron con un ardor de pasión.
En mi beso transmití toda mi culpa, ira, tristeza y miedo, al igual que transmití la gran alegría de tener lejos a la parte que odiaba a Cathy y por fin besarla como se debía. Sintiendo nada más que amor.
-Lo haré feliz no importa que- le aseguré a Cathy-. Si su vida va a ser un carajo, yo me voy a asegurar de convertir ese carajo en una vida maravillosa, no lo dudes.
-Sabía que dirías eso- me contestó riendo-. Pero me alegra escucharlo de tus labios... ya que eso me da el valor de intentar ser madre...
-Serás una gran madre...- le aseguré.
Me levanté de la cama sin ganas, ya que después de esto, era probable que la muerte nos separá, pero un nuestros labios, corazones y almas yacía un juramente de volver a vernos.
Me acerqué a la puerta.
-Adiós Cathy- le dije mientras la abría-. Le juré a mi padre que volvería... y te lo juro a ti también... volveré por ti y por todos... en especial por ti...
Cathy se levantó y me sostuvo antes de que me fuera.
-Entonces dame un beso. Bésame Sean, bésame y regresa para que nuestro beso no quede inconcluso.
Tan pronto como como nuestros labios se juntaron, quedó sellado el pacto que yacía en nuestros seres desde antes de hablarlo.
Tan pronto terminó nuestro largo beso, subí el desnivel y sentencié a todos los que se encontraban en los alrededores-. Bien... escuchen todos... voy a luchar, y no quiero que nadie me detenga...- vi la expresión triste de mi madre, quien se encontraba aterrada-. Porque aunque lo intenten no pararé... he jurado volver y lo haré... no les pido que luchen, es más, preferiría que no lo hicieran, así que... necesito pensar en el combate... iré a caminar por allí... nos vemos... y les juro que volveré.
El silencio reinó. Esuché mientras salía, como Edward empezó a aplaudir, al tiempo que Jacob, Bella, Alice, Quil, mi madre, y todos los presentes lo imitaban.
Salí de la casa, finalmente cerrando la puerta, en la que dejaría atrás a mis refuerzos y me encontré por segunda vez con mi padre quien me mostró una caja pequeña.
-Es el mismo que le di a tu madre...
-Papá...
-Daselo después de la batalla.
De inmediato me lanzó la pequeña caja. La atrapé en el aire, la coloqué en el bolsillo y vi como mi padre entraba a la casa.
Comenzé a correr. A correr sin dirección, mientras pensaba en que hacer.
El crepúsculo cayó a las seis de la tarde, cosa extraña encontrandonos en Verano en Sudamerica. Las nubes llenaron el cielo y taparon la luz de la luna que reinaba en el cielo.
Seguí corriendo. Tenía siete horas para prepararme. Vi el lugar en donde estaba mi otro yo. Había una conexión en nuestras mentes que me permitía ver donde estaba. Así es como dijo él que nos veríamos. La oscuridad no habría permitido ver, si no hubiese sido por las luces de la calle. Seguí corriendo, mientras levantaba polvo en todas partes al cruzar por las plazas y vi con tristeza los tupidos árboles a mi alrededor. Me sentí nervioso y ansioso, como si estuviera corriendo para llegar más rápido a la hora de mi muerte. Tenía decidido luchar y ganar, pero una parte de mí tenía mucho miedo. Miedo a perder y no volver a ver a mi familia, ni a mis amigos, ni a Cathy. Pero pasase lo que pasase no iba a dejar a mi otro yo vivo. Era él o yo. Aunque el no quisiera matarme, ya lo tenía asumido en mi cabeza. Mientras uno de los dos existiera el otro no podría existir. Uno debía matar al otro, ya que ninguno estaba dispuesto a dar su brazo a torcer. Era la lucha entre el amor y el odio, entre la luz de la media luna y sus sombras y por primera vez dudé de cual de los dos ganaría.
Las horas comenzaron a pasar rápidamente. El hambre comenzó a apoderarse de mí, ya que hacía muchas horas que no comía. Bebí mucha agua de una fuente que encontré e ignoré a mi estomago.
Caminé lentamente al lugar del encuentro. Me quedaba una hora.
El tiempo había pasado bastante lento y me preguntaba donde estaba todo el mundo. Las personas comunes y corrientes de Santiago no se encontraban en las calles. Probablemente la oscuridad fue una advertencia alos humanos que les adviritó de esconderse. Me alegré de que así fuera, ya que así no habría muchos heridos inocentes.
Por fin llegué al lugar y la luz lunar atravesó las nubes destellando sobre mí y en medio de las sombras apareció mi otro yo.
-¿Tu decisión?- me preguntó sonriendo.
Saqué los guantes de mi padre.
-Voy a matarte- le aseguré.
Río.
-Entonces, veamos como te las arreglas para salvar a las personas "heroe".
Entonces vi como miles de lobos, igual que la otra vez aparecían todos al mismo tiempo, todos de pelaje blanco y con un resplandor rojo en el ojo.
-Has tomado la decisión equivocada- me aseguró-. Pero, todavía estás a tiempo de cambiar.
-No lo haré- le aseguré.
-Suerte, salvando al mundo.
-Hijo de perra.
En ese momento los miles de lobos salieron disparados y yo al mismo tiempo me apresuré para ir a detenerlos. No sabía como lo haría, pero tenía que hacer algo, no iba a dejar que la sangre de inocentes corriera.
-Mierda- pensé, mientras corría a máxima velocidad.
Los lobos eran demasiados. Mataba a tantos como podía aplastando sus costillas o rompiendo sus cuellos, pero parecía ser que el número no iba a disminuir, por más que matará.
La desesperación comenzó a invadir cada entraña de mi ser e imagine a personas inocentes siendo devoradas por esos lobos.
Me apresuré tanto como pude para ganar ventaja sobre los lobos, pero ellos eran tan rápidos como yo y si salía de mi cuerpo, probablemente sería devorado, mientras destruía a los otros lobos, por lo cual pendía una espada sobre la pared. Estaba en un vacío de desesperación sin poder ver una luz esperanzadora, pero aún así, segui corriendo y acabando con tantos lobos como podía, sintiendo mal en cierta forma, ya que siempre una parte de mí sería un lobo. Sentía como si matase a otra persona, pero en ese momento ese sentimiento quedó reprimido por mi urgencia de acabar con esto.
Mientras más bajaba del cerro, más me carcomía la desesperación y cuando por fin llegué abajo, vi nervioso como como los lobos decendían. Alzé mi puño y me preparé para luchar con ellos.
Entonces la luz llegó. El lobo amarillo que recordaba de la otra vez estaba corriendo contra los otros lobos y con sus poderosos dientes destrozó a varios de una vez. Al mismo tiempo, identifiqué a Seth, a Quil, Embry, Sam, Jacob y varios otros lobos que iban corriendo a tanta velocidad como podían.
-¿Qué haces aquí?- me preguntó la voz de Edward-. ¿No deberías estar encargandote de "tú mismo"?
-¡Edward!
No solo Edward, todos los Cullen estaban tras de mí.
Bella profirió una sonrisa.
-¿Pensaste que te haríamos caso?
-Que ingenuo- me dijo Alice sonriendo-. En todo caso, creo que puedes dejarnos los lobos a nosotros.
-Pero...
-Edward- dijo Bella de inmediato-. ¿Me haces el honor?
De inmediato Edward me agarró el brazo y me lanzó con gran fuerza hacia la punta del cerro, mientras que yo gritaba de horror en mi ascenso. Después de sostenerme de la rama de un árbol cercano a la punta del cerro, vi como las pequeñas figuras de los licántropos y los vampiros peleaban ferozmente contra los miles de lobos que decendían, los cuales parecían haberse detenido.
Me solté de la rama y me sujete fuertemente en un arbusto, para luego comenzar a escalar hacia la cima del cerro. Ahora todo dependía de que acabara con mi otra mitad, y tendría que confiar en que nadie moriría.
Mientras escalaba, sentí como una figura comenzaba a ascender. No la vi, ni la escuché, solo la sentí. Luego una voz profunda, susurró algo inaudible, al tiempo que a mi lado vi dos alas negras.
Me detuve de inmediato en mi escalada, mientras veía un hermoso rostro de un ángel femenino, con alas negras y una catana de color negro, parecida a la de Angelo.
La presencia del ángel me cuasó un impacto muy fuerte, ya que sentía diversas esencias mezcladas en ella. Oscuridad, plácer, poder, mucho poder. Los nervios me consumieron, mientras los rubios cabellos de la hermosa ángel se mecían en el viento y sus ojos color topacio lo veían fijamente.
-Sean Ateara.
El hecho de que pronunciará mi nombre me dejo aún más impactado. La dulce voz, casi tan dulce como la de Cathy estaba pronunciando mi nombre, como si me reclamará suyo.
-¿Quién eres?- le pregunté nervioso
-Soy un ángel infernal... he venido a por ti...
-¡¿Qué quieres de mí?!
-Todo tu ser... lo quiero para mí...
Las palabras me impresionaron tanto tanto que estaba a punto de resbalarme. Tragé saliva y me sostuvé firmemente de la grita en medio de las rocas en la que estaba.
-¿Cómo así?
-¿Qué? ¿Creíste que te quería llevar al infierno? Por favor, tengo otros intereses contigo.
-No me interesa lo que quieras- le contesté nervioso-. Tengo algo que terminar aquí...
-Oh, mi querido Sean- me decía con voz suave y tentadora, llena de lujuria-. Si supieras lo que voy a hacer para tenerte...
Entonces vi algo aliviado como una pierna descendía ante el rostro del ángel y luego vi como Leah la llevaba hasta el suelo.
-Vaya... es más débil de lo que pensé.
-¡Leah!- grité emocionado-. ¡Estás...!
-No iba a morir fácilmente- me dijo ésta, mientras descendía a tierra firme con el cuerpo del ángel infernal-. Puedes dejarme a la prostituta a mí, tú sube.
-Pero...
-... Morirás- contestó el ángel infernal, mientras aparecía por detrás de Leah.
Leah se dio media vuelta y luego evadió rápidamente el impacto que la catana iba a tener con su cara.
El ángel la vio con una mirada de odio, mientras se limpiaba el barro que tenía en la cara.
-Parece que eres bastante rápida- le dijo riendo.
-Y tú parece que quieres hacerle algo a Sean- le contestó Leah, al tiempo que preparaba sus puños-. Pues tendrás que pasar por mí primero.
-¡Leah!- grité nervioso.
El ángel de inmediato dio una estocado al suelo y comenzó a temblar, haciendo un derrumbe del lugar en que estaban Leah y el ángel. Leah dio un salto y se agarró a tiempo de la rama de un árbol, pero fue cortada por la espada del ángel, mas Leah se agarró de su pierna y luego profirió una patada en su espalda, sin embargo, al ángel pareció no afectarle.
-¡NO PIERDAS TIEMPO!- me gritó Leah-. ¡Estaré bien!
No tuve más opción que creer en sus palabras y comenzar a escalar de nuevo.
Estaba a unos tres o cuatro metros de la cima, en la cual por fin podría acabar con todo.
Subí muy ansioso y preocupado por Leah y los otros. Respiraba entre cortadamente y en cada respiro rezaba, porque nadie saliera herido o muerto.
Finalmente terminé de subir la cima y me encontré con la figura de mi cuerpo con rayas negras en la piel, sentado, estaba esperandome.
-Al fin llegas ¿Lo has reconsiderado?
-No hay nada que reconsiderar- le dije, mientras me ajustaba una vez más los guantes.
-Bien... te lo advertí... no creas que me contendré.
-Ni yo...
En ese momento me lanzé rápidamente contra él y alzé mi puño, pero de inmediato mi otro yo lo atrapó con la mano izquierda. Con la derecha alzó su puño contra mí, pero para mí suerte logré alzar mi mano izquierda en la defensa y atrapar su puño, por lo cual los dos estabamos luchando contra nuestra propia fuerza, que debía ser la misma. Levanté mi pierna derecha, pero ya era tarde, porque mi otro yo ya había levantado la pierna izquierda y me dio en la cabeza haciendome caer contra el suelo.
Sin perder tiempo, me levantó para impactarme otro golpe en la cara.
-¿Ves? Ni siquiera puedes conectar un golpe...
Pero antes de que dijera nada más le pateé en la entre pierna y luego golpeé su cara con furia.
-Creo que te escuché mal- le dije, mientra me limpaba la sangre de la cara-. ¿Qué dijiste sobre conectar golpes?
-Eso fue un golpe bajo, literalmente- me dijo riendo.
-Mientras más te duela mejor.
De inmediato me lanzé contra él, pero me interrumpió un grito, por lo cual él pudo golpearme en la cara primero y luego concetar un minimo de quince golpes, o tal vez más en mi estomago, causando que después de separarme de él golpeando su rostro, comenzará a toser sangre.
-Parece que ha caído el primero- me dijo sonriendo.
-¿Qué...?
-A diferencia de ti, yo puedo escuchar los pensamientos de otros licántropos, aún en forma humana... y ¿Quieres saber lo que vi?
No respondí, ni me moví. El pánico se apoderó de mí, mientras intentaba reaccionar, pero mi cuerpo no se movía.
-El nombre Quil Ateara- me dijo con una malevola sonrisa-. ¿Te suena?
Con una furia incontenible me dirigí contra él y aunque el me conectó un golpe en los bajos, de inmediato yo le di unos cuanto en el estomago y la cara. No satisfechó, ignoré el punsante dolor en la entre pierna y boté al suelo a mi otro yo, mientras con ira golpeaba su cara, pero después del primer golpe, él me separó con una patada en la incle que me hizo toser sangre nuevamente.
-Vaya- me dijo, mientras se levantaba-. Parece que la rabia te hace más fuerte ¿No? Como un verdadero licántropo...
-¿A dónde quieres llegar?
-Mientras más rabia sientes estás más cerca de transformate. Y cuando te transformas obtienes poder, eso es lo más básico de los licántropos. La rabia es en parte parte de nuestro poder Sean, es por eso que mientras tengas esa emoción te volverás fuerte, y por eso no podrás dejar de ser lo que eres. Aceptalo, nunca dejarás de ser un hombre lobo.
-¿De qué hablas?- le pregunté riendo-. Tú mismo me dijiste que si acaba contigo....
-En verdad no lo entiendes... tú eres el licántropo, yo soy el instinto- me dijo tranquilo-. Si logras matarme, solo me enterrarás, pero por más que quieras evitarlo volveré, ya que eventualmente sentirás rabia, por diversas cosas... si me matas ahora solo desapareceré por unos años, en cambio si yo te mato a ti, yo me quedaré con tu vida y no volverás ¿Entiendes la diferencia?
Me quedé conmocionado ante sus palabras y entendí la razón por la cual no quería matarme en un principio y el verdadero riesgo que estaba corriendo en ese momento. Aunque lo derrotará, el podría volver, en cambio yo no volvería jamás. Un riesgo altisimo y mi vida era el que podía pagar por él.
-Sean, tienes sangre de lobo en tu cuerpo, jamás dejaras de serlo. Aunque me haya separado de ti, sigues con ese poder. Lo que has perdido son tus instintos... y sin instintos...
Entonces sentí como una patada me tocaba la espalda y sentí un crujido en mi columna vertebral, por el cual proferí un aullido de dolor.
-... No puedes pelear.
-¿Cómo...?
Comenzé a levantarme con la columna muy adolorida. Mi otro yo me miro más serio de lo que nunca hubiese esperado notar.
-Sigo esperando que cambies de opinión... yo soy tu instinto... todos los instintos de un licántropo están en mí, el único instinto con el que peleas es con el de un humano corriente. Esa es la diferencia. Aunque seamos la misma persona y tengamos el mismo poder, aún así te estoy dando una paliza ¿Sabes por qué?
Una vez más me quedé sin poder reaccionar.
-Porque tu instinto es más débil que el mío.
Sin dudarlo, él me dio un buen golpe en el cuelo, en el cual sentí que la sangre corrió por sus dedos, y con gran dolor confirmé que se me había reventado una vena. Casi me había reventado la vena cariotida, lo que me habría cuasado la muerte, pero para mí suerte no fue así.
Me levanté una vez más, con mi cuerpo hecho polvo y vi como él, a pesar de haberlo golpeado, seguía casi intacto.
-Te explicaré algo- me dijo agarrando mi polera-. Cuando los licántropos peleamos, nos basamos en el instinto. Por lo general, no sabemos movernos la primera vez que nos transformamos, pero si nos ponen un vampiro delante nuestro ¿Cómo luchamos sin saber? Instinto, Sean, puro instinto de batalla... el instinto de un humano es muy diferente al de un animal, ya que si el humano no cuenta con armas, el animal eventualmente lo degollará o lo devorará por instinto. Eso el lo que terminará ocurriendo aquí. Te degollaré como lo haría con un vampiro, si sigues rehusandote...
-Vaya... toda esa larga explicación para nada- le dije bostezando y riendo-. Mira, no tengo intenciones de que vuelvas a mí... no necesito el instinto para pelear... solo necesito concentrarme en, porque lo hago.
-¿Crees que es suficiente?
-Yo te enseñaré que es más poderoso que el instinto- le dije tomando su brazo con mi mano izquierda, y luego empuñando con la derecha-. ¡EL AMOR QUE SIENTO POR CATHY!
De inmediato mi puño impactó contra su cara y yo comenzé a recuperar la respiración, mientras mis heridas comenzaban a cerrarse, como era común.
Mi otro yo se levantó riendo, y luego me miro con diversión.
-Nunca cambiarás ¿Verdad? Estás dispuesto a sacrificarte a ti mismo por una persona que odias por naturaleza.
-La odiaré por naturaleza, pero la amo por como es.
-Bien, entonces...
De inmediato sentí un peso muy grande en lo profundo de mi alma. Como si alguien me hubiese anunciado de una gran perdida.
Mi otro yo miro hacia un claro y sonrió una vez más.
-Vaya... si que es fuerte... y la otra vaya que es testaruda... pero...- de inmediato cambió a una expresión realmente seria-. No me esperaba esto...
-¿De qué hablas?
-Otro de tus queridos camaradas cayó... está vez puede que el nombre sea incluso más impactante...
-¡DILO DE UNA VEZ!
-Leah Clearwater...
Mi rostro se tensó de inmediato.
Mi otro yo sonrió.
-Tranquilo, ella no ha caído aún, así que dejame terminar... ella está recibiendo una paliza, pero no es quien cayó.
-¿Entonces quién...?
-Roy Ateara.
Escuchar el nombre de mi padre, hizo que mis ojos se contralleran y solo con dar un paso arranqué toda la hierva del suelo, dejando solo tierra. Mi cuerpo no reaccionó al escuchar el nombre, ya que mi cerebro se encontraba estupefacto tan pronto como escuché el nombre de mi padre. El lobo amarillo, siempre fue mi padre y al parecer había caído en la batalla.
Estaba perdiendo a mi familia, primero Quil y ahora mi padre. Todo mi ser quedó destrozado al pensar en ellos muertos, pero otra parte de mí rehusaba imaginarlos así, ya que todavía confiaba en que ellos volverían con vida, pero aún así el imaginar que no volverían fue inevitable y me partió en dos mi ser.
Pise con fuerza el suelo y miré con una cara de profundo odio a mi otro yo. Mi rostro se tenso hasta el punto máximo y mi pie dio un golpe al suelo que causó que se separará y la parte separada se derrumabará. Mi otro yo saltó y llegó a salvo a la parte firme.
Lo miré con todo el odio que mi rostro pudo contener y el resto se concentró en mi puño, el cual al cerrarse hizo resonar mis huesos.
-Vaya... si que das miedo cuando revelas tu ira Sean...
-Entonces siente miedo, porque quien degollará a quien, seré yo.
De inmediato me lanzé a toda velocidad contra él y ambos impactamos nuestros golpes al mismo tiempo y con la misma potencia. Ninguno retrocedió.
-Bien... es hora, de ver que tal lo haces como lobo.
Sin dudarlo, ambos cambiamos a nuestra forma lobuna.
Mi pelaje rojizo se vio brillante a la luz de la luna y y comenzó a alzarse con la gélida brisa que pasaba por nosotros, mientras que el otro lobo, de pelaje espectral blanco, se reflejaba como una mancha en medio de las sombras y su pelaje fue arrastrado hacia mí.
Nuestras mentes se conectaron en un momento y luego los dos saltamos contra el otro alzando nuestras garras, las mías cargadas de ira y las suyas cargadas de puro instinto animal.
