He vuelto... y aquí les dejo el cap 21. Como ya les he dicho varias veces, si alguien tiene alguna petición, solo tiene que hacerla. Enjoy!!!!!!!!
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Las calles estaban maltratadas y oscuras. La mayoría de los faroles en las aceras estaban apagados. Había basura y escombros por todos lados, y varios vehículos destrozados bloqueaban la entrada a varios edificios y callejones. Los aparadores de las tiendas estaban destruidos, y una quietud y silencio casi totales reinaban en el ambiente.
Dos cosas sobresalían en esa imagen.
Unas criaturas, que antes habían sido humanos, torpes que se tambaleaban con los brazos extendidos hacia su alimento, gimiendo con ansias y anticipación. Y un hombre de cabello rubio platinado usando botas de motociclista, vistiendo pantalones de mezclilla, una camiseta, guantes y un largo abrigo de cuero, todo de color negro.
Klaus veía expectante como los infectados se acercaban a él, eran cuatro, nada que temer. El rubio sacó una de sus COLT y disparó una vez a cada uno de los zombies, volándoles las cabezas. Los cuerpos cayeron pesadamente, con la sangre coagulada derramándose lentamente por la parte de atrás de sus podridas cabezas.
Guardó su arma y comenzó a correr en medio de la calle, saltando sobre los automóviles destruidos que le bloqueaban el paso, sin percatarse de que las cámaras de seguridad ocultas los seguían. Todo volvía a estar casi completamente en silencio, sólo se escuchaban los pasos de Klaus y algunos lastimeros quejidos distantes.
El rubio había estado corriendo por un par de minutos, con el hedor de la muerta golpeándole la cara. Se internó en un callejón que le ayudaría a acortar su camino, dejando atrás a varios infectados que llevaban varios minutos siguiéndolo, intentando alcanzarlo.
El callejón estaba despejado, pero aún así el rubio se detuvo a mitad de camino, junto a una ventana, alzando su rostro, olfateando. Puso una cara de disgusto.
De un segundo a otro, el silencio reinante fue roto cuando la ventana estalló en pedazos al ser atravesada por una grotesca criatura de color verde, que se paraba con la espalda encorvada y acarreaba enormes garra. Klaus había dado un pequeño salto hacia delante justo a tiempo para evitar la agresión de su atacante.
- Ja. Muy bien. – dijo Klaus, sonriendo.
El Hunter lanzó un chillido antes de lanzarse contra su presa, con las garras en alto. La criatura bajó sus garras de golpe, Klaus se hizo a un lado rápidamente, sacó su arma y acertó un perfecto disparo entre los ojos del cazador. Se echó hacia atrás para evitar que el B.O.W. cayera sobre él mientras se desplomaba.
- Reptiles. – se quejó Klaus, rodando los ojos y guardando su arma.
Volvió a la carrera, tenía que llegar pronto. Finalmente salió de entre los edificios y se adentró en un barrio residencial, igual de acabado que el resto de la ciudad. Todas las casas, en un tiempo pasado, habían sido iguales, pero en esos momentos estaban todas destrozadas, seguramente por los infectados y el caos en general.
- Sherry… - dijo Klaus, y apresuró el paso.
Corrió en medio de la calle principal, pasando junto a varios automóviles aparcados y destruidos y césped muerto. Varios zombies cambiaron la dirección de sus torpes pasos al percatarse de su presencia, pero el rubio ni siquiera los miró, simplemente siguió corriendo.
Un infectado se cruzó por su paso e inmediatamente intentó alimentarse del rubio, pero éste lo hizo a un lado con un fuerte golpe, sin detenerse para asegurarse de que estaba muerto. Finalmente se detuvo frente a una casa.
Estaba hecha un desastre, las ventanas de que daban al jardín delantero estaban rotas, y las paredes estaban manchadas con sangre, tierra y carbón. El rubio inspeccionó un poco la fachada antes de acercarse a la entrada. Todo esto estaba siendo captado por una cámara que había sobre el faro de la acera frente a la casa.
Klaus intentó abrir la puerta, estaba cerrada.
- Supongo que eso es una buena señal. – dijo el rubio, echándose hacia atrás.
La puerta de la casa voló hacia el interior por la fuerza del golpe de la pierna de Klaus, quien entró hacia la residencia.
- ¡Sherry! – gritó el rubio, analizando el recibidor y la sala.
Se escuchó movimiento y golpes, fuertes, en el piso de arriba, el rubio miró las escaleras que tenía a su derecha y comenzó a subirlas, saltando el último tramo. En el pasillo en el que estaba se podía ver una gran habitación con una cama matrimonial al fondo, y varias otras puertas que estaban abiertas.
El rubio, sin embargo, fijó su mirada en la única puerta que estaba cerrada y en lo que había frente a ella. Lo que antes había sido una mujer que llevaba un delantal estaba golpeando la puerta cerrada con la palma de las manos, desesperada por abrirla.
La infectada se percató de su presencia y se volteó hacia él, dejando sus golpes para comenzar a tambalearse torpemente hacia el rubio. Klaus ahogó una risa, sacó su arma y le voló la tapa de los sesos al zombie. Saltó sobre el cadáver y se paró frente a la puerta cerrada.
- ¿Sherry? ¿Estás ahí? – su voz era suave. – Soy yo. Klaus.
No hubo sonido alguno, pero después de algunos segundos la puerta se abrió, revelando a una pequeña niña rubia, que aún llevaba puesta el uniforme de su escuela.
- ¡Klaus! – gritó la pequeña, y se lanzó a los brazos del rubio, quien la sostuvo contra su pecho.
- Ya está bien. Estoy aquí. – dijo el rubio, tranquilizándola.
- No sé que pasó. Ayer volví de la escuela y la casa estaba destrozada y Jane se estaba comportando extraño. – dijo la niña entre lágrimas. – Trató de atacarme, pero escapé y me escondí en el baño. Sabía que alguien vendría, pero no sabía cuando. Estaba asustada.
Klaus la abrazó, acariciándole la cabeza.
- Lo hiciste muy bien. Voy a sacarte de aquí. – dijo Klaus, Sherry alzó el rostro para mirarlo, aún había lágrimas en sus ojos.
- Pero hay más de esos… monstruos allá afuera.
- Si. Hay muchos de ellos. Pero no puedo dejarte aquí. – le dijo el rubio. – Voy a llevarte al departamento de policía. Ahí hay varias personas refugiadas que están siendo protegidas por los policías que quedan.
- ¿Vas a dejarme ahí? – preguntó la niña, aterrada.
- Si, pero volveré. Una vez que te haya llevado hasta allá y me asegure de que estés bien, voy a ir a buscar a tus padres. Luego regresaré por ti y los sacaré de esta ciudad. – explicó Klaus
La niña lo siguió mirando un momento, antes de asentir. Klaus la cargó, bajando las escaleras y dirigiéndose hacia la salida. Se detuvo antes de salir al exterior, y miró directamente a la cámara que lo grababa. Contuvo una risa y salió del lugar, dirigiéndose hacia la cochera.
Bajó a la pequeña y abrió la puerta de la cochera con sus manos, revelando en el interior una motocicleta. Ambos entraron, y Klaus ayudó a Sherry a montarse en la moto.
- Y tu padre decía que era mala idea que tuviera una de éstas en su casa. – dijo el rubio, sacándole una pequeña sonrisa a la niña.
Klaus buscó entre las cosas que había por ahí y levantó una vieja mochila del suelo, se la entregó a Sherry junto con el casco que colgaba del manubrio de la moto, antes de montar detrás de ella. La niña se puso el casco y acomodó la mochila contra el pecho.
- Iremos bastante rápido. Pero no podremos ir en moto hasta allá todo el camino, las calles están bloqueadas en el centro de la ciudad, así que tendremos que seguir a pie. – dijo Klaus, la pequeña asintió. – Sujéta…
La imagen se tornó completamente negra, y Rebecca dio un pequeño saltito en cuanto la PALM vibró en su mano.
- ¿Qué sucedió? - Preguntó Leon.
- Batería baja. – dijo Rebecca. – Tendremos que dejar que se cargue durante la noche.
- El chico tiene buena puntería. – dijo Barry. – Ni siquiera se inmutaba para acabar con los infectados. Es una suerte tenerlo de nuestro lado.
Se quedaron en silencio unos momentos, pensando en lo que Barry había dicho.
- Es cierto. – dijo Rebecca.
Leon tenía las manos juntas, con los codos en sus rodillas, y miraba sus dedos con gesto pensativo. Un sonido curioso resonó en su garganta.
- ¿Leon? – preguntó Claire, haciendo que el rubio lo mirara.
- ¿Cómo es que supo lo de esa cosa verde? – preguntó Leon, sin levantar la vista. - ¿Cómo supo dónde estaba?
Claire miró a Rebecca, quien la miró de vuelta.
- Hizo lo mismo en el centro comercial, en Gaylord, unas horas antes de que escapáramos de la ciudad. – dijo Rebecca.
- Creo que es capaz de olfatear a los infectados. – dijo Claire. – Eso fue lo que nos dijo en el centro comercial.
Leon frunció el entrecejo.
- Detecta a los suyos. – dijo, en voz baja, pero no lo suficiente.
Subió la mirada y se encontró con la de Claire, quien estaba furiosa.
- ¡Él no se parece en nada a esas cosas! – regañó Claire, tenía las mejillas encendidas por la ira.
- Según lo que me han contado, los infectados y todos esos monstruos tienen bastante en común con él. – dijo Leon, levantándose.
- ¡No te atrevas a compararlo con esas cosas! – gritó la pelirroja, sin siquiera parpadear. - ¡Tú no lo conoces! ¡No tienes derecho a decir nada sobre él!
- Y supongo que ustedes dos lo conocen muy bien, ¿no? – dijo Leon, mirando a Claire y a Rebecca.
Claire se quedó en silencio un momento, pero la cara de enojo no desapareció ni un instante.
- Él es bueno. – dijo la pelirroja, sin gritar esta vez, pero aún enojada. Barry y Rebecca se quedaron en silencio, mirando a los dos personajes que estaban discutiendo. – Está intentando acabar con Umbrella al igual que todos nosotros. Nos está ayudando a hacerlo. Nos ha salvado la vida varias veces ya.
- Lo mismo debe haber hecho Albert Wesker en más de una ocasión. Y mira cómo están las cosas. – dijo el rubio. La pelirroja lo miró severamente, y luego se volteó y se encaminó hacia la habitación.
- Él no es así, ya te darás cuenta de eso, Leon. – dijo Claire, caminando al cuarto. Miró a Rebecca y a Barry cuando pasó por su lado. – Me voy a la cama. Buenas noches, Barry.
- Buenas noches, pequeña.
Rebecca miró a Leon y a Barry, les dio las buenas noches y se fue hacia la habitación, cerrando la puerta tras ella.
Claire estaba sentada en el borde de la cama, con su rostro perdido en sus manos. Rebecca intuyó lo que estaba pensando.
Pensó en Billy. ¿Qué haría ella si estuviera en el lugar de su amiga? Billy Coen estuvo a punto de ser ejecutado. Según la ley, él era un criminal, y podía esperarse que sufriera discriminaciones parecidas a las que Leon le hizo a Klaus… eso claro si él no estuviera "muerto".
Aún así, no importaba lo que los demás pensaran, Rebecca conocía a Billy, él era bueno. 'Y eso es lo único que importa.' pensó la castaña, sonriendo.
Rebecca se acercó a la pelirroja y se sentó junto a ella, poniendo una mano en su hombro, Claire la miró.
- No dejes que te afecte, Claire. – dijo la castaña, mirándola a los ojos. – Leon… está preocupado por tu seguridad. Eso es todo.
- ¿Por qué tiene que ser tan idiota? – preguntó la pelirroja, con un suspiro. Rebecca sonrió.
- Bueno, no es como si hubiese conocido a otro B.O.W. de Umbrella que fuese bueno. – Claire la miró con las cejas juntas. – Sabes a qué me refiero, Claire. Klaus es… Klaus. Él es bueno, demasiado para ser tratado como arma biológica, pero de alguna forma debía decirle para hacerme entender.
Claire la miró unos instantes y asintió.
- Debes hacerle caso a lo que sientes, y no a lo que los demás piensen. – continuó Rebecca, pero Claire supo que lo decía más para si misma que para confortarla.
Claire sabía perfectamente lo de Billy. Se había enterado en una de esas muchas noches en vela. Generalmente compartía la habitación con Rebecca, y algunas veces con Jill también, cuando no ella no dormí con Chris, y varias veces se quedaban charlando hasta altas horas de la noche, sobre cualquier tema. Estudios, sueños, recuerdos… de todo.
Rebecca se había mostrado… melancólica al hablar de Billy. No le tomó ni siquiera un segundo darse cuenta de que ella tenía sentimientos por el ex presidiario.
- Tienes razón. – dijo la pelirroja, finalmente. Y se levantó. – Yo lo amo, y eso es todo lo que importa.
Rebecca alzó ambas cejas, señal de asombro. Claire se percató de eso y la miró, extrañada.
- ¿Qué?
- Acabas de decir que lo amas. – dijo Rebecca. Claire se sonrojó, pero esbozó una sonrisa. – Entonces no tienes que preocuparte por nada más. Él es Klaus. Eso es todo lo que importa.
Claire asintió.
- Voy a darme un baño. – dijo Claire y se levantó para dirigirse al baño.
- Después voy yo, así que no hagas un desastre allá adentro.
Claire rió suavemente y entró para darse una ducha. Rebecca permaneció sentada, suspiró. 'Billy.'
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::¡¡¡MATURE RATING!!!:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
La pelirroja probó la temperatura del agua con sus manos antes de desvestirse y meterse bajo el chorro tibio. Dejó que el agua se deslizara sobre su piel y que las palabras de Rebecca resonaran en su mente.
Vislumbró la cara de Klaus, sonriendo. Una alegre sonrisa se dibujó en su propio rostro, recordando las locuras y los momentos de diversión con él.
Cuando finalizó de lavar su cuerpo y su cabello, apoyó su espalda contra la cerámica y recorrió su cuerpo con sus manos, hasta que una de ellas rozó uno de sus pechos, enviando temblores de placer a través de su espalda y haciendo que su pezón se endureciera. Gimió y miró sus pechos, tomándolos con sus manos y frotando las puntas de los pezones con sus pulgares, enviando más temblores de placer a través de su cuerpo antes de cerrar sus ojos.
Su centro comenzó a hervir, y la imagen sonriente de Klaus que tenía en su mente cambió. Del rostro alegre y sonriente pasó a uno lujurioso y seductor. Con una esquina de sus labios hacia arriba, y un brillo hambriento y sensual en sus ojos. La pura imagen hizo que la presión en su interior aumentara.
Una de sus manos se deslizó hacia abajo sobre su vientre, siguiendo el camino del agua caliente, que era bastante gélida en comparación con el cuerpo de Klaus. Recordó lo que sus manos sentían al acariciar esos poderosos músculos, lo que sentía cuando el rubio la tocaba, la saboreaba, cuando lo tenía en su interior.
Las puntas de sus dedos entraron en contacto con suaves rizos e introdujo uno de ellos a su interior. La boca de Claire se abrió mientras ella luchaba por respirar, puro placer recorriendo su cuerpo. Comenzó a gemir, no podía controlarlo, mientras su pulgar describía círculos alrededor de su clítoris. Introdujo otro dedo en su interior.
Echó la cabeza hacia atrás, el placer se acumulaba en su interior. Klaus apareció frente a los ojos de su mente, con sus ojos plateados envueltos por la sombra de la lujuria justo cuando posaba sus manos sobre sus hombros y se inclinaba hacia ella.
Claire se lamió los labios, y Klaus la besó, apasionadamente. Claire gimió, frotando cierto punto en su interior con la punta de sus dedos mientras separaba más las piernas. Podía sentir las manos de Klaus en su cintura, atrayéndola hacia su cuerpo mientras la besaba, sus lenguas danzando mientras él deslizaba una de sus manos hacia sus piernas, acariciándolas, mientras la otra rodeaba su cintura y subía por su espalda, hasta toparse con su cabello castaño rojizo.
Comenzó a respirar rápida y agitadamente, anticipando su orgasmo, mientras metía y sacaba sus dedos fuertemente. Klaus, en su fantasía, había movido su rostro a lo largo de su cuerpo y ahora su boca ocupaba el lugar de su mano en su centro. La imagen de él arrodillado frente a ella, brindándole tanto placer la hizo acabar.
Con un último roce de su pulgar sobre su clítoris, Claire lanzó un gritito cuando su orgasmo explotó. Se mordió su labio inferior para impedir que un grito más grande escapara, pero gemidos bastante fuertes ocuparon su lugar mientras los músculos de su espalda y de sus piernas temblaban. Las paredes de su interior se contrajeron fuertemente alrededor de sus dedos.
Cuando su orgasmo cesó, dejó de morder su labio y se sonrojó, esperando que nadie haya podido escucharla. La imagen sonriente de Klaus apareció en su mente frente a ella, y la pelirroja no pudo evitar preguntarse dónde se encontraba.
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'Hmph. Esto ya lo he vivido. Aunque esta vez se ve mucho peor.' Pensó Klaus, mientras levantaba las manos lentamente. Había seis personas en el lugar, todas con al menos un arma de fuego en sus manos, apuntándole. 'Ah. Ya recuerdo.'
Flashback.
Klaus detuvo la moto en medio de la calle, ya no podrían seguir en ella, todos los caminos desde ese punto estaban bloqueados. No había de otra, tendrían que caminar.
- Muy bien señoritas, hora de caminar. – dijo el rubio, bajó la horquilla de la moto y desmontó.
El rubio levantó a Sherry y la dejó en el suelo, luego le tendió la mano a la señora Addison, una maestra de Sherry, a quien habían encontrado en medio de su trayecto en moto. La pequeña se sujetó con fuerza a su pantalón mientras la maestra, Martha Addison, una mujer de unos cuarenta años, morena y bastante bien conservada, sujetaba la mano del rubio y desmontaba.
- ¿Por dónde vamos? – preguntó Martha en un susurro, mirando con cautela hacia todos lados. Obviamente sabía qué era lo que estaba ocurriendo en la ciudad, su marido había muerto defendiéndola de esos monstruos come carne.
- Seguiremos por esta calle por ahora. – susurró Klaus, sujetando la mano de Sherry y comenzando a caminar. – A medida que avancemos iré decidiendo el resto de la ruta. Las cosas son como ya le dije. Si yo digo alto, se detienen, si digo corran, corren en la dirección que yo les señale. Sin preguntas ni dudas, y sin importar lo que yo me quede haciendo.
Miró a Sherry, quien asintió tímidamente. Miró a Martha, quien lo miraba como si estuviera loco. Desde el momento en que la habían encontrado en medio de la calle y le habían dicho que se dirigían al centro de esa locura había estado en desacuerdo. Había dicho que deberían salir de la ciudad, alejarse lo más que pudieran de ella, pero Klaus le dejó bien claro que iban a quedarse en el departamento de policía hasta que él fuera a recogerlos. Le había dicho que si no quería ir con ellos, podía volver a esconderse en donde había estado hasta que ellos aparecieron.
- De acuerdo. – susurró la morena. Ni en sueños volvería a encerrarse en su sótano por quien sabe cuanto tiempo hasta que otro vehículo volviera a pasar. La alegría que había sentido al escuchar la moto había sido incomparable, tanto que se había arriesgado a salir a mitad de la calle para interceptarla.
El olor a carne putrefacta era mucho peor en el centro de la ciudad, el penetrante hedor mareaba a Sherry y a la señora Addison, Klaus parecía no verse afectado por el. Habían avanzado un par de cuadras cuando el rubio se detuvo, acercando a Sherry a su cuerpo y levantando la mano izquierda para que Martha se detuviera también.
- ¿Qué sucede? – preguntó Sherry, nerviosa, mirando hacia todas direcciones.
- Martha, a mi derecha. – dijo Klaus, la mujer lo miró antes de posicionarse donde le habían dicho.
El rubio metió su mano izquierda por debajo de su abrigo y sacó una COLT .45 de las que llevaba. Se volteó hacia su izquierda, sujetando por el hombro a la pequeña para que quedara detrás de él. En ese preciso instante, el ventanal de la tienda de mascotas explotó, y una enorme sombra voló hacia ellos. El canino infectado los habría alcanzado sin ningún problema, pero Klaus disparó tres veces dándole al perro en la cabeza y el hocico. Finalmente levantó su pierna izquierda y le dio una patada al cadáver, enviándolo hacia un lado, lejos de ellos.
Martha estaba pasmada. Apenas había tenido tiempo de ver como los trozos de cristal saltaban por lo aires cuando este sujeto, el tío de Sherry, había disparado y acertado, y para rematar, sin el mas mínimo cambio en su expresión, le había dado una increíble patada a la sombra que se acercaba hacia ellos, que era un perro. Podía ver eso ahora que estaba tirado muerto a unos metros de ellos.
'Quizás… no sea tan descabellado ir con él.' Pensó la morena.
El rubio miró a Sherry, quien había cerrado los ojos al momento en que el cristal se hacía pedazos.
- ¿Estás bien?
- S… si. – dijo Sherry, el rubio se volteó hacia la morena.
- ¿Tú?
Martha asintió.
- Bien. Debemos movernos, el ruido puede haber alertado a más de esas cosas. – dijo el rubio, volteándose para seguir por el camino. Martha aceleró el paso para alcanzarlo y caminar a su lado izquierdo.
- Espera, ¿Cómo hiciste eso? – preguntó la mujer. Klaus volteó su rostro para mirarla. - ¿Eres policía o algo?
Klaus se tomó su tiempo para responder.
- Algo… - dijo el rubio. Sherry miró hacia arriba, analizando su expresión. 'Está mintiendo.' Pensó la pequeña. – Por aquí.
- ¿Y ese "algo" vendría siendo…? – insistió Martha. Klaus ignoró su pregunta mientras se internaban en un callejón. La morena estaba realmente curiosa acerca de eso, pero aún así se encontraba atenta a su alrededor. – Vamos… lo que hiciste fue asombroso. Diría que eres mejor en esto que los miembros de S.T.A.R.S…
- Silencio. – susurró Klaus, interrumpiendo a la morena, quien dejó de hablar al acto. El sonido de pequeñas rocas cayendo los hizo mirar hacia arriba. Sherry ahogó un gritito y escondió su rostro contra la pierna de Klaus. – Corran.
Los tres comenzaron a correr y salieron hacia la calle, seguidos de cerca por los predadores. Los lickers, criaturas rápidas y con garras enormes, llamados así por su larga y letal lengua, que usaban para capturar a su presa. Había dos de esas cosas detrás de ellos, avanzando rápidamente por las paredes de los edificios.
Klaus sacó una de sus armas y apuntó hacia atrás, mientras seguía corriendo. Localizó a uno de los lickers y disparó, la bala impactó de lleno en el muro de la ferretería, que era donde el licker había estado un segundo antes.
Escuchó un alarido lastimero y un chillido, emitido por Sherry, el rubio miró hacia delante y apartó al zombie que se acercaba con un golpe. Había varios más al frente, pero estaban dispersos, podrían esquivarlos fácilmente. Los lickers le preocupaban más, en un lugar tan abierto como esa calle sería muy difícil darles, y más aún si debía correr con Sherry pegada a su pierna derecha.
Volteó hacia su izquierda, y se le ocurrió una idea al ver que se acercaban a una cafetería.
- ¡Martha! ¡Hacia la cafetería! – gritó Klaus. La mujer miró hacia donde apuntaba y se dirigió hacia la puerta, con Klaus y Sherry siguiéndola. Abrió la puerta rápidamente y entró, con los dos rubios pisándole los talones.
Los lickers saltaron hasta la pared exterior de la cafetería, trepando por ella hasta una de las ventanas del segundo piso, que estaba rota, y entraron por ella. Estaban en el interior, ya sólo debían encontrar a sus presas, comenzaron a olfatear, buscando. Uno de ellos encontró el rastro, estaban abajo. Siguió el olor hasta su origen y, luego de un estruendo, no percibió nada más.
Sherry miró a la criatura que ahora yacía en el piso a unos metros de ellos. Era horrible.
- Es como si hubieron vuelto de revés a una persona. – susurró, Klaus fue el único que la escuchó.
El rubio la sostuvo apegada a su lado, empujando a Martha hacia atrás al mismo tiempo. El segundo licker se acercaba a ellos, atraído por el ruido del disparo. No alcanzó a hacer nada. Una vez que apareció por las escaleras, una bala se incrustó en su cerebro, matándolo de inmediato.
- Difíciles de alcanzar en grandes espacios abiertos, pero si los encierras solo tienes que tener buena puntería. – explicó Klaus. Miró hacia la puerta de la cafetería. – Bien.
Se acercó hasta una máquina expendedora y la examinó, antes de hacerse hacia atrás y romper el cristal de una patada. Comenzó a sacar varias cosas de su interior, barras de chocolate, frituras, refrescos, barras de cereal nutritivas y botellas de agua, antes de acercarse a Sherry y a Martha. Sherry se sacó la mochila de la espalda y la sostuvo abierta para que Klaus pudiera guardar las cosas. El rubio sonrió, Sherry comprendía todo muy rápido.
Guardó casi todo, pero se quedó con dos latas de Coca Cola en las manos, y le tendió una a cada una de ellas.
- Tengan. – dijo. Sherry lo miró a los ojos, pero no quiso tomar la lata. – Sherry, estuviste desde ayer encerrada en el baño, debes ingerir algo de glucosa. Ya estamos a solo unas calles del departamento de policía, una vez allí podrás comer tranquilamente, pero necesitarás la energía para llegar hasta allá.
Martha aceptó la lata, la abrió y bebió un poco de su contenido. Acababa de darse cuenta de que estaba hambrienta, y tener algo en el estómago le sentó muy bien.
- De verdad te hace sentir mejor. – dijo. Klaus la miró y sonrió levemente.
- Vamos, Sherry. – dijo el rubio, mirando a la niña. – Bebe.
La niña tomó la lata y la abrió. Se la acercó a la boca con recelo y bebió un pequeño sorbo. La señora Addison tenía razón, sintió algo cálido recorrer su cuerpo y sintió hambre por primera vez desde antes del almuerzo escolar del día anterior. Terminó de beber y se sorprendió al darse cuenta de que deseaba tener un poco más.
- Muy bien. – dijo Klaus, sonriendo. Miró hacia el exterior, los infectados se estaban reuniendo afuera de la puerta. – Podrán comer en cuanto las haya dejado seguras en el departamento de policía. Y creo que mejor salimos por atrás.
Se dirigieron hacia la cocina, en donde encontraron la puerta trasera. Antes de abrirla, Klaus se armó con una de sus armas y luego salieron al exterior. Había un par de zombies esperándolos, pero unos cuantos disparos se encargaron de ese problema.
Sherry y Martha pudieron relajarse un poco, se encontraban frente a la gran puerta de madera doble del departamento de policía. En el exterior había unos cuantos infectados dando vueltas, buscando alguna posible víctima, quizás también alguna forma de entrar a la estación, que estaba llena de alimento.
- Hora de entrar. – dijo Klaus. Trató de abrir la puerta, pero estaba cerrada. – Hmmm… háganse para atrás.
- Klaus… - dijo Sherry, pero ya era tarde. El rubio le dio una fuerte patada a la puerta, que se abrió al instante bajo la potencia del impacto.
Una vez el polvo se asentó, Klaus entró al edificio para asegurarse de que fuera seguro. Quizás era más seguro estar afuera.
En menos de un segundo se vio rodeado por varios policías armados, respaldados por varios civiles, armados también. Instintivamente subió los brazos y se quedó quieto.
- ¡Esperen! – gritó Sherry. Varios de los policías se voltearon a apuntarle, pero bajaron las armas al ver que eran una niña y una mujer. Habían llegado, ahora estaría a salvo por un tiempo.
Fin del Flashback.
'Claro, ésta vez es diferente. Decir que no soy un zombie en este momento no me ayudará.' Pensó el rubio.
- ¡Tú! – gritó un hombre de pelo castaño corto. Ark Thompson. – Te recuerdo, eres ese agente que Umbrella envió para eliminarme cuando estaba en Sheena Island.
- Ha pasado bastante tiempo. ¿Cómo has estado, Ark? – preguntó Klaus, sonriendo.
- Ni se te ocurra ser así de condescendiente conmigo, marioneta de Umbrella. – amenazó Ark, apuntando su arma al rostro del rubio. Los demás miembros del equipo estaban en silencio, analizando las palabras de su compañero.
- Ya no estoy con Umbrella. – dijo Klaus, tranquilo. Aún con los brazos alzados. – Estoy en contra de ella, de hecho. Por eso estoy aquí…
- ¡Mientes! – gritó Ark. – ¡Tú eres un asesino de la Corporación! ¡Seguramente te enviaron a eliminarnos! ¡Justamente como cuando te enviaron a asesinarme a mí!
- Si mal no recuerdo, te dejé irte con vida. Y eso que habría sido muy fácil cumplir con mi misión. – dijo el rubio, mirando al castaño a los ojos.
En medio de la discusión, Un hombre de cabello castaña, más largo que el de Ark, se acercó.
- ¿Por qué deberíamos creerte? – preguntó.
- Porque lo que les diré les ayudará bastante con su misión en contra de Umbrella. Mi nombre es Klaus Vander, por cierto. – respondió Klaus, mirando al hombre. Lo reconoció de inmediato. Kevin Ryman.
- ¿Vander? – preguntó la única mujer del grupo. Alta, de cabello rubio, vestida con un traje de oficina negro.
- Sólo les pido un poco de tolerancia para así poder explicarles las cosas. – pidió el rubio.
- ¿Por qué deberíamos? Tu gente no se caracteriza por mostrar mucha tolerancia. – intervino Ark. Klaus se volteó a verlo.
- ¡Hey! Admito que los alemanes tuvieron un período oscuro, pero ahora no hay nadie más tolerante que el pueblo alemán. – se defendió Klaus. Se quedó en silencio al ver que todos ponían una extraña expresión en su rostro. Como si acabara de decir algo estúpido. - ¿Qué?
- Me refería a la gente de Umbrella. – dijo Ark, enojado.
- Ah. Lo siento. He encarado el prejuicio contra los alemanes a lo largo de mi vida, así que… como que me confundí. – dijo Klaus, sonriendo.
Pudo notar que la atmósfera opresora se aligeraba. Incluso vio que Kevin, la mujer y un hombre de cabello negro y largo sonreían ligeramente.
- De acuerdo. Explícate, pero no intentes nada extraño. – dijo Kevin, aún apuntándole.
- Bien. Verán… hace unos cuantos meses, yo…
Klaus comenzó su narración, explicándoles su deserción, sus planes y el motivo por el que los buscaba, incluso les relató lo que había hecho por ellos en el zoológico de Raccoon City, sin mencionar que ya sabía que eran ellos. Esperaba que eso le diera algunos puntos a favor. En cuanto terminó con los detalles importantes, guardó silencio y esperó a que los miembros del nuevo equipo hicieran sus preguntas.
- ¿Hay otro equipo que va contra Umbrella? – preguntó un alto afro americano.
- Así es… ¿Hmmm? – Klaus lo miró, el hombre pareció dudar por un momento.
- Mark Wilkins. – respondió finalmente.
- Un placer. – dijo Klaus, sonriendo. Miró a los demás, quienes se debatían entre dar a conocer sus identidades o no.
- Mi nombre es George Hamilton. – se presentó un hombre de cabello negro y corto, vestido de traje.
- Yo soy Alyssa Ashcroft. – dijo la mujer.
- Bueno, ya que… yo soy Kevin Ryman. – se presentó Kevin finalmente. Klaus se saltó a Ark y miró al hombre de cabello negro y largo.
- Billy Coen. – se presentó.
Los ojos de Klaus se abrieron de par en par.
- ¿Billy Coen? ¿El mismo que sobrevivió en la Training Facility de Umbrella en las montañas Arklay?
- El único. – dijo Billy, sonriendo. – Veo que soy famoso.
El rubio sonrió. La situación podría llegar a ser muy fácil.
- Bueno. Hay un miembro del otro equipo que te conoce. – dijo Klaus, Billy lo miró, confundido. Se suponía que él estaba "muerto". – Rebecca Chambers.
- ¿Rebecca?
- La misma que tú recuerdas.
Una sonrisa comenzó a dibujarse en el rostro de Billy.
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El rubio se había abierto paso a través de las calles infestadas de zombies, luego de dejar a Sherry segura en el interior de un edificio lleno de civiles y policías, haciéndole un refugio en caso de que lo peor sucediera. Había tomado un atajo a través del zoológico, donde había tenido un breve enfrentamiento contra unos cuantos animales salvajes infectados, y ya se encontraba en el sector muerto de Raccoon City.
Las fuerzas de rescate le habían puesto ese nombre al sector noroeste de la ciudad, en donde el T virus había tenido su brote más violento. Prácticamente, todos los habitantes de ese sector habían sido infectados, muy pocos habían logrado escapar, y todo el resto se había convertido o había sido devorada.
El grado de muerte había sido tal, que ni siquiera los zombies rondaban por las calles, seguramente se habían trasladado hacia el centro de Raccoon City, guiados por el olor de la carne fresca.
Ya le faltaba poco, unos cuantos kilómetros y llegaría a la entrada del Laboratorio subterráneo de William. Desde que Albert había muerto, lo habían ascendido para que ocupara su puesto, así que no le fue difícil enterarse de que el equipo de Hunk había sido enviado para recuperar sus investigaciones sobre el nuevo virus en el que estaba trabajando.
Había logrado comunicarse con Annette para informarle de los planes del señor Spencer, y así se había enterado de que Sherry estaba sola, y que ni ella ni William podían salir para ir a rescatarla.
Sabiendo que Hunk y su equipo sólo eran enviados para misiones "especiales", consiguió transporte inmediato para él y su equipo desde París hasta las instalaciones en Detroit, y luego desde ahí hasta las afueras de Raccoon City, en donde había dejado a su equipo para que ayudaran a las autoridades a contener a las masas que insistían en entrar a la ciudad para rescatar a sus familias.
El rubio se detuvo, en medio de Oak Street, la calle principal que cruzaba toda la ciudad, había un enorme incendio. No podría seguir por ahí.
- Supongo que los callejones tendrán que servir. – se dijo el rubio a si mismo, antes de voltearse hacia su derecha y caminar hacia el espacio entre dos edificios.
Tendría que seguir abriéndose paso a través de los callejones y las tiendas, eso lo demoraría. Salió del callejón hacia una de las calles paralelas a Oak Street, pero no llegaba tan lejos como él necesitaba. Caminando hacia el oeste, hacia donde él se dirigía, la calle se desviaba para unirse a la calle Oak. Tendría que seguir, entrar hacia la casa que se veía desde donde él estaba y continuar hasta que formulara otra ruta… o pudiera regresar a Oak Street.
Comenzó a caminar por la mitad de la calzada, no es que hubiera muchos automovilistas por ahí. Se detuvo al escuchar un fuerte graznido. Miró hacia el cielo, en donde vio pasar a varios cuervos, enormes cuervos. Se dirigían hacia el centro de la ciudad.
- Sherry… - dijo el rubio, algo preocupado. Negó con la cabeza lentamente y sonrió, viendo como los enormes carroñeros se alejaba. – La ciudad es grande. ¿Cuáles son las probabilidades de que se dirijan precisamente al departamento de policía?
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La puerta calló, haciendo que las ventanas temblaran, y el rubio entró en el lugar. Había intentado regresar a Oak Street, pero el incendio era mucho más extenso de lo pensado, era posible incluso que hubiera sido iniciado a propósito para retener a los infectados, así que había seguido y entrado en la Guardería que había encontrado al inicio de la curva.
El lugar estaba vacío, al menos no podía detectar a ningún zombie, el silencio reinaba. Se adentró más en el recibidor. A su izquierda había una cocina y hacia la derecha una gran sala. Había papeles y crayones por todas partes, tirados en el piso, y una gran mancha de sangre esparcida a los largo de la pared.
- Pero todo esto estaba cerrado. Hmmm… - dijo Klaus, pensando. – El ataque comenzó… desde adentro.
El rubio se acercó hacia la mancha de sangre y, algo que la mayoría de los que lo observaban encontró repugnante, la olfateó. No era tan vieja, quizás del día o la noche anterior.
- Espero que no haya habido niños ahí cuando eso sucedió. – dijo Rebecca, mirando como Klaus se volteaba y volvía hacia el pasillo frente a la entrada.
- Lo mismo digo. – dijo Claire, mirando a su amiga por un momento, antes de volver a concentrarse en el video.
Klaus se adentró en el pasillo, seguramente habría una salida al patio trasero por ahí, y entonces sólo tendría que saltar de propiedad a propiedad hasta llegar al camino. Se detuvo en medio del pasillo, junto a una puerta. Había algo ahí adentro. Tomó la perilla y la giró teniendo acceso así hacia la habitación.
Realmente era un cambio total. De un ambiente frío y mortífero, a una habitación cálida con paredes de colores alegres. Distribuidas a lo largo y ancho de la habitación, había una docena de cunas. El estilo recordaba a una típica sala de recién nacidos de un hospital, pero todas las cunas estaban vacías… o casi todas.
El rubio se abrió paso a través de la primera fila de cunas, y se detuvo frente a una de las de la segunda. Algo se movió debajo de la manta que había en ella. La cara de Klaus era de horror. Apretó la mandíbula y alzó una temblorosa mano hacia la manta.
- Por favor… no. – susurró antes de levantar la prenda.
Un pequeño bebé se retorció ante el cambio de temperatura, abriendo sus blancos ojos y su boca sin dientes, estirando sus pequeños brazos hacia el rubio, como si le pidiera cargarlo. Klaus lo analizó, estaba totalmente pálido, las arterias y las venas se veían claramente a través de su piel. El rubio no pudo reprimir una mueca afligida, mientras levantaba la otra mano para cargar al bebé. Lo sostuvo frente a él un momento, mientras el pequeño agitaba sus piernas. El bebé comenzó a gemir, una versión más aguda e infantil del llamado de los infectados.
El rubio acomodó al pequeño sobre uno de sus brazos, acurrucado contra su pecho, mientras acariciaba su suave mejilla con el dedo índice. Ciertamente era un bebé hermoso cuando estaba vivo. El pequeño infectado volteó su cabeza, hasta que alcanzó el dedo del rubio con su boca.
- No podrás, pequeño. – le dijo el rubio, sonriendo tristemente. – No tienes dientes.
Aún así, el rubio dejó que el bebé saboreara su dedo.
- Esto es mi culpa. Si… si yo hubiera muerto, tú habrías podido seguir viviendo. Lo que te sucedió… - le habló Klaus al bebé. – Lo que transformó fue creado a partir de mi, se podría decir que ahora eres una especie de hijo mío, al igual que todos los caníbales que rondan por afuera. Un bebé… ¿crees que sería un buen padre?
El bebé seguía mirándolo, mientras intentaba arrebatar algún pedazo de carne del dedo de Klaus.
- Quizás algún día. – dijo Klaus, retirando su dedo de la boca del bebé, bajando a la pequeña criatura, acomodándola en su cuna. – De verdad, lo siento.
Klaus sacó una de sus COLT y, sin dudarlo un segundo, le disparó al pequeño en la cabeza. Se volteó de inmediato y salió de la habitación.
- ¿Cómo demonios sucedió todo esto? – preguntó el rubio, a nadie en particular. – Quizás… he estado del lado equivocado. Umbrella…
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Muy Bien... en estos caps me encargo de revelar algunos detalles sobre las actividades de Klaus durante el desastre de Raccoon City y ya estamos casi en el final... un par de capítulos más y ya.
Read&Review!!!!!!! y hagan sus peticiones, por supuesto.
