Advertencias: Violencia, adicciones.
Comentario: Se buscan Beta Readers para la versión final de la historia. Si alguien está interesado mande MP. Gracias.


La derrota I

— Dean, ¿está todo bien?

Un hombre interrumpió el altercado de la mini cocina donde se encontraban ambos, Gordon siendo amenazado por los puños de Dean, apretando fuertemente las solapas de la camisa. El hombre era alto, moreno, de cabello negro corto y barba cerrada; sostenía una taza con el grabado de la estación de policía en mano.

Dean hizo un esfuerzo por no empujar, golpear o noquear a Gordon y dirigió su vista al recién llegado. Recobró la compostura y soltó al otro detective. Gordon sonrió viciosamente y vio cómo Dean regresaba al quehacer de preparar su café.

— Todo está perfecto, Víctor, somos la pareja perfecta — anunció Gordon mientras se alisaba la camisa y observaba cómo Dean volvía a fruncir el ceño.

— ¿Dean? — volvió a preguntar aquel hombre, aún de pie en la puerta, sin atreverse a entrar.

— ¿Hm? — encaró a Víctor mientras le daba un sorbo a su café, tratando de calmarse —. Está bien, Víctor. No te preocupes — caminó hacia él, aunque no exactamente hacia él sino a la salida de la cocina. Estando a la misma altura, hombro con hombro le dijo — es bueno tenerte de vuelta, hombre.

Víctor sonrió mientras dejaba paso a que saliera Dean.

Gordon salió un momento después, sin hacer un solo comentario a Víctor.

Dean, de regreso a su escritorio, con la taza de café en mano, sintió su celular vibrar en los pantalones. Lo ignoró pensando que seguramente era un mensaje de texto.

— ¿Sabes qué necesitamos para continuar este caso inútil, verdad? — volvió a la carga Gordon, el otro detective trataba de lucir ocupado; en vano, porque una vez más, todos los recursos, pruebas, caminos, testigos… todo se había reducido a nada. Cero. Game over. Su celular siguió vibrando. ¿Hm? Era su celular personal, sólo unos cuantos eran los privilegiados de tener ese número.

— ¿Que te calles el hocico? — preguntó Dean burlonamente, observando de reojo a Gordon —. Detective Dean Winchester — dijo dirigiéndose a la bocina del aparatejo.

Lo que vio Gordon a continuación… valía la foto del recuerdo. Como esas fotos embarazosas que tus amigos suben a internet o los paparazzis a la revistas. Hubiera querido capturar aquel momento, aquella cara de sorpresa que era digna de un hombre en un lapsus estupidus a causa de una mujer. Esa cara de infinito asombro y felicidad cuando un adolescente recibe una llamada de esa persona en la que ha estado pensando toda la tarde mientras suspiraba y deshojaba margaritas diciendo me quiere o no me quiere. Y luego también el rostro de alguien que se supone que en teoría no debería tener esa sonrisa de idiota, así que oculta su felicidad tras una máscara de aquí-no-pasa-nada. Probablemente todo este análisis facial hubiera pasado desapercibido si Gordon no hubiera estado prestando tanta atención a todo lo que hacía y decía Dean, pues buscaba una forma de arruinarlo, de joderlo.

— Claro, ¿qué ocurre? — contestó mientras se palmeaba la bolsa del pantalón, buscando las llaves de su auto —. No, no. Está bien, ya terminé aquí de todos modos… Bien, te veo ahí en quince.

Dean cerró la tapa del celular y lo guardó en el pantalón. Se levantó de su silla y comenzó a arreglar los papeles regados encima de su escritorio.

— ¿Qué? — soltó luego de sentir la mirada de Gordon clavada en él desde… desde siempre. Hombre, el tipo comenzaba a causarle escalofríos.

— Nada — contestó el otro simplemente, moviendo el ratón de su computadora para quitar el protector de pantalla —. Pero no contestaste mi pregunta.

Dean alzó las cejas, chamarra ya puesta y dispuesto a largarse. Mientras más pronto estuviera lejos de la presencia de Gordon Walker, mejor.

— Otro cuerpo. Necesitamos otra víctima, testigos, algo. Necesitamos que el asesino cometa un error — declaró mientras movía las manos en una forma que podía leerse "no es obvio, ¿detective imbécil?".

— Por fin algo útil salió de tu boca — se burló Dean y se dispuso a salir. Tenía la cabeza demasiada llena de información, tan llena que ya no podía pensar claramente. Necesitaba un poco de aire fresco.

En el estacionamiento, el Impala estaba recubierto por finas gotas de agua. Encendió el auto, hecho a andar los limpiaparabrisas y se dirigió al Roadhouse.

: : :

— No, pregunta estúpida — se retractó Castiel al ver la expresión de vacío en Chuck —. No tienes que decirme nada si no quieres — aclaró en un tono serio. Después suavizó un poco su expresión: — Aclaro que… no estoy aquí como tu profesor — movía sus manos, nervioso, dejando caer el libro que leía apenas hace unos momentos —, sino como una persona, como… un amigo, si lo permites — se agachó a recoger el libro y continuó parloteando: — Por lo menos, permíteme llevarte a tu casa, ¿está bien? Sólo quiero asegurarme que estarás bien.

Chuck no daba crédito a la situación en que se encontraba; en todos sus años de estudiantes, nadie, absolutamente nadie había mostrado tal interés por su bienestar. Él había aprendido desde muy temprana edad aquel truco en que todo el mundo asume que estás bien si los números o letras en tus boletas no son reprobatorias.

Si tienes buenas calificaciones, absolutamente nadie se preocupará, aunque estés medio o completamente ebrio la mayoría del tiempo después de salir de las instalaciones escolares.

A nadie nunca le importó una mierda quién era aquel niño, chico, y ahora adolescente, sentado en el rincón del salón. Y sin embargo aquella indiferencia hacia su persona era tan normal que ahora no sabía cómo debía reaccionar.

En su lucha interna no notó que el profesor se había levantado de su asiento, no supo si para atender una llamada o si para hacer una.

Él quería decirlo, realmente quería hablar con el profesor, todas esas pequeñas charlas al final de cada clase eran una de sus interacciones humanas favoritas, porque el profesor Newman lo veía como a cualquiera de sus demás alumnos, no al antisocial de la esquina que nunca hace nada en clase pero que de alguna forma extraordinaria logra pasar con notas mínimas. No. El profesor lo trataba como alguien.

Como si realmente Chuck fuera alguien. Como si existiera. ¿Notaría también que estaba interesado en su clase? ¿Notaría lo duro que se esforzaba en ella?

— Chuck, ¿estás bien? — El chico volvió su atención al profesor se sentaba nuevamente con él, y que negó con la cabeza tan pronto soltó la pregunta —, no, pregunta estúpida de nuevo. Lo siento.

Chuck sonrió tristemente, y abrió la boca para decir algo, lo que sea, lo agradecido que estaba, lo agotado que estaba física y mentalmente hablando, lo necesitado que estaba por algo, algo, lo que fuese, cualquier algo que llenara aquel vacío que parecía estar tragándoselo.

Pero lo uno que salió de su boca fueron unos cuantos balbuceos y finalmente una frase:

— Estoy cansado… sólo… estoy muy cansado…

Castiel apretó sus labios, en esos momentos, la palaba cansado podría tener muchos significados.

— ¿El alcohol… ayuda? — vocalizó cuidadosamente. Chuck parecía meditar la respuesta.

— Por un tiempo lo hizo… pero ha comenzado a perder su efecto — dirigió su vista a la mesa, evitando todo contacto visual. Castiel no lo culpaba —. La sensación era agradable… solía tomar, y tomar, hasta caer inconsciente —. Soltó una risa dolida —, supongo que ya lo tolero mejor.

— Dices que… — carraspeó el profesor y se acomodó en la mesa —, dices que… estás cansado… pero, ¿puedo preguntar de qué… o en qué sentido?

Chuck bajó aún más la mirada, y respondió con ojos vidriosos y a punto de que las lágrimas se les resbalaran.

— Estoy cansado… de vivir… — susurró la última palabra, y tomó la servilleta que el profesor le ofrecía —. Y, y, y yo sé toda esa mierda de que soy joven y tengo toda una vida por delante pero, estoy cansado… es demasiado para mí.

Castiel consternadamente lo único que podía hacer era seguir pasándole servilletas y esperar a que Chuck se calmara un poco; quería alcanzar su mano o abrazarlo pero no sabía cómo actuar en ocasiones así; tampoco sabía cómo reaccionaría él ante eso; se sentía inútil y poco cualificado para ello, a pesar de haberle dicho que estaba ahí como su amigo y no como su profesor.

— No pretenderé que te entiendo, Chuck, ni mucho menos. Tampoco te diré que el tiempo lo cura todo y que eres joven y que las cosas se pondrán mejor cuando crezcas… — de alguna forma, Castiel parecía estar escuchando a Balthazar hablar y no él, en un tiempo, Balth, su hermano, era quien había tenía que darle ese discurso a un joven Cas —, pero… quiero que sepas que, cualquier cosa que necesites, voy a estar aquí… — El chico asintió con la cabeza — ¿Hay alguien más que sepa… de esto?

Chuck alzó la vista un momento, y después se encogió de hombros.

— ¿Tus padres?

— Vivo con mi abuela — contestó tajantemente —. Ella… creé que trabajo hasta tarde…

— ¿Becky?

— Desde que se estrenó Teen Wolf ha estado en un club de fans así que tiene más amigas… Becky es un poco… obsesiva cuando algo nuevo le gusta.

— Ya veo… — Castiel frunció el ceño, ideando una forma desesperada por ayudar a Chuck —. ¿Conoces a Rachel? — soltó abruptamente.

— ¿La rubia con la que siempre desayuna? — se sonó la nariz y sus ojos vagabundearon, tratando de localizar el nombre en su mente.

— Sí, ella exactamente. Ella es… psicóloga. — Cas dio un suspiro ante la mueca desaprobatoria que vio en Chuck —. Sé que es difícil para ti hablarme incluso, pero… ¿podrías al menos considerarlo?

El profesor realmente lo veía, veía su existencia, las fracturas que había bajo su aparente joven vida.

— Lo… pensaré… — ahora era Chuck quien fruncía el ceño. Estaba inmerso en sus pensamientos.

¿Por qué el profesor Newman podía verlo tan fácilmente? ¿Entender lo que ha tratado de explicarle a todo al que ha intentado ayudarle pero nadie ha podido comprenderle? ¿Por qué podía entenderlo?

Porque el profesor estuvo o se encontró igual de roto que él en algún punto. Era lo único que podía explicar su delicadeza en aquel asunto que trataba tan seriamente y que otros sólo se habían reído y dicho "¡anímate, viejo!".

Con aquel "lo pensaré" su conversación había sido dada por terminada aparentemente, porque ninguno de los dos dijo una sola palabra más.

Tampoco te diré que el tiempo lo cura todo y que eres joven y que las cosas se pondrán mejor cuando crezcas…

Todo el mundo dice eso. "El tiempo lo cura todo", "ya verás que las cosas mejorarán", "no hay mal que dure mil años"… la lista seguía. Sin embargo, aquel hombre sentado frente a Chuck le decía que las cosas no mejorarían sólo porque tuvieras 30 en lugar de 17.

¿Por qué él lo diría? No es como si el profesor Newman fuera un pesimista. En el salón de clases él era una persona vivaz, feliz. Le encantaba su trabajo, eso era evidente.

Pero aquel día en el supermercado…

— Profesor… — Chuck dirigió su mirada a Castiel por primera vez en toda la noche —. ¿Usted es feliz?

: : :

No se habló más del asunto, ni siquiera estando dentro del Impala; Castiel como copiloto, y Chuck en la parte trasera. De vez en cuando Chuck hablaba cuando Dean preguntaba si izquierda o derecha o si era más adelante.

Dean no trató de hacer conversación tampoco, con el olor de las ropas del chico era más que suficiente para saber lo que había pasado. El olor a alcohol inundó por completo el Impala. Al llegar a su destino, Chuck dio gracias a Dean por el viaje, y bajó del auto. Castiel le siguió unos segundos después.

El detective vio cómo Cas estrechaba al chico en sus brazos, cubriéndolo completamente con su gabardina puesta. Luego, Castiel subió de nuevo al auto, en la parte del copiloto, cerró la puerta y recargó su rostro contra el vidrio, dejando un rastro de vaho cada que exhalaba.

Dean pareció comprender aquel mensaje no dicho de "no quiero hablar de ello" y simplemente giró la llave para encender el motor para dirigirse a casa.


Primero que nada, quisiera disculparme por la ENORME falta de actualizaciones. No me olvidé de la historia. Sólo tuve demasiados problemas personales, de salud, salud mental... como para dedicarme a escribir. A excepción de un par de poemas, no había escrito nada en los último meses. Si gustan, pueden revisar el blog en mi perfil. En fin.

Como había dicho en el capítulo anterior, la historia se acerca al final. Nuevamente, una disculpa enorme, yo sé que tal vez no lo merezco, pero sepan, si aún queda algún lector, que no pienso abandonar esta historia. La termino porque la termino.

En otras noticias, ahora sí tengo un título definitivo. La historia se titulará "Ramble On". Por el momento no lo cambiaré, para no despistar a los pocos lectores que queden por ahí. Muchas gracias por leer y seguir aquí.

Dee, corto.